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Aliento de Berserker

Autor: Calabaza

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Era repugnante. Bijou miró a Ajax, encogido sobre la silla de metal, con los párpados arrugados de apretarlos tan fuerte y las rodillas sucias. Tan pequeño. Tan molesto. Lo abría golpeado de no ser por que sentía que era una ofensa a Lucas. Aun que la razón por la que quería golpearlo era el mismo Lucas. El Lucas que él había cuidado y protegido, al que jamás podría tener mientras ese niño existiera.

 

Bijou nunca había golpeado a nadie indefenso, no iba por el mundo odiando personas sin razón alguna. Pero en esta ocasión sentía que la tenía. Tenía razón en detestar a Ajax por existir. Por quedarse congelado sobre la silla sin decir una palabra cuando le preguntaba si Lucas aún seguía con vida. 

 

Era natural. Ese niño había aparecido de pronto y Lucas, que jamás se había preocupado demasiado por nadie,  lo trataba como a un precioso tesoro. Era natural que el mocoso se sintiera con el derecho de no decirle que era lo que había pasado.

 

Pues bien, se dijo Bijou, una vez que se hubo cansado de gritarle sin obtener respuesta; bien, si quería guardar silencio. Que lo hiciera mientras pudiera. Si tenía que obligarle a responderle a gritos, lo haría. Disfrutaría de buen grado rasgar su chillona vocesita. No tenía que recurrir a algo tan brusco como los golpes. Había otras maneras. Más dolorosas.

 

De todas formas, no podía darse el lujo de maltratar al crío hasta que comprobara si podía él o no servir en algo para encontrar su cura. 

 

-Bijou LeClair. Si no te importa interrumpir tus juegos con ese niño por un momento.- dijo la aterciopelada voz masculina de la bruja, que lo había estado observando, sentada al otro lado de la mesa. -Deberías poner atención a lo que está ocurriendo afuera ahora mismo.-

   

-¡Señor!- la pequeña secretaria de Bijou corrió hacia él en cuanto le vio salir de la habitación.

 

Le extendió un par de hojas de papel mientras con un ligero y respetuoso  movimiento de cabeza saludaba a Goddard.

Bijou sostenía las hojas y leía. Apretó los labios y miró a la secretaria.

 

-Ataques masivos.-

 -Están llegando muchos más avisos, estos son apenas los primeros, señor. Hay licántropos atacando las ciudades de todo el país. La mayoría no lo especifica, pero algunos de los reportes mencionan que se trata de lobos muy grandes de color blanco.-

 

Bijou le lanzó una mirada a Goddard, esperando que tuviera algo que explicar respecto a aquello, pero la bruja le respondió con una sonrisa.

-Señor...- continuó la secretaria, tratando de mantener la neutralidad en su voz. -Quizá podría levantar la orden a los cazadores de no matar licántropos.-

-Bueno, no es que algunos de ellos no estén desobedeciendo esa orden ahora mismo. Avísales que la orden se retira. Pueden exterminar todos los lobos que quieran. Pero sólo a los de color blanco. Señor Goddard, acompáñeme- 

Antes de terminar la frase Bijou ya había comenzado a andar por el pasillo hacia el elevador. 

-¿Qué es exactamente?- soltó Bijou, una vez que las puertas del elevador se cerraron, dejándolo a solas con Goddard. Presionó el botón que llevaba al último piso.

 -Ya te lo había advertido.-

 

-El fin...del mundo...que conozco...- dijo como si estuviera escupiendo veneno -¿¡Es ésto!? ¿Esos monstruos blancos atacando las ciudades a plena luz del día, dándose a conocer frente a los humanos...-

 

-Estoy segura que semejante acontecimiento cambiará la vida de los humanos.-

 

-Oh. Seguramente, si acaban con toda la humanidad.-

 

-¿Te preocupa el futuro de la humanidad, Bijou LeClair.-

 

-No. No le debo nada a la humanidad.-

 

El elevador se detuvo, Bijou salió a toda prisa y se dirigió hacia una puerta que conducía a las escaleras que llevaban a la terraza del edificio. 

 

En cuanto el viento nocturno golpeó su cara, se paralizó.

