Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Él también es Alejandro

Autor: zandaleesol

[Reviews - 3]  

LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del capitulo:

Todos los datos contenidos fueron extraidos del libro de Mary Renault,  "El Muchacho Persa".

 

Título: “Él también es Alejandro”


Personajes: Bagoas/Alejandro


Advertencia:  Todos los datos contenidos fueron extraídos del libro de Mary Renault,  "El Muchacho Persa".


 

Bagoas no se había apartado ni un instante del lecho de Alejandro; tal como el mismo rey había dicho, los cuidados del muchacho persa eran mejores que los de cualquier médico.    

Alejandro ya no tenía respeto por los médicos, no desde que la ineptitud de uno provocara la muerte de su amado Hefestion.   

Bagoas recordaba perfectamente aquel suceso, como recordaba cada hecho de su vida. Sin embargo había algunos que eran especialmente relevantes para él, aquellos tenían que ver con la relación de su amado Rey con Hefestion. Este último ya estaba muerto y Bagoas estaba seguro de que Alejandro muy pronto lo abandonaría para ir a reunirse con él.    

Aunque había deseado con toda su alma ser él dueño del corazón de Alejandro, sabía que era imposible. Su  Rey le quería, estaba seguro de ello, pero su amor sólo se lo había dado a Hefestion. Recordaba que en el pasado hubo momentos en que se sintió tan celoso de esa relación que deseó con toda su alma la muerte Hefestion, afortunadamente prevaleció en él el buen juicio y gran corazón y pronto olvidó tales sentimientos, los dos amaban a Alejandro, así lo entendieron y se respetaron por ello.    

Hefestion por su parte jamás sintió celos de él, pues estaba seguro de que era dueño absoluto del corazón de Alejandro. Y claro que duda podía caberle al respecto si Alejandro le daba un lugar de privilegio en su vida, lugar que nadie, ni siquiera él pudo ocupar jamás.     

Ahora mientras velaba el sueño de su Rey, recordaba un hecho especial, acontecido cuando él aún era el “muchacho de Darío”. Alejandro había tomado la ciudad  donde  se encontraba la madre del Rey Darío. Recordaba el relato del eunuco  de la reina. Luego de tomar la ciudad Alejandro se había presentado en la tienda real, la madre del Rey Darío, no había sabido identificarlo, pues había entrado acompañado por otro joven de la misma edad. La reina ignorando cual de los dos jóvenes era Alejandro, se había inclinado ante el que no era rey, Hefestion; cuando el eunuco  la había advertido de su equivocación ella había pedido perdón, pero extrañamente Alejandro no se había molestado ni ofendido, por el contrario había pronunciado una frase que dejó a todos asombrados: “No te preocupes, madre, no te has equivocado mucho; él también es Alejandro”, con esa frase prácticamente había confesado a todos que eran amantes.     

Él había olvidado aquel relato de eunuco de la reina, sólo lo recordó cuando por primera vez se presentó ante Alejandro, y fue testigo de cómo éste actuaba con respecto a Hefestion. El rey leía  una carta de la reina Olimpia esa noche, él observaba parapetado en la oscuridad, el hombre se había acercado por detrás y le había tomado el cabello, había creído que iba a matarlo, pero luego le había visto posar la cabeza junto a la del rey para leer junto a él.     Dos de los hombres que presenciaron aquel acto manifestaron su disgusto por tales muestras de confianza por parte de Hefestion.     

Para nadie era un secreto ese amor, aunque nunca hacían demostraciones explicitas,  ahí estaban siempre, amándose públicamente, sin el menor temor a la censura. Nadie se hubiese permitido criticar aquello. Alejandro siempre había inspirado amor, y era lo que le hacía feliz y siempre había necesitado, ser amado, jamás negaba su amor a nadie.     

