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FLAIR I: Amantes de dos caras

Belleza de ojos verdes

El revuelo en la preparatoria en el maldito primer día de clases de su último año se creó gracias a un evento un poco fuera de lugar. Todos en la escuela hablaban de un chico de nuevo ingreso que había llegado en un auto deportivo de esos que solamente las familias altamente opulentas son capaces de costearse. Ni él ni su inseparable sombra, Bokuto habían visto aquello con sus propios ojos, pero el video de la entrada dramática a la ceremonia de ingreso les había llegado vía mensaje a sus celulares. 

 

Mientras Bokuto parecía realmente intrigado sobre el muchachito que se veía descender del vehículo y regresaba el video a cada momento, Kuroo más bien bufaba. Es decir, ellos dos eran de los sujetos más populares de la preparatoria y no precisamente porque eran considerados apuestos, de buena altura o hábiles en su oficio, sino porque era fácil llevarse con ellos y básicamente la mayoría los adoraban. Ácidamente, Kuroo pensó que ese sujeto nuevo quería robarles la popularidad que a ellos les costó forjarse, valiéndose solo de sus ingresos o más bien, el dinero que su familia podría tener. De otra forma, no encontraba la fascinación por convencer de que le llevaran a su primer día de escuela preparatoria en un auto tan sorprendente. 

 

Si él estuviera en su lugar, sentiría vergüenza. No se imaginaba a su mamá llevándolo a la escuela y encima abriéndole la puerta, peor aun enviando a un chofer a cumplir sus deseos.

 

A su punto de vista, era torpe e inmaduro, pero vaya que a todas las chicas de la escuela les había enloquecido, y uno que otro sujeto se había fijado bien en el chico nuevo como si fuera lo más cool del universo. 

 

Durante el receso, aquel muchacho estaba rodeado de gente y ambos podían saberlo porque a donde fuera que vieran, había una bolita siguiendo a alguien y él podría apostar su mano diestra a que era el "niño rico". 

Incluso tuvo que detener a Bokuto en dos ocasiones para que no fuera a amontonarse dentro del cardumen solo para averiguar la identidad de esa persona. 

 

El primer día de clases se terminó rápidamente, pues la mayoría del tiempo hicieron dinámicas para presentarse con sus nuevos maestros, y como ellos pertenecían al taller de "regreso a casa" podían quedarse en la escuela el tiempo que quisieran para practicar flair lanzándose algunas cosas que servían para emular un servicio.

 

La azotea era su escenario, pero esta vez Bokuto estaba fallando todas las recepciones que le hacía su entrañable amigo. Después del quinto fallo bien ensayado por años, Kuroo se cruzó de brazos y decidió que confrontar a su amigo era lo mejor -Ko, estás distraído. 

 

Bokuto era todo un libro abierto, así que levantó la botella plástica llena de agua con la que practicaban y se asomó a la baranda de la azotea - Tetsu, ¿Cuánto crees que cuesta un auto como el de...?

 

El pelinegro instintivamente chasqueó -joder, no es el primer deportivo que ves. ¿Qué le pasa a todo el mundo con eso?

 

Bokuto infló las mejillas -pero aún así debe ser muy caro. No creo que muchas familias en Japón puedan tener algo como eso. ¿En qué crees que trabajen sus papás?, ¿Cuánto tiempo crees que necesite para pagar algo así? Me gustaría comprar uno apenas pueda trabajar todos los días. A mamá Rei le encantará. 

 

Kuroo sintió una punzada en el corazón. Desvió la mirada y mejor eligió sentarse donde había sombra gracias a las cisternas de agua que alimentaban la escuela. Sacó de su mochila un par de aperitivos y Bokuto se lanzó totalmente hambriento a su lado. Pan de melón para Bokuto, Flan para Kuroo -a Rei no le gustaría que gastes tu dinero con cosas innecesarias. 

 

-¡Pero ella se lo merece!- volvió a hablar fuerte, mordiendo su pan y moviendo su cabeza del gusto que le dio probar lo rico que era -¿Lo viste? Un Aston Martin. Un puto Aston Martin. ¡Kuroo, quiero uno!

 

El pelinegro se cansó y le soltó un amigable golpecito en el hombro -ni aunque trabajes toda tu vida te lo podrás costear. Además en vez de eso hay muchas cosas que podrías hacer con lo que cueste... como tener tu propio bar. 

 

Los ojos del de cabello a pintas brillaron -oh. Me gusta la idea. Pongo un bar, después trabajo mucho y compro un auto así de increíble para pasear con mamá. ¿Qué tal? ¡Mi plan de vida es fenomenal! 

 

Kuroo se tuvo que comer todos los deseos y fantasías a futuro de Bokuto mientras él solo asentía. Lo que sentía no eran celos porque alguien más tuviera un auto genial, si no que sus sentimientos derivaban más en un ligero dolor de la posibilidad de que existiera alguien que a Ko le pareciera más genial que él. ¿Temor? Quizá. 

 

Sea como fuere, dejaría que Bokuto continuara con sus fantasías siempre y cuando no supusiera un gran problema para él. Comió su flan y apenas terminó, empezó a practicar de nuevo, pues tenían una pequeña competencia el fin de semana y así como no tenía que descuidar sus obligaciones como estudiante, tampoco cedería con su pasión. 

 

Al día siguiente, Kou le convenció de esperar en la entrada de la escuela solo para ver quién era el dichoso muchacho del que todo el mundo hablaba. Faltando unos quince minutos para la hora a la que comenzaban las clases, el potente motor se escuchó a lo largo y ancho de la calle principal del instituto. La masa de chicas acosadoras corrió a acercarse, así como algunos hombres que lucían molestos y desprendían comentarios como "si es rico, ¿Para qué viene a una escuela jodida?". Es decir, Kuroo estaba de acuerdo porque había un montón de escuelas mejores en Tokio, pero no quería parecer envidioso con la vida que había tratado bien al muchacho misterioso. 

 

Bokuto se levantó sobre sus puntitas para alcanzar a ver en cuanto un joven de cabello y ojos dorados con vestimenta que lucía costosa salió del lugar del conductor. Las chicas generalizaron un molestísimo "kya" que casi deja sordo al muchacho más alto a los alrededores, que resultaba ser Kuroo. Justo cuando iba a darse la vuelta para no seguir observando esa escena que le parecía repugnante, un grito más lo hizo molestar. 

 

Sus ojos se fijaron por un momento en la persona que provocaba aquello, y es que el rubio había abierto la puerta del acompañante: El chico de nuevo ingreso.

 

Este debía medir poco más de 175. Tenía buena altura, su uniforme estaba bien planchado, además de que su cabello negro ligeramente rizado le daba un toque aún más jovial de lo que estaban acostumbrados a ver en instituto. Vale, lo aceptaba. Rubio y pelinegro eran de muy buen parecer, tanto que incluso para Kuroo que juraba amor ciego por Bokuto podía aceptar sin rechistar todo lo que decían las chicas que gritaban como si se tratasen de ídolos de televisión .

 

Sin embargo, a sus ojos, no le parecía que el rubio fuera solo un chofer. Tenía cara de un astuto y refinado zorro y ese molesto deje de superioridad con el que nacen todos los que saben que sus padres jamás les negarán nada.

 

Desde luego el sujeto con cara de zorro no sería un sirviente que se diera libertades al recargarse en el auto deportivo sin importarle, mientras se despedía del chico menor de edad preguntándole si quería que pasara con él. 

 

El pelinegro se negó y, tan rápido como pudieron sus pasos, quiso evadir a la gente que se había formado a su lado para preguntarle cualquier cosa. Algunas otras personas se acercaron más impresionadas por el auto, pero el joven rubio chasqueó mientras con una mirada terrible hablaba -no lo toques con tus manos sucias. Te pasaré la factura. 

