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Take me home por Kat-tururu

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Notas del capitulo:

Hola! 

Sé que debo la actualización de "En los brazos del diablo", pero con todo el trabajo que he tenido me ha sido imposible terminar el capítulo. Este one shot continuación del primero que publiqué, ya lo tenía casi terminado y decidí publicarlo finalizado para mitigar la espera y compensar a aquellas que estaban esperando por este "epílogo" o tipo continuación. 

Espero que les guste. Si ansían un final feliz lleno de miel y cosas lindas, este es el fic que buscaban, porque estoy un poco harta y dolida de toda la angustia que hay en el fandom de Dunkirk. xD Así que las dejo leer!

Gracias por la espera! Nos vemos! :D

http://www.facebook.com/KatTururu 

 

El sonido de la lluvia cayendo y haciendo charquitos en la tierra que despide un olor a hierba y naturaleza mezclado con almizcle y madera mojada es de cierto modo relajante y le hace olvidarse de todo lo que esos meses ha pasado. Apenas ha descansado en esos días, mucho trabajo y pocas energías no son una buena combinación, pero sus preocupaciones siguen ahí, asechándolo cuando se permite sentirse demasiado desdichado. El calor del suéter de lana no es suficiente para calmar la sensación de estar solo y aunque añora la calidez de su alfa sabe que no es capaz de mirar enteramente a esos recuerdos o el dolor podría hacerlo doblegar de la decisión que tomó todos esos meses atrás.

Collins está bastante entrado en su gestación y como todo omega en estado, necesita de su alfa y muchas veces yace en la cama vieja de aquella cabaña con goteras por doquier y trata de encontrar calor entre las escasas colchas que no le protegen completamente del frío y que no se equiparan ni por un segundo al calor que Farrier emitía al tenerlo pegado a su cuerpo.

Los primeros días habían sido una elusión de feromonas, envuelto en la protección de su alfa y lo bien que se sentía una marca en su cuello, pero pronto había acabado todo eso, tuvo que enfrentar las consecuencias de presentar como omega a una edad tardía, estando en una base militar de pilotos en la cual no admitían a los de su especie.

Por su bien, se tomó el té aunque este se había entibiado ya por haberlo dejado olvidado mientras miraba el campo empaparse hasta las raíces. Sorbió la nariz y se sobó el vientre para asegurarse que su bebé estuviera tranquilo y cálido. Lo había mantenido despierto toda la noche, moviéndose inquieto como si presintiera que algo estaba por suceder. Él mismo tenía el presentimiento de que algo estaba por pasar, pero en ese lugar mucho no sucedía. La señora que le había vendido la casa y le había dejado sus animales se había mudado a la ciudad con su hija, una beta muy amable quien le aseguró que lo visitaría en cuanto estuvieran estables en la ciudad. No esperaba su visita, aunque realmente algo de compañía no le vendría mal. Con los únicos que hablaba era con el par de patos que rondaban en la parte trasera de la casa y las gallinas que le recibían con cacaraqueas cada que les iba a dar de comer. La cabra y su cabrito lo seguían a todos lados y de vez en cuando, el cerdo se escapaba de su corral y lo seguía incansablemente como una especie de can. Le ablandaba el corazón el cariño de esos animales, aunque cuidarlos se había vuelto una tarea difícil y mientras no quisiera venderlos o no hubiese quien los comprara, eran su responsabilidad y a duras penas podía cuidarse él mismo con un vientre de siete meses, lo que a veces lo hacía perder el valor y la templanza y se echaba a llorar sin consuelo alguno hasta que se quedaba dormido, cansado emocionalmente y alguna que otra vez hambriento.

Su tiempo en la RAF y los años de dura niñez en su familia, lo habían vuelto capaz de vivir en soledad, valerse por sí mismo y encontrarle soluciones a sus problemas, sin importar del tipo que fuesen, pero jamás había tenido que estar en la situación de tener un bebé en el vientre y tener que valerse de esa forma, trabajar, cuidar de animales y todo estando lejos de su alfa.

