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Encuentros fortuitos. por Seiken

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Esto es Slash, es de los Thundercats, quienes no me pertenecen y por lo tanto no gano dinero haciendo esto.

Encuentros fortuitos.

Tygus despertó algunas horas después del accidente con algunos raspones, el comandante Leo le había informado que había recibido un golpe en la cabeza y que pensaba que lo mejor era que se recostara un poco más.

Leo había sido nombrado por Mum-Ra como el comandante de todos sus ejércitos, dejándolo con un sentimiento de furia contenida que no le gustaba, lo distraía de su meta.

La cual era servir y dar lo mejor de sí, a menos que quisiera que algún felino ambicioso tomara su lugar, uno que se había ganado a pulso, perdiendo uno de sus ojos, parte de su oído y desfigurando su rostro con una maquina que le hacía ver una película rojiza.

El comandante que era cinco años menor había sido nombrado por Mum-Ra hacia apenas un año con semejante honor, muchos decían cuando pensaban que no los escuchaban que le dieron ese puesto no por sus meritos en el combate o en la estrategia, sino por su belleza física.

Tygus no era quien se dejara llevar por semejantes chismes, ya que la mayor parte de los individuos que los comenzaban eran aquellos que no fueron bendecidos con el puesto.

El tigre espero por un momento ser nombrado comandante, sin embargo, Mum-Ra decidió en contra, señalando al joven león ante los sorprendidos felinos y por qué no, cada una de las razas que habitaban esa nave.

Así que a medio regañadientes obedecía las órdenes del león, el cual seguramente ya sabía lo que pensaba de su persona y de su sorpresivo logro.

Ignorando su orden velada se levanto del suelo sujetando su cabeza, acostumbrándose a la penumbra que reinaba en las entrañas de la nave, escuchando, medio distante, las órdenes que un león pronunciaba con preocupación.

Leo era un poco más bajo, menos fuerte, su melena estaba completamente formada y su rostro juvenil era realmente hermoso, si no fuera su comandante no pensaría dos veces en intentar seducirle.

El comandante sujetándolo del brazo le dijo con cierta preocupación en su voz, sonriéndole, mirándolo con aquellos ojos azules que brillaban en la oscuridad como todos los ojos de su especie. — Te dije que debías descansar un poco más.

Tygus le respondió antes de pensarlo ajustando la máquina de su rostro para que le mostrara el modo de visión nocturna. — Con todo respeto comandante, debemos encontrar una forma de salir de aquí.

Leo soltándolo le pregunto nuevamente siguiéndolo de cerca. — Nos buscaran dentro de veinticuatro horas, no veo porque no debemos esperar.

Tygus deteniéndose momentáneamente intentando encontrar una forma de saltar los tubos que cayeron después de la explosión, frustrándose al ver que no era posible saltarlos ni moverlos, que debían buscar otra salida. — Tal vez usted no quiera saber quien hizo esto, pero tiendo a tomarlo personal cuando intentan asesinarme.

Leo al ver que Tygus no encontraba ninguna forma de salir por donde llegaron le respondió, cruzándose de brazos, recordando algunos planos que había visto hacia poco, necesitaban cuartos y túneles que utilizar si querían que su rebelión tuviera éxito. — Creo que hay una salida cerca de aquí… bueno, no tan cerca, pero si podemos llegar a ella…

Tygus asintió sin decir nada esperando que Leo lo llevara en dirección de la salida preguntándole. — ¿Por qué no intento encontrar ayuda antes? Comandante.

Leo le respondió sonriéndole, dándole la espalda para comenzar a caminar en dirección de lo que pensaba era un tubo de ventilación que los acercaría a una salida de emergencia en las calderas. — No me gusta dejar alguno de mis hombres atrás, mucho menos cuando fue mi culpa que lo lastimaran.

Tygus recordaba poco de la explosión, lo único que supo fue que le estaba entregando los informes de su última misión, cada vez estaban más cerca de la piedra que Mum-Ra anhelaba.

Leo escucho como el comandante susurraba para sí a sus espaldas — Te comerán vivo por eso…

Tal vez, pero a diferencia de muchos otros él se preocupaba por el bienestar de sus soldados no solo por complacer al viejo saco de huesos con esteroides, no obstante, la actitud de Tygus no era agradable.

