Un dolor punzante le recorrió cada parte de su brazo izquierdo. Volteando la cabeza hacia su lado pudo ver la razón. Minato descansaba placidamente sobre este mientras se aferraba a su pecho, algo incomodo hizo rodar el cuerpo del rubio hasta el otro lado para dejar que la sangre volviera a correr de forma normal. Luego se apoyó contra el respaldo de la elegante cama para poder observar al rey de ese famoso y rico pueblo del Sur. Hacía varios meses que lo conocía y mantenían esa pequeña relación en secreto.
Podía decir que el rey lo amaba, y se lo demostraba tanto como el. Minato era un rubio incomparable. Hermoso y elegante en todos sus aspectos, pero sobre todo aun lo corrompía esa hermosa y sana inocencia que podía llegar a encender a cualquier hombre. Desde el primer momento en que sus ojos se habían cruzado podía decir con claridad que deseaba tenerlo en cualquier lugar, con las piernas abiertas mientras los gemidos salieran sin parar de esa boca dulce. Y no le había sido difícil conseguirlo, la atracción parecía mutua, y en solo tres meses, ambos solían hundirse en esas hondas de placer que los hacían gritar extasiados hasta la madrugada, en donde ambos quedaban sobre el otro, acariciándose y diciendo palabras cariñosas que siempre hacían dormir al rubio.
Pero nada era como parecía. El deber de Fugaku, era acercarse lo más que podía, y atar un cascabel en el cuello del actual rey: Minato Namikaze.
Y lo estaba logrando.
...
Para su sorpresa la gigantesca criatura de había quedado junto a el lo que restaba de ese día. No le desagradaba su compañía, para nada, era agradable tener a alguien en ese momento. Sakura no despertaba y tenía que ser cuidadoso al darle agua o comida, varias veces se había ahogado y solo alteraba sus nervios. La chica parecía cada vez más débil y no entendía la razón de porqué su salud empeoraba, la fiebre subía y bajaba de a horas, de a ratos le preguntaba como estaba el día y luego caía inconsciente.
Dejó un paño en su frente y pidió que se recuperara. Podría llevarla al siguiente pueblo, después de todo allí tendrían que ir, pero los miembros rotos le hacían temer, además de los recientes enemigos que daban aparición, cargando el cuerpo de Sakura en su espalda no le iba a permitir correr muy rápido y tampoco le iba a permitir disparar, por lo que iba a esperar hasta que esta se mejorara, quizá (con mucha suerte) en uno de esos momentos el pueblo reportara que no aparecían y su padre muy preocupado mandaría a alguien en su rescate, pero eso no daba señales de suceder. En resumen: Estaba jodido.
Suspiró por enésima vez. Estaba cansado y algo enojado, después de discutirselo mentalmente unas cincuenta veces había decidido tomarse un descanzo al terminar de comer algo. Y como era de esperarse, Sasuke estaba junto a el.
En esos últimos cinco días había notado un gran cambio en ese dragón, estaba más pegado a el, reclamaba caricias de sus manos y mayormente se quedaba muchos minutos observándolo fijamente. También había descubierto lo inteligente que era, conocía muy bien el idioma humano, podía predecir cambios en el viento y descubrir soldados a kilómetros, y ahí estaba una de las rezones del porque le ayudaba mucho su compañía.
Ciertamente prefería usar las armas en estado critico, no podía gastar muchas balas, a pesar de encontrar en sus enemigos municiones no podía encontrar ni una para su rifle, y con eso odio tener una arma tan única. Los rifles que aparecían en su camino eran de esos medios falsos en donde tenías que dar muchos tiros para acertarle una muerte, de forma contraria, el suyo, con solo un disparo podías acabar con su vida debido al impulso de la poderosa bala.
El cuchillo no era una buena opción si te encontrabas muy lejos, era mejor esperar y atacar por la espalda, si se trata de solo uno por supuesto.
Pero ese no era el punto.
El tema principal era la criatura junto a el. No podía evitar pensar en lo que traería el futuro si este se pegaba tanto. Las reacciones de los de su especie no se harían esperar, además si bien recordaba el dragón estaba marcado, por lo tanto, y según Shikamaru, este debía de tener una persona que lo controlara.
