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Un ave fénix, de papel. [Kiho]

Autor: Naeh

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Kihyun mordió sus labios tal como llevaba por costumbre desde hace un par de años ya, se sentía asqueado, más que por la demasiado brillante escena en frente suyo para su gusto, ese sabor nauseabundo que inundaba su boca se debía a sí mismo estando allí, siendo parte de aquella cosa que realmente quería evitar. La cámara fotográfica se alzó lo que más pudo en el aire intentando lograr que todos ellos aparecieran en la fotografía, el sólo hecho de verse allí junto a todos lo mareo, y antes de siquiera poder dar media vuelta y salir disparado tal como acostumbraba la fuerte mano de Hoseok sujetó su brazo.


La fotografía mostraba a todos los chicos entusiasmados, con algunos morados en el rostro, un Hoseok sonriente y un Kihyun con un "qué diablos" en la cara mirando a su opresor.


No es necesario decir que luego de eso tiró de su propio brazo y le escupió en los zapatos al desconocido con demasiada personalidad, tampoco lo es mencionar que Shin Hoseok no dijo nada, ni siquiera se inmutó ante el asqueroso gesto, y a pesar de escuchar como los otros le decían que simplemente lo dejara pasar porque "no sé como llegó a aceptar la foto por unos segundos, deberíamos estar agradecidos" él no se sentía conforme.


La pequeña motita de cabello rosa continuó alejándose a pesar de la oscuridad que actualmente había en el ambiente y los helados vientos que empujaban su diminuto cuerpo.


Las manos de Kihyun por fin habían dejado de temblar cuando ya se encontraba tirado dentro de su casa. No podía ver a dos pisadas más allá de si mismo y era reconfortante. 


Prefería estar solo en la oscuridad que ver su soledad a plena luz del día. Y sin embargo, acostado en su cama, luego de curar algunas de sus heridas la imagen de Shin Hoseok seguía rondando por su cabeza como acechándole perversamente. 


Todo lo que sabía de ése personaje eran cosas muy básicas, uno más de los reclutados por Yongguk, su timidez para hablar pero extravagante personalidad, la frialdad que presentaba cuando estaba a punto de pelear. Kihyun lo sabía, porque fue uno de los primeros peleadores en enterarse de su llegada gracias a Daehyun. Tuvo un presentimiento asquerosamente malo y a pesar de pedirle a Yongguk que por favor lo desechara, el jefe no iba a dar su brazo a torcer cuando había encontrado a una nueva joya. 


Lo evitó por meses, ni siquiera cruzaban palabra alguna y como el tipo se había hecho rápidamente amigo de la mayoría de los de por allí recibió la advertencia de todos sobre su persona. 


"- No te metas con Yoo Kihyun, te puede parecer muy lindo y adorable cuando está en silencio, pero aún fuera del ring, te va a partir la cara si dices algo que no le gusta." 


Ser un luchador callejero nunca fue algo con lo que soñó toda su vida a diferencia de otros, la verdad, si pudiese pedir un deseo sería volver a nacer en un cuerpo totalmente diferente, con otra personalidad, y en otro lugar del mundo. No podía controlar sus emociones, siempre fue demasiado impulsivo para su edad, sus profesores no pudieron ayudarle y terminó partiéndole la nariz a una de ellas.


El distanciamiento y desprecio de sus seres más queridos fue debido a sus graves problemas de temperamento. No sabía escuchar, era inmaduro, consentido, testarudo. Cuando cumplió dieciséis años sus padres le regalaron un departamento y luego de eso perdió totalmente el contacto con todos. 


Era un desastre, se había encapsulado tantas veces en su dominante personalidad que terminó transformándose en alguien asocial. No quiso seguir estudiando, no podía trabajar. Si Daehyun, uno de sus viejos amigos, no le hubiera aconsejado a su novio integrarlo en las peleas callejeras para ganar algo de dinero lo más probable es que Kihyun haya tenido que vender su único hogar para tener algo que comer. 


Kihyun le debía tanto a Daehyun y Yongguk que ni siquiera cuestionaba sus decisiones sobre con quién iba a pelear, para él estaba bien, porque era un modo de liberar sus tensiones y romperle la cara a unos cuantos idiotas como él sin el remordimiento sangrante que seguía en su pecho. 


Pero cuando Yongguk lo subió al ring junto con Hoseok no pudo darle siquiera un golpe. 


Se defendió todo lo que pudo, soltó maldiciones que sonaban ridículas al lado de su pequeña imagen, el público gritaba extasiado y extrañado por su actitud, porque él nunca había hecho algo como eso, nunca había sido tan débil. 


El encuentro no duró más de cinco minutos, él cayó al suelo con los labios rotos y el brazo de Hoseok fue alzado aún cuando el tipo tenía marcado en su rostro confusión. Bajó con algo de ayuda y literalmente huyó del lugar a pesar de escuchar los gritos del vencedor exigiendo una respuesta. 


Kihyun no podía tocarlo y pensó que con ello se acabaría todo y Yongguk entendería que era algo que no podía evitarse.


Lamentablemente para él, Shin Hoseok no era alguien que aceptaría aquello así como así. 


No importaba cuanto lo evitara, el menor de cabellos plata lograba llegar a su lado con una facilidad innegable dejando de gritarle en la cara que le diera explicaciones, ahora simplemente quería acercársele a él y eso estaba fuera de los limites. 


Kihyun tenía un sólo lema en la vida, no formar ningún vinculo con los idiotas con los que luchaba, y Shin Hoseok no iba a ser la excepción. 


Tiró de sus cabellos frustrado, con las mejillas mojadas hipaba dándose golpes para detenerse, su cuerpo temblaba, y aun así, con todo ese peso sobre sus hombros, la sonrisa de Hoseok volvía a instalarse en sus pensamientos, esa sonrisa cálida que le dio hace un par de días atrás, cuando lo vio limpiar la sangre derramada sobre sus pálidos brazos y una expresión de disgusto en su rostro. 


"- Eres adorable aunque parezcas una bestia en estos momentos."


Lo había golpeado, pero le seguía sonriendo, y eso rompía en todo sentido lo que era Yoo Kihyun. 


Terminó durmiéndose en sus lamentos, cubriéndose con la palabras suaves del invasor acariciando su oído. Y sintió asco, nada más que asco. 


* * * 


Shin Hoseok era alegre y cuidadoso con sus palabras, lo comprobó cuando llegó a su lado con una chaqueta de cuero ajustada al cuerpo y dos cafés en sus manos. La insinuación era obvia y él sólo optó por dar media vuelta soltando un bufido molesto a pesar de seguir escuchando el llamado de aquel perrito con las orejitas demasiado atentas a su persona. 


- ¡Aléjate imbécil! 


Kihyun lamentó enormemente ver ambos cafés derramados en el barro y la mirada agotada de Hoseok cuando los alzaba. También lamentó haber huido sin una disculpa con la expresión de "desaparece" en el rostro. 


Si Kihyun hubiera alcanzado a ver la mirada triste de Hoseok tal vez hubiera tenido un ataque de pánico allí mismo, o le hubiera destrozado la cara. 


Pero a pesar de todo, Kihyun prefirió caminar unos cuantos metros más allá entrando luego de dos golpecitos a la oficina improvisada de Yongguk en medio de la noche, Daehyun estaba allí sentado leyendo algunos expedientes, y cuando volvió a salir al cabo de 20 minutos alcanzó a ver a su amigo entregarle una taza de café de alta calidad al menor platinado. 


Daehyun no tuvo que decir nada, porque su mirada sonriente y la pequeña seña con sus ojos en dirección a la mota de algodón de azúcar recargada en la pared aparentemente sin nada que hacer allí lo delataba. Hoseok iba a caminar en su dirección, pero Daehyun detuvo su cuerpo y Hoseok entendió la advertencia.


Tal vez Kihyun no había alcanzado a ver sus ojos tristes, pero si había logrado apreciar su sonrisa. 


Y eso lo hizo enloquecer, en el mal sentido. 


Lo próximo que pudo escucharse a la lejanía fueron las quejas bruscas del menor en estatura siendo arrastrado por Yongguk hasta una de las casetas más alejadas de la multitud. El mayor lo azotó contra la astillosa madera y antes de permitirse escuchar alguna otra queja de Kihyun, Yongguk lo apretó de los hombros obligándolo a mirarle a los ojos. Su mirada era tranquila y lentamente el cuerpo más pequeño se relajó y bajó el rostro agotado. 


- No te vuelvas a acercar a Shin Hoseok, nunca mas en tu vida. 


- Yo no- 


- Te lo advierto - Kihyun volvió a alzar su mirada cuando notó a Daehyun acercarse con cuidado - no quiero que nada le pase a ninguno de los dos. - El menor apretó los labios - Hoy dormirás con nosotros. 


Y Kihyun acepto, con temblores, y una pequeña lagrima recorriendo su mejilla izquierda. Daehyun los siguió de cerca cuando las peleas de la noche habían acabado y ya no tenían nada que hacer en aquel ilegal lugar. 


Cada vez que Kihyun se descontrolaba dormía en la habitación "de invitados" de la pareja, si es que podía llegar a llamarse de esa manera, porque la primera vez que pisó esa casa y le designaron una verdadera habitación había terminado gritando a la mitad de la noche al despertar de una pesadilla luego de romper los veladores y ventanas del lugar. Yongguk lo había logrado controlar con mucha suerte, a raíz de ello el ático, sin ventanas, con una simple cama, se transformó en su nuevo "cuarto de invitados". 


