Dos días después el profesor Serbal y yo quedamos en el laboratorio de Pueblo Arena. Aquella mañana un pequeño pájaro cuyo plumaje era azul intenso con reflejos color verde claro en algunas plumas frontales me despertó desde la ventana. Era tan hermoso que me quedé mirándolo durante un tiempo indeterminado mientras que él se limitaba a piar sin retirar la vista de mí. Aquel momento se prolongó hasta que la alarma de mi móvil comenzó a sonar.
El profesor y yo teníamos pensado ir a la biblioteca de Ciudad Canal con la esperanza de hallar alguna referencia al Clan Diamante y toda la línea sucesoria de los líderes. Aunque tenía grandes esperanzas, el profesor Serbal no tanto. Había que tener en cuenta que habían pasado 500 años y la documentación sufre deterioro y pérdidas.
Estuvimos en la biblioteca durante horas y lo único que pudimos descubrir es que el Clan Diamante había dominado la antigua Hisui durante décadas y que luego se expandió hasta la actual Comarca de Noroteo, lugar en el que fundarían la actual Villa Versui. No había constancia de nombres de líderes ni sucesores, solo su constancia en documentos encontrados en un antiguo archivo en Ciudad Vetusta: una de las ciudades más antiguas de la región junto a Pueblo Caelestis. También la ubicación del Poblado Diamante en el área de Pueblo Sosiego, tal vez un poco más al norte de las Ruinas Sosiego.
Intenté hacer una comparativa del mapa de Hisui y Sinnoh, pero pese a mi memoria fotográfica resultaba muy difícil. El terreno sufre cambios, las fronteras se desdibujan y crecen ciudades dónde antaño no había nada salvo campo. Resultaba muy frustrante saber en qué zona del mapa de Hisui se ubicaba el Poblado Diamante y no saber ubicarlo en el mapa de Sinnoh. "Es como si se lo hubiera tragado la tierra" me dije a mí mismo cuando el profesor me sacó del ensimismamiento.
- Es hora de volver a casa, chico. -dijo observando lo que intentaba hacer. Alcé la vista con los ojos enrojecidos por el cansancio.
- ¿Ya? Pero no hemos encontrado nada... En esta maldita biblioteca no hay nada de importancia- dije con tono de frustración, a lo que el profesor me miró con el entrecejo arrugado.
- De eso nada chico. Han pasado 500 años ¿Qué esperabas encontrar? ¿El nombre del líder, su estatura y qué le gustaba comer para desayunar? -sus palabras me hirieron en lo más profundo de mi ser, por lo que tras poner todo en su sitio salí de aquel sitio, diciendo al pasar junto al profesor "Esos datos ya los sé".
Una vez en mi habitación encendí el ordenador y vi que había recibido un correo de Cintia, la campeona, citándome en Pueblo Caelestis. "Tal vez la abuela de Cintia sepa algo" pensé de inmediato. Esa mujer era una gran especialista en el folklore de la región. Al día siguiente me encaminé hacia Pueblo Caelestis montado en Staraptor.
Durante el trayecto sentí una punzada en el pecho, un palpito, un presentimiento. Me desvié hacia Ciudad Corazón y recordé que en ella había una gran iglesia. Debía ser igual de antigua que la ciudad como mínimo. Al llegar vi en la fachada de la iglesia una figura muy parecida a Arceus, pero no era él del todo, sino una figura algo más distorsionada. Decidí entrar en la iglesia y para mi sorpresa descubrí algo que había estado ahí desde el principio, solo que no había sido capaz de descifrarlo: la pintura que hay al fondo de la estancia no representa a ningún pokémon como todos los ciudadanos se empañan en creer... representa la fisura espacio-temporal por la que caí del cielo, o al menos una interpretación de la misma. No pude evitar pensar "Sasha, tu pintura ha sobrevivido al tiempo..."
Tras aquella breve pausa en Ciudad Corazón decidí continuar mi camino hacia Pueblo Caelestis. Nada más llegar inspiré profundamente susurrando ante la entrada del pueblo: "La Antigua Aldea oculta" dije acompañado de un suspiro.
-Así que es cierto -dijo Cintia a mis espaldas, haciendo que diera un salto del susto.
- ¡Que susto, Met... digo, Cintia! -dije intentando corregir mi error, acto que Cintia no pasó por alto
- ¿Cómo me has llamado? -dijo la campeona acercándose a mí, curiosa.
- Metis... era una mujer que vivía en este pueblo hace mucho tiempo. Me recuerdas a ella -dije intentando contener toda la información posible.
- Entonces sí que viajaste en el tiempo. Además de yo misma, la abuela es la única persona que sabe que Pueblo Caelestis tiene su origen en la Antigua Aldea Oculta que estuvo habitada por antiguos sinnohitas. Y esa Metis que mencionas fue una de las habitantes -dijo cruzándose de brazos. Yo me limité a asentir y juntos nos encaminamos hacia la casa de su abuela- Vamos, la abuela nos tiene preparado té, huele desde aquí -dijo haciendo un gesto, olfateando el olor del té de bayas uvav y grana.
Al llegar a la casa de la anciana, esta tenía preparada dos tazas de té. Nos dio asiento en tanto que daba un sorbo a su vaso. Tras dar un largo trago al té me miro a los ojos, abriendo los suyos de par en par, como si hubiera visto un fantasma, segundos después sonrió levemente. Luego se dispuso a hablar cuando de repente una niña de unos once años se acercó a mí de forma tímida. Se trataba de la hermana de Cintia. Tras mirarme detenidamente me tendió la mano para que se la diera, mientras tanto la anciana me miraba detenidamente. Al ver las intenciones de la pequeña decidí sonreírle cordialmente y tenderle la mano. Al entrar en contacto, la chica entró en una especie de trance y tras unos segundos con los ojos cerrados, los abrió y clavó la mirada en mí.
-Un pájaro en el alféizar de tu ventana... te canta cuando estás triste, pero tú le oyes a él... -dijo señalando a mi móvil, que se encontraba sobre la mesa y en cuya funda protectora se encontraba el dibujo de Adamas. Acto seguido aparté suave, aunque rápidamente la mano un poco sobresaltado.
-Disculpa a mi hermana. -dijo Cintia dedicándole una mirada inquisitiva a su abuela.
-Tranquila, Cintia, peores cosas se han visto. Dime tu nombre, joven -dijo. Tras responder con el nombre que mi madre me puso al nacer la abuela sonrió levemente negando con la cabeza y volvió a preguntarme- Me refiero a tu nombre arcaico, el nombre de tu vida pasada. Conozco tu historia, mi nieta me ha puesto al tanto. Así que, dime ¿Cuál es tu nombre? -al oír estas palabras un nudo se me formó en la garganta. Tomé un poco de té para aliviarme en tanto que Cintia, al ver mi gesto, me acarició la espalda.
- Luka, mi nombre era Luka -al pronunciar este nombre la anciana cambió su gesto: pasó de estar relajada y quieta a manifestar un claro asombro. Acto seguido dirigió una mirada a Cintia y ésta dirigió su mirada a una pequeña caja antigua que yacía en un altar, justo detrás de la anciana. Como había hecho con mi madre, me dispuse a relatar con todo lujo de detalles lo acontecido en Hisui hace 500 años.
- Si bien puede ser que Dialga, Palkia y Giratina estén relacionados, esto no es obra de ellos. Tus dos viajes a través del tiempo y el espacio es obra del Gran Sinnoh, también conocido como Arceus. En la Antigua Aldea Oculta vivían los antiguos sinnohitas, seguidores de Arceus, mucho antes del surgimiento del Clan Diamante y el Clan Perla. La última sinnohita de la que tengo constancia es Metis, como bien has dicho. Metis es una de nuestras antepasadas -dijo mirando a Cintia- junto con Volus.
- Abuela... disculpe, señora necesito saber si existe alguna forma de volver -dije clavando la mirada en la abuela de Cintia, quien arqueó una ceja ante tal pregunta- He estado intentando buscar respuestas en la Historia y todo lo que conocía de Hisui parece haber desaparecido, como si la mismísima tierra se hubiese tragado todo lo que existió tiempo atrás. No existen registros, no existen ruinas... nada. Solo el Templo de Sinh... quiero decir, Columna Lanza.
- ¿Se puede saber a qué se debe ese deseo de regresar a una tierra salvaje donde prima el hambre y la supervivencia? -miré hacia la mesa sin mediar palabra. Cintia supo interpretar aquello y respondió por mí.
- Amor, abuela -dijo mientras bebía un poco de té.
- Pero hijo... -la anciana, con gesto preocupado fue a articular palabra, pero la interrumpí.
- ¡No lo diga! -la corté de forma brusca, mirando hacia mi taza de té con las manos apretadas- Sé que está muerto... -dije dejando escapar las lágrimas por mi rostro- muerto y enterrado vete tú a saber dónde desde hace cinco siglos. Pero necesito saber que fue de él... y si puedo volver -dije apretando los puños.
- Pues me temo que no tengo ni idea de su historia ni de cómo hacerte volver. Tan solo soy una descendiente de antiguos sinnohitas que no sabe ni una vigésima parte de las costumbres y creencias de dicha religión. Siento no poder ayudarte, cielo. Y déjame darte un consejo -dijo agarrándome la mano- Has vivido una aventura extraordinaria, Luka, algo que muy poca gente puede llegar a entender. Toma esos recuerdos, ponlos a salvo en lo más profundo de tu corazón... pero no malgastes tu vida persiguiendo un fantasma cuando hay gente real, de carne y hueso que te quiere -mis ojos se volvieron a humedecer mientras estrechaba la cálida, arrugada y huesuda mano de aquella sabia anciana.
- La gente con la que conviví antaño también fue real... -dije incorporándome, dedicando una cordial sonrisa tanto a la anciana como a la hermana pequeña de Cintia. Esta ultima se volvió a acercar a mi en un intento de abrazarme, a lo que respondí encantado. Al abrazarla se acercó a mi oído y me susurró "la melodía del tiempo marcará la senda". Tras aquello abandoné la casa a toda prisa, en parte por lo tarde que se había hecho. Cintia no tardó en seguirme.
- Siento lo de mi hermana. En mi familia existen personas con ciertos dones y resulta que mi hermana es clarividente -dijo cruzándose de brazos mientras sonreía de irónicamente- a mí me ha tocado ser campeona, bueno... excampeona -añadió arqueando una ceja al tiempo que yo soltaba una carcajada, aún con lágrimas en los ojos.
- Oye Cintia, ¿sabes que es "La melodía del tiempo"? -al oír estas palabras Cintia se quedó perpleja.
- ¿Cómo sabes sobre La melodía del tiempo? Es una historia que mi madre nos contaba a mi hermana y a mi cuando éramos más pequeñas, mi abuela se la contaba a mi madre y así sucesivamente durante Dios sabe cuantas generaciones. Según dicen es una melodía que conecta épocas y personas, es decir, una melodía conocida por dos personas en un momento determinado en el tiempo y que las mantiene unidas aunque estas personas estén separadas en el espacio o... en el tiempo. -terminó la frase de forma pensativa, mirándome- Esto ¿te lo ha contado mi hermana? ¡La voy a matar!
-¡No, no! O sea, sí me lo ha contado pero déjala tranquila. No es como si me creyese nada de eso... -dije intentando sonar lo más convincente posible.
- Umh... bueno, ¿Qué pretendes hacer ahora? -preguntó mientras su mirada oscilaba entre mi rostro y el pequeño santuario que se encontraba en el centro del pueblo, junto a su casa.
- Pues seguir con el consejo de tu abuela -dije de forma apesadumbrada mientras sacaba a Staraptor de su pokeball- Me voy a casa.
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