El último doctor que había podido pagar para tener una revisión, cuando apenas se había dado cuenta que algo extraño estaba pasando con su cuerpo, le había mencionado que estar lejos de su alfa mientras gestaba le iba a ocasionar grandes problemas y que sería incluso peligroso hacerlo, pero contra toda indicación, se armó de valor y se arriesgó a viajar y trabajar hasta que el vientre se le notó y ya nadie más había querido contratarlo, usó lo que tenía para comprar un lugar pequeño en el cual vivir y aunque veces la realidad lo angustiaba demasiado, ahí estaba, con un vientre enorme y a pocos meses de dar a luz.

No era tonto y tampoco creía en cuentos de hadas, él había escuchado las historias, sabía lo que sucedía si un omega no tenía a su alfa, las complicaciones podrían ser severas, los riesgos altos y le daba miedo lo que le deparaba en la hora del parto, pero se tragaba sus inquietudes y se dedicaba a surcar la tierra, a practicar las cosas que su madre le había enseñado cuando había estado enfermo por bastante tiempo, incapaz de salir de cama o de hacer otra cosa. Lo había instruido en el arte de hacer crecer plantas herbales y pequeñas hortalizas, jamás pensó que aquello le fuese a servir de un modo u otro ahora que tenía que aprender a sobrevivir por sí solo. La compañía de sus no tan silenciosos animales lo sosegaba en días en que la soledad lo lastimaba.

Miró al pequeño perro que había llegado hasta su puerta una semana atrás, el cachorro le hacía compañía echado a sus pies, enroscado en sí mismo para guardar calor. No había tenido corazón para dejarlo fuera cuando lo escuchó rascar la puerta de la entrada mientras la tormenta apretaba sin indicios de detenerse pronto. Sus animales se resguardaban bajo la techumbre del patio, pero el perro estaba empapado en el pórtico, así que lo metió dentro, lo secó lo mejor que pudo y desde entonces vivía con él. Había decidido llamarlo Ace, por los viejos tiempos y le había puesto sus placas de la RAF en un collar de cuero que había improvisado para que ahora tuviera identificación.

Una brisa helada lo sobrecogió y tembló un poco, lo que lo hizo decidirse por cerrar de una vez la ventana e ir a la cama a descansar. La espalda le había estado doliendo bastante por el peso que ahora cargaba y por las tareas de todos los días, sin mencionar las largas caminatas que daba hasta el pueblo para conseguir algunas cosas o vender otras, a veces no obtenía ganancia alguna y el camino de regreso era aún más pesado, pero procuraba no perder los ánimos a medida que los días pasaban.

La mujer dependiente de una tienda que le compraba algunos frascos de hierbas, le había preguntado si ya sabía lo que su bebé sería. Era de las pocas personas que lo trataban bien y con normalidad, lo miraba con ojos conciliadores y de vez en cuando le regalaba una hogaza de pan de las que ella juraba que ya no vendería porque era pan del día anterior. Él no supo qué responderle así que sólo dijo que sería niño aunque no tenía idea de lo que iba a ser, incluso había llegado tan lejos como para imaginárselo físicamente y desde entonces había decidido que si era niño, le llamaría como Farrier, para aferrarse de ese modo al recuerdo de su alfa y que existiera de algún modo una conexión entre ellos aunque fuese mínima.

Cuando había dejado la RAF, huyendo de Farrier sin ninguna explicación o carta de despedida, no había sido porque quisiera herirlo, había sido porque no tenía otra opción. Lo llamaron a las oficinas del general, lo cuestionaron, le hicieron confesar, lo amenazaron e incluso amenazaron con destituir a Farrier y condenarlo por ello si él no desaparecía de ese lugar. Se aguantó todo lo que quiso decir e hizo lo que le pidieron para permitir que Farrier no abandonara todo lo que conocía por un omega que se había entrometido en su camino.

