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Ángel Caído. por Ayamashi Kame

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Notas del fanfic:

Advertencia:

Borrador. Está tan sujeta a cambios como me lo permitan los conocimientos adquiridos. Sientanse libres de disfrutar.

Notas del capitulo:

¡Jelou Mademoiselle! (No importa si eres hombre, si lees esto, oficial mente eres una preciosa mademoiselle con gran belleza y brillitos alrededor)

Ya lo sé. Debería estar actualizando "Tu amor puede ser hermoso", pero esta historia me ha levantado esta mañana, y en cuanto las ideas han aparecido no me han dejado en paz. Necesito escribirlo, llevarlo a cabo, hacer algo con esto uwu.

Espero lo disfruten tanto como yo.

 

Mateo tiraba todo al suelo con tanta furia que cualquiera podría pensar que estaba poseído. El muchacho de ojos azules era tan calmo como el agua marina en plena mañana. Las  lágrimas de pronto surcaron su rostro y no dejó de sentir dolor.

 

  Ocho años atrás.

 

—Soy Theo ¿Cómo te llamas?

El muchacho de ojos avellanados llevaba el cabello corto hasta las orejas, unos mechones rebeldes se cernían sobre la frente blanca hacíendo contraste. El viento le sacudió el rostro. En el pasillo lleno de varias y amplias columnas que daban al jardín, pudo mirarle, era más alto, no parecía huérfano.

—Mateo

Respondió el otro con cautela, Theo ya lo había inspeccionado antes. El color cerúleo de sus ojos resultó tan fascinante de cerca como era de lejos. Mat lo observó bajar la cabeza con la expresión divertida. Y aunque no lo notó, los ojos le brillaban.

—Me gusta tu nombre.

Lo soltó con la barbilla alzada, en el intento más pueril de atrevimiento que un niño de ocho años pueda dar. Después, un leve sonrojo apareció en su piel satinada; el ojiazul soltó una risita consternada porque era lo más raro que le habían dicho en sus siete años de edad.

—A todos les gusta, es el nombre de un apostol.

La respuesta del chico vino con un encogimiento de hombros. Theo suspiró nervioso, alzó la vista y se le quedó mirando. De forma paciente negó con la cabeza, por alguna razón le brillaron los ojos.

—No. Me gusta tu nombre porque termina como empieza el mío.

.

.

.

Cuatro años después

—Desnúdate.

La orden fue tan consisa que a Mat le entraron las señales de alarma. Hizo lo que le dijo. Se despojó de la túnica con pasimornia, con la esperanza de que se retractara. Pero no lo hizo.

La tela cayó al suelo en un ruido sordo. El hombre que pasaba de los cuarenta lo miraba de forma extraña. A Mat no le causó gracia, pero las miradas siempre eran las mismas. Se acercó a su rostro. El chico se apartó rápidamente mientras un sonrojo se adueñaba de sus mejillas, trastabilló con la túnica y se desplomó en el suelo sin dejar de mirar sus facciones demacradas.

—Padre...Usted ha dicho —le tembló la voz, tragó tan fuerte como pudo aunque tenía la garganta seca. El hombre se despojó de su vestimenta y se acercó a él. Su desnudez lo aterrorizó —. Que, que. Que estás acciones son pecado.

El mayor se detuvo una vez lo colocó sobre el camastro y detalló el desnudo cuerpo jovial que tenía enfrente. Tenía la piel de un color arenoso debido al sol, los vellos dorados diminutos apenas surgían en sus pantorrillas, frente al sol cogieron un brillo tan intenso que dio la impresión de oro refulgido. Tenía una musculatura atlética, porque a Mateo le encantaba treparse de los árboles, correr y saltar la cuerda con un conjunto de trapos anudados.

Tomó uno de sus brazos delgados y lo besó con suavidad, hasta que notó el pulso acelerado del chico. El padre le sostuvo la mirada lujuriosa, para luego sonreirle en un intento de ternura. La verdad sea dicha, parecía capaz de hacerle daño.

