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"Mi Destino eres Tú"

Autor: ShineeLuhan

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Notas del fanfic:

Hola mis chicas bellas, volví con esta nueva propuesta que espero sea más grata que la otra q aún tengo en actividad. Pero eso no quiere decir q la vaya a abandonar, no. Sólo q me quise dar un tiempito corto para ofrecerles esta otra historia q es muy cortita, más o menos de unos doce a trece capítulos, a lo mucho. Así que cuando lo finalice, retomaré la otra ¿ok? Espero que les guste.

 

Los personajes no me pertenecen, sino a la gran Ayano Yaname Sensei. Sólo tomo a sus bellos personajes para hacerlos sufrir un poquito.

Notas del capitulo:

El primer capítulo siempre es el más difícil, espero poder engancharlas con él. Todas aquellas personitas que me conocen, ya deben tener una clara idea de que esta historia será muy romanticona, sufrida y muy apasionada. Como también deben saber q me encanta embarazar a mi sexy rubito en todas mis historias, se ve tan dulce y tierno…Kyaaaaa, y esta historia no es la excepción. Sin más preámbulos las dejo con la lectura, disfrútenlo.

 Cap. 1

“Remembranzas”

 

 

-¡Ryu¡ ¡Hey, Ryuichi¡

 

Después de que la voz se apagara, los cascos de un caballo todavía resonaban en la quietud de la llanura de Villa Shogawa, y Asami Ryuichi suspiró por la calma perdida. Estaba cansado después de otro largo día que comenzaba con su trabajo de veterinario y acababa en la plantación de su familia. Levantó la vista de la valla que estaba arreglando y dirigió la mirada hacia la luz intermitente que caía sobre las siluetas del caballo y su jinete, que cabalgaban por aquella rica tierra.

 

Asami, seguro de que no se trataba de una de las tantas explosiones de júbilo de Sanosuke Ito, se dirigió al caballo y lo sujetó por las bridas, pensando que algo malo había sucedido.

 

-¿Qué pasa Sano? ¿Se trata de mi padre?

 

-No, muchacho. Tu padre está perfecto- explicó el vaquero- Nada que un buen brebaje no pueda ayudar.

 

-¿Cuántas veces te ha despedido hoy?- preguntó Asami, con una media sonrisa.

 

-Una docena- respondió el hombre, con una sonrisa igual que la de Asami.

 

-¿Y cuántas veces le has amenazado tú con marcharte a Kioto?

 

-Psss, más o menos igual- reconoció él.

 

-Si no se trata de mi padre, ¿por qué tanta prisa?

 

Sanosuke se sacó un paquete del bolsillo y se lo tendió a Asami.

 

-El cartero del pueblo lo mandó de manera especial porque el cartero de Okinawa lo había enviado urgente. Pensé que podía esperar hasta que llegaras, pero la señorita Marin dijo que no, y ya sabes que lo que la señorita dice es ley.

 

La mirada del vaquero estaba fija en el paquete, pero Asami no se dio cuenta, solo le interesaba el remitente.

 

-¡Qué extraño! ¿Verdad?- comentó luego, Sanosuke.

 

-¿Extraño? ¿Por qué?

 

-No sé- balbuceó- me parece raro. Espero que no sean malas noticias. Es muy desagradable que te den malas noticias por correo.

 

-¿Piensas que es algo malo?- Asami apretó el paquete.

 

-No lo sé. ¿A quién conoces en Okinawa? Tengo un mal presentimiento, muchacho.

 

“Okinawa”….Asami no había pensado en Okinawa desde hacía mucho tiempo, no se lo había permitido recordar. Intentó sonreír al percatarse de lo supersticioso que era el viejo vaquero.

 

-Yo no siento nada malo, Sano. Probablemente no sea nada.

 

-Solo hay una manera de averiguarlo- respondió el anciano, con una mezcla de preocupación y curiosidad- ¿No vas a abrirlo?

 

-Cuando acabe aquí- respondió Asami, guardándose el paquete- Lo leeré más tarde.

 

-Es decir, sean buenas o malas noticias, lo quieres averiguar tú solo, ¿verdad?

 

-Así es. Sean buenas o malas y de quien quiera que sean.

 

-¿Por qué no lo dijiste antes?- dijo el viejo, dando la vuelta a su caballo- No es asunto mío, además, no conozco a nadie en Okinawa- añadió, arreando al caballo.

 

El caballo y su jinete estaban ya fuera de la vista, cuando Asami dejó el martillo a un lado y tomó el paquete. Con la cabeza hacia abajo, el sombrero le cubría parte del rostro. Estaban en verano y hacía un  calor mortal. Tomando aliento, rompió el envoltorio.

