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Por Siempre Contigo por Miniikusa

[Reviews - 74]   LISTA DE CAPITULOS
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Notas del fanfic:

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Holis! 
 
'(*^.^*)′
 
Queria comentarles que esta historia ya la habia publicado hace bastante tiempo en Amor Yaoi, pero con mi antigua cuenta 'Sadako Midali'.
Con esa cuenta tuve muchos problemas y lamentablemente no pude finalizarla, tan solo faltando un capítulo. 
 
La razón es bastante absurda y a la vez molesta :
Un día intente ingresar para publicar el penúltimo capítulo y no me dejo. Intente e intente y no pude ingresar por varios meses hasta que me desanime y deje de intentar. 
Después de un año volvi a tratar, solo para probar suerte, y ¡eureka! Si pude, y publiqué un anuncio diciendo que continuaría con la historia. 
 
Para mi felicidad aun quedaban lectores y me dieron su apoyo. 
Lo cual agradecí infinitamente. 
 
Despues de unos días, intente ingresar nuevamente y ¡adivinen! No me dejo. 
Volvi a intentar por varios meses más y nada. Y así hasta hace unos días que volvi a tratar y para mi sorpresa despues de varios intentos pude. 
 
Borre muchas historias y recupere esta, que era la más importante para mi, y ahora que tengo cuenta nueva aquí en Amor Yaoi y en WattPad (Miniku_sa) voy a publicarla de nuevo y esta vez con un final. 

Si alguien reconoce esta historia quiero que sepa que no es plagio ni nada, seguira casi igual,  tendra leves cambios de redacción pero en escencia es la misma. 
Y esta vez la finalizare si o si. <3
 
Sigo muy triste por lo que paso, porque tenia lectoras muy buenas y amorosas que siempre me daban su apoyo, aun cuando me demoraba un día más del que prometia publicar.
Siempre fueron muy comprensibles y por eso y más, si llegasen a leer esto quiero que sepan que les agradezco mucho. Ya que por su apoyo me animo a finalizarla al fin. 
 
<3
 
Muchas gracias. 
 
(=^_^=)
 
 
Bueno, eso era todo lo que quería comentarles.
 
Muchas gracias por leer esto y ahora si comenzare con los capítulos. 
 
Actualizaré cada semana <3
 
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Primera  Mirada

 

 

 

 

 

 


Kakashi Hatake y su cuadrilla llegaron ese viernes al trabajo a las 7 en punto de la mañana. Kakashi y su ayudante iban dentro de la cabina de una camioneta y sus tres trabajadores en la parte trasera.
 
 
 
La casa en la que estaban trabajando no se trataba precisamente de un trabajo importante, ni siquiera para un constructor de pequeña escala como era Kakashi; se trataba simplemente de recubrir paredes y añadir una terraza-dormitorio en la parte trasera de la casona; era la clase de trabajos que Kakashi aceptaba gustosamente de vez en cuando porque servían para llenar los huecos entre contratos de mayor importancia.
 
 
 
A juzgar por cómo pintaba la mañana del viernes, el fin de semana prometía ser caluroso y de un sol implacable. Los hombres descendieron de la camioneta refunfuñando entre ellos, se precipitaron al sombreado callejón lateral de la casa protegido por los arboles, y se despojaron de sus ropas sin ningún asombro ni timidez o vergüenza.
 
 
Vestidos con sus pantalones de trabajo, salieron de la esquina de atrás de la casa precisamente en el momento en que la propietaria caminaba torpemente al patio posterior vestida con una bata de baño de felpilla color rosa, un modelo de los años 80, llevando en sus manos cuidadosamente una bacinilla de porcelana decorada con flores de colores chillones, con la cabeza convertida en una masa de rulos de metal, también pasados de moda. ¿Rulos modernos para la señora Chijo? No, muchas gracias.
 
 
El patio descendía suavemente hasta una boca de piedras verdosas de una barraca, que en un tiempo fue un lindo estanque; ahora serbia de lugar muy conveniente para que la señora vaciara su bacinilla cada mañana, pues ella se aferraba obstinadamente a sus hábitos campesinos e insistía e usar un orinal en la noche.
 
