Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

¿Cómo arruinar San Valentín? por Samantha0507

[Reviews - 1]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del fanfic:

Los personajes de KnB le pertenecen a Tadatoshi Fujimaki y son usados solo por diversion.

Notas del capitulo:

Un hermoso especial de San Valentin para el mundo 

¿Cuántas manera de arruinar un San Valentín existían? Si en este minuto, le preguntaras a Seijuro te diría que, desde despertar esa mañana, desde eso, todo en adelante, estaba simplemente mal, desde eso había arruinado completamente todo.

 

Akashi, simplemente dejó las lágrimas bajar por su rostro, mientras acariciaba la suave orilla del velo de novia que estaba sobre su cabeza, mientras el vestido completo se arrugaba bajo su cuerpo.

 

Un suave toque en la puerta llamó su atención, pero simplemente contuvo la respiración, buscando que su voz saliera más suave, que de alguna manera no quedaran al descubierto todo ese dolor, lo decepcionado de sí mismo que se sentía por haber arruinado todo. — no quiero ver a nadie.

 

 —¿Aka-chin? Abre, papi-chin dice que algo malo ocurrió…— Akashi se sentó de golpe, Atsushi estaba tras la puerta y aunque el deseo más grande del pelirrojo era correr a los brazos del gigante, simplemente no podría hacerlo, sin tener que decirle todo lo que había ocurrido, toda la gran tragedia que había sido su San Valentín.

 

—Atsushi…

 

—No Aka-chin, sé que algo anda mal, así que me quedaré hasta que abras…— el gigante habló de manera infantil, pero con un extraño tono de firmeza, logrando que el pelirrojo se levantara y caminara a la puerta.

 

El chirrido de la puerta y la mirada sorprendida del gigante, fueron el pie para que las lágrimas del más bajo corrieran nuevamente por sus mejillas. —Atsushi…

 

—Vamos Aka-chin, para que me cuentes que es todo esto.

 

Ambos se acomodaron en la cama, el gigante atrajo al otro a su pecho, el pelirrojo se estremeció, pero simplemente cerró los ojos y narró todo lo que había sido ese terrible día.

 

Seijuro abrió los ojos, al alba o incluso antes, sentía su estómago tremendamente revuelto, como si millones de mariposas se estuviesen dedicando, simplemente a lograr que el joven terminara con nauseas.

 

Había dormido pocas horas, pero no sentía ningún cansancio, pues, la sola idea del día que tenía planificado para él y para Atsushi, simplemente lograba revitalizarlo.

 

Camino por el cuarto, había pedido un traje especial para ese día, uno que había adorado con solo ver en el catálogo una semana antes y que maravillosamente estaba en blanco y en su talla, listo para ser enviado.

 

Se sentía como una quinceañera enamorada, a pesar de estar a portas de terminar la universidad, llevaba bastante de relación con Atsushi, pero ese era su primer San Valentín relativamente libre de obligaciones y en el cual el padre de Akashi no había puesto objeción para que celebraran juntos tan especial momento.

 

El pelirrojo se vistió y corrió a la cocina, ya que finalmente ese día quería ser el mismo el que preparara la cena y el pastel que comerían, no sería algo tan complicado, ya que el tiempo no le había permitido aprender a preparar algo tremendamente elaborado, pero si algo que al menos, sabía que era de gusto de su pareja.

 

Cerca de medio día y ya con la mitad de los preparativos listos, Seijuro se dio cuenta de que el color de la cobertura para el pastel no era el que había pensado y a pesar de que unas de las sirvientas que lo ayudaban ese día, se había ofrecido a ir por el correcto, el simplemente se negó.

 

—Joven…

 

— Está bien, iré y comeré fuera, llegaré como a las 4, para terminar la cena y el pastel, además el traje debe llegar a eso de las 5 de la tarde, solo tendré media hora para que Atsushi llegue, así que no se preocupen.

 

El pelirrojo no perdió el tiempo y saliendo de casa, bajo la atenta mirada de las sirvientes.

