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7 Formas de decir "Te Quiero" por tashigi94

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Notas del fanfic:

One Piece y todos sus personajes pertenecen a Eiichiro Oda, yo solo los tomo prestados para fangirlear ~

Notas del capitulo:

Vuelvo con una nueva historia de mi pareja favorita, aquí tienen el prólogo

En el gran barco de los piratas de Shirohige, las enfermeras trataban de convencer al capitán para que tomase sus medicinas; los carpinteros se ocupaban de reparar unos pequeños desperfectos en la cubierta; un grupo de piratas se encargaba de pescar el almuerzo, y los que no tenían nada que hacer simplemente se dedicaban a charlar y escuchar los chistes de Thatch. Sobra decir que todo el mundo tenía una buena jarra de cerveza en las manos. En definitiva, era una típica mañana en el Moby Dick.


Lo normal sería que Ace hubiese estado ahí en cubierta, riendo y bromeando con sus nakamas, pero en lugar de eso estaba caminando por uno de los pasillos del barco mientras hablaba a solas.


— Vamos Ace, llevas mucho tiempo enamorado de él, ya es hora de que se lo digas – hablaba consigo mismo intentando infundirse ánimos — ¿Pero y si me rechaza? ¡Ah, no debes pensar en eso! ¡Al menos tienes que intentarlo! Pero me da miedo que... ¡No, no, no, Portgas D. Ace no le tiene miedo a nada!


Sacudió la cabeza y respiró hondo al llegar al camarote del primer comandante, Marco el fénix. El hombre del que llevaba meses y meses enamorado. Había intentado muchas veces confesarle sus sentimientos, pero por algún motivo u otro al final nunca se atrevía a dar el paso... Pero hoy sí, ¡Hoy era el día en que por fin se declararía!


Armándose de valor, llamó a la puerta.


— ¡Adelante! - contestó Marco desde el otro lado.


Ace sintió que el pulso se le aceleraba tan solo con escuchar su voz, pero se obligó a sí mismo a mantener la calma. Abrió la puerta del camarote mientras repasaba mentalmente todo lo que iba a decirle y entonces... Lo que vio, lo dejó sin aliento.


Marco acababa de salir de la ducha y llevaba puesto solamente un pantalón, con el botón desabrochado de forma que mostraba el borde de su ropa interior. Estaba secándose descuidadamente el cabello con una pequeña toalla y los músculos de sus brazos y espalda se tensaban con cada movimiento. Por su torso desnudo bajaban pequeñas gotitas de agua y Ace no pudo evitar imaginarse que eran sus dedos los que recorrían ese camino entre sus abdominales, o su lengua la que humedecía su pecho, o...


— ¿Qué quieres, Ace? - preguntó el rubio sacándolo de su ensoñación.


El pecoso dio un respingo al volver a la realidad y darse cuenta de que se había quedado ensimismado mirándolo. Como siempre. De pronto todas las frases que había planeado decirle se esfumaron; su mente solo era capaz de fantasear con ese cuerpo firme y bronceado.


Marco terminó de secarse y vestirse sin darse cuenta de que el azabache lo devoraba con la mirada. Cuando alzó la vista se topó con un Ace sonrojado hasta las orejas. “Qué adorable es” pensó el rubio, aunque inmediatamente su sentido del deber le recordó que no debía pensar esas cosas sobre su nakama.


— ¿Estás bien? Te has puesto rojo de repente - dijo el mayor acercándose a su compañero y apoyando una mano en su frente — Parece que tienes fiebre, estás muy caliente...


No sabes cuánto” pensó el pecoso reprimiendo una risita nerviosa. El simple contacto de los dedos del mayor contra su rostro lo puso aún más nervioso, aunque hubiera preferido que esa mano estuviese en otro lugar de su cuerpo, uno muy diferente y situado mucho más abajo.


— Tengo algo importante que decirte – dijo Ace, carraspeando y rogando mentalmente por no quedarse en blanco de nuevo — Yo creo que... Desde hace tiempo, yo... Eh... Q-quiero q-que... - se iba poniendo cada vez más tenso ya que Marco no apartaba su mirada de él — Lo q-que quiero d-decir es que... Yo... Tú...


Se mordió el labio enfadado consigo mismo por no encontrar las palabras adecuadas, pero es que le resultaba imposible mantener la calma con esos ojos azules clavados en él. Y para colmo el rubio parecía divertirse con la situación.


— ¡Qué raro estás hoy! – bromeó Marco con una media sonrisa — Sabes que puedes decirme cualquier cosa. ¡Tranquilo, que no te voy a comer!


Eso es precisamente lo que quiero que hagas” pensó Ace, estremeciéndose solo con imaginarse la sensual boca del rubio contra su piel. Aquellos ojos azules como el océano seguían fijos en él y le miraba tan intensamente que por un momento temió que pudiese leerle la mente.