 
Cuando el contenido del recipiente cruzo el aire formando un arco continuo de pálido ámbar hacia el fondo de esas piedras, la señora Chijo volvió la cabeza y vio con actitud a los hombres semidesnudos. 
 
 
 
 
 
- ¡Buenos días Chijo Oba Sama! – Saludo Kakashi – Supongo que tenemos que terminar hoy este trabajo.
 
 
- ¡Y vaya que ya era tiempo, montón de haraganes! – replico la señora mientras subía de regreso, sin dar muestras de turbación por su anterior acción. - ¡Lo que tengo que aguantar por causa de ustedes! El chiquillo Sabaku No se quejaba anoche que sus valiosos Geranios (Planta de jardín de colores muy variados) están todos cubiertos de polvo de cemento y que algún tonto tiro por sobre el cerco un ladrillo y le aplasto el rosedal ayer por la tarde.
 
 
- Si el chiquillo Sabaku No es el doncelsito que vive al otro lado – murmuro Kiba Inuzuka, uno de los trabajadores -, apostaría a que el tal rosedal no se aplasto ayer por un ladrillo, si no que murió hace años por falta de  fertilizante. 
 
 
 
 
 
 
Todavía rezongando en voz alta, la señora desapareció dentro de la casa con su bacinilla vacía; a los pocos segundos los hombres oyeron los fuertes ruidos que hacia la señora Chijo al lavarla en el baño de la terraza trasera, seguidos del ruido del tanque de agua al vaciarse y el sonido de la porcelana de la bacinilla al colgarla en el gancho del que pendía durante el día encima del depósito, más ortodoxo, de los desechos humanos. 
 
 
 
 
 
- ¡Caramba!, apostaría que la maldita hierba está bien verde en el barraco. – les comento Kakashi a los miembros de la cuadrilla que sonreían burlonamente.
 
 
- Lo que me extraña es que no lo haya inundado hace mucho tiempo. – se rio Kiba por lo bajo.
 
 
- Bien, si quieren saberlo – dijo Lee, otro de los trabajadores – en esta época y con dos buenos baños en casa, es de las que todavía meas en escupidera.
 
 
- ¿Escupidera? – repitió Naruto Uzumaki.
 
 
- Sí, hombre, escupidera. Escupidera es esa cosa que se pone debajo de la cama todas las noches y en la que siempre mete uno el maldito pie cuando se levanta con prisas. – explico Kakashi. Miro su reloj – Me imagino que el camión mezclador de cemento debe estar por llegar de un momento a otro. Naruto, vete al frente de la casa y espéralo. Saca del camión la carretilla grande y empieza a traernos la mezcla en cuanto ese tipo llegue, ¿quieres?
 
 
 
 
 
 
Naruto Uzumaki sonrió, asintió con la cabeza y se alejo con pasos rápidos.
 
 
Kiba Inuzuka, viendo con aire ausente como se alejaba el muchacho y cavilando aun en las extravagancias de las mujeres viejas, rompió a reír.
 
 
 
 
 
- ¡Escuchen! – exclamó – se me acaba de ocurrir algo. Después de la hora del almuerzo fíjense en lo que voy a hacer y tal vez le enseñemos a Naruto algo sobre escupideras y esas cosas. 
 
 
 
 
 
 
 
