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No de promesas, sino compromisos - [Ereri/Riren] por L_inverse

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Notas del fanfic:

- Historia Corta
- Temática Yaoi
- Ereri/Riren
- Modern AU

Notas del capitulo:

Bienvenidos y bienvenidas a una nueva historia de este maravilloso fandom.
Espero que disfruten su lectura.

 

Descargo: Los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son del creador de la serie Shingeki no Kyojin, Hajime Isayama.

 

 

CAPÍTULO I: Sin fecha de caducidad


La lluvia era tan intensa que era incapaz de ver algún paisaje coherente a través del vidrio. Las gotas de agua golpeaban la ventana ruidosamente y resbalaban por ella para amontonarse sobre la madera del marco que daba hacia el exterior.


Qué estúpido otoño estaba siendo ese año. Debido a los temporales, como los de esa noche, es que Levi no había podido abrir su cafetería en más de dos días, porque ¿quién saldría a tomar un té o café con semejantes vientos y lluvia? Es más, ¿quién saldría si quiera a la calle, considerando que en el pueblo habían suspendido la mayoría de las actividades para proteger a las personas del mal clima?


Bueno, ciertamente había alguien que lo había hecho. El mocoso de ojos verdeazulados había llegado esa tarde a su loft que se ubicaba justo sobre la cafetería que dirigía y de la cual era dueño. Cuando había abierto la puerta, se encontró con su cabello castaño que caía sobre sus hombros, lacio debido a la cantidad desbordante de agua que soportaban, e incluso su impermeable parecía haber fallado en su propósito de protegerlo de la tormenta.


Levi – después de haberle gritado maldiciones por semejante estupidez – lo ayudó a cambiarse de ropas y a secarse completamente tras un baño caliente, procurando tener listo un té caliente y comida para que no enfermara. 


No era extraño que Eren pasara la noche con él, de hecho, lo hacía con frecuencia el último tiempo, desde que habían decidido dejar de esconder su relación ante los ojos del pueblo; sobre todo porque el chiquillo ya tenía diecinueve años y no había problemas legales para sus encuentros.


– Lo haces otra vez. – el azabache apartó la vista de la ventana junto a la cual se encontraba sentado para dirigir su mirada hacia la cama revuelta, con el moreno ligeramente erguido entre las sábanas, mirando en su dirección con ojos somnolientos.


Tenía el cabello desordenado y el torso descubierto, mostrando esa piel exquisitamente morena cubrir los músculos de su espalda trabajada debido a que lo tenía cargando cajas todos los días.


– ¿Hacer qué? – preguntó el de ojos grises fingiendo demencia. Sabía a lo que se refería su pareja, pero no quería entrar en detalles al respecto. Entonces, Eren se puso de pie, colocándose una camiseta de mangas cortas que estaba botada en el piso junto con los pantalones de su pijama y, finalmente, se acercó hasta donde estaba el azabache.


Sus ojos verdes en medio de la oscuridad parecían luciérnagas que bailaban en sintonía para transmitir ese amor desbordado que le profesaba día a día desde hace poco menos de un año, quizá mucho antes en secreto.


El chico se agachó lo suficiente y capturó los labios del más pálido, besándolo de esa forma que hacía que las mariposas en el estómago de Levi despertaran entusiasmadas y dieran vuelo libre dentro de él, haciéndolo temblar cuando los cálidos labios del muchacho exigían compartir ese gesto íntimo.


Tras separarse, el moreno se sentó al otro extremo de la ventana, invitándolo a acercarse y acurrucarse contra su pecho. Levi no protestó, hace tiempo que había dejado de lado las vergüenzas ante esos gestos consentidores que hacía Eren con él y se permitió descansar su espalda contra el ancho pecho del muchacho que era al menos diez años menor que él, dejando que sus largos brazos rodearan su cuerpo cubierto por una camiseta similar al de su pareja, mientras las piernas de ambos se enredaban tratando de mantener el equilibrio en ese estrecho espacio.


El de ojos cuales esmeraldas besó su mejilla, antes de recargar su cabeza sobre la contraria, dirigiendo ambos su mirada hacia la lluvia que caía sobre el pueblo de Shiganshina.


– ¿Vas a decirme qué sucede? – preguntó, eventualmente, Eren. Se había tardado más de lo que Levi pensó, pero lo cierto es que había percibido sus debates mentales por salir de la duda y finalmente retomar la conversación entre ambos.


– No sucede nada, Eren. Sabes que me cuesta dormir por las noches. – respondió él, intentando sonar convincente, pero la agresividad en su tono de voz delató su mentira. El moreno lanzó una carcajada sin gracia y apretó el abrazo alrededor de él, entrelazando los dedos con la mano de Levi que había buscado la del chico de manera distraída.


– Bueno, la idea de quedarme a dormir contigo es... dormir contigo. – señaló con suavidad.


– Oh, ¿en serio? Pensé que venías a otra cosa. – comentó, echando su cabeza hacia atrás para dedicarle una mirada lasciva al menor, quién puso los ojos en blanco y depositó un corto beso en los labios de su amante.


– También. – le susurró con perversión. – Pero sabes a lo que me refiero. – los dos se quedaron en silencio otro momento antes de que el moreno volviera a hablar. – Hace días que estás así... distraído, alejado... – murmuró. El azabache podía notar la inseguridad que sentía el mocoso y quebró un poco su corazón.


– Lo siento. – fue lo único que se le ocurrió decir. Ni explicaciones ni reivindicaciones, sólo una mera disculpa para un comportamiento que sabía era totalmente reprochable e injustificado.


– Es por lo de Trost, ¿no? –


Levi supo que se tensó bajo los brazos de su pareja y se reprochó mentalmente por no poder controlar su cuerpo ni sus emociones. No tenía nada que decir al respecto sobre ese tema; ya lo habían conversado, ya sabían qué iba a pasar, ya tenían todo listo y planificado para que sucediera, pero...


Demonios, dolía demasiado. Alejarse de ese jodido mocoso le dolía tanto que por las noches la ansiedad y la angustia de saber que no lo vería a diario como ahora, que él estaría conociendo a personas muchísimo más interesantes – mucho más agradables, por lo demás – con un mejor futuro que ser un simple dueño de una cafetería en un pueblo olvidado de Eldia, lo embargaba casi quitándole la respiración.


Le daba terror que Eren descubriera que realmente el azabache no era lo que quería para su vida, que era un simple hombre dirigiendo una cafetería, una persona solitaria y de un humor de mierda; le aterraba pensar que el chico encontrara a alguien más con quién compartir la cama, con quien charlar sobre libros y flores, con quien aprender a cocinar ridículas preparaciones o con quien sentarse a mirar el amanecer.


Quería ser justo con él. No mentía todas las veces en que le dijo que quería que fuera feliz, que cumpliera sus sueños, que viviera la vida y no se estancara con él, quién ya tenía su futuro decidido y lo único que quería era la paz que le podía dar un lugar lejos de la ajetreada ciudad; sin embargo, la idea de que Eren se olvidara de él, esto de que el mocoso se fuera a estudiar a una ciudad tan lejana y no pudieran verse o conversar con regularidad le aterraba tanto, porque lo amaba de una manera desbordante y sin sentido.


Lo amaba desde hace más de un año, cuando apenas el mocoso había cumplido sus cortos dieciocho años y había llegado hasta la cafetería del azabache – la cual solía visitar casi a diario con sus compañeros del instituto – sólo para preguntarle con inocencia y timidez si alguna vez podría invitarlo a salir.


Desde ese día, sus ojos verdes y su sonrisa cálida se habían vuelto recurrentes, tanto así que extrañaba cuando había ocasiones en donde no podían verse, cuando debía salir del pueblo a buscar abastecimiento para su negocio, cuando el mocoso tenía cosas que hacer; tanta había sido su necesidad de estar juntos que pronto el mismo Levi se encargaba de llevar a Eren para que lo acompañara a comprar las cosas que necesitaba de la tienda o el moreno se iba hasta la cafetería a pasar el rato, donde terminaban muchas veces en el departamento del mayor.


Durante los primeros meses de esos encuentros, no pasaba nada más que una conversación profunda y muchas tazas de té entre pasteles y galletas; pero luego, fue inevitable que su relación madurara a tal punto que el mocoso se había atrevido a besarlo una tarde en que el sol pegaba fuerte en el ocaso, el verano donde el chico le había pedido trabajar ahí para juntar dinero y, por lo tanto, verse todo el tiempo.


Se podría pensar que ese primer beso había cambiado todo para ambos, pero no fue así. Su relación siguió de igual manera exquisita, añadiéndole comportamientos más íntimos a los que poco a poco les fue perdiendo vergüenza; permitiendo que el moreno lo abrazara sin aviso, que le robara besos fugaces mientras trabajaban, que se volviera más atrevido y seductor con él en los rincones del pueblo, ocultos tras la flora de las zonas inhabitadas y vigilados por las estrellas, la luna, el sol, las nubes...


Cuántos días pasaron disfrutando la compañía mutua, trabajando codo a codo en esa pequeña cafetería, asistiendo a fiestas de cumpleaños de amigos y familiares, a las primeras navidades.


Hasta que llegó un día ese radiante mocoso a sentarse junto a él en la pequeña mesa redonda que disponía como comedor en el loft. El color de sus ojos verdes se había opacado por las dudas, la preocupación y el miedo, cuando le confesó que quería entrar a la universidad y volverse un doctor, por lo cual se iba a ir por unos días a una entrevista en una ciudad que quedaba a más de nueve horas de distancia.


Levi sabía que algo así sucedería. Pese a que Eren se había tomado un año libre tras salir del instituto, tenía muy claro que no planeaba dedicarse a la cafetería junto a él, pues ya había expuesto su opinión muchas veces de lo mucho que le interesaba el área de la salud, de toda la ayuda que podría hacer si fuese un médico; así que, cuando el joven de preciosos ojos verdes le había dicho que iría a una entrevista, el azabache supo de inmediato que su relación tenía fecha de caducidad.


No fue extraño que Eren pasara los exámenes y las entrevistas correspondientes, porque, demonios, al estúpido chiquillo no le bastaba con ser fuerte y apuesto, sino que también tenía que ser jodidamente inteligente y encantador; una persona con desplante al hablar y que sabía transmitir con claridad sus ideas, opiniones y respuestas. Además, el chico contaba con el apoyo de su familia y, por supuesto, también con el de Levi. De hecho, el azabache sabía que la única persona que podía superar el orgullo que sentía por el muchacho, era su madre, Carla.


Sin embargo... la felicidad que le daba saber que Eren cumpliría sus sueños, que viviría un montón de experiencias enriquecedoras en la universidad, competía arduamente contra el dolor de dejarlo ir.


– Este es el momento en el que te vuelves egoísta y me dirás que me extrañarás, que te gustaría que me quedara, que no te quieres apartar de mí. – murmuró Eren casi al oído del mayor. El agua seguía cayendo a raudales afuera y Levi no comprendía por qué eran sus mejillas las que se encontraban mojadas. Hasta que el inevitable sollozo escapó corto y suave de sus labios, logrando que su cuerpo se estremeciera contra el de Eren.


El chico lo obligó a voltearse cortamente para dejarlo acunado en su pecho y lo abrazó con fuerza mientras besaba su frente con cariño. Levi no había llorado en muchos años, tantos que no podía recordar cuándo había sido la última vez que ese amargo nudo en su garganta le había cortado la respiración y le dificultaba el hablar; sin embargo, ahí estaba, rompiendo todas sus reglas de evitarle al chico ver esa faceta suya.


Esa parte de él que no quería que se fuera, que sufría la angustia de la separación cada noche, incluso cuando el moreno estaba en su misma cama, esperando ser abrazado por el mayor para dormir juntos como cuando este tema de la universidad no existía; esa parte de él que sabía que lo único que le daba encanto a ese pueblo era el joven que ahora lo consolaba entre sus firmes y protectores brazos, incluso cuando era él quién se marchaba, quien debía estar brutalmente asustado por la nueva vida que estaba por empezar, lejos de sus amigos, de su familia y de su pareja.


– Quiero que seas feliz. – afirmó, recuperando su voz tras un par de minutos en llanto silencioso y apartándose un poco para mirarlo fijamente. – Prométeme que lo serás. –


El chico le sonrió con cariño mientras limpiaba los restos de lágrimas que aún estaban sobre sus mejillas pálidas y dejó su mano ahí, acariciando con suavidad la piel blanquecina del mayor, mientras se miraban con un montón de sentimientos mezclados que eran provocados por el enorme amor que se tenían.


– No se trata de promesas, sino de compromisos. – dijo entonces Eren, ensanchando su sonrisa mientras extendía su mano libre hacia el mayor.


Los ojos de Levi se abrieron enormemente. El sonido de la lluvia y del viento dejó de escucharse fuera de la habitación, los latidos de su corazón retumbaban cuales bombos entre ambos cuando su vista enfocó el anillo de plata que resplandecía entre los dedos del moreno, bajo las sutiles luces de los faroles en las calles, coronado por una pequeña esmeralda que se mimetizaba a la perfección con el plateado reluciente de la sortija.


– No te estoy pidiendo que nos casemos ahora. – comenzó a decir el moreno al notar el mutismo de su pareja, sosteniendo el anillo entre sus dedos, todavía en dirección al mayor. – Estoy diciendo que dentro de todos los planes que tengo, dentro de todos los sueños que planeo realizar, casarme contigo es uno de los principales. –


– Tch. No hagas esto, Eren. – murmuró el mayor, escondiendo su rostro tras su flequillo. – No te estanques conmigo. No me debes nada. Debes vivir tu vida plenamente, mocoso de mierda. Te lo mereces... –


– Estoy eligiendo vivir mi vida, Levi. – estableció él, moviendo la mano que sostenía la mejilla del azabache hasta la barbilla de este, para hacerlo alzar la vista y que sus miradas se encontraran. – La pregunta sigue siendo... ¿quieres ser parte de ella y permitirme, de esa forma, ser parte de la tuya? –


Levi estaba tan nervioso que continuaba alternando su mirada entre el humilde y precioso anillo que Eren le extendía y los ojos del muchacho que igualaban la joya que portaba dicha sortija.


El anhelado «sí» estaba atorado en su garganta, luchando contra su lado racional por salir como una explosión y dejarse llevar por esto; aceptar la propuesta de Eren era todo lo que quería en el mundo, pero ¿era justo? ¿era correcto dejar que el chico tomara esas decisiones a su corta edad sólo porque no conocía a alguien mejor para él? ¿alguien con quien soñar más en grande que vivir en un pequeño pueblo? ¿no merecía la oportunidad de conocer a más gente y vivir otras experiencias antes de si quiera decidir casarse?


Pero, demonios, quería gritarle que lo amaba, que esa pequeña sortija de compromiso había hecho que su corazón se derritiera y las lágrimas amenazaran con salir nuevamente de sus ojos grises de tan feliz que se sentía ante el posible compromiso entre ambos.


– Te amo, Eren. – comenzó a decirle, con la voz grave debido a las emociones que hacían que su pecho sintiera con brutal fuerza los latidos de su corazón. – No necesito un compromiso para que lo sepas, porque te seguiré amando estés donde estés, no importa el tiempo que pase. – esta vez, fueron los ojos de Eren los que comenzaron a mostrarse amenazados por lágrimas que los hacían brillar con más intensidad. – Por eso... – la mano del chico tembló sosteniendo aún el anillo y, entonces, Levi simplemente le sonrió y estiró su mano para dejarse poner la sortija en el dedo anular, sorprendiendo tanto al chico que las lágrimas, que antes se esforzaba por contener, corrieron rápidamente por sus mejillas sutilmente sonrojadas. – Mi respuesta es sí. –


El sollozo de Eren mezclado con la carcajada que escapó de entre sus labios le hizo sonreír más anchamente. El chico siguió liberando lágrimas mientras se acercaba hasta el mayor y volvía a besarlo con suavidad y emoción, sujetando el rostro pálido de su pareja entre sus manos nerviosas.


– Tremendo susto me hiciste pasar, Levi. Eso fue tortura. – le soltó entre besos, apenas articulando palabras porque sus labios se deleitaban con los del mayor.


– Eres tú el que me tortura con esto, jodido mocoso. – respondió el azabache, separándose levemente de su enamorado. – Puedes arrepentirte. –


– Levi, estoy enamorado de ti desde los quince y no quise hablarte antes de cumplir los dieciocho porque sabía que me mandarías a la mierda. – ambos rieron cortamente ante esto, porque Eren tenía razón. Levi jamás se hubiera fijado en él debido a que era un niño simplemente. – Han pasado un montón de cosas entre nosotros en todo este tiempo y este amor no ha hecho más que crecer. –


– Es distinto. Este pueblo es pequeño, en cambio, la ciudad, la universidad... Llegará un momento en que la distancia supondrá un problema entre ambos, mocoso. Llegará el día en el que quieras tenerme a tu lado y no podré hacerlo inmediatamente. – tras una pausa, bajó la mirada sutilmente mientras entrelazaba su mano con la de su pareja. – Podrías conocer a alguien más. –


– ¿Alguien más? ¿Te preocupa que conozca a alguien más? – la sonrisa burlona de Eren le hizo soltar un par de maldiciones y, jalándole un mechón de cabello, le respondió.


– No me vengas con tus bromas, Jaeger. «Juventud» no es exactamente una de mis cualidades. – qué ridículo se sentía ante estas inseguridades que lo abordaban de sólo pensar en todas las experiencias que estaba por vivir el mocoso. Nunca había sentido celos con Eren, porque, de alguna manera, tenía total confianza de los sentimientos que él le profesaba tener.


– Nunca me ha importado la diferencia de edad entre nosotros. – mencionó el moreno mientras sujetaba la mano de Levi que poseía la sortija. – De hecho, me parece bastante atractivo. – añadió con sorna mirándolo con una ceja enarcada.


– Estás mal de la cabeza. – señaló el mayor. El moreno simplemente rio tras darle otra mirada lujuriosa. – Eren, escúchame. – volvió a llamarlo tras soltar un suspiro. – Quiero que disfrutes cada momento de esta estupenda oportunidad que tienes de ir a la universidad y conocer una ciudad tan grande como Trost. Sólo prométeme que te cuidarás y que... –


– Te voy a extrañar. – le dijo el moreno, robándole un corto beso al interrumpir su discurso.


– Eso no, mocoso. – le reprochó Levi, pero el otro sólo soltó una risita.


– Lo sé, lo sé. – se defendió el moreno al ver la mirada de advertencia que le estaba dedicando su pareja. – Será difícil estar lejos de casa, lejos de ti. – murmuró entonces, manifestando esos miedos de los que Levi ya tenía conocimiento. – Y también me da miedo que te olvides de mí... –


– Eso no pasará. – aseguró el mayor, enredando sus dedos entre los cabellos del moreno. – Tengo un bonito recordatorio tuyo en mis manos. – señaló luego, haciendo referencia al anillo que ahora portaba.


– Yo también te amo, Levi. – dijo el chico con una sonrisa. – Me esforzaré mucho por hacer que el tiempo que tengas que esperarme sea lo menos posible. – decretó con determinación.


– Idiota. – le respondió el azabache, demasiado feliz de tener a alguien como el moreno en su vida. – No te estaré esperando. Te estaré acompañando durante este proceso; de la manera en que pueda estaré contigo y te apoyaré en cualquier cosa que necesites. –


– Mmmm... – el chico meditó por unos segundos, provocando que el mayor lo mirara con una ceja enarcada. – Ahora necesito que vengas a la cama conmigo a intentar dormir un poco, ¿te parece? – el moreno sujetó la mano de Levi y besó la sortija antes de dirigir sus labios hacia el dorso de la mano de su pareja y depositar otro beso ahí. – No necesariamente a dormir, si quieres... – añadió con un tono provocador, haciendo que el azabache le dedicara una sonrisa ladina antes de aceptar su petición.


 


~*~~~*~~~*~


 


 


CAPÍTULO II: El confort de tu compañía


Cuando el timbre del departamento sonó, Eren se apresuró con impaciencia hasta la puerta. Su corazón se apretó dentro de su pecho, lanzándose de golpe sobre el azabache que no alcanzó si quiera a levantar la vista una vez que el chico le abrió las puertas de su hogar.


El mayor retrocedió un paso debido al brusco abrazo que había ejercido su pareja apenas se vieron, llegando a botar las bolsas que traía en las manos para corresponder el gesto que había hecho el moreno, quién se permitió sentir su calor y ese aroma que no había cambiado nada desde que se habían conocido.


El chico sólo se apartó cortamente para capturar los labios de Levi de manera desesperada, sin mediar palabras todavía, solamente deseoso por sentir de todas las formas al hombre, a quién no había visto en más de tres meses; el más bajo se lo permitió y se dejó deleitar por la boca contraria por unos minutos que parecieron tan largos como efímeros.


– Vas a romperme los labios. – murmuró el azabache entre besos.


– Te recuperarás. Soy bueno con las curaciones. – respondió el moreno, todavía saboreando los labios contrarios. En seguida, la carcajada ronca de Levi reverberó entre ellos y lo hizo, finalmente, separarse para poder apreciarse mutuamente.


Dios, los años no pasaban por ese hombre, pensó el chico. Eren seguía viendo a ese apuesto azabache que había llegado un día hasta el pueblo a instaurar una novedosa cafetería, cuando el chico tenía apenas catorce años.


Pese a su baja estatura, sus aires de madurez y rostro varonil lo habían dejado embobado al instante, logrando que su imagen no se volviera a borrar de la mente del moreno nunca más; y, para cuando ya tenía quince años, el mayor había abierto su cafetería, la cual fue toda una sensación en ese aburrido pueblo. Siempre estaba repleta tanto de gente adulta como de jóvenes, pues el variado menú y las espectaculares preparaciones del azabache hacían que los clientes frecuentaran mucho el lugar.


Claro que Eren había usado como excusa el ir casi todos los días a comer ahí, sólo para poder ver a Levi y tener cortas conversaciones con él. Sus amigos, después de un par de meses visitando sagradamente todos los días la cafetería, se habían dado cuenta de que el café y los panqueques de arándanos no eran el motivo principal para esas visitas, sino que el atractivo azabache que dirigía el lugar era el responsable de que el moreno no dejara pasar un solo día sin ir hasta la cafetería.


Levi, con sus ojos grises rasgados, su ceño fruncido, su aire de madurez y voz ronca lo habían enamorado a primera vista; pero no sólo su gran apariencia había llamado su atención, sino también lo pulcro que era con el cuidado de la tienda, la dedicación que le ponía a sus preparaciones, al menú, a la calidad de los productos; también le gustaba que fuese preocupado por la gente, escuchando los pesares de quienes se sentaban junto al mostrador – aunque el más bajo no era realmente bueno conversando, las personas del pueblo solían buscarlo de todas formas y él siempre, siempre se quedaba ahí. –


Incluso con el mismo Eren, las veces en que le iba bien en el instituto o para las celebraciones; Levi lo había saludado por su cumpleaños todos los años – porque, evidentemente, el moreno se preocupaba de llegar a la cafetería esos días – y era usual que le regalara un trozo de pastel o algunas galletas cuando se le ocurría hornear; así como también el menor iba todas las navidades a saludarlo por su cumpleaños.


