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Sueño primaveral por 1827kratSN

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Mukashi, mukashi… —un golpe sordo, un gruñido bajito, una risa burlona y un suspiro

—Habla bien, Colonello

—Le quitas la diversión, Lal —escondía la sonrisa que lo embargaba al jugarle esa broma a la mujer de cabello azulado que lo vigilaba y continuó— Henjiu henjiu yiqián —otro golpe en su cabeza que casi lo hace soltar el libro que fingía leer

Esa yo lo entendí —rió bajito cierto azabache de larga cabellera trenzada

—¡En idioma neutro, tarado! —exigió la única mujer del grupo

—A mí me estaba gustando —se quejaba el último miembro de ese pequeño grupo, pero la mirada de Lal lo calló de inmediato—. Senpai da miedo —murmuró muy bajito

—Veamos —volvió Colonello a centrarse en el relato mientras movía su cabeza para apartar un mechón rubio que cayó en su frente—. Hace, mucho, mucho tiempo, en una tierra lejana…

—Baba —el espectador los miraba con sus enormes ojitos negros y brillantes apuntando con su regordete dedo índice a la portada del libro

—Y ahora él me interrumpe —el rubio reía bajito por el enfado de Lal que se exteriorizaba en una bruma grisácea—, adoro a este chico

—Suficiente. Se acabó la hora de cuento, mejor vamos al patio —suspiró la mujer al darse por vencida. Hasta parecía que todos se ponían de acuerdo para sacarla de casillas

 

 

Eran guardianes especiales de ese palacio, de los pocos en ese mundo con el poder de usar magia, aunque también cumplían esas funciones en otro reino ubicado al pasar un par de montañas al sur. La única diferencia en el trabajo realizado en esos dos bastos reinos era que permanecían mucho más tiempo en el castillo de los Argento debido al heredero al que le debían respeto, lastimosamente en el otro reino no había aún un pequeño al que cuidar y brindar sus sabias enseñanzas. Al menos eso pensaron hasta que una colega suya llegó con una amplia sonrisa a dar la buena noticia

 

 

—Tenemos que ir a visitar al rey Sawada y a su esposa —espléndida sonrisa, cabello oscuro y ojos azules que parecían leer tu alma

—¿De qué hablas, Luce?

—Una gran noticia se dará, un milagro… Mejor dicho: un regalo

 

 

Nadie solía cuestionarla después de todo ella era una de las pocas hadas que fue bendecida, o maldecida, con el don de la profecía. Fue entonces que las hadas decidieron su trasladaron de castillo de los Sawada, bien dispuestos a servir al siguiente heredero de esas tierras. Aunque por órdenes de la propia Luce, su camino se haría a pie para darle tiempo al supuesto milagro para que se llevara a cabo.

 

 

El milagro…

 

 

Resignados estaban, incluso ya pensaban en buscar a un niño de excelentes aspectos al cual adoptar, o una niña que desprendiera gracia e inteligencia. Dieron por terminados sus intentos por engendrar un heredero, ambos padres estaban resignados a eso, pero todo cambió en una mañana.

Nana solía pasear por los alrededores cuando necesitaba un poco de paz para pensar, resignarse y para volver a retomar fuerza para seguir. Solía acariciar su vientre vacío con cariño, tal vez así aplacaba un poco del dolor que la consumía. Disfrutaba de la brisa en sus hebras castañas, trataba de mantener el brillo que la caracterizaba, pero era difícil. Dolía el saberse seca, mas, en esa mañana donde un par de nubes adornaban el cielo, ella escuchó la mejor noticia de su vida.

 

 

—Mi señora —se asustó por aquella voz que interrumpió su meditación

—Oh pequeña rana —sosteniendo su pecho halló el origen de esa voz suave y un tanto acentuada en las letras eses—, dime que no estoy alucinando y has sido tu quien ha hablado

—Fui yo —croó una vez más antes de saltar cerca de la reina quien instintivamente retrocedió por la sorpresa— pero tranquila, soy sólo un mensajero que ha tomado esta forma

—¿Quién te envía?

—Eso no importa, sólo debes escuchar mis palabras

—Entonces dime, pequeña criatura, ¿qué mensaje me traes? —se acuclilló frente al pequeño ser verdoso sin importarle que su vestido tocara el suelo

—Pronto, en dos días a lo mucho, te desmayarás —vio el miedo en la mujer y se recriminó por su falta de tacto. Croó suavemente antes de seguir—, así que considera estar en un lugar rodeado de suaves cojines para amortiguar la caída

—Oh, eso es grave —apretó los pliegues de su fino vestido y un escalofrío le recorrió la espalda

—No lo será —croó con entusiasmo— porque será la señal de que en tu vientre un bebé, un heredero, se estará formando

—Pero yo… —quiso añadir que eso sería imposible pues ya intentó todo, pero decidió callar y sonreír—. Gracias pequeña criatura porque me has dicho algo que yo siempre quise escuchar

—Bendita seas, reina. Bendecida por tu dulzura y buen juicio. Cuida a ese retoño tuyo

—¿Será un niño?