—Mi hermosa criatura. No te haré daño —él frunció los labios y arrugó el entrecejo reprimiendo el llanto —. Yo he sido bendecido por dios, esta unión será sagrada.

Suspiró aliviado. Pero sabía que era mentira, una que solo le valía para salir de culpa.

El hombre acercó los labios a su pecho desnudo. Mateo aún profirió manotazos vehementes con la expresión angustiada, pero el contrario solo las sujetó con fuerza desmesurada. Pensó, ¿qué se hace en las situaciones de extremo terror? ¿Y en las de plena impotencia? La respuesta vino sola.

Rezó.

Y aunque el temblor, ni las ansias o la amargura se apaciguaron, Mat siguió haciendolo mientras los rayos del sol se colaban acusatorios por la ventana. Concentró los ojos apagados en la cruz sobre la ventana y pidió perdón una y otra vez. Seguramente era su culpa. Sí, por venir y causar problemas en este mundo. Por no tener padres, por haber sido abandonado.

No sentía nada con los ojos cerrados. Tan solo el leve roce de los dedos asperos por su piel. Tan solo eso. Todo pasaba demasiado lento, parecía irreal, como un indescriptible sueño de medianoche.

—¡Mat!

Para cuando abrió los ojos el sacerdote estaba en el suelo. La mirada tierna y resplandeciente se transformó en una cólerica que lo hizo estremecer. Mateo pensó que si el diablo estaba presente, era el padre en persona. Theo se acercó tan rápido como pudo al chico de ojos azules, el sudor se acumulaba como la lluvia en las cornizas, en el cintillo y descendía como diminutas gotas resplandecientes.

—¿Theodoro?

El jovencito tomó la túnica y la cirnió sobre el contrario. Mat le miro sorprendido, Dios le había escuchado, y aquel era un ángel, uno caído del cielo tan solo para salvarlo.

—Levanta. ¿Puedes andar?

—Pequeño niño travieso, te voy a dar una lección.

El padre se levantó con el cuerpo desnudo, Theo profirió una mirada de asco.

—Padre. ¿No le han dicho? Tocar a los ángeles es un pecado.

Lo dijo de forma inocente, incluso se dio el tiempo de batir sus pestañas. El mayor se acercó para cogerlos, pero el chico de ojos castaños tomó un candelero y lo pegó contra su craneo. El afectado cayó al suelo casi de inmediato. Inconsiente.

—Theo... —soltó después de acomodarse la túnica. Los ojos refulgidos lo miraron agradecidos, se cristalizaron y rebosaron de lágrimas —¡Theo! —se avalanzó sobre él —, ¡Gracias a dios que has venido!

Corrieron. los pasillos parecían tragarlos, Theodoro no le soltaba la diestra agitado. Cuando llegaron a las habitaciones le pidió a Mateo que recogiera sus cosas, él hizo lo mismo con las suyas.

—¿Qué vamos a hacer?

La voz le salió ronca por los sollozos anteriores, aún entonces soltaba hipidos desconsolados. No salía del estupor, muy dentro suyo se sentía tan sucio como el mismo lodo en donde se revolcaban los cerdos. Quizá, ellos fueran más limpios.

Una vez las tomaron, metieron todo en una vieja bolsa que Theodoro sujetó.

—Debes cambiarte de ropa.

Le susurró, a pesar de que nadie estaba presente en la habitación.

—Pero no me veas.

Después de aquello volvieron a correr por los pasillos, nadie estaba presente en ellos, Theo sabía porqué. Estaban todos en una "reunión" y los demás daban clases a otros niños. Aumentaron el paso con tanto ahinco que se quedaron sin aire, pero para cuando eso pasó estaban en la puerta. Un gran arco con portón blanco lleno de ornamentos se cernía delante de ellos.

Tendrían libertad. Esa de la que siempre habían hablado.

Sin hambre, sin sonrisas fingidas, sin el desagradable escrutinio en sus cuerpos desnudos y sin soledad. Solo ellos dos.

