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Noches de verano secretas (Adaptación KAISOO) por MiraiDL

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Notas del fanfic:

Primer libro de la Saga Wallflowers de Lisa Kleypas

 

 

 

 

Notas del capitulo:

Un KAISOO *u* ... espero les guste tanto como a mí

 

sin mas a leer !!

Londres, 1841


A pesar de que a D.O Kyungsoo le habían advertido durante toda su vida que jamás aceptara dinero de los desconocidos, hizo una excepción cierto día... y descubrió muy pronto por qué debería haber seguido el consejo de su madre.


Sucedió durante una de esas raras ocasiones en las que su hermano, Hansol disfrutaba de un día libre en el colegio y, tal y como era su costumbre, Kyungsoo y él habían ido a ver el último


espectáculo panorámico en Leicester Square. Le había costado dos semanas de recorte de gastos ahorrar el dinero necesario para pagar las entradas. Dado que eran los únicos vástagos supervivientes de la familia D.O, Kyungsoo y su hermano pequeño siempre se habían sentido extrañamente unidos, a pesar de los diez años de diferencia que los separaban. Las enfermedades infantiles se habían llevado a los dos niños que habían nacido después de Kyungsoo, antes de que ninguno de ellos hubiera llegado a cumplir su primer año de vida.


— Kyungsoo —dijo Hansol al regresar del puesto de entradas para el panorama —, ¿tienes algo más de dinero?


El negó con la cabeza y lo miró de forma inquisitiva.


—Me temo que no. ¿Por qué?


Con un breve suspiro, Hansol se apartó un mechón de cabello de color miel que le había caído sobre la frente.


—Han doblado el precio de las entradas para este espectáculo... Al parecer, es mucho más caro que sus escenografías habituales.


—El anuncio del periódico no decía nada acerca de un aumento de precios—dijo Kyungsoo con indignación. Bajó la voz y susurro:


«¡Por las campanas del infierno!» mientras rebuscaba en su monedero con la esperanza de encontrar alguna moneda que antes hubiera pasado por alto.


Hansol, que tenía doce años, echó una ceñuda mirada al enorme cartel que había colgado entre las columnas de la entrada del teatro panorámico: «LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO: UN ESPECTÁCULO DE ILUSIONISMO DEL MÁS ALTO NIVEL CON IMÁGINES DIORÁMICAS.»


Desde su apertura hacía quince días, el espectáculo había recibido una avalancha de visitantes que se mostraban impacientes por contemplar las maravillas del Imperio romano y su trágica caída... «Es como volver atrás en el tiempo», elogiaban los espectadores al salir. El tipo habitual de panorama consistía en un lienzo con una intrincada escena pictórica que colgaba en una habitación circular y que rodeaba a los espectadores. En algunas ocasiones, se utilizaba la música y una iluminación especial para el espectáculo aún más entretenido mientras un conferenciante se desplazaba alrededor del círculo para describir lugares lejanos o famosas batallas. Sin embargo, según The Times, esta nueva producción era un espectáculo «diorámico», lo que significaba que el lienzo pintado estaba fabricado con calicó transparente aceitado que se iluminaba algunas veces desde el frente y otras desde atrás con luces de filtros especiales. Trescientos cincuenta espectadores permanecían el centro, sobre un carrusel que manejaban dos hombres para que la audiencia girara lentamente durante el espectáculo. El juego de luces, cristales plateados, filtros y actores contratados para representar a los asediados romanos producían un efecto que había sido etiquetado como “exhibición animada”.


 


Por lo que Kyungsoo había leído. Los culminantes momentos finales de erupciones volcánicas simultáneas eran tan realistas que algunas de las mujeres del público se habían desmayado entre gritos. Hansol le arrebató el monedero de las manos a Kyungsoo, tiró del cordón que lo cerraba y se lo devolvió a su hermano.


—Tenemos dinero suficiente para una entrada —dijo de forma práctica—. Entra tú. De todas formas, a mí no me apetece ver el espectáculo. A sabiendas de que el muchacho mentía en su favor, Kyungsoo meneó la cabeza.


—Desde luego que no. Entra tú. Yo puedo ver el espectáculo siempre que quiera... Eres tú quien siempre está en el colegio. Además, sólo durara un cuarto de hora. Iré a alguna de las tiendas de por aquí mientras estás dentro. —¿Para qué comprar sin dinero? — preguntó Hansol, y sus ojos mieles reflejaban una franca incredulidad—.Vaya, eso sí que parece divertido.


