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Sálvame por Akashi_Male

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Notas del capitulo:

¡Espero y les guste!

El día era soleado y tranquilo, de aquellos momentos en los que no tenía ninguna preocupación en la cabeza y podía relajarse un poco. Ser policía no era tarea sencilla, todo podía cambiar en menos de dos segundos y había que estar alerta constantemente. Sin embargo, en aquellos minutos, sentía su cuerpo calmo y sin estrés.

 

―Ah…― se estiro tanto como sus extremidades le permitían, escuchando algunos crack en el proceso.

―Vaya, eso sí fue un suspiro―. Miro hacia el costado, encontrándose con un muchacho alto y castaño que llevaba un extraño peinado, aunque él no podía decir mucho al respecto.

―¿Tú crees?― Ambos rieron y el recién llegado se sentó en la silla que había frente a su escritorio.― ¿Padre no te había enviado a patrullar la feria hoy?

―Si, pero al final Vista irá junto a Haruta―. Rio con fuerza―. Me han salvado, menudo rollo estar ahí toda la noche.

―Supongo…― Echo un vistazo a su celular para comprobar la hora―. Estará recién empezando, larga noche les espera.

 

Se miraron unos segundos antes de largar una carcajada.

 

―En fin, ¿irás a ver a Ace hoy?― Pregunto con tono pícaro, adoraba molestarlo con eso.

―Si, sus padres han organizado una cena y me invitaron, claramente no me negué―. Sonrió, como amaba a su adorado novio―. Tengo que estar ahí a las nueve, así que aún queda tiempo.

―Que celos me dan, ya quisiera yo encontrar a alguien y poder estar como ustedes―. Lo observo durante un segundo, sabia perfectamente que las parejas como Marco y Ace eran una en un millón y realmente estaba feliz por ellos.

―Ya encontraras a una persona, no te desanimes―. Le dio un leve golpe en el brazo mientras sonreía divertido.

 

Por otra parte, en un consultorio ubicado en el Hospital General de Sabaody, se encontraba un chico pelinegro, de unos veinticinco años, moreno y con algunos tatuajes en su cuerpo. Estaba revisando unas fichas con total concentración, por lo que no se percato de la puerta siendo abierta lentamente.

 

―Hola…― Se sobresalto al escuchar aquella voz, fijando su mirada en el no invitado―. Law-nii…

―¡Chopper!― Se levanto enseguida al distinguir a su hermano, sin pasar por alto su tono tembloroso ni sus lagrimas corriendo por su cara―. ¿Qué paso? ¿No tendrías que estar en la escuela? ¿Por qué lloras?

 

Trafalgar Law no era una persona que demostrara sus sentimientos ni expresara sus emociones, pero si se trataba de él su máscara se caía completamente.

 

―Na-nada, yo…― Se limpio las lagrimas con el dorso de la camiseta―. Quería verte…

―Chopper―. Su mirada de ensombreció al notar los moretones en su rostro y el labio partido―. ¿Qué te ha pasado? ¿Quién te ha hecho eso?

―Na-nadie… Me caí de las escaleras―. El menor se sonrojo y desvió la mirada.

 

Suspiro.

Sabia de antemano que no le diría la verdad, aunque era obvia, así solo le acaricio la cabeza con la esperanza de transmitirle confianza.

 

―Ven, te curare esas heridas―. No lo forzaría a contarle, después de todo siendo como era su hermano no se lo sacaría con tanta facilidad.

 

Chopper asintió lentamente al tiempo que se subía a la camilla, preguntándose si algún día seria tan valiente como para decirle toda la verdad.

 

En otro lugar estaban dos muchachos jóvenes, que rondarían los veinte y tantos años, conversando sobre cualquier cosa que se le viniera a la mente. Uno era alto y fornido, con un cabello desordenado y rojo, y unas gafas de nadador rodeándole la cabeza y en el lugar donde deberían ir las cejas. El otro, un poco mas bajo de estatura, poseía un largo cabello rubio, con un fleco que le tapaba los ojos, y su musculatura reflejaba años de entrenamiento físico.

 

―¿Entonces te dijo que si?― Pregunto el mas bajo con una sonrisa divertida.

―Si, bueno ya sabes…― Carraspeo antes de lanzar una risa burlona―. No me divertía tanto en años, sin embargo, creo que no pasaran ni dos semanas antes de botarla.

―Joder, Kid―. Eran esos los momentos en los cuales no sabia si mandarlo a la mierda o reírse del cinismo de su amigo―. No deberías jugar así con las personas, no está bien.

―Oh, vamos ¿ahora eres Santo Killer?― Volvió a reírse ante la expresión molesta del otro―. Acéptalo, nunca me tomaré a nadie enserio, el amor es una porquería y jamás me enamoraré― Tomo un sorbo de su café, deseaba que fuera una cerveza, pero dentro de unos minutos debían volver a la estación y no quería llegar oliendo a alcohol.

