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¡Corre! por NeilDArcPridh

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16 de octubre de 2006

— ¡NO! — grité al levantarme de mi cama, quedando sentado en ella.

Pronto desperté bruscamente, después de tener un terrible sueño. Una pesadilla horrible. Jamás había sentido algo así mientras dormía, todo fue tan… real. Mi corazón está palpitando muy rápido gracias a la adrenalina que siento, y mi cuerpo está empapado en sudor. Fue una experiencia de lo peor, juro que creí que me iba a morir.

Rápidamente ha pasado poco más de dos meses desde que entré a clases, las cosas han ido muy normales hasta el día de hoy; inclusive, comienzo a acostumbrarme a las extrañas emociones que he desarrollado.

Olvidándome de las pesadillas, como en un día normal, me fui caminando hacia mi salón de clases. Llegué, me senté en mi lugar y saqué un «manga» para ponerme a leerlo, mientras que llega la profesora Buencello. Poco después, llegó el trasgo; él dejó su mochila y se salió tan pronto como pudo. Yo ni siquiera lo vi directamente, sólo por el rabillo del ojo, eso me ayuda a no sentir cosas raras.

«¡Tarado!, maldición… maldito Porochimaru», pensé, muy concentrado al leer mi manga.

¡«Ejem», Mijo! — me llamó Ryuu desde la entrada del salón.

Cuando la volteé a ver, noté que me estaba haciendo una señal con su mano, abanicándola de arriba abajo, indicándome así que deseaba que saliera allá a con ella.

— ¡Total!, ahí voy… — respondí al momento de guardar mi «manga» oriental en la mochila.

Osadamente, una vez estando afuera, Ryuu me empujó hacia abajo, tomándome de mi mano. Esto provocó que mi cuerpo descendiera lo suficiente para que ella pudiera hablarme al oído.

— ¡Rápido, no tenemos mucho tiempo! — exclamó mi amiga, viendo para todos lados antes de hablar — Mijo, ¿me puedes acompañar a «Citadel» mañana en la salida? Por favor — Ryuu susurró esa pequeña suplica a mi oído, lo cual se me hizo extrañísimo. Citadel es el nombre de una plaza comercial que está un poco retirada de la preparatoria. Para llegar a ella, debemos tomar un autobús.

Después de unos breves momentos, decidí contestarle.

— Sí, está bien. Sólo deja avisarle a mi hermana.

— ¡Claro, gracias! Te veo entonces mañana, después de clases.

— Te veo luego, también — una vez que respondí a mi amiga, a la par que ella se iba, me volteé para regresar al salón. En ese momento, me di cuenta de que el duende estaba viéndonos; aunque, justo cuando me di cuenta de ello, sólo me sonrió y rápido volteó la mirada a otro lado.

Una vez más volvió a suceder, tenía al menos una semana de que no me ocurría. Aquel sentimiento extraño volvió a pasar. Yo quería seguir viéndolo ahí, recostado en la pared, platicando, sonriendo y haciendo ademanes al hablar; pero no podía hacerlo, él tiene sus amigos y nuestros mundos están separados. No tengo nada qué ir a hacer con él, no entiendo por qué yo quisiera algo así.

Se siente raro, no entiendo qué me sucede. Decidí ocultar estos sentimientos a toda la gente que me rodea, no sé qué signifiquen exactamente, pero no quiero que se hagan ideas que no son.

«¿En qué página me quedé? ¡Ah!, sí… donde la víbora pedofila besa… digo, muerde a Kasuke en el cuello» me dije a mi mismo dentro de mi mente, retomado mi asiento y mi historieta oriental.

— Oye, ¿por qué no sales un rato? ¡Oh, estás leyendo un «manga»!

— No es sólo por eso, Ben.

— ¿Entonces? — tan pronto mi amigo me respondió, la alarma de que las clases ya iban a comenzar sonó. Todos le temían a Buencello, por ello se metieron al salón tan rápido como una bola de ratas que corren fuera de una alcantarilla al ser descubiertas.

— Ya veo… tomaré lugar, entonces.

— Sí, ¿ya qué? — respondí a Ben, quien tomó rápido asiento, a la par que vi cómo el chaparro también se introducía al salón con una sonrisa de oreja a oreja, acompañado de sus nuevos amiguitos y de la zorra de Analí. Poco después, la profesora llegó por fin y comenzó la clase.

