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El asesino de la Muerte por Isaku Uchiha

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Notas del fanfic:

Lo prometido es deuda!!! Aquí empiezo mi primer ItaSasu que también será SasuIta. Espero les agrade.

 

n_n

 

Ah, sí, lo de ley: 

 

Los personajes del fic no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y...los yaoizé!!! ò.ó algún problema, Kishi??? Eso creí.

Notas del capitulo:

Hola, hola nos volvemos a leer ^o^ espero disfruten el fic, va dedicado a todas las personitas que les debí el SasuIta de mi fic anterior, paciencia que esto debe coserse bien para que esté bueno jaja

A leer se ha dicho!!!

n_n 

 

 

Media noche.

La Luna en todo su esplendor se halla en la cima del oscuro cielo iluminando con sus tenues destellos de luz a la metrópoli bajo ella. Todo es calma y silencio alrededor, hasta que un estruendo grave estalla desde la sombras. Disparos. Armas detonando, elevando al aire el rígido eco, abriendo paso a lo natural. Muerte.

Una serie de disparos rápidos y continuos, imitando el rugir de una bestia enfurecida.

…un par de alas negras que rompen el aire...

Silencio.

Dos quiebres silentes responden.

 …una hoz que desciende rápida y mortal, certera…

Otros dos que caen a sus pies. Eran cincuenta. Quedan tres. Sólo busca uno.

- ¡Maldita sea! Ese sujeto es demasiado para nosotros, no podremos con él.- Hablaba uno de los dos hombres ocultos entre cajas y bolsas de basura del callejón. Huían de una muerte segura, el aliento apenas les bastaba.

- No podemos hacer nada más que dar nuestras vidas para proteger la de Orochimaru-sama. Si ese bastardo nos encuentra, al menos habrá perdido el rastro de nuestro señor para cuando termine con nosotros.- Decía el otro con un deje de nerviosismo a la vez que preparaba su Beretta 92.

- ¡Orochimaru puede irse a la mierda! Yo no voy a morir por él, aún tengo oportunidad de salvar…- Una bala le había atravesado la cabeza, justo entre las cejas.

- ¡Hakira!- Se acercó al cuerpo, intentando tomar su pulso. Estaba muerto. El sonido de un arma cargando contra su nuca hizo detener su respiración.

- Tiro de gracia, mi favorito. Es lo más indicado para cobardes como él. Levántate.- Obedeció a aquella voz detrás de él; tragó saliva. La oscuridad era densa en aquél sitio, tal vez aún no había visto el arma en su mano; quizá con un movimiento rápido podría…- Ni siquiera lo pienses, asegúrala y entrégamela.- Definitivamente era un profesional.- Y rápido que se me acaba la noche.- Un profesional bastante engreído. Entregó el arma.- Voltéate, hablemos de frente.- La sorpresa se apoderó de su rostro, en este negocio un hombre nunca debía permitir que alguien le viera, era algo sumamente arriesgado; seguro estaba confiado. Cuando le vio a la cara su sorpresa creció aún más. El más temido y perfecto asesino, buscado internacionalmente por varias agencias de seguridad y con un historial más negro que el abismo, ¡Era sólo un chico de no más de 20 años!

- Es…imposible… ¿En verdad eres tú…el gran asesino?... ¡¿Tú eres el Halcón?!

- No veo por qué importa.

- Eres… ¡demasiado joven!

- Felicidades por aclarar lo obvio. Ahora, ya que al parecer eres más valiente y útil que tu frío amigo, vas a decirme unas cuantas cosas sobre tu jefe. Si cooperas, tal vez te perdone la vida.

- Prefiero morir en vez de traicionar a Orochimaru-sama.

- Eso se puede arreglar.

- Entonces anda y dispara, no te tengo miedo. Yo sé que mi lealtad a él me será recompensada en los cielos, y en cambio ¡Tú arderás en las llamas del Infierno maldito demonio!

- …El Infierno es un estado mental subjetivo.- Disparó. El cuerpo inerte cayó al suelo como un saco de papas. En poco tiempo estaba rodeado por un inmenso charco de sangre; unas gotas del líquido quedaron prendadas a su rostro de porcelana, sólo observaba los dos cadáveres en el piso, sin pensar absolutamente en nada. Tenía la mirada fija en el vacío.