 

Se trataba de una carta oficial escrita a máquina con unas palabras añadidas a mano. Después, otros dos sobres pequeños cayeron en sus manos. Asami miró fijamente los sobres que tenían el matasellos del mismo pueblo de Okinawa, pero con una semana de diferencia entre ellos. Uno estaba escrito con la letra del hombre que había conocido toda su vida y el segundo, con la letra menos familiar de “esa persona”. “La persona” a la que a pesar de las mentiras que él se dijera, no había podido olvidar durante seis largos años.

 

Sus manos temblaban al tomar la carta de “esa persona” que había llegado primero. Con un dolor en el pecho, y en el corazón, Asami rasgó el sobre y extrajo la carta lentamente, y con una seriedad total en el rostro, lo leyó. Después abrió el siguiente sobre, y finalmente cuando acabó por leerlos, su mirada se perdió en el horizonte. El tiempo pasaba muy lentamente durante los días de verano. Pero para Asami le parecía que volaba demasiado rápido. Igual que la vida, cuando se dejan cosas por hacer, pronto era demasiado tarde.

 

Recogió sus herramientas, las envolvió y las puso detrás de la montura. La valla tendría que esperar. Tomó las riendas de su caballo que lo tenía atado a la sombra de un árbol y lo montó. El caballo giró hacia la ruta cotidiana, que era la hacienda de los Asami. Pero su jinete lo paró en seco.

 

-Todavía no, Diablo- murmuró el jinete- Primero tenemos que hacer una visita, al pasado.

 

Y con esa orden, condujo su caballo hacia un sendero pedregoso, que probablemente el corcel reconocería muy pronto. Asami dejó vagar su mente y rememoró el pasado….y a los amigos perdidos. Su camino no estaba muy lejos, pero cuando llegó al final de una senda, el sol se había empezado a ocultar tras los árboles, y ahí es donde al fin, pudo divisar la hacienda de los Fujiwara. “Cuantos recuerdos hermosos…”, pensó con nostalgia, el pelinegro.

 

Observando con apreciación aquella abandonada hacienda que tantos buenos recuerdos le traía, desmontó a Diablo, para acercarse muy lentamente hacia la granja. Un recuerdo cruzó su mente. De manera muy acertada, el primer Fujiwara había construido su casa al final de un claro, al lado de un riachuelo que servía de frontera entre las tierras de los Fujiwara y de los Asami. Hubo un tiempo en el que el mismo Asami Ryuichi pasaba al menos, una o dos horas diarias en aquel lugar prohibido. Pero ya habían pasado muchos años desde la última vez que lo había visitado.

 

Más allá de las malas hierbas, de las aromáticas y frescas flores que aún crecían en aquellas tierras, la granja no había cambiado mucho. Al subir los escalones, una tabla podrida se rompió bajo los pies de Asami, recordándole que ya habían pasado más de siete años desde que murió Natsumi Fujiwara, más de siete años desde que esa encantadora y vivaracha mujer llenara aquel lugar con amor y estruendosas  risas.

 

Cuántas veces había él corrido a través de aquellos campos cuando era niño, escapando de una hacienda fría y estricta, para ir corriendo al calor y al amor de esa pequeña granja. Cuántas veces había envidiado a su mejor amigo por lo maravillosa que era su madre. Natsumi Fujiwara siempre tenía un abrazo preparado para cualquiera de los hermanos Asami, especialmente para Ryuichi, sin embargo, a Yamato nunca le importó, ya que tenía un corazón tan grande como su madre.

 

Sus pisadas resonaron en aquel hermético silencio mientras atravesaba el porche. Al ir a abrir la puerta, esta se abrió por sí sola. En realidad, no le sorprendió porque no recordaba ni una sola vez que hubiera encontrado cerrada aquella puerta. Al entrar en la casa, se introdujo en los recuerdos de un niño, tan añorados y tan vívidos, que podía escuchar el grito de bienvenida de Natsumi y oler sus galletas recién horneadas. Siempre las devoraban con satisfacción. Llegaban hambrientos después de haberse librado de sus deberes para irse a pescar o a cazar o a jugar a Tarzán en el río.

 

Asami miró a su alrededor. Había telarañas y polvo por todas partes, pero todo seguía en el mismo lugar, y en su mismo orden. Natsumi y Yamato podían haberse ido cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo, pero llegado el momento, nunca lo habían hecho. Asami se paseó por la casa libremente, despertando recuerdos aún vívidos en su corazón. Subió a la habitación que alguna vez le perteneció a Yamato, todavía estaban todos sus trofeos de karate, también había uno suyo y una foto tomada cuando Diablo y él eran aún muy jóvenes.