Mucho menos tomando en cuenta que este era uno de los mejores soldados de su ejército, su disciplina en el campo de batalla era reconocida aun por el mismo Mum-Ra, el recordaba haberle visto cuando apenas era un cachorro, antes de que sufriera el accidente por el cual perdió su ojo.

Se preguntaba porque a él parecía no respetarlo en lo absoluto, tal vez este era el mejor momento para resolver aquella duda. — Se que no le agrado a la mayoría…

Tygus arqueo una ceja al escuchar esas palabras. — Solicito permiso para hablar con sinceridad comandante.

Leo asintió comenzando a subir por unas escaleras que sabia daban a otra parte desocupada de la nave, la cual conectaba con las calderas y estas con el hangar. — Eres mi mejor capitán, así que habla con toda confianza.

¿Confianza? Aquella era una palabra que ya casi no se pronunciaba, no desde que Mum-Ra comenzaba a creer que se formaba una alianza en su contra. — No, muchos piensan que no deberías ser el comandante, es demasiado inexperto y no es tan fuerte, se preguntan porque Mum-Ra lo puso en este puesto.

Leo se detuvo por algunos segundos para continuar su camino, diciéndole a Tygus con molestia en su voz, sin esperar que el capitán de las fuerzas especiales de Mum-Ra pensara lo mismo que los otros, que se trataba de alguna clase de puta de su señor. — Podría enseñarte por qué me puso en este puesto, si tú quieres.

Tygus se rio entre dientes y le respondió casi como si estuviera retando al comandante a probarle lo contrario. — Eso se puede ver a simple vista comandante.

Las escaleras terminaban en una plataforma que tenía cuatro puentes de energía, dos de ellos estaban desactivados, el otro daba en dirección de un cuarto sellado y el último en dirección de las calderas. — Es extraño porque antes de tu accidente decían lo mismo de ti.

Tygus resistió la urgencia de llevar su mano a su rostro y cubrir la maquina que cubría una buena parte de este, siguiendo a su comandante con cautela, esperando que de un momento a otro el puente casi transparente de energía azul se derrumbara dejándolos caer de una altura que parecía imposible.

Haciendo que se preguntara cuanto tiempo llevaban transitando ese camino olvidado, escuchándose decirle a Leo con cierta sorna. — Yo porto esta marca con orgullo comandante, es parte de mi pasado y me recuerda los errores que no debo volver a cometer.

Leo al escuchar la molestia en la voz de Tygus le respondió tecleando algunos números en el panel que parecía estar desconectado. — Sí, espero que Mum-Ra haya agradecido tu perdida… aunque no lo creo ya no eres tan bonito.

El comandante ingreso en el cuarto que esperaba diera en dirección de las calderas para encontrar la misma clase de daño que sufre una estructura después de décadas de no ser transitada, escuchando como Tygus le decía al ver que la puerta estaba sellada por fuera y por dentro. — Parece que nos has hecho caminar por horas para llegar a la misma situación comandante y yo que pensaba que sabía lo que estaba haciendo.

Leo se dio la media vuelta y le respondió cruzando sus brazos delante de su pecho, seguro que no se había equivocado, que aquella sala tenía una forma de atravesar aquellos sellos antiguos en dirección de las áreas profundas de la nave. — ¿Quieres probar mis habilidades Tygus?

Tygus entrecerró el ojo que le quedaba apretando los dientes completamente furioso, respondiéndole con rabia contenida. — Aunque quisiera darte una lección comandante, no puedo, por lo del rango y todo eso.

Leo despejando algunos cabellos de su rostro le insistió. — Ya te dije que puedes hablar conmigo con toda confianza, es más, ignoremos los rangos momentáneamente, en este momento solo somos Tygus y Leo, a ver quién es el más fuerte.

Tygus estirando su cuello al mismo tiempo que se frotaba los puños le respondió al insoportable muchacho que se creía con la autoridad de insultarlo, que pensaba que con su pequeña masa muscular podría derrotarlo. — He querido ponerle un ojo morado a tu preciosa cara desde hace mucho tiempo Leo…

Leo al escuchar esas palabras le respondió tranquilo, estirándose de la misma forma que Tygus pensando en una forma rápida para inmovilizar al tigre de mayor tamaño y un tanto más de experiencia. — Yo también he querido dejar mi “marca” en ti Tygus.

Tygus al escuchar aquella respuesta de los labios del comandante no supo que pensar, si acaso se estaba burlando de él o realmente quería decir lo que implicaba, sin embargo, rechazando aquella idea le respondió. — Los niños siempre dicen muchas tonterías Leo.

Leo al escuchar la respuesta del comandante supo que lo había afectado suficiente, tal vez no se creía atractivo, pero lo era suficiente como para tener que ahuyentar algunos admiradores.

No era que él fuera feo, Leo también tenia que lidiar con esa clase de atención no deseada, sin embargo, para un hombre tan reservado como el capitán la mera idea debía ser ridícula, el vivía para su carrera militar, nada más que eso.

En ese momento ambos se miraban fijamente, caminando hacia la izquierda imitando los movimientos del otro, esperando el momento en el cual alguno de ellos hiciera el primer movimiento. — Vamos Leo, dices que quieres marcarme, solo inténtalo.

Leo con aquel comportamiento amable, esa tranquilidad que enervaba a Tygus le respondió esquivando el primer golpe que vino del capitán, quien a pesar de lo que muchos pudieran pensar era sumamente ágil. — No solo lo intentare Tygus.

Tygus logro propinarle varios golpes en el costado y después uno en el rostro, provocando que Leo retrocediera solo unos cuantos pasos, sintiendo que el sabor cobrizo de la sangre inundaba su boca.

Cada especie tenía un propósito en la nave de Mum-Ra, aun dentro de los felinos se dividían según tareas, las panteras eran grandes y fuertes, los linces tenían un sentido del oído sumamente desarrollado, los cheetah eran rápidos, los tigres eran agiles y los leones tenían todas las anteriores en un cuerpo compacto que a veces era engañoso.

Tygus al ver que Leo retrocedía varios pasos le pregunto dándole tiempo suficiente para recuperarse. — ¿Eso fue todo?

Leo respondió rugiendo, primero dándole una patada en el estomago que lo alejo varios pasos y después un puñetazo que lo derribo al suelo, con suficiente fuerza que habría logrado noquear a Shen. — No, apenas estamos empezando.

Tygus se levanto de un solo salto y esquivando un nuevo golpe de Leo, le propino un puñetazo en la espalda, doblándole el brazo para intentar inmovilizarlo.

Leo respondió dándole un cabezazo en la nariz, logrando que Tygus lo soltara al mismo tiempo que retrocedía sujetando su rostro sintiendo que algo de sangre manaba, agradeciendo como nunca que la maquina no era afectada por golpes como esos.

Tygus reacciono a tiempo para esquivar una patada y una serie de puñetazos, logrando colocarse detrás de la espalda de Leo para propinarle un codazo que lo derribo al suelo, el capitán esta vez no le daría una sola oportunidad de recuperarse.

Leo esperando que Tygus se acercara a el cuándo estuviera en el suelo lo sujeto del tobillo derribándolo.

De un momento a otro, el comandante estaba sobre él, sujetando su cuello por la espalda, inmovilizándolo con una llave que sabía era prácticamente inquebrantable, sin embargo, no se dejaría derrotar por un mocoso y comenzó a retorcerse escuchando como Leo le decía. — Puedo hacer esto todo el día…

Tygus sintiéndose humillado no permitiría que un mocoso lo avergonzara de aquella manera e intento liberarse, utilizando todos los trucos aprendidos en su larga carrera, sintiendo que Leo comenzaba a debilitarse, al igual que la tela de la cual estaba hecha su chaqueta.

Justo como lo hacia el piso en el que estaban, el cual, cuando por fin logro zafarse del impertinente comandante se venció, cayendo al piso inferior, uno sobre el otro.

Tygus al sentir el peso de Leo sobre su cuerpo se dio la media vuelta y lo empujo, descubriendo que parte de su uniforme estaba roto, probablemente donde el león lo había sujetado.