Un sonido extraño y casi imperceptible lo trajo de vuelta a la realidad, levantó su Colt 45 y se mantuvo alerta. El murmullo provenía de uno de los cuerpos a sus pies. Se relajó un poco e inspeccionó. Un celular con un nuevo mensaje. Un mensaje de Orochimaru.

 

Yure-kun, hemos perdido al Halcón.

Si aún están vivos tú y Hakira-kun vengan al

almacén 3 del puerto,

partiremos a Okinawa en media hora.

 

Una trampa, qué obvio. Orochimaru era astuto e inteligente, sabía que sus hombres no tenían ninguna oportunidad de sobrevivir; el mensaje no era para Yure, era para él, y esos dos los envió como simples mensajeros sin valor. Sin duda era una porquería de persona, y tenía mucha experiencia en escapes y asesinatos, pero más en trampas; tenía que ser cauteloso. Ciertamente, Orochimaru era uno de los más buscados en el mundo al igual que el Halcón, la única diferencia entre ambos, además de la edad, es que él era simplemente brillante. Después de todo, las serpientes no devoran a los halcones.

Subió al auto y se dirigió al puerto.

Unos ojos escarlata le vieron partir desde media calle. Alada de negro y armada con una letal hoz que descansaba en sus pálidas manos, aquella figura espectral desapareció en una oscura neblina.

 

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A pesar de lo tarde que era, había gran actividad en el puerto de la ciudad. Un yate anclado frente al almacén 3 era cargado por algunos hombres con cajas cuyo contenido debería estar en museos importantes. Alrededor del lugar, varios sujetos armados hacían guardia, estaban alertas al más mínimo ruido.

…sus cabellos negros se mecían sublimes con el viento nocturno. Esperaba impaciente lo que seguía sentado en un tejado cercano, desde aquél lugar tenía una vista completa del tumulto de allá abajo. La hoja de su guadaña brillaba fulgurante por la Luna. Entonces percibió la llegada de aquél mortal. La fiesta estaba por comenzar…

Se escabullía sigiloso entre las tinieblas que brindaban los demás almacenes hasta llegar al número 4. Ahí había unos cuantos vigilantes escondidos de los que se encargó sin problema, los silenciadores eran básicos en su colección. Una vez libre el área se acomodó en el mirador principal de la bodega, oculto entre cajas de madera y otras cosas, colocó el rifle de largo alcance y apuntó a un lugar específico del bote; ¿Para qué se molestaría en matar a tantos estúpidos si sólo buscaba a un idiota? Más aún, si era el mejor francotirador del mundo; no sabía fallar. Y fue precisamente por esa mirada tan aguda y privilegiada que se le conoció, en los altos y bajos mundos, con ese nombre.

El Halcón.

Lo vio entonces. Vestido con un kimono blanco atado por un obi púrpura, estaba en la cubierta del yate dando las órdenes a los cargadores; a su lado se encontraba el más fiel de sus lacayos, Kabuto Yakushi. Su amante. Él tenía una lista en sus manos, revisaba que todo fuese colocado cuidadosamente en el barco.

…descendió desde las alturas con la elegancia de un dios, sus negruzcas alas de cuervo le llevaron grácil hasta donde se encontraba aquél asesino, quedando a su lado…

Éste ni se inmutó, ¿Cómo sorprenderse ante algo que no puedes ver? Estaba concentrado en su objetivo, buscando un punto fijo a disparar. Aún no podía ubicarlo.

…colocó su gélida mano sobre el arma, guiando la bala…

- Vamos Sasuke, dispara…

Lo encontró, un punto perfectamente letal: el corazón. Alentado por una fuerza extraña jaló del gatillo.

Los anteojos del peliplata estaban salpicados con la sangre de aquella serpiente que caía lentamente al suelo. Estaba en shock, su cuerpo no respondía y tenía la mente en blanco. El hombre rebotó en el piso de la embarcación, escupiendo borbotones de sangre; no se movió más.

- …¡¡¡OROCHIMARU-SAMA!!! ¡NOOOOOOOOO!- Otra descarga silente, cayó muerto al instante junto al cuerpo del pelilargo. Los demás sujetos dejaron lo que estaban haciendo y corrieron a ayudar a sus amos, pero nada pudieron hacer.

Amanecía.

