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HEART ELITE por Cristian

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Notas del fanfic:

Les super recomiendo leerme en Wattpad. Allá voy adelantado 4 capítulos, pueden ver la portada y el reparto del fic, y pueden escuchar el OST de la historia mientras leen, además de que el formato es un poco mejor porque aquí sólo copio y pego. De verdad, si quieren disfrutar más la historia, léanme allí. Aquí les dejo el link del fanfic: https://www.wattpad.com/story/124618628-heart-elite/parts

De antemano, muchas gracias por leerme. Las opiniones y sugerencias son muy muy bien recibidas.

Este fic contiene material adulto.

Notas del capitulo:

De antemano, gracias por leerme.

Para una mejor lectura dejo el link de Wattpad: https://www.wattpad.com/story/124618628-heart-elite/parts

Les recomiendo un montón leerlo allí.

LEE DONGMIN

 

Domingo 5 de agosto de 2012
09.09 hrs

Estoy mirando en la pantalla del asiento frente a mí la última escena de Scusa ma ti chiamo amore cuando la imagen se congela y el piloto da el anuncio de que el avión comenzará a descender dentro de poco, dando las indicaciones de que no nos levantemos más y guardemos las mesas en sus compartimientos. Apago la tele inmediatamente, coloco los audífonos en donde estaban y pongo mi asiento en posición horizontal. La verdad es que los aviones me ponen un poco nervioso, y al viajar siempre en primera clase, el no tener sentado a nadie a mi lado no me gusta. Necesito sacar mi libro de la mochila para distraerme en el aterrizaje. Y rápido.

Al ponerme de pie veo a mis dos mejores amigos, Rosé, dormida al otro lado del pasillo, y Vernon, detrás de mí. Él me ve.

-¿Te despertaron? -me pregunta. Como siempre, preocupándose por mí.

-No, estaba viendo una película. ¿A ti sí?

-Sí. Qué bueno que nosotros bajamos antes -comienza a decir mientras yo abro el compartimiento para alcanzar mi mochila de mano-. ¿No estás emocionado? Nos mudamos a Seoul.

-Claro que sí. Sólo voy a extrañar Manhattan con todo mi corazón, y a mis papás.

-Por supuesto, pero debes de reconocer que lo que estás haciendo es para ti, te hará feliz de por vida -comenta él con una sonrisa tierna en su rostro. Y tiene toda la razón del mundo-. Vas a estudiar en la escuela de entretenimiento más cara y prestigiosa del mundo, y luego vas a convertirte en artista. Algo de eso debe opacar un poco esa melancolía.

-Cla- Una turbulencia me hace perder el equilibrio y suelto mi mochila, que deja caer mi libro, haciéndolo rebotar en mis manos, luego en el asiento, para acabar en el suelo. Vernon lo toma y lee el título en voz alta.

-Blink... ¿Te está gustando?

-Ya lo acabé -respondo y le extiendo la mano para que me lo entregue-. Y sí, muchísimo. ¿Vas a querer que te lo preste?

-Confío en ti. Si lo vale, claro que sí.

Le sonrío y tomo asiento en mi lugar. Miro hacia afuera, a las nubes que pronto dejaremos atrás para aterrizar. Mi mamá biológica murió cuando tenía nueve años; la extraño tanto tanto, todos los días, todos los días. Observar el cielo me pone feliz y triste a la vez porque me recuerda a mi mamá, ella me decía que nuestra relación, cuando estuviésemos lejos uno del otro, sería como el cielo y el mar, físicamente separados, pero observados a la distancia, unidos. Todavía recuerdo la canción de la que sacó esa analogía. Un bolero latinoamericano que le gustaba mucho, a pesar de que ella era mexicana. Gracias a eso, los boleros también me gustan mucho, porque mi mami me los enseñó. Cuando ella falleció, recuerdo pasar la mayor parte de mis ratos escuchando con audífonos todo lo que ella me había enseñado. Mi papá falleció cuando estaba muy pequeño, sólo tengo recuerdos vagos de él... y fotos. No sé si fue casualidad que mi madre adoptiva también fuera mexicana casada con un extranjero, pero logró que me sintiera menos alejado del mundo que yo ya conocía cuando nos mudamos de México a Manhattan.

