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La esmeralda y la plata (Albus Potter & Scorpius Malfoy)

Autor: ScorpiusMalfoy018

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Albus Potter lo tenía todo: una mente prodigiosa, alumno modelo, Prefecto, candidato a Delegado, Buscador del Equipo de Quidditch de Gryffindor desde su Primer Año en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, y muy popular (como si fuera necesario aclararlo). Físicamente, era muy apuesto: alto, de complexión atlética, piel clara, cabello negro azabache peinado al completo descuido, relucientes ojos color verde esmeralda, un rostro en verdad atrayente, con una sensualidad a flor de piel, y hermoso como un dios adolescente por el que todas las chicas suspiraban. Pero era su personalidad lo más valorable que poseía: adorable en sus maneras de tratar con los demás, tranquilo, modesto, y amaba ayudar en lo que fuera a quien lo necesitara.

Y aún así, teniéndolo todo, Albus sentía que no tenía nada. Se sentía afortunado, pero no completamente feliz. Tenía unos excelentes padres, dos hermanos por los que daba la vida, dos abuelitos maravillosos, y el resto de su enorme y cariñosa familia, llena de tíos y primos. Pero verdaderos amigos, pocos. Y con el correr de los años, se fue alejando de ellos, tal vez por el hecho de que, al notar su enorme popularidad, lo quisieran más como a una especie de líder que como a un amigo. Y nada le interesaba menos a Albus que ser el líder de nadie.

Sabía que le faltaba algo: amor. No amor fraternal, sino verdadero amor. Pero nadie le gustaba lo suficiente; jamás sintió algo por una muchacha con la que hubiera estado, y ninguna de ellas le había hecho sentirse querido. Solo interesaba la parte física, y era genial al principio, pero para tener solo dieciséis años, Albus ya había tenido suficiente. Ahora, quería sentir algo, y no solo satisfacer su apetito sexual. Quería llenar un vacío dentro de sí mismo que nadie sabía, ni siquiera imaginaba, que existía.

 

 

Aprovechando las vacaciones de Pascuas, Ted Lupin organizó una fiesta por su vigésimo cuarto cumpleaños. Albus llegó por la Red Flu, acompañado por sus hermanos y sus primos, y se sorprendió al ver, entre todos esos veinteañeros, a un muchacho rubio de su edad, vestido con un elegante abrigo de cuello alto. Era alto, esbelto, y -no había otra palabra para describirlo- en extremo sexy. Pequeños y rebeldes rizos platinados le caían naturalmente sobre la frente, cubriendo apenas los clarísimos ojos de color azul grisáceo, y dándole un aire despreocupado. Tenía un rostro bellísimo, de rasgos angulosos, y su palidez contrastaba con sus labios escarlata finamente dibujados, que parecían ser una verdadera promesa de besos y sonrisas.

 

-Que me lleve Voldemort. -espetó James, apretando los dientes.

 

Scorpius Malfoy estaba rodeado por las amigas de Victoire, que se veían claramente embelesadas con él. Al instante, Albus supo enseguida la razón del enojo de su hermano mayor: él siempre se babeaba con las amistades de su prima. No obstante, Malfoy se veía incómodo y no dejaba de reírse, nervioso. Al hacer contacto visual, y para sorpresa del menor de los varones Potter, al rubio se le escapó una sonrisa, provocándole una puntada en las entrañas a la que no le encontró explicación.

Ted se acercó a los recién llegados para saludarlos, y los dejó impecablemente limpios con una sacudida de su varita. Hizo las presentaciones de rigor, hasta que llegó el turno para Malfoy. Por primera vez, los Potter y los Weasley lo saludaron. Las chicas, con besos en la mejilla. Los chicos, solo estrechando su blanca mano.

 

-Hola, Malfoy. -saludó Albus, sintiéndose nervioso y preguntándose mentalmente qué le sucedía.

 

-Buenas noches, Potter. -respondió Malfoy sin más.

 

Su piel era tan gélida que le hizo a Albus cuestionarse si el rubio no sería, en realidad, un vampiro. La voz era arrogante y arrastraba las palabras. Potter sintió su propia mano extrañamente fría luego de soltar la de Malfoy, y se sentó en un sofá, abrumado.

 

-¿Qué te pasa? -le preguntó Rose, ubicándose a su lado.

 

-No lo sé. -respondió Albus, revolviéndose el ya revuelto cabello. -Creo que me ha chocado un poco ver a Malfoy aquí.

 

-Igual que a todos, pero es el primo de Teddy.

