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La Gran Familia Namikaze

Autor: JinHei

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Notas del fanfic:

Podrán conseguir ésta historia en Wattpad bajo el sudónimo de Chibi-Carrots y en Fanfiction bajo el seudónimo de Chibi.Carrots.

El camión que ponía "mudanza" en grandes letras rojas se detuvo frente a una de las tantas casas de aquel aparentemente pacífico vecindario, detrás de él se detuvo una camioneta negra de vidrios oscuros; del vehículo bajaron cinco personas y un can. La familia se detuvo en la cera y examinó de principio a fin la casa que sería a partir de ahora su hogar.

 

— Así que... ésta es nuestra nueva casa —observó una niña de no más de doce años; se acomodó los lentes de pasta roja que llevaba puestos con cierto deje de fastidio —. Que monótono.

 

— No digas eso, Sarada —habló una voz suave —. Todavía falta hacerle muchos arreglos a la casa, apenas estamos empezando —sonrió.

 

— Ay mamá... —suspiró la menor tomando al pequeño perrito a sus pies, Shiro.

 

— Ahora entremos, hay que decidir cómo vamos a repartirnos las habitaciones —empujó la mujer a la niña que sólo rodó los ojos como respuesta —. Fugaku, Itachi, Sasuke, muévanse.

 

— Ya vamos Mikoto —suspiró quien llevaba por nombre Fugaku —. Andando —palmeó a ambos hermanos para luego adentrarse a la casa.

 

Sasuke e Itachi salieron de su trance observando la casa de al lado y se acercaron a su nuevo hogar.

 

— Que casa tan colorida la de los vecinos, ¿no lo crees? —comentó el azabache de coleta, Itachi.

 

— Colores demasiado chillones, no me gusta —respondió quedo el menor, Sasuke.

 

— Supuse que dirías eso.

 

Ambos, Itachi y Sasuke, se dirigieron al segundo piso de la casa donde Sarada los esperaba.

 

— Mamá y papá se decidieron por aquella —señaló Sarada a su derecha, ambos hermanos dirigieron su mirada a la izquierda y pudieron observar a sus padres ojeando la que posiblemente era la habitación más grande —, yo me quedo con esa —señaló ahora a su izquierda y Sasuke e Itachi dirigieron su mirada a la derecha; la de lentes señalaba una habitación intermedia entre otras dos —. Resuelvan ustedes cómo se reparten las que quedan.

 

— Me pido la del final —dijo Sasuke de inmediato y a Itachi no le quedó más remedio que chasquear la lengua.

 

Sarada con una pequeña sonrisa divertida se adentró a su habitación con el pensamiento de que sus hermanos mayores eran unos infantiles cuando se lo proponían. Itachi y Sasuke por su parte se adentraron cada uno en la que sería de ahora en adelante su habitación; por un lado, la ventana del cuarto de Itachi daba al jardín trasero de la casa, aquello le gustaba, tenía una vista hermosa que le transmitía paz y tranquilidad; por el lado de Sasuke, la ventana de su habitación daba a la casa del vecino de colores chillones, más específicamente a una de sus habitaciones superiores, aquello no le molestaba al azabache, mas bien le daba igual pero pudo notar que en ese momento la vivienda posiblemente estuviera vacía, pues no veía movimiento alguno en la habitación o en el resto de la casa desde que llegaron. Tal vez sólo se trataba de gente que no le gustaba el chisme ó acertó y en realidad no había nadie en casa, fuera como fuera, daba igual.

 

Cuando por fin se decidieron cuál sería la respectiva habitación de cada uno bajaron con los chicos