 

-Es impresionare ¿Cierto?- preguntó la bruja, que venía aún detrás de él. -La cantidad de berserker que hay ahora ahí afuera-

 

Ella tenía razón. La cantidad era al menos veinte veces más grande de lo que había sentido unas horas antes. Bijou podía sentir lo terrible de sus presencias violentas y asesinas, y aún así no podía evitar sentir como salivaba, excitado por el aroma de lo que para él era alimento. 

 

-Es...- el hombre boqueó, sintiendo como le faltaba el aire. -Es excesivo...- 

 

-¿Te has dado cuenta? Tus cazadores no tienen nada que hacer contra lo que se avecina. Va a haber muchos más de ellos muy pronto. En todos lados.-

 

-¿Cómo lo sabes? ¿Tienes algo que ver con esto?-

 

-¿Cómo podría yo tener algo que ver? El poder de los berserker me supera inmensamente.-

 

-Pareces saber demasiado.- farfulló él con recelo.

 

-¿Se te olvida que soy una bruja? ¿Qué fui una vidente? ¿Qué he vivido catorce veces más que tú? El hombre ha estado prediciendo su fin desde sus inicios. ¿Te sorprende que suceda en realidad?-

 

-No.-

 

-Oh. Pero pronto van a llegar hasta aquí. ¿Qué vas a hacer?-

 

-Enviar escuadrones de cazadores a formar un perimetro al rededor del edificio. Al menos por el tiempo suficiente como para tener a Sheryl Thompson lista para salir.-

 

-¿Crees que esa mujer tendrá alguna oportunidad contra los berserker?-

 

-Bueno, lo voy a averiguar. De todas formas no me sirve para nada más y cualquier cosa que pueda evitar que esos monstruos se acerquen será una ventaja.-

 

-Oh, pero querido Bijou LeClair, te aseguro que no hay nada que puedas hacer para frenar su avance.-

 

-Y yo te aseguro a ti que me los devoraré a todos si fuera necesario para proteger lo que quiero.-

 

-Que arrogante y adorable ignorancia.- ella sonrío, pasándose los largos y gruesos dedos sobre los labios. -Ese al que quieres proteger no lo necesita.-

 

El joven hombre se metió las manos en los bolsillos y aspiró con fuerza el aire helado, perfumado del olor de los lobos.

 

-Me refería a la cura.- dijo suavemente.

 

-¿Es eso lo que más te importa?-

 

-Por supuesto.-

 

Ella se hecho a reír. Como aquel gesto le pareció a Bijou bastante molesto empezó a decender por las escaleras, dejándole atrás. 

 

La bruja giró sobre sus talones, dando elegantes vueltas, como bailando. Las estrellas brillaban sobre su cabeza, y eso le brindó una feroz sensación de libertad. En el horizonte pudo distinguir una niebla blancuzca que empezaba a levantarse en todas direcciones.

 

 

 

Vaizack buscó un punto alto y dominante, desde donde pudiera contemplar toda la ciudad. Se encaramó hasta la punta de una torre de comunicación, apretujándose entre los huecos de la estructura, donde su  cuerpo ligero pudo acomodarse  con facilidad.

Abajo la ciudad brillaba, mecida en una especie de tranquila rutina. No parecía que nada estuviera pasando. Pero era sólo que todas aquellas personas eran ignorantes del movimiento del mundo que los rodeaba.

 

Sabía que había una gran cantidad de berserker llegando a la ciudad. También estaba consciente que si él podía sentirlos, ellos igual sabían que él estaba ahí.

Ya no tenía caso intentar esconderse, o huir. A esas alturas en cualquier dirección a donde se dirigiera se toparía con uno de ellos. La ciudad estaba rodeada. 

Para su sorpresa no sentía deseos de pelear con ellos, con otros berserker, que sabía que eran los únicos adversarios dignos que podría encontrar. Pero podía sentir su llamada, el deseo de encontrarlos, y la profunda curiosidad de saber que iba a suceder cuando eso sucediera. 

No. De pronto la idea de esconderse o intentar marcharse resultaba totalmente ajena a su existencia. Estaba anhelando verlos.

