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Lo que nunca te conté

Autor: nitta umiko

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Notas del fanfic:

Los personajes no son míos, pertenecen a su respectivo creador Masashi Kishimoto. 

 

Notas del capitulo:

Hola de nuevo!!!! 

Aqui vengo con el segundo fic, a mi parecer bastante lacrimógeno, pero pienso que con su toque esperanzador. Puede que un poco más centralizado en el aspecto sentimental. 

Sé que no he terminado el primero, pero tenía esta idea en la cabeza y no había manera de sacarla, así que decidí empezarlo antes de terminar el anterior. 

Espero que os guste. 

"No puedo creer que mis ojos no sientan dolor a pesar de la cegadora luz que desprende el foco bajo el que mi cuerpo está. Las lágrimas de Tsunade-sama me duelen en lo más profundo de mi corazón mientras la veo oprimir mi pecho una y otra vez. Pese al respirador al que estoy conectado mis pulmones no se llenan de ese oxígeno que ella prentende hacer entrar a la fuerza. Shizune por fin ha conseguido calmarla, quitarla de encima de mi cuerpo inerte en la camilla. Por fin puedo verme de frente. Mi cabello castaño esparcido por la almohada blanca, las gotas de sudor que han caído por mi rostro debido al esfuerzo de intentar que mi alma no abandonara mi cuerpo. Mi vientre abierto de lado a lado, aún a medio cerrar cuando mi corazón se paró. La sangre gotea por las inmaculadas sábanas blancas que cobijan mi cuerpo, formando pequeños charcos a ambos lados de la angosta cama. Esa hemorragia fue demasiado para mi. No pude soportarla. Al menos pude decirlo, mi amor. Pude decir que ese precioso niño que Sakura carga en sus brazos es tuyo. ¡Es tan hermoso!. Tiene tu mismo pelo plateado adornando su cabecita cómo una pequeña corona. Espero que herede tu fuerza, Kakashi."

 

Era cierto que el suelo frío y algo húmedo no era el mejor lugar para dormir, pero aún así tanto él cómo su equipo necesitaban un descanso. El peliplata se enderezó sentándose al tiempo que volvía a suspirar. Ocho meses. Era justo el tiempo que llevaba fuera de la villa, el tiempo que llevaban en aquella batalla contra Akatsuki y que parecía no tener final; el tiempo que no veía a su Iruka ni sabía nada él. Después de todo así lo eligió él mismo. No quería que perdiera la concentración en el campo de batalla ni por un segundo; por lo que no lo agobiaría con sus cartas aburridas diciéndole cómo era su día a día en las clases de la academia, ni sus tardes en la oficina de reportes. No quería que algo tan nimio le hiciera fallar. O que la añoranza lo volviera débil frente a un enemigo. Pero realmente lo odiaba. Odiaba no poder tumbarse junto al chunnin cada noche, y que éste le contara las nuevas travesuras que los pequeños habían ideado para enojarlo o saltarse las clases. Añoraba llegar de una misión y ver esa sonrojada sonrisa en la cara del castaño al entregar su informe, siempre lleno de errores para poder robarle unos segundos antes de su recibimiento oficial en la noche. Sólo quería volver y estar con él, nada más. Aquella guerra no podría impedir volver a tener a su chunnin entre sus brazos, completamente a su merced. Volvería para que le regalara esa paz que sólo él sabía darle.
Se levantó pesadamente y salió de la improvisada tienda que Naruto, Neji y él habían preparado atando una lona a cuatro árboles para poder guarecerse de la lluvia que hacía rato había dejado de caer con fuerza. Hacía frío, y el aire era pesado, más de lo habitual, pero aún así, necesitaba un segundo a solas. Sólo un momento en el que cerrar los ojos e imaginar que su Iruka estaba con él, abrazándolo, besándolo o incluso diciéndole que la cena no era el mejor momento para sus perversiones. Una sonrisa de dibujó el los pálidos labios de Kakashi. Sí, echaba de menos esos momentos.
Un calor se instaló en sus labios haciendo que un extraño escalofrío recorriera su cuerpo. Su corazón se aceleró; aquella sensación no le gustó. Le era demasiado familiar cómo para que fuera una buena señal.
—¡¡Eh, Kakashi-sensei!!.— La voz de Naruto le obligó a voltear el rostro. El sol comenzaba a salir. —Tenemos que ponernos en marcha.— Kakashi se acercó de nuevo hasta ellos, algo sorprendido por la predisposición del joven rubio a levantarse tan temprano.
—¿Tienes prisa, Naruto?.— Inquirió divertido, con una sonrisa bajo la tela oscura que cubría su rostro.
—Si queremos llegar a tiempo al campamento no tenemos tiempo que perder durmiendo.— Aquella respuesta por parte del Uzumaki le pareció divertida a la par que extraña, ya que ni siquiera Neji se había levantado aún.
Tardaron poco en recoger la improvisada acampada y ponerse nuevamente en marcha con la luz del alba cada vez brillando con más fuerza. El camino hasta el campamento central transcurrió en un completo y aplastante silencio. Era obvio que ninguno tuviera ganas de hablar. El cansancio que tenían pesaba demasiado, y sólo podían pensar en llegar y tomarse un merecido día de descanso antes de volver a enfrentar el combate.
—Podéis retiraros, chicos, yo me ocuparé de informar.— Se ofreció el peliplata al ver el agotamiento en los dos jóvenes ninjas. Los dos se alejaron rápidamente del mayor mientras éste se encaminaba hasta la pequeña cabaña que utilizaban para contactar con los centros de mando de las cinco naciones ninjas. Un hombre alto ataviado con un traje de ambu se puso en pie nada más verle entrar completamente cansado y retirando la máscara blanca y roja que cubría su rostro.
—No entiendo para que utilizas las máscara, Kakashi. Si ya con esa tela no habría quien te reconociera.— Rió el hombre acercándose a él con un rollo diminuto en su mano derecha.
—La gente que me conozca no tarda en reconocerme al llevar siempre el rostro cubierto, ¿no crees, Asuma?.— Contestó con una sonrisa.
—Ha llegado esto para tí. Es de la maestra Hokage; quiere que vuelvas a Konoha de inmediato.— Le dijo el ninja entregándole el rollo algo más serio.
—¿Por qué?.— Inquirió le peliplata notando una extraña desazón recorrer sus entrañas.
—No lo ha dicho, sólo quiere que vuelvas; no sabemos nada más.— Le dijo viendo cómo su compañero examinaba las pocas palabras escritas en aquel rollo. Kakashi frunció el ceño algo molesto por la falta de información que recibía en aquella escasa nota. Pensó rápidamente cual podría ser el motivo por el cual se requería su presencia a la mayor brevedad posible, temiendo que algo grave hubiese ocurrido en la aldea.
—¿Cuando quieren que parta?.— Preguntó Kakashi alzando la vista y enrollando de nuevo el papel.
—Ahora mismo.— Contestó Asuma. —Hay un grupo de cuatro anbu esperándote.— Añadió saliendo de la pequeña cabaña y llevando al peliplata hacia el lugar donde cuatro chicos jóvenes esperaban sentados en el suelo con todo listo para el viaje.
—Avisaré a Naruto de mi marcha.— Terció el peliplata.
—Dile mejor que recoja sus cosas, Tsunade-sama también le ha llamado a él.— Kakashi miró a Asuma con el único ojo visible cada vez más extrañado. —Kakashi, no sé que es lo que está pasando, pero nos han dicho que era sumamente urgente. No pierdas mucho tiempo y poneros en marcha ya.— Agregó dándose la vuelta y marchándose.

 

— Ocho meses atrás —


Iruka esperaba sentado en la silla que había enfrente del escritorio de la consulta. Su vista deambulaba por todos y cada uno de los rincones de la estancia al a espera de que su amiga llegara con los resultados de sus pruebas; aquellas que se había hecho para que de una vez por todas Izumo le dejara trabajar tranquilo por las tardes en la oficina de reportes. Era cierto que llevaba una semana bastante cansado. Los mareos se hacía cada vez más frecuentes y el sueño le vencía cada vez con más facilidad; sin contar con las nauseas que sentía todas las mañanas nada más oler el desayuno. Le había repetido una y otra vez a su compañero de oficina que se encontraba bien, pero algo cansado. Lo cierto es que con el comienzo de la tercera guerra ninja no había demasiado tiempo para descansar y la mayor parte del tiempo la pasaba trabajando, además de que en las noches tampoco podía descansar debidamente. Kakashi apenas le permitía dormir cuatro o cinco horas cada noche cómo máximo, pero eso era algo que nadie debía saber. Una de las condiciones que le puso al peliplata nada más acceder a su petición de formalizarse cómo pareja era que nadie debía saberlo y sobre todo, nada de muestras afectivas en público. No quería que nadie supiera de su relación con el peliplata hasta que realmente fuera estable. La puerta se abrió haciendo que el chunnin diera un pequeño salto en su asiento. Ensimismado cómo estaba esa mañana, no se había percatado de que Shizune acababa de entrar en la consulta de blancas paredes y cortinas azul claro.
—¿Y bien?.— Preguntó mirando a la ninja médico. Shizune le dedicó una cándida sonrisa sentándose en la silla libre que había junto a él, poniendo un sobre blanco sobre la mesa y tomando sus manos.
—Iruka, estas embarazado.— Respondió la mujer mirándole directamente a los ojos. El castaño alzó las cejas incrédulo.
—Creo que te has equivocado de resultados, Shizune. Soy un hombre, es imposible que esté embarazado.— Contestó divertido.
—Verás, esto no es algo que ocurra todos los días, y los casos están contados; pero no cabe duda alguna de que esperas un hijo.— Explicó la joven sin perder la calma. No estaba segura de cómo su amigo iba a asimilar la noticia, pero sabía que con Iruka era mejor no andarse por las ramas e ir directamente al grano. —Estás sólo de un mes, por eso estás tan cansado y tienes mareos y nauseas. Procura descansar más y mantener una dieta algo más ligera.— Añadió cogiendo de nueva cuenta el sobre y entregándoselo al castaño. Iruka lo abrió lentamente. Sus manos temblaban mientras sacaba la hoja de papel impresa de su interior. Su nombre estaba escrito en la esquina superior izquierda. Sus ojos se posaron rápidamente en uno de los renglones del centro del papel. No cabía duda de que eran sus resultados y decían bien claro que estaba realmente embarazado. Su rostro moreno palideció. —¿Estás bien?.— Preguntó la joven algo asustada al ver la reacción del castaño.
—¿Eh?. S... sí.— Contestó guardando nuevamente el informe en el sobre.
—Si no entraba en tus planes tener un bebé hay formas de arreglarlo, Iruka.— Sugirió la chica algo preocupada.
—Yo...—
—No te precipites.— Interrumpió Shizune. —Todavía tienes tiempo de pensarlo; pero no tardes mucho, puede ser peligroso para ti también si esperas demasiado— Iruka se levantó de la silla dispuesto a marcharse. —Por cierto, Iruka.— Llamó Shizune antes de que el joven abandonara la sala. —¿De quién es?.— Preguntó a la espalda del castaño. Iruka ni siquiera se giró, saliendo rápidamente de la consulta sin contestar a la pregunta de la morena.
Una extraña mezcla de miedo y emoción se extendió desde su corazón a todo su cuerpo. ¿Cómo podía estar embarazado?. El sol baño su rostro saliendo del hospital de la villa. No tenía tiempo de pensar ahora en eso. Se dirigió directamente a la academia con una sutil sonrisa dibujada en su rostro y los ojos brillantes. Esa misma noche hablaría con Kakashi. Tenía que decírselo; decirle que esperaba un hijo suyo y que no iba a renunciar a tenerlo. No entendía cómo Shizune podría haberlo sugerido siquiera.


El día pasó demasiado rápido para el joven chunnin, pero a la vez demasiado lento. No entendía ni su estado de ánimo. Era frustrante estar feliz y asustado al mismo tiempo. El torrente de emociones que le invadía era demasiado fuerte y cambiante cómo para poder explicarlo. Una extraña calma se instauró en su pecho al escuchar el débil tintineo de unas llaves. La voz de Kakashi desde la entrada le hizo sonreír mientras salía de la cocina donde preparaba la cena para los dos. El peliplata se acercó a él con un semblante demasiado serio. Era obvio que estaba preocupado por algo. El chunnin amplió su sonrisa antes de bajar la tela negra que cubría los labios de jounin y besarlos tiernamente.
—¿Te encuentras mejor hoy?.— Preguntó Kakashi acariciando la mejilla de su chico. El chunnin asintió algo nervioso antes de rodear el cuello del jounin y abrazarle con fuerza. —¿Seguro que estás bien?.— Preguntó divertido mientras le devolvía el abrazo.
—Sí, aunque hay algo que debo decirte.— Susurró a su oído incapaz de separarse del cálido abrazo del mayor.
—Sí, bueno.. yo también quería hablar contigo.— Dijo forzándose a no sonar demasiado melancólico. A pesar de sus esfuerzos, aquellas palabras consiguieron inquietar al castaño, el cual se separó mirándole a los ojos.
—¿Que ocurre?.— Preguntó preocupado al ver aquella triste mirada en los ojos desiguales del peliplata.
—Ven, vamos a sentarnos.— Pidió tomando la mano del menor hasta llevarle al sofá del salón. —Iruka, la Hokage me envía al frente.— Dijo calmadamente. La boca de Iruka se entrevió, tratando de hacer que las palabras salieran de sus labios sin conseguirlo.
—¿Cuando?.— Preguntó finalmente tratando de contener las lágrimas.
—Mañana por la mañana, Iruka.— Respondió mientras evitaba que la primera lágrima resbalara por la mejilla del joven castaño. Iruka se apartó ligeramente tomando una bocanada de aire.
—¿Por que no me lo dijiste antes?.— Preguntó algo molesto.
—Porque no lo sabía, cariño. Me lo han notificado esta misma tarde.— Explicó con tranquilidad mientras volvía a acercarse al chunnin tomando su rostro entre las manos. —Será sólo un año, Iruka. Un año y volveré aquí contigo.— Añadió antes de besarle fogosamente. Iruka se separó de los labios del peliplata pasados apenas unos segundos, levantándose del sofá y volviendo a la cocina.
—¿Tienes hambre?.— Preguntó aparentando total normalidad. Kakashi se levantó del sofá caminando hasta donde se encontraba el chunnin y quitándole los cuencos que había cogido para servir la comida.
—Iruka, lo siento.— Susurró apretando con fuerza sus manos.
—No puedes hacer nada, Kakashi. Si Tsunade-sama te lo ha ordenado tienes que ir.— Respondió manteniendo la compostura.
—¿Qué te han dicho en el hospital?.— Inquirió el jounin tratando de cambiar de tema antes de que su chico no pudiera soportar más aquella situación.
—¿Qué?.—
—Fuiste al médico hoy, ¿verdad?.— Volvió a preguntar mirándole a los ojos.
—Ahm.. sí.— Contestó Iruka desviando la mirada. —Ha dicho que estoy bien. Sólo que necesito descansar un poco más.— Kakashi esbozó una sonrisa acariciando el cabello del menor.
—En ese caso vámonos a descansar.— Sugirió enterrando las manos en la nuca del chunnin y juntando sus labios.
Iruka no fue capaz de resistirse; no esta vez. No tenía tiempo para discutirle nada. Sabía que no habría despedida; no por parte del peliplata. Sería como él había pedido siempre, total y absoluta discreción. Kakashi se iría pocos minutos antes de que saliera el sol; el tiempo justo para llegar a su casa al alba y que todos le vieran salir de ella cómo si nada hubiese pasado.
Kakashi conocía de sobra el camino hasta el dormitorio del chunnin, el cual se veía arrastrado por el vigoroso cuerpo del mayor mientras acariciaba frenéticamente su cuerpo canela, arrancando su ropa desesperado; dejándola esparcida cómo una estela de su pasión abriéndose paso hasta el lugar en la que siempre moría. Aquel lecho llevaba más de un año cobijando la melodía amorosa de dos amantes incapaces de decir al mundo lo que hacía arder sus corazones.
Le escuchaba jadear junto a su oído, sintiendo el calor de su aliento en su cuello mientras su nombre salía de sus labios en un excitado susurro. El peso del cuerpo de su jounin sobre el suyo tumbado boca abajo sobre el futón, sus manos recorriendo su cuerpo sin detener el movimiento de sus caderas, cada vez más profundo, más fuerte, más desesperado. Un nudo se formó en su garganta antes de hundir el rostro en la almohada. Dolía; pero no físicamente. Dolía sentir cómo atravesaba su alma con cada una de sus caricias. Cómo podía desnudarlo completamente con sólo una palabra de sus labios. Dolía no poder compartir la felicidad que había crecido en su interior como un río embravecido desde aquella mañana. Las lágrimas caían rápidamente muriendo el la sábana clara que cubría la almohada, ahogando sus sollozos mientras la mordía con fuerza tratando de ahogar su frustración. Las manos del peliplata acariciaron sus brazos, obligándole delicadamente a soltar aquella blanca superficie, entrelazando sus manos mientras se tumbaba sobre la espalda del castaño. Iruka estaba seguro de que se había dado cuenta. Su movimiento se había detenido, volviéndose lento y suave mientras besaba su cuello.
No le forzaría a mirarle. No estaba seguro de poder aguantar una mirada tan triste por parte de su chunnin en ese momento, pero necesitaba reflejarse es aquellos preciosos ojos café. Sus manos apretaban con fuerza las del joven, moviéndose lentamente mientras lamía su cuello con dedicación. Un suspiro entrecortado del cuerpo que estaba bajo el suyo le hizo detenerse por completo. Su brazo rodeó el pecho del chunnin sin soltar un sólo instante su mano.
—Te quiero.— Susurró tiernamente antes de besar su húmeda mejilla para después abrazarle fuertemente. Iruka apretó los labios tragando duramente con la esperanza de que todo aquel dolor desapareciera con aquel gesto. —Iruka.— Llamó en voz baja acariciando el rostro del joven castaño, en un intento para que éste le mirara. El castaño ladeó ligeramente el rostro, apenas lo justo para poder mirarle de reojo. —Te quiero.— Volvió a repetir alzando ligeramente el tono.
Un fuerte impulso en su corazón le gritaba silenciosamente, mientras un ardor en la boca del estómago le impedía pronunciar palabra. Aquella lucha interna por contarle lo que en principio sería una noticia feliz se hacía cada vez más fuerte, incapaz de escuchar con claridad las razones que su mente y su corazón le daban. Sus gritos internos eran demasiado fuertes para poder entender nada de lo que se decía en aquella discusión. Su cuerpo se giró rodeando el cuello del peliplata y abrazándole con fuerza mientras las lágrimas caían. Sabía que le haría feliz, que sería cómo una nueva brisa para el jounin. No tendría que seguir ocultando su relación con él, pero no era el momento de decir nada. Sus ojos se cerraron poco a poco envuelto en el aroma del peliplata. El cansancio le vencía y no podía hacer nada para evitarlo, ni siquiera las ganas de pasar su última noche en vela junto a Kakashi.


Cómo cada mañana un dulce beso en sus labios le sacaba de sus sueños. Vió el cuerpo de Kakashi salir de la habitación, ya listo para salir. Esta vez no fue capaz de quedarse en el futón. Se levantó poniéndose un yukata oscuro, siguiendo los pasos del mayor.
El peliplata estaba de pie junto a la mesa del salón. No se había fijado la noche anterior en aquel sobre blanco que había sobre la madera barnizada. Lo tomó en sus manos al ver el membrete distintivo del hospital de la hoja. Antes de que pudiera abrir la solapa una mano se posó en la suya.
—Ya te he dicho que está todo bien, Kakashi.— Terció sonriéndole gentilmente. —Además, tienes cosas más importantes por las que preocuparte.— Agregó quitándole el sobre con sutileza sin borrar su sonrisa, llevándoselo lejos de su alcance.
—Me pondré en contacto contigo en cuanto pueda.— Le dijo el peliplata siguiéndole con la mirada. Iruka suspiró.
—No lo hagas, cariño; por que no voy a responderte.— Contestó con firmeza dejando el sobre en la parte superior de la estantería que había en la sala. —No quiero que pienses en otra cosa que no sea tu cometido.— Añadió volviendo a acercarse al mayor.
—¿Quieres decir que no voy a tener una sola noticia tuya en todo un año, Iruka?.— Preguntó algo afligido.
—Exactamente eso, Kakashi. Cuando vuelvas tendremos tiempo de ponernos al día de todo— Respondió convencido. —Márchate ya o llegarás tarde otra vez.— Añadió con una triste sonrisa antes juntar sus labios con un ligero roce y darle la espalda.
—Iruka, una cosa.— Terció el peliplata haciendo que el chunnin detuviera sus pasos hacia el cuarto de baño, el cual desprendía cierta condensación de agua y un sutil aroma a jabón, seguramente provocado por el jounin. —¿Qué era lo que tenías que contarme?.— Preguntó recordando las palabras del chunnin de la noche anterior. Iruka volteó el rostro.
—Si quieres saberlo tendrás que volver a la villa en un año.— Contestó mirándole a los ojos con una mezcla de esperanza y agonía. —Cuando vuelvas ven directamente aquí.— Pidió antes de volver a darle la espalda al peliplata. Kakashi le vió entrar en el cuarto de baño antes de marcharse de la casa. O lo hacía en ese momento o sabía que no podría marcharse mientras le tuviera en frente.


*************


Kakashi apenas se había detenido el tiempo justo para comer y descansar. Las ansias por llegar a Konoha crecían a cada paso que daba, sabiendo que cada uno de ellos lo acercaría más hasta su hogar. Sabía que la Hokage lo reclamaba con urgencia, pero antes tenía algo que hacer; pasar por casa de Iruka. Llevaban más de dos semana de viaje y se le estaban haciendo más largas que los ocho meses que llevaba fuera de la villa de la hoja. Este sería el último día que pasaría entre la maleza. Si seguían con aquel ritmo podrían llegar pasada la media noche. Saber que menos de veinticuatro horas le separaban de Iruka hacía que las horas pasaran demasiado lentas. Escuchaba cómo Naruto se deleitaba a sí mismo pensando en cuantos cuencos de ramen diferente pediría nada más llegar. Sólo esos comentarios banales y absurdos le hacían salir de su concentración y esbozar algo similar a una sonrisa. Su ingenuidad seguía siendo la misma que el primer día por mucho tiempo que hubiera pasado. En parte le gustaba aquella forma que Naruto tenía disfrutar de cosas tan tontas cómo un tazón de ramen del Ichiraku. Parte de esa inocencia estaba seguro que la había aprendido de su Iruka. Le agradaba tener cerca a Naruto, el cual había adquirido y asimilado cómo suyas ciertas actitudes y facetas de su sensei. No podía ser mejor modelo para los jóvenes ninjas a los que enseñaba en la academia.

Serían cerca de las tres de la madrugada, pero aún así estaba dispuesto a cumplir con la petición del chunnin. Se paró en su puerta pensando en si llamar o no, ya que estaba seguro de que Iruka estaría durmiendo a esas horas. Quería despertarlo, pero no de una forma tan fría cómo esa, llamando a la puerta. Tenía un juego de llaves en su casa, justo encima de la mesita de noche, pero no quería esperar más tiempo. Subió al tejado en busca de la ventana que daba a la habitación del castaño. Esta abierta. Iruka siempre dejaba abierta la ventana de su cuarto cuando él salía de misión y lo sabía. Se aventuró al interior de la casa descubriendo su rostro. Miró con detenimiento la habitación. Las sábanas estaban revueltas sobre el futón, pero no había rastro alguno del chunnin en el cuarto.
—¿Iruka?.— Llamó mientras se acercaba hasta la puerta, encendiendo la luz de la habitación. Al no obtener respuesta bajó hasta el primer piso. Una fina capa de polvo recubría los muebles de la casa. Pareciera que llevara varios días deshabitada, pero todas las cosas del castaño estaban allí. Kakashi se extraño; no era propio de Iruka descuidar la casa. La luz de la luna iluminaba la estantería que había en el fondo, haciendo que algo blanquecino resaltara entre los libros. Se acercó hasta la estantería tomando un sobre blanco. Era el mismo sobre que Iruka le había quitado de las manos, y por lo que parecía no lo había tocado desde ese día.
La hojas de papel cayeron al suelo mientras sus aceleradas pisadas resonaban en la estancia. Corrió hasta la torre Hokage con el corazón el un puño. Intuía que Iruka era la razón por la que Naruto y él habían sido llamados por la maestra Hokage. Irrumpió atropelladamente en el despacho, donde Tsunade estaba reunida con el Uzumaki. Las lágrimas del rubio hicieron que su corazón se encogiera aún más.
—Kakashi, tenemos que hablar.— Terció la rubia con tristeza poniéndose en pie y caminando hasta él.
—¿Donde está Iruka?.— Inquirió desesperado sin poder contener más tiempo esa pregunta en su interior.
—Verás Kakashi. Fue un parto complicado, el bebé tenía el cordón alrededor del cuello y se estaba ahogando. Hicimos todo lo que pudimos, pero....— Comenzó a decir la mujer con calma.
—¿Qué bebé, Tsunade-sama?. ¿Qué está pasando?.— Interrumpió el jounin incapaz de asimilar las palabras que salían de los labios de la rubia.
—¿No sabías que Iruka esperaba un hijo tuyo?.— Inquirió Tsunade confusa. Kakashi negó con la cabeza. —Kakashi, Iruka falleció al dar a luz hace dieciséis días.—
—Quiero verle.— Esas dos únicas palabras son las únicas que pudo pronunciar, sonando aún irreales a sus oídos, al igual que todo lo que Tsunade le había contado.
—Esta en la maternidad del hospital, Kakashi.— Le dijo la mujer con una débil sonrisa.
—No.— Negó el jounin. —Quiero ver a Iruka.— Exigió con determinación. No podía asumirlo, no sin comprobar que realmente su chunnin no lo recibiría cómo siempre hacía después de un largo viaje, no sin saber que aquella dulce sonrisa no volvería darle la bienvenida.
—Kakashi, no puedes ver a Iruka; ya lo hemos enterrado.— Aclaró la rubia sintiendo una punzada en su pecho. Una extraña rabia se apoderó del peliplata. No sólo se vería privado de su chunnin, sin que ni siquiera podría despedirse de él.
—¡¿Cómo no habéis esperado a que yo llegara?!.— Gritó enfurecido mirando con odio a la Godaime. —Es mi novio y no habéis sido capaces de esperar que yo pudiera verle antes de llevároslo para siempre.—
—No sabíamos que eráis pareja, Kakashi.— Interrumpió la mujer con seriedad deteniendo las coléricas palabras del peliplata. —Sólo nos dijo que era hijo tuyo, Kakashi. Nunca nos comentó nada de lo vuestro. Por eso te he llamado.—
—¿Para qué?.— Inquirió completamente frustrado.
—Porque es tu hijo y tienes que hacerte cargo de él.— Sentenció la rubia intentando ser lo más concisa y clara posible ante lo que sabía que suponía un shock para el jounin.
Tsunade continuó hablando; palabras huecas y vacías que el peliplata ni siquiera podía escuchar. La siguió por los pasillos de la torre en un absoluto silencio. Sus pies le llevaban tras los pasos de la Hokage por inercia, recorriendo las calles de la villa hasta llegar al hospital. Mentalmente contaba los pisos que iban subiendo uno por uno. Al llegar al cuarto tomaron un largo pasillo, deteniéndose frente a una gran vidriera de cristal.
—Ese es tu hijo, Kakashi.— La mirada de Kakashi se posó en aquel cristal. En medio de al menos una docena de cunitas de plástico transparente se encontraba un pequeño niño de piel canela y una abundante pelusa plateada en la cabeza. El bebé dormía plácidamente, con los pequeños puñitos cerrados a la altura de su rostro, envuelto en sabanitas blancas con dibujos de ositos azules y malvas. —Mañana por la mañana podrás llevártelo a casa y te pondremos al día de las revisiones y las vacunas. Intenta descansar esta noche.— Añadió antes de dejar sólo al jounin. Kakashi se quedó mirando al pequeño unos instantes antes de salir corriendo del hospital.

Notas finales:

Buneo, hasta aquí el primer capitulo. No estoy segura de cuantos tendrá, pero no serán muchos. 

Gracias a todos por leer y para cualquier consejo, sugerencia, o en fin, lo que queráis podéis dejar un review. 

Besitos 

Nitta Umiko. 

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