— Hola hijitos bonitos preciosos, ¡saquen la tarea! Y si no la hicieron, no saquen el libro, porque si lo hacen… «nombre»… no saben cómo les va a ir. Bueno, ¿dudas? — la profesora Buencello. Cada vez se vuelve más sarcástica y dura. En verdad amo a esa profesora. Ahora entiendo perfectamente porque Sarah la idolatra tanto. Su estilo es único y muy efectivo.

— Sí, profesora. En el problema 20 de la página 35. ¿No sé si podría explicarlo? — preguntó el pigmeo a la profesora. ¿Cómo demonios no sabe hacer ese problema?, está muy sencillo. Se nota que… ¡oh, no!

— Ese problema lo vimos la primera semana, está muy fácil — comenzó a hablar la profesora. Puedo oír las campanas del apocalipsis tocar. Las siete trompetas de los ángeles comienzan a sonar en todo el salón, en toda la preparatoria. Es el fin, voy a morir este día gracias al liliputiense ése —. ¡Nate! — aquí vamos — ¿Qué acaso no le explicaste? — antes de que la profesora pudiera seguir regañándome, mi pequeñísimo compañero alzó la voz, explicándole a Buencello lo ocurrido.

— No profesora, yo me cambié hasta acá para que Analí me explicase. Fui yo quien rechacé la ayuda de Nate. Es mi culpa — explicó el tipo, echándose toda la culpa. En verdad no esperaba que Gin se hiciera responsable.

— Mira hijito, si te estoy poniendo a Nate de asesor, es porque sé que pone atención en mi materia.

— Analí ha sido muy buena explicando todo lo de las demás materias, no se preocupe.

— Evidentemente no de ésta — no pude evitar emitir un sonido ronco en mi garganta al tratar de no burlarme de Analí; pues tan pronto el gnomo la defendió, la tonta sonrió hacia la profesora Buencello. Mas ésta última prácticamente la llamó tonta y eso borró su cara de felicidad, causándome demasiada gracia. Todos me escucharon y la profesora sólo me dedicó una faz de «¿en serio, Nate? » al verme sonreír. Después, ella continuó — Así que ahora te vas a aguantar, porque yo, jo jo jo, no voy a volver a explicar nada. Si Nate quiere ayudarte, será porque así él lo deseé.

— Sí… lo siento, profe —

«¡Aho! Yo se lo advertí», pensé en aquel momento, viendo cómo se sentaba allá, al otro extremo del salón de clases. No pude evitar sentir un hueco en mi pecho al ver que estaría toda la clase sin saber sobre eso. Espero en verdad que alguien de sus nuevos «amiguitos» le ayude.

Pasaron las clases y por fin pudimos salir al receso. Vi que el duende se las arregló durante todo el rato para ir al corriente con las clases, por lo que ya no me preocupé. Salí y vi a todas las chicas reunidas, mientras me acerqué directamente a con Ryuu para hablar con ella.

— ¡Oye, Ryuu! ¿Para quieres que vayamos a Citadel?

— Es. Un. Se-cre-to.

— Te voy a castrar — amenacé a mi amiga con un rostro lleno de incredulidad, jugando, obviamente. Poco después, llegó Ninta a donde estábamos y me saludó con un cariñoso abrazo, para después sentarse a mi lado.

— ¿Cómo estás hoy, pequeño Nate?

— Bien, gracias ¿y tú? Te ves muy feliz hoy.

— Pues sí, estoy muy, muy, pero ¡muy feliz!

— No me digas que conseguiste hacer que ese chico que te gusta se vistiera de tu «husbando».

— ¡Sí! — al decir esto, ella alargó la «i» tanto como pudo, degenerando en un grito que sólo una «Fangirl» puede producir al emocionarse —. ¡Es tan sensual el tipo! — cuando Ninta dijo eso, casi babeó al poner un evidente cara de depravación.

— Ok… — sólo eso pude responder ante la declaración de mi amiga y su increíblemente forma de actuar al pensar en ello.

— ¡Ay! Ya sabes que a ti te quiero más —  una vez dicho esto, Ninta me abrazó con todas sus fuerzas. Yo volteé a ver a mi derecha y noté que el renacuajo pasó a un lado. Él arqueó la ceja al verme así y yo quité a Ninta tan rápido como pude sin ser brusco, pues comencé a sentirme demasiado incomodo de que me viera así

— ¡Oye!, ¿qué pasó, Nate?

