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Intercambio Literario

Autor: PurpleNeedle

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Notas del fanfic:

Cada capítulo lleva el nombre del autor de la cita mencionada por los protagonistas. Espero que lo disfruten

-   Radamanthys por favor… ¿podemos irnos? – preguntaba ansiosa Pandora mientras su hermano se mantenía en la misma posición de narices en su libro-
-   Solo déjame terminar este capítulo –contestaba el rubio sin siquiera alzar la vista la chica frente a él-

Esta escena se repetía cada vez que el inglés iba a recoger a su hermana del café en el que trabajaba, su ritual consistía en pedir un té a las cuatro de la tarde y sumergirse en un libro hasta llegada la hora de salida de la joven. El volumen de hoy se trataba de un clásico: La Ilíada. Radamanthys fantaseaba con los griegos y troyanos enfrentándose a muerte gracias a la incursión del caballo en Troya, mientras su hermana parloteaba a su lado sobre cómo había sido su día. Mientras el rubio trabajaba cada mañana dando clases de literatura, su hermana estudiaba derecho y trabajaba cada tarde para colaborar con los gastos del apartamento que compartían.

-   Entonces el idiota de Zelos con su pulso tembloroso casi me derrama el café encima por resbalarse con un piso que él mismo trapeo mal. ¿puedes creerlo? Quería matarlo –terminaba el relato la chica-
-   Hermana siempre que me mencionas algo malo del trabajo está envuelto ese chico ¿por qué no lo despiden?
-   No lo sé –respondió dando un bufido que levantó su flequillo- pero es una tortura para todos trabajar con él allí.

El rubio abría la puerta del edificio para que su hermana pasara, en su mano izquierda reposaba el libro que había terminado en la cafetería cuando escucha una fuerte voz a sus espaldas:

-   Vecino por favor sostenga la puerta un poco más

Acto seguido dos hombres altos pasaban cargando un mueble de semicuero blanco a través de la portezuela, ambos se quedaron boquiabiertos al ver como dos sujetos prácticamente iguales descargaban cajas y algunos muebles de un pequeño camión de mudanza. Con un cabello azul que llamaba la atención por caer cual cascada hasta la cintura de los sujetos, la ínfima diferencia radicaba en que uno poseía un arete brillante en su oreja derecha. Al llegar al lobby soltaron su carga y respiraron con cansancio mientras pensaban como subir el sofá hasta su residencia. Pandora como siempre fue más sociable que su hermano saltó directo a presentarse a uno de los gemelos:

-   ¡Hola! Un placer, mi nombre es Pandora y ese de allá es mi hermano Radamanthys. Vivimos en el piso 3 –dijo tendiéndole la mano-
-   Mucho gusto Pandora –el gemelo respondió su saludo con una amable sonrisa- Mi nombre es Saga y él es mi hermano Kanon, acabamos de comprar uno de los apartamentos del piso cinco. Gracias Radamanthys –contestó volteándose al rubio que aún mantenía la puerta abierta- por dejarnos el paso libre.
-   No hay de que –contestó de manera seca- Bienvenidos. Si necesitan cualquier cosa estamos a su orden.

Su mirada dorada pasó de un gemelo al otro, mientras los escrutaba con la mirada el del zarcillo hacía lo mismo y se detuvo en el libro que reposaba en su mano para luego volver a encarar al inglés. Cuando siguió su camino de nuevo al camión de mudanzas rozó el hombro del docente causando una suerte de corriente eléctrica entre ambos, una vez en el ascensor la chica dio directo en el blanco cuando por fin estuvo a solas con su hermano mayor:

-   ¡Son guapísimos! ¿No lo crees?
-   No me gustan los hombres de cabellos largos –comentó tajante mientras una campanilla sonaba anunciando la llegada al tercer piso-
-   Siempre buscándole una excusa a todo Rada, eres increíble –dijo poniendo los ojos en blanco- ya es hora de que superes a Valentine

Valentine era el nombre de la última pareja del profesor, de su época universitaria. Un chico que a través de esa tórrida relación que mantuvieron hizo tan feliz al inglés como desdichado al terminarlo todo en una ironía de la vida el día de San Valentín. Con pasos pausados tomó su libro y lo introdujo metódicamente en la hilera correspondiente a la letra H de su biblioteca personal, donde ordenaba con precisión milimétrica los libros de acuerdo al autor y año de publicación.
Mientras su hermana menor hacía la cena fue a darse un baño sin poder sacar los ojos verdes del gemelo menor de su mente, la verdad es que opinaba igual que Pandora y sabía que los recién llegados eran guapísimos pero no podía alentar las ideas fantasiosas y enamoradizas de la menor que anhelaba verlo de nuevo feliz junto a alguien. Al salir del baño y terminar la cena junto a su hermana tomó una de las botellas de vino que guardaba para la celebración de su cumpleaños y le anexó una cita del libro que estaba leyendo que a su parecer encajaba con la situación vivida, le colocó una cita para regalo color azul y la tarjeta que decía:

“El vino aumenta mucho el vigor del hombre fatigado” R.

Subió de nuevo al ascensor y dejó la ofrenda a la diestra de la puerta entreabierta donde se escuchaban las roncas voces de sus nuevos ocupantes, tocó el timbre y decidió bajar por las escaleras para que su presente fuera descubierto.
Kanon abrió la puerta para evitar mantener la discusión que llevaba con su hermano para darse cuenta que estaba vacía y a los pies de la misma estaba la botella, sonrió con una mueca torcida y la levantó leyendo la carta en el proceso. Reconocía la cita del mismo libro que había visto llevar al rubio esa tarde, caminó hasta dentro de su casa colocando la botella en la mesa, guardó la tarjeta en el bolsillo de su pantalón y le preguntó a Saga de nuevo el nombre de los vecinos del piso tres.

Kanon a pesar de ser un muchacho rebelde de apariencia guardaba en lo más profundo de su ser el amor por los libros, cosa que Saga hacía pública pero el siempre intentaba dejar en claro que no era igual a su gemelo más allá del físico. Con la nota en su bolsillo se acostó pensando cual sería la mejor manera de responder a ese mensaje que su interior decía que era para él y no para Saga, el brillo en los ojos dorados del vecino le mostraron que ese intercambio de miradas era más allá que exploratorio. Fue corriendo a la sala buscando la caja donde estaban almacenados los libros, empezó a sacarlos con premura hasta que consiguió el ideal para responder a la botella de vino. Sacando un libro de tapa dura y letras doradas en la portada cuyo nombre era La casa de los espíritus de Isabel Allende, tomó un marcador azul como su cabello y en un papel escribió lo siguiente:

“De pronto se deslizó por el pasillo, al pasar por mi lado sus sorprendentes pupilas de oro se detuvieron un instante en las mías. Debí morir un poco. No podía respirar y se me detuvo el pulso” K.

Buscaba despejar la incógnita con esa carta, si el regalo era para él pues recibiría otra nota; si era para Saga no recibiría respuesta puesto que no solo la inicial marcaba cuál gemelo había escrito la nota sino la situación del libro reflejaba algo similar al cómo se conocieron.

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