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Haniel por Channies_Fan

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Notas del fanfic:

Sera una historia corta de quizas seis o ocho capitulos.

Notas del capitulo:

Cualquier error ortográfico déjamelo saber, muchas gracias y sin más los dejo con la historia.

Traté de moverme pero me dolían los golpes de la noche anterior. Miré una vez más el lugar. A pesar de que la luz no filtraba por ningún lugar podía ver claramente las rocas mojadas y toda la sangre esparcida por todo el suelo.

 

Era mi sangre y por encima de ella caminaban tres arañas bastantes grandes hasta esconderse en mis alas cortadas.

 

Encogí como pude las piernas, llevándola a mi pecho mientras me arrastraba hacía atrás. No me detuve hasta que mi espalda tocó la pared. Miré las cadenas de metal que tenía alrededor de mis muñecas y tobillos las cuales aún tenía sangre seca.

 

-"¿Cómo estás?" Escuché una voz gruesa detrás de mí. Me aleje rápidamente y cuando estuve lo suficientemente lejos de él volví a pegar las rodillas a mi pecho.

 

Estaba asustado.

 

-"No me mires así," la pena se veía en sus ojos pero era más que obvio que fingió. Un demonio no tiene corazón, menos él. "Lamento mucho lo de ayer, la verdad no me ha gustado pegarte pero te has portado muy mal. No vuelvas a tratar de escapar."

 

Ayer traté de escapar, pero él fue mucho más rápido. Y entonces... me clavó una cuchilla en las piernas para que no intentara huir nunca más.

 

No sé cuánto llevo aquí, sólo sé que ha sido bastante, escapar no parece ser la solución y no puedo utilizar la magia en este lugar.

 

Me ha cortado las alas y me ha lastimado las piernas.

 

¿Cuándo vendrán por mí? Estoy cansado.

 

-"Haniel, mi pequeño..." bajé la mirada al suelo y cerró los ojos escuchando sus pasos cada vez más cercas. "Eres tan hermoso," susurró acariciándome el cabello. "Mírame," el miedo no me dejo abrirlos.

 

Lanzó un suspiro, y dejé de sentir sus acaricias en el cabello.  Mi cuerpo comenzó a temblar cuando sentí su respiración en mi nuca.

 

Se sentía raro no sentir más mis alas.

 

-"¿Por qué no me haces caso y así me ahorró estar pegándote?" Volví a sentir su tacto pero esta vez fueron besos en todo mi cuello. "¿ya estás más calmado?" Asentí aunque no era verdad.

 

Me atreví abrir los ojos para encontrármelo agachado y mirándome con esa sonrisa perversa.

 

-"¿Ya te he dicho que me encantan tus ojos?" Automáticamente mi cuerpo entero se tenso al sentir su mano acariciar mi mejilla.

 

Quiero irme de éste lugar. Ver a mis hermanos y abrazarlos muy fuerte. Quiero ir corriendo y disculparme con Miguel.

 

Ah, Miguel... Mi mejor amigo, lo extraño tanto. ¿Sabrá que desaparecí? 

 

Yo... tuve una discusión con él, una muy fuerte. Recuerdo que me puse celoso porque se pasaba la mayor parte del tiempo con Daniela, su novia. Yo quería que él sólo tuviera ojos para mí así que un día discutí con él y le dije que si no tenía tiempo para estar conmigo no sería más mi amigo. Él la prefirió a ella, yo estuve molesto con él por una semana entera hasta que un día salí del jardín, y me dirigí al río; lugar donde sólo los arcángeles tienen permitido ir.

 

El río es la división entre lo bueno y lo malo.

 

Juro que yo no lo crucé, sin embargo aquí estoy.

 

-"¿Por qué no me estás haciendo caso?" Lo miré a los ojos, esos que son completamente negros resaltando la pupila roja. "No me gusta que pienses en otras personas, no lo hagas." Me dijo.

 

Su cabello negro y alborotado con cuernos pequeños, el arete en la ceja derecha, sus alas negras como las de un murciélago, y, su piel entre grisáceo y blanco, daba un aspecto temible.

 

Asentí.

 

-"Hoy estaré un poco ocupado con un tonto arcángel, pero luego volveré," me dio un beso en la frente para luego  darme un abrazo. "Haniel... Me gustas." Esta vez el beso fue directo a mis labios. Yo no lo rechacé pero tampoco lo respondí, sólo cerré muy fuerte los ojos esperando a que esto acabara.

 

Estos días que llevo aquí me he preguntado cómo es que sabe mi nombre, sin embargo no me he atrevido a preguntárselo directamente.

 

Volvió abrazarme pero está vez me dejo caer al suelo bruscamente a lo que yo solté un pequeño quejido. Sus labios besaba mi cuello desesperadamente mientras que, con una mano me sujetó las dos mías y con la otra me bajaba el pantalón.

 

Sus manos tocaron entre medio de mis piernas, yo no entendía que estaba haciendo sólo me dejaba hacer.

 

Él dejo de besarme y rápidamente miró hacia abajo.

 

-"¿dónde está tu pene?" Preguntó, su voz sonaba sorprendido pero aún sigo sin entender a que se refiere.

 

No contesté.

 

-"Eres tan puro..." Me dijo con una pequeña sonrisa. Con un chasquido de dedos por parte suya, mi ropa desapareció.

 

Sentir el piso frío en mi espalda ocasionó que comenzará a temblar así que me levanté del suelo y me abracé tratando de calentarme.

 

Él me miró de abajo hacia arriba, y de arriba hacia abajo mientras se pasaba la lengua por los labios.

 

Su ropa también desapareció y podía ver como algo le sobresalía por las piernas.

 

¿Qué era eso?

 

-"¿Te gusta?" Preguntó con una sonrisa perversa. "Debí haberme imaginado que ustedes los ángeles son demasiados puros para tener genitales," cogió mi mano y la llevó a... "eso."

 

Yo no me atreví hacer nada, sólo deje la mano inmóvil.

 

-"¿Qué es eso?" Me atreví a preguntar. Él me agarró de la barbilla y me besó.

 

-"Esto es lo que entrará dentro de ti." Quité la mano de ahí y retrocedí. ¿cómo se supone que esa cosa entre por mí? "No te asuste, te gustará. Lo prometo, no haré nada que tú no quieras."

 

No confío en él, pero decidí cogerlo con más calma, quizás sea cierto y no me duela. 

 

Él me recostó nuevamente al suelo, pero esta vez fue con gentileza. Y comenzó a repartir besos en mis ojos.

 

-"¿Te he dicho cuánto me gustan tus ojos?" Asentí.

 

Ajustó las cadenas de mis muñecas, me queje por el dolor pero él sólo me dio un beso en los labios. Luego ajustó más la de los tobillos quitandome el espacio que antes tenía para moverme.

 

Cerré los ojos cuando sentí su cuerpo encima mío, mi corazón de aceleró, y el miedo de apoderó de mí cuerpo. Sólo debo calmarme, pensé.

 

Suspiré hondo, rezando porque esto acabase. ¡Qué iluso fui! Si era el comienzo.

 

Él comenzó a besarme desesperadamente el cuello, luego volvió a mi boca. Yo la tenía cerrada, inerte, sin responder, sin negarlo.

 

Con su cuerpo separó mis piernas, quedando él en medio. Sentí nuevamente sus manos en mi entrepierna.

 

-"Respira hondo," me dijo en medio de los besos. Yo no le cogí la importancia que debía a esas palabras pues en cuanto sentí una de sus largas uñas desgarrarme me arrepentí. 

 

Comencé a moverme tratando de salir de abajo de él o que por lo menos no siguiera lastimándome. Pero él aumentó la velocidad. Con su dedo me estaba cortando entre medio de las piernas, haciéndome un hoyo.

 

Grité y grité. Él dolor era insoportable, él aprovechó que yo estaba gritando para meter su lengua a lo que yo aproveché para morderlo.

 

Él gritó de dolor y paró lo que hacía allá abajo. Mirándome fijamente molesto.

 

Me asusté y mi cuerpo comenzó a temblar.

 

-"Por favor, para..." dije como pude pues estaba sollozando y casi ni se me entendía.

 

Con una de sus manos me agarró fuertemente del cuello asfixiándome.

 

-"No vuelvas hacer eso, ¿te quedó claro?" Susurró en mi oído. Casi me estaba quedando sin aire por lo que asentí deprisa. "Hani, mi pequeño angelito, debes aguantar el dolor." Su voz había cambiado a una más dulce.

 

No sé si pueda aguantar el dolor, aunque igual no contesté.

 

Mi respiración volvió acelerarse cuando él volvió a la misma posición que antes, y sentí nuevamente su uña clavarse dentro de mi piel.

 

Grité y nuevamente traté de evitar que siguiera pero fue en vano pues cada vez se volvía más doloroso.

 

Sentí la sangre tocar una de mis muslos y sentí pánico.

 

Me retorcí lo más que pude, mirando el techo. O mirando lo que podía pues debido a las lágrimas tenía los ojos muy aguados y casi no podía ver bien.

 

-"¡Basta!" Grité pero no me hizo caso, seguía desgarrándome cada vez más. "¡Basta! ¡Por favor, basta!"  Él comenzó a besarme el cuello y darme uno que otro mordisco, sin embargo no se detuvo.

 

Sentí como comenzó a mover el dedo dentro mío y dolor se hizo más profundo.

 

Me comencé a sentir débil, ya la garganta me ardía de tanto gritar pero no me detuve y seguí pidiéndole que parara.

 

-"¡Dijiste que no me harías daño!" Grité tratando de mover mis manos y mis piernas pero sólo me hacía más daño.

 

Se detuvo y me miró fijamente a los ojos.

 

-"De mis labios nunca salió tal cosa," sonrió pasando su lengua por sus labios para luego acercarse nuevamente a mi cuello y comenzar a morderlo.

 

Y sin previo aviso sentí algo más grande tratando de entrar por la herida que él me había hecho.

 

Ya no podía más, era demasiado para mí.

 

No grité, no pude. Lo último que sentí fue mi cuerpo meneándose de arriba abajo mientras el demonio ese gemía.

Notas finales:

Gracias por leer, espero que les guste y si es asi por favor dejar un comentario.

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