-¡Te odio!- grito y la puerta se cerro de un portazo fuerte, mientras aquella persona se echaba a correr llena de dolor y de lagrimas. Porque el mundo debía de ser tan cruel que aquella persona, porque no hacia una tregua y por un tiempo le hacía todo más fácil, ¿acaso no podía estar tranquilo por un tiempo, sin que nadie lo moleste? Entre un mar de lágrimas no noto que alguien caminaba en dirección opuesta a él, con un choque, bastante brusco, quedo sobre aquella persona. Para sorpresa y mala jugada del destino, otra vez, sobre quien cayó era la persona que jamás hubiese deseado cruzarse en esos momentos.
Harry lo miro entre adolorido, por el golpe en la cabeza que se acababa de dar, y confundido por aquellas cristalinas lagrimas que corrían por la pálida piel de su enemigo. Intento de decir algo, de preguntarle porque lloraba, pero nada salía de su boca, aquellos ojos grises brillando por las lágrimas, su piel más clara y hermosa que nunca y su cuerpo, pegado al suyo, Merlín, que bueno era con Harry.
-Po-Potter- llego a pronunciar, con esa voz entrecortada y ahogada, se movió para salir de arriba de él e inútilmente intento de secarse sus lagrimas con la manga de su camisa, a pesar de inutilidad que daba su acto, daba una sensación tan pura y inocente. Si saber cómo o porque, el moreno lo abrazo con fuerza, como si así pudiera consolarlo y sacar todo su dolor. En medio de un pasillo desierto, en mitad de invierno, su mayor enemigo consolaba al pobre ángel que con dolor vivía día a día, sin saber él porque o como, sin querer saberlo realmente.
¿Cómo terminaron así? Simple, os contare ahora.