 

El pobre muchacho que se había acercado con la esperanza de tomarse una foto con el auto solo se echó para atrás entre la mirada molesta del rubio y la falsa sonrisa con la que veía a todos los que estaban ahí. Claro que eso fue audible para muchos, quienes se alejaron y esto no pasó desapercibido para Kuroo, que si antes ya tenía un odio naciente por quien sea que llegara a la escuela en un maldito Aston Martin, ahora su odio tenía validez - Kou, son ricos engreídos. No les tomes mucha atención - y jalando del saco a Bokuto, le obligó a entrar de una buena vez por todas a la preparatoria para poder llegar a tiempo a su primera clase. 

 

Durante las primeras horas se había esparcido el rumor sobre que el dueño del auto era un increíble hijo de puta por alejar a los presentes a punta de mirarles feo y decir con la voz baja una que otra cosa despectiva; además por la escuela ya se perfilaba el apellido Akaashi como uno de los más sonados por ser el del muchacho que iba en primero. Todos parecían tener las noticias y cada vez que alguien hablaba a Kuroo de ello, su enojo salía más a flote. 

 

Fue en una clase muerta que una de sus compañeras de salón, una dulce muchacha half rusa se acercó a él al percibir su disgusto monumental -parece que Akaashi no te cae muy bien- ella colocó en el pupitre de Kuroo un par de pequeños dulces -toma, come para que se te pase el mal momento. 

 

Kuroo era popular entre las muchachas, pero bien sabía que era porque a ellas les parecía más "esa" clase de hombre en el que podían confiar, así que siempre estaba rodeado de ellas, quienes le pedían consejo. La preciosa Alisa era una de ellas.

 

Por respuesta, Kuroo giró dramáticamente sobre su silla para hablar con ella -¡Ni siquiera lo conozco! Por los dioses, creen que por ser un niño de papá tiene algo en especial. Para empezar, a mí me parece un torpe engreído, al igual que el rubio ese del que todos hablan- se echó a la boca uno de los dulces y procedió a hacer un puchero -pero tú no me cambiarás por él, ¿Verdad? 

 

Alisa echó a reír y le dio un par de palmaditas en la cabeza a su dramático compañero -dicen que Akaashi es un buen chico y... ¿No crees que a cualquiera le disgustaría que estén tomando fotos a tu propiedad? Quizá el muchacho rubio no tiene mucha paciencia. Anda Kuroo, no pongas esa cara. 

 

Bokuto se sintió atraído por la plática que recién empezaban a mantener y se acercó -Alisa-chan, ¿Qué le pasa a Tetsu?

 

Alisa mostró una sonrisa aliviada y sacó un dulcesito más para Bokuto. Se lo ofreció -Aparentemente está de envidioso.

 

Las palabras de la half hicieron que Kuroo ardiera por dentro.

 

Se levantó y se señaló, haciendo alarde de su popularidad todos en el salón lo voltearon a ver -¿Envidioso? ¿Yo? Jamás, Haiba ja-más. Jamás. ¿Por qué debería ponerme así solo por un mocoso de primero con dinero? Es solo que debe aprender su lugar si después no quiere que lo molesten... ya sabes, debería ser más humilde- unos cuantos sujetos de su salón asintieron. 

 

Al parecer ya se comenzaba a convertir en un sentimiento generalizado entre los hombres, pero las chicas de la institución le seguirían siendo totalmente devotas. 

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Después de un par de semanas, la rutina dejó de atraer la atención de todo el mundo en la escuela y aunque a veces el dichoso rubio llevaba otros autos igual de costosos, Akaashi según la opinión de los alumnos seguía siendo una persona amable y humilde. Quizá era por ello que los molestones de la escuela no lo hacían víctima de sus bromas. 

 

A Kuroo le daba igual, pues su rutina con Bokuto volvía a ser la misma, porque el dichoso Akaashi y sus autos ya no salían entre las conversaciones, o al menos eso fue hasta que un desafortunado Lunes, Akaashi se apareció en el edificio de los de tercero. Preguntó por nombres hasta que una bola de chicas acusatorias lo llevaron hasta la clase 3-2. 

 

Ellas se quedaron en el umbral de la puerta ansiosas por ver qué asuntos tendría el joven Akaashi con dos personas con las que parecía no tener nada en común. Alisa, quien le había mostrado el salón llamó la atención de los dos hombres sentados al final del aula, enfrascados mientras se pasaban un caballito de tequila en la hora que se suponía, era de receso -Kuroo, Bokuto. Tienen visitas. 

 

El primero en voltear fue el pelinegro. Apenas observó al muchacho que estaba ahí, se quedó frío. Mirándolo de cerca parecía bastante serio, pero su rostro tenía un suave sonrojo en la piel.

 

Después volteó Bokuto y se levantó de inmediato. 

Bokuto hizo un gesto como nunca antes. Entre sorpresa, entre intriga y felicidad, y Kuroo, que jamás lo había visto así, tuvo un mal presentimiento. Tragó saliva con pesadez y también se levantó. 

Los ojos cafés de Bokuto se clavaron profundamente en los del chico de cabello ondulado, y viceversa. Entonces, antes de que alguien más pudiera decir algo, Alisa se encargó de llevarse consigo a las chicas molestas que venían siguiendo al muchacho de primero desde hacía un buen rato. 

 

Entonces Ko invitó a pasar a Akaashi -¿Akaashi, verdad? Pasa, pasa. ¿Para qué nos buscabas?

 

Kuroo se sintió fuera de sí. Es decir, Ko siempre era demasiado amable, pero de nuevo estaba ahí ese algo que le indicaba que las cosas no estaban del todo bien. Fue entonces cuando Akaashi los saludó que la siguiente sorpresa del día casi lo hace tropezar. 

 

-¿Kuroo-san y Bokuto-san, cierto?- entre brazos llevaba una libretita y una pluma. Con una ligera sonrisa se inclinó para reverenciar con toda la formalidad que se pudiera esperar de un kouhai - soy un gran aficionado de las exhibiciones de flair, y para mí sería un gusto enorme tener sus autógrafos, si eso no les molesta. 

 

¿Autógrafos? El niño popular de la escuela los estaba pidiendo como si en verdad hubieran pensado en hacer una firma. Y aunque Kuroo le dio puntos por la formalidad, no terminaba de asentarse en su cabeza lo que aquel chico de ojos grandes y verdes profundo le decía. 

 

-¿Oíste Tetsu?-la felicidad de la voz de Bokuto resonó en todo su esplendor y sin esperar, tomó la libretita de Akaashi -¡Es mi primera vez autografiando! ¿Cómo lo haré, cómo lo haré?- tras pensarlo poco, decidió poner los kanji que conformaban su nombre y una carita sonriente -¡Listo! ¿¡A qué me quedó genial!?

 

El pelinegro mayor esperó a ver si su cabeza hacía las conexiones necesarias para carburar. Tragó saliva con pesadez y entonces, al ver que Akaashi sostenía la libretita cerca de sus manos, decidió que era su turno. Colocó los kanji de su apellido y, aunque le daba pena admitirlo, le salían bien los garabatos de la huella de un felino, así que dibujó una. 

Los ojos verdes, esos ojos verdes que después maldeciría por el resto de su eternidad brillaron con mucha fuerza cuando Akaashi se llevó la libreta a estrujar contra su pecho -¡Muchas gracias! Miré la última exhibición que hicieron. Es una lástima que el primer premio se haya ido de sus manos -reafirmó con los ojos inquisitivos hacia Kuroo, como si le profesara una pizca más de admiración a él que a Bokuto. 

 

Su amigo del alma entonces se interesó más -¿Estuviste ahí, Akaashi? ¿Te gustó mi truco con las botellas? ¡Me llevó muchísimo tiempo aprenderlo!- Kuroo constató qué era lo que le hacía sentirse increíblemente incómodo... y es que la mirada de Akaashi no dejaba de enfocarse en él, y la de Bokuto, parecía no encontrar otro lado a donde posarse que en el rostro del nuevo ingreso. 

 

-Kuroo-san-la dulce y acompasada voz de Akaashi lo despertó del pequeño trance -¿Estarán presentes en la siguiente exhibición? Oí que en Kanagawa harán una. 

 

Lejos de que el pelinegro contestara, Ko se apresuró a hablar acerca de todo lo que tenían planeado, como si la pregunta se la hubieran hecho a él. Kuroo advirtió que eso era lo mejor, no quería contestar cuestionamientos de manera ácida, o de manera que sonara grosero. 

 

La dinámica durante la siguiente media hora se trató de lo mismo, Akaashi tratando de hacerle plática y Bokuto contestado como si fuera el comunicador oficial. 

 

Kuroo notó el punto en el que Akaashi se hartó de ser ignorado cuando se levantó, manteniéndole la mirada -creo que ya les he robado demasiado tiempo, ¿Verdad?- bajó la cabeza con respeto -creo que deberían almorzar en paz, muchas gracias de nuevo por sus autógrafos y... Kuroo-san, mucha suerte. 

 

Tetsu por fin pudo respirar tranquilo cuando Akaashi se dio la vuelta, pero su tranquilidad duró simplemente un par de segundos, porque Bokuto jaló al chico de ojos preciosos de vuelta -¡Almuerza con nosotros! Si no trajiste tu comida, podemos darte de la nuestra, ¿Qué te parece? Así no tienes que ir a cafetería ni nada de eso. 

 

Akaashi observó la expresión de Kuroo: ojos de hartazgo y una cara de sufrimiento increíble y quiso excusarse, pero de nuevo Bokuto insistió bajo amenaza de hacer un berrinche. Durante la media hora restante, Tetsuro se vio obligado a compartir su comida como si realmente estuviera a gusto con ello. 

 

Esta vez la plática no era tanto sobre cristalería, alcoholes y concursos, sino de las preguntas que Bokuto quería hacer desde el principio, sobre el auto deportivo, sobre el misterioso muchacho rubio y sobre el porqué de elegir la escuela que eligió. 

 

Cada una de las respuestas le fue dada rápidamente, como si el muchacho joven tratara de evitarlas, pero igual ahora sabían que el auto deportivo si pertenecía al rubio, y que él era un chico universitario de una familia increíblemente acomodada, pero que le hacía el favor de llevarlo a la escuela todos los días porque le quedaba de paso. 

 

Bokuto se convenció de buenas a primeras de que Akaashi era una buena persona, mientras que Kuroo no quería ahondar y no tuvo ninguna pregunta que hacer. Toda la comida se lo pasó callado. 

 

Cuando Akaashi se retiró de su salón para ir a su edificio a seguir con las clases, el corazón de Kuroo se rompió cuando escuchó a Bokuto suspirar. 

 

Y entonces, escuchó algo que le parecía muy improbable de un chico como su mejor amigo, casi hermano. 

-Ese chico Akaashi es tan lindo como dicen, ¿No?

 

Kuroo se lo concedería de no ser por un pequeño detalle. Vale, que Akaashi era bastante guapo para ser un mocoso de primero y tenía don de caer bien. Su semblante, acciones y voz eran placenteras para el interlocutor, pero eso jamás lo aceptaría. No cuando Bokuto acababa de marcar el suspiro de nena enamorada de la vida. 

 

La molestia por la interacción principal dio paso a los celos, y los celos al terror. ¿Qué tal si después de todo Bokuto se interesaba en un chico, y ese chico resultara no ser él? Mierda. Quería ir a los brazos de su madre y quejarse con ella para que le dijera qué hacer, o que al menos se riera de él por algo tan tonto como eso. Pero como casi un adulto, debía portarse como tal y tragarse sus sentimientos. 

 

Pensó que aquello solo sería cosa de un día. Que al día siguiente todos se olvidarían de lo que sucedió y ya, que no pasaría a más, pero quizá la Diosa de la fortuna estaba por dejar a Kuroo a su suerte, porque a partir de ese jodido día, diario Akaashi los buscaba para tomar el almuerzo. 

 

Y Kuroo no podría hacer nada para negarse cuando su más grande amor lucía feliz con ese chico astuto estando a su lado. 

 

Notas finales:

Akaashi, oh, Akaashi. 

 


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