 

  -Se aconseja a la población que no abandonen sus casas y refugios hasta que pase el estado de emergencia... ¡Estos...estos monstruos, sean lo que sean!... salvajes, probablemente escapados de algún zoológico en la ciudades aledañas... el ejercito intervendrá en...-  

-¿Qué es lo que está pasando?-murmuró una mujer, en un taxi, en medio del tráfico que no estaba avanzando mucho. El taxista cambiaba las estaciones del radio, aun que en todas ellas parecía estarse hablando de lo mismo: algo extraño que estaba ocurriendo, y que nadie parecía poder explicar satisfactoriamente.  

-Han estado con eso toda la tarde, no me extrañaría que fuera algún tipo de ardid publicitario o político...-  

-¿Qué son esos gritos?- preguntó la mujer, al escuchar un clamor que había comenzado como un lejano ruido de fondo y ahora se hacía más y más fuerte.   

-Debe ser estática...- el conductor apagó la radio, y entonces supo que el sonido venía de afuera. -¿Qué...?- al sacar la cabeza por la ventanilla lo último que pudo ver fue una masa enorme y blanca caer sobre él.  

La mujer gritó. Al conductor acababan de arrancarle la cabeza y ella de pronto parecía incapaz de recordar como se abría la puerta del taxi mientras pensaba que lo único que quería era escapar de ahí, pero aquello, lo que fuera que acababa de matar al conductor, pasó saltando sobre el taxi y se alejó rapidamente.   

¿Qué había sido? Bueno, la mujer nunca llegaría a saberlo, pues en un segundo algo atravesó el parabrisas trasero, matándola de un golpe.    

 

 

Habían dejado a Ajax en una celda pequeña. Había una especie de cama de metal, y espacio apenas suficiente para caminar. Estaba oscuro y tan silencioso que el único sonido que captaba era el de su respiración. No tenía miedo, pensaba, pues su respiración era normal. No tenía miedo, en verdad. Se sentía muy cansado para éso, y aun que intentaba quedarse dormido no lo conseguía. Y no era por lo frío y duro del camastro, si no por la punzada en el pecho que sentía al pensar en Lucas.

El muchacho de cabello blanco seguramente no lo había matado con aquel golpe en la nuca, pero cuando despertara y no lo viera ahí, iba a preocuparse. Después de todo su hermano había tenido razón todo el tiempo al desconfiar del abino, y al pensarlo, Ajax se sintió muy tonto al haberse fiado de él. Los había ayudado, pero así de fácil los había traicionado. 

El crío suspiró y trató de darse vuelta sobre la cama. Y de todas formas ¿Por qué lo había llevado el muchacho de cabello blanco con el amigo de Lucas? Entonces hubo pasos, y la puerta de la celda fue abierta. El amigo de Lucas estaba ahí. Ajax no podía recordar su nombre, y tampoco era que le importara mucho. 

-Arriba. Hay cosas que hacer.- le dijo con ese tono tan desagradable que empleaba con él. Ajax giró la cabeza hacia la pared, decidido a ignorarlo. -Bueno, tendrías que hacer algo más que éso para resistirte.- el hombrechasqueó los dedos, y al instante uno de los guardias se deslizó por la estrecha celda y tomó al niño del brazo. Ajax se jaló todo lo que pudo, intentando soltarse, sosteniéndose de la orilla de la cama de metal, pero al final el guardia lo alzó en brazos y lo sacó por la fuerza, sin que pareciera molestarle en lo absoluto que el niño gritara y lanzara patadas al aire.

  -Al laboratorio número 2.- ordenó Bijou, yendo delante. De pronto soltó una risilla tan fría y tan metálica como la plancha donde Ajax había estado acostado. E igualmente de incómoda. -¡Vaya que eres insoportable! Tanto como si guardas silencio como si no. No tendrías por qué ser tan malcriado. Cuando Lucas estuvo aquí recibió toda clase de maltratos. Él ni siquiera  tenía una cómoda y espaciosa celda...-

  Al escuchar el nombre de su hermano Ajax dejó de forcejear y quejarse y pareció poner extrema atención a lo que el hombre delante de él decía. 