— Nada… este… fue sólo que el tipo de allá me vio feo — señalé con mi mirada a donde se encuentra el tonto diminuto, a quien Ninta sólo vio la espalda, pues ya se había distraído en otra cosa.

— ¿Seguro? Creo que sólo debió haber sido tu imaginación.

— Sí, ¿verdad? ¿Ya qué?…

Me sentí especialmente extraño esta vez. Mi cuerpo prácticamente se movió solo cuando me vio el tipejo ése de mi salón. Esto día a día se vuelve más raro.

Ya una vez estando en la salida de clases, Ryuu y yo fuimos a la parada del autobús que se encuentra al lado de un centro comercial. Ahí me senté junto a la pared de aquel gran edificio para esperar el autobús con mi amiga, quien se distrajo con unas compañeras de su salón a unos pasos de mí. Lo que mejor pude hacer para esperar a mi amiga fue voltear a ver el hermoso cielo, perdiéndome en mis pensamientos.

— Hola, Nate.

— ¿Ah?, ¡oh!... Hola, Gin — me sorprendió que el sujeto estuviera ahí cerca de mí, hablándome. Sobre todo porque en estos dos meses ni me ha dirigido la palabra. Al saludarme sólo sonríe y hace un pequeño movimiento con su cabeza de arriba abajo, o simplemente imita un pobre chiflido.

— ¿Puedo sentarme a tu lado?

— Sí quieres, hazlo— respondí a la par que él se sentó muy cerca de mí. Intenté ya no ver su estúpida sonrisa, no entiendo qué hace aquí y ¿por qué desea sentarse a mi lado? Hay mucho espacio por todo el sitio. Estaba poniéndome muy nervioso, de nuevo, mi cuerpo está actuando extraño. No puedo evitar tragar saliva cada tres segundos al estar tan cerca de él.

— ¿Qué haces?

—Esperando a Kuychi… hoy sale a las dos, porque tiene práctica de «Tae Kwon Do» — era mentira, obviamente. Pude haber dicho la verdad, pero Ryuu me dijo que nuestra salida es un secreto, por eso mejor ni dije nada.

— Hoy salimos a las 12:20 p.m.… ¿Piensas esperarlo dos horas?

— Este… ¡Sí! Y no te confundas, ella es mujer.

— ¡Ah!, pero ¿por qué la llamas con ese nombre tan raro?

— Es un apodo, cómo Juan a Juanito o de Alejando a Ale y así — dije dando los peores ejemplos en los que pude pensar. Mi cerebro está vacío en estos momentos, no puedo pensar en otra cosa más que en sonreír como estúpido y en ver su rostro lleno de curiosidad.

— ¡Oh, ya! ¿Y tú tienes un apodo?

— Sí, es «Fai».

— ¿Fai? ¿Por qué ése? Suena a nombre de chica.

— Según «Yibi» me parezco a Fai, un personaje de un «manga» que nos gusta mucho a ambos. También tiene su «anime», es muy popular, porque reúne a personajes de otras historias en una misma.

— Algún día me muestras una imagen de él, ¿ok?

— Sí, cómo gustes — hubo un pequeño silencio incomodo durante unos momentos. No tengo idea de cómo sacarle plática a este tonto. Pero quiero hacerlo, me está gustando mucho platicar con él, mas no sé qué decir.

— Bueno, y ¿por dónde vives? — se me adelantó Gin de la nada.

— Vivo hacia el otro lado. Tomo la ruta 912 atravesando la avenida para irme hasta allá.

— Ya veo. Yo vivo más adelante de aquí, en una colonia llamada Fabricas del cristal. Agarro el 221 para irme, me deja muy cerca de mi casa.

— Te refieres a ése que viene — aclaré mientras señalaba la ruta del autobús que Gin toma para irse; no obstante, él no se apresuró en tomarla, sólo se quedó sentado a mi lado, viéndola.

— Sí, pero «neh». No quiero tomarlo aún, me quedaré un rato más aquí contigo.

— Ok — no sé qué hacer. Cuando Gin dijo eso, mi corazón comenzó a palpitar de manera exageradamente rápida, sentía cómo mi cara estaba tan caliente que probablemente estallaría en llamas en cualquier momento. Estoy muy feliz, no sé el porqué, pero estoy estúpidamente feliz. No cabe en palabras la alegría que siento en estos momentos.

— ¿Y qué te gusta hacer diariamente?