Despegó la vista de una nube para mandarla directamente a su "amigo". Al tirarse en el pasto fresco, el dragón se había acercado hasta el dejando reposar su cabeza entre su brazo y pecho. Pasó una mano por su cabeza acariciándolo lentamente, ganando como resultado unos ronroneos agradables. La cercanía entre ellos ya no era un problema, todo lo contrario, parecía agradarles a ambos, Sasuke lo buscaba y el no hacia nada para evitarlo, solo lo acariciaba hasta que este se marchaba o se alejaba de su contacto.
Pero su mayor preocupación era cuando tomaba esa forma humana, el dagón parecía no entender que las cosas eran distintas. Uno no podía pretender acariciar a otro hombre y más estando desnudo. Basicamente se sonrojaba y decía cualquier cosa para que este se fuera.
El perderse en sus pensamientos era normal en esos días. Y Sasuke lo notaba perfectamente. Podía reaccionar muy mal cuando este se colgaba viendo hacia la nada, las caricias parecían más frías y no entendía por que el humano cambiaba solo por que estaba en su forma humana. Sin pensarlo se relajó y dejo que su cuerpo se transformara sin llamas, en cuestión de segundos se encontraba sin esas grandes alas que no le permitían acercarse y pegar su cuerpo con el cálido del chico, él cual no pareció notar la presencia de su cuerpo sin escamas. Solo sintió la mano recorrer su oreja izquierda con delicadeza, luego su frente y después enredar esos finos dedos en su cabellos, pero ya no ronroneaba, ahora parecían más gemidos que otra cosa y eso fue lo que hizo reaccionar a Naruto.
-¿Pero que demonios...?- escuchó de su boca, pero solo cerró los ojos.
Naruto miró el cuerpo a su lado. Pudo apreciar la pálida piel, lo grande de su espalda y como mechones de cabellos rebeldes se levantaban hacia arriba. El cuerpo mayor estaba lado dándole la espalda pero este se colocaba su cabeza en su brazo extendido, y ahí la vio, un pequeño tatuaje redondo que supuso sería la marca de una maldición. Pero olvidó el tema cuando sonrió como tantas veces cuando este se giró observándolo con esos ojos negros como la noche, de sus labios jamás había logrado apreciar una sonrisa y eso lo tenía picando, siempre con ese semblante serio y sus cejas ligeramente fruncidas, lo cierto es que moría por ver en ese rostro algo diferente.
-¿Que ocurre?- preguntó suavemente sin dejar de tocar la piel a su alcance, pero ahí se dio cuenta de lo que hacia y la apartó súbitamente.
-No lo hagas- escuchó la voz seria del dragón, que agarró de nuevo su mano y la dejó en su cuello, justo debajo del mentón.
Y no se presentaban más palabras, no eran necesarias tampoco, ambos disfrutaban la calidez y compañía a fondo. Pero Naruto sabía que estaba sintiendo un cariño diferente, y lamentaba eso, ya que se le hacia repugnante el imaginar sentirse atraído por un dragón emocionalmente. Por lo que prefería ignorar eso con toda la carga mental posible.
Para Sasuke era todo lo contrario. Como dragón ya adulto, era consciente de lo sentía por el humano. No era cariño fraternal como el que sentía por la mujer que lo había traído al mundo, eso era mucho más sentimental. Quería al humano, y estaba muy seguro que no se equivocaba en su elección, en cuestión, era la primera vez en doscientos años que se sentía bien a su lado, con sus manos acariciándolo, hablándole y su sonrisa encantadora. Pero el era un Dragel, un dragón que hacía mucho tiempo había sido condenado a una maldición que le traía desgracias y sufrimiento, y como su instinto y odio le indicaba había asesinado a muchos humanos tratando de hacer pasar las ganas de venganza, pero con Naruto era distinto, quería sentir las manos de humano dándole mimos y su sonrisa dirigida a el.
Amaba al humano. Y por fin lo entendía.
...
Naruto estaba ejercitándose en pleno campo. Las nubes estaban grises y amenazaban con largarse a llover en cualquier momento. Más no le importaba, era preferible hacer ejercicios bajo la lluvia que no hacer ninguno. Pero unos rugidos lo alertaron, se levantó parando de hacer sus abdominales y miró al dragón, este miraba insistente al cielo que se iluminaba de a ratos, sonrió y se acercó hasta poder tocarlo con una mano, este se removió gustoso de sentir la cálida piel.
-Sasuke, ¿Estas bien?- este guió sus ojos de nuevo al cielo, luego se sorprendió al verlo abrir sus fauses, mostrando las poderosas ileras de dientes seguido del poderoso rugido de enojo que llegó a helar cada uno de sus sentidos-Sasuke...
Y lo menos esperado ocurrió. Ahora las llamas negras cubrieron al enorme lagarto, dejándolo en aquella peculiar forma que hacia erizar la piel del humano. Pero Sasuke de la nada se aferró al pequeño cuerpo de Naruto, este se mantuvo quieto mientras este lo tiraba al suelo, los dos cuerpos se escucharon al caer al piso.
-Naruto- dijo con voz entrecortada-Duele...
Abrió sus ojos asustado al ver como pequeñas marcas de color naranja corrían llenando su brazo y parte del rostro quedándose de color negro. Ahogó un grito de miedo cuando este lo volteó en el suelo mientras pequeñas gotas comenzaban a caer, más lo asustó cuando un fuerte rayo a lo lejos iluminó todo el extenso campo. Luego un dolor punzante se extendió por su brazo al sentir la poderosa mandíbula apretándolo.
-¡Sasuke, me haces daño!- este sacó sus dientes de la piel de Naruto, los colmillos habían logrado penetrar la piel hasta dejar salir la sangre y la herida era muy dolorosa para el humano-¡Basta!
-¡Has que pare!- gritó sin control Sasuke-¡Duele demonios, duele!
Otro rayo iluminó a ambos. Los ojos del dragón sangraban y lo hizo asustarse demasiado, las marcas seguían allí para empeorar las cosas, Sasuke no parecía tener control ante eso, esa tendría que ser su maldición, aquella que podría lentamente su cuerpo. Asustado a más no poder solo atinó a abrazar con fuerza el cuerpo mayor a el, la respiración de ambos era agitada, una por el dolor y la otra por el miedo. Y lo siguiente que pensó el rubio fue el detonante ante esa extraña situación que experimentaba Sasuke.
-Shhh tanquilo, yo estoy junto a ti- le susurró tranquilo con sus labios pegados en su frente.
-Duele, duele mucho- dijo Sasuke aferrando sus manos a la cintura que practicamente se quería pegar contra el.
-Piensa en otra cosa, yo estoy contigo, tranquilo.
La lluvia comenzó a caer sobre sus cuerpos sin lastima, ambos cerraban los ojos disfrutando el contacto, más Sasuke que podía sentir como el dolor se iba. El dolor le decía perfectamente lo que ocurría, su amo estaba pidiendo por el, pero no quería hacerlo. Por una vez deseaba estar con aquel calmante que ahora lo protegía con sus brazos, estaba feliz en pocas palabras, y con eso olvidó todo, olvidó el dolor, y los gritos de humanos a lo lejos, así como también la agonía que lo hacia retorcerse de dolor.
Y nada más existió en ese momento, tal vez se quedaron así por horas, quizá minutos, pero nada importó, solo sus cuerpos pegados era lo importante. Con el tiempo Naruto sintió como el otro cuerpo se relajaba, captó la lluvia a su alrededor y el ruido del agua al caer sobre los árboles lejanos.
-Sasuke...
El nombrado abrió sus ojos ya limpios por el agua que caía insistente, con sus brazos apretó un poco más el agarre y levantó su cabeza hasta el rostro del humano. Este se sonrojó al verlo y acercó su mano hasta su rostro hasta casi tocarlo.
-Esta es tu maldición- le dijo lento.
-Si- pronunció simple y claro sin dejar de ver su cara. Sus cabellos rubios caían mojados sobre su cara mientras sus ojos celestes tenían un pequeño brillo de emoción.
-Pensé que algo malo te pasaría- sin pensarlo el humano acercó su rostro al suyo.
Pero Naruto frenó al darse cuenta de lo que estaba por hacer, sonrojado se apartó y notó como el dragón apretaba su cadera sin dejarlo ir.
-Sas...- y de forma lenta, observó como este rozaba sus labios en un beso ligero que le llenó en pecho de una extraña sensación.
Cuando este se alejó curvó sus labios en una sonrisa de lado que lo hizo perder la cordura. Y las ganas de sentir esa sensación regresó como un nudo en su garganta que dolía, sin perder tiempo acercó su rostro al del dragón y sin pensar o dudar lo besó.