Al sentir en mi mejilla las lágrimas bajar, parpadeo muchas veces y llevo mi mano, con necesidad de seguridad, al separador en forma de rosa que perteneció a mi mamá. Y noto que no está.

Miro mi libro y lo hojeo rápido para buscar el separador. No lo encuentro. Me levanto y escaneo el suelo con la mirada. Nada. Abro el compartimiento de donde saqué mi mochila. Nada otra vez.

-Joven, por favor, tome asiento. El descenso ha iniciado.

-Sí. Lo siento -respondo. Sonrisa forzada. Y en un segundo ya regresé a mi asiento. Esto no puede estar pasándome.

Mi mamá llevaba siempre ese separador, desde que puedo recordar. Y tengo tan buena memoria que recuerdo más de lo normal. Lo primero que tengo en la cabeza de ese separador es cuando tenía 3 años. Ese día mi mamá no me despertó, lo hice yo solo. Me paré para ir a buscarla, pero no estaba en ningún lado de la casa y empecé a llorar. Sobre su cama estaba su cartera abierta y el separador. Cuando vi la rosa de oro, me acordé que no me había asomado al jardín. Bajé corriendo las escaleras y salí por la puerta trasera.

"-... dile que vas de parte de la señora Salazar, Rosa Salazar. Y ya él te-

"-¡Mami! -dije llorando.

"-¿Qué pasó, papito? -me preguntó mientras me alzaba en sus brazos y me limpiaba las lagrimitas.

"-Es que no estabas.

"-Ayyy, Eunwoo -dijo el apodo que me puso mientras me daba besitos-. Nada más bajé a hablar con el jardinero, mi vida. Y después iba a ir a despertarte. -Mientras me apapachaba, se dirigió al señor-  Váyame a checar esas cosas, por favor, en lo que le hago el desayuno a Dongmin.

"-Sí, señora.

"-Me acordé de venir al jardín porque vi esta rosa -le dije, mostrándosela.

"-¿Y ves que yo estaba aquí? Siempre voy a estar contigo, hijo. No tienes por qué asustarte. -Yo seguía jugando con la rosa en mis manos- Esta rosa es bien especial. Tu papá me la dio hace muchos años. Y yo te la voy a dar a ti cuando ya no pueda tenerla.

"-¿Por qué?

"-Porque te amo tanto o muchísimo más de lo que él me amaba. Y cuando seas mayor, la persona que más ames la tendrá. Ok?

"Asentí.

"-Bien. ¿Quieres que te haga unos suculentos molletes?"

Sabía cuánto me gustaban los molletes, sobre todo los que hacía ella. Aún puedo deleitarme con su sabor porque me enseñó a prepararlos. De hecho, ella me enseñó a cocinar cuando era chiquito, y puedo hacer casi todo lo que ella hacía. Su comida enamoraba a la gente y quienes prueban mi comida ahora dicen que heredé su sazón. Me enorgullece eso. Básicamente porque no sólo era la mejor cocinera, era mi ejemplo a seguir, el modelo de persona en quien yo me quería convertir. Con base en lo que me enseñó y mi memoria pude recrear sus platillos, y soy la persona más feliz del mundo preparándoselos a la gente que amo.