— Dibujar, ver «anime», leer «mangas», leer libros comunes. También me gustan las novelas, sólo algunos títulos. Me gusta mucho jugar con mi consola de mesa y la portátil, aunque sólo tengo juegos RPG en ella. Muy de vez en cuando, salgo con dos amigos míos o con mi hermana. Realmente soy más de casa. Me encanta oír música de «anime» o de algún género oriental como J-pop o J-rock. Y… este… creo que es todo, ya hablé demasiado.

— ¡Wow! — Gin comenzó a sonreír de la manera más linda que jamás había visto. En verdad su expresión se me hace tan perfecta, me causa tanta ternura tan sólo ver sus ojos brillando y sus labios arqueados tan sinceramente —. Hoy estás muy alegre, jamás te había visto hablar tan animado. Comúnmente estás muy serio, como enojado — deseaba disculparme con él en este momento, pero las palabras simplemente no salieron de mí —. Y ahora qué dices que te gusta dibujar, quisiera que le echaras un ojo a mis dibujos.

— ¡Vaya!, no tenía idea de que dibujabas. Déjame ver — tomé un legajo que el chico me dio y lo abrí,  encontrándome con muchos dibujos hermosísimos hechos con sólo lápiz —. Esto es… estilo realista. Son muy… buenos, ¡están geniales! — no podía creer que Gin pudiera dibujar tan bien, se nota que lleva haciéndolo mucho tiempo ya. Es muy talentoso, esto significa que tal vez quiera estudiar diseño o algo relacionado a su exquisito don con el lápiz.

— Los hice yo de práctica. No les puse mucho empeño.

— Increíble, si estos son los feos, no me imagino los buenos… con razón tu libro de química tiene muchos dibujos… Pero aquellos se asemejan a ojos estilo «anime».

— ¡Ah!, es que me gusta mucho dibujar ojos de muchos estilos. No es porque me gusta eso, aunque tampoco me desagrada, ¡eh!

— Ya veo. Pues tienes talento, te felicito.

— Bueno, si tú lo dices. Mi hermano es mejor, deberías de ver sus dibujos — cuando dijo esto, Kuychi apareció para arruinar mi pequeña mentira. Ella saludó a Gin y a mí con un pequeño beso en la mejilla, como todas las chicas lo hacen.

— ¿Ustedes se conocen?

— Sí, claro. Gin está en Lima Lama, es un arte marcial que imparten en la Prepa. De vez en cuando nuestros entrenamientos se coordinan.

— Así es. Oye, ya llegó mi camión. Mañana te veo, Nate.

— Adiós.

— ¡Ah!, Gin es tan sexy... —  dijo Kuychi tan pronto Gin se alejó de nosotros. Al escuchar eso, no pude evitar sentirme molesto. Vi con unos ojos de odio a mi amiga en aquel instante, y cuando volteó, hablé con ella usando un tono muy grave y lleno de enojo.

— ¿Qué dices?, ¿te gusta Gin?

— Algo… es que mira ese cuerpo tan sexy que tiene.

— Claro… — dije muy enojado, volteando a ver a otro lado e inmediatamente parándome para tomar el primer camión que vi —. Nos vemos, Kuyichi — no dije más, ni siquiera dejé que mi amiga se despidiera de mí. Tomé el autobús y observé cómo Ryuu me vio extrañada, creyendo seguramente que me desesperé por esperarla.

Fui hasta el final del autobús y no pude evitar sentirme triste. Me acomodé en una esquina, abracé mi mochila y entonces cerré mis ojos pensando: «¿Qué está pasándome?»

Pasó poco tiempo y vi una llamada de Ryuu en mi celular, ella estaba marcándome seguramente preocupada. Yo no quise contestar en el momento, me sentía de la patada, sólo deseaba estar solo; pero luego, ella me envió un mensaje que decía lo siguiente: «Perdón, acabo de recibir una llamada y ya no podremos ir hoy a Citadel; pero mañana sí. Por favor, pide permiso y hablamos por Messenger más de rato. En serio, “sorry”. Te quiero, hijo con cuerpo de niño».

No pude evitar reírme un poco de su mensaje, estaba ya muy agobiado por lo que pasó. No podía ir hoy a Citadel, sólo deseaba irme a casa. Me bajé de la ruta tan pronto pude y tomé la que me llevaría a mi casa, la cual rápidamente me dejó hasta allá en un parpadeo.