—Lo mejor de ir de comprar es ver las cosas, no comprarlas. Hansol resopló.


—Eso es lo que siempre dice la gente pobre para consolarse mientras pasea por Bond Street.


 


Además, no pienso dejar que vayas a ningún sitio solo... Te acosarían todos los hombres de los alrededores.


—No seas tonto —musito Kyungsoo. Su hermano sonrió de repente. Recorrió con la mirada el elegante rostro de Kyungsoo, sus ojos claros y la mata de cabello brillaban con un tono castaño dorado bajo el ajustado borde de su sombrero.


—No vengas con falsas modestias. Sabes muy bien el efecto que causas en los hombres y, por lo que yo sé, no dudas en utilizarlo.


Kyungsoo reaccionó a sus bromas con un falso ceño fruncido.


—¿Por lo que tú sabes? ¡Ja! ¿Qué puedes saber tú de mi comportamiento con los hombres si te pasas la mayor parte del tiempo en el colegio? La expresión de Hansol se volvió seria.


—Eso va a cambiar —dijo—. Esta vez no voy a regresar al colegio... Puedo ayudaros a ti y a mamá muchísimo más si consigo un trabajo. Ella abrió los ojos de par en par.


—Hansol, no vas a hacer nada de eso. Le darías un disgusto a mamá, y si papá estuviese vivo...


— Kyungsoo —la interrumpió Hansol sin alzar la voz—, no tenemos dinero. Ni siquiera podemos conseguir cinco míseros chelines más para la entrada al panorama...


—Pues vas a conseguir un buen trabajo —dijo Kyungsoo con ironía—sin educación y sin contactos importantes. A menos que quieras convertirte en barrendero o en recadero, será mejor que te quedes en la escuela hasta que puedas aspirar aun empleo decente. Entretanto, encontraré a algún hombre rico con el que casarme y las cosas volverán a ir bien de nuevo.


—Tú sí que vas a encontrar un buen marido sin dote —replicó Hansol.


 


Se miraron el uno al otro con el ceño fruncido hasta que se abrieron las puertas y la multitud pasó junto a ellos para entrar en el carrusel. Colocando un brazo alrededor de Kyungsoo de forma protectora, Hansol la condujo lejos de la muchedumbre.


—Olvida el panorama —dijo sin más—. Haremos otra cosa, algo divertido que no cueste nada.


—¿Como qué? Se produjo un momento de reflexión. Cuando se hizo evidente que ninguno de ellos haría sugerencia alguna, ambos estallaron en carcajadas.


—Señorito Hansol —dijo una voz profunda a sus espaldas. Sin dejar de sonreír, Hansol se giró para enfrentarse al desconocido.


—Señor Kim —dijo con cordialidad al tiempo que le tendía la mano—. Me sorprende que me recuerde.


—Ya mí también... Ha crecido más de una cabeza desde que lo vi por última vez. —El hombre apretó la mano de Hansol —. De vacaciones escolares, ¿verdad?


—Sí, señor. Al ver la confusión de Kyungsoo y aprovechando que el desconocido de aventajada estatura les indicaba a sus amigos que subieran al carrusel sin él, Hansol, le susurro a su hermana al oído:


—El señor Kim..., el hijo del carnicero. Me lo encontré una o dos veces en la tienda su padre cuando mama me mandaba a recoger algún pedido. Sé amable con él... Es un tipo muy importante. Kyungsoo se percató, no sin cierta diversión, que el señor Kim estaba excepcionalmente bien vestido para ser el hijo de un carnicero. Llevaba una elegante chaqueta negra y esos pantalones sueltos que estaban de moda y que, de alguna manera, no lograban ocultar las líneas esbeltas y fuertes del cuerpo que cubrían. Al igual que la mayoría de los hombres que entraban al teatro, ya se había quitado el sombrero, dejando al descubierto su pelo oscuro y ligeramente ondulado. Era un hombre alto y de complexión fuerte que parecía tener alrededor de treinta años, de rasgos acentuados, una nariz fina y grande, una boca amplia y unos ojos tan negros que resultaba imposible distinguir el iris de la pupila. Tenía un rostro sumamente masculino, y alrededor de sus ojos y de sus labios bailoteaba una especie de humor sardónico que no se debía en absoluto a la frivolidad. Era evidente, incluso para un espectador sin discernimiento alguno, que no era un hombre dado al ocio, ya que su cuerpo y su naturaleza hablaban de arduo trabajo y análoga ambición.