No sé si sólo soy muy débil y sentimental, pero pensar en ella aún me afecta mucho, incluso casi ocho años después sigue visitándome en sueños, y en ellos la pongo al corriente de todo lo que me pasa. Cuando me visita es como estar feliz y triste al mismo tiempo. Incluso salí del clóset con ella así. Recuerdo llorar frente a ella, estábamos en la casa en la que vivíamos. Yo me disculpaba con ella por haberle fallado, por no ser capaz de alcanzar la vida que ella tenía pensada para mí: no podría casarme con una mujer, ni tener hijos, ni nada podría ser normal. Ella me abrazó y me susurró al oído un instante antes de despertar: "Claro que puedes, chaparrito".

No había mejor persona que ella. Siempre dispuesta a ayudar a los demás, poniéndolos incluso antes que ella; la mujer con más talentos que he visto, cantar, bailar, cocinar, escribir, aconsejar, y muchas más cosas; nunca he visto a nadie que obre con más amor en su corazón que ella. Me siento orgulloso de ser su hijo.

El avión toca el piso y regreso a la realidad. En la que he perdido el separador que me regaló. Maldita sea. Espero con ansias a que se nos permita levantarnos del asiento para poder buscarlo.

Después de unos minutos, la gente a mi alrededor comienza a levantarse. Rosé asoma su cabeza por el pasillo.

-Rosé, ¿no ves mi rosa por ahí tirada?

-¿El separador? -pregunta ella, adormilada.

-Sí. La de oro -respondo rápidamente, pero ella sacude la cabeza.

   

-Oh, ¿esto es un separador? -dice una voz masculina en el asiento frente a mí. Un chico se pone de pie y tiene mi rosa en la mano. Miro su rostro y mi rosa se me olvida por un momento. Es el chico más guapo que he visto. Sus facciones están bien definidas, su mirada tiene dulzura y firmeza en perfecto equilibrio, a pesar de que tiene sus ojos rojos, seguro por haber dormido, sus labios no son muy gruesos ni muy delgados, como siempre me han gustado. Debo de estarlo viendo como si hubiera visto un postre de chocolate tamaño persona porque se ríe, y su sonrisa arrogante hace que las rodillas me tiemblen y mi corazón se desboque. Cuando se talla la frente y su cabello sedoso se desacomoda, sé que es el tipo de hombre que me imagino cuando alguien dice la palabra "príncipe" y con el que me gustaría llegar al altar.

Antes de abandonar mis pensamientos, me río de mí mismo al pensar en matrimonio cuando ni siquiera he dado mi primer beso.

-Sí -le respondo y él lo examina. Su mano es grande, con dedos largos y delgados. Es la mano más provocadora que he visto y me pregunto qué maravillas ha de hacer con ellas.

-Ten tu separador, Eunwoo -dice cuando me lo devuelve, leyendo las letras que vienen grabadas en la rosa.

-Ah. Me llamo Dongmin. Eunwoo es un apodo que mi mamá me puso -le digo sonriendo, y luego me doy cuenta que no tuve por qué haberle dicho eso.

-Eunwoo suena más bonito. Creo que te queda mejor -dice y si vuelve a juntar mi nombre y la palabra "bonito" en la misma oración creo que podría venirme. Pero da por terminada nuestra conversación con una sonrisa. Luego se gira hacia el asiento a su lado y cruza su mirada con una chica de nuestra edad. Finjo examinar mi separador para seguir viendo qué hace. La chica cruza el pasillo y lo abraza con fuerza. Él le devuelve el gesto y se observan cara a cara un largo momento. El corazón se me cae a los pies cuando sus labios comienzan a besarse lenta y suavemente. Pero claro que tenía que tener novia. ¿Cómo no? Un hombre así de perfecto sería insultante que estuviera soltero.

Finjo acabar de examinar mi rosa y me giro hacia Rosé, que me mira. Me observa un segundo y se acerca a mí.

-A alguien le encantó el chico con novia -canta ella en voz bajita, riéndose.

-Cállate, te van a oír -le reclamo mientras le tapo su boca, pero me río-. Necesito que me regales uno así para Navidad -comento después, cediendo.

-Bueno... ya te dije que Joel piensa que eres lindo -me dice, codeando mi pecho-. Va a estar en tu casa, dale chance. He's cute.

-Te dije que iba a conocerlo mejor. Físicamente no me atrae, y no voy a dejar que arregles una cita para ambos cuando ni siquiera he hablado con él más de dos minutos seguidos.

-Corramos, que me estoy haciendo del baño -me comenta ella rápido-. Me dijo que intentará platicar contigo. Creí que por Whats. Supongo que quería esperarse a que compartieran casa.

-Qué emoción -replico, apático. Sí, es la escuela más cara del mundo en entretenimiento y tiene una zona residencial con mansiones para sus alumnos, pero no entiendo por qué insisten en meter a ocho personas en la misma mansión. Son demasiados extraños para mí. Agarro mi mochila y meto el libro en ella, no quiero que se me vuelva a perder.

-Son Vernon, Joel, tú, ¿y quiénes más? -pregunta ella.

-Hanbin, Jimin, Joongki, Daehyun, y... el amigo de Vernon, Nick. No sé quiénes sean esas horrorosas personas -bromeo riendo-. ¿Tú te sabes los de tus mates?

-Mmmm, creo. Son...

A la novia del chico que parece príncipe se le cae la bolsa cuando la está sacando del compartimiento. Rosé inmediatamente se agacha a ayudarla a recoger todo lo que se ha regado en el suelo. Me pregunto si le habrá llamado la atención a mi amiga; es muy típico de Rosé tontear con chicas straight para saber si puede darles la vuelta. Y lo que me sorprende es que lo logra. "Dame tips, Rosé", pienso.

Príncipe no se ha agachado a ayudarlas y mi mirada cruza con la de él. La aparto y percibo que él también lo hace. Regreso mi vista hacia sus ojos y sí lo hizo, pero también regresó su mirada para verificarlo. Nos reímos y yo por dentro me visualizo en el altar con él. Su sonrisa es mejor que cualquier película de amor que he visto.

Las chicas se reincorporan y cuando la novia de Príncipe le hace una reverencia a Rosé, se asoma por una de las bolsitas laterales un folleto de Accademia D'élite, la escuela en la que Rosé, Vernon y yo iniciamos mañana.

-Oh, vas a D'élite -señala Rosé-. Nosotros empezamos mañana. -La chica se ríe.

-Nosotros también. Qué padre. Me llamo Nayeon. ¿Ustedes?

-Dongmin.

-Eunwoo -corrige Príncipe, haciéndome reír-. Luces más como Eunwoo. Suena más bonito -comenta y se ríe-. Yo soy Myungsoo. -"Si hasta nombre de modelo tiene el cabrón", pienso. Y también pienso que es una verdadera pena que no se llame Hanbin, Jimin, Joongki o Daehyun.

-Yo me llamo Rosé y ese de ahí atrás -dice señalando a Vernon, que tiene el celular en la oreja y sólo sonríe y hace un gesto con la mano cuando ella lo apunta- es Vernon. ¿Van a la escuela?

-Eh... sí -responde Nayeon mientras comenzamos a caminar hacia afuera del avión-. ¿Ustedes?

-Vamos a ir a Pujol a desayunar, y ya después nos vamos.

-Ooooh, comida mexicana, qué rico. Vamos muy seguido ahí, nos encanta.

-Y esperen a probar la comida de Dongmin -comenta Rosé y quiero taparle la boca para que se calle de una vez. No sé qué le pasa. Anda muy parlanchina ahorita.

-¿Cocinas? -me pregunta Nayeon.

-¿Comida mexicana? Sí.

-¡Ahhh! ¡¿Comida mexicana?! Creí que sólo cocinabas muy rico -agrega riendo-, ¿dónde aprendiste?

-Es que soy coreano-mexicano.