  -Lo metieron en una diminuta jaula, como a un animal.- terminó de decir Bijou, con un marcado dejo de enfado en su voz, pero cambió en seguida en cuanto entraron a una espaciosa e iluminada habitación, que debía ser el laboratorio, pues estaba llena de instrumentos extraños.

  -En la mesa de operaciones. Y ponle las correas.- ordenó Bijou, que parecía de pronto animado y divertido.   Ajax volvió a su lucha por soltarse de su captor, pero fue rápidamente inmovilizado sobre una plancha de metal, donde sus piernas y brazos fueron atadas con correas gruesas de cuero.    Así que aquel era el lugar en donde habían encerrado y torturado a Lucas por su culpa.   

Ajax sintió como le ardían las manos y las piernas luchando ahora contra las correas que lo ataban, y luego notó como le ardían los ojos también. Estaba llorando.  

-Umh.- aquello pintó una sonrisa de satisfacción en la cara del hombre, que ahora,poniéndose guantes de latex, preparaba una jeringa. -No te pareces a él en nada. Eres débil, mimado, llorón. No hay nada de especial en ti, a no ser claro que contemos el hecho tan fortuito de haber nacido en su familia. Y sólo por eso...- Bijou acarició la piel del brazo del niño con la aguja de la jeringa, y luego la hundió suavemente dentro de una de sus venas.-Lucas te considera... importante. Pero no lo eres, en absoluto; y no creas ni por un segundo que mereces algo de él.-  

La jeringa se fue llenando poco a poco de la sangre de Ajax. 

  El niño giró la cabeza hacia otro lado para que el hombre no pudiera verle llorar. No era algo que pudiera controlar, simplemente las lágrimas salían y él quería gritar de rabia, pero se obligó a contenerse. No quería ser llamado débil o llorón o escuchar que no merecía nada de Lucas.  Era todo culpa de aquel hombre que parecía que siempre sabía que decir para molestarlo más.

  Bijou terminó de sacar la sangre (varias unidades), lo que hizo sentir al niño bastante más cansado.  

-Vamos, deja de gimotear. Recién estoy comenzando.- susurró, pasando sus dedos enguantados en plástico sobre los cabellos de Ajax, y cortando un mechón con el filo de un bisturí. Guardó el pelo dentro de una bolsa de plástico que puso a un lado y luego se recargó sobre la plancha de metal y tomó el mentón del niño, obligándolo a girar la cara hacia él para mirarlo de frente.   -¿Vas a decirme dónde está Lucas?- dijo, en voz baja, como para que sólo el niño pudiera escucharlo. -Dime dónde está o te prometo que no saldrás vivo de aquí- hundió sus dedos en las mejillas del niño, causándole dolor. Ajax emitió un quejido pero estaba decidido a no decirle lo que quería saber.   

-Escucha bien, mocoso...- continuó el hombre -Ahora mismo hay monstruos allá afuera aniquilando a todo el que se encuentren a su paso. Si Lucas sigue con vida éso no va a durar mucho si no voy y le encuentro antes de que una de esas bestias lo haga.-  

-¿Vas... vas a buscar a Lucas?-    Bijou enfocó sus ojos verdes sobre él, maravillado por el repentino cambio de actitud del niño.  

-Si.- respondió fríamente. 

   -¿Vas... a encerrarlo... aquí...otra vez?-  

-Oh, ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Qué encierre a Lucas? No. Quiero encontrarlo para ponerlo a salvo. No hay forma en que yo hiciera algo que lo dañara.- Bijou suspiró e hizo un ademán con la mano y al instante un par de hombres se acercaron. -Bueno, deduzco por tus preguntas que él esta vivo. Voy a encontrarlo. Pero no creas que éso significa que voy a decirle que estás aquí. Así que puedes olvidarte de que aparezca para salvarte. ¿Sabes lo que es una biopsia?- levantó una jeringa más gruesa que la última que había usado, poniéndola a la altura de los ojos de Ajax, para asegurarse de que pudiera verla. -Es un procedimiento que normalmente requiere anestesia, por que es dolorosa, pero... Denle la vuelta.- ordenó a los hombres, que soltaron las correas de la pierna y el brazo derecho y giraron al chico, dejando la espalda expuesta. Eran muy fuertes y lo sostuvieron con mucha fuerza. Y luego Ajax gritó de dolor al sentir a aguja entrando en su cuerpo.  