La realidad es cruel y muy pocas veces benévola para aquellos que buscan la felicidad.
Eso lo decidió cuando dejó la base con las pocas pertenencias que tenía sobre su hombro.

Se levantó de la silla en la que estaba, con dificultad y suspirando una vez logró estar de pie, sostenía su vientre como si pesara demasiado, sintiéndose ligeramente extraño, como un malestar o quizá nauseas construyéndose en su estómago. Caminó a paso cansado para poder cambiar los trastes con agua. Ace se despertó de inmediato y luego de estirarse y bostezar, le siguió con tranquilidad como si fuera su tarea ir tras de él para cuidarlo. Los truenos y relámpagos a veces lo sobresaltaban, sobre todo cuando la luz se cortaba por la intensa lluvia lo que pasaba casi todos los días en esa calle, lo que hacía que los pocos vecinos de ese lugar iluminaran sus casas con velas; él se limitaba a usar una para iluminarse doquiera que se moviera en la noche, porque no podía darse el lujo en malgastarlas, pero considerando su soledad y que Ace siempre estaba con él, tampoco podía quejarse.

Estaba oscuro aunque todavía era de tarde y la lluvia incesante golpeaba la pequeña casa y las goteras llenaban los cántaros que ponía, así que se dispuso a vaciarlos para no arruinar más el piso maltrecho de madera.

Las cortinas estaban recogidas, pero la ventana que daba hacia la calle estaba empañada y divisó a alguien borroso caminando en la calle, lo cual le hizo pensar que aún había gente desquiciada que caminaría con esa lluvia; el crepitar del caldero viejo de metal llamó su atención, le quedaban pocos troncos así que tendría que poner otro poco allí para no congelarse por la noche, de modo que el hombre en las fueras quedó olvidado en su mente.

-Ace, muévete. –Le apartó con cariño y cambió uno de los casos por otro para tirar el agua acumulada, pero al agacharse y tomarlo un dolor en el vientre le sobrevino y lo hizo tirar el traste y todo su contenido, un fuerte relámpago tronó en el cielo y el sonido de la puerta lo hizo dar un bote lo que lo llevó al suelo. Ace comenzó a ladrar.

Apretó los ojos y la mandíbula como si pudiera mitigar el dolor o resistirlo de aquel modo, pero este continuó punzante, miró la puerta a la cual ladraba Ace y esta sonó de nuevo, esta vez más insistente y hubo más truenos en el cielo que sonaban casi como el estallido de una bomba.

-Ayuda… -Gimió en el suelo hacia la nada, porque a decir verdad no había nadie quien lo auxiliara, sentía que le tironeaban el vientre y pensó que quizá su bebé se había adelantado, que quizá estaba en peligro, que podría perderlo y la voz por el dolor se le estranguló. Se sujetó el vientre y el siguiente dolor lo hizo gritar y hasta derramar lágrimas por la incertidumbre y la angustia. La puerta crujió de nuevo, los golpes de la persona que llamaba se volvían más desesperados y Ace no paraba de ladrar.

Tras un crujido más la puerta cedió y se abrió de un golpe estrepitoso que retumbó a la par de un trueno, revelando al hombre empapado que lo miraba como si hubiese visto un fantasma. Collins retrocedió instintivamente, pero se detuvo al ver parado allí a Farrier. Abrió los ojos, pero ya no era terror o dolor lo que sentía, sino pura sorpresa y confusión.

El dolor se mitigó gradualmente como si ver al alfa hubiese sido lo que necesitaba para anestesiarlo y Farrier se abalanzó hacia él para ayudarlo a levantarse luego de haber salido él mismo de su inicial estupor.

-¿Qué haces…? Farrier… Dios… -Las palabras no hicieron secuencia en su lengua y el olor del alfa lo golpeó de forma intensa, provocándole un cosquilleo en la piel que casi había olvidado, parecido a la electricidad.