 

Yamato no tenía padre, ni tampoco recordaba haber tenido uno. Asami no tenía madre, y quizá eso fue lo que los unió la primera vez que se conocieron. Pero el cariño y los intereses en común los convirtieron en amigos de sangre. Desde la escuela hasta la universidad, habían sido inseparables, como un Batman y un Robin humorístico. Asami sonrió, al observar que Yamato aún conservaba los comics, y los muñequitos de colección, por los cuales habían tenido más de una pelea acalorada. Una enorme tristeza lo invadió después, al constatar, que todos esos recuerdos y todas esas vivencias jamás volverían a ser nuevamente posibles, como cuando eran unos niños traviesos.

 

Asami se sentó sobre el empolvado y vacío colchón, y se sumergió otra vez en un mar de recuerdos. Al igual que su propia familia, los Fujiwara eran una vieja familia que habitaban aquellas frondosas tierras cerca a la costa sudoeste de Nagasaki, y al igual que les había pasado a los Asami, habían perdido su fortuna hacía mucho tiempo atrás.

 

Cuando Natsumi volvió a Villa Shogawa tenía cuarenta años y llevaba un bebé en los brazos, Yamato. No le importaron los comentarios por tener un hijo ilegítimo y se asentó en la granja sin ningún contratiempo. Siempre vivió con humildad y solidaridad al prójimo. Pero el coraje y el gran sentido de la aventura nunca le faltaron.

 

Y esos valores los heredó Yamato. Al mirar la foto, con dos chicos de ojos abiertos sentados junto a un fuego escuchando las historias que ella les contaba sobre los lugares que había visitado y las cosas que había hecho, se dio cuenta de que también a él se los había transmitido. Cuando acabó el recorrido por la casa, sus labios mostraban una sonrisa amarga por los viejos recuerdos y las viejas amistades que nunca volverían.

 

Al volver al porche, los últimos rayos del sol habían teñido el cielo de un rojo intenso. Parecía que el mundo se había incendiado. Asami no quería quedarse, pero un sentimiento de familiaridad le hizo sentarse en las escaleras a contemplar aquel espectáculo. Tantas veces se había sentado con Yamato en aquel lugar…Era fácil recordar los sueños que habían compartido en días como ese. Días en los que estaban seguros de que vivirían para siempre, de que serían amigos para siempre y que compartirían grandes aventuras.

 

“Grandes aventuras planeadas en este mismo lugar”, pensó Asami. Incluso la última aventura que destruyó su amistad tal y como la habían conocido, aún seguía latente dentro de su herido corazón. Sintiéndose muy débil, se levantó y fue por su caballo. Le habló dulcemente y lo montó. Echó una última mirada a la casa abandonada que parecía estar esperando algo o a…alguien.

 

-Qué esperas- preguntó en voz alta, Asami. Pero él sabía la respuesta, Natsumi ya se lo había dicho en alguna ocasión: “Para convertirse en un hogar, una casa necesita amor y risas. Sin ellos, se transforma en una desolada y triste casucha”

 

Hacía ya siete años que ella había muerto. Yamato hacía tres meses. No podía cambiar el pasado, pero juró que, sin importar el tiempo que le llevara, pagaría la deuda que había adquirido hacía seis años. Una deuda que le llegaba ese mismo día, en una carta desde la tumba.

 

-Vamos a casa, Diablo- murmuró Asami- tengo trabajo que hacer, encontrar a “esa persona” y promesas que cumplir.

 

 

CONTINUARÁ….    

Notas finales:

Chan, chan, chan…Chan!!!!! Y q les pareció…Les gustó???? Espero de que sí. Ya sé q fue un cortísimo capítulo, sorry. Como las acostumbré a entregarles capítulos mucho más largos, pues ustedes júzguenme, pero no tanto jajajaja. Pero para el siguiente, les prometo q serán mucho más largos. Sólo quise probar si les gustó o no, la propuesta.


Qué promesas tiene q cumplir nuestro sexy pelinegro???? Y…Quién será “esa persona” de la que habla Asami???? Y por cierto, acá lo veremos en el papel de veterinario ohhhhh….Espero q les guste lo q se viene, estará muy interesante. Bueno mis niñas, espero q en verdad les haya gustado la historia, y si es así y quieren q la continué, sólo me lo hacen saber en un RW, ¿ok? . El próximo capítulo lo tendrán el jueves q viene sin falta, ya q tengo escritos cinco capítulos. Nos vemos hasta la próxima semana…bye bye…


PD: Esta historia ya la había escrito pero con otros personajes, como me borraron las historias pues ya no la continué. Pero como me gustó mucho la trama la quise volver aretomar con esta otra pareja q tanto amo y aprecio.

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