Kihyun despertó cubierto de sudor helado en la madrugada. 


Había sido por falta de aire, la mandíbula le dolía al mantener los dientes apretados durante todo ese tiempo y la imagen viva de sus pesadillas seguía reproduciéndose a cada segundo constantemente en su mente. 


Hoseok estaba allí. 


Hoseok no debía estar allí. 


Y Kihyun temblaba y tenía miedo porque sabía que poco a poco se estaba instalando en su caótica vida sin siquiera pedirle permiso. No podía dejar a alguien tan bueno como ese chico entrar a un lugar que ni el propio dueño conocía ni podía controlar con seguridad. 


Yoo Kihyun lloró hasta quedar agotado, arañó su rostro inseguro y durmió por tres horas antes de agradecerles a esas dos maravillosas personas todo lo que habían hecho por él esa noche y salir de esa casa cubriendo su rostro con su capucha.


¿Cuantas veces más había pasado todo aquello? Su actual vida se basaba en encerrarse en su departamento con todas las ventanas selladas, acudir a los encuentros donde Yongguk lo solicitaba, recibir su paga diaria, comer, vivir, e intentar alejarse de Hoseok. Un Hoseok que actualmente estaba haciendo exactamente lo que no debería por su propio bien. 


El menor de cabellos color plata suspiraba sentado a unos cuantos metros del improvisado ring, ajustando las vendas en sus manos y escuchando a uno de sus amigos señalarle los puntos débiles de su nuevo rival. No era como si le interesara porque sabía que la pelea no duraría demasiado, él era bueno, y por lo visto su oponente estaba demasiado nervioso por pelar en su contra. 


- Patético... 


- Lo es, ¿verdad? ese tipo se cree la gran cosa pero no pudo mirarte a la cara cuando pasó a tu lado.


Hoseok sonrió porque su amigo no se había dado cuenta que en realidad, aquella navaja echa palabra había sido dicha directamente para sí mismo. Shin Hoseok no era estúpido, podía parecerlo, pero no tenía una pisca de ello. O eso creía. 


Y lo cierto es que si le hubieran dicho antes que en la actualidad estaría siguiendo a un tipo de mal temperamento con ataques bipolares, agresivo, algo lindo, con solitarios ojos brillantes y que lo aborrecía en todo el sentido de la palabra, Hoseok hubiera soltado una carcajada tan alta que el mismo Kihyun hubiera llegado a golpearlo por ser demasiado molesto. 


Ni él mismo entendía el por qué sentía aquella peligrosa atracción hacia esa pequeña persona cuando la cosa mas buena que había hecho por él había sido tirarle una toalla limpia en la cara para limpiarse el sudor y algo de sangre de su contrincante. 


Kihyun era la personificación completa de lo peligroso, del rechazo, del desamor, y eso mismo lo atraía tanto que dolía.


A simple vista se había encantado con esa pequeña imagen rosa, lindo, esponjocito, con los labios hinchados por haber sido previamente golpeado y un ligero ceño fruncido en el rostro que lo hacia ver sumamente adorable, su ropa era mas grande que él y Hoseok terminó sonriendo involuntariamente cuando el chico volteó el rostro en su dirección. 


Pero Kihyun había palidecido y prácticamente huido en un par de segundos. 


Siempre lo vio solo, las personas le temían, y a los únicos que respetaba mas que a su propio espacio personal eran los jefes. 


Él quería acercarse más. 


Hoseok siempre fue de mente abierta, había aceptado que le llegaron a gustar algunos chicos cuando era joven al igual que le gustaban las chicas, tuvo relaciones de todo tipo a lo largo de su vida, pero eran algo... enfermizas. 


Porque Hoseok podía llegar a arrastrarse ante la persona que amaba, sea quien sea, y ellos siempre se aprovechaban de eso. 


- Hey, despierta idiota - el platinado se sobresaltó por el repentino golpe en la espalda de su amigo parado a un lado suyo - ya te toca, vamos. Anda a partirle la cara al imbécil ese. 


Y Hoseok obedeció. Con asco en la boca, su mirada cambió como en cada encuentro, decidida, llena de odio. 


El presentador lo hizo subir al ring por medio de los aplausos de los espectadores, aquellas personas que apostaban cientos de dólares en su persona gritaban su nombre como si de un himno se tratase, pero él no lograba oírlos, en su mente, incluso el escenario había sido modificado. Su oponente también estaba allí, pero ya no era más un chico musculoso de cabellos castaños, ahora tenía más edad, una mirada petulante, algunas arrugas cerca de sus ojos y esa asquerosa sonrisa divertida que siempre tenía cuando lo encontraba haciendo "algo malo". 


"- Hey Hoseok, volviste a llegar tarde." 