-¿De verdad? -cuestiona Myungsoo y me alegra mucho que muestre interés. Él deja pasar a las chicas por la estrecha puerta del avión y luego me da un empujoncito para que vaya frente a él. Las aeromozas y el capitán nos desean una bonita estadía. Agachamos la cabeza en agradecimiento.

-Ajá. Entonces cuando quieran, les cocino algo yo. Para que prueben un sabor un poco más cercano al mexicano.

-Chicos, Nick está en la puerta 7 -nos informa Vernon y luego saluda a Myungsoo, a su lado-. Qué onda.

-¿Nick es su chofer? -pregunta Nayeon.

-No, es un amigo mío. Vino por nosotros.

-Qué lindo -comenta ella-. Deberíamos salir otro día los seis.

-Claro -acepta Rosé-. Pásales tu Whats, Dongmin.

-Sí. Te anoto -comenta Myungsoo y empieza a deslizar los dedos por su celular. "Te amo, amiga", pienso. Luego le daré su respectivo abracito a Rosé. Le dicto mi número-. Listo.

-Ahora corramos -agrega Vernon-, porque necesito ir al baño.

Los cinco nos detenemos frente a los baños.

-Espérame aquí, amor. Creo que yo también voy a entrar al baño -le dice Nayeon a Myungsoo, pero la escucho. Antes de darme cuenta, estoy solo frente a Príncipe.

-¿Qué libro estás leyendo? -pregunta él, curioso. Sus ojos me gustan, me gustan mucho. Tienen en ellos esa mirada irresistible de heterosexual seguro de sí mismo. ME ENCANTAN.

-Blink, de Ted Dekker -contesto, entregándole el libro.

-¿De qué trata? -pregunta mientras observa la portada.

-Mmmm... es de una princesa de Arabia Saudita que huye a Estados Unidos luego de presenciar cómo asesinan a su mejor amiga por negarse a contraer matrimonio con alguien que no quiere, y de un chico que se llama Seth, que es súper inteligente y tiene una habilidad especial. Se conocen y él la ayuda a huir para que no la regresen a su país. Está muy bueno. Te tiene nervioso todo el tiempo. Es de mis libros favoritos.

-¿Por?

Vernon se acerca a nosotros, pero no habla. Y se lo agradezco. Myungsoo ni siquiera lo voltea a ver y sigue taladrándome con su hermosa mirada. Parte de mí quiere que lo siga haciendo y otra parte quiere que se detenga; creo que la parte de abajo es la que quiere que siga. Recuerdo que está esperando a que le responda.

-Por muchas cosas. Me gusta cómo escribe el autor, y también me encantan los personajes -le respondo, sonriendo-. Los libros que me mantienen ansioso me encantan, más si tienen amor también. Y creo que lo más importante, que no debería de ser, pero creo que lo es -agrego-, es que lo leí en vacaciones de verano, en las madrugadas, y era bien bonito escuchar la lluvia de la noche mientras leía, sin preocuparme por tener escuela al día siguiente. -Me doy cuenta que estoy hablando y hablando y hablando y me río de mí mismo, tapándome la boca- Qué pena -finalizo y me río tontamente.

-Para nada. Acabas de decir lo que me gusta de los libros a mí también. Y estoy incluyendo lo de la lluvia y la madrugada, por supuesto -dice y el alma se me cae a los pies. Cuando las mamás le describen a sus hijas el tipo de hombre perfecto con el que deben compartir su vida, este hombre frente a mí debe ser el modelo 3D de eso. De sólo pensarlo mientras él me mira, me ruborizo.

-¿Te pasa algo?

-NO, VERNON -exploto quedamente, taladrándolo con la mirada.

-Ok... ¿Cuánto tardaremos en salir y así?

-Si no se apuran las chicas, como media hora -le responde Myungsoo.

-Me voy adelantando a formar. No quiero que Nick espere mucho.