―Si tú lo dices…― La verdad era que él tampoco se había enamorado jamás, y no planeaba hacerlo, sin embargo, se preguntaba si el destino alguna vez le jugaría un capricho―. Si, claro…― Sonrió con sarcasmo, antes de acabarse su café de un trago.

―¿Eh? ¿Dijiste algo?― Negó ante la interrogativa de su amigo, recibiendo un levantamiento de hombros como respuesta.

 

 

Corrían las ocho de la noche, la mansión Monkey-Portgas estaba de festejo, con música y decorativos dignos de la familia.  Esa noche se celebraría el reciente noviazgo del heredero primogénito Portgas D. Ace, y el reciente aniversario de Portgas D. Rouge y Monkey D. Dragón.

 

―¡Saboooooo!― El segundo hijo de la familia se vio tirado al suelo por su hermano, el tercer y ultimo heredero: Monkey D. Luffy―. ¡Te atrape, shishishishishi!

―¡No lo creo!― De un rápido movimiento atrapado las muñecas del menor, cambiando lugares y sentándose en su espalda―. Ay, Luffy… ¿Cuántas veces lo intentaras? No puedes ganarme―. Comenzó a reírse al ver como trataba de zafarse de su agarre

―Niños, dejen de jugar y ayúdenme a terminar de preparar la mesa―. Su madre se acerco con una sonrisa y unos platos en la mano, inmediatamente los hermanos se levantaron.

―¡Vale!― Con rapidez pusieron lo que faltaba en la mesa, agregando los decorativos que se les fue pedido.

―Vaya, será una gran celebración―. Un hombre pelinegro con el rostro lleno de tatuajes y mirada dura apareció en el gran comedor.

―¡Papá!― El menor salto a abrazarlo al verlo, mientras los otros miembros de la familia se acercó a él.

―Marco ya debe estar por llegar, será mejor llamar a Ace para que vaya bajando.

 

Escucharon el timbre resonar en toda la misión, haciendo eco en cada rincón, por lo que se miraron divertidos. Una de las sirvientas se dirigió a la puerta, abriéndola de forma elegante y con una sonrisa en el rostro.

 

―Buenas noches, Mar…― Se quedo helada y sin poder terminar la frase, un frio le recorrió el estómago y fue cuestión de segundos antes de caer al suelo.

―¿Mei?― Otra de las sirvientas se acercó rápidamente al verla inconsciente, sin reparar en el hombre que permanecía en la puerta―. ¡¿Mei?!

 

 

Los cuatro miembros de la familia, aún en el comedor, se sobresaltaron al escuchar una detonación y un golpe seco. Al instante Dragón reacciono y fue a indagar que era lo que estaba pasando, sin pensar ni por un segundo que ya nada sería igual.

 

―Buenas noches, Dragon―. Con horror vio a las dos chicas en el suelo, muertas, y a una persona que conocía muy bien parado en el umbral de la puerta―. Lamento esto, pero no tuve opción― Un arma apuntándole fue lo ultimo que vio antes de sentir la bala atravesarle la cabeza―. Todo listo, ya saben que hacer―. Informo por un Walkie Talkie mientras sonreía sádicamente.

 

En una habitación dentro de la gran mansión estaba el hijo mayor, terminando de hablar con su amado novio, sin enterarse de nada de lo que pasaba solo a un piso de distancia.

 

―Claro que sí, te adoran―. Rio al notar el nerviosismo del chico al otro lado del teléfono.

Bueno, eso me tranquiliza un poco…― Ambos rieron como tortolos enamorados, notándose el entusiasmo que tenían por verse―. Tengo que colgar, ya estoy saliendo para ahí. Estaré en unos veinte minutos.

―Vale, nos vemos aquí―. Se despidieron antes de terminar la llamada.

 

Fue cuestión de segundos antes de sentir como su puerta era abierta de un portazo, quedándose completamente paralizado por lo que sus ojos veían.

Su rostro palideció y en ese momento deseo no haber colgado la llamada.

 

 

 Miro su reloj de muñeca, el cual marcaba las 20:40 de la noche. Había demasiado tráfico, y temía llegar tarde, lo cual no sería demasiado correcto.

Estaba inquieto, quería llegar ya a la casa de su novio.

 

―¿Por qué hay tantos autos a esta hora?― Pregunto al aire, estaba poniéndose de muy mal humor, aun cuando era una persona paciente.

 

En ese momento escucho la radio de la estación, pero no lograba entender nada por la interferencia, al mismo tiempo pudo seguir en marcha su auto.

 

Atención a todas las unidades, llamada de emergencia del sistema 911, tiroteo en la mansión Monkey-Portgas, necesitamos asistencia de inmediato en el área.

 

Freno de golpe al escuchar la transmisión.

 

―¿Qué ha dicho….?

 

 

Continuara….

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