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Sabaku No Gaara se puso su camisa, sus pantalones y se peino esperando que sus cabellos rojizos se quedaran en su lugar, luego miro su imagen en el espejo sin alegría ni tristeza; en realidad sin mucho interés. El espejo era de buena calidad y le devolvió su imagen sin mejorarla ni distorsionarla; si sus ojos aqua hubieran realizado una inspección más personal de el mismo hubieran visto a un chico un poco bajo, de aproximada mente 1,66 cm, de figura muy delgada y piel extremadamente blanca, como la nieve o una figura de porcelana, de 23 años de edad, con un cabello color rojo como el de la sangre, y con unas ojeras alrededor de sus enormes ojos aqua cristalinos que daban la impresión de un delineado con pintura negra, resaltando así sus largas y arqueadas pestañas. Sus ojos, eran ojos sensatos que hacían juego con las facciones bien definidas y delicadas de su rostro. Su cuerpo estaba enfundado en lo que sus compañeros de trabajo, desde hacia tiempo, habían decidido que era su versión de un uniforme del ejército o de un ámbito de monjes; una camisa blanca abotonada hasta el cuello sobre la cual caía suavemente un chaleco de tela, luego su pantalón que hacia juego con el chaleco que, aunque tenía una denominación por sus compañeros de trabajo, hasta ellos concordaban que lejos de quedarle mal estaba, simplemente porque el chico era hermoso. Luego sus medias y zapatos perfectamente lustrados que desprendían destellos, y ni la más pequeña mancha afeaba su vestimenta; ni una sola arruga alteraba la perfección de su ropa. El estar todo el tiempo impecable era una obsesión en Sabaku No Gaara; su joven asistenta juraba haber visto a Gaara quitarse la ropa cuidadosamente y poner las prendas en un gancho cuando iba al baño, para que no se arrugaran o se desarreglaran.
 
 
 
Satisfecho de que su apariencia estuviera a la altura de sus inflexibles normas, Sabaku No Gaara se puso un saquito liviano y agarro su maletín, lo abrió y reviso metódicamente para ver si contenía las llaves, dinero, pañuelo, toallitas de papel, bolígrafo, libreta de anotaciones, diario de citas, tarjetas de crédito y de identificación, permiso de conducir, la tarjeta del aparcamiento, alfileres de gancho, la cajita con hilo y agujas, tijeras, lima de uñas, dos botones de repuesto, destornillador, pinzas, cortadora de alambree, linterna de mano, cinta métrica en centímetros y pulgadas, la caja de cartuchos calibre 38 y su revólver. 
Gaara era un tirador de primera, una de sus tantas tareas en su y trabajo consistía en hacer depósitos y retirar fondos del banco para la compañía en la que trabajaba, y desde que en una ocasión en la que habían atrapado al asaltante que echaba a correr con la paga de los empleados de la compañía bajo el brazo no había un solo criminal con agallas suficientes como para atacar al joven Sabaku No cuando venía del banco. Había entregado los portafolios con aire tan imperturbable y sin protesta, que el ladrón se había sentido perfectamente seguro; luego, cuando este se dio la vuelta para echar a correr, abrió su chaleco, saco la pistola, apunto y le disparo. El Sargento Gay, de la galería de tiros de la Policía, aseguraba que Sabaku No Gaara era más rápido para sacar el arma y disparar que el mejor de los cowboys.
 
 
 
Abandonado de sus recursos a la edad de 13 años, Gaara había compartido una habitación en una Fundación Cristiana para jóvenes con otros cinco muchachos y había trabajado como vendedor de mostrador en una tienda hasta terminar un curso nocturno para ayudantes y secretarios/as.  A los 14 había comenzado a trabajar en un grupo de ingreso de una importante empresa. Era tan pobre que había tenido que usar el mismo pantalón y la misma camisa, escrupulosamente lavadas y planchadas todos los días, y remendaba sus medias de algodón  hasta que en estas había más remiendos que tela original.
 
 
 
Al cabo de dos años, su eficiencia, su sobria compostura y su extraordinaria inteligencia habían hecho que lo trasladaran de la oficina general para darle el puesto de secretario particular de Uchiha Itachi, el director administrativo, pero durante el primer año que trabajo con la compañía había seguido viviendo en la Asociación, remendando sus medias una y otra vez y ahorrando mucho más de lo que gastaba. 
Cuando cumplió 17 años le pidió a Itachi Uchiha consejo sobre cómo invertir sus ahorros y a las 18 estos se habían multiplicado muchas veces.
 