 

Akashi llegó bastante rápido, la tienda donde había visto las coberturas estaba repleta, en mayor parte por chicas, un poco obvio, considerando que normalmente eran las chicas las que entregaban regalos y dulces en esas fechas; le tomó más tiempo del pensado, pero muy feliz salió con el frasquito de colorante entre sus manos.

 

Su chofer estaba lejos, por lo que caminó en busca de un lugar donde comer algo, llegando a uno de los lugares que sabía frecuentaban sus antiguos compañeros de equipo.

Se sentó, notando por primera vez, como en la acera de frente a la hamburguesería, una bella tienda, con decoración simple, pero elegante, se encontraba, una bella joyería.

 

Akashi se congeló cuando se encontró con la figura de una persona que reconocería en cualquier lugar, Atsushi Murasakibara caminaba junto a Himuro, en dirección a la joyería, sonriendo, uno muy cerca del otro.

 

El pelirrojo respiró pesadamente, era celoso, no podía negarlo, realmente lo era, pero sabía que él gigante no tenía ninguna relación con el moreno, que simplemente eran buenos amigos, pero el nudo en el estómago no le permitió seguir comiendo.

 

El camino a casa se volvió un poco pesado, más de lo que mismo habría deseado y para rematar su incomodidad, había un atasco, que demoró su llegada más de una hora.

 

Estuvo en la mansión pasada las cinco de la tarde, corrió a la cocina, agradeciendo de notar que las chicas habían terminado parte de las cosas para la cena y que solo faltaba la tarta, pero por mucha insistencias, el pelirrojo se dedicó de lleno a preparar el biscocho, esa no podía ser cualquier cena, esa era especial y el pelirrojo deseaba que esto se notara.

 

El tiempo estaba en su contra, ya eran las 6 y su traje no había llegado, el biscocho no estaba subiendo y él estaba lleno de crema.

 

El pelirrojo sintió como las manos empezaban a temblarle, todo estaba saliendo tremendamente mal, él era absoluto y ahora todo se le estaba saliendo de las manos.

 

Un joven le tendió un vaso de agua y lo llevó a una silla. —Será mejor que se siente joven, sé que está nervioso y que las cosas no están saliendo como usted desearía, pero si se ahora si está tan nervioso, solo tendrá una crisis de nervios, vamos, beba, es agua con azúcar, le hará bien.

 

Akashi se quedó en la silla, quieto, respirando pausadamente, buscando calmar, no solo el nudo que tenía en el estómago, si no, esas tremendas ganas de llorar, de sacar toda la frustración, la rabia que estaba sintiendo.

 

Miró la puerta, cuando una chica entró tímidamente y con una mueca extraña en el rostro, Sei simplemente lo supo, algo más estaba mal, en su habitación habían dejado el traje, pero este discrepaba completamente con lo que él había solicitado.

Akashi miró la blanca tela, los bordados y como la pedrería, que adornaba todo el torso del vestido, formaba hermosas flores, los cristales eran realmente una belleza y el vestido era una completa joya; le parecía casi más hermoso que el traje que había elegido, ese del que se había enamorado.

 

—¿Qué ocurrió? —fue como un susurro, pero el mayordomo a sus espaldas lo escuchó.

 

—En la tienda confundieron el pedido, indicaron que dado que en San Valentín acostumbrar dar regalos las chicas, ellos hicieron las correcciones a este vestido de acuerdo a sus medidas, lo siento mucho joven…

 

—Está bien, no hay mucho que hacer, pueden terminar de preparar lo que dejé listo, veré un traje, Atsushi debe estar por llegar…—Akashi dio órdenes claras, pero el nudo en su garganta era peor y solo quería llorar.

 

Todos salieron de la habitación, dejando al pelirrojo con el vestido, sus manos lo recorrieron, incluso el velo era precioso; ese traje estaba preparado a sus medidas, por lo que luego de mirar el reloj se permitió hacer una locura, se quitó su ropa y con el mayor cuidado se acomodó el vestido.