—Mi hermano, el señorito D.O Kyungsoo  —dijo Hansol —. Este es el señor Kim Jong In.


—Un placer —murmuró Kim con una reverencia. A pesar de que sus modales eran perfectos, el brillo que había en sus ojos provocaba un extraño aletea bajo las costillas de Kyungsoo.


 


Sin saber por qué, se echó hacia atrás en busca de la protección de su hermano pequeño incluso mientras lo saludaba. Para su sorpresa, parecía incapaz de apartar la mirada de la de ese hombre. Como si algún tipo de sutil sensación de reconocimiento se hubiera transmitido entre ellos... No era que se hubiesen conocido antes..., sino más bien que se hubieran ido acercando paulatinamente hasta que, al final, un impaciente destino hubiera provocado que sus caminos se cruzaran. Una idea absurda que él no era capaz de desechar. Inquieto, permaneció como un indefenso cautivo de aquella penetrante mirada hasta que un inoportuno e intenso rubor cubrió sus mejillas. Kim habla con Hansol, pero sin apartar los ojos de Kyungsoo.


—¿Podría acompañarles hasta el carrusel?


Se produjo un instante de incómodo silencio hasta que Hansol respondió con estudiada indiferencia:


—Gracias, pero hemos decidido no asistir al espectáculo. Kim arqueó una de sus oscuras cejas.


—¿Están seguros? Tiene todo el aspecto de ser uno de los buenos. —Su intuitiva mirada se paseó del rostro de Kyungsoo al de Hansol y se percató de las señales que traicionaban la incomodidad de ambos. Su voz se suavizó cuando volvió a hablar con Hansol —. Sin duda hay una norma que dice que uno jamás debería discutir ciertos asuntos en presencia de una dama. De cualquier forma, no puedo evitar preguntarme... si es posible, joven Hansol, que le haya pillado desprevenido el aumento de precio de las entradas. Si así fuera, me alegraría mucho poder prestarle unas monedas para...


—No, gracias —dijo Kyungsoo con presteza al tiempo que golpeaba a su hermano con el codo en el costado.


Con un respingo, J Hansol clavó la mirada en el rostro impenetrable del hombre.


—Le agradezco la oferta, señor Kim, pero mi hermano no parece dispuesto a...


—No quiero ver el espectáculo —lo interrumpió Kyungsoo con frialdad—. He oído que algunos de los efectos especiales son bastante violentos y resultan de lo más angustiosos. Preferiría dar un tranquilo paseo por el parque. Kim volvió a mirarla y sus penetrantes ojos brillaron con un destello de burla.


—¿Tan impresionable es usted, señorito D.O?


Molesta por el sutil desafío, Kyungsoo tomó el brazo de Hansol y tiró de él con insistencia.


—Es hora de irnos, Hansol. No retrasemos más al señor Kim estoy seguro de que está impaciente por ver el espectáculo...


—Me temo que será una decepción para mí —les aseguró Kim con seriedad—si ustedes no asisten también. —Le dedicó a Hansol una mirada alentadora—. Sentiría mucho que por culpa de unos míseros chelines usted y su hermano se perdiera la función de tarde. Al sentir que su hermano se ablandaba, Kyungsoo le susurró de forma brusca al oído:


—¡Ni se te ocurra permitirle que nos pague las entradas, Hansol!


Sin prestarle atención, Hansol le respondió con franqueza a Kim.


—Señor, si acepto su oferta de préstamo, no estoy seguro de cuándo podré reembolsárselo. Kyungsoo cerró los ojos y dejó escapar un débil gemido de mortificación. Se esforzaba muchísimo para que nadie averiguara la estrechez económica en la que vivían... y saber que ese hombre se había percatado de lo importante que era para ella cada chelín le resultaba insoportable.


—No hay ninguna prisa —oyó que respondía Kim sin la menor incomodidad—. Vaya a la tienda de mi padre la próxima vez que venga de visita del colegio y déjele el dinero a él.


—De acuerdo, entonces —dijo Hansol con evidente satisfacción, y ambos se estrecharon las manos para sellar el trato—. Gracias, señor Kim.


— Hansol... —comenzó a decir Kyungsoo con voz baja pero letal. — Esperen aquí —dijo Kim por encima del hombro mientras se encaminaba al puestecillo donde se vendían las entradas.


—Hansol, ¡ya sabes que está mal aceptar dinero de él!  Kyungsoo contempló con furia el rostro imperturbable de su hermano—. Dios, ¿cómo has podido? No está bien... ¡Y pensar que estás en deuda con esa clase de hombre es intolerable!


—¿Qué clase de hombre? —Contraatacó su hermano con fingida inocencia—. Ya te lo he dicho, es un tipo importante... Ah, bueno, supongo que te refieres a que pertenece a la clase baja.


 —Una sonrisa pesarosa curvó los labios del muchacho—. Es difícil decir algo así de él, sobre todo cuando es asquerosamente rico. Y la verdad es que no se puede decir que tú y yo seamos miembros de la nobleza. Apenas llegamos a las ramas más bajas de ese árbol, lo que significa...


—¿Cómo es posible que el hijo de un carnicero sea asquerosamente rico? — Preguntó Kyungsoo


—. A menos que la población de Londres esté consumiendo mayores cantidades de ternera y cerdo de lo que yo creo, hay un límite para lo que puede ganar un carnicero.


—No he dicho que trabajara en la tienda de su padre —le explicó Hansol con un tono de superioridad—. Lo único que dije fue que me lo encontré allí. Es un hombre de negocios.


—¿Quieres decir que es un especulador financiero? Kyungsoo frunció el ceño. En una sociedad que consideraba de mal gusto el mero hecho de hablar de asuntos comerciales, no había nada más bajo que hacer de la inversión financiera un modo de vida.—Es algo más que eso —dijo su hermano. Pero supongo que da igual lo que haga o cuánto tenga, ya que es hijo de un simple plebeyo.


 


Al escuchar semejante crítica de boca de su hermano pequeño, Kyungsoo lo miró con los ojos entrecerrados.


—Pareces muy democrático, Hansol — dijo con sequedad—. Y no hace falta que actúes como si yo me estuviera comportando de forma arrogante... Me opondría a que un duque tratara de damos el dinero de las entradas con la misma determinación que si lo hace un hombre de negocios.


—Pero no durante tanto tiempo —dijo Hansol, que se echó a reír al ver la expresión de su hermano. El regreso de Kim Jong In impidió cualquier réplica posterior. Mirándolos con esos perspicaces ojos de color café, el hombre esbozó una ligera sonrisa.


—Ya está todo arreglado. ¿Entramos? Kyungsoo avanzó con torpeza, a impulsos de los discretos empujones de su hermano.


—Por favor, no se sienta obligado a acompañamos, señor Kim —dijo, a sabiendas de que se estaba comportando con desconsideración; no obstante, había algo en ese hombre que provocaba chispazos de alarma en todos sus nervios.


 


No daba la impresión de ser un hombreen quien se pudiera confiar... De hecho, a pesar de sus elegantes ropas y de su apariencia pulcra, no parecía muy civilizado. Era esa clase de hombre con el que un joven de buena cuna jamás querría estar a solas. Y la visión que tenía de él no estaba en absoluto relacionada con la posición social... Era una especie de conciencia innata de un apetito ardiente y un temperamento masculino que le resultaban por completo desconocidos.


—Estoy segura —continuó con cierta incomodidad —de que querrá volver a reunirse con sus compañeros. Ese comentario fue recibido con un perezoso encogimiento de sus anchos hombros.


—Jamás los encontraré entre esta muchedumbre. Kyungsoo podría haber rebatido esa afirmación, señalando que, por ser uno de los hombres más altos de la audiencia, era probable que Kim localizase a sus amigos sin dificultad alguna. No obstante, era obvio que discutir con él no llevaría a ninguna parte. Tendría que ver el espectáculo panorámico con Kim Jong In a su lado..., no le quedaba otro remedio. Sin embargo, al ver el entusiasmo de Hansol, parte del resentimiento de Kyungsoo se evaporó y su voz ya se había suavizado cuando le habló a Kim de nuevo:


—Discúlpeme, no pretendía ser tan rudo. Lo que sucede es que no me agrada sentirme en deudacon un desconocido.


Kim le dedicó una mirada apreciativa que le resultó desconcertante a pesar de su brevedad.