-Sí, yo espero a Rosé -le contesto y él se me acerca para llevarse mi mochila-. Yo la puedo cargar -aclaro, pero él no la suelta y se la lleva consigo. En ningún momento se despide de Myungsoo.

-¿Andan? -inquiere Myungsoo, su rostro no denota nada.

-No -respondo riendo.

-Pero le gustas -sugiere él, haciéndome reír aún más.

-No.

-¿Cómo lo sabes? ¿Le has preguntado? -vuelve a cuestionar él, travieso.

-Ya vinimos, chicos -informa Rosé, que se acerca con Nayeon a su lado-. Tuvimos suerte. La fila está más larga ahorita. ¿Vernon se adelantó?

Asiento. Comienzo a sentir hambre.

-Vamos -dice Nayeon y Myungsoo le da la mano. Miro hacia abajo antes de volver a cruzar miradas con él. Rosé imita el gesto de Myungsoo conmigo y comienza a caminar un poquito más rápido. La conozco; lo hace para ir agarrados de la mano frente a ellos.

-Que nuestro heterosexual vea que you also have a girl by your side -me susurra y provoca una sonrisita en mí-. El papá de Myungsoo falleció ayer en la noche, Dongmin.

-¡¿Qué?!

-Shhh... Sí. No vayas a decir nada, al rato te cuento bien.

-Ok... Ayyy, qué feo, Rosé -agrego y me gustaría darle un abrazo al chico que parece príncipe. Sé lo que es perder a un padre, a los dos, de hecho, y es lo más feo de la vida. Tus papás lo dan todo por ti, incluso darían su vida para poder conseguir que seas la persona más feliz del mundo, y uno lo que más quisiera es poder compartir sus logros con las dos personas que más lo amaron en el mundo; es muy feo que partan tan pronto. Todos hemos escuchado decir a un padre que le gustaría encerrar a su hijo en una burbuja para que no le pasara nada; y creo que, cuando uno alcanza los primeros indicios de madurez, empieza a compartir ese pensamiento, el no querer que quienes te han llenado de alegrías la vida sufran.

Mi papá dice que cuando recién me adoptaron me enfermaba mucho, y que se sentía muy feo verme así; no soy su hijo biológico, pero aún así le duele verme sufrir por todo el cariño que me tiene. Y así me duele cuando mis padres adoptivos sufren también, porque los amo.

-Tranquilo -dice ella sacándome de mis pensamientos-. Yo sé que te trae recuerdos, pero intenta controlarte. Por lo que veo, es bastante reservado, ya tendrás tiempo de hablar con él luego. Sólo quería que supieras para que no les preguntes qué van a hacer ahorita y así.

-Los invitaste a desayunar, ¿verdad? -cuestiono cuando empiezo a pensar por qué Nayeon le dijo a Rosé.

-Sí. Ahí me contó todo. Vernon está por allá -señala, cambiando de tema, y comienza a caminar hacia él. Mira hacia atrás y nos damos cuenta que Myungsoo y Nayeon se han formado al final de la fila-. Vengan con nosotros -los invita. Ellos niegan con la cabeza, apenados-. Aish, ahorita te alcanzo -me dice y se regresa por ellos.

Me pregunto si sigue haciendo las cosas por mí o sólo está siendo muy amable, como siempre.

-¿A dónde fue? -me pregunta Vernon.

-Les va a decir que se metan con nosotros porque se formaron hasta el final de la fila.

-Ah -responde él y se pone a teclear en su celular. Creo que está muy estresado por salir ya. Me cuenta cosas de Nick desde que lo conozco, son muy amigos, entiendo que no quiera que espera tanto por nosotros.

Rosé llega a nuestro lugar en la fila con Myungsoo y Nayeon a sus espaldas.

-Muchas gracias -agradece Nayeon con un leve sonrojo.

-No hay problema -le responde Vernon.