 

 

    -Del lugar que vengo las brujas son criaturas desagradables.- dijo Vipunen con aire reflexivo.  Pirausta, con su apariencia fresca de niña, estaba tendida al lado de un riachuelo, con los delicados pies hundidos en la suave corriente de agua.  

-Se mantienen ocultas en grutas profundas en las montañas, o en parajes solitarios donde ponen sus hechizos para que no nos acerquemos. Saben que deben cuidarse de mi clan. Las hemos cazado durante mucho tiempo.-  

-Oh. ¿Nunca te has acercado a una si no es para hacerle daño?- preguntó ella, con la mirada clavada en los reflejos del sol sobre el agua.

  -No se puede bajar la guardia cerca de una. Son seres terriblemente traicioneros. Hay que destruirlas en cuanto se tenga la oportunidad-   -Yo también soy una bruja. ¿Vas a destruirme?-  

-No...-  

Pirausta giró parcialmente el rostro, para alcanzar a ver al lobo Vipunen, echado sobre la hierba, a unos metros. En sus grandes ojos grises brilló la confusión.

-No... No eres como ellas.-

  -¿Cómo lo sabes? Si nunca has hablado con alguna...-  

Vipunen quería defender su postura. "Ellas son malvadas, violentas" pensó."Han matado a muchos de nosotros". Pero desistió en seguida, al caer en cuenta que los lobos de su clan también habían sido violentos y habían asesinado a muchas brujas.  

-Las cosas no siempre han sido así.- Pirausta sacó los pies del agua, doblando las rodillas hasta ponerlas contra el pecho. -Mis hermanas y los hombres mitad bestia alguna vez caminaron juntos. Las más antiguas de nosotras lo recuerdan y hablan del pacto que sellaron con su sangre con los lobos, para protegerse y axiliarse mutuamente.-  

-Jamás he escuchado de algo como eso.- declaró el orgulloso Vipunen. -¡Nos hemos bastado a nosotros mismos siempre!-  

Se dio cuenta que casi había gritado esa última frase. El silencio que le siguió fue mas intenso, pues Pirausta no había respondido nada. Estaba inmersa en sus cavilaciones, como solía hacer. Eso le daba a Vipunen la sensación de que ella estaba muy lejos. Intentó, pues, romper el silencio, e inició con un carraspeo.

  -¿Cómo es que conoces esos cuentos viejos?-  

-¿Cuentos?-  

-Esas... viejas leyendas que hablan de las brujas, y de mi pueblo.-

  -No son leyendas. Son las historias que relatan el pasado que tuvimos. Se deben atesorar las memorias de lo que se fue, para no perder la noción de que es lo que se es en el ahora. Nosotras guardamos muchas historias. Historias de todo el mundo. También de tu gente. De como sus dioses tomaron los cuerpos de los guerreros más fuertes y les dieron el poder de las bestias y su ferocidad, y cubrieron sus cuerpos con pieles de animales de las que ya no se pudieron separar.Todos eran blancos, para poder ocultarse en la nieve, por que en la tierra en la que nacieron nevaba siempre y les enseñaron a volverse viento y luz. Y los llamaron ulfhednar y también berserker, por las pieles de bestia sobre su piel humana.-  

-Los humanos también los llamaron "demonios", "espíritus locos".- gruñó él, en voz baja. 

  -Sus dioses los pusieron en este mundo para proteger a esos indefensos pueblos humanos, para cuidar que en el mundo no creciera el mal. Pero fueron los mismo humanos que habían sido protegidos quienes hicieron el mal, y olvidaron a los dioses y maldijeron a los hombres bestia. Los dioses, ofendidos, les dieron la espalda y se alejaron. Y los hombres bestia, sin un propósito para su existencia se escondieron, cayendo en un sueño profundo, esperando el día que sean llamados de su exilio para destruir el mal del mundo. Esos fueron los primeros de ustedes.-  

-Es... sólo una leyenda.-   -¿No crees en ella, querido Vipunen?-   -Lo que crea no importa.-

  -¿Quieres verlos? ¿Te complacería que esos antiguos espíritus volvieran a caminar sobre este mundo?-  

-Por supuesto. Significaría el fin de la maldad con que los humanos han ensuciado esta tierra.-

  -También...  significaría mucho dolor y muerte...-   

Pirausta se estremeció, encogiendo sus menudos hombros. Luego torció el cuello para mirar a Vipunen. Sus ojos brillaban y una sonrisita resplandecía en sus labios.  

-No conozco todavía tu forma de hombre. ¿Me dejarías verla?-

 

 

 

 

Antes de entrar en la ciudad, Lucas dudó por unos momentos si debía tomar su forma humana. Normalmente lo haría, pues dentro de una ciudad llena de humanos resulta más fácil pasar desapercibido si te ves como uno. La cuestión es que algo raro le ocurría a la ciudad. Olía a sangre.

Y aquella sensación de un constante peligro acechando parecía acentuarse. Si había peligro era más seguro ir como lobo, estar presto a defenderse o atacar en cualquier momento. El problema era que su forma de bestia era una provocación a la lucha. Con los cazadores, otros lobos o con la histeria de los humanos. Y él no temía a la batalla, por supuesto, pero no quería perder tiempo.

Así que optó por ir como humano. Desnudo, moviéndose entre los callejones, que a la luz mortecina del atardecer, se hallaban oscuros y fríos. Había humanos cerca, pero debían estar ocultándose por que las calles se encontraban vacías. Sin embargo había algo ahí afuera. Podía escuchar voces, como murmullos lejanos, palabras inconexas, y gritos.

 

Lucas salió hacía una avenida. Cientos de automóviles estaban detenidos en las calles. No había movimiento alguno de parte de ellos.

Al acercarse un poco más pudo ver los cuerpos mutilados. Pedazos de lo que habían sido seres humanos, esparcidos a lo largo de la carretera, entre los vehículos. El muchacho hizo una mueca de asco ante aquel espectáculo que era repungante.

 

 

Era el aliento de los berserker. Vaizack pudo ver como se elevaba como una cortina de niebla blanca sitiando la ciudad. Desde su posición, sentado sobre una barra de metal de la estructura de la torre roja y blanca, podía perfectamente ver todo el panorama de la ciudad.

 

Como había anochecido, las luces del centro de la ciudad brillaban ya intensamente, pero en las orillas las casas y edificios permanecían en completa oscuridad. Sólo se podía apreciar con claridad el brillo de la neblina blanca, moviendose como un fantasma silencioso y lento.

 

El olor que despedía era delicioso para Vaizack, no comparable a ningún aroma terrenal. La sensación que le transmitía no era algo que tuviera par en el mundo. El aroma entraba por su nariz y se colaba a cada célula de su cuerpo, convirtiéndose en sonido, colores, calor, pulsaciones, electricidad.

 

Nunca antes había sentido algo como aquello, ni siquiera tenía la conciencia de que existiera, hasta ese momento en que se vio envuelto por aquella bruma maravillosa, y supo, sin saber como, que era el aliento de los que eran como él, una sustancia viva que era la unión de las conciencias de todos los berserker que habitaban la tierra, el estracto mismo de sus existencias, liberado sobre el mundo para purificarlo.

  Aquella escencia no emitía ninguna feroz amenaza de una batalla, por el contrario, invitaba a reunirse con los otros de su clase en un ritual de fraternidad, pues los hombres bestia de pelaje blanco no habían vuelto al mundo para continuar asesinandose entre ellos. Ahora volvían a tener un objetivo, su propósito original. Su batalla sería contra el mal que infectaba la tierra.

 

 

 

Vaizack no pudo resistirse a la invitación. De pronto se soltó de la barra de acero de la que se sostenía y dejó que su cuerpo se deslizara por el aire y transformándose en lobo para aterrizar sobre el asfalto negro que parecía extrañamente quebradizo bajo sus garras.

Se estremeció con placer, estaba entrando en frenesí. Debía ir y buscarlos, reunirse con los otros que eran como él, dejarse llevar por la niebla y hundirse en ella. Empezó a andar, y al pisar sobre su gabardina, que se había roto al tranformarse con ella todavía puesta, y estaba esparcida hecha girones sobre la calle, el lobo notó algo duro y cilíndrico contra la almohadilla de su pata. Una pequeña cosa metálica que vio brillar con un destello de plata cuando la tomó entre sus dedos blancos de zarpas negras. Era el silbato del niño, con la cadena colgando a un lado.