-¿Te has lastimado? –Le preguntó al levantarlo, revisándolo por todos lados aunque no había ninguna herida que buscar. –Te escuché gritar, ¿qué sucedía?

-Farrier… Estás aquí… Dios… esto no es, esto no es un sueño. –Collins se abrazó de él, sin importarle que estuviera empapado y el alfa lo abrazó protectoramente, colocando una mano tras su nuca y con la otra en su cintura, le besó la mejilla y la frente y lo apretujó contra sí con amor, haciéndose de su aroma una vez más, sediento de él como alguien perdido en un desierto de soledad y amargura.

-Estoy aquí, Jack. Estoy aquí, cariño… -Repitió mientras lo mecía suavemente y el omega lloraba con las emociones a flor de piel. –Ahora, calma… ¿Sí? Vamos a llevarte a descansar, te voy a empapar si seguimos así.

-No… no, espera. –Se aferró a él y Farrier le tomó el rostro esta vez con ambas manos y lo miró fijamente, las mejillas rojas y su respingada nariz seguían allí, junto con el par de ojos de azul vibrante como el cielo y sentía que por fin estaba en casa, que al fin había regresado a donde pertenecía.

-Estás aquí, no te estoy alucinando… yo… yo te extrañé tanto, te necesito tanto…

-Ssshhh… Calma. –Siseó en una voz tan dulce como pudo y le acarició las mejillas. –Estoy aquí, soy tu alfa, claro que estoy aquí… -

***

Collins estaba recostado en la cama cuando Farrier volvió con algo de ropa seca y el cabello aún húmedo. Se le apreciaba tranquilo, pero el alfa podía ver que había muchas cosas que quería decir, lo notaba por la manera en la que lo seguía con la mirada, sus ojos apenas parpadeaban como si temiera que desapareciera en cualquier momento. Él experimentaba la misma sensación que le entumecía los miembros. Después de haberlo estado buscando por bastante tiempo, haberlo encontrado se sentía irreal y temía que en su dolor y su soledad lo estuviera alucinando, pero todo parecía verdadero.
Se acercó a la cama y se sentó en un pequeño espacio que había, posando su mano en el vientre abultado de su omega y acariciándolo suavemente en movimientos circulares y lentos.

-No sé cómo pude vivir sin ti tanto tiempo. –Confesó el alfa y Collins sintió que se le apretaba el corazón por sus palabras. Lloraría de nuevo si no se contenía.

-Siento mucho haberme ido sin decir nada… -Murmuró, pero vio al hombre negar y fruncir el ceño.

-Sé lo que te obligaron a hacer. Sé lo que te dijeron y cómo te amenazaron. –Collins pudo notar el enojo creciendo en la voz de Farrier. –En cuanto supe todo eso y que estabas esperando un hijo mío, fue fácil largarme.

Tomó una gran bocanada de aire y Collins puso su mano sobre la de Farrier como apoyo y acarició sus nudillos con su pulgar, sorpresivamente aminorando el enojo en su alfa.

-Me ofrecieron quedarme con el puesto del hijo de perra de Nicholson… Pero nada importaba si no te tenía, así que dejé la RAF y me di a la tarea de buscarte.

-No querían deshacerse de ti, no querían que tu mente estuviera en otra cosa y sabían que yo sería una distracción, eres un piloto después de todo… el mejor de entre todos, podían prescindir de mí, ¿pero tú? Y en cuanto amenazaron con destituirte y condenarte por lo que había pasado, pensé que sería mejor irme. –Le explicó calmadamente y Farrier apenas asintió, se le veían las emociones en los ojos, siempre con esa expresión dura en sus facciones, pero que en verdad escondían a una persona cálida y amable.

-Me volví loco. –Susurró y se inclinó hasta poner su frente contra el vientre de Collins. –Pensé que te había perdido, estaba loco de dolor.

