Título Drive
Capítulo III Game Over
Autor Tony Trinket
Matt se recostó en su cama, cigarro en la boca y videojuego en mano. Como de costumbre. Era su día libre: martes.
Ayer había resultado un buen comienzo como “primer día de trabajo”; la paga no era mala, cobraba lo mismo que los taxis más caros, y encima el costo de la gasolina corría por parte de la familia de su cliente, lo cual era bastante beneficioso. Beyond había resultado ser una persona divertida, a su extraña y molesta manera. Pero había logrado sacarle una que otra risa y muchas más sonrisas de las que admitiría. Además, era bastante atractivo a decir verdad. No es como si fuese de vital importancia en un trabajo, pero si eran cuarenta minutos de viaje prefería hacerlos con alguien agradable a la vista.
Sin embargo, había algo que comenzaba a molestarle, y era el hecho de no poder recordar de donde carajo conocía a Beyond. Estaba seguro de que lo hacía de algún lado, el mismo Beyond había dicho que su rostro le parecía conocido. Se exprimió la cabeza, pero apenas podía visualizar su rostro bajo otras luces, literalmente; quizás algún bar…
Sacó el cigarro de su boca con una mano, mientras con la otra maniobraba para continuar con su juego. Dio unos golpecitos, dejando las cenizas caer sobre un recipiente, distraídamente. Luego lo ubicó nuevamente entre sus labios.
No es que fuese seguido a bares, cuando lo hacía era con Mihael –frunció un poco el ceño ante el recuerdo-, y luego de que terminaron había ido menos de cinco veces. En todas había acabado ebrio como una cuba, llegando a su casa de pura suerte. La primera vez una chica amablemente lo llevó, inicialmente acercándose a coquetear con él pero acabando enterándose de todos los dramas del pelirrojo. Las otras no las recordaba bien (en una sabía que había dejado el auto en el bar y había vuelto tambaleándose por las calles), ni siquiera la última, que había sido hacía unas semanas, tres más o menos. Esa vez alguien lo había traído, un hombre, probablemente habían…
Sus ojos se abrieron súbitamente. El juego se puso en negro y apareció escrito en letras verdes “game over”. El cigarro cayó de su boca.
¡Había tenido sexo con Beyond!
El incesante sonido de la alarma hizo que los ojos de Beyond se entreabrieran de golpe. Gruñó cuando vio la hora, no podía quedarse ni cinco minutos más acostado. Era la 1:15, tenía solo quince minutos para bañarse, cambiarse y guardar sus cosas. Matt iría a buscarlo 1:30.
Con un suspiro se levantó, anoche se había quedado hasta tarde haciendo la mayor cantidad de deberes que podía. Cuando pasó frente a un espejo cercano a su cama, observó su reflejo; sus ojos estaban irritados, su cabello más despeinado de lo usual, y tenía grandes bolsas sobre sus mejillas.
Con horror notó que se parecía mucho a su hermano.
Murmurando cosas por lo bajo caminó hacia el baño, una vez allí tomó una ducha rápida que no le llevó más de siete minutos. Al acabar tomó el primer par de jeans que vio y una remera negra de mangas cortas con el logo de una banda californiana que se había presentado hacía unos meses en Mission Bay, la ciudad junto a Pacific Beach. Él había asistido al concierto, siendo de las pocas veces que permanecía en un lugar con demasiada gente por voluntad propia.
Guardó libros y cuadernos que necesitaría ese día, miró su reloj de muñeca para ver que ya era la 1:25. Rápidamente buscó algo que comer en su refrigerador, que dicho sea de paso estaba bastante vacio a excepción de algunas cervezas, leche, un pote de mermelada y un poco de queso. Tomó lo que quedaba de mermelada sin pensarlo demasiado y se lo comió velozmente apoyado en la mesada de donde había sacado una cuchara. Justo cuando estaba dejando las cosas en el lavabo, escuchó el pitido de un auto fuera de su casa, vio por la ventana y efectivamente se trataba de Mail.
Poniéndose la mochila en el hombro izquierdo, salió.
El pelirrojo se encontraba dentro del auto, concentrado en algo, puesto que ni siquiera lo miraba. Entró en la parte del copiloto, ahora mirando directamente a su chofer.
--Hola.
--Hmh --respondió el de ojos verdes sin mirarlo. Estaba con un videojuego en sus manos, apretando con fuerza y rapidez las teclas.
--Entonces es así como calmas tu ansiedad…
Matt no lo miró cuando respondió, nuevamente.
-- ¿Qué ansiedad? ¿De qué hablas? --perdió, game over, chasqueando la lengua y frunciendo el ceño. Suspiró y dirigió al fin su mirada a su acompañante-- ¿Vamos?
--No sé, dime tú, ¿ya has acabado de masacrar zombies?
--Al menos por una media hora… --contestó, dirigiéndole una sonrisa ladina. Encendió el auto y arrancó.
Condujeron un rato en silencio. No era incomodo, ni mucho menos. A decir verdad, era bastante tranquilo. Pero la tranquilidad no es algo que le gustase a Beyond, al menos no en ese momento y menos con esa persona; Matt, a quien había encontrado como su nuevo objetivo de molestias.
-- Cáncer a los ¿qué? ¿Treinta años? --dijo de pronto.
-- ¿Ah?
-- ¿Planeas tener cáncer a los treinta? --el otro desvió la mirada de la calle por un segundo para observar a su acompañante, el chico de ojos rojos, con el ceño fruncido en confusión--. Digo, por la manera en que fumas…
--No estoy fumando ahora --chaqueó la lengua. Beyond notó que ese gesto era común en el otro.
--Hueles a tabaco --se recostó en su asiento--. El auto por completo huele a tabaco.
--Hola, sí, me llamo Matt. Soy fumador compulsivo, un gusto, moriré a los veinticinco --bufó-- ¿Contento?
--Vaya, le bajaste el numero, ¿te siente con suerte? --el otro sonrió de medio lado.
--Si suerte llamas a tener esperanza de vida para dos años más…
--Entonces tienes 23 --lo observó un momento, pensando con que molestarlo a continuación--. Y dime, Mail, ¿cómo decides que tu vocación es conducir autos?
El pelirrojo se preguntó si acaso el otro nunca paraba de molestar a la gente. Parecía alguna clase de hobbie, un pasatiempo.
--Conducir autos siempre me gustó. --dijo, con un leve encogimiento de hombros.
Estaban entrando a la carretera.
-- ¿Y así acabas convirtiéndote en chofer?
--Verás, cuando te mudas a California persiguiendo el sueño de tu pareja y viven de ello por unos siete años, al terminar, siendo que ésta era la principal fuente de ingresos, decides que debes hacer algo con tu vida antes de que te obliguen a hipotecar la casa en donde te abandonaron y morir de hambre.
Lo dijo de golpe, un poco harto del constante pinchar de Beyond. En cuando acabó de pronunciar la “e” de “hambre”, se arrepintió. No debería decir las cosas así como así. Apenas conocía a el otro de dos días (bueno, unos cuantos más si contaba con… Se estremeció) y ya estaba soltando todas las mierdas que le aquejaban.
--Wow --y soltó una risa--, directo, ¿eh? Me agrada.
--Yo no quise…
--No, no, déjalo --se acomodó en su asiento-- Entonces… ¿Tu novia te dejó y se fue con otro?
Matt frunció el ceño y se maldijo mentalmente por ser de lengua floja.
--Novio. Y sí, se fue con otro.
--Ah, entonces te van los tipos --chasqueó la lengua-- Pensé que solo eras muy amable y por eso no miraste mal a mi hermano y su esposo.
Ignorando lo personal (pero aun así despreocupado) que se había vuelto la conversación, Matt se permitió proseguir. Después de todo, ya había dicho lo peor, ¿no?
--No pensé que estuviesen casados… --era la verdad, cuando Light se refirió a Beyond como “mi cuñado”, imaginó que quizás los pelinegros tenían alguna hermana o algo por el estilo--. Supongo que no me dio esa impresión cuando lo vi con tu hermano.
--Oh, no son muy dados al cariño públicamente --comentó--. Pero volviendo al tema de tu ex…
--Dios mío, ¿Qué es esto? ¿Laura Bozzo?
Beyond no pudo evitar estallar en carcajadas.
-- ¿Por qué carajo conoces el programa? --dijo entre risas mal contenidas.
--Mi novio me dejó y soy pobre. No tengo Netflix y helado de crema, tengo Laura Bozzo y cigarrillos contados --incluso él dejó escapar una risa por la situación.
--Oye, pero los cigarros también son caros.
El de pecas sonrió divertido.
--Lo sé, pero entre comer y fumar como que…
--Ya, vives de tabaco ¿Ves? Tenía razón con que eres un adicto.
-- ¡Pero si ya lo acepté!
--Bien, ahora sigue meterte a adictos anónimos.
Matt negó con la cabeza, más una sonrisita quedó en su rostro productos de las sandeces que el otro contaba.
Giró el volante para pasar a un auto frente a ellos (que conducía lento) y continuar con su camino.
--Como si no tuvieses adicciones --dijo, medio defendiéndose--. Estoy seguro de que tú también tienes algo.
--Sep, alcohol --respondió sin titubear--. Es más, creo que rozo el término de “alcohólico”
Esto sorprendió un poco a Mail, quizás menos de lo esperado porque comenzaba a acostumbrarse a la forma de ser del otro.
-- ¿Siempre eres tan directo? --cuestionó.
Birthday se encogió de hombros y suspiró.
-- ¿Es eso malo? Titubear es una pérdida de tiempo.
--Bueno, no puedo más que darte la razón en eso --alzó un poco las cejas--. ¿Puedo saber por qué me contrataron?
--Mmm… --suspiró nuevamente-- Hace unos días conducía ebrio y tuve un accidente automovilístico. Mi hermano cree que debo demostrar un poco más de “responsabilidad” y subir mis notas en la Universidad…
--Lo cual no será un problema siendo que eres un genio, ¿no?
--Sep, pero no te imaginas la pereza increíble que dan los deberes --comentó--. Bueno, el hecho es que te contrataron porque decidieron que hasta que no acabe el año académico con buenas calificaciones no me devolverán el auto.
--Que putada --el otro no pudo hacer otra cosa que asentir--. ¿Es la primera vez que chocas?
--Sí, no es como que lo tenga de hobbie.
--Ya…
-- ¿Alguna vez chocaste?
--Sí, pero con otros autos --pasó su mano por el volante como si acariciase al mejor de sus amantes--. Éste no, no lastimaría a mi bebé.
--Oh, genial. Adicto y encima mecafilico.
El de cabellos rojos dejó escapar una risotada ante eso. Era la primera vez que le decían semejante cosa.
--Entonces… ¿Solo trabajaré para ti por dos meses?
--Exacto.
--Oh, la separación me dolerá tanto --dijo irónicamente.
--Vaya, ¿te sientes en confianza como para ser irónico? Recuerda quien se encarga de tu paga.
-- ¿Tu hermano? --dijo para molestarlo.
Y funcionó. El otro frunció el ceño un poco, luciendo levemente insultado. Aun así, esto llenó de una leve satisfacción al de pecas.
Al fin había conseguido devolverle aunque sea un golpe a Beyond.
--Hijo de puta.
Una sonrisa enorme se instaló en el rostro de Mail.
--De nada --aparcó el auto-- Llegamos.
El otro pareció confundido, ¿Ya?
Miró a su alrededor para caer en cuenta de que, efectivamente, habían llegado a la Universidad; varios alumnos caminaban en dirección a sus aulas, que estaban dispersas en diferentes edificios del campus.
Beyond bufó y bajó del coche. Dio una última mirada a Matt cuando cruzaba por enfrente del auto, y se adentró en el gentío, directo a su edificio, el de medicina.
Mail se quedó esperando a que la gente se dispersara para poder avanzar y salir de la calle de la Universidad.
Sacó un cigarrillo de la caja: le quedaban tres, sería mejor que no los fumara todos de uno. Lo prendió directamente en su boca y tamborileó los dedos contra el volante mientras miraba a los estudiantes pasar.
Entonces lo vio: una cabellera rubia pasando entre las demás. Caminaba apurado y parecía un poco agitado, junto a él una mata de pelo blanco. Iban de la mano y apresuraban el paso. Mihael y Nate parecían estar llegando tarde a sus clases, más sin embargo no llevaban el ceño fruncido como era de esperarse. Parecían estar de humor incluso.
Matt frunció el ceño, no queriendo observar más eso. Aceleró de golpe, y varios tuvieron que correrse de golpe para no ser arrollados por el enojado pelirrojo. En pocos minutos llegó a la carretera, en donde se dedicó a pisar el acelerador a fondo.
Beyond entró a su aula y se sentó en su asiento de siempre. Había llegado un poco temprano, por lo que había pocas personas allí. No planeaba iniciar una conversación con ninguno de ellos, puesto que no solía socializar realmente en la clase (por no decir que en casi ningún lado), ni tampoco tenía alguna tarea que acabar. Por lo que solo apoyó los brazos en la mesa y hundió la cabeza entre ellos.
Pasaron cinco minutos cuando comenzaron a escucharse más pasos de gente que entraba a la habitación. No se levantó, lo haría cuando el profesor lo llamase molesto (pero esperaría a que lo hiciese al menos cuatro veces, y luego fingiría que lo había escuchado desde la primera y que éste era un exagerado. Solo para cabrearlo un poco).
Sin embargo sus planes se vieron frustrados cuando algo golpeó contra su coronilla. Presumiblemente un libro.
--Beyond, deja de dormir, el profesor está por entrar.
Esa voz.
Maldijo entre dientes antes de levantar la cabeza y la mirada. Allí estaba un chico varios centímetros más alto que él, de cabello rubio ceniza y ojos increíblemente celestes, la representación de un ángel, con su sonrisa y sus ojos amables.
Alexander, ese maldito.
--La idea era dormir hasta que la clase acabara, gracias por cagarla --se acomodó.
--De nada --ironizó. Sentándose junto a él.
A Beyond le hubiese agradado decirle que se buscase otro asiento y que de paso se fuese a la mierda. Pero decidió que sería un poco hipócrita y fingiría que no deseaba gritarle y echarlo.
--Pensé que ya te habías graduado o algo así, el lunes no estabas.
Alex era de la misma edad que Beyond, y al igual que éste, había sido adelantado de años por su gran intelecto. Ellos dos se conocían desde que iniciaron la Universidad, allá por los 17 años.
Eran algo así como “amigos”. O lo habían sido hasta que…
--Ah, nah, solo me quedé dormido --le restó importancia-- Yo imaginé que habías abandonado los estudios, no te veo un pelo desde hace dos semanas.
--Me tomé unas vacaciones, mucho estrés, las necesitaba --dijo como si fuese cierto--. Así que el gran Alexander River quedándose dormido, eh. ¿Quién se lo esperaría?
--Oh, vamos. No lo digas como si fuese el estudiante estrella, Beyond.
-- ¿Qué no lo tienes escrito en la frente?
--Agh, cállate --dijo, con una pequeña sonrisa. Birthday trató de imitarla, pero quedó más como una mueca--. Por cierto, quería hablar contigo acerca de-
--Señores, tomen sus asientos --dijo el profesor nada más entrar.
El pelinegro jamás se había sentido tan agradecido por una interrupción.
Mail sabía que se lo cruzaría en algún momento. Era imposible que no se lo encontrara si los días hábiles y los horarios de Mihael coincidían con los de Beyond, además de que estudiaban a en el mismo lugar.
Pero no había estado listo para encontrárselo tan pronto.
Cuando fue a buscar a Beyond a eso de las 7, había estado tan paranoico de encontrarse al rubio que parecía perseguido. Tanto que el mismo pelinegro le dijo a modo de broma “¿A quién mataste? Tengo un buen lugar para enterrarlo” que al menos le había sacado un poco de esa sensación de agobio y pánico.
Aun así, Beyond también parecía un poco ido cuando volvían. Así que el viaje de vuelta había sido mayormente en silencio.
Estaba tirado en su sofá, con la consola en la mano, apretando frenéticamente los botones. Ya se había fumado todos los cigarrillos que tenía, así que solo le quedaba que los nervios se lo comiesen vivo.
No quería pensar en Mihael. Pero inevitablemente sus pensamientos se iban hacía él. Llenos de rencor y de tristeza.
¡Ese hijo de puta! ¡Lo odiaba!
Game Over.
Se paró y tiró la consola contra la cama. Comenzó a caminar por la habitación en círculos, murmurando cosas, molesto.
Entonces su celular vibró. Lo sacó de su bolsillo y miró la hora: 21:45.
Tenía un mensaje, al abrirlo (con un poco de miedo, temiendo que se tratase de su ex-novio) se sorprendió que se tratase de su cliente: Beyond. No debería de parecerle tan raro, puesto que ya habían intercambiado números por temas de contratiempos o cambios de horarios, pero aún así le extrañó que fuese a esa hora. Hacía pocas horas lo había dejado en su casa.
De: Beyond.
Para: Matt.
Oye, tengo hambre ¿tú no? Ven a buscarme y vamos al Dennys que está a unas cuadras de mi casa.
El mensaje se leía bastante demandante y confiado. Ir a comer no estaba dentro del “contrato”.
Pero Mail decidió que una distracción era justo lo que necesitaba, y si era comiendo con un pelinegro molesto, mejor.
De: Matt.
Para: Beyond.
Claro, pero tú pagas.