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El gran dragón rojo // Thorki por javithabadeer

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La brisa meció todo a su alrededor, amaba poder sentarse en la cima de aquella pila de escombros a sentir la tranquilidad que traía el mar consigo. Podía sentir el frío que anunciaba la tormenta acercándose desde la distancia, pronto caería sobre aquella costa obligandole a volver. Suspiró por aquello, se levantó quedando de pie y así estiró sus brazos a cada costado de su cuerpo permitiendo al viento colarse por entre sus prendas acariciando su piel. Respiró profundo llenando sus pulmones de aquel aire puro, sonrió levemente ante los recuerdos que evocaban en su mente en aquel momento. Su voz apareció desde el interior de su cabeza, ella siempre estaba ahí, buscando obligarlo a seguir siendo su esclavo, su llave a la libertad y la verdad es que no tenía mayor opción que quedarse, aunque eso había provocado que la carne se le ajustara a los huesos, casi no comía, casi no había nada que comer realmente en aquel lugar tan escarpado. Descendió por las columnas, iba a pies descalzos, sus pequeños zapatos ya no le cabían y el viaje a la aldea era demasiado largo para ir solo. Su pie resbaló al pisar en un lugar que no correspondía, su corazón latió con rapidez ante la adrenalina y así cayó hacia adelante. Su cuerpo rodó por las ruinas, jadeó adolorido ante cada golpe que se dio hasta que llegó abajo. La arena suave y negra lo recibió junto la lamida del mar, boca arriba se quedó tendido con los ojos cerrados. Sentía su cuerpo arder en todas aquellas zonas en las que se había golpeado y ni hablar de su pobre tobillo que se había doblado al pisar mal. Su voz volvió a resonar dentro de sus pensamientos, impaciente y quejumbrosa, así como burlona y preocupada al mismo tiempo. 

—Te he dicho muchas veces que no subas, pero nunca me haces caso, ¿O sí? —Decía sin dejarle en paz. 

El corte que se había hecho en la frente se sanó con la misma rapidez con la que se había abierto, pero no así el dolor de los golpes que se había dado. Ella decía que prefería que sintiera eso para que no se acostumbrara a su ayuda sanadora. Volvió en sí segundos después, se sentó sobre la arena, su ropa se había empapado por las olas constantes que llegaban hasta donde él estaba. Alzó su cuerpo del suelo, buscó con la mano las columnas y así rodeó aquella zona para así encontrar el agujero que le permitía ingresar dentro de las ruinas. Al encontrarlo entró  gateando por aquella entrada, podía sentir los pequeños fragmentos de las paredes bajo sus manos y piernas, había limpiado cuanto podía, pero siempre aparecían más. Llegó al final donde había un lugar más amplio, al menos lo era de techo o eso le había dicho su madre. Caminó sabiendo cuantos pasos dar hasta la crisálida, apoyó su mano en ella y luego se sentó apoyando su espalda contra la madera. 

—Me duele el cuerpo. —Comentó este.

—Eso te pasa por descuidado. —Respondió ella. —¿No encontraste nada para comer?

—No, pero puedo sobrevivir hasta que llegue el bote de Lys. 

—Höðr, sabes que estás aquí por el bien de todos. ¿Verdad?

Asintió nada más, no tenía respuesta para aquello, sólo sabía que debía esperar a que la profecía se cumpliera y el Vetulus perdido de cabellos dorados y la nave loca apareciera. El frío se coló dentro de su cuerpo, comenzó a temblar, sus viejas prendas estaban empapadas por la salada agua y aquellas ruinas no eran un lugar muy cómodo y calentito. Frotó sus manos buscando aumentar su temperatura, cerró los ojos dejando a sus largas pestañas rozar sus pómulos. Al abrirlos encontró que estaba de pie en medio de una enorme pradera de césped verde y brillante, podía ver a la distancia una aldea construida con piedras y cristales, una playa grande en la que habían más crisálidas. Sobre él pasó volando una de las reinas de los reinos, sus cabellos castaños se mecieron por la ráfaga de viento. Los recuerdos de Jör eran muy claros, aunque no eran realmente sus recuerdos, eran los de sus antiguas generaciones o eso le había explicado hace años atrás. Avanzó dirigiéndose a la ciudad en búsqueda de algo que comer, al menos mentalmente podría zacear su hambre.  

 

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