Farrier recordaba con amargura esos días y las veces que lo pusieron en una celda para controlarlo, ningún golpe o castigo lo liberaron de su dolor y rabia, la cual aumentaba cada día que seguía sin saber absolutamente nada de su omega.

-Lo siento… -Gimoteó Collins, llorando de nuevo, con sus cristalinos ojos llenos de lágrimas. –Lo siento… -Repitió como una plegaría.

-Yo sabía que había algo mal, lo sabía… y cuando no regresaste supe que había algo más… algo que no me habías dicho…

-Cuando me fui ni siquiera sabía que estaba esperando…

-No era necesario… yo lo hubiera sabido. Hubiese notado tu aroma cambiar… hubiese notado los cambios en tu cuerpo y yo hubiera sabido… -El pecho del omega se estrujó con una mezcla de dolor, cariño, culpa y amor al escuchar a Farrier contarle su dolor de manera tan abierta, más aún cuando algunas lágrimas le mojaron el vientre. Él había provocado ese dolor en su alfa y siempre sería culpable de ello, aunque podía enmendarlo, ahora que estaban juntos, si es que el tiempo se los permitía.

-Nunca más voy a dejar que te aparten de mí. –Le dio un beso en el vientre y levantó el rostro, los ojos vívidos color esmeralda de su alfa mostraban una determinación sincera y entonces supo que no estaba solo, que ya no tenía que hacerse el fuerte y tratar de contener todo porque Farrier estaba ahí para él.

-Yo no quiero apartarme de tu lado nunca. –Complementó, la primera sonrisa sincera que surcó sus labios después de tanto tiempo, era cálida, llena de amor y Farrier se inclinó para besarlo, suavemente, como pidiendo permiso para robarle el aliento, para saber que por fin era real, que por fin estaban los dos juntos.

***

Farrier le contó a Collins todo lo que había pasado los meses después de que había desparecido de la base, le contó de las peleas que tuvo con algunos de sus compañeros y con los superiores por su actitud, fue sincero y le contó también de la ira que lo corroía por dentro y que lo había llevado a caer en encarcelamiento aislado algunos días luego de su mal comportamiento. Collins lo escuchaba atentamente cada vez que le contaba pedazos de su odisea para encontrarlo, creía que era posible que a Farrier todavía lo atacara la sensación de estar solo y perdido porque él sentía lo mismo de vez en cuando. Su alfa lo miraba por largos ratos y no lo soltaba ni un segundo aunque no dijese nada, aunque sólo fuera el sonido de la lluvia lo que llenara el silencio, probablemente porque se sentía demasiado abrumado por los recuerdos como para decir algo y él lo entendía, porque tampoco deseaba que lo soltara o que dejara de estar a su lado. En ocasiones, él despertaba de una pesadilla y lo primero que buscaba era a Farrier a su lado en la cama, pero este siempre estaba cerca, lo apretaba contra sí, le besaba la marca y susurraba suaves palabras de cariño para calmarlo y a veces él le pedía perdón por haberse ido sin decir nada y Farrier lo escuchaba y lo besaba para hacer válida su culpa y quitársela con cada beso y caricia que le daba.

Arreglaron las goteras de la casa primero y Ace dejó de seguir a Collins y comenzó a seguir a Farrier por todos lados. El omega le enseñó a Farrier lo que lograba cultivar y a los pocos animales que había adquirido debido a que la mujer que le había vendido la propiedad no podía cuidarlos ni llevárselos y el cerdo todavía se escapaba de vez en cuando y había tirado a Farrier en el fango una vez al ponerse en su camino y Collins había reído tanto que Farrier temía que de tanta risa le fuese a dar algo malo.