 
 
Consecuentemente a la edad de 19 era dueño de una casa grande, de dos pisos y un hermoso jardín trasero, ubicada en un suburbio habitado por gente de clase media, conducía un lindo Audi bastante costoso, tapizado y tableros de cuero. Poseía una cabaña en la playa, diez hectáreas de terreno al norte, y sus ropas eran de las marcas más prestigiosas. 
 
 
 
Gaara estaba bastante satisfecho consigo mismo y con su vida; gozaba de los pequeños lujos que solo el dinero puede proporcionar, llevaba una vida tanto apartada en el trabajo como en su casa, no tenia mas amigos que los cinco mil libros que ocupaban las paredes de su refugio, y varios cientos de discos de larga duración, casi todos de música clásica de Bach, Brahms, Beethoven, Handel y Vivaldi. Le encantaba la jardinería y arreglar su casa; jamás veía televisión o iba al cine y nunca había tenido novio ni novia ni había deseado tenerlo.
 
 
 
Cuando Gaara salió por la puerta del frente se detuvo unos momentos en la escalinata, frotándose los ojos para defenderse del intenso resplandor y reviso el estado del jardín del frente. El césped necesitaba urgentemente que lo recortaran; ¿Dónde se había metido el maldito jardinero a quien le pagaba para que se lo cortara los miércoles cada quince días? Ya hacía más de un mes que no aparecía, y de aquella alfombra verde y aterciopelada empezaba a llenarse de hierbas. Era algo de lo más exasperante, pensó, de lo más irritante.
 
 
 
En el aire había una curiosa vibración, mitad sonido, mitad sensación; algo así como una especie de ligero bum, bum,  bum que le llegaba a los huesos y le indicaba, como habitante experimentado que era de esa ciudad, que ese día seria muy caluroso, con la temperatura de casi 35°. Los arboles gomeros gemelos que florecían a ambos lados de la puerta de en frente, agitaban sus lánguidas hojas que se ponían en protesta contra el azote de calor, y los escarabajos crujían y zumbaban agitadamente ente la masa de flores de colores. Una hilera de flores violetas, esa magnífica variedad de laurel, de color rojo, rodeaban el sendero de losas que iban de la puerta de enfrente al garaje. Gaara apretó fuertemente los labios y echo a andar por el sendero.
 
 
 
Entonces se inicio el duelo, la lucha que se repetía todas las mañanas y atardeceres de verano. Al llegar al primero de los arbustos, bellamente florecido, de este surgió una especie de aullido tan increíblemente agudo que le golpeteaba los oídos hasta aturdirlo. 
Abajo la maleta y fuera su perfecto peinado; Gaara se dirigió con pasos rápidos a la manguera verde cuidadosamente enrollada, abrió la llave de agua y comenzó a regar las flores. Poco a poco el sonido se fue apagando  a medida que se mojaban los arbustos, hasta que solo quedo un < ¡Briiik!>, que partía del arbusto más cercano a la casa. 
 
 
 
Gaara agito un puño en esa dirección con un gesto de amenaza. 
 
 
 
 
 
-¡Ya te agarrare bichito escandaloso! – murmuro apretando los dientes.
 
-¡Briiik! – contesto el insecto líder de las cigarras. 
 
 
 
 
 
Peinándose con las manos y agarrando el bolso, Gaara se dirigió al garaje, tranquilo y el paz.
 
 
De allí podía verse de lo que había sido su precioso rosedal de no ser por ese ladrillo rojo de su vecina la señora Chijo. Gaara contemplo la devastación con aire de reproche mientras abría la puerta del garaje y echaba una mirada indolente en dirección de la acera.
 
 
 
Afuera, un enorme camión cargado de cemento estaba estacionado contra la vereda de la señora Chijo, mientras un canal caía sobre el césped el cemento gris y pegajoso. La mescla goteaba sobre las pobres ramas petrificadas de los arbustos, corriendo y formando charcos en el césped hasta derramarse en la calle pavimentada. 
Los labios de Gaara se apretaron en un gesto de disgusto.
 