 

-Sí, supongo... Pero siempre ha sido su primo, y jamás nos habló de él, y nunca lo vimos fuera de King's Cross, Hogsmeade o Hogwarts.

 

-Porque debe saber lo que pensamos de él y su familia…

 

-Habla por ti, Rosie, yo no pienso nada malo de Malfoy y su familia.

 

-¿Después de todo lo que mi padre nos contó que hicieron…?

 

-Malfoy no tiene la culpa de lo que hayan hecho sus abuelos y su padre en el pasado, y si continuaran siendo unos cretinos amantes de la magia negra, mi padre no habría testificado a su favor cuando los enjuiciaron.

 

Antes de que Rose pudiera discutir, James, Fred, Louis y Hugo se sentaron cerca de ellos, y el mayor de los Potter espetó:

 

-Procuraré excederme con el alcohol y enseñarle a Malfoy cuántos pares son tres botas.

 

-No seas imbécil. -le dijo Albus, fastidiado.

 

-¿Estás defendiéndolo? -exclamó Fred, y varias personas se dieron vuelta para mirarlo.

 

-Es la fiesta de Teddy, y no van a arruinarla. Además, Malfoy jamás nos ha hecho nada.

 

-Aún. -murmuró Hugo, molesto.

 

-Vic siempre dice que es adorable. -contó Louis, como quien no quiere la cosa.

 

-¿Quién? -preguntó Dominique, que acababa de acercarse a su hermano y a sus primos, junto a Molly, Lucy, Roxanne y Lily.

 

-Malfoy. -le dijo Rose, inexpresiva.

 

-Ay, es hermoso.

 

-Ahí vamos de nuevo. -dijeron Molly y Lucy al unísono, y rodaron los ojos al mismo tiempo como si se hubieran puesto de acuerdo.

 

-Tiene una sonrisa perfecta. -opinó Lily, encantada, y Albus sintió otro pinchazo en el estómago al recordar cuando Malfoy le sonrió.

 

-Es demasiado nerd. -expresó Roxanne, divertida.

 

-¡Oye! -se indignó Rose. -¡Al y yo tenemos las mismas notas que él!

 

-¡Pero es de Ravenclaw! Es un sabelotodo por excelencia.

 

Aquello era cierto; la selección de Malfoy había sido el primer Hatstall del Siglo XXI. Un Hatstall era el arcaico término que se utilizaba para designar a un estudiante cuya clasificación durase más de cinco minutos. Malfoy fue el primero, tanto de su familia paterna como de la materna, en no ser enviado a la Casa Slytherin, a pesar de que presentaba todas las características valoradas por el antiguo hablante de lengua pársel. Albus siempre había opinado que Malfoy no podía ser tan malo como su tío Ronald -sin conocerlo- lo había descrito, solo por el hecho de ser hijo y nieto de respetados exMortífagos. También era el primero de todos los miembros de la Familia Malfoy en tener ojos azules, a pesar de que los destellos grises eran percibibles cuando le daba la luz. Otro rasgo digno de la Casa Ravenclaw: la originalidad.

Mientras pensaba en esto, los primos se reían, con excepción de James, que no dejaba de verlo con cierta suspicacia. Cuando todos se dieron cuenta, dejaron de reírse para mirar intrigados al mayor de los Potter.

 

-Hermanito, tú sabes que te amo, ¿verdad? -preguntó James, repentinamente muy serio.

 

-Eso se rumorea, sí. -bromeó Albus, preguntándose a dónde quería llegar su hermano con ese cuestionamiento.

 

-No quisiera que te interpongas cuando Freddie y yo le hagamos alguna travesura inofensiva y sin importancia a Malfoy.

 

-¿Travesura inofensiva y sin importancia? Sí, claro, como si no te conociera.

 

-¡Lo juro!

 

-¡No dejaré que hagas nada que perjudique a Teddy!

 

-Pareces más preocupado por la integridad de Malfoy que por la fiesta de Teddy.

 

Albus sintió que se sonrojaba, especialmente después de que todas las miradas se clavaran en él.

 

-No digas estupideces, James, ¿por qué me preocuparía por Malfoy? Como si no pudiera defenderse solo.

 

-¡Y ahora lo halagas, Albus! ¡No me hagas perder el orgullo que siento por ti!

 

-Merlín, eres tan idiota cuando te lo propones.

 

-Te arrepentirás por esto.

 

-Sí, como digas.

 

-Hablo en serio.

 

-Haz lo que quieras, excepto un lío que arruine la fiesta de Teddy.

 

James sonrió con maldad, y él y Fred se mezclaron entre los demás invitados. Minutos más tarde, una mujer de unos setenta años entró en el comedor, con una enorme cantidad de comida y bebida flotando detrás de ella. Platos, fuentes, cubiertos, vasos y copas, junto a una cantidad inusitada de botellas, se posaron suavemente en la mesa, y después de desear a los invitados de su nieto que disfrutaran de la cena, Andromeda Black se retiró. Albus ocupó un lugar en la larga mesa que lo ubicaba justo frente a Malfoy, desde el cual podía verlo comer, aunque no era esa su intención.

 

-Parece una niña. -opinó James en su oído con maldad.

 

Albus lo llamaría "tener clase", pero no iba a decírselo a su hermano. Malfoy estaba sentado muy recto, sus movimientos eran gráciles, cortaba todo en trozos no demasiado grandes, jamás se llenaba la boca, masticaba de forma casi imperceptible, y daba sorbos pequeños a su vaso de hidromiel, todo sin hacer el más mínimo ruido. No es que los demás hombres -y algunas de las mujeres- no tuvieran educación para comer, pero no trataban de disimular que estaban encantados con la cena preparada por la abuela de Ted. Albus nunca había visto modales tan refinados en un varón, y le resultó agradable. En un momento, Malfoy levantó la cabeza y, al verse observado por él, se sonrojó ligeramente y bajó la mirada a su cena. Rojo como un tomate, Albus se concentró en la suya, mientras volvía a reprenderse a sí mismo por aquellos pensamientos y comportamientos tan extraños que estaba teniendo.

Después de la cena, James propuso lo que siempre proponía en todos los festejos: los típicos "juegos" al estilo de Verdad o Reto, en los que el alcohol estaba inevitablemente implicado. Todos aceptaron, entusiasmados. Ted advirtió a Lily, Louis y Hugo que solo beberían cerveza de manteca, y a los demás menores de edad que actuaran con moderación, y se dispusieron a jugar. Entonces, James sacó su varita e hizo aparecer un enorme dado y un desgastado tablero en cuyos numerosos casilleros había órdenes tales como "Quítate una prenda" y "Besa a quien tengas a tu izquierda"; quienes no aceptaran tenían que beber.

Una hora más tarde, la mayoría de los invitados estaban bastante ebrios. En un determinado momento, cuando fue el turno de James, a Albus le pareció percibir que sacudía brevísimamente su varita, la cual escondía en una de sus mangas. El dado, que parecía que caería en el número 5, terminó cayendo en el 4. Cinco casilleros después de aquel en el cual la ficha de James se encontraba, la orden era "Recita un trabalenguas sin equivocarte o bebe", pero el casillero anterior establecía "Elige un castigo para quien se encuentre a tu derecha". ¿Y quién se encontraba a la derecha de James?

 

-¡Oye! ¿Qué haces? -exclamó Albus, sintiendo que se le aceleraba el corazón, y todos lo miraron, sobresaltados.

 

-¿Eh? -preguntó James, sorprendido, mientras hacía avanzar su ficha cuatro casilleros más.

 

Pero Albus conocía lo suficiente a su hermano mayor como para saber que no necesitaba contar los casilleros usando uno de sus dedos, y que esa sorpresa e inocencia en su expresión eran absolutamente falsas. Sin embargo, nadie parecía haberse dado cuenta de que James hubiera hecho magia, e incluso Albus no estaba del todo seguro, por el alcohol ingerido.

 

-No hice nada, Severus. -le dijo James, ofendido. -¡Oh! Tengo que elegir un castigo para ti, ¡genial! -exclamó, como si recién se hubiera dado cuenta de ello.

 

-¡Ohhhh! -dijeron una veintena de voces en la mesa.

 

Preguntándose qué demonios lo obligaría a hacer James, y oyendo las distintas propuestas que le daban los demás, Albus esperó. Recordó que le había dicho que se arrepentiría por ponerse en su contra al estar dispuesto a interferir en sus planes de molestar a Malfoy, y tragó saliva. Por fin, después de descartar todas las proposiciones que le dieron, a Albus le llegaron las palabras como en un eco, como si hubieran sido gritadas desde un lugar lejano. El corazón le latió desbocado en el pecho, y la respiración se le agitó cuando James habló con la maldad destilando de su boca:

 

-Quiero que tú y Malfoy se besen, Albus.

Notas finales:

Hola a todos!

Éste es mi primer FanFic, espero que les guste y que me dejen sus comentarios con sus opiniones, ya sean buenas o malas (:

Pienso hacer capítulos de unas 2 mil palabras aproximadamente (según el contador de Word), si consideran que son demasiado cortos me avisan.

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