Mateo apretó la mano que sujetaba antes de soltarla. Se dispuso a trepar en cuanto oyó gritos.

—¡Bajad rápido de allí! ¡Os hareis daño! 

Se miraron llenos de terror, iban a ser devueltos a la recámara, iban a obligarlos a que se desnudaran...Iban a... Mat volvió a sujetar esa mano mientras un monaguillo se acercaba. Theo susurró algo inaudible y esperó a que se acercara.

—¿Qué haceis? ¡Por dios! Volved a clase.

Theodoro se le quedó mirando embobado, soltó la mano de Mateo y le tiró tierra en la cara.

—¡Corre!

Pasaron solo segundos para que salieran más personas de donde había provenido esa. El padre había sido encontrado mal herido, lo escuchó mientras caminaban. Con decisión le pasó la bolsa  de lona a Mateo y esperó a que corriera tanto como podía. Aunque, para cuando eso pasó más hombres salían.

El azul aterrado le golpeó en el rostro, se había detenido al ver que no se movía. Theo juró por lo bajo y le dió una patada a otro miembro de la orden que pretendía retenerlo. Le dedicó una mirada asesina, y su compañero todo ojos llorosos corrió en dirección contraria. La verja ya estaba llena de monaguillos y otros miembros.

Mateo trepó un arbol y se irguió sobre el paredon trasero. Un convento quedaba detrás, pero si él calculaba como es debido caería en un callejón, lejos del orfanato.

Cayó y se raspó las rodillas, algo crujió además. Estaba sucio y con sus únicos pantalones buenos rotos, miró a los alrededores y solo podía mirar el entorno vacío a traves del final del callejón. Nadie pasaba por allí. Miró hacia arriba ancioso, a la espera, mientras intentaba levantarse, solo que el dolor de su pierda derecha se intensificó. Era tan fuerte que tuvo que morderse los labios para no gritar. Volvió a mirar, preparado para que Theo bajara. Sólo que no lo hizo.

Pasaron las horas. Mat estaba decidido a no marcharse sin él, no podría vivir con la idea de que él estuviera atrapado allí, amenazado por el padre. O...¿si él había sido capaz de tocarlo por qué no otro más? Por primera vez sintió miedo de los más allegados a dios. Le temblaron las piernas.

Se acurrucó al lado de los contenedores y esperó mientras rezaba. Porque rezar es lo único que les queda a los desamparados. Cuando el tiempo fue ya demasiado dejó que salieran lágrimas, de miedo puro, de frustración. ¿Qué haría sin su amigo Theo? Aquel que era como su hermano.

Pero alguien le tocó el hombro, y Mat sabía quien era antes de siquiera alzar la vista. Conocía su calor. Era Theo.

Las facciones amoratadas y rasguñadas por tanto esfuerzo y caidas sonrieron y Mateo se sintió el más afortunado del mundo. Las lágrimas salieron como un torrente. Podían hacer una nueva vida, podían huir y empezar de cero. Antes de decir algo la sonrisa de Theo se ensanchó.

—No creía que fueras tan llorón.

 

Notas finales:

Sí, si. Lo sé. Ya debería estar haciendo cosas para T.A.P.S.H. Actualizando la abominación de En la oscuridad. Pero ya ven.

Me ha entusiasmado. La verdad he pasado todo el día pensando en ella. Y me sentí realmente mal mientras el padre hacía lo que hacía jajajaja. Porque bueno, siento que he ideado sin querer una idea retorcida (?). Bah, he leido cosas peores.

En fin, dejenme un reviú. He investigado lo más rápido que he podido para poder hacer esta historia. Y como no sé si en el infierno hay wifi, publiqué por si me muero mañana y no me da tiempo de actualizar jajajaja. Nah, es broma. Actualizaré. Seguro. Tanto como la realidad del Narusasu. Tanto como que finalmente se ha dado el lemón en el fic que sigo.

No olviden su reviú mademoiselles pecadoras.

Nos leemos en otra historia bazofaria ;)

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