El alfa también le contó de cómo había llegado a ese lugar, de cuánto había tardado para comenzar a tener pistas de él, de lo mucho que a veces lo necesitaba y de las veces en que casi se sentía derrotado por no poder encontrarlo. También le dijo de la mujer de la tienda del pueblo cercano que le dio indicaciones de él y Collins se hizo la nota mental de dejarle hierbas de té la siguiente vez que la viera en manera de agradecimiento.

Su vida se resolvió en un vaivén de tareas, preocupaciones y amor, sobre todo amor entre ellos y a su bebé al cual le faltaba poco para nacer. Farrier muchas veces lo reprendía por sus pocos cuidados y lo obligaba a entrar a la casa cuando lo veía limpiando la casa de las gallinas o lo veía cambiando el alimento de los animales o cargando maderos. El omega alegaba que ya estaba acostumbrado a trabajar y ser útil en el día, pero Farrier no cedía.

Para mejorar sus ingresos Farrier había vendido una de las medallas conmemorativas que le habían dado en la Real Fuerza Aérea y había comprado una escopeta de caza para dedicarse a ello y tener ganancias. Por lo tanto lograron un balance estable, no vivían con lujos, pero tenían lo necesario y se aseguraban de guardar dinero para el bebé que ya se anunciaba próximo.

Un mes antes la partera dio el visto bueno y Collins estuvo aliviado de que nada raro sucedería, se sentía más fuerte que antes al tener a Farrier y su mejoría había sido notoria hasta en su peso y sus energías. Ese mismo mes Farrier comenzó a ganar fama como buen reparador de autos y algunos aventurados lo visitaban hasta ese lugar para pedirle que revisara tal o cual motor.

-Los motores de auto, verás… son iguales que los aviones.

-Lo sé, Tom. También fui piloto si no te acuerdas. –Alegaron un día en el que Farrier estaba metido en el frente de un coche revisando una pieza y Collins estaba parado a su lado observando sus movimientos.

Edward Farrier había llegado a ellos luego del susto más horrible de la vida de Farrier. Apenas había tenido tiempo de girar para ver a Collins resbalar en el suelo congelado, para saber que aquello tendría consecuencias. Su omega había comenzado a reír por su torpeza, pero se le notaban en las facciones el dolor y para cuando Farrier comenzó a levantarlo, Collins supo que iba a dar a luz.

Las mujeres que ayudaron a la partera no le permitieron estar en la habitación y como alfa protector que era las fulminó con la mirada y se paseó eufórico en el pequeño espacio de la casa hasta que detuvo sus pasos por el llanto fuerte que provenía desde la habitación.

Casi había empujado a las mujeres fuera de su camino para ver a su bebé y a su omega, pero toda su euforia se erradicó en cuanto vio a Collins con su bebé en los brazos, con una expresión cansada y aún dolida y con varias mantas sobre él. Su pequeño estaba enredado y cálido, ahora ya tranquilo luego de haber sido limpiado y puesto en brazos de su progenitor.

Su vida no era perfecta, pero era la adecuada. Criaban a su hijo de la mejor manera y se alejaban de las malas lenguas e influencias. Collins le enseñaba a su bebé a decir “papá” y Farrier le contaba historias de pilotos y aviones.

No había tempestad, guerra o mal recuerdo que pudiera separarlos. Estaban unidos por un lazo irrompible y se movían en sintonía como gotas de lluvia que caen desde el cielo que solían sobrevolar cuando eran dos almas independientes y para cuando las segundas lluvias de junio que su bebé pasaba llegaron, Collins supo que el espacio de esa casa se reduciría en poco tiempo y esta vez dejó que su alfa notara cada cambio y le permitió el orgullo y la alegría de notarlo en sus facciones y su aroma.

La partera había insistido en que si su aroma era más dulce, muy probablemente el cachorro sería niña. Collins y Farrier decidieron que lo descubrirían cuando fuese el momento.

 

Notas finales:

Me encantaría leer qué opinan de esta historia, déjenme sus comentarios! <3 <3

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