 
 
¿Qué diantres se le había metido en la cabeza de la señora Chijo para manchar los costados de ladrillo rojo de su casa con esa horrible sustancia? Allí, reflexiono, no había buen gusto, o, mejor dicho, no había gusto del todo.
 
 
 
Un joven estaba de pie, a pleno sol, mirando con indiferencia la profanación de la calle; desde donde se encontraba, a unos seis metros de distancia de distancia, Gaara lo contemplaba atónito.
 
 
 
De haber vivido dos mil quinientos años antes, Fidias o Praxíteles lo hubieran empleado como modelo para los Apolos más hermosos de todos los tiempos; en lugar de estar ahí, con tan soberana falta de conciencia de sí mismo, en el remanso de una calle calurosa, para después caer en el olvido de una mortalidad inevitable, habría vivido por siempre en las frías curvas satinadas de mármol pálido y sus ojos de piedra habrían mirado con indiferencia por encima de las cabezas asombradas de generaciones y generaciones.
 
 
 
Pero ahí estaba, en medio de un montón de cemento lodoso en esa calle calurosa. Obviamente partencia a la cuadrilla de trabajadores de Kakashi Hatake, pues llevaba el uniforme de contratista, consistente en unos pantalones de color azul, cuyas piernas estaban enrolladas de tal modo que la curva inferior de los muslos quedaban al descubierto y el elástico del pantalón se detenía en las caderas. Con unas zapatillas abotinadas de obrero, el chico no llevaba encima ninguna prenda; ni camisa, ni chaqueta, ni nada.
 
 
 
De pie, en esos momentos, de perfil, brillaba bajo el sol como si fuese de oro recién vaciado, con unas piernas de contornos tan bellos que Gaara se imagino que era un corredor de largas distancias; en verdad, esa era la estampa de su cuerpo alto y bien formado, esbelto, lleno de belleza; las líneas del torso, al volverse hacia él, se estilizaba gradualmente desde los anchos hombros hasta las caderas exquisitamente marcadas.
 
 
 
Y el rostro… ¡Ho, el rostro! Era perfecto. La nariz era breve y recta, la boca tiernamente curvada; sobre las mejillas unas marquitas, tres líneas rectas paralelas sobre cada una que le daba un aire de infantil inocencia y a la vez de un zorrito o un gatito. El cabello, las cejas y las pestañas eran de un color rubio, casi dorado y bajo el sol sus grandes ojos eran de un azul intenso y vivido, puro.
 
 
 
Cuando este rubio se percato de que un pelirrojito lo contemplaba, le sonrió alegremente, y la sonrisa le corto a Gaara la respiración. Nunca, en toda su vida se le había cortado la respiración de esa manera; horrorizado de verse hechizado por su belleza extraordinaria, se lanzo rápidamente a refugiarse en su automóvil.
 
 
 
El recuerdo de ese chico no lo abandono en todo el camino durante el tiempo que duro el viaje, hasta la compañía  que tenía su edificio de oficinas de cuarenta pisos. Por más que intento concentrarse en el trafico y el los acontecimientos probables de ese día, Gaara no podía apartar de su mente el recuerdo de ese muchacho. Si hubiera habido en el algo afeminado, si su rostro hubiera sido simplemente bonito o hubiera irradiado una  indefinida aura de peligro, lo habría olvidado con la facilidad con la que su larga autodisciplina lo había acostumbrado a olvidar cualquier cosa desagradable o inquietante. ¡Por Dios!  ¡Que hermoso era! ¡Tan horrible y turbadoramente hermoso!
 
 
 
Luego recordó que la señora Chijo dijo que los obreros terminarían su trabajo ese día; mientras se esforzaba por concentrarse en la conducción del vehículo, en el imponente y refulgente calor del día, todo pareció que se opacaba un poco. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Notas finales:

..-..-..-..-..-..-..-..-..

 

Muchas gracias por leer n.n 

Y muchísimas gracias a las personitas que se molesten en dejarme su comentario ?

 

De verdad se los aprecia n.n

2 capítulo = Miércoles <3

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