Quedarse en aquella escena era esperar por la policía y terminar en prisión. Huyeron. Las gaviotas hambrientas cayeron sobre los cadáveres devorándolos, hasta que fueron ahuyentadas por los trabajadores del muelle que recién llegaban. Cuando el equipo de seguridad arribó al lugar, se encontraron con dos cuerpos destazados y apenas reconocibles.

 

xxxxxxxxxxx

 

Era casi medio día y aún estaba en la cama. Sus cortos cabellos azabaches apenas le cubrían lo suficiente de los rayos del sol que entraban por la ventana. La noche anterior había sido de mucho trabajo, estaba agotado, apenas entró a la habitación del hotel y se arrojó directo a la cama; el cansancio pudo más que el hambre. Durante el tiempo que estuvo dormido, los mismos ojos escarlata que le seguían a todas partes le observaban descansar desde una silla en el extremo del cuarto. Le miraban con detenimiento. Los relojes del hotel marcaron las 12:00.

Se levantó de donde estaba y caminó hacia la cama. Lo contempló por unos segundos más, acarició su blanca y suave mejilla con los dedos, disfrutando el dulce calor que aquella piel emanaba. Tan cálida, tan sutil, tan perfecta…tan viva.

Apartó con delicadeza las hebras oscuras de ese rostro angelical. Se acercó a él despacio, hasta quedar sus labios a escasos centímetros de los contrarios. El sabor de esa boca lo incitaba, lo llamaba a tomarla ferozmente y corromperla, seduciendo su frialdad, y cómo lo estaba logrando; ese sabor celestial…lo desconocía. Pero no podía ceder ante algo así, caer a los pies de un deseo carnal…sería imperdonable. No por lo que pudiera ocurrir con su inmortal y siniestra existencia, sino por lo que pudiera pasarle a él.

El remordimiento lo consumiría eternamente, y eso era mucho tiempo. Se alejó con pesar, mirándolo una última vez. Sus oscuras alas aparecieron en su espalda, abriéndose como un abanico funesto.

Una corriente de aire movió su cabello haciéndolo despertar; repasó la habitación con la mirada y vio el ventanal abierto. ¿No lo había cerrado ayer antes de irse a trabajar? Qué descuidado por dejarlo así y no darse cuenta al regresar, llegó más cansado de lo que pensó. Giró el rostro hacia el reloj sobre la mesita a un lado de la cama, era medio día. Tenía que cerrar el negocio. Se incorporó y caminó hacia el baño quitándose la ropa prenda por prenda, dejando ver su nívea y tersa piel; una piel libre de impurezas, sin una sola cicatriz. Abrió la llave de la regadera y el agua fría recorrió su cuerpo sin estremecerse; parecerá masoquista, pero el frío es una de las pocas cosas que le gustan, algo normal considerando que su infancia no fue tan grata. Tomó un poco del líquido verde en la botella y comenzó a lavar su melena azabache.

 

- ¡Nii-san! Bienvenido a casa.- Le sonreía.

- ¿Estabas esperándome? Eres un niño muy travieso, Sasuke. Ya es tarde y deberías estar dormido.- Lo cargó con ternura.

 

Se detuvo en seco. Ese recuerdo…era muy antiguo…

 

- ¡Mi nii-san, mi nii-san me espera en casa! ¡Por favor, llévenme con mi nii-san a casa! ¡Nii-san!- Lloraba desesperadamente. Sus padres habían sido asesinados por un tal Orochimaru; aún no entendía muy bien eso de morir, sólo tenía cinco años. Un hombre de cabello blanco lo cargaba, su rostro era cubierto por la chaqueta azul que usaba.

- Tranquilo Sasuke-kun, por favor no llores más. Te prometo que vamos a atrapar a quien hizo esto, ya tenemos varias pistas sobre su escondite, lo encontraremos.- Estaban en la estación de policía. Un chico de pelo y ojos castaños entró a la habitación donde estaban.

- Kakashi-san, ¿Cómo se encuentra Sasuke-kun?

- Muy mal Iruka, sigue llamando a su hermano pero… ¿Investigaste lo que te pedí?

- Hai. Estos son los archivos completos de la familia Uchiha.- El albino los tomó y leyó cuidadosamente cada reporte a la vez que trataba de calmar al menor.- Como podrá ver…

-…no hay hermano.