Recordaba también aquella disputa de Hefestion con Krateros. Fue la única vez en que Alejandro desafió a su amado en frente de todos. Bagoas recordaba a la perfección las palabras de Alejandro y en aquella ocasión también quedaron grabadas en el corazón de Hefestion. Alejandro les había amenazado con ordenar la muerte de ambos si continuaba aquella rivalidad; era el Rey y en esa ocasión debió actuar como tal, “No la conmutaré” había dicho Alejandro, refiriéndose a la pena que estaba dispuesto a imponerles a sus dos generales, había sido necesario, todos lo entendieron así.     

A partir de ese momento Hefestion se obligó a dejar de lado sus enfrentamientos con Krateros, pero no perdonó a Alejandro. Esa noche el rey se cubrió el rostro y salió de la tienda, Bagoas sabía que iba en busca de Hefestion para seguramente intentar arreglar las cosas, pero estuvo de regreso muy pronto, las cosas no resultaron como las había planeado. No fue perdonado por su amante y él agradeció aquello, su amado Rey sólo sería suyo.    

Pero aquella lejanía sólo duró un tiempo, muy pronto comenzó a escuchar a Alejandro decir otra vez: “Hefestion dice esto…”   “Hefestion piensa aquello”. Era imposible que permanecieran separados por mucho tiempo. Era imposible que Hefestion no hiciera todo lo que el Alejandro le ordenase, se había casado cuando éste lo había mandado. Amaba demasiado a su rey como para no hacer cualquier cosa. Inclusive le había salvado a él mismo cuando había quedado rezagado en la marcha por el desierto, Hefestion había regresado por él, había salvado su vida porque sabía que él amaba a Alejandro con idéntica pasión e incondicionalidad.     

Eran muchos años de recuerdos, pero lo más dolorosos para Bagoas eran los del último año. Desde la muerte de Hefestion su rey ya no era el mismo. Recordaba con claridad aquel aciago día. Alejandro le había dicho que Hefestion estaba enfermo, había permanecido junto a él casi todo el tiempo, se había sentido aliviado al verle mejorar. Pero un terrible descuido del medico había provocado la muerte del amante del rey. Esa tarde había visto a Alejandro correr hacia la habitación de su amado, él también había corrido por si su rey lo necesitaba, antes de llegar ahí había oído el terrible grito de animal herido que había proferido Alejandro.     

Lo más cercanos al rey también habían acudido. Esa fue la primera y ultima vez que entró a la habitación de Hefestion. Vio a Alejandro arrodillado junto al cuerpo, llamándolo, abrazándolo, besando el rostro del muerto. Nadie se había atrevido a decir nada; el recuerdo de aquella escena aún le causaba dolor, alguien le había pedido que le hablara al rey, pero él no se había atrevido a hacerlo, había sentido temor de que su amado Alejandro le odiase por estar vivo, por no ser él quien estuviese muerto. Había huido aterrado de ese lugar. Presentía que el alma de Alejandro se había ido con la de Hefestion.    

Por la noche trajeron a Alejandro cuando finalmente lograron apartarlo del lado de su amor. A él lo había mirado sin verlo en realidad, sólo se quedó en la cama y ahí permaneció dos días, todos creían que se dejaría morir. Pero Alejandro vivió, sin embargo  tras la muerte de su amado entró en una etapa de locura, así lo creyó él cuando le vio cortándose el cabello, pero de pronto recordó la leyenda de Aquiles y Patroclo. Alejandro dedicó toda su fuerza y tiempo a construir un altar para el funeral de Hefestion, inclusive lo llevó a él para que viese el cuerpo embalsamado por los expertos egipcios, tuvo la oportunidad de ver que entre las manos del muerto estaba el cabello que Alejandro se había cortado.     

Bagoas sabía que Alejandro nunca había sido suyo realmente, sólo una pequeña parte, todo lo demás sería siempre de Hefestion, así lo había comprendido cuando había escuchado aquella frase dicha por Alejandro: “Él me conocía”.     

Bagoas había visto apagarse esa luz que iluminaba a Alejandro, esa luz se llamaba Hefestion, que pronto vendría por su rey para llevarlo a la eternidad, les era imposible vivir separados, como el día y la noche estarían unidos por siempre.   

Fin

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: