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La Confesion (ADAPTACION)

Autor: MapacheSupremo

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Notas del fanfic:

Todos los derechos a su autor y personajes correspondientes.

El hombre del bastn apareci justo despus de que el sacristn de St. Mark hubiese retirado diez centmetros de nieve de las aceras. Haca sol, pero tambin soplaba un viento huracanado, con temperaturas que no superaban los cero grados. A pesar del fro, aquel hombre solo llevaba un pantaln de peto, una camisa de verano, unas botas de montaa muy gastadas y cazadora ligera que de poco le serva, pero no se le vea incmodo ni apresurado. Avanzaba, cojeando, algo inclinado hacia la izquierda, el lado del bastn. Arrastrando los pies por la acera junto a la iglesia, se par ante la puerta lateral, donde pona DESPACHO con pintura de color rojo oscuro. No llam.
No estaba cerrada con llave. Entr justo cuando otra rfaga de viento chocaba contra su espalda.

La sala era un rea de recepcin con el desorden y el polvo que cabra esperar en una vieja iglesia. En la mesa del centro, una placa anunciaba la presencia de Sungmin Lee, sentado no muy lejos de su nombre.

—Buenos das —dijo el con una sonrisa.
—Buenos das —respondi l. Una pausa—. Fuera hace mucho fro.
—S, mucho —convino el al tiempo que lo examinaba rpidamente. Lo que ms llamaba la atencin era que no llevaba abrigo ni nada para cubrirse las manos y la cabeza.
—Supongo que es usted el seor Lee —dijo l con los ojos clavados en su nombre.
—No, hoy el seor Lee no ha podido venir. Tiene la gripe. Yo soy Ryeowook Kim, el esposo del pastor, y he venido a suplirlo. En qu podemos ayudarle?

Haba una silla vaca. El hombre la mir, esperanzado.

—Me permite?
—Claro que s —respondi el.
…l se sent con precaucin, como si tuviera que estudiar todos los movimientos.
—Est el pastor? —pregunt, mirando la gran puerta cerrada de la izquierda.
—S, pero est reunido.

Era un hombre menudo, y llevaba un jersey ceido. De cintura para abajo lo tapaba la mesa. …l siempre haba preferido a las menudos. Guapo, ojos marrones, pmulos marcados… Un chico mono y saludable, perfecto como esposito del pastor.

Haca tanto tiempo que no tocaba a un hombre…

—Necesito ver al reverendo Kim —dijo juntando devotamente las manos—. Ayer fui a la iglesia, o su sermn y… necesito que me orienten, vaya.
—Hoy est muy ocupado —repuso el con una sonrisa.

Unos dientes francamente bonitos.

—Estoy en una situacin comprometida —revel l.

Ryeowook llevaba bastante tiempo casado con Jong Hoon Kim, o Yesung para otros, para saber que, con cita previa o sin ella, nadie haba tenido que irse nunca del despacho con las manos vacas. Adems, la maana de aquel lunes estaba siendo glacial, y Yesung tampoco estaba tan ocupado: hacer unas cuantas llamadas por telfono, atender a una pareja joven que al final haba decidido no casarse —en eso estaba, justamente—, y luego visitar hospitales, como siempre. Rebusc un poco por la mesa hasta que encontr el sencillo formulario que buscaba.

—Bueno, tomar nota de algunos datos bsicos y a ver qu podemos hacer.
Tena el bolgrafo a punto.
—Gracias —dijo l con una ligera reverencia.
—Nombre?
—Chanyeol Park. —Se lo deletre maquinalmente—. Fecha de nacimiento, 10 de octubre de 1963; lugar, Joplin, Missouri; edad, cuarenta y cuatro. Solo, divorciado, sin hijos. Direccin, ninguna. Lugar de trabajo, ninguno. Perspectivas, ninguna.

Ryeowook asimil aquella informacin a medida que su bolgrafo buscaba frenticamente los espacios en blanco que haba que cumplimentar. La respuesta generaba muchas ms preguntas de las que caban en aquel pequeo formulario.

—Bueno, veamos, la direccin —dijo sin dejar de escribir—. Dnde se aloja en este momento?
—En este momento soy propiedad de la Direccin General de Prisiones del estado de Kansas. Me han asignado a una casa de reinsercin de la calle Diecisiete, a pocas manzanas de aqu. Estoy en pleno proceso de excarcelacin, o de reinsercin, como les gusta decir a ellos. Despus de algunos meses en el centro, aqu en Topeka, ser un hombre libre, y lo nico que me esperar ser toda una vida en libertad condicional.

El bolgrafo dej de moverse, pero Ryeowook no apart la vista de l. De pronto, su inters por las indagaciones haba perdido fuerza. Vacil en seguir preguntando, pero ya que haba empezado el interrogatorio, se sinti obligado a continuar. Qu ms iban a hacer mientras esperaban al pastor?

—Le apetece un caf? —pregunt, con la seguridad de que era una pregunta inofensiva.

La pausa fue excesivamente larga, como si l no se decidiese.

—S, gracias; solo, con un poco de azcar.

Ryeowook sali rpidamente de la habitacin para ir a buscarlo. …l lo mir sin perder ni un detalle: lo bien formado y redondo del trasero bajo los pantalones de sport, las piernas esbeltas, los hombros atlticos… Uno setenta, o uno setenta y cinco, sesenta kilos a lo sumo.

Ryeowook no se dio prisa. A su regreso, se encontr a Chanyeol Park donde lo haba dejado, sentado como un monje, haciendo entrechocar suavemente las yemas de la mano derecha y las de la izquierda, con el bastn negro de madera atravesado en las piernas y la mirada perdida en la pared del fondo. Tena la cabeza totalmente rapada, una cabeza pequea y lustrosa, de una redondez perfecta. Al darle la taza, Ryeowook se pregunt de manera frvola si se habra quedado calvo a temprana edad o simplemente prefera el look rapado. En el lado izquierdo de su cuello mostraba un siniestro tatuaje.

…l cogi el caf y le dio las gracias. Ryeowook volvi a su sitio, con la mesa entre ambos.

—Es usted luterano? —pregunt, tomando otra vez el bolgrafo.
—Lo dudo. La verdad es que no soy nada. Nunca he visto la necesidad de pertenecer a una Iglesia.
—Pero ayer estuvo aqu. Por qu?

Park cogi la taza con las dos manos y se la acerc a la barbilla, como un ratn que mordisqueara algo. Si tardaba diez segundos en responder a una simple pregunta sobre caf, el tema de las creencias religiosas poda llevarle toda una hora. Bebi un sorbo y se pas la lengua por los labios.

—Cunto tiempo cree que tardar en poder ver al reverendo? —inquiri finalmente.
Demasiado, pens Ryeowook, que ya no vea el momento de endosarle aquel asunto a su marido. Ech un vistazo al reloj de la pared.
—Estar al caer —dijo.
—Sera posible que espersemos sentados en silencio? —pregunt l con toda la educacin del mundo.
Una vez asimilado el desaire, Ryeowook decidi rpidamente que el silencio no era mala idea. Despus se le reaviv la curiosidad.
—S, claro; solo una pregunta ms. —Mir el cuestionario como si realmente necesitase una pregunta ms—. Cunto tiempo ha estado en la crcel?
—Media vida —dijo Park sin vacilar, dando la impresin de que se lo preguntaban cinco veces al da.

Ryeowook escribi algo. Despus se concentr en el teclado del ordenador y empez a teclear, como si de pronto se le hubiera presentado un asunto urgente. En su correo electrnico para Yesung pona: Aqu tengo a un ex presidiario que dice que necesita verte. Hasta entonces no se ir. Parece agradable. Se est tomando un caf. Ve acortando. Si no se ir.

Cinco minutos ms tarde se abri la puerta del pastor, y por ella se desliz una chica; se secaba los ojos, seguida por su ex prometido, que lograba estar al mismo tiempo ceudo y sonriente. Ninguno de los dos le dijo nada a Ryeowook. Tampoco se fijaron en Chanyeol Park. Desaparecieron.
—Un segundo —le dijo Ryeowook a Park despus del portazo.
Entr rpidamente en el despacho de su marido para darle un breve parte informativo.

El reverendo Yesung Kim tena treinta y cinco aos, haca diez que estaba felizmente casado con Ryeowook y era padre de tres hijos, que se llevaban entre s veinte meses. Haca dos aos que era pastor titular de St. Mark, tras haberlo sido de una iglesia en Kansas City. Su padre era pastor luterano jubilado, y Yesung nunca haba soado con ninguna otra ocupacin. Crecido en un pueblo cerca de St. Louis, y escolarizado en la misma zona, nunca haba salido del Medio Oeste, a excepcin de un viaje escolar a Nueva York y de su luna de miel en Florida. En general gozaba de la admiracin de sus feligreses, no sin algn que otro altercado. El mayor enfrentamiento haba estallado el invierno anterior, cuando abri el stano de la iglesia a unos vagabundos durante una nevada. Una vez derretida la nieve, algunos de ellos se haban resistido a irse. El ayuntamiento haba mandado una notificacin por uso no autorizado, y la prensa haba publicado un artculo ligeramente embarazoso.

El tema de su sermn de la vspera haba sido el perdn: el poder infinito y abrumador de Dios para perdonar nuestros pecados, por muy aborrecibles que hubieran podido ser. Los pecados de Chanyeol Park eran atroces, inimaginables, horrendos. Sus crmenes contra la humanidad no podan condenarlo sino a la muerte y al sufrimiento eternos. A aquellas alturas de su triste vida, estaba convencido de que jams podran perdonarlo. Pero senta curiosidad.
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