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The Domestic Fucker Family

Autor: metallikita666

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Notas del fanfic:

El objetivo de esta publicación es agrupar un conjunto de historias cortas relacionadas con el rol, las cuales abarcan situaciones que por su naturaleza no han sido incluidas como tales en los demás relatos de la serie. El rol, que tiene muchísimas dimensiones, si bien cuenta con una especie de canon, se nutre de spin-offs casi diarios, los cuales por lo general son matizados para los fanfics largos. Aquí, por el contrario, se incluirán con toda su horripilancia e inverosimilitud.

La idea nace como un tributo a una de mis grandes influencias, de cuya existencia me enteré hace relativamente poco. Aunque suene contradictorio, sucede que gustaba de su literatura y la recreaba junto a Alex mucho antes de leerlo. Al gran Copi (Raúl Damonte Botana; escritor, historietista y dramaturgo), argentino de París, tal como él se definía. Una perfecta cruza entre Buñuel y Sade. 

El título de la publicación corresponde a la canción de Dir en Grey, contenida en su álbum Kisou de 2002. La razón de la escogencia creo que resulta bastante obvia XD

Como siempre, no me hago responsable si alguien decide ofenderse por el contenido de mis historias o las caracterizaciones de mis personajes. Esta es mi manera de amar a los chinos.

Notas del capitulo:

El pequeño Nero, harto de las atenciones que su dueño Gara le brinda al senpai de sus amores, decide atacar a este. Confía en sus recursos huroniles, los cuales no solamente consisten en su gran rapidez y flexibilidad.

Supongo que debo decir que esta idea había sido mencionada con anterioridad entre nosotras, pero se terminó de cocinar anoche, mientras Alex y yo mirábamos el capítulo 30 de JoJo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable. ¿Gatos-planta que controlan el aire? Te vas al carajo, Araki. ¡Te presento el mundo donde los perros lideran las bandas de visual y embrujan a sus fanáticos hasta el punto de la estupidez!

Makoto apenas tuvo tiempo de dejar a Kyo-sama en el departamento que compartía con sus padres[1], antes de volver a salir para recoger a su novio y primo en el edificio de la Peace and Smile Company, sello mediante el cual su tío Tommy seguía manejando la carrera de su hijo mayor. El delgado castaño había llegado a ese acuerdo con el rubio con tal de mitigar un poco las riñas nada nuevas, pero no por ello menos constantes, que tenían a causa de su dedicación al famoso vocalista canino, su senpai. Por lo cual, Makoto Endo, junto a su propia naciente carrera, tenía que vérselas con asistir a Nishimura y llevar a cabo actos que lo hicieran seguir mereciendo el corazón del frontman de the Gazette.

-Kyo-sama, aquí le dejo el sushi que le compré. Mire.- Dijo un atribulado Gara, poniéndole en el suelo a su maestro el barquito primorosamente adornado con los rollos. Siempre a una altura asequible para el exigente artista, con tal de que no fuera a molestarse por la descortés manera de recordarle que era un perro bajito. –Perdóneme, pero tengo que ir por Ruki. Taiji no tardará, y ya hablé con él para que no se moleste por su presencia.-

El cantante de Dir en Grey se echó en su camita forrada de cuero negro con tachas, miró al chico y luego hizo un movimiento de cabeza para indicarle que había entendido, y que podía marcharse a cumplir con su deber de pobre corazón enamorado. O de corazón comprometido, mejor dicho, porque muy dentro sabía que del único que el muchacho podía estar enamorado era de su imponente persona perruna.

Makoto cerró la puerta y el departamento quedó en silencio. Kyo, por su parte, colocó la cabeza sobre sus patas delanteras y reposó un poco. Miró el barco de sushi, pero por el momento aquella suculenta comida no se le antojaba. Recién regresaba de una reunión con sus compañeros, el jefe y demás gente importante de la Free-Will, en la que habían servido bastantes tentempiés. Él, empero, controlaba la ingesta para mantener su esbelta figura, muchas veces hasta el punto de entrar en discusión con su preocupado kouhai, el cual hacía de todo por darle siempre lo mejor. El menor, incluso, había tomado clases de cocina con su padre bajista, aunque sin revelarle a este las verdaderas intenciones que albergaba con semejante aprendizaje.