Levi no había cambiado nada con los años; su cabello seguía igual, su piel exquisitamente blanca y suave no presentaba ni una mísera arruga, pese a tener ya más de treinta, y esos ojos grises casi azulinos seguían mirándolo con enorme cariño, igual que siempre.


Eren apoyó su frente contra la de su pareja mientras se embriagaba con su aroma, como volviendo a respirar después de mucho tiempo sumergido en el profundo océano de la soledad.


– Yo también te extrañé. – le soltó el azabache, acariciando la espalda contraria debido a que sus brazos rodeaban la cintura del más alto. En seguida, tomó la mano izquierda de Eren y besó la sortija de compromiso que llevaba en su dedo anular.


Después de que el chico le había regalado el anillo a Levi, el mayor consideró que no era justo que sólo él portara con una sortija de compromiso, queriendo asegurarse de que cualquier persona se enterara de que el moreno estaba comprometido y que el cielo se apiadara de aquella desdichada alma que intentara seducirlo; así que, días después de haberle propuesto matrimonio al azabache, ambos fueron hasta la joyería para hacer una sortija para el moreno que hiciera juego con la de Levi, cambiando la joya verdeazulada por una que fuese azul grisácea, como los ojos de su prometido; de esta forma, según el mayor, ambos tendrían un recordatorio visual del otro.


– Si te hago entrar a la casa, ¿puedo seguir besándote? – le preguntó el moreno, entrelazando sus dedos con los del azabache.


– No me iré de inmediato, mocoso. Tenemos tiempo, no desesperes. – señaló el mayor, apartándose para volver a tomar los bolsos que antes había dejado caer al piso. El chico simplemente soltó una carcajada y le ayudó con el equipaje, entrando finalmente a su departamento.


Bueno, departamento era sólo una forma de decir, porque el lugar era realmente pequeño. Era un apartamento monoambiente, donde cabía su cama de dos cuerpos, un pequeño escritorio donde podía estudiar tranquilo junto al ventanal, una humilde mesa redonda de madera y un intento de cocina cerca de la entrada.


Levi le dio un vistazo al lugar y luego fulminó con la mirada a su prometido, haciendo que él se sintiera inmediatamente culpable porque su hogar estaba hecho un desastre; la cama sin hacer, la mesa llena de envoltorios y bolsas plásticas, loza sucia; en fin, todo un caos para alguien amante del orden y la limpieza.


– Los malos hábitos nunca se van. – mencionó el mayor, dejando sus pertenencias junto a la puerta y sacándose la chaqueta para colgarla en el perchero. – Por dónde quieres que comience, ¿el baño o la cocina? – le preguntó con seriedad.


– Levi, qué pervertido. Lo ideal sería hacerlo primero en la cama, ¿no crees? – bromeó el más alto, recibiendo un codazo leve en sus costillas.


– Mocoso de mierda, este lugar es un desastre. Tu madre te mataría si descubriera que vives así. – señaló con vergüenza.


– Deja el orden para después, por favor. Quiero estar contigo ahora. – sabía que el azabache no se opondría a sus peticiones, porque Levi siempre le seguía en sus ideas disparatadas.


Durante esos primeros tres años de su vida universitaria, había sido el mayor quien había viajado de vez en cuando para verlo, ya que, con todo lo que implicaba que el moreno estudiara medicina y los internados que habían comenzado ese año, poco tiempo le quedaba para ese viaje tan largo de vuelta a Shiganshina; sin embargo, el Ackerman había tomado la decisión de ser él quien tomara el viaje y acompañarlo por unos días hasta que ya tuviese que volver a su propio trabajo.


Si debía ser sincero, estar lejos del pueblo, de sus viejos amigos, de su familia y, sobre todo, de su prometido, lo deprimía horrores; de hecho, durante su primer año en la universidad, Levi se había quedado con él dos semanas completas porque el chiquillo había presentado signos de una depresión al verse totalmente alejado de todo el mundo a quién quería.


Finalmente, con apoyo del azabache y de su familia, el moreno había buscado ayuda en la misma universidad, en donde le brindaron las herramientas para llevar esa situación y, después de eso, había mejorado considerablemente en ese aspecto, dándole más tranquilidad no sólo Levi, sino también a su familia.


Sin embargo, siendo totalmente sincero, todavía sentía que extrañaba demasiado su vida en el pueblo; llegar a un departamento vacío le quitaba las ganas de todo, de comer, de dormir, de hacer cualquier cosa. Tenía amigos en la universidad con los que solía pasar el tiempo, pero volver a ese departamento, sabiendo que nadie lo esperaría... no, sabiendo que el azabache no estaría ahí esperándolo, lo llenaba de mucha tristeza.


Ahora, mientras abrazaba el torso desnudo del mayor, quien acariciaba distraídamente sus mechones de cabello castaño y sujetaba con suavidad su mano sobre el pecho del más pálido, sentía que quería eso a diario.


No era un descubrimiento reciente, de hecho, ese había sido uno de los principales motivos que tuvo cuando tomó la determinación de que quería casarse con Levi; que era el único hombre de quién estaba enamorado y a quién amaría toda su vida; porque estar entre sus brazos le transmitía una paz soberana, le transmitía fuerza y valor, como si de pronto pudiese enfrentar cualquier cosa mientras esa sonrisa perfecta le brindara apoyo.


Eren sentía que junto a Levi podía ser él mismo y, al mismo tiempo, cambiar constantemente para volverse mejor; mejor persona, mejor hermano, mejor hijo, mejor pareja... siempre mejorando, siempre aprendiendo a su lado. El azabache era tan primordial en su vida que, incluso estando alejados por más de nueve horas de carretera, podía sentir su amor incondicional, entregándole fuerzas desde la distancia para que siguiera adelante con su sueño de convertirse en médico.


– ¿Vas a decirme qué ocurre? – le preguntó finalmente el mayor, haciendo que él soltara una carcajada y se irguiera lo suficiente para mirarlo a una corta distancia sobre él.


Pese a sus protestas constantes, su pareja le había ayudado a limpiar su desordenado hogar, incluso había traído algunas galletas y regalos que le enviaba su familia. Eren sabía que Levi estaba acostumbrado a esa vida de adulto independiente, donde le daba prioridad a las responsabilidades que acarreaban mantener un hogar, como la cocina, el aseo, las compras, entre otros detalles que, incluso después de tres años viviendo solo, a Eren todavía se le olvidaban.


Pero no dejó pasar mucho tiempo para compartir intimidad con su prometido, sabiéndose necesitado de sus brazos para sentir que el mundo no se derrumbaría a su alrededor, que Levi eran tan real en su perfección, que nada había cambiado entre ellos pese al tiempo separados y la maldita distancia que no les permitía dormir juntos por las noches, comer disfrutando la compañía del otro o pasar el rato entre ellos sin temor que el tiempo les quedara corto, para llegar a la inminente despedida cuando Levi tuviese que volver a Shiganshina.


Procedió a besar sus labios cálidos y suaves que habían quedado sutilmente enrojecidos después de una ronda de mordidas. Sus miradas se encontraron bajo la oscuridad del cuarto, donde, afortunadamente, la luna llena alcanzaba a iluminar la alcoba, dándole ese aspecto tan divino y mítico a su prometido.


– Me encanta que me visites. – respondió el moreno, frotando su nariz con la de su pareja de manera tierna, robándole una media sonrisa al hombre. – Te diría que lo hagas más seguido, pero sé que es egoísta. –


– No creas que no lo he considerado. – mencionó el otro, acariciando la mejilla del moreno distraídamente, mientras ambos se perdían en la mirada del contrario. Los ojos grises de Levi lucían azules gracias al resplandor de la luna, casi zafiros deslumbrantes que podían opacar a cualquier estrella del firmamento. – Dejé a Jean a cargo de la tienda. Ha estado haciendo un buen trabajo, así que he considerado que podría tomarme más tiempos libres para viajar, sabiendo que la cafetería está en buenas manos. – el comentario del hombre le hizo fruncir el ceño de manera involuntaria.


– ¿Jean? – cuestionó con más brusquedad de la planeó, a lo que Levi simplemente puso los ojos en blanco para luego dirigirle su mirada enarcando una de sus delgadas cejas.


– ¿Es en serio? ¿Te pones celoso porque dejé mi tienda a cargo de un chico para venir a verte, mocoso de mierda? – le espetó estirando la mejilla que antes había estado acariciando.


– Yo nunca me quedé a cargo de la tienda. – mencionó el chico, mirándolo con sospecha.


– Claro que no, porque cuando tenía que salir, te llevaba conmigo. – le recordó el otro, dejando un corto beso en sus labios. – Volviendo al tema... – comenzó a decir, adoptando un semblante más serio. – Si quieres que me quede más tiempo contigo, puedo hacerlo. –


– No, no es justo. – dijo finalmente, apartándose debido a la frustración que crecía en su pecho. Había sido su decisión irse a estudiar tan lejos, sólo porque la Universidad de Trost era una de las mejores del país en el área de la salud; permitir que Levi hiciera sacrificios como dejar botada su tienda e ir a encerrarse en ese diminuto apartamento únicamente porque él quería compañía, era sumamente egoísta.


Se sentó al borde la cama, con las sábanas tapando inútilmente sus piernas desnudas, las que sentía más frías ahora que no estaban enredadas con las de Levi; revolvió sus cabellos con clara desesperación mientras intentaba poner en orden sus emociones e ideas.


Hasta que los brazos de Levi rodean su cintura, sintiendo de inmediato el cuerpo contrario pegado a su espalda, y las piernas pálidas, pero tonificadas, de su prometido rodearlo para quedar lo más juntos posibles, soportando el frío que se colaba por la ventana debido a su mal estado.


– Lo que no es justo es estar tanto tiempo separados. – dijo el hombre besando el hombro del más alto, sacándole un suspiro suave a su pareja. – Nunca te diría algo que no puedo o no quiero cumplir, Eren. – estableció entonces, apoyando su mentón en el hombro del moreno, mientras este acariciaba los brazos que rodeaban su estómago.


– Sabía que sería difícil estar aquí, con tanto por estudiar, tanto que hacer... tan lejos de ti y, aun así, decidí venir, pensando que podía ser fuerte y valiente para enfrentarme a este desafío... Pero no he sido más que un cobarde. – las lágrimas amenazaban con salir por sus ojos verdeazulados, ahogándose con ese nudo amargo que hacía que su voz sonara mucho más grave.


– ¿Cobarde? – la carcajada de Levi reverberó su espalda, casi haciéndolo temblar. – Cobarde hubieras sido si no aceptabas esta fantástica oportunidad; y aquí estás, a dos años de terminar tu carrera, con excelentes calificaciones y muy buenas referencias en tus internados. – Eren se volteó para mirar a Levi, rompiendo el abrazo que había establecido el otro y acariciando su rostro terso como la porcelana. – Además, un cobarde jamás me habría propuesto matrimonio. – la sonrisa ladina de su prometido le hizo soltar una carcajada, para luego volver a capturar los labios contrarios en un beso demandante, que obligó al más bajo a quedar recostado nuevamente sobre la cama, con el moreno sobre él devorando su boca como siempre le había gustado.


– Me gustaría que te quedaras unos días más. – murmuró el chico cuando pasó a besar el cuello de su amante, recibiendo caricias en su espalda por parte del otro.


– Hecho. – susurró él, haciéndole notar al chico que había encendido nuevamente ese tono lujurioso en la voz de Levi que le hacía temblar de deseo. – Estoy orgulloso de ti, por cierto. – añadió cuando sus bocas se juntaron de nuevo.


– ¿Qué tan orgulloso? – entonces, el azabache se separó y Eren se permitió admirar ese sutil sonrojo en sus mejillas, a la vez que su mirada resplandecía bajo la sombra que el mismo moreno proyectaba sobre él. Levi estiró su mano y apartó algunos mechones rebeldes de su cara.


– Lo suficiente como para quedarme un mes en tu famosa ciudad. – el chico abrió los ojos con impresión, pero Levi mantuvo su seriedad, sin apartar su mirada de él. – Siempre y cuando sigas asistiendo a clases y manteniendo tu promedio, sin distraerte por mi presencia. –


– Pero usted es un foco de distracción muy tentador, señor Ackerman de Jaeger. – le respondió el moreno, demasiado feliz por la propuesta que le hacía. El azabache le regaló una sonrisa, aparentemente complacido por la conjugación de sus apellidos de una manera un poco arcaica, pero que estaba seguro de que el hombre había comprendido a la perfección. – Ya te había dicho que no se trata de promesas, sino de compromisos y yo me comprometo a que mi promedio se mantendrá, incluso podría subir dependiendo de los incentivos que tenga. – comentó, retomando su labor en besar el cuello de su pareja, cargando más su peso sobre el cuerpo contrario.


– Ya veremos, mocoso pervertido. – la risa de ambos no alcanzó a estallar, porque sus bocas se encontraron rápidamente para seguir besándose con pasión desmedida.


 


~*~~~*~~~*~


 


 


CAPÍTULO III: Sueños de adultez


El olor a limpieza que tenía su hogar calmó un poco el agotamiento tras el largo viaje de regreso a Shiganshina. Su loft estaba bañado por la luz del atardecer, volviéndolo un entorno de tonos cálidos y anaranjados, combinando con las siluetas de las estanterías llenas de libros que poseía en su hogar.


Había un sutil aroma dulce mezclado con café, que ya se había vuelto muy usual en su departamento debido a que la cafetería se ubicaba justo debajo de este, pero ya no se hacía problemas al respecto; ciertamente, que su lugar de trabajo estuviese tan cerca de su casa tenía muchas ventajas.


– Hogar, dulce hogar. – la voz de Eren detrás de él mientras se hacía espacio para adentrarse en el lugar lo hizo voltear con una sonrisa ladina. El chiquillo traía un montón de maletas debido que ya había terminado de desocupar totalmente ese horrible apartamento en el que estuvo más de cinco años mientras terminaba la universidad.


– ¿Hogar? ¿Te refieres al mío? – preguntó con tono provocador.


– ¿Qué se supone que significa eso? – de inmediato, Eren lo miró entrecerrando los ojos.


– Tu casa está a unas calles de aquí, por si no lo recuerdas. –


Levi sólo estaba provocándolo, sabiendo que, en teoría, él y Eren todavía no vivían juntos; sin embargo, en la práctica, el chiquillo ya se había establecido en su humilde departamento desde hace varios años. Cada vez que venía al pueblo en sus vacaciones o por festividades, se quedaba a dormir ahí y, de hecho, en el closet había toda una sección destinada a su ropa, así como también la despensa estaba llena de cosas para él y también el baño.


Pero eso no significaba que al azabache no le gustara molestarlo con la ridícula idea de que no se hubiesen decidido a formalizar que, ahora que su prometido se había graduado de la escuela de medicina, por fin podrían comenzar a pensar en esta idea de vivir juntos.


– Esa es la casa de mis padres. – refutó él, avergonzado. – Eres cruel. Se supone que si yo te pedí matrimonio, deberías ser tú quien me pidiera vivir juntos. – el enfadado mocoso soltó sus cosas junto a la entrada y se cruzó de brazos.


– ¿Berrinche apenas llegar? Pensé que, con veinticinco años, estas escenas ya no pasarían, mocoso. – el chico simplemente le enseñó la lengua y se sacó la chaqueta, juntándola con el resto de sus cosas para llevarlas hasta el dormitorio.


– Aún estoy esperando tus disculpas... – le gritó desde la habitación, haciendo que el mayor simplemente lanzara una carcajada, demasiado contento de que, finalmente, Eren se quedara a su lado de manera indefinida, hasta decidir qué hacer con su vida luego de haberse graduado como médico general.


Su corazón se sentía cálido al estar en ese pequeño departamento, sabiendo que ahí habían ocurrido las cosas más importantes en la relación con el mocoso; su primer beso, su primera vez en la intimidad, el día que le dijo que se iría a estudiar a la universidad, cuando le propuso matrimonio... todo eso había sucedido entre esas paredes de ladrillo y cemento, entre las pocas cosas que guardaba en su pequeño hogar, que se había ampliado y cambiado constantemente con el paso de los años, sobre todo porque a su pareja le gustaba regalarle cosas nuevas o estar cambiando de color las paredes.


Suspiró dándole un vistazo a ese espacio que le había parecido tan amenazante y aterrador la primera vez que llegó ahí; porque se suponía que ese terreno era una propiedad a nombre de los Ackerman, que su tío le había cedido cuando decidió que quería tener su propia cafetería.


Armar el negocio por su cuenta, mudarse hasta un pueblo tan rural y distinto a la ajetreada ciudad de donde él venía, dejar atrás a su madre y su tío y también a las pocas amistades que había mantenido en su vida, le hacía comprender por todo lo que había pasado el mocoso cuando se marchó a estudiar afuera. Por esta razón, había sido paciente y comprensivo con las situaciones que el otro le comentaba, tratando de ser un apoyo constante y estar ahí para él cada vez que lo necesitaba. Bueno, eso y que lo había extrañado terriblemente durante los meses que no se veían.


Conforme los años fueron pasando, ese espacio se volvió cada vez más hogareño y le terminó agarrando cariño, porque sentía mucha paz al estar en un lugar tan pintoresco como lo era Shiganshina, con personas que tenían un gran corazón y toda la calma que le ofrecía sus paisajes llenos de árboles, flores, pájaros vario-color que cantaban en las mañanas; por supuesto que cada uno de esos maravillosos detalles tuvieron más sentido cuando su relación con el mocoso comenzó a hacerse más cercana, dándose cuenta de que no le gustaba tanto su departamento cuando la risa de Eren no resonaba en él.


De esta forma, comprendió que, en realidad, no le importaba donde estuviese, porque siempre que estuviese junto al moreno de ojos verdeazulados, él podría ser feliz; había sido feliz las veces que lo visitó en Trost, incluso en aquella ocasión en la que se quedó todo un mes junto a él; se dio cuenta de que la ciudad no era tan detestable como lo recordaba, pues habían salido a recorrerla juntos y se habían divertido en los restaurantes, en los parques, inclusive en el centro comercial cuando fueron al cine.


Sonrió mientras iba hasta la habitación, donde se encontró al moreno sentado en el marco de la ventana, mirando hacia el pequeño pueblo que lo vio crecer y que ahora lo recibía como todo un médico. Lo observó con detalle desde el marco de la puerta para notar que su rostro estaba mucho más maduro, su cabello largo lo había sujetado con una coleta que dejaba apenas unos mechones sobre su frente, sus cejas expresivas detonaban calma y confort de saberse a salvo y acogido en ese lugar al cual le tenía tanto cariño.


Y entonces, su preciosa mirada se alza en dirección al mayor; esas esmeraldas que siempre consideró lo más atractivo de él junto a la ancha y cálida sonrisa que ahora también le regalaba.


Sí, no importaba dónde... mientras estuviera con Eren.


– ¿Vienes a disculparte? – le soltó el chico fingiendo estar ofendido.


– Eso lo haré otro día. – respondió él, acercándose hasta su pareja para sentarse frente a él. – Quiero conversar contigo. –


– ¿Está todo bien? – preguntó el moreno con sorpresa.


– Sé que querías salir de ese mugroso departamento en el que estabas en Trost, venir a ver a tu familia y estar conmigo apenas te graduaras. – comenzó a decir, tomando la mano de su pareja que relucía la sortija azulina bañada por las luces anaranjadas que proyectaba el ocaso. – Pero ¿has pensado en lo que quieres hacer ahora? –


Tiempo atrás, tanto tiempo atrás que probablemente su mocoso no lo recordaba, cuando todavía se estaban conociendo, cuando todavía no eran una pareja sino dos personas pasando el tiempo juntos, el chico que ahora estaba frente a él le había mencionado algunos de sus sueños; uno de ellos era estudiar medicina, el cual había logrado con honores. Sin embargo, este sueño llevaba a otro más... y era que el muchacho quería trabajar en un sistema público, donde pudiera atender a cualquier persona que lo necesitara, prometiéndose a sí mismo ser el mejor doctor.


Levi quería saber si ese sueño había cambiado y, si no, qué implicaba hacerlo realidad. Porque con las buenas referencias que había obtenido al salir de la universidad, Eren había tenido un montón de ofertas de trabajo dentro de Trost.


– Iba a bromear un poco con el tema, pero veo que esto es más serio. – dijo el chico con una carcajada. – Quiero tomarme un tiempo libre para volver a disfrutar a la gente que quiero. – señaló con calma, mostrándose seguro de su decisión.


– ¿Y luego? – se reprendió mentalmente por la ansiedad que denotó su tono de voz al volverse más exigente en su respuesta. El chico le devolvió una sonrisa llena de amor, acercándose más a él para besar sus labios suavemente.


– Quiero casarme contigo. –


Las palabras de Eren, igual que siempre, calmaron sutilmente la ansiedad de su corazón. Que uno de los principales planes del mocoso siguiera siendo el matrimonio entre ambos le hacía sentir que esas mariposas en su estómago seguían más vivas en nunca, pese a que los años pasaban y que ya no era una simple atracción o un enamoramiento entre dos hombres, sino que eran una pareja consolidada de años, que habían atravesado más de cinco años separados por una gran distancia y se seguían amando con locura y estupidez.


Estaba agradecido con la vida por haber puesto a alguien como Eren en su camino, siendo que él jamás creyó en el destino, en el karma, en un dios omnipotente; estar con el moreno y todas las situaciones que pasaba junto a él le hacía llegar a creer que la magia existía... porque eso era lo único que podía justificar la felicidad y el amor que le tenía a su mocoso y la preciosa oportunidad de coincidir.


– Yo también quiero casarme contigo. – susurró el azabache, volviendo a capturar los labios contrarios. – Y también quiero vivir contigo, mocoso. –


– Tienes que disculparte primero. – susurró de vuelta el chico, haciendo que él se riera por su forma de bromear.


– Es pronto para que decidas, pero... – cuando se dio el tiempo de separarse brevemente de su pareja, admirando sus ojos verdes con tonalidades doradas por el atardecer que ya casi estaba por volverse un crepúsculo violeta. – Donde sea que quieras estar, estaré contigo. –


– ¿Qué se supone que significa? - Eren le sonrió de forma ladina, enarcando una de sus cejas.


– Si quieres vivir en Trost u otro lugar por tu trabajo, ahí estaré contigo. No quiero volver a separarme por nuestros sueños de adultez. – estableció con seriedad, sin dejar de mirar al menor.


– Levi, ¿qué estás diciendo? Trabajaré aquí, en Shiganshina. – dijo él como si fuese algo demasiado obvio, casi ridículo.


– No estoy jugando, jodido mocoso. – le espetó él, un poco molesto porque no se tomase en serio el asunto de su futuro laboral.


– Yo tampoco estoy jugando, Levi. Hablé hace una semana con el jefe del Hospital de Shiganshina. Están felices de que trabaje con ellos. – la carcajada del mocoso hizo que su corazón dejara de latir de la impresión... Eren se iba a quedar en el pueblo.


– Si esto lo haces por mí... – comenzó a decir, incrédulo por esta maravillosa revelación.


– No seas engreído. – el moreno volvió a capturar los labios contrarios, esta vez de manera más demandante, mientras enrollaba sus brazos alrededor de la cintura de su prometido. – La ciudad no es para mí. Me gusta estar aquí, con mis amigos, mi familia... y, sobre todo, contigo y tu cafetería. –


– ¿Es en serio, Eren? – volvió a preguntar, sujetando el rostro de su pareja para mirarlo deseoso de confirmar que se podía quedar en ese lugar, junto a él.


– Muy en serio. Este lugar es muy importante para mí. Darle un servicio de salud digno es parte de mis objetivos. – el chico acarició la espalda del azabache con cariño y Levi sólo pudo sonreír, demasiado emocionado por todo.


Finalmente... finalmente podría estar junto a Eren. Sus caminos habían convergido para quedarse uno al lado del otro, pues era el momento de cumplir con todos sus sueños y compromisos.


 


~*~~~*~~~*~


 


Capítulo IV: Envidia de estrellas


El viento mecía las hojas color acre en aquella arboleda con variados aromas de otoño. Eren iba caminando tomado de la mano de su prometido, disfrutando de un paseo al ocaso y del silencio que los rodeaba con una paz familiar entre ellos.


Ese camino estaba alejado del centro de Shinganshina, un mundo aparte rodeado de la vegetación característica de la zona que, a esas alturas de octubre, se cubría de colores rojizos y amarillos; el moreno sabía que era uno de los lugares favoritos de su pareja para salir a caminar; había un tráfico prácticamente nulo, el sol no pegaba tan fuerte debido a las copas de los árboles y el silencio que le otorgaba la estación era perfecto para quien había escapado de la ciudad, buscando un poco más de tranquilidad.


Bueno, el otoño era la estación favorita de Levi, quien odiaba el calor con todo su ser, así como también el frío que congelaba en el invierno; y, por ese y otros tantos motivos, decidieron casarse a finales de octubre.


Hace un par de horas, el azabache lo había invitado a salir a dar un paseo. A Levi le gustaba echar a andar sus pensamientos acompañado de una buena y tranquila caminata y, tras un tiempo juntos, comenzó a invitar al chico a acompañarlo; no para conversar con él, sino para sentir su compañía, y esto había logrado que el médico le diera otro significado a la palabra «intimidad».


– Oh, lo había olvidado. – mencionó de pronto el más bajo, mirando a su acompañante con calma. – Debo ir a la estación de trenes por la mañana, a buscar a unos amigos que vendrán a la boda. –


– ¿Quieres que vaya yo? Dijiste que querías echarle un vistazo a la recepción temprano. – el moreno le dedicó una sonrisa tranquila. Era curioso, mañana se casaría finalmente con Levi, pero no estaba nervioso, sino emocionado y ansioso por hacerlo de una buena vez. Si fuera por él, se estarían casando en ese momento o, francamente, lo habría hecho hace varios meses atrás; sin embargo, su madre lo mataría si llegara a fugarse con el azabache para una boda improvisada y clandestina.


– No te preocupes. Tu madre te tendrá ocupado desde temprano. De hecho, tengo un poco de miedo que se aparezca al alba en el departamento y te saque de la cama a arrastras. – el comentario de su prometido le robó una risa nerviosa; Levi conocía lo suficiente a su madre y sabía que ella sería capaz de algo así.


– Le pondremos seguro a la puerta y un mueble de la cocina para que eso no ocurra. – le siguió el juego, a lo que el hombre lanzó una corta carcajada.


– Me temo que no será suficiente. – ambos rieron cortamente, continuando con su caminar tranquilo por el sendero. – Oi, Eren... – lo llamó de pronto, mostrando un nerviosismo que despertó curiosidad en el menor.


– Dime, cariño. – Levi lo miró de reojo con las mejillas sonrojadas. Había adoptado ese apodo para su prometido tras volver de Trost, porque acostumbraba mucho a escuchar a las parejas llamarse así en la ciudad; sin embargo, al principio, el azabache había protestado en un arrebato lleno de vergüenza, aunque ahora sólo le dedicaba una mirada afilada. Supuso que, en un tiempo más, se acostumbraría y el moreno tendría que pasar a usar apodos más melosos con el fin de provocarlo.


– Tengo que confesar algo. – le dijo entonces, con firmeza, aunque sutilmente inquieto.


– No me digas que te estás arrepintiendo, Ackerman. – soltó inmediatamente el moreno, sabiendo que no tenía mucho sentido, pero sin evitar que un recóndito miedo apareciera en su interior.


– Idiota. – le espetó Levi rodando los ojos al detenerse junto a él, ocasionando que el chico lo imitara. Todavía sostenía sus manos entrelazadas y, tras un par de segundos mirando atentamente el piso, los ojos grises de su pareja se alzaron hacia él, combinando con un tinte rosado pálido vertido sobre las mejillas del mayor. – No vinimos sólo a dar un paseo. –


– ¿No? – cuestionó, confundido, el chico.


– Quiero que me acompañes en silencio por un momento y no me preguntes nada, ¿de acuerdo? Sólo... sígueme la corriente. – el moreno simplemente asintió y, luego, Levi reanudó su caminar, arrastrando al chico junto a él.


Por un momento, una curiosidad abrumadora lo invadió. Levi no solía ser tan misterioso, ya que, usualmente, era bastante abierto con sus ideas y peticiones, así como también con sus pensamientos, al menos con él; pero ahora, el semblante intranquilo que dibujaba, junto a un extraño nerviosismo que se manifestaba como sudor entre sus manos unidas, lo había mantenido alerta.


Sin embargo, su atención cambió del azabache hacia su entorno, pues, en cierto momento, el camino se empezó a despejar de árboles a su izquierda y se mostró un nuevo sendero que se abría paso hacia el bosque; y, sin aviso, el detective dobló para adentrarse en él, sorprendiendo al joven doctor.


Lo cierto es que ese sendero no era muy extenso, así como tampoco parecía improvisado, sino que era un camino que llevaba hasta una humilde casa de dos pisos, hecha de madera oscura y ventanales enormes que le daban un aspecto moderno, pero rural.


El detective se detuvo a metros de la escalera que conectaba al porche y tomó una honda bocanada de aire antes de volver sus ojos grises hacia el más alto, que todavía detallaba la hermosa construcción con cierta extrañeza.


– Entremos. – le dijo Levi, volviendo a sorprender al chico. ¿qué pretendía? 


– ¿No nos meteremos en problemas? – preguntó extrañado.


– Tch. No seas gallina. Vamos. –


Haciendo uso de su superioridad de fuerza, el azabache lo jaló con brusquedad, subiendo los cuatro escalones hacia la entrada del hogar y procediendo a abrir la puerta, la cual no tenía ningún seguro.


El interior se presentó con un pequeño recibidor en forma de pasillo que apuntaba derechamente a las escaleras ascendentes y un espacio con ventanales que conectaba con la parte trasera de la propiedad; a su derecha, una entrada de arco conectaba a lo que podría ser la sala, con una hermosa chimenea de ladrillos que combinaba a la perfección con los tonos claros de la madera que revestía el hormigón de la construcción.


Eren caminó con curiosidad por los espacios de la primera planta, apenas apartándose un poco de la entrada porque, pese a que olía un poco a encierro y no tenía más muebles que un par de repisas, estaba todo completamente limpio y bien cuidado, casi como si fuese una casa nueva.


Y, entonces, con más curiosidad que antes, el chico se volteó para mirar al mayor, quien se había quedado junto a las escaleras mirando distraídamente el interior de la vivienda.


– De acuerdo, sé que dijiste que no hiciera preguntas ni nada, pero... ¿dónde se supone que estamos? – preguntó finalmente Eren, incapaz de contener toda la curiosidad que sentía por ese lugar y por la situación tan misteriosa que estaba sosteniendo su prometido.


– Eso depende. – respondió el azabache, ahora acercándose hasta el chiquillo. – Eren. – comenzó a decirle una vez que los ojos verdes del joven se posaron sobre él. – Mañana comenzaremos una nueva etapa en nuestra vida y no tienes idea de lo emocionado que estoy. – sus palabras lo pusieron un poco nervioso y no pudo evitar sonrojarse por lo sincero que se veía. – Dijimos que compartiríamos todo, que hablaríamos las cosas con paciencia y nos tendríamos confianza, pero... – Eren se contagió del nerviosismo del otro. – Pero cometí un acto a tus espaldas y ahora necesito confesarlo. –


– Estoy preocupándome, cariño. – admitió con una sonrisa totalmente falsa.


– Eren... – tomó una bocanada de aire y dijo: – Compré esta casa para que viviéramos juntos. –


Definitivamente esa confesión no se la esperaba, tanto así que fue incapaz de ocultar la sorpresa en su rostro, abriendo enormemente la mirada y pasando esta por todos los rincones de esa casa; su casa y la de Levi.


Un extraño calor se encendió en su pecho, ascendiendo lenta y tortuosamente por su garganta hasta colorear sus mejillas de rojo y llegar hasta sus ojos verdes, los cuales, ante ese calor, comenzaron a lagrimear... de pura felicidad.


– ¿Es en serio, Levi? – le preguntó, casi desbordando en llanto por la alegría. – Creí que viviríamos en el departamento. –


– Le tengo un enorme cariño a ese lugar, mocoso... Pero mi hogar siempre será donde sea que tú estés. Así que pensé que, ahora que trabajarás en el hospital de Shiganshina, no era justo que yo viviera tan cerca de mi trabajo y tú te demoraras cerca de cuarenta minutos en llegar al tuyo. – trató de explicar. – Y, en medio de mis caminatas, descubrí este lugar que queda, más o menos equidistante entre tu trabajo y el mío. – añadió, sonrojándose un poco al mencionarlo. Eren soltó una carcajada. – Además, está algo retirado del pueblo, dándonos más... privacidad. – un destello lascivo bailó en los ojos de Levi y el chico sintió que se derretía por dentro.


– Me encanta. – murmuró casi en un ronroneo, acercándose más al hombre; sin embargo, este se alejó un paso, poniendo una mano en alto en señal para que el chico se detuviera.


– Espera... quiero hacer esto bien. – declaró, causando extrañeza en el joven doctor. – Tenías razón hace un tiempo. Fuiste tú quien habló de compromisos entre nosotros, así que... es mi turno de hacer la propuesta. -


En seguida, Levi se agachó, apoyando una de sus rodillas contra el impecable piso y la otra doblándola para darse soporte; luego, metió su mano en el bolsillo de su abrigo y sacó una pequeña caja aterciopelada de un bonito gris, que no tenía cómo compararse al color radiante que la mirada que Levi mostraba en ese momento; sus orbes azul grisáceo destellaban en esa casa vacía de muebles y accesorios, pero completamente llena de deseos y expectativas para un futuro que trazaría junto al azabache de ahora en adelante.


La sonrisa se curvaba perfecta en ese rostro de porcelana que lo enamoró desde el primer segundo en que se toparon y tenía esa hermosa mirada que le daba la impresión de que hasta las estrellas sentirían envidia de cuan radiante lucía de felicidad.


– Eren Jaeger. – comenzó a decir y el chico tuvo que contener tanto las lágrimas como el grito de emoción que estaba atorado en su garganta. Entonces, Levi abre lentamente la cajita para mostrar dentro una llave dorada. – ¿Quieres vivir aquí conmigo, de ahora en adelante? –


– ¡Sí, dios, sí! – gritó, soltando las lágrimas de golpe y lanzándose hacia el mayor, botándolo al piso torpemente y riendo a carcajadas por el montón de emociones que lo agobiaban. – ¿Y dónde me pongo la llave? Esto no cabe en mi dedo. – le dijo a modo de broma al azabache cuando sus miradas volvieron a encontrarse, con el hombre sutilmente molesto por haberlo botado al piso, pero tan contento como él de saber que estaban en su nuevo hogar.


– Qué chistoso. – le espetó, robándole un corto beso antes de ponerse de pie. – Tengo algo más que mostrarte. – añadió, tomando la mano de Eren que sostenía la llave. – Ven conmigo. –


El azabache guio a su pareja por las escaleras hasta el segundo piso. El chico logró divisar al menos dos puertas cerradas por un pasillo amplio, hasta llegar a la última de ese tramo, la cual fue abierta por el más bajo, adentrándose en el cuarto.


Su mirada volvió a abrirse en su máxima expresión, al ver una habitación amplia, con un ventanal que se abría para dar paso a un balcón con vista hacia el bosque y las montañas lejanas.


Si bien el cuarto estaba totalmente vacío, Eren no tardó en imaginar la cama grande que compartiría todas las noches con Levi, junto a la pared de la derecha; también logró ver una pequeña mesa de vidrio junto al ventanal, donde se sentarían a tomar desayuno los fines de semana; visualizó la cómoda frente a la cama, que portaría los artículos personales de ambos, junto a un montón de fotografías de sus amigos, de sus familias, de sus viajes y su boda.


Sonrió en dirección al azabache, que parecía imaginar las mismas cosas que él debido a que su rostro estaba curvando una sonrisa cálida y soñadora; luego, ambos se miraron de frente y se acercaron para besarse de todas las formas posibles.


No hacía falta decir que al día siguiente la celebración pasaba a segundo plano, pues lo que más querían ambos era concretar ese compromiso nacido en una tímida declaración cuando la vida de ambos comenzó a avanzar hacia un camino de decisiones difíciles, en la línea de partida hacia los sueños que ambos querían llevar a cabo y que, de alguna u otra forma, comenzaron a moldear para incluir al otro en estos.


A veces, fue complicado y doloroso, lleno de discusiones cuando sus temperamentos salían a flote, mientras que otras, como esa noche en que, finalmente, podían saberse de ellos mismos, casados ante la felicidad de sus seres queridos, en ese pueblo que vio florecer su amor, todo convergían en la realización de un sueño.


Pronto, esa casa vacía se llenó de calidez, de muebles que cambiaban de color y forma, de recuerdos de viajes que realizaban juntos, así como también objetos que les regalaban sus amigos y familias; las paredes se fueron pintando según las estaciones, soportando cuadros pintados a veces por el moreno y fotografías que recorrían su hogar mostrando momentos maravillosos entre ambos.


Finalmente, esa pequeña cómoda en la habitación matrimonial, donde compartían lecho todas las noches al dormir y no dormir, entre secretos y besos, se había llenado de retratos de sus años más jóvenes, del paso por la ciudad y de esa boda que vino a cumplir las prometas realizadas entre ellos.


Porque entre Eren y Levi, los compromisos se cumplían y los sueños se realizaban. 


 


 

Notas finales:

Quería partir agradeciendo a todos y todas quienes le hayan dado una oportunidad a esta historia.

No suelo escribir muchas historias de amor, porque soy realmente mala en ello; pero estos capítulos habían partido como historias independientes entre sí, que luego quise mezclar para darle forma a este relato lleno – llenísimo – de amor.  Vengo redactando esto desde hace mucho y nunca me atreví a publicarlos porque, bueno, inseguridades. Pero, finalmente hoy me atreví a compartir esto con ustedes, sabiendo que he disfrutado un montón imaginando los días entre estos dos, entre altos y bajos que debieron pasar tras conocerse, pese a no plasmarlos literalmente en estos capítulos.

Y es que también soy fan de dejar ciertas cosas a la imaginación de mis lectores y lectoras, por lo que son libres de pensar en todos los episodios que vivió esta pareja.

A veces, hace falta tener este tipo de historias en nuestro día a día y por eso hoy, he querido regalarles estos fragmentos sacados de mi imaginación, esperando que hayan disfrutado leyéndolos como yo disfruté redactándolos.

Sin más que decir y esperando encontrarnos en otra de mis historia, me despido con un abrazo para todas y todos ustedes.

¡Nos vemos!


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