Escuchó el grito de inicio, y él atacó desde un principio con todo lo que tenía. 


En su mente sólo podía escuchar la bella risa de su madre, los concejos que le daba para ordenar su desastrosa vida de adolescente, esos grititos agudos que soltaba cada vez que uno de sus platillos sabía mucho mejor de lo que esperaba y recordó esa sonrisa emocionada, cansada, pero agradecida de verlo llegar a casa luego de terminar su clases. Hoseok siempre fingía ser idiota y la abrazaba amorosamente sin mencionar el nuevo morado que tenía en su desgastado rostro, o cuando su labio estaba partido e intentaba ocultarlo con lápiz labial, incluso cuando la encontraba sentada en el living sabiendo que la única razón de ello era que no podía levantarse por el dolor corporal. 


"- Bebé, ¿cómo te fue en clases?"


Un golpe, dos golpes certeros en la mandíbula. El tipo frente a él intentaba tapar su rostro al verse tan notoriamente superado por los rápidos movimientos de Hoseok. 


Tres golpes, cuatro golpes. El platinado se detuvo un par de segundos para dejar al otro atacar, porque si ganaba tan rápido no sería divertido para el público, y podrían apostar más por él. 


"- ¿Vas a llamar a la policía? eres imbécil, como si la estúpida no se lo mereciera." 


Hoseok casi vomitó cuando se había desconcentrado lo suficiente para que el tipo golpeara su estómago, con sus manos intentó sostener su propio cuerpo abrazándose a sí mismo, recibió otro golpe en el rostro y se desorientó. 


La imagen de su padre con las manos heridas se encontraba frente a él, sonriente, amenazante, venía por su cabeza luego de haber obtenido la de su inocente madre. Y Hoseok volvió a reaccionar, porque aunque sabía que era una ilusión, algo horrible que a su cerebro le encantaba hacer cada vez que tenía una pelea, la escena lo llenaba de tanto odio que terminó reincorporándose, partiéndole la nariz al tipo nuevo luego de tres golpes anteriores. 


El cuerpo había caído, su brazo fue levantado, veía como el público gritaba y aplaudía sin poder escuchar nada. Bajó en silencio, tomó su chaqueta y se perdió entre la multitud de cuerpos. Sentado en la oscuridad, donde todavía alcanzaba a ver algunas personas caminar por allí con claras intenciones de intimar, Hoseok cubrió su rostro con su chaqueta y terminó hipando unos minutos a causa del llanto tranquilo que podía permitirse en esos momentos. 


Extrañaba a su madre como solo Dios sabe, sus manos temblaban por el odio que seguía latente en sus venas a causa de su progenitor. Porque esa monstruosidad jamás podría ser llamada "padre". 


Un ser tan asquerosamente horrible como él no merecía nada, pero aún así, en esos momentos lo más probable es que estuviese cómodamente en su celda, con comida, agua, y un techo. Todo gratis. 


Cuando Hoseok tenía 15 años había deseado con toda su alma que la pena de muerte fuera legal en su ciudad, ver a su madre inconsciente en el suelo, con heridas por todo el rostro y a su padre parado a un lado de ella sonriendo por la inoportuna llegada de su querido hijo lamentablemente para su persona no le sorprendía, porque desde que tenía 10 años temía cada día llegar a casa y no escuchar el amoroso recibimiento de su madre. 


Ese día definitivamente no logró escucharlo, y nunca más lo escuchó. 


La mujer que lo había criado y amado durante toda su vida murió horas después a causa de un derrame cerebral, Hoseok no resistió vivir más en esa casa, y tuvo que mudarse al hogar de su tía más cercana luego de ver como el desgraciado perdía totalmente su libertad.


El comienzo fue difícil, pero el apoyo incondicional de sus seres queridos lo ayudó a salir adelante hasta que cumplió los 18 años, cuando había decidido volver a su antiguo hogar solamente para conservar el recuerdo vivo de su madre. 


Hoseok suspiró aliviado ante el recuerdo de Yongguk observarle a lo lejos mientras se peleaba con uno de sus compañeros de escuela. Ese día en la noche recibió la visita del jefe en su propia casa reclutándolo para las peleas callejeras. 


Hoseok se había negado. 


Porque odiaba la violencia. 


Pero la universidad y su comida no se pagaban solas. 


Un año después, luego de muchos intentos de evitarlo, peleó contra Kihyun. 


Y ahora dolía, su corazón se había impregnado de esa aislada esencia del contrario, se preguntaba cuanto tiempo más seguiría arrastrándose para tener algo de atención, la más mínima que fuese. 


Si Kihyun alguna vez lo miraba sin signos de horror en el rostro Hoseok se sentiría completo. 


Y Hoseok realmente, realmente quería sentirse completo.

Notas finales:

<3

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