— ¡TIERRA A LA VISTA! - gritó alguien desde el exterior.


Ace dejó escapar un suspiro, no sabía si de alivio o de fastidio por la interrupción. Marco en cambio sí que parecía fastidiado, aunque enseguida recuperó su habitual expresión seria y tranquila.


— Será mejor que vaya fuera – dijo el rubio — Habrá que organizar el desembarco. ¡Te veo luego!


Le revolvió el pelo como despedida y se marchó sin darse cuenta del leve sonrojo que su gesto había causado en el menor.


Cuando estuvo a solas, el pecoso se apoyó contra la pared, dejándose caer pesadamente hasta quedar sentado en el suelo. ¿Por qué siempre tenía que pasar lo mismo? ¿Por qué no era capaz de decirle claramente lo que sentía? Ace se consideraba a sí mismo como alguien valiente, orgulloso, confiado. Nunca había tenido problemas en decir lo que pensaba, nunca se preocupaba por las consecuencias ni tenía miedo de nada... Pero todo el valor y la seguridad que mostraba en los combates se esfumaban cuando tenía que tratar asuntos del corazón, especialmente si estaba involucrado el primer comandante.


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La isla a la que habían llegado era un pueblo tranquilo con un agradable clima primaveral. No había base de la marina allí así que, tras realizar sus tareas, la tripulación tenía el resto del día libre para vagar a sus anchas por el lugar.


Ace paseaba por una de las calles principales, donde se situaba el mercado del pueblo. A uno y otro lado había puestos de alimentos, telas y toda clase de objetos. Al pecoso se le hacía la boca agua con los puestos de comida; todo tenía un aspecto delicioso, aunque en su opinión había muy poca cantidad de carne.


Mientras caminaba no dejaba de darle vueltas a lo sucedido con Marco. Tenía que encontrar alguna forma de declararse, alguna manera en la que sus nervios e inseguridades no le jugasen una mala pasada... Cada día se sentía más enamorado de él, y más aumentaban sus ansias por confesarle sus sentimientos. Necesitaba saber si el rubio le correspondía o no...


Nadie te amará nunca, porque eres el hijo de Gol D. Roger”


Frunció el ceño y dio una patada a una pequeña piedra, molesto con su mente que le hacía revivir aquel recuerdo tan doloroso de su juventud.


La piedra fue a parar a los pies de uno de los puestos del mercado, una pequeña librería. Ace no era muy aficionado a la lectura, sin embargo uno de los objetos expuestos consiguió llamar su atención.


Se trataba de una de esas típicas revistas para chicas adolescentes. En la portada se anunciaban artículos sobre moda, chismes y otras cosas que no interesaban a Ace, pero había un artículo en concreto que captó totalmente su atención.


— ¡Me la llevo! - exclamó con una gran sonrisa.


El comerciante, un hombre de mediana edad con cabello oscuro, se quedó algo sorprendido puesto que no era muy habitual que un chico como aquel comprase ese tipo de materiales.


— ¿Está seguro? - preguntó enarcando una ceja.


— ¡Sí! ¡Es justo lo que necesito! - contestó el pecoso con entusiasmo — Muchísimas gracias por esta revista, que tenga usted un excelente día – dijo con una formal reverencia antes de salir corriendo.


El comerciante sonrió para sí pensando en lo educado que era aquel muchacho. Tardó unos segundos en darse cuenta de que se había ido sin pagar.


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Ace regresó al barco casi dando saltos de alegría. Se fue directo a su habitación, estaba impaciente por leer aquella revista que parecía tener la solución a sus problemas, aunque antes de comenzar la lectura se aseguró de cerrar bien la puerta para que nadie pudiese interrumpirlo por sorpresa. Sería terrible que alguien lo descubriese, porque PORTGAS D. ACE NO LEE REVISTAS PARA NIÑAS, además no quería que nadie supiese de sus planes.


Se dejó caer en su mullida cama y empezó a pasar las páginas rápidamente buscando aquella que le interesaba. Su sonrisa se amplió cuando la encontró. Allí, entre notas como “Peinados de moda para este año”, “10 selfies que debes tomarte con tu BFF” o “Trucos para una manicura perfecta” estaba la que atrajo su atención en cuanto vio la revista en el mercado:


7 formas de declararte al chico que te gusta”


Las leyó rápidamente. Unas le parecieron fáciles, otras más complicadas. Algunas eran un poco frías, otras más cursis y atrevidas, y la última en particular le hizo sonrojarse solo con imaginarlo. Pero todas le parecieron efectivas, y no tenía nada que perder por intentarlo, así que decidió probarlas una por una. Porque por lo menos una tendría que funcionar ¿no?

Notas finales:

Gracias por leer <3

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