Claro. Había tomado el silbato el día en que había conocido al niño y a su molesto hermano, al que casi había matado en esa ocasión. Ajax... ese niño había estado soplando el silbato que hacía un ruido horrendo, había sido el ese sonido el que le había guiado hasta él.

Lo había guardado en uno de los bolsillos de la gabardina, y se olvidó por completo que estaba ahí.

Por un momento el silbato lo distrajo del delirio que inundaba su mente, su parte racional se fijó en una idea: no había devuelto aquella cosa a su dueño.

Vaizack dio un paso hacia la niebla, y se detuvo. Aun cuando estaba anhelando responder al llamado de los otros, aquella idea ilógica le distraía.

 

¿Qué importancia podría tener para él el devolver aquel objeto insignificante?

 

Y entonces una pugna interna se desató en la mente del joven lobo. La del deseo de sus instintos naturales contra una idea emocional que no comprendía. 

 

 

Se levantó en sus patas traseras y miró hacia atrás, donde se alzaba aquel edificio de acero y cristal que era House of Sound. 

 Vaizack abrió sus fauces e inspiró una bocanada del aire nocturno que se estaba poniendo helado, mezclado con aquella niebla envolvente y seductora, y notó que al pasar por su garganta, la carne y piel que habían sido laceradas por los colmillos del otro berserker, y zurcidos por la bruja, dolían terriblemente. Aquel dolor lo mantenía consciente, sacando a sus sentidos del embotamiento que la sustancia en el ambiente le producía. 

 

Era un absurdo pensar en volver, especialmente ahora que habían descubierto que el era un lobo, era arriesgado, innecesario. Además, algo portentoso estaba por ocurrir. La prueba era que los berserker estaban despertando, saliendo de sus escondites, llamándose para reunirse por una razón distinta a la de pelear hasta la muerte entre ellos.

Y aún así, él corría hacia el lado contrario. Hacia el lugar donde había dejado al niño. Con el silbato atado a su muñeca.

 

 

 

Bijou se talló el puente nasal, y recorrió el arco de sus cejas con las yemas de sus dedos. Cuando se quedaba quieto por mucho tiempo empezaba a sentir el cansancio demandante de su cuerpo. Pero debía estarse quieto y concentrado, lúcido, mientras analizaba muestras de sangre, y probaba sus reacciones a distintas sustancias.

 

Lo cierto es que él no encontraba nada inusual en la sangre de Ajax. Desde la primera vez que vio al crío se había convencido de que era un humano normal. Quien mejor que él para saberlo, siendo capaz de detectar el aroma de la sangre de un licántropo. Pero Ajax no tenía ese olor.

 

Sin embargo, deseaba que lo tuviera. Necesitaba que hubiera algo anormal en el cuerpo del niño, lo que fuera que pudiera llevarlo a acabar con su maldición.

 

Por supuesto que había llegado a creer que Ajax podía ser la solución a sus problemas por que Cheryl Thompson lo había sugerido. Y ella era en extremo inteligente, pero también una muy estúpida y necia mujer con un juicio limitado. Tan poco confiable en aquellos momentos. 

Bijou soltó una maldición entre dientes, mirando a trasluz un tubo de ensayo con una pequeña cantidad de suero.  

Lo inyectaría en alguno de los muchos especímenes mutados con los que Cheryl había experimentado. A otro le inyectaría sangre pura de Ajax. Y esperaría.  

Si eso no funcionaba tendría que empezar a explorar otras partes del cuerpo del niño que pudieran serle útil.

Lo habían vuelto a poner en la celda, luego de que se desmayara mientras le extraía una muestra de médula, pero en cuanto despertara continuaría con las pruebas. Tenía poco tiempo.

De pronto las luces del laboratorio se apagaron.


 

-¿Qué ocurre?- se apresuró a preguntarle a uno de sus ayudantes de laboratorio. 

 

El ayudante descolgó el teléfono, llevándose la bocina a la oreja.

