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Dispara o dispararé por Nicole Prince

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Notas del fanfic:

¡¡Hola!!


 


Antes que nada, espero que os guste :) 


Me he esforzado mucho buscando la información, pero aún así, si hay algún dato erroneo o utilizo expresiones/detalles/armas(?) de una forma erronea, pido perdón con antelación.

Prólogo: Fijando  el objetivo.

 

Hotel Okura, Tokyo.

 

- Así, que… ¿Cuándo decidiste traicionarnos?- Oyen como pregunta ÉL. Su voz, suave y cálida, provoca un escalofrío en todos los presentes.

 

La atención está fija en ese hombre alto y castaño de voz aterciopelada. Esperan que hable, que reaccione, incluso parecen esperar que les diga como respirar. Los que parecen ser sus secuaces, con expresión de admiración, no se pierden ni uno de sus gestos. Todos los observan, todos a excepción de un pelinegro que lo ve todo con absoluto aburrimiento. Sentado en uno de los sofás, medio repantigando y con los pies encima de una de las mesillas, Hanamiya Makoto examinaba la situación con hastío y desinterés, como si hubiese visto la misma escena una y mil veces. Y quizá, así era.

El grupo, formado por uno de los clanes más importantes de la Yakuza, se encontraba resguardado del salvaje viento en una de sus sedes principales. Ajenos al lujo que los rodeaba, estaban posicionados en forma de círculo, con un hombre en medio de ellos. Todos iban bien vestidos, con trajes elegantes y expresiones arrogantes. Sin embargo, este último, estaba atado de manos y pies con señales de haber sido fuertemente golpeado y torturado.

 

- Y-y-yo no-n-o se de que h-ha-bbbbla, s-sse lo juro. Déjeme irme- Rogaba el apaleado, llorando. En cambio, el castaño, sólo le sonrió; sentenciándolo.

 

Él era Kiyoshi Teppei, el jefe del clan; miembro muy importante de la Yakuza. Más de metro noventa, castaño, con un rostro agradable y cálido a la vista ¡ah! y sin olvidar esa entrañable sonrisa, que podía llegar a convencerte de lo bellísima persona que era ¿Quién iba a pensar que ese hombre podría matar a alguien sin apenas inmutarse? Pero así era. De hecho, Makoto apenas pestañeó cuando el disparo resonó en la habitación. Nadie se molestó en esconder el sonido o en evitar que la sangre manchase la alfombra. Al fin y al cabo, no había persona lo suficientemente estúpida como para husmear en los asuntos de la Yakuza.

 

- Lástima… Que alguien lo limpie.- Ordenó Teppei.

 

Todos se dispersaron, excepto Makoto, que permaneció en el sitio esperando las órdenes de su jefe. Mientras miraba como se llevaban el cuerpo, sintió una mirada lacerante sobre su persona. Ladeando levemente el rostro pudo ver de quien se trataba: Haizaki Shougo. Mantuvieron las miradas hasta que su jefe llamó a uno de ellos a su lado. El castaño, acompañado de Haizaki, uno de sus hombres de mayor confianza, se dirigió hacia la puerta; pero no sin antes hacerle una seña a Hanamiya para que los siguiese. Manteniéndose siempre dos pasos por detrás de ellos e intentando no escuchar nada de la conversación. Si había aprendido algo durante todos esos años, fue que cuanto menos sepas, mejor, vivirás durante más tiempo. De casi 1’80, con el pelo largo y negro, ojos oscuros y un gran mechón de cabello colgando entre ellos, Hanamiya Makoto era la pura imagen de la arrogancia. Vestido con vaqueros, camiseta y chaqueta de cuero, desentonaba completamente con aquel lugar repleto de lujos; pero aun así, podía considerarlo su hogar.

Cuando su jefe dio por terminada la conversación, despidió al otro hombre e hizo un gesto al pelinegro para que se acercase a él. Cosa que hizo sin dudar, pero, no sin antes cruzar miradas con Shougo de nuevo; el odio latía en el ambiente.

 

- Odio a ese tipo, no es de fiar- Habló con total libertad él pelinegro, cualquier otro, hubiese temido dirigirse con un tono tan despectivo a uno de los jefes de la Yakuza.

- Hmph- Rió entre dientes el castaño- Eres negro, le dijo el cuervo al grajo… ¿Y lo dices tú?- El pelinegro, como respuesta, simplemente sonrió de forma burlona.- Tenemos un caso.

- Atiendo.- Hanamiya centró todos sus sentidos en las palabras de su jefe, mientras observaba una foto que le estaba enseñando.

 

Escuchó y memorizó todas y cada una de las palabras e instrucciones de su jefe. Mientras,  observaba unas fotos que le estaba mostrando. En ella se veía a un chico de 23 a 27 años, con el pelo negro y algo largo, que llevaba cubriendo uno de sus ojos; el izquierdo. Además, tenía un lunar debajo del ojo derecho. Era atractivo. Mucho.

 

- Acaba con él-

 

Y es que eso era él. Un asesino a sueldo de la Yakuza, para ser justos, uno de los mejores. Sin escrúpulos, directo y mortífero.

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