 

Después de acabar con el papeleo y recoger las maletas no volvemos a ver a Myungsoo y Nayeon. Tengo esperanza de verlo caminar hacia una de las puertas de salida, con su novia en brazos, no importa, pero quiero verlo.

-¿Todo bien? -pregunta Vernon de nuevo.

-Sí, sí.

-Chicooos -llama Rosé, unos pasos adelante de nosotros. Lleva la mano alzada, grabando un IG story-. ¡¡¡Llegamos a Koreaaa!!!

Vernon y yo gritamos emocionados y él pasa su brazo por detrás de mi cuerpo, rodeando mis hombros.

-Me alegra estar contigo, Prince -susurra a mi oído cuando Rosé deja de grabarnos con la cámara frontal de su celular. Hace mucho que no me llamaba con ese apodo. Me lo puso hace como seis años, cuando nos conocimos. Él decía que yo era un príncipe por lo consentido que me tenían mis padres. Pasó el tiempo y siguió llamándome así, y cada vez que lo hace me siento en mi hogar.

Lo abrazo sin dejar de caminar y siento su cuerpo firme bajo mi toque. Ha estado haciendo ejercicio. Creo que es la primera vez que abrazo a alguien con tan buen físico... Se siente bien. Me acaricia la cabeza, que tengo recargada bajo uno de sus brazos. Su playera huele a él, a mi mejor amigo. A casa.

Me separo de él cuando salimos por la puerta 7. El sol de la mañana nos recibe con una calidez reconfortante y, por primera vez en el día, me llega el olor de un día nuevo, y el de un país en donde nunca he estado.

-¡Vernon! -grita una voz masculina a nuestra izquierda.

Un chico alto y de cabello oscuro se acerca nosotros. Se quita sus gafas de sol y escucho sonreír a Vernon, que empieza a caminar hacia él. Escuchar una sonrisa es algo que se me da sólo con pocas personas. Mi mamá dice que sólo escuchas las de la gente que quieres más. Creo que tiene razón porque sólo he podido escuchar las mis papás y la de Vernon, ni siquiera escucho la de Rosé.

Mi amiga me toma del brazo mientras caminamos hacia ellos, que están saludándose, emocionados.

-¡Qué gusto volver a verte, Nick! Gracias por venir. Mira, ellos son Dongmin y Rosé -nos presenta Vernon y Nick nos hace un gesto con la cabeza.

-Bienvenidos a Korea -dice y sus ojos pasan de Rosé hacia mí, deteniéndose. Es guapo, y el exotismo de sus facciones sobresale al instante porque no parece coreano. Y por su nombre, es casi seguro que no lo es-. Vamos. Hice la reservación a las 11.00.

Caminamos hacia una camioneta estacionada a unos pasos de la puerta y Nick abre la cajuela para que empecemos a meter nuestras maletas.

-Te ayudo -me ofrece Nick y ese toque de caballero en él me llama la atención. Observo cómo alza mi maleta con ambos brazos y sus brazos se tensan un poco. No tiene cuerpo de ir al gym, pero me atrae. Me doy unas cachetadas en la mente cuando caigo en la cuenta que lo único que he hecho desde que aterrizó mi avión es pensar en hombres. Le agradezco tímidamente y me aparto. Puedo ver que sonríe travieso.

Cuando todo está listo, subimos a la camioneta y Nick arranca.

-¿Ya fuiste a la mansión? -le pregunta Vernon, que está sentado en el asiento del copiloto. Su amigo se limita a asentir, concentrado en el volante-. ¿Qué tal?

-Muy bien. Las habitaciones están grandes.

-¿Ya llegaron los demás? -pregunto. Nick me sostiene la mirada un instante antes de responderme.

-Algunos. Jimin, Joel y Hanbin. Dijeron que iban a ir por algo para tomar en la noche. Para los ocho, pues.

-¿De verdad? Qué buena onda.

Nick vuelve a asentir. En este momento estamos saliendo del terreno del aeropuerto.