 

-Tampoco hay linea. No se preocupe, señor, enviaré a alguien a averiguar que ocurre. De todas formas los laboratorios tienen generadores independientes que se activan si la electricidad del edificio falla. La luces volverán a encenderse en un minuto.-

 

-Préstame tu teléfono móvil. Gracias. Y guarda las muestras.- Bijou se puso de pie, sacándose los guantes y el cubre bocas. -Voy a subir.-

 

 

 

Vaizack subió por las escaleras. Aun que la electricidad fue restablecida casi en seguida no quería arriesgarse a quedarse atascado en el elevador. Tomó el teléfono móvil de su bolsillo y marcó el número de su oficina. Su secretaría respondió.

 

-¿Qué ocurre?- jadeó él, corriendo escaleras arriba.

 

-El edificio está siendo atacado, señor.- respondió la agitada voz de la secretaria al otro lado de la linea.

 

-¿Se trata de los lobos blancos?-

 

-N-no estoy segura...-

 

-¿En donde está Goddard?- 

 

-En la terraza, e...-

 

-¿Está lista Cheryl Thompson?-

 

-Si.-

 

-Bien.-

 

Bijou colgó. Al salir de los laboratorios subterráneos y llegar a la planta baja del edificio, al mirar a través de las puertas de cristal de la entrada no pude ver más que el reflejo del recibidor en el que se encontraba. La ciudad allá afuera se había quedado en total oscuridad.

 

 

Mientras avanzaba hacia el centro de la ciudad, las luces se fueron apagando. Al cabo de un rato todo quedó sumergido en la oscuridad. 

Lucas recorría las calles, llenas de cadáveres, a lo que al cabo de un rato se acostumbró. 

Humanos más, humanos menos. 

Lo que le causaba ansiedad era el no poder comprender por que los licántropos estaban atacando a los humanos. 

Según lo que sabía de las tribus lupinas, que era en realidad poco, los mitad hombre mitad bestia no deseaban ser conocidos por el mundo. Era más fácil mantener una existencia relativamente pacífica si se mantenían ocultos. Destruir una ciudad llena de humanos era buscar guerra, ¿Para qué querrían los otros lobos algo como eso?

 Lo primero que se le ocurría es que aquello tenía algo que ver con House of Sound. 

Y entonces se le heló la sangre, cuando levantó la vista en dirección a donde se encontraban los laboratorios y vio que en medio de la ciudad oscura sobresalía el edificio con todas sus luces encendidas.

Claro que aquello debía ser culpa de los psicópatas del laboratorio, pensó con convicción. Y luego con angustia contempló la posibilidad  de que todo aquello también tuviera algo que ver con el secuestro de Ajax.

Tal vez su hermano estaba en aquel edificio. Quizá lo habían capturado. 

Pero Bijou... él no lo permitiría. ¿No?

 

Lucas se vio de pronto arrollado por algo. El empujón lo hizo caer al suelo y rodar hasta el borde de la acera.

Alguien le gruño, y él instintivamente adopto una posición defensiva. 

 

Un grupo de lobos lo miraban, uno de ellos, el que le había gruñido, que era bastante flaco, con pelaje marrón y negro,  se acercó un poco, olfateando.

 

-No es un humano. Huele a lobo... aun que es algo extraño...- 

 

-Déjalo ya. ¡Hay que irnos!- dijo uno de los otros, que había levantado la tapa de una alcantarilla y se deslizaba dentro.

 

El lobo marrón le lanzó otra mirada a Lucas, gruñéndole de nuevo como advertencia.

 

-¡Date prisa! ¡Ya vienen!-

 

-Ya voy.-

 

El lobo marrón se metió a la coladera, jalando tras de si la tapa para volver a cerrarla.

 

Lucas no tuvo tiempo de seguir desconcertado por mucho tiempo. Era cierto que algo se acercaba. Algo horrible que también a él le inspiraba un poderoso deseo de huir. 

 

El olor a sangre y muerte se acentuó. Y luego casi desapareció por completo, cuando el aire se llenó de algo frío y pesado que hacia muy difícil el poder respirar. Algo como una neblina blanca que avanzaba por la calle, inundando todo, rodeándolo a él también. Era el aliento de los berserker.

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