- Revisé minuciosamente todos los papeles del archivo, y también los que encontramos en la mansión Uchiha. No existen registros sobre un segundo hijo.- El mayor suspiró preocupado.- Es probable que la impresión de todo esto haya causado delirios temporales en el niño, tal vez una forma de asimilar lo que pasó con un hermano imaginario como protección.

- …sí…es probable.

 

- …mentira…- El agua caía sobre su cabeza mientras él permanecía inmóvil.- él era…real…- Tocaron a su puerta, una alegre voz femenina siguió a los golpecitos.

- ¡Servicio de limpieza!- Regresó al presente. Terminó de asearse, buscó ropas limpias en una maleta bajo la cama, se vistió rápidamente y salió del lugar con todas sus cosas. Un auto negro salía del estacionamiento del hotel, viajando hacia el sur.

 

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En una mansión de las orillas de la ciudad, un chico rubio de hermosos ojos azules caminaba por los amplios corredores de la casa; se dirigía al estudio. Abrió la puerta y entró.

- Oe, ero-sennin, el sujeto con el que hablaste la otra vez ha venido a verte.

- ¡Joder, que me llames tío, no ero-sennin!- Le reprochaba el hombre con una venita en la cabeza; su cabello largo y completamente blanco estaba atado en una coleta baja, desmarañado. De sus pequeños ojos negros salían dos líneas rojas de pintura, vestía de traje y con la camisa abierta. Antes de que entrara su querido sobrino estaba muy entretenido con una revistilla “despierta-ideas” como le llamaba; era escritor de novelas eróticas y de algún lado debía sacar inspiración.- ¡Naruto eres igual de cabezota que tu padre! Por lo menos llámame por mi nombre: Jiraiya.

- Está esperando en el salón.- Salió del la habitación ignorándolo completamente, cosa que sólo hizo enojar más al mayor. Fue hacia el salón. Al llegar vio a un chico de cabello azabache y piel blanca viendo distraídamente el jardín a través de la gran ventana que iluminaba todo el recinto.

- ¡Buenas!- Saludó el hombre más relajado.- Veo que te encargaste bien de él, como lo planeamos jeje.- El menor no volteó a verlo.

- La otra parte del pago.- Soltó indiferente.

- Ah, sí. ¡Haku!- Un chico de largos cabellos cafés atados en dos extensos mechones entró.

- ¿Llamó, señor?- Dijo haciendo una reverencia.

- Trae el dinero del joven, ha hecho un buen trabajo.

- Como ordene.- A los pocos minutos volvió con un maletín abierto lleno de dinero, lo colocó en la mesa central.

- Gracias. Puedes retirarte.- Hizo una reverencia y se marchó. El pelinegro se acercó a la mesa viendo el resto del botín.

- Lo has hecho muy bien Halcón, haces honor a tu reputación. Ambos nos vengamos de ese bastardo de Orochimaru, y para que veas cuán satisfecho estoy por tu ayuda, he agregado un bono más a lo que acordamos. Espero lo disfrutes.

- Un placer hacer negocios con usted.- Cerró el maletín y se marchó. Jiraiya lo observó por la ventana subir a su auto y perderse entre los edificios.

-… Espero que te sientas tan realizado como yo, Uchiha…  Bueno, yo estaba trabajando ¿no? Hay que continuar, sería un crimen dejar a medias una obra de arte. Haku, lleva algo de sake al estudio, me siento inspirado y necesito combustible para continuar.

- De inmediato, Jiraiya-sama.

 

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Condujo por horas hacia ninguna parte. Había completado su venganza, ¿Qué seguía? No tenía ni la más remota idea. El rugir de su estómago le recordó que no había comido nada desde ayer y estaba que se moría de hambre. Más adelante en la carretera vio un tramo de restaurantes y hoteles. Se hospedó en uno de ellos, no era de cinco estrellas, pero eso no importaba mucho, sólo necesitaba un techo sobre su cabeza y una cama tibia.

Comió en el restaurante del lugar; ordenó todo el menú excepto los postres, lo dulce no era de su agrado, pero aún así comió demasiado, él mismo se sorprendió.

Llegó la noche. Estaba sentado sobre el cofre del auto en un lugar apartado del camino, veía a los coches pasar en la carretera, las luces de los restaurantes se reflejaban en sus cristales. Un sentimiento extraño lo invadió a la vez que esa pregunta volvía a retumbar en su cabeza: ¿Qué seguía? ¿Un camino lleno de alegrías y fortunas hasta la muerte? Por favor, ni que Sasuke Uchiha pudiera ser feliz…de cualquier manera tenía que hacer algo, el dinero no le duraría para siempre. Tal vez iniciar una nueva vida pero, ¿como qué? ¿Mesero? ¿Conserje? Era un asesino profesional, ¿Dónde quedaría su honor y respeto por sí mismo si se rebajaba a eso? Definitivamente no lo haría.

…las alas de cuervo llegaron y se posaron a su lado, sonriendo conmovidas…

Pasó buen rato pensando sobre eso, no se dio cuenta de en qué momento el último restaurante había cerrado sus puertas. La soledad rondaba cerca, casi tanto como la muerte. El frío de la madrugada le caló hasta los huesos, un gemido escapó de su boca.

- Sasuke…- Habló con sorpresa pero no fue escuchado. Sintió su cuerpo estremecerse. Sus ojos escarlata estaban atentos, algo venía. Temió lo peor.- Sasuke…no…tengo que-

El azabache sintió un cosquilleo en su interior, sus manos empezaron a temblar repentinamente, estaban heladas pero él no sentía nada. Un ardor en las entrañas comenzó a hacerse más y más fuerte hasta volverse insoportable. Sin poder evitarlo vomitó. Su boca tenía el sabor a sangre.

Sangre…

Alzó la vista. Había un hombre frente a él apuntándole con un arma, estaba a no más de diez metros de él. Se miraron.

- Por Orochimaru-sama, imbécil.- Estaba por disparar de nuevo, esta vez a la cabeza.

- ¡No!- De la nada un enorme lobo negro se arrojó sobre el hombre, desviando el disparo. Lo derribó y una vez en el suelo dirigió su hocico hacia el cuello del hombre que gritaba aterrado por los cortes que hacían los colmillos en su piel mientras trataba de zafarse del agarre; el animal sacó sus garras y separándose de él rasgó despiadadamente los brazos y el pecho de aquél condenado. Sólo se oía el eco de los gritos. Sasuke no podía creer lo que estaba pasando, como aquella vez cuando era pequeño. No entendía nada. La bestia tenía una fuerza descomunal, de un solo tajo despojó al hombre de sus brazos y piernas, y para acabarlo de una buena vez, le destrozó el cráneo con sus poderosas mandíbulas.

Muerto.

Vio al lobo apartarse del bulto ensangrentado que alguna vez tuvo forma humana, se relamía los labios, pasaba la lengua por sus garras, como disfrutando del sabor de la sangre en ellas. Entonces lo miró. La oscura criatura le miraba directamente con sus penetrantes ojos escarlata. Se acercaba a él, despacio. Tenía las orejas hacía atrás, la cabeza baja, sus pasos eran tímidos y torpes pero, había algo en su mirada. ¿Tristeza?

El dolor volvió. Más sangre escapaba de su boca. Sintió cómo las fuerzas finalmente le abandonaron, dejando caer su cuerpo sobre el auto. Al menos ya no tenía que preocuparse de lo que tendría que hacer, alguien más lo haría por él. Iba a morir. Sus ojos, pesados, se cerraron. Cada vez sentía más y más sueño, no podía resistirlo.

…lo tomó delicadamente elevando su rostro. Las lágrimas escurrían abundantes por sus mejillas; él, que nunca había llorado por nadie, ahora lo hacía sin reservas. Ese chico era demasiado importante para él, no podía dejarlo morir, no lo haría. No…

- Yo…me niego a tomar tu alma.- No había otro camino. Unió sus labios con los moribundos de sangre; un beso mortal.

Sintió un  frío en todo su cuerpo, era el frío de la muerte en la oscuridad de la noche. Después, un viento cálido lo envolvió. Conocía ese sentimiento, ese calor, ese delicioso y embriagante aroma. No podía equivocarse. Era él. Había vuelto…por él.

- …nii-san…no me dejes…onegai…- Cayó inconciente en los brazos del mayor.

 

 

Notas finales:

Dudas, quejas, comentarios, sugerencias de personajes e historia, todo se vale!!!

Nos leemos en los reviews

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