Me la pasé toda la noche pensando en lo que había pasado. Kuychi no dijo nada malo, sólo comentó que le gusta el tarado de Gin. ¿Qué tiene de malo eso? ¿Sentí celos, acaso?

No puede ser posible, ¿por qué sentiría celos del estúpido chaparro ése?

Necesitaba dormir, ya al día siguiente podre disculparme con Kuychi y Ryuu por lo qué pasó. Lo olvidaré todo y haré «borrón y cuenta nueva»

Al día siguiente todo fue normal. Hice mi día como cualquier otro y me disculpé con Kuychi por lo que había pasado. Le inventé una excusa súper tonta de que me había comenzado a sentir mal de la cabeza y sólo deseaba llegar a algún lugar a ver un doctor, por eso tomé ese camión que pasa por un consultorio que está algo cerca. Kuychi no me creyó del todo, aunque Ryuu sí lo hizo. Igual, ambas supieron perdonar mi tonta acción y lo demás fue un día como cualquier otro.

— ¡Ah! ¡Qué día! — me dije a mí mismo, suspirando profundamente y estirándome una vez que ya había salido de clases.

— Oye Nate, voy a la parada del camión, ¿vas para allá?

— ¡Hey!, este… si, voy para allá.

— ¡Vamos, entonces! — de la nada, el tipo tonto me invitó a acompañarlo en camino hasta el lugar donde ayer conversamos. Esto posiblemente se vaya a convertir en una pequeña costumbre entre los dos. Me sentía de nuevo alegre, Gin dejó a sus tontos amigos del salón y ahora venía conmigo. En aquel momento, una gigantesca sonrisa se dibujó en mi cara.

— ¿Cómo sabes que voy para allá si ayer te dije que tomaba el autobús en otro lado?

— Porque comenzaste a caminar hacia la derecha. Si fueras para tu casa, te irías hacia la izquierda, rodeando la plaza y el estacionamiento del centro comercial.

—  ¡Wow!, buena deducción, «Holmes» — el chico me impresionó de verdad. O tal vez yo soy muy tonto, eso es todo. Ambos comenzamos a caminar lado a lado, viendo yo felizmente cómo el chico anda con su pequeña mochila, mirando pícaramente hacia enfrente — Y bueno, ¿qué has hecho?, ¿dibujaste algo nuevo ayer?

— ¡Nah!

— Ya veo, je je — no supe qué más decir. Hay tantas cosas que me gustaría saber de él; pero cada vez que intento preguntárselas, mi boca no se mueve. Algo me impide entablar conversación con él cómo se debe.

Al poco tiempo, llegamos a la estación del autobús o «parada del camión», como algunos la llaman. Ahí nos topamos con Ryuu, quien rápidamente se acercó a donde ambos estamos.

— ¡Hola, mijo! ¿Ya nos vamos?

— Sí, por cierto… él es Gin. Gin, ella es Cindy

— Mucho gusto, chico.

— Igualmente — respondió el hombrecillo ante la cordialidad de mi amiga, mas algo ocurrió. De pronto, llegó una chica muy linda de tez morena, un poco más bajita que Gin, de ojos pequeños, cabello largo negro y nariz respingada. Era una chica muy bella y poseedora de una bonita sonrisa — ¡Ah!, mira Nate, ella es Ann.

— Mucho gusto, Nate.

— Igual, mucho gusto, amiga.

— Ella es mi novia, te va a caer bien. Nate es el chico que te dije que me ayudó con las materias cuando entré, amor.

— Sí, ya sé — contestó Ann a la aclaración del pendejo ése.

Por unos instantes, mis oídos se ensordecieron. No podía escuchar qué decía la gente alrededor, no podía siquiera respirar en el momento. Todo se convirtió en un terrible abismo extraño, sólo podía pensar en huir de ahí. Quería hacerlo, tan pronto como fuera posible.

Por suerte, un autobús que podía llevarnos a Citadel se detuvo. Tomé a Ryuu de la mano en ese instante para arrastrarla conmigo, sin antes despedirme.

— Ok, ya llegó el camión, bueno, nos vemos chicos, «¡bye!»

— ¡Ah, «bye»!, gusto en conocerlos

Al subir, noté que Gin puso una cara de molestia por habernos ido nada más así. No quería dejar las cosas de esta manera, pero no podía hacer ya más. No sé qué pueda pasar si me quedo hoy aquí. Tomé una decisión antes de pensar bien las cosas, ¿ya qué?

Ya en el camión, Ryuu y yo conseguimos sentarnos hasta atrás, donde mi amiga comenzó a interrogarme.

— Oye, Nate. No es por nada… pero, ¿por qué la prisa en irnos?

— Nada… es que… Gin es muy molesto, ayer se la pasó hostigándome.

— A mí me pareció lo contrario. Inclusive, no fui a decirte lo de la llamada, porque te vi muy a gusto con él.

— Ya, pero… no pasa nada con ello. Él es raro… sólo eso — una vez que dije eso, Ryuu permaneció callada el resto del viaje. Las cosas fueron muy incomodas en todo ese tiempo, hasta que por fin nos bajamos.

Llegamos a Citadel, por fin pudiendo entablar conversación mi amiga y yo.

No tengo idea de cómo sentirme. Podría decir que en este momento no siento nada, estoy en un estado límbico; mas si puedo responder a Ryuu o a cualquiera, sin sonar grosero o triste.

 — Nate, mira. ¿Ves a ese chico?

— Sí, ¿qué tiene? — señaló a un sujeto nada especial que estaba parado cerca de donde estábamos, esperando a alguien.

— Estoy enamorada de él.

— ¿Eh?, ¿en serio? ¿Cómo sabes eso?

— Muy simple, cuando estoy con él mi corazón palpita muy rápido, siento cómo mi piel se calienta, mi garganta se siente seca y un raro hueco se crea en mi estómago. Es una sensación muy rara, pero eso significa que estás enamorado — Ryuu describió, sin darse cuenta, lo mismo que yo sentí cuando conocí a Gin.

Todos esos sentimientos, no era lo que yo conocía cómo «enamorarse». Siempre se me dijo que era como sentir mariposas en el estómago. Lo único que se siente es un horrible hueco que para nada se asemeja al rose de alas de mariposas. Pero, ¿cómo es eso posible?

Eso significa que… yo…

No, no puede ser. Yo no…

— Hola Ryuu, por fin llegaste, amiga.

— Ho-Hola Sergio. Mira, él es Nate — el sujeto nos vio y se acercó para saludarnos, siendo Ryuu quien nos presentó a él y a mí, sacándome del trance en el cual las palabras de mi amiga me habían metido.

— Hola, encantado.

— Igual, Nate — estreché la mano del sujeto, a la par que ambos sonreíamos honestamente.

Pasó poco y los tres nos fuimos a comer. Después de pasar un rato con los chicos, fingí que me había llegado un mensaje y que tenía que irme. Ése era el plan de Ryuu. No necesitaba decírmelo,  yo entendía perfectamente que deseaba quedarse a solas con él y así fue.

Yo, de la manera más tranquila y normal, fui hasta la parada del autobús. Tomé la misma ruta de siempre para irme y me senté hasta atrás. Abracé mi mochila y cerré mis ojos, tratando de no pensar en lo ocurrido.

Al poco tiempo, llegué a casa, donde mi hermana me recibió con la cena ya lista. Apenas eran las 7:00 p.m., pero a ella le gustaba preparar todo temprano, por lo que rápidamente me senté y comencé a comer, posteriormente a un pequeño agradecimiento por los alimentos. Una vez que acabamos, pregunté a mi hermana algunas cosas, pues aún tenía curiosidad.

— Oye… Sarah.

— ¡Sí, dime!

— ¿Qué sentiste cuando conociste a Beto?

— Pues, primero... me dio mucho calor, sentía que mi piel estaba ardiendo. Luego, cuando me volteó a ver, se me hizo un nudo en la garganta que no podía con él; además del horrible hueco en el estómago que se siente cuando te enamoras, es terrible. Eso, sin contar cómo la presión te baja como para marearte, junto a tu corazón que se acelera tanto que parece que va a estallar — no pude decir ya nada más sobre eso. No hay duda ya, en verdad yo…

— Por cierto, ¿Dónde está Josue?, ¿acaso salió? — pregunté a duras penas, poniéndome nervioso.

— Sí, se quedara a sus clases de piano otra vez hasta tarde. Yo también me iré en un rato. Pero dime, ¿acaso te has enamorado, hermanito? — dijo la muy tonta sonriendo, alegre de poder preguntarme eso. Yo no supe qué hacer, tan sólo me paré y dije que tenía que ir al baño.

Sarah sólo continuó riendo, burlándose de lo que yo sentía, mientras que yo corrí hasta mi habitación, me encerré dentro de ella y me arrojé a la cama, abrazando la almohada.

Yo no soy gay, no puedo serlo. Nunca me ha gustado una mujer como tal, lo sé. Pero mucho menos los hombres, siempre me parecieron de lo más repugnantes e idiotas.

¿Por qué me gusta Gin? ¿Por qué siento esto por un hombre?

«No entiendo, yo no quiero ser así, yo no quiero sentir estas cosas, yo no quiero… ¡No soy gay! », repetí en mi mente una y otra vez, cómo si se tratara de un conjuro o exorcismo.

Pero por más que lo intentara, seguía sintiendo esas cosas por Gin, aún seguía enamorado de él.

Lloré toda la noche en la soledad de mi cuarto, siendo la oscuridad lo único que estaba ahí para acogerme y abrazarme. Estaba frustrado, fastidiado, confundido. No sabía qué hacer, no sabía siquiera qué debía pensar o cómo resolver este conflicto dentro de mí.

Éste no soy yo, no podía ser yo… o tal vez sí lo era, ¿Cómo saberlo?

Estoy sólo en esto.

Al día siguiente, las cosas parecían ir muy normales. Yo aclaré mis sentimientos y fingí sonrisas todo el día, estudié como pude, intentando no voltear siquiera a ver a Gin. No deseaba que me viera así, posiblemente lloraré si lo veo a los ojos.

Al momento de salir de clases, me iba a ir directo a mi casa, mas algo sucedió.

— Hola, Nate.

— Hola, Gin. ¿Cómo te va? — de la nada, apareció a mi lado el hombre que me ha hecho dudar de quien soy, sonriéndome y siendo bastante cariñoso.

— ¿Hoy vas a esperar a Caro? Sale a las dos del «Tae Kwon Do».

— ¡Ah, es cierto! Sí, para allá voy.

— Vamos, entonces — aunque tengo miedo de saber qué pasa, el tan sólo hecho de estar cerca de él y de platicar con él, me hace sentir muy feliz. Verlo sonreír me provoca hacer lo mismo naturalmente, no necesito que haga más; sólo que esté aquí, cerca de mí… siendo él mismo.

Caminamos hasta el lugar, donde Ann estaba parada. Traté de odiar a la chica, así como me enfade con Kuychi; pero me fue imposible. Esta muchacha no tiene la culpa de nada, además es muy simpática y alegre, no entiendo cómo podría sentir algo malo por una buena persona.

Los tres nos sentamos a platicar, estando Ann entre los dos. Fue un momento muy divertido, compartimos muchas cosas y en verdad sentí que una bonita amistad comenzaba lentamente a florecer entre los tres.

Todas las cosas malas qué sentí ayer lentamente estaban siendo lavadas por esta felicidad.

— Adiós, Nate.

«Sobres», bato — se despidió de mi Gin, sosteniendo mi mano y agitándola gentilmente.

—Adiós, chicos — ambos se retiraron después de un rato; pero, tan pronto como ellos se fueron, sentí un enorme hueco en mi pecho. Una vez más comencé a sentir que de alguna manera, algo me estaba arrancando el alma.

No me moví un centímetro de ese lugar donde me quedé parado, viendo a la dirección del autobús que se llevó a Ann y a Gin, pensando en qué demonios me está ocurriendo.

Llegué a mi hogar y no comí ya nada, sólo me metí a bañar, sin poder evitar de nuevo comenzar a llorar en medio de la regadera, sentándome en el suelo para sentir el agua caer encima de mí, abrazando mis rodillas, hundiendo mi cabeza entre mis piernas.

Más de noche, tomé mi laptop y comencé a escribir, necesitaba hacerlo.

«Hoy ha sido un día muy especial, después de lo que pasó ayer, en este día me he dado cuenta de algo. Aunque no quiera aceptarlo, me agrada estar a su lado y sentir su presencia cerca. Me agrada en verdad, sobre todo cuando unimos nuestras manos para despedirnos. Es tan cálida su piel, siento algo muy especial al tocarla. Desearía poder juntar nuestras manos todos los días, caminar sosteniéndonos el uno al otro. Lástima que no es posible. Esto que siento, no es correcto… entonces, ¿por qué se siente tan bien estar contigo? Te seguiré queriendo, hasta que me separe de ti».

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