—Sí y no

—¿Cómo es eso?

—Será un pequeño doncel, un varoncito que podrá engendrar vida también

—No me lo esperé —lo pensó un poco antes de seguir—, después de todo, por más de cinco generaciones ni en la familia de mi esposo ni en la mía ha nacido tan bello ser

—Tú lo traerás al mundo, siéntete dichosa y cuídate mucho

 

 

Nana confió en aquella criatura, aunque estaba tan emocionada que no dudaría de cualquier mentira que le dijesen en ese día. Pensó en gritarle al mundo su felicidad, pero calló. La verdad quería que fuera una sorpresa, por eso, en el día pactado se dedicó a bordar en el salón de su palacio, cuidando de estar rodeada de suaves cojines y telas de seda. Estaba emocionada, casi temblando de la dicha, esperando con paciencia.

Fue a media tarde que se desvaneció de la nada, asustando a sus damas de compañía, alertando al castillo y por ende al rey que desesperado permaneció junto a su amada esposa hasta que esta fue examinanda por el mejor doctor del reino.

En ese día se confirmó lo que dijo aquella ranita cantarina. Y en el castillo sólo pudo escucharse los festejos emocionados de cada integrante. Mas eso solo fue el comienzo de la historia.

Al catorceavo día de la noticia arribaron al castillo cinco hadas que, por extraño que pareciera, peleaban entre sí, al menos algunos, y se recriminaban la falta de orientación del que tomó el liderazgo y que los llevó a la tierra de los dragones antes de llegar a su destino real. Evidencia de su rara aventura traían en sus túnicas quemadas en ciertas zonas, aunque nada más grave que eso. Sin embargo, se callaron cuando vieron a la reina tejiendo un pequeño zapato de color azul pastel, entendieron que ellos también debían festejar.

Como siempre, Luce había acertado.

Fueron meses de dicha, de ansia, pero al fin, en la fecha que calcularon para el nacimiento, exactamente a las ocho de la noche, un pequeño llanto agudo adornó los pasillos de ese castillo. El heredero de grandes tierras productoras de leche y miel dio su primer respiro. Lo mejor de todo fue que el pequeño nació para mostrar algo especial que caracterizaba a esos reinos en el sur de un continente vasto

 

 

—Tiene la marca —Era Luce quien acunaba al pequeñito hasta que las sirvientas terminaran de limpiar los aposentos de la reina y de la misma soberana también—, gracias al cielo por eso —sonrió al ver la muequita del doncel en sus brazos que tan sólo con una semana de vida se veía saludable y fuerte

—Siempre he tenido miedo —Nana sonrió cuando pudo recostarse en su lecho y Luce le cedió a un pequeñito castaño que no quería abrir los ojos y mantenía sus manos en puños— de que no tuviera la dicha de ser bendecido con un destinado

—Como pasó con muchos reyes que sintieron desdicha y terminaron casándose con alguien con la misma maldición —Iemitsu al fin habló pues había estado semi-desmayado porque no pensó que el dolor de su esposa se evidenciara en la sangre que perdió durante el parto. Era débil ante ese color carmín que tenía un olor metalizado—. Pero mi pequeño no es de ese tipo —sonrió orgulloso sentándose junto a su esposa y acariciando delicadamente las manitas que buscaban su fuente de alimento en el pecho de su madre

—Su marca es un sol —añadió Nana al ver el pequeño dibujo marcado en la muñeca derecha de su niño—, pero es de color azul como el cielo —añadió con sorpresa al detallar el tatuaje más cuidadosamente y reconocer el tono—. Hasta ahora sólo he visto tonos grises o hasta negros como el carbón

—Eso sólo significa algo —Luce sonrió antes de mirar a ambos padres—: que su destinado no sólo lo amará —acarició la frentecita del pequeño que lactaba con impaciencia y este abrió sus orbes para demostrar el iris color chocolate levemente oscuro que brillaba con las leves luces de las velas que adornaban la habitación— sino que su amor a perdurado por sobre el tiempo

—Creí que sólo era una leyenda —Iemitsu soltó un largo suspiro—. Vaya… nuestro hijo no pudo nacer mejor protegido —besó la mejilla de su esposa como agradecimiento por esa dicha que no podía siquiera terminar de asimilar