Nishimura estaba entrando en un delicioso trance de sueño que premiaba por fin su ajetreado día, pues antes de la reunión tuvo que ir al salón de belleza para que le tiñeran, cortaran y ordenaran el alborotado pelaje. La única diferencia era que ya no le tocaba ver a Ruki en los pasillos y siendo atendido por los estilistas al mismo tiempo, ni tener que escucharlo quejarse porque estos pretendieran hacerle el mismo corte que al cantante veterano. La idea que Tomás tuvo de separarlos de subsidiaria fue lo mejor que pudo ocurrírsele, pues la popularidad de ambas bandas no daba para que siguieran estando juntas.

El rubio can fue bruscamente sacado de los brazos de Morfeo por un inequívoco y molesto olor que invadió sus aguzadas narices de inmediato, al tiempo que un alargado cuerpo peludo se deslizaba por la sala, por detrás de los sillones. Nero –el hurón que Naoki y Taiji habían regalado a su hijo poco después de adoptarlo, y al que Makoto dejó de atender cuando cayó en el embrujo de Dir en Grey y su frontdog- se hizo presente en el sitio, sabiendo perfectamente que su olor sería detectado por el mayor.

Tooru Nishimura (los artistas necesitan un stage name, ¿no? Claro. Pero cuando no son humanos, cuentan con el stage name de antemano, y lo que requieren es un nombre de pila y un apellido) levantó las orejas lo más que su condición de perro mezclado se lo permitió, poniéndose alerta y erizo a causa del atrevimiento del mustélido. Cuando Naoki, Taiji o Makoto se hallaban en casa al mismo tiempo que el cuadrúpedo artista, el travieso animalito se cuidaba de siquiera acercarse, a no ser en brazos de Sawada o de Endo. Pero ese era un momento perfecto para enfrentarse a quien le había arrebatado los cariños y las atenciones de su joven y un poco atolondrado amo, con nada más que sus aullidos y su maquillaje eroguro.

Kyo rabiaba y mostraba los dientes en dirección del sillón de tres plazas, tras del cual se había refugiado el moteado mamífero. Este, por su parte, se asomó por debajo de la plaza central y vio al can, pero no se dejó impresionar. Total, él también tenía buenos colmillos, garritas afiladas que, para prevenir que el exbajista de X-Japan le cortara, se había abstenido de usar, y una velocidad nada despreciable.

Nero volvió a esconderse bajo el sofá, pero solamente para emprender la carrera apenas se dio la vuelta, atacando a Nishimura con un mordisco en la papada. Cuando sintió el agarre, el perro se removió con fuerza, tirando al otro hacia un lado, con tan mala suerte que el más pequeño de los dos cayó sobre el barco de sushi. Al ver sus queridos rollos desparramados por el suelo, el intérprete de “Child Prey” ni siquiera esperó el contraataque de su rival, sino que se abalanzó sobre este, perdiendo toda cordura y de paso su peinado, una vez que tomó al mustélido entre sus fauces y lo sacudió de lado a lado hasta que el alargado animal comenzó a gritar. Lo hacía con más insistencia de lo necesario, buscando hartar al otro con sus chillidos para que lo soltara, pues en realidad el can no le estaba causando tanto daño como parecía.

Así fue como Kyo, que era ser de poca paciencia porque ya en sus años mozos había tenido demasiada con cierto amito pelicolorido, acabó lanzando al hurón hacia uno de los sofás, harto de zarandearlo y escuchar sus exageradas voces, que no le habrían valido ni para corista. Tal vez obedecía a un recelo vano, pero pronto se dio cuenta de que de aquel otro bicho al menos no tenía por qué temer rivalidad: Nero, de hacer piruetas en casa, dormir y comer no pasaría, y no tendría nunca que ver su horrible cara junto a la propia en un afiche promocional.

Después de aquellas cavilaciones, Nishimura se acercó a olisquear algunos de los rollos, lamiendo un poco el camarón que permanecía dentro de uno de ellos. La comida estaba dispersa, y el barquito, estropeado, todo gracias a aquella mascota buena para nada, celosa y cobarde, que jamás se habría atrevido a atacarlo si no se hubieran quedado solos. A lo mejor, habría sido menos problemático acompañar a Gara en su diligencia de caballero y aguantarse los parloteos de Takanori, por mucho que le doliera la cabeza y el resto del cuerpo, luego de que le jalaran el pelo con el cepillo redondo durante tanto rato.

Ante el pensamiento y con renovada molestia, el afamado cantante buscó al hurón con la mirada una vez más, pero se quedó pasmado al notar que este había desaparecido de donde lo había lanzado la vez postrera. Miró en derredor con extremo sigilo: el condenado bicho no se veía por ninguna parte. Pero era claro que su olor permanecía, así como el del pescado, los mariscos y el arroz avinagrado.

Harto del jueguito, Kyo ladró, pero no hubo respuesta. La situación empezaba a fastidiarlo en extremo. ¿Dónde demonios estaba Taiji? ¿Por qué no llegaba? Definitivamente, tendría que hacerle saber a su discípulo y asistente que no pensaba quedarse solo nuevamente en su departamento. ¿La razón? Que nunca lo estaría, sino en compañía de aquel perdedor incapaz de aceptar la derrota. Afortunadamente, Makoto estaba mejorando rápidamente en el aprendizaje de su idioma, y era casi del todo capaz de transcribir las letras de sus canciones, para aquellos fanáticos meticulosos e insistentes que pedían conocer los significados de estas.

El can rubio estaba a punto de echarse nuevamente en su cama, cuando en eso sintió que algo le caía en el lomo y se aferraba a su cuidado pelaje recién teñido. Para cuando quiso acordar, tenía los afilados y pequeños colmillos del hurón clavándosele en una oreja, sensación que a pesar de sus numerosos piercings, no dejó de dolerle bastante.

El condenado animalejo estaba bien asido a su cuerpo y no bastaron todas las sacudidas y movimientos para sacárselo de encima, ni tampoco cuanto ladrido le salió de la garganta, ya sin ningún reparo por la obligación de mantener el silencio en el edificio. Nero no soltaba su lomo ni siquiera cuando el perro corrió hacia las paredes para golpearse contra ellas (esparciendo, en el proceso, el tiradero de los rollos, que se encontraban reducidos a sus ingredientes, más los pedazos del barco), pues al estar justo arriba era casi imposible que lo lastimara embistiendo de lado. Finalmente, Nishimura tomó una decisión desesperada: tras meterse debajo de un sillón a rastras, con el mustélido a cuestas, se incorporó de improviso, golpeando al más pequeño contra el asiento.

Al hacerlo la primera vez, consiguió mover el mueble de lugar, pero Nero resistió, y permaneció sobre él aun. Un gruñido de frustración escapó de sus fauces tensas: cómo le habría gustado tener al cazaconejos ahí en medio en ese instante, y cómo lo habría estrujado sin consideración. ¿Por qué demonios no podía comportarse como un animal civilizado; indiferente al menos, como el buen Reita, o alocado pero indefenso, como el pequeño Uruha?[2]

El can de los aullidos de oro repitió la operación con el sillón de una plaza, pensando que, probablemente, la primera vez había fallado debido al peso del sofá grande. De esa manera, tras chocar con la parte baja de la butaca, golpeó a Nero con fuerza y lo obligó a desprenderse por fin. No obstante, la táctica tuvo su precio, y el sillón se fue de espaldas y chocó contra el suelo.

La sala era un desmadre: había comida y pedazos de madera esparcidos por la alfombra, los sillones estaban despatarrados, y las pruebas de la lucha eran más que evidentes, al quedar algunos rollos del pelo de ambos animales enganchados por ahí, pero por fin la jodida rata lanuda había desaparecido. Kyo, jadeando, cansado y con las melenas revueltas fue a desplomarse sobre la camita de piel, sintiéndose vencedor de un encuentro que sabía que no deseaba repetir. Pero se satisfizo al advertir que, a pesar de que no podía confiar en él del todo como para quedarse dormido, el mustélido buscapleitos había tenido la decencia de retirarse.

En eso, la puerta se abrió repentinamente y Taiji ingresó a su hogar, encontrándose con aquella desgracia de sala y un único animal en la estancia…

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡La reputa madre que parió a todos los malditos perros cantantes!!!!!!!!!...-



[1] El perro no vivía permanentemente ahí, sino que se alternaba entre la casa de su jefe, las de sus compañeros de banda, la de su kouhai y el sello.

[2] Iguana y pato mascotas de la familia Tomioka, respectivamente.

Notas finales:

Créditos a Tom y Jerry y a Silvestre y Piolín por la táctica final, supongo.

Espero que les haya gustado y gracias por leer XD

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