-Les dije que luego les pagábamos. Los autos ya están aquí, también -nos informa. Como nosotros tres y Joel no vivíamos en Seoul, nuestros coches llegaron aparte al dormitorio-. Bonito Porsche -dice, mirándome a los ojos por el retrovisor. Yo río quedito.

-Gracias.

Entramos a la ciudad y es cuando la realidad me golpea. ¡Estoy en Seoul!

   

Los primeros edificios entre los que conducimos son chaparros en comparación con los que se ven más adelante, hasta donde alcanza mi vista. El flujo peatonal de las diez de la mañana en domingo ya está presente en las calles, donde docenas de familias andan a pie, pasando casas y locales de uno en uno.

Veo cafeterías muy monas, con los clásicos letreros de neón, de mis tipos de iluminación favoritos, que ocupan para anunciarse o de ornamentación, y trato de distinguir algún nombre para regresar después.

Las calles se entrecruzan unas con otras y Nick vira a la derecha, dando marcha sobre una avenida más amplia. La magia de la calle principal me envuelve y localizo algunos puestos ambulantes en pleno trabajo, sirviendo a algunos niños acompañados por sus papás. Los pasos a desnivel separan los dos sentidos de la vía y nuestra camioneta queda más cerca a la banqueta, donde hay tiendas de ropa, bancos, algunas tiendas de conveniencia, y más locales de comida.

En los cruces puedo ver las calles perpendiculares a nuestro camino, algunas sólo peatonales, en pendiente hacia arriba. Hasta donde he pasado, me gusta la ciudad porque su diseño es amable para caminarlo.

Nuestra camioneta vuelve a girar hacia una zona más despejada de la ciudad, permitiendo una muy buena primera vista de Hangang, el río más famoso de Corea del Sur. Bajo la ventanilla de mi asiento para poder sentir la corriente del viento en mi rostro y aspirar el aroma de la ciudad... Delicioso. Escucho que Rosé me copia. El azul del cielo pinta de colores preciosos las aguas y comienzo a distinguir los típicos puntos turísticos de cualquier metrópoli, en la que puedo distinguir gente con bolsas de playa, sombreros, lentes de sol, y folletos de turismo. Para mucha gente las vacaciones de verano aún no acaban. Recuerdo los viajes que he hecho con mis papás y mi estómago se retuerce, pero sonrío.

Nick se incorpora al tránsito que circula hacia uno de los puentes que cruza el río, del que salen chorros de agua que regresan al cuerpo de agua. Giro mi cabeza para preguntarle el nombre del puente y me encuentro con su mirada ya posicionada en mí.

-Este es el puente Banpo -informa, adivinándome el pensamiento-. Podemos venir a las luces nocturnas mañana.

-No estoy muy segura de si vengo a estudiar o a vacacionar -comenta simpáticamente, Rosé. Yo sólo puedo asentir, embelesado.

-I feel you, friend -le responde Vernon. Hace una pausa larga, mientras avanzamos por el puente, y luego agrega-: Vas a querer venir seguido aquí, ¿verdad, Dongmin?

-¡Síii! -digo, emocionado. Vernon sabe que este tipo de lugares me gustan y siempre se ofrece a acompañarme a caminar y turistear si tiene tiempo.

-¿Quieres que me pare tantito? -me pregunta Nick, empeñado en mirarme a los ojos, y se me hace un detalle bonito.

-No. Ya son casi las 11.00 -contesta Vernon por mí.

-Síii, mejor no -concuerdo y Nick ya no contesta. Y cuando recorremos el puente en su totalidad, vira a la derecha y se orilla, segundos después el motor ya está apagado y el seguro de mi puerta se abre.

-Te acompaño, yo también quiero estar un rato aquí abajo -me dice Nick antes de bajar de la camioneta, no sin antes echarme una mirada de complicidad.

Notas finales:

Gracias por leerme.

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