—Así que Tsuna ha reencarnado para reencontrarse con su destinado —sonrió la castaña antes de besar esa frentecita rosada y con mucho cuidado acomodar algunos mechones rebeldes que se levantaban—. Me pregunto cuántas veces lo ha hecho… cuánto amor ha dejado en este mundo

—Sea quien sea tendrá que dar su palabra de cuidar siempre de mi pequeño y demostrar su fuerza como para que yo lo considere digno de mi hijo —Iemitsu se levantó con prisa, inflando su pecho, imitando el accionar al desenvainar una espada

—Querido, ¿a dónde vas? —interrogó cuando su marido se disponía a abandonar sus aposentos

—Buscaré al destinado de nuestro pequeño, claro está, incluso enviaré a diez soldados para que revisen las manitas de todos los infantes del reino —sonrió lleno de confianza—. Necesito saber si ya ha nacido o si aún está en gestación

—No hace falta que lo busque, mi rey —sonrió Luce deteniendo al rubio —yo sé quién es el destinado de su hijo… y también puedo decir que lo he cuidado durante un tiempo

—Espera —Iemitsu se dio vuelta con pánico, temblando—. No me digas

—Sí —asintió Luce— es la misma marca

—¡No! —Iemitsu berreó cual niño e incluso empezó a caminar en círculos— todos menos ese niño

—¿Hablas del heredero de los Argento? —Nana se sorprendió pues en general los destinados de los reyes provenían de los habitantes de pueblos adjuntos o de la ciudad que rodeaba el castillo, incluso ella fue hija de un mercader

—Sí —Luce rio por el berrinche del rey— ayer cumplió dos años cabe decir, así que debemos enviarle un regalo

—¡No lo acepto!

—Querido, es su destinado

—Todos menos esa familia egocéntrica y con ojos como abismos —movía sus manos frenéticamente—. Son unos brutos

—El rey es tu amigo, cariño —Nana sólo sonreía

—Da igual —negó efusivamente—. No le entregaré a mi pequeño Tsunayoshi

—Querido —regañó Nana

—No con esos guerreros, no con alguien que puede destajar a alguien con un sólo movimiento del hacha o que puede darle en medio de la cresta de un gallo solo con una flecha. ¡No! —se abrazaba a sí mismo al imaginar a su posible yerno. No podía ni siquiera pensar que alguien tan violento cuidara de su doncel adorado, único hijo cabía recalcar

—Yo creo que Tsunayoshi no podría estar más seguro que con el heredero de ese reino —Luce reía por lo bajo, ella supo que es iba a suceder, pero seguía siendo divertido verlo en primera fila y no por medio de visiones

—¡Jamás! —Iemitsu era terco— Él merece a alguien que lo trate como a una flor, con suavidad. ¡No va a estar con esos… esos animales!

—Insisto, querido —sonrió Nana porque su pequeño hacía muecas debido a las palabras de su padre— es tu amigo

—A no ser que siga molesto porque nunca pudo ganarle en una carrera de larga distancia o cazando un venado—añadió Luce. Oh sí, ella también sabía divertirse

—¡Soy un hombre que acepta la derrota! —añadió Iemitsu—, pero eso es algo aparte —mentía

 

 

Mas, contra el destino no se puede luchar. Aunque un hada chismosa también ayudó un poco en esa ocasión.

Colonello fue quien partió hacia el castillo de los Argento para dar la buena noticia: informar del nuevo nacimiento y del destino trazado para el pequeño de cabellera negruzca, iris ónix, patillas rizadas y distintivas.

Fue entonces que sin esperar por más tiempo los Argento partieron para conocer a su futuro hijo, aquel niño que compartiera la misma marca que su heredero

Lo que más le afectó a Iemitsu fue ver que su pequeño Tsuna sonreía abiertamente cuando Reborn fue puesto junto a él en la cuna real, aunque los golpes en su espalda por parte de su amigo Alonzo también terminaron por casi lanzarlo al suelo.  

Fue un día duro.

 

 

Continuará…

 

 

 

Notas finales:

 

Fic creado para la dinámica de esta semana: Cuentos de hadas. Organizado por R27 fan club (the caos club) en Facebook. Como se habrán dado cuenta esto se basa en “La bella durmiente”, claro que tendrá sus cambios, pero pretendo sacarles al menos una sonrisa.

Se supone que termine el 20 de este mes, así que trabajaré duro, pero si no… pues seguiré hasta donde termine con esto XDDDDD

Al menos ya está la trama, no tengo que pensarlo mucho XDDDD

Krat espera que lo disfruten~

Muchos besos e infinito amor~~~

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