—Puedo entender eso a la perfección — dijo al tiempo que la guiaba entre la gente—. De cualquier forma, en este caso no hay obligación alguna. Y no somos exactamente desconocidos: su


familia es cliente habitual del negocio de la mía desde hace años.


 


Entraron en el gran teatro circular y subieron a un descomunal carrusel rodeado por una verja de hierro con puertas. A su alrededor, a la distancia de unos diez metros del carrusel, podía verse la detallada imagen de un paisaje de la Antigua Roma pintado a mano. El espacio intermedio estaba ocupado por una compleja maquinaria que arrancó comentarios de entusiasmo


a la multitud. Una vez que los espectadores llenaron el carrusel, la habitación se oscureció de pronto, lo que provocó una oleada de jadeos de nerviosismo y expectación. Con un leve chirrido de la maquinaria y el resplandor de una luz azul que llegaba de la parte trasera del lienzo, el paisaje adquirió una dimensión y un tinte de realidad que dejó atónita a Kyungsoo.


 


Casi podía permitirse creer en el engaño de que se encontraban en Roma a mediodía. Unos cuantos actores ataviados con togas y sandalias aparecieron en escena cuando el narrador comenzó a relatar la historia de la Antigua Roma. El diorama era incluso más fascinante de lo que Kyungsoo había creído en un principio. Sin embargo, no era capaz de concentrarse en el espectáculo que se desarrollaba ante él: era demasiado consciente del hombre que se hallaba a su lado. No ayudaba mucho que, en ocasiones, él se inclinara para susurrarle algún comentario inapropiado al oído, reprendiéndola en broma por mostrar tampoco interés ante la visión de caballeros vestidos con fundas de almohada. A pesar de lo mucho que trataba de reprimir su diversión, Kyungsoo no pudo contener unas cuantas risillas reacias, ganando se con ello las miradas de reproche de algunas de las personas que estaban a su alrededor y entonces, por supuesto, Kim se burlaba de el por haberse reído durante una lección tan importante, lo que hacía


que le entraran ganas de echarse a reír de nuevo. Hansol parecía demasiado absorto en el espectáculo como para notar las payasadas de Kim, y estiraba el cuello todo lo que podía para distinguir qué piezas de la maquinaria eran las que producían aquellos asombrosos efectos. Sin embargo, Kim se calló cuando una repentina parada en la rotación del carrusel provocó una ligera sacudida de la plataforma. Algunas personas perdieron el equilibrio, pero fueron sujetadas de inmediato por la gente que las rodeaba.


 


Sorprendido por la interrupción del movimiento, Kyungsoo se tambaleó y se encontró de pronto estabilizada por el fuerte brazo de Kim que le apretaba contra su pecho. El hombre la liberó en el instante en que recuperó el equilibrio e inclinó la cabeza para preguntarle en voz baja si se encontraba bien.


—Vaya, desde luego que sí —dijo Kyungsoo sin aliento—. Le ruego que me disculpe. Sí, estoy perfectamente...Al parecer, no era capaz de terminar lafrase; su voz se apagó para convertirse


en un incómodo silencio cuando la invadieron las sensaciones. Jamás en su vida había experimentado una reacción semejante ante un hombre. Las implicaciones de aquella sensación de urgencia, o cómo satisfacerlo, estaban mas allá del alcance de su limitado conocimiento. Lo único que sabía en aquel momento era que deseaba con desesperación seguir apoyado en él, en un cuerpo tan firme y esbelto que parecía invulnerable y que proporcionaba un puerto seguro mientras el suelo temblaba bajo sus pies. La fragancia de hombre, la límpida piel masculina, el cuerpo pulido y el aroma del lino almidonado excitaban todos sus sentidos con una agradable expectación. No se parecía en nada al olor de colonia y de las pomadas que utilizaban los aristócratas a los que había tratado de enamorar durante las dos temporadas anteriores. Profundamente abrumado, Kyungsoo se dedicó a contemplar el lienzo, sin prestada más mínima atención a las fluctuaciones de luz y de color que transmitían la impresión de que se acercaba la caída de la noche..., el crepúsculo del Imperio romano. Kim parecía igual de indiferente al espectáculo, ya que tenía la cabeza inclinada hacia ella y la mirada clavada en su rostro. Aunque su respiración seguía siendo suave y regular, al joven le parecía que el ritmo se había acelerado un poco. Kyungsoo se humedeció los labios, que de pronto se habían quedado secos.