 

La tela en sus caderas era perfecta, sobre su pecho, incluso podía sentir la falsa idea de que bajo ese traje había un par de senos.

 

—es perfecto…—Sei se miró al espejo y la idea de que probablemente su madre hubiese amado verlo de esa forma lo llenó.

 

Tan metido en sus pensamientos se olvidó de la hora, simplemente tocando la tela, hasta que el sonido de su móvil lo hizo reaccionar, ya era casi las 7:30,  Atsushi le había enviado un mensaje, estaba con Himuro y demoraría más de lo planificado, podía ser que no llegara hasta pasado de las 8, logrando que un gesto de molestia se posara en su rostro, Sei estaba visiblemente celoso, era el día del amor y él debía estar con su pareja, pero al parecer el gigante pensaba y sentía de otra manera.

 

El pelirrojo corrió escaleras abajo, sin recordar el vestido, estaba molesto, pero el tiempo de más le vendría de lo mejor, llegó a la sala donde todo estaba preparado; las sirvientas presentes hicieron un gesto de sorpresa al ver al pelirrojo, pero no comentaron nada, no era su deber.

 

Akashi tomó probó la salsa, era perfecta, luego miró la tarta, aunque no había subido se veía lo suficientemente apetecible o eso era lo que pensaba.

 

Pasó su dedo por la superficie de crema, notando un extraño y desagradable sabor. —es sal…—miró a una de las sirvientas y corrió nuevamente, pero ahora a la cocina, miró los ingredientes con desesperación, era su error, lo sabía, el sabor del colorante no era correcto, se dejó caer desesperado, aunque tuviese una hora a su favor, era imposible corregir el pastel, la masa estaba cruda y ahora la cobertura sabía horrible, era realmente un fracaso.

 

El sonido de la puerta llamó la atención del pelirrojo, pensó en su pareja, debía esconder el pastel, corrió nuevamente, pero antes de entrar y notar que quien había llegado era su padre, sus pies trastabillaron en el falso del vestido, se fue de golpe al piso, tratando de evitar la caída sus manos se encontraron con el mantel y todos los platos ya en la mesa terminaron sobre el blanco vestido.

 

—Hijo, ¿eso es un vestido de novia? —El pelirrojo levantó la vista, notó algo cálido en sus mejillas, la pedrería estaba cubierta de salsa, todo estaba arruinado y ahora, su padre lo miraba con un gesto extraño, era simplemente una decepción, un asco.

 

— Y luego corrí aquí... —Akashi terminó la historia con el rostro cubierto por las lágrimas.

 

—Sei-chin, hiciste muchas cosas lindas para mí, eres muy lindo mi Aka-chin.

 

—Pero todo salió mal, me jacto de ser absoluto y solo arruino todo, ahora mi padre me odia, tú me odias, soy un monstruo.

 

Murasakibara sonrió, rebuscando en su bolsillo, de alguna manera saber que el otro era vulnerable, saber que el pelirrojo lo necesitaba, lo alegraba, saber que ambos tenían un papel en la relación.

 

Atsushi tomó la mano del más bajo y puso el delicado anillo de plata que tenía preparado. —para mi Sei, eres perfecto, eres el amor de mi vida y quiero pasar cada día a tú lado, no tengas miedo, yo siempre estaré a tú lado. —El pelirrojo abrió los ojos desmesuradamente. —No voy a preguntarte si quieres casarte conmigo Aka-chin, y sabes, si quieres puedes usar este lindo vestido, aunque esté lleno de salsa, realmente eres hermoso.

 

—Te amo…—Akashi lloraba, pero con una sonrisa en los labios.

—También te amor Sei, Feliz San Valentín. —ambos acortaron la distancia, en un beso tierno y suave, algo muy personal y privado de ellos.

 

Siempre podía estropear San Valentín, mientras el gigante estuviese a su lado, después de todo, cuando hay amor, nada más se necesita.

 

 

FIN

Notas finales:

Gracias por leer 

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: