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Snake Eyes (Ojos de Serpiente) por Tanis

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Notas del fanfic:

Notas del capitulo:

Bien podría ser una precuela entre dos de mis fics, el titulado "Cómo supe que Bruce Wayne era Batman" y "El Dios y el Mortal".

Espero que les guste y que no me odien demasiado.

 

JA JA JA

(Carcajada demoníaca sonando entre los pasillos de Arkham)

Snake Eyes

(Ojos de serpiente)

 

Batman avanzaba con paso firme, abriéndose paso entre los lúgubres pasillos del Asilo Arkham.  Llamarlo así, era albergar esperanzas fútiles, pues no había reinserción para la escoria con la que el caballero oscuro lo había llenado, convirtiéndolo así en la más peligrosa penitenciaria que el mundo viera alguna vez.

Aquel era un lugar donde el Sol hacía mucho que dejó de brillar y el peligro acechaba, donde las mentes más perversas y psicópatas podrían intentar sin éxito expiar pecados que nunca merecerían perdón.

La doctora Quinzel trataba de seguirle el ritmo sin lograrlo, obligada a dar grandes zancadas por las laberínticas estancias mohosas que ella consideraba sus dominios, clara señal de que esa mujer había perdido el norte hacía ya mucho tiempo.

-          No toleraré una intromisión de este tipo – Le recriminaba con su carpeta en mano y sus gafas a punto de resbalar por el arco de la nariz.

 

Batman sin embargo, no se detenía.

 

Nada ni nadie podía pararlo.

 

Porque de entre todas las criaturas de la noche, él era la más temible. La más letal, y había estado conteniéndose demasiado tiempo.

 

Esta noche, la bestia se liberaría.

 

Tenía una sola idea en la mente y la más absoluta convicción de que salvaría a su amigo. Aquel que confió en él cuando nadie más lo hizo, aquel que le dio cobijo siendo tan solo un niño, aquel que le dio abrigo en el oscuro callejón de la más sombría noche.

 

Un grupo de celadores era su séquito,  con sus batas otrora blancas, ahora raídas por el destino inconfesable de muchos de los moradores a los que no se atrevían a llamar pacientes. Para ellos, eran solo culpables. Esos hombres no eran más que carceleros, a veces incluso verdugos que utilizaban sin remordimientos cualquier clase de métodos para doblegar a los prisioneros siendo merecedores de eso y más.

 

Pero el fin, no debe justificar los medios.

 

No para Batman.

¿No esa noche?

 

El murciélago se detuvo ante la celda 213 del pabellón de máxima seguridad con el gesto torcido por la rabia y las manos consumidas en un abrazo imposible de aflojar. En la placa metálica podía leerse “Nombre desconocido”

 

-          Abra la puerta, Sharp.

 

El alcaide del asilo puso el dedo sobre el lector de huellas de la puerta y se acercó para que la intrincada tecnología que Industrias Wayne había instalado, cediera a los designios de su amo, oculto tras la máscara del caballero oscuro de Gotham.

 

-          Director Sharp – se quejaba la mujer – déjeme decirle que esto puede suponer una regresión a la condición actual del paciente y que todas las mejoras que hemos logrado con el tratamiento podrían …

 

No pudo acabar la frase.

Batman había estampado su delgado cuerpo contra una de las paredes provocando una respuesta de defensa ante el séquito del manicomio.

 

Acción, reacción.

 

Un violento hábito difícil de extirpar.

 

-          ¿Mejoras? – Batman torció su rostro enmascarado a escasos centímetros de la doctora y ella cerró los ojos presa del pánico – No hay redención, doctora, no para él – Arrastró las palabras conteniendo una furia que pugnaba por liberarse más allá de límites tolerables - ¡Abra la maldita puerta! – Empezaba a perder la paciencia.

 

Era precisamente eso  lo que Batman más temía.

No era el miedo que compartían los demás, aterrorizados por ese ser enjaulado. Para Batman era diferente. El caballero oscuro se temía a sí mismo cuando estaba en presencia de aquel al que no se atrevía a llamar hombre.

Eso hubiera sido otorgarle sentimientos y deseos que había demostrado no poseer. La falta total de empatía y respeto por la vida ajena habían marcado su relación desde el principio.

 

Le resultaba fácil meterse en la mente de los demás criminales de Gotham , pero ponerse en la piel de su némesis hacía que miles de agujas le taladraran el alma.

Para él siempre fue un misterio a resolver, una quimera impredecible imposible de descifrar. Sin móvil, sin motivo, tan solo, violencia gratuita y muerte sin sentido.

 

Desde que lo encerró aquel lluvioso día se prometió a sí mismo sin éxito no volver a pensar en el que se había convertido en su obsesión.

Su último pensamiento antes de salir el Sol y el primero cuando caía la noche, pensando sin pensar, sintiendo sin sentir, atrapado por la intrincada red de la araña que tan poco le había costado tejer al maldito engendro que  lo acorraló.

Lo que Batman no atrevía a confesarse a sí mismo era el sentimiento de culpa, la remota posibilidad de que uno existía por el otro. Se autoflagelaba en silencio, diciéndose que si las capas y los cruzados enmascarados no hubieran llegado a Gotham, aquel mal ancestral hubiera perecido latente sin despertar.

Pero el mal estaba hecho, y las cartas sobre la mesa y el murciélago solo jugaba aquella mano perdedora.

 

El alcaide Sharp tomó las llaves con sus dedos temblorosos y con visible dificultad las introdujo en la cerradura. La última barrera del sistema arcaico de seguridad cedió al el antiguo metal. Hacía que te plantearas cuantas veces se había abierto y cerrado esa puerta, cómo de eterno era aquel edificio en la ciudad, construido antes que los cimientos de su propia enfermiza población.

La pregunta era  ¿Qué existió antes: El crimen, o el castigo?

Las bisagras chirriaron y el murciélago se adentró en la oscuridad de aquella tétrica cámara.

 

-          Lo mantenemos sedado, pos su propia seguridad – Dijo el alcaide, aunque la realidad era que se refería a la suya propia. Pues aquel que reía a carcajadas encogía los corazones de los hombres y mujeres más viles de la gótica ciudad.

 

-          Media hora –  Advirtió Batman a los guardas antes de cerrar la pesada puerta metálica.

 

Ese era el tiempo que se había dado a sí mismo para cumplir la misión.

 

Sacó un batarang de su cinturón y lo lanzó contra las dos cámaras de seguridad que grababan el interior de la celda. Cuando cayó de nuevo en sus manos, lo trabó en el cerrojo para que nadie les interrumpiera, pues seguramente se verían en la obligación moral de hacerlo si supieran lo que estaba dispuesto a sacrificar.

Aquel ser sacaba lo peor de sí mismo, y eso, tratándose del hombre atormentado que era Batman, podía ser aterradoramente definitivo.

Inspiró el aire pesado y trató de que sus ojos se acostumbraran a la falta de luz del interior.

Sintió su presencia espectral al fondo de la habitación, acuclillado entre las familiares sombras, respirando profundamente.

El murciélago sacó una bengala de su cinturón y la encendió dotando de luz rojiza toda la estancia, lo cual no hacía más que acrecentar el deseo de derramar la sangre y de cobrarse las deudas que contrajo con el perverso payaso.

Y ahí estaba de nuevo.

Algo que juró no volver a escuchar.

Una promesa vacía.

Rota.

Como la afilada risotada que volvía a destrozar sus tímpanos.

-          No me llamas – Dijo con su voz filosa en voz baja – No me escribes … empezaba a pensar que te habías olvidado de mí.

 

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Batman, que pateó la bengala para que cayera justo a los pies del payaso.

Quería verlo, enfrentarlo, mirarlo a los ojos y demostrarle que no tenía miedo.

La tez pálida marcaba los pómulos y los huesos de su nariz puntiaguda y sus pies descalzos estaban cubiertos de heridas antiguas y nuevas.

Las pupilas dilatadas por la medicación, los ojos verdes esmeralda, como las aguas pantanosas en las que se sumergen los reptiles.

 

El Joker se puso de rodillas sin dejar de reírse, apoyando su hombro contra la pared acolchada llena de salpicones de sangre seca. Llevaba puesta una camisa de fuerza de Arkham, las que utilizan los carceleros para la contención de sus pacientes más peligrosos.

 

Sabia decisión.

 

-          Te daría la mano – Prosiguió con su mueca esperpéntica – pero las tengo algo ocupadas – La camisa se ceñía a su cuerpo inmovilizando sus brazos casi por completo, impidiendo cualquier movimiento en el tronco superior.

 

La mitad de peligroso, seguía suponiendo mucho riesgo.

 

 

El murciélago avanzó y lo agarró por la camisa. Ya había escuchado bastante.  Lo alzó, levantándolo hasta que sus pies no tocaron el suelo y sin mediar palabra, le golpeó con el puño libre en el abdomen haciendo que el cuerpo del payaso se doblara por el impacto.

 

-          Quiero que me digas dónde está la guarida de Killer Crock – Le amenazó con la mirada haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no seguir golpeándolo hasta matarlo.

-          ¿Quieres? – Volvió a reírse – O ¿Necesitas?

 

Batman volvió a golpearlo esta vez en el rostro, en un puñetazo que le partió el labio.

La familiar sangre.

Se merecía que fuera sacada de su cuerpo a borbotones, por todo lo que hizo.

Por todo lo que le hizo pasar.

 

-          Bien – El psicópata le miró, con sus ojos de serpiente libidinosa, que se arrastra hasta tu alma, consumiéndola por el mismo odio que mueve sus actos – Veo que tú también me has echado de menos – Explotó en una risotada que se cortó de golpe al ser pateado en las costillas por la rodilla del murciélago– ¡JA JA JA!

 

Aquella carcajada devoraba la mente del murciélago arañando los muros de la poca cordura que le quedaba, pero no se permitiría caer en el engaño. Debía centrarse en lo que había venido a hacer antes de que su violencia para con él lo hiciera caer en la inconsciencia.

No podía perder el control y las drogas que corrían por el cuerpo del asesino no jugaban a su favor, pues no sabía cuánto dolor más iba a poder soportar.

 

Batman se agachó en frente de él para fijar sus miradas en una competición de la que solo uno de los dos saldría victorioso.

 

-          Joker – Le llamó por el nombre que se había dado a sí mismo - ¿Dónde está la guarida de Killer Crock?

 

Esta vez el payaso intentó sin éxito no reírse en su cara pero sus ojos lo delataban. Se reía de él y de todo lo que representaba.

El murciélago empezaba a desesperarse. La vida de Gordon corría peligro y cada minuto que pasaba, su amigo se acercaba más a una muerte segura.

Ya hacía más de dos días que Crock se había llevado al comisario y después de buscar sin éxito por todo el sistema de alcantarillado de Gotham, se rindió a lo inevitable. Solo un ser sabía dónde estaba la morada del letal cocodrilo: El Joker.

 

Batman tomó aire y miró al techo antiguo y alto, lleno de manchas de humedad que le recordaban a las de Rorschach, transportándolo a sus años de niñez, cuando Alfred todavía tenía expectativas de que pudiera superar el trauma.

 

-          Está bien, Joker ¿Qué es lo que quieres? – Le seguiría el juego una vez más, aunque le resultaba doloroso y denigrante, sin embargo era la opción más inteligente pues nunca doblegaría la voluntad de aquel ser demoníaco. No con violencia.

 

-          Al fin entras en razón – El payaso se levantó y se acercó lentamente al caballero oscuro, sin perder la sonrisa pese al dolor. El familiar dolor que se había convertido en su sombra – Solo te voy a pedir una cosa y después te diré dónde se esconde el bendito cocodrilo que te trajo de nuevo a mí.

 

Batman esperó el fatídico designio sin pronunciar palabra, pues los silencios gritan a voces en Arkham.

 

-          Un beso – El Joker lo miraba directamente a los ojos, acercándose cada vez más hasta pararse a escasos centímetros de su boca – Solo un beso tuyo.

 

El caballero de Gótica lo empujó violentamente alejándolo de él y el cuerpo flacucho del sociópata chocó contra una de las paredes de la celda.

 

-          ¡Batman, la violencia no resuelve nada! – Explotó a risotadas e incluso lágrimas de alegría caían por su desorbitadas cuencas irritadas - ¿Cuándo vas a darte cuenta de que lo único que necesito es un poco de amor?

-          Estás loco.

-          Ja ja ja – El cuerpo del payaso convulsionaba de la risa – ¿Ahora te das cuenta? ¡JA JA JA!

 

¿Qué podía hacer el murciélago que no le hubieran hecho ya los celadores de aquella prisión? Había estado privado de comida y bebida a juzgar por su piel demacrada y reseca, inflado a psicofármacos e aislado del mundo exterior por dos años en los que no vio nada más que aquellas paredes acolchadas.

 

-          Está bien – Dijo el caballero oscuro.

 

Un gesto de asombro se posó en el rosto del tétrico payaso.

 

 

-          ¿Está bien? No quiero un beso de mierda como el que le da una madre a su hijo, quiero un beso apasionado. Para que un ser carente de sentimientos como tú lo entienda, significa que quiero notar tu lengua hasta el fondo de mi garganta – Sus ojos brillaban con el fuego del infierno – Solo así te diré lo que necesitas saber.

 

Batman agarró la camisa de fuerza por el pecho y estampó al payaso contra la puerta metálica, sabiendo que le dolería más una superficie sólida.

¡Cómo desearía matarlo en ese preciso instante!

Sería tan fácil …

Su mente maquinaba mil y una maneras de acallar esa risa de manera rápida e irreversible.

 

Se armó de valor para anular todas esos pensamientos y apretó los puños con fuerza autoconvenciéndose de que era posible. Necesitaba rescatar a su amigo y sacrificaría eso y más si con ello podía salvarle la vida.

 

No significaría nada.

Como Bruce Wayne había besado a muchos y muchas sin sentir nada por ellos, más allá de labrarse una coartada o de guardar las apariencias.

Sin embargo, Batman era fiel a sus emociones, aunque la mayoría de las veces prescindiera de ellas, porque cuando se enfundaba en su traje, no mentía.

Ese era realmente él y por eso, su cuerpo se resistía mientras su piel se erizaba con el frío de sentir aquellos labios inertes sobre los suyos.

 

-          Ohhhh, vengaaaa – Se quejó el asesino – Sé que te mueres de ganas – Volvió a reír.

 

Sin darse más tiempo para recular, Batman se abalanzó sobre los labios del payaso, golpeándolos con los suyos con un violento impacto. Metió su lengua en la boca ajena tal y como había demandado el demonio, como si de una invasión se tratara. Aquello acabaría rápido.

 

Aquello acabaría rápido, y sin embargo, no había hecho más que empezar.

 

Sintió el pinchazo en la mandíbula, donde la protección de la máscara no lo protegía, se giró y vio la aguja en la mano del payaso.

¿Cuándo se había soltado de la camisa de fuer…

La vista se le nubló e inmediatamente lanzó un puñetazo al aire como primera defensa, demasiado lento como para impactar en ningún objetivo.

La carcajada le hizo estremecer.

 

-          La buena de mi doctora – El Joker sacó el otro brazo de la camisa que lo retenía y acabó por quitársela completamente mostrando su cuerpo fibroso y lleno de tatuajes – Me hizo el mejor de los regalos – Alzó su mano para enseñarle la jeringuilla vacía al murciélago – No sé exactamente qué cojones le puso pero voy a pedirme un lote entero de éstas para Navidad.

Batman empezó a tambalearse. Debía avisar a Alfred antes de  que fuera demasiado tarde, antes de que …

 

-          No no no. No queremos que nadie nos interrumpa – Chisteó el psicópata – Tomó una de las manos del murciélago e hizo que él mismo tecleara una combinación de botones que abrieron el cierre de su cinturón - ¿Lo ves? – Dijo quitándoselo – Conozco todos sus secretos – Lo lanzó al otro lado de la habitación – Y sin embargo, tú ni siquiera sabes un poquito sobre mí, Bruce Wayne. ¡JA JA JA! El mejor detective del mundo no sabe ni cúal es mi jodido nombre.

 

Acto seguido, el payaso pateó al murciélago y éste se desplomó sobre el suelo, incapaz de mantenerse en pie.

 

Debía salir de allí, pero sus músculos no le respondían.

 

Alargó sus brazos y empezó a reptar con ellos intentando llegar hasta la puerta, pero el de la tez pálida lo detuvo y le dio la vuelta, dejándolo postrado boca arriba.

 

-          Ahora tú y yo nos vamos a divertir – Se sentó a horcajadas sobre él y metió las manos por dentro del traje a la altura de la cintura.

 

El murciélago se revolvió y le agarró el cuello con ambas manos, tratando por todos los medios de no perder el conocimiento. Tenía que sacárselo de encima y llegar a su cinturón. Allí tenía lo necesario para repeler la acción de los neurolépticos que le había inyectado.

Pero el agarre no tenía la fuerza necesaria y el Joker le golpeó en la cara una y otra vez, hasta que sus nudillos sangraron y el pómulo de Batman se laceró en una herida abierta.

 

-          No sé por qué te llaman el Caballero de Gótica si eres incapaz de comportarte como un caballero – Le golpeó en el esternón haciéndole perder la respiración - No quiero hacerte daño, pero – Rió - ¡Ohhh, me has pillado! – Volvió a golpearle una y otra vez en el estómago – Está bien ¡Sí que quiero hacerte daño! – Acercó su rostro pálido a la cara ensangrentada de Batman – Me excita provocarte dolor – Agarró una de las manos del murciélago y se la llevó entre medio de sus piernas cubiertas por la fina tela del pijama de Arkham – Me la pone dura verte sufrir.

 

El murciélago sintió el miembro duro a través de la ropa y quiso retirar la mano como si le quemara la piel.

El Joker apretó los pómulos de Batman con sus dedos huesudos y metió dos de ellos en la boca del murciélago.

 

-          ¡Auch! – El payaso se quejó cuando casi se los arranca de un mordisco - ¿Debería inyectarte más drogas? Tengo que calcular tu peso para no pasarme, no quiero que te desmayes y te pierdas la diversión ¿Cuánto pesas? ¿Has comido bacon últimamente? ¡JA JA JA! – Volvió a reírse alimentando su retorcida mente.

 

Con la dificultad del que mueve un peso pesado, le dio la vuelta al murciélago dejándolo boca abajo. Lo inmovilizó llevándole a la espalda sus manos enguantadas y las ató con una de las correas de la camisa de fuerza, tan fuerte, que podría haberse tratado de un torniquete profesional.

 

-          Ahora mucho mejor – Se relamió al ver a su presa intentar zafarse sin conseguirlo. Volvió a darle la vuelta – Mucho mejor… Sin resistencia no hay diversión.

 

Se relamió los labios con su lengua viperina y coló sus manos dentro del traje, manoseando las definidas abdominales del héroe de Gotham y levantando la gruesa tela dejando la piel al descubierto.

 

-          Voy a hacerte lo que siempre anhelaste – Confesó con su voz rasposa y desagradable.

Subió la ropa hasta encima de sus tetillas y lamió los pezones con su aliento fétido hasta que se pusieron erectos.

Batman se removió tratando de liberarse pero ya era un suplicio no caer en la pérdida de conocimiento por los efectos de la droga que recorría su cuerpo. Se estremeció al sentir la saliva caliente sobre el pecho frío.

Odiaba a ese payaso. Lo odiaba con todas sus fuerzas.

Lo mataría, lo mataría … lo matar …

Los muros de la realidad se resquebrajaban y le costaba mantenerse consciente.

El Joker mordió uno de sus pezones tan fuerte que por poco si se lo arranca y Batman lanzó un alarido de dolor, abandonando el mundo de Morfeo.

 

-          Dime ¿Cuántos han profanado tu cuerpo? – Sus manos se deslizaron de nuevo hacia abajo, entreteniéndose en la cintura de sus pantalones – No te cortes, sé que no eres virgen, pero te perdono. ¿Cuántos? ¿diez? ¿veinte? ¿cincuenta?¿Más de cien? – Negó con la cabeza - Eres un playboy Batsy ¿Qué pensaría la buena de mama Wayne si viera lo que hace su hijo por las noches?

 

El Joker agarró las bolas de Batman por encima de los pantalones y las estrujó con tal fuerza que el héroe lanzó un sonido gutural de sufrimiento extremo.

-          Te mataré, maldito hijo de puta – Consiguió pronunciar.

-          ¿Así que eres de esos? – Preguntó el payaso - ¿Te gusta gimotear en la cama? Aunque prefiero que dejemos a la puta de mi madre en la tumba donde la metí.

 

Le bajó los pantalones violentamente y dejó al descubierto todo hasta la rodilla.

 

-          ¡Oh, my God! – Exclamó el payaso – Esto supera todas mis expectativas … El viejo de Gordon debe de estar dando saltos cada vez que lo ve. Por cierto, ¿Sabe Bárbara que te follas a su padre? – El rostro pálido se acercó al miembro flácido de Batman y sacó la lengua larga como la de un hediondo reptil para acariciarle la punta – Delicioso …

 

Batman cerró los ojos para no ver el terrorífico espectáculo al que estaba siendo sometido.

La escena superaba la peor de sus pesadillas.

Sentía la lengua áspera y fría lamer la extensión de su falo mientras los dedos del payaso trataban de colarse en su interior.

-          Te quiero solo para mí – Confesaba el payaso con su voz áspera – Mataré a todo el que te folles ¿Me has oído?

 

El dolor era insoportable.

La imagen lamentable.

El error, imperdonable.

La boca del Joker engulló por completo la poya del murciélago y succionó arriba y abajo con un ritmo frenético.

 

-          Veo que empieza a gustarte … Me alegro de que entres en razón.

 

Batman arqueó su espalda e intentó desatarse, pero ya no sentía los dedos de sus manos. Desesperado trató de sacarse de encima al ser que lo atormentaría en sueños por toda su vida, viéndose envuelto en su propia estupidez.

 

No era digno de llevar el símbolo.

No después de haber caído en la trampa.

 

Gimió.

 

El Joker se alentó con aquel delicioso sonido provocado por sus embestidas de placer y aceleró el movimiento, acrecentando la pasión culposa del murciélago que no podía evitar excitarse ante la consecuencia de sus acciones.

 

Batman clamó de nuevo en silencio sepulcral cuando le sobrevino el orgasmo, para no otorgarle la satisfacción sonora de la plenitud de sus actos.

 

Acababa de correrse en la boca carmesí de dientes afilados y pronto probaría su propia esencia en un beso robado, profundo como el sentimiento de culpa que desgarraba su interior. La mezcla de azufre y semen le provocó arcadas.

Al abrir los ojos, vio la sonrisa lasciva de la criatura más vil que nadie podía imaginar.

Sintió el sabor metálico de la sangre en la boca.

Sangre de su sangre.

Acción y consecuencia.

Batman y Joker.

La inevitable escalada de violencia.

 

El payaso lo puso a cuatro patas, levantándole las caderas. Separó las nalgas del murciélago con sus sucias garras y metió la lengua en su interior, adentrándose en la profundidad.

Desgarrando todo a su paso.

Con sus dedos delgados tomó algo del semen que resbalaba por la piel de su cara y se ayudó de la substancia para colarlos dentro del culo del caballero oscuro.

 

Qué brillante estampa, digna de ser esculpida por uno de los grandes clásicos. Sin duda, aquel era hasta la fecha, el momento preferido en la memoria del Joker. Uno que perduraría imborrable en la memoria de ambos, hasta que la parca reclamara sus temibles almas.

Se bajó el pantalón de pijama de Arkham y sacó su miembro duro y blanco como un mástil que ha perdido color por el salitre.

Sin miramientos, envistió como un toro salvaje hasta que hizo tope en las nalgas del murciélago con un chapoteo celestial que se repitió y se repitió, como se repetía la agonía en la mente y el cuerpo de aquel al que estaba profanando.

 

Arrancó la piel de la espalda de su víctima con sus uñas rotas hasta que se tiñeron con la sangre del vencido y derramó el veneno en su interior con convulsas contracciones de cadera, a cual más dolorosa.

 

Al acabar, el Joker miró el reloj imaginario de su muñeca.

 

-          ¿Media hora habías dicho? – Chisteó amargado – Nos quedan apenas un par de minutos. Normalmente duro bastante más, pero dado el tiempo que llevo sin mojar, y lo impresionante de tu cuerpo, creo que no puedes quejarte – Alargó la mano y le dio una cachetada en el culo a Batman para tratar de humillarlo todavía más – No te preocupes, seré muy discreto – Le dio un beso en la mejilla - Esto quedará entre nosotros.

El payaso se levantó y se subió el pantalón.

Tranquilamente, peinó su pelo verde hacia atrás con sus dedos y fue a buscar la camisa de fuerza que tendió sobre sus hombros. Luego se dirigió a Batman que no había dicho ni hecho nada desde hacía largo rato.

 

-          ¿Te desmayaste? – Le agarró por el cabello para poder ver la mirada furiosa e ida de su némesis personal - ¿No? Me alegro, porque quiero que recuerdes lo que te he hecho por el resto de tu vida – Le desató las manos – Quiero que recuerdes que te corriste en mi boca – Le dio la vuelta para dejarlo boca arriba y fue a buscar su cinturón – Quiero que recuerdes que mi semen resbala ahora mismo por tus muslos – Le colocó bien el traje y le puso el cinturón – Y sobre todo, quiero que recuerdes que lo disfrutaste, tanto o más que yo.

 

El Joker sacó una pistola auto inyectable del cinturón de Batman y vertió el líquido directamente en la yugular.

En ese momento, la puerta se abrió y el alcaide y los demás guardas entraron en la celda.

-          ¡Por favor! – Chilló el Joker horrorizado - ¡No me pegues más! – Se agarró a los pies del alcaide como un niño que busca no ser abandonado por sus padres - ¡Quiere matarme!

El Joker estaba llorando, interpretando su papel de Oscar, semidesnudo y sangrando como un animal herido.

-          ¿Qué le ha hecho? – La doctora Quinzel se apresuró a atender a su paciente - ¡Animal! – Le recriminó a Batman que empezaba a incorporarse.

 

Nadie se sorprendió de que el murciélago también estuviera sangrando. La lucha, debió de ser cruenta, pensaron los celadores aunque el claro vencedor había sido el Caballero Oscuro a juzgar por el estado en el que se encontraba el Joker.

Nunca nadie lo había escuchado suplicar de esa manera.

El murciélago buscó con la mirada aquellos ojos de serpiente. Solo ellos dos sabían lo que había pasado en esa celda. Con paso lento, se dirigió hacia él sintiendo como el antídoto hacía que recuperara el tono muscular y con ello el dolor.

 

El dolor era lo único que lo mantenía lúcido.

 

El ansia de venganza lo que le volvía loco.

 

-          Por favor – Suplicó Sharp – Batman, tiene que irse ya, o llamaré a la policía de Gotham.

Todas las miradas se posaban en el héroe gótico, y en lo que haría a continuación. Cerró las manos tan fuerte que la piel de sus guantes crujió.

Iba a matarlo.

Una última mirada al abismo antes de abandonar la cordura y hacer lo que tenía que hacer, un último suspiro antes de lamentarlo por el resto de su vida. Poco le importaba que no estuviera solo, después del acto atroz que estaba a punto de cometer.

Avanzó hasta el payaso con la determinación en sus ojos y un par de celadores intentando sujetarle a los que se llevaba arrastrando.

Empezó a golpearlo, y a cada segundo que pasaba y sus fuerzas regresaban, más duro le golpeaba.

Sintió el chasquido de los huesos romperse, la piel quebrarse y la sangre brotar.

Todavía sentía su aliento sobre la piel.

Los guardas se miraron horrorizados ante un espectáculo que no podían detener.

El Joker alzó las manos con el rostro desfigurado, hinchado y amoratado por la brutal paliza.

 

-          Puerto de Gotham – Consiguió pronunciar el payaso mientras la sangre se colaba en su garganta -  Muelle 403, barco “The Bounty” - Una vida por otra. Mi silencio, tu recompensa.

 

Batman detuvo su puño en alto y sus ojos desencajados miraron a aquel monstruo. La piel tembló y apretó su mandíbula hasta que sus dientes chirriaron.

Se levantó y abandonó el lugar.

Protegería a Batman de Bruce Wayne.

 Salvaría a Gordon.

Es curioso como aunque el murciélago desistió de su cometido, la muerte acudió igualmente a la celda 213 del Asilo Arkham. No para llevarse el alma oscura del payaso, sino para cobrarse la muerte en vida del corazón de Batman.

Sin sacrificio, no hay redención.

 

 

 

-FIN-

Notas finales:

Notas de la autora

Espero no haber destrozado demasiadas almas con esta pareja crack. 

No me malentendáis, a mí tampoco me gusta esta ship, pero era algo que debía hacer. Es difícil de explicar aunque espero, como siempre, que hayan disfrutado de la lectura tanto como yo escribiéndola.

* Las imágenes son dibujos hechos por mí, si quereis ver más de mi galeria, pasaros por mi Facebook (sale en el perfil) y allí podreis seguir viendo retazos de mi creativa mente perturbada.

 

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