—Usted... usted no debería mirarme de esa manera.


A pesar de que el comentario no fue mas que un susurro, él lo oyó.


—Con usted aquí, no merece la pena contemplar otra cosa.


 


El no se movió ni dijo nada, pretendiendo no haber escuchado el sutil susurro del demonio, mientras su corazón latía a un ritmo frenético y se le hacía un nudo en el estómago. ¿Cómo podía


suceder aquello en un teatro lleno de gente y con su hermano justo al lado? Cerró los ojos un instante para luchar contra una  sensación de vértigo que nada tenía que ver con el giro del carrusel.


—¡Mira! —Exclamó Hansol al tiempo que le daba un codazo, lleno de entusiasmo—. Están a punto de aparecer los volcanes. De pronto, el teatro se sumió en una oscuridad impenetrable mientras un siniestro retumbar se elevaba desde el fondo de la plataforma. Hubo unos cuantos gritos de alarma, alguna que otra risa nerviosa y sonoros jadeos de expectación. Kyungsoo se irguió al sentir el roce de una mano sobre la espalda. La mano de él, que se deslizaba con deliberada lentitud hacia arriba por su columna... Su aroma, fresco y seductor, inundó sus fosas nasales... y, antes de que pudiera emitir sonido alguno, los labios del hombre se unieron a los suyos en un beso suave, cálido y arrebatador.


 


Estaba demasiado abrumada como para moverse y sus manos se agitaron en el aire como mariposas suspendidas a medio vuelo; su cuerpo tambaleante quedó anclado por la ligera pero firme sujeción de su cintura mientras que la otra mano de Kim reptaba por la espalda hasta su cuello. A Kyungsoo le habían besado antes; hombres jóvenes que le habían robado un abrazo rápido durante un paseo por el jardín o en un rincón del salón cuando no los observaban. Pero ninguno de esos breves encuentros de coqueteo había sido como aquél..., un beso lento y mareante que la llenaba de euforia. Se sentía atravesado por las sensaciones, demasiadas para controladas, y se estremeció indefenso en su abrazo. Siguiendo sus instintos, se apoyó ciegamente en la tierna e incansable caricia de sus labios. La presión de su boca se incrementó cuando el hombre comenzó a exigir más, recompensando su tácita respuesta con una voluptuosa exploración que incendió los sentidos de Kyungsoo. 


 


Justo cuando la joven comenzaba a perder todo rastro de cordura, la boca de Kim le liberó con súbita rapidez, dejándolo aturdido. Sin retirar el apoyo de su mano sobre la nuca de Kyungsoo, el hombre inclinó la cabeza hasta que un murmullo hormigueó en la oreja del joven.


—Lo siento. No he podido resistirme. Dejó de tocarlo por completo y, cuando la luz roja iluminó finalmente el teatro, Kim Jong In había desaparecido.


—¿Has visto eso? —Exclamó Hansol, que señalaba con alegría un volcán de pega que había delante de ellos del cual parecían brotar ríos de brillante roca fundida que se deslizaban por sus laderas—. ¡Increíble! —Al notar que Kim ya no estaba allí, frunció el ceño con desconcierto —. Dónde se ha metido el señor Kim?


Supongo que habrá ido a buscar a sus amigos. Con un encogimiento de hombros, Hansol volvió a su excitada contemplación de los volcanes y unió sus exclamaciones a las de la atónita audiencia.


Con los ojos abiertos de par en par e incapaz de pronunciar una palabra,


 


Kyungsoo se preguntó si lo que él creía que había sucedido habría sucedido en realidad. No era posible que la hubiera besado un desconocido en medio de un teatro. Y que le hubiera besado de esa manera.... Bueno, eso era lo que ocurría cuando se permitía que caballeros desconocidos pagaran las cosas: eso les daba licencia para aprovecharse de uno. Con respecto a su propio comportamiento... Avergonzado y perplejo, Kyungsoo se esforzó por comprender por qué le había permitido al señor Kim que la besara. Debería haber protestado y haberlo apartado de él. En cambio, se había quedado allí de pie, aturdido por un estúpido embeleso mientras él... ¡Dios!, le daba un vuelco el corazón sólo de pensado. En realidad, no importaba cómo o por Kim Jong In había sido capaz de sortear sus bien pertrechadas defensas. El hecho era que lo había conseguido..., y que, por tanto, era un hombre que tendría que evitar a toda costa.

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