Leo se levanto inmediatamente al ver que habían ingresado en otro nivel de la nave de Mum-Ra, la cual tenía como se suponía que debía tener el piso superior una ventila lo suficiente grande para que ambos pudieran llegar al nivel de las calderas.

Tygus le pregunto dándole un puñetazo, marcando su ojo de color morado como esperaba hacerlo desde hacía mucho. — Pensé que podrías hacer esto todo el día.

Su combate se reanudo, cada uno daba tanto como recibía, utilizando sus habilidades y resistencia al límite, así como cualquier truco que conocieran, la agilidad de Tygus era su ventaja, la fuerza de Leo la suya.

Probablemente de no haber sido herido por la explosión que los encerró juntos en el submundo de la nave de Mum-Ra, Tygus podría resistir aun más, sin embargo, poco a poco comenzaba a perder terreno frente al ímpetu del comandante, su fuerza y fuego interno que lo hacían invencible, tal vez por eso el viejo costal de huesos lo eligió como su comandante.

Tygus se daba cuenta que las palabrerías eran solo eso, chismes de personas envidiosas que se rebajaban a ensuciar el nombre de un guerrero magnifico, que lo tenía acorralado contra una de las paredes, diciéndole. — Ya me dejaste una marca, ahora me toca la mía.

Tygus al escuchar esa amenaza le respondió de la única forma que pudo, una que jamás utilizaba puesto que jamás había sido derrotado, diciéndole al joven león. — Que falta de imaginación tienes si también quieres dejarme un ojo morado.

En ese momento Leo le miro fijamente de tal forma que sintió que un escalofrío le recorría la nuca al mismo tiempo que sentía que el león aplicaba mucha más fuerza en su agarre, preguntándose si tanto tiempo en compañía de Mum-Ra lograba que tu mirada se pareciera a la suya. — En eso te equivocas yo tengo mucha imaginación…

Debía estar loco si pensaba que le permitiría marcarlo de aquella manera e inmediatamente intento darle un rodillazo con toda la fuerza de la que constaba, tratando de alejarlo de su cuerpo.

No obstante Leo ya sabía lo que Tygus intentaría realizar y haciéndose a un lado sujeto una de sus muñecas, llevándola por encima de su cabeza al mismo tiempo que hacía lo mismo con la otra mano.

Su respiración comenzó a modificarse al sentir que Leo se posicionaba entre sus piernas obligándolo a flexionar un poco sus rodillas, dejándolo algunos centímetros más bajo de momento que el león.

Leo al escuchar que su respiración parecía agitada y el capitán parecía no saber cómo reaccionar le pregunto con cierta sorna. — ¿Solo el calentamiento de agoto Tygus?

Tygus al escuchar esa pregunta le gruño, mostrándole los dientes, intentando soltarse con ánimos renovados. — Estas enfermo…  

Leo al escuchar esa respuesta le dijo besando su cuello, oliendo su melena con dedicación. — No, no lo estoy.

Tygus gimió al sentir los labios de Leo sobre su cuello, había pasado tanto tiempo desde la última vez que dejo que alguien se acercara a el de aquella forma, comprendiendo cuando fue ascendido que las personas que llamaba amigos ya no lo eran.—Me gustas mucho y sé que yo también te gusto Tygus.

Tygus al sentir que las manos de Leo lo liberaban pensó por un momento en inmovilizar al comandante, pero sus manos casi como si se movieran con su propia voluntad fueron a enredarse en el cabello rojizo de la melena, tenía que saber si era tan suave como se la imaginaba.

Esa no era la respuesta que Leo estaba esperando, estaba preparado para continuar con ese enfrentamiento y separándose un poco del tigre abrió el cierre de su uniforme hasta su cintura diciéndole. — Ya ves que no lo estoy.

Tygus al escucharle reacciono al darse cuenta de lo que estaba permitiendo que el comandante hiciera con su cuerpo e inmediatamente sujeto sus manos diciéndole, como en una advertencia. — Detente comandante.

Leo al sentir que era inmovilizado suspiro diciéndole, sin tomarlo demasiado en serio, no cuando la mayor parte de las relaciones en el reino de Mum-Ra, mucho más entre su raza favorita se trataban de cierto control. — ¿Pensé que ya nos habíamos saltado esa parte?

Las relaciones en esa nave no eran parecidas a las de los cuentos de hadas, ni las de los libros, ni siquiera a las que mencionaban sus abuelos o cualquier afortunado que hubiera nacido libre del dominio de Mum-Ra, se trataban generalmente sobre control, quien era el que mandaba y quien el que seguía las ordenes del otro.

Leo odiaba esa clase de relación, sin embargo, no creía que el capitán Tygus aceptaría cualquier otra clase de cortejo, mucho menos conociendo el historial que portaba con cierto orgullo, el ultimo infeliz que intento acercarse a él termino con una contusión y su autoestima por los suelos.

Tygus le respondió apretando los dientes intentando darle un cabezazo a Leo, quien lo esquivo con gracia. — No he permanecido libre tanto tiempo para que un león llegue y me robe lo que he conseguido.

Leo le pregunto en ese momento sorprendido por la de otra forma falta de resistencia del tigre, soltándolo al darse cuenta que aquello se veía exactamente como la clase de relación que odiaba. — ¿Piensas que eso quiero?

Tygus le respondió sin moverse de su sitio, escuchando el sonido de la maquinaria al otro lado de la pared, enfocándose en algo para ignorar el deseo que sentía por el comandante. — Antes de mi accidente tenía que lidiar con muchos bastardos que creían que porque era más joven o más pequeño podían hacer conmigo lo que ellos querían, ese momento se ha terminado comandante.

Leo sabía lo que eso significaba, muchos felinos basaban sus relaciones en el poder, el no era uno de ellos y jamás había permitido que lo usaran de esa forma, ni el mismo Mum-Ra podría hacerlo aunque lo quisiera.

Probablemente Tygus pensaba de la misma forma, pero sus sentimientos eran reales, Tygus era el ejemplo a seguir durante su larga estadía en la academia, aquel icono que lo impulsaba a ser mejor, por eso le dolía que su héroe de juventud lo tratara con tanto desprecio solo porque era demasiado joven para ser un comandante. — ¿Si nuestros papeles estuvieran volteados capitán que es lo que harías tu?

Tygus pensó aquella pregunta por varios minutos, que haría si estuviera en el papel de Leo, sí el fuera el joven comandante que intentaba ganarse el respeto y los favores del capitán veterano que rechazaba cualquier intento de cortejo, que había despreciado a mujeres hermosas enfocándose en su carrera, roto algunas cuantas narices cuando los dueños de estas no entendieron que el no, significaba no.

Probablemente se sentiría intimidado, seguro que sería rechazado si intentaba alguna clase de acercamiento común, el cual venía siempre con los acostumbrados regalos y con la proclamación de sus intenciones.

Ese mero acto se habría ganado su desprecio y un ojo morado, así que tal vez Leo creyó que demostrándole que era un guerrero, que se había ganado ese puesto justo como él se gano su rango lo impresionaría.

Tygus debía admitir que él se busco esa pelea al decir lo que muchos decían a las espaldas del comandante, que dijeron  a sus espaldas cuando era mucho más joven, así que no podía decir que esa pelea fue un acto precedente a la declaración burda del comandante. — Te concedo eso.

Leo parecía que estaba a punto de hacer un puchero cuando no recibía su respuesta, al escucharlo decir aquellas palabras le pregunto sonriendo, sus ojos brillaban con cierta esperanza al igual que sus orejas parecían haberse movido solo un poco. — ¿En serio?

Tygus pasó una mano en su cabello respondiéndole al mismo tiempo, admirando la tenacidad del más joven al igual que su buen físico. — Yo haría lo mismo… si estuviera en tu lugar.

Aquella respuesta fue el equivalente a darle permiso al comandante puesto que de un momento a otro sus labios volvieron a pegarse a los suyos, sus manos intentaban recorrer la piel expuesta dentro de su uniforme.

Tygus por un momento pensó en lanzarlo lejos, no obstante, llevaba demasiado tiempo sin tener esa clase de placer físico, él no tenía amantes de ocasión, no era seguro en el régimen de Mum-Ra, nunca sabías cuando uno de esos desconocidos era un espía de su líder.

Leo debía estar en la misma posición por el hambre que mostraba en sus besos y caricias, el ligero ronroneo de satisfacción que pronunciaba sin pudor alguno.

Tygus respondía a los besos con la misma necesidad desabrochando los botones del uniforme del comandante, intentando memorizar con las puntas de las yemas de sus dedos la piel expuesta.

No tenían tiempo que perder, llevaban varios horas perdidos y para ese momento una partida de búsqueda debía estar intentando llegar a ellos utilizando los marcadores de actividad biométrica instalados en sus uniformes, en la maquina que portaba en su rostro.

Separándose apenas unos centímetros Leo se arrodillo frente a él y de un movimiento bajo sus pantalones, diciéndole con una sonrisa satisfecha, lujuriosa. — Parece que me tienes de rodillas.

Tygus le respondió recargándose de una superficie cercana, cerrando los ojos, permitiendo que las manos del comandante comenzaran a acariciar su sexo. — Los niños de ahora solo dicen tonterías…

Leo al escuchar esa respuesta le dio un lengüetazo acariciando sus testículos con ambas manos, intentando penetrar esa inquebrantable fachada, la que Tygus intentaba mantener aun en un momento como ese.

Tygus al sentir las manos expertas del comandante sobre su cuerpo y su lengua haciendo movimientos obscenos en varias culturas, dándole un placer que no sentía desde mucho tiempo atrás comenzó a perder un poco de su compostura.

Leo al ver que las rodillas del comandante comenzaban a flaquear incremento la rapidez y presión de sus caricias, rodeando su sexo con su boca, chupándolo al mismo tiempo que subía y bajaba su cabeza.

Tygus llevando una mano a su cabeza para poder sostenerse, cerrando los ojos con fuerza, entre abrió los labios y comenzó a gemir, declarando su placer a todos los vientos, o en ese caso para su comandante.

Leo al ver que Tygus cedía en su impenetrable coraza llevo las puntas de sus dedos a las nalgas del capitán, acariciándolas primero, el tigre al sentir ese movimiento abrió ligeramente los ojos mirándolo fijamente.

Por un momento pensó en que se negaría a recibirlo en su cuerpo, sin embargo, cerrando los ojos nuevamente, llevando su otra mano libre a su rostro abrió las piernas dándole permiso.

Leo aparto su mano de los testículos de su capitán y la llevo a su propia erección, la cual ya palpitaba deseosa de sentir a su amante, dándose placer a si mismo mientras que introducía tres dedos entre las nalgas del tigre.

Tygus gimió al sentir la intrusión, no era doloroso, más bien extraño, mucho más el hecho de permitirle a Leo tener tanto control en ese encuentro cuando nadie jamás lo había logrado.

Leo se masturbo viendo el rostro placentero de Tygus, escuchar sus gemidos apagados, y sentir como se acostumbraba a su mano con demasiada facilidad, casi como si estuviera hecho para él.

Tygus al ver que Leo se masturbaba aparto la mano del comandante de su cuerpo y se agacho, apartando la otra mano, remplazándola con la suya, diciéndole. — Permíteme.

Leo al ver la mano de Tygus rodear su sexo cerró los ojos sintiendo como el tigre besaba su cuello y pudo percibir que él también ronroneaba, un sonido casi imperceptible, pero estaba allí, provocado por él.

Leo sentía que estaba a punto de derramarse en la mano del capitán y apartándola de su cuerpo le dijo, con la voz entrecortada, recuperando el aliento. — No, no quiero terminar todavía.

Tygus relamiéndose los labios asintió, diciéndole. — No, eso sería una lástima.

Leo no entendió al principio de que hablaba el tigre, sin embargo, cuando el capitán se sentó sobre sus piernas se dio cuenta que había adivinado sus deseos, que estaba a punto de empalarse a sí mismo en su hombría.

Tygus no estaba seguro del porque estaba haciendo eso, Leo era mucho más joven, mucho más inexperto, mucho más pequeño, pero aun así se sentía bien.

Era casi natural y acomodándose sobre el cuerpo de su comandante comenzó a empalarse a sí mismo en su sexo, acostumbrándose a la intrusión, gimiendo con cada nuevo movimiento, sintiendo las manos de Leo posarse sobre sus caderas, escuchando los gemidos del comandante.

Los movimientos de Tygus eran lentos, suaves, como si lo estuviera provocando con ellos, lo harían a su modo y a su paso, lo que su capitán no entendía era que esa entrega no era cuestión de poder sino de afecto o confianza.

Dos sentimientos que deseaba ganarse a como diera lugar, que estaba seguro conseguiría con un poco de suerte, sólo era cuestión de que su capitán se diera cuenta que existía.

Leo sujeto las caderas de Tygus con ambas manos cuando sus movimientos comenzaron a ser cada vez más rápidos, dentro de poco ninguno se atrevía a silenciarse, entregándose al placer que sentía su cuerpo.

Los brazos de Tygus rodeaban los hombros de Leo, Leo sujetaba las caderas de su capitán con suficiente fuerza como para dejarle algunas marcas, justo como sus uñas lo hacían con la espalda del comandante.

Leo al estar próximo al orgasmo sintió un deseo irrefrenable por dejarle una marca al capitán, para que los demás supieran que era suyo, era un sentimiento primitivo, casi instintivo, tal vez proveniente de sus ancestros más remotos.

Un deseo que Leo no pudo contener y justo cuando se derramo en el interior del capitán sus dientes se clavaron en su hombro, dejándole una marca rojiza, escuchando como Tygus se quejaba y gemía al sentir sus dientes lacerando su piel, su semilla inundando su cuerpo, la suya derramándose entre ambos.

Por un momento sintieron que se pertenecían, que ambos se volvían uno solo, que la magia era real y los unía tan perfectamente como una pareja podía estarlo, aquel sentimiento era perfecto, llenándolos con una euforia que no se permitían en la nave de Mum-Ra, en donde no existía la esperanza.

Poco después se recostaron en el suelo cubierto de polvo, en medio de la oscuridad, recuperando la respiración, acostumbrándose al latido del corazón de su compañero.
 
El primero en moverse fue Tygus, quien ignoro la mordida de su hombro buscando su ropa, cuando salieran de allí tendría que bañarse y cambiar su uniforme por uno de las decenas que tenia colgando en su habitación.

Leo lo siguió sin encontrar palabra alguna, no podía dejarlo irse ahora que por fin tenía la oportunidad de ser parte de su vida.

Tygus le miro fijamente, con una expresión impenetrable, escuchando como al otro lado de la pared algo sonaba diferente, con su ojo mecánico pudo constatar que los habían encontrado. — Ya llegaron.

Fue lo único que dijo antes de que un escuadrón se abriera paso, una nube de humo al principio les evito ver con claridad, Tygus y Leo tosieron, cubriendo sus bocas con su mano derecha.

Cuando la nube se disipo pudieron ver que Mum-Ra en persona estaba con el escuadrón de rescate, quien los vio con esa mirada rojiza, como si sospechara que algo más había ocurrido en esa habitación.

Para su suerte el polvo del muro, el oxido de las tuberías y el indiscutible olor de una habitación cerrada por más de una década enmascaraban la fragancia de su unión.

Mum-Ra no dijo nada y se dio la media vuelta, obviamente esperando que lo siguieran, por un momento estuvieron solos en esa habitación y repentinamente Leo le dijo, besando sus labios cuando nadie los veía. — No te alejes.

Tygus no respondió a su petición, no pudo hacerlo, no era el momento de permitirse las comodidades de la confianza o las de un amante, en el régimen de Mum-Ra aquello solo significaban otras formas de hacerte obedecer.

Thundercats-Thundercats-Thundercats

Este es un regalo para mi querida amiga Ashura-Ou, quien cumplió años este mes y a quien le dedico el fic.

Espero que te guste.
Un encuentro fortuito en la nave de Mum-Ra lleva al capitán Tygus a ver a Leo con de una forma diferente…

http://pics.livejournal.com/yuriko_hime/pic/00003trc/s640x480 Esta es una ilustración inspirada en este fic del comandante Leo y el capitán Tygus de mí amiga Yuriki-Hime, que es una genial artista. http://yuriko-hime.livejournal.com/

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