-¡Sasuke!- el rubio miró hacia el atacante del dragón, Sakura estaba allí empuñando aquella pistola, una mano sujetando su cabeza y la otra empuñando aquella pistola Magnum que había echo caer a tantos rivales-¡¿Que es lo que haces?!
Sasuke sujetó su hombro herido, el hormigueo ya estaba recorriendo su cuerpo para colocarse sobre la zona herida.
Tranquilizó su respiración y luego llevó su mirada cargada en odio hacia aquella humana que seguía apuntándole, ya no podía seguir con eso.
Alas al fresco viento, escamas relucientes al sol y garras enterrándose el la tierra. Lo justo y necesario. El dragón ya no podía soportar que las cosas se repitieran una y otra vez.
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De un elegante movimiento se hundió en la profundidad del agua, moviendo sus alas como las aletas del pez; que le ayudaron a sumergirse aun más profundo, permitiéndole sentir el frío del agua rodeando todo su cuerpo. Tiró su gran cabeza hacia atrás, abriendo sus alas a todo su esplendedor. Se dio el gusto de abrir sus ojos y observar todas las burbujas que lo rodeaban, mientras de sumergia de espalda a la oscura profundidad.
Movió sus garras y se maravilló mirando el agua pasar por ellas. Ciertamente amaba el agua, a pesar de no querer el frío, todo dragón lo hacia. Era puro instinto.
Casí tanto como el de respirar.
El aire no era problema, al menos por unas horas, pero algo le pedía tomar un poco más para estar seguro.
Emergió de forma magestuosa, de un moviento de su cabeza todo su cabello negro quedo perfectamente parado entre la hilera de largos cuernos, sus dos patas atinaron a tomarse de una saliente roca y sus alas quedaron extendidas al brillante sol de la mañana. Sin poderlo evitar lanzó un rugido hacia el cielo celeste.
- Brillante- exclamó una voz a cerca de él.
De forma rápida sacó todo su cuerpo del agua y observó con atención al individuo que había interrumpido su relajante momento. A unos metros, justo al lado de un frondoso árbol, estaba parado un humano de negros cabellos largos y ojos violetas, este solo miraba su figura salir del agua y sacudirse dejando que el agua volara de su cuerpo como una ligera llovisna.
- Eres magnífico- escuchó de nuevo, su cola se quedó rigida a su izquierda mientras una de sus garras se acercó a aquel humano arañando sin cuidado la tierra bajo ella.
Una clara señal de advertencia.
Un rugido sonoro recorrió su garganta y las escamas de su lomo se erizaron totalmente al ver al otro quitar de su túnica una espada de corto tamaño, su cabeza bajó y su boca fue ligeramente abierta. La presencia del otro lo molestaba demasiado para su gusto.
- No quiero hacerte daño- solo el sonido del agua y las hojas contra el viento hizo presencia-Vengo a darte una oferta, dragón.
Sus orejas vibraron en sospecha, nunca era confiable el creerle a un humano. Aun así, acercó más su cabeza para oír mas de las palabras que este decía.
Una sonrisa cruzó el rostro de aquel de cabellos azabaches y la sospecha aumentó.
Una pata encima de la otra, sus alas al costado de su cuerpo y su cola elevándose y cayendo a la tierra una y otra vez, mientras el humano lo observaba con... ¿Emoción?
- Es algo simple- suspiró- Pero me sería más fácil hablarte si hablaras mi idioma.
Un rugido de desaprovación interrumpió todo el silencio, sus pupilas se afilaron al oír aquella estúpida idea. Sabía perfectamente lo peligroso que era su transformación al cuerpo humano, su defensa y ataque abajaban más de lo común.
- Así es más fácil, creéme- una ladina sonrisa sincera cruzó los labios de aquel ser humano.
Aun que algo en su interior le decía que no le hiciera caso, algo le respondia que nada malo pasaría con intentar.
Un fuego negro envolvió por completo su cuerpo negro, quitándole sus alas, su cola y su fortaleza de dragón.
Al estar transformado por completo en un humano, elevó sus negros ojos hasta el pálido que miraba maravillado su otro cuerpo. Al ver una sonrisa cruzar el rostro del otro temió lo peor.
Un sonido de agua rudamente pisada invadio su audición, y al girarse hacia el; una espada considerablemente larga atravesó su abdomen y al mismo tiempo otra de hundió en hombro. Las fuertes estocadas de las espadas hicieron que sus rodillas temblaran y su cuerpo callera mientras intentaba tranquilizar su respiración, con odio elevó su mirada hacia el humano que sostenía su espada de nuevo.
- Lo siento, pero desde ahora seras un Dragel- escuchó salir de sus labios.
Un Dragel, un dragón con un dueño.
- ¡Jamás!- gritó con fuerza y enojo.
Las llamas negras tomaron su cuerpo, pero una espada afilada atravesó su cuello dejando que la sangre brotara por su boca ahogándolo; pasó largos segundos con la mirada muerta antes de reaccionar. Con furia, estiró su brazo tratando de alcanzar al maldito humano que estaba apunto de atarlo a un amo.
- ¡Muere!
Aun así jamás pudo acercarse a asesinarlo, tirado como un cuerpo muerto observó todas las armas que se hundían en su carne lastimádolo gravemente, cualquier humano expuesto a esa situación hubiera muerto a la segunda estocada. Pero el era un dragón y no moriría tan fácil, a pesar de sentir que las energías fallaban y sentía que en cualquier momento la muerte llegaría.
Un brillo lo despertó y al mirar de donde provenía vio al humano blandir aquella espada con la que lo vio esa misma mañana.
- Aquí y ahora- dijo el azabache soldado- Te condeno, a ser un nuevo Dragel y servir a tu amo en lo que ordene. Hasta tu muerte y la mía.
No pudo hacer nada mas que rugir con odio y asco, quería agarrar entre sus garras el cuerpo pequeño del humano y arrancar su cabeza con sus poderosos colmillos, finalizando con quemar su podrida carne. Era lo que se merecía.
- Quién lleve esta espada será el amo de este salvaje dragón.
Sasuke solo frunció más su ceño al oír aquello, el no quería depender de nadie, solo quería retomar su vida de dragón adolescente y vivir su vida según el cielo indicara su camino.
Negó una y otra vez por hacerle caso al transformarse y se odio por hablar con un humano.
- Eres un Dragel a partir de hoy.
El hombre empuñó listo para insertar el arma en el pecho de la criatura y que la maldición empezara a invadir el cuerpo, pero la mano del joven dragón tomó la espada a mano abierta lastimándose toda la palma bajo el filo de esta.
Dolía horrores pero no perdía nada con intentar, la espada avanzaba y el solo podía tomarla tratando de que no se acercara a su cuerpo lastimado y apuñalado. El emperador ejercía fuerza para poder clavarla pero la mano del dragón-humano la frenaba cortándose y dejando su negra sangre de salvaje en ella.
- ¡Ya rindete!- exclamó el emperador furioso, se soltó de la mano que sostenía su espada y con furia logró clavarla en su cuello donde un pequeño tatuaje comenzó a formarse mientras la sangre fluía.
Sasuke se sintió morir cuando inmensos hormigueos le recorrieron, sentía la necesidad de arrancarse toda la piel para poder calmar la poderosa molestia, similiar a miles de serpientes raptando.
Rápidamente las heridas dejaban de sangrar y muchas cicatrices comenzaron a quedarse grabadas alrededor de todas las espadas, después de largos minutos esas desaparecieron dejando la piel seca, tal y como si las armas fueran de su cuerpo. Y al ver aquello cayó dormido por todo o sucedido.
...
Unos sonidos despertaron sus sentidos y se vio obligado a abrir sus ojos en la densa oscuridad del sueño, parpadeó varias veces pues reconocía que aun estaba en el cuerpo inferior de un ser humano. Varios sucesos taladrearon su cabeza obligándolo a moverse, intensos dolores le hicieron apretar sus dientes y mirar su maltratado cuerpo donde se podían ver todas las espadas que lo atravesaban completamente.
No entendia porque estaba en aquel estado.
Levantó su vista y vio a un hombre de largos cabellos negros, sus ojos parecidos a los de una víbora recorrían su cuerpo dejándolo algo incomodo por su aspecto tan sombrio similiar al de un muerto. Aun así mostró sus dientes enojado haciendo crugir las cadenas que sostenían sus brazos y piernas, pero de forma inesperada este acarició su mejilla izquierda con confianza, una sonrisa ladina estaba dibujada en aquel pálido rostro y se sintió bien.
- Eres muy hermoso jovencito. Lastima que estes en este estado tan deplorable.
El emperador se dio cuenta de que el dragón no recordaba nada.
- ¿Que pasa...?- su voz le resagaba la garganta, a causa desconocida.
- Tengo una misión para ti, mi Dragón.
...
Observó por tercera vez aquel pueblucho del Norte. El olor a bosque quemado estaba en todas partes y los gritos de los árboles en cada rincón.
Un movimiento a su izquierda lo hizo girarse a duras penas. Su amo miraba con una sonrisa el pueblo, elevó su mano y lo apuntó.
- Quiero que lo destruyas, Sasuke- su mirada sádica y asesina podría asustar hasta al más valiente de los humanos- No dejes a nadie con vida.
Suficientes palabras para un Dragel, sin esperar un segundo se había lanzado hacia aquel lugar. Lo siguiente que escuchaba eran los gritos horrorizados de la gente, las maderas siendo rotas e intentos en vano de asesinarlo.
Luego de varios minutos los humanos seguían mostrando su resistencia, muchos se levantaban y se lanzaban queriendo herirlo. Por lo que arto de tanto alboroto abrió sus mandibulas dejando en silencio a todos cuando, furioso, dejo salir las naranjas llamas de sus fauses, quemando todo a su paso y aumentando la destrucción en aquel lugar.
Ahora se apreciaba el humo negro a quílometros. Muchos comerciantes se habían detenido en sus viajes para poder deducir de donde preovenía aquello.
Despues de horas la destrucción era evidente.
Cadaveres en el suelo, siendo aplastados por sus casas heechas cenizas. Soldados quemados, bebes y a lo lejos el gobernante de allí. Sus ropajes hechos arapos y en su mirada la clara seña de desolación y horror.
Había presenciado lo que era un exterminio en su pueblo. Había visto a su gente siendo quemada viva mientras trataban de defender lo suyo, de protejerlo a él... A las proximas generaciones. Estaba como muerto mientras el enorme Dragel se acercaba, moviendo su enorme cuerpo con gestos elegantes.
Orochimaru rió cuando observó al dragón quebrar en dos con sus mandibulas al desgraciado rey de aquel pueblo rico en míneria.
Y así había sido su vida durante largos cincuenta años.
Asesinando gente, destruyendo pueblos y reinos, matando a todo lo que su amo le ordenara. Pero él solo conocía eso, no recordaba nada acerca de su libertad de joven, todo aquello había sido eliminado al momento de que la daga había atravesado su carne... Desde que fue condenado a la maldición que pudriría lentamente su carne.
Pero no solo había liquidado millones de vidas, tambien había dado la vida a sus hijos; los cuales él no conocía pero los sentía.
Su madre, quién había roto a llorar al recordarlo, quién lo mimo muchas veces. La única humana que amaba por la valentia de querer a un Dragón como él, alguien que llevaba la sangre de muchos en sus manos. Aunque lamentablemente había visto morir por edad avanzada, la única vez en su vida que había llorado.
Los días en aquellas celdas, cuando lo castigaban por no hacer las cosas bien. Algunos sucesos que no quería recordar y las noches que su amo lo obligaba a hacer cosas que detestaba con su cuerpo.
El odio que había crecido en aquellos años.
La fríaldad en su cuerpo... La maldición recordándole que era inútil resistirse.
El deseo de muerte.
...
- ¡Lo sentimos pero nos vemos obligados a ceyarlos!- gritó la temblorosa voz de un anciano- ¡No podemos permitir que esto siga así!
Una cruz se alzaba por encima de las cabezas de todos, en los vidrios por los cuales entraba la luz había dibujos; humanos cortando las cabezas de los dragones.
Ese día había sido la gran revolución del mundo.
En el centro de la ciudad más importante del continente, habían parados treinta hombres, todos con las espadas en sus nucas; preparados para morir. La gente a su alrededor observaban la escena repetida una y otra vez con emoción, esperando ver caer las cabezas de los amos de aquellas espantosas criaturas. Una orden y los cuerpos decapitados caían sin vida, esparciendo la sangre por los suelos, una imagen maravillosa para el emperador.
Sus dragones, por igual, eran asesinados o en los mejores casos "ceyados" por el vaticano.
En el caso de Sasuke siendo enterrado bajo las profundidades de la tierra, esperando pudrirse sin exito alguno.
Una masacre que había llevado a esa poderosa raza a la extinción.
O al menos eso era lo que creían los humanos.
...
Más de cuatro decadas había estado encerrado debajo de la tierra, cuando el sonido de pasos habían interrumpido el silencio de su soledad.
Al elevar su vista estaba su amo, sus ojos ahora eran tan afilados como los de una serpiente, su cabellos más largos que antes.
- ¿Cuál es el problema?- dijo riendo- ¿Acaso crees que tus ojos arderán deslumbrados por la luz que tanto tiempo llevas sin ver?
Su cuerpo se retorció haciendo que las cadenas que llevaba atadas a las espadas crujieran. Su cuerpo mutilado sin piedad ya no dolía como antes, las cicatricez sobresalían de la carne atravezada.
Sasuke volvía a surgir.
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Un repentido dolor le recorrió toda su espalda, asustado se levantó y observó sus manos.
A su lado dormía Naruto, muy agarrado a su pecho.
Aun asustado repiró tranquilo al ver que solo era un sueño.
Aunque le dolía recordar los acontecimientos pasados de su vida no podía evitar sentirse bien al saber que no estaba muerto.
Se acomodó de nuevo en el suelo, abrazando a su amado humano, recordando por una milesima de segundo a su madre acariciando sus cabellos; cantándole dulcemente.
- Mamá...- pensó al borde de romper a llorar- ¿Estoy haciendo bien las cosas?
Cerró sus ojos lentamente, en sus brazos la cosa más maravillosa en su vida, en su nariz su agradable aroma y en su rostro una sonrisa.
Se sentía bien... Muy bien. Pero la pregunta que rondaría en su cabeza en el futuro era:
¿Porque había soñado que la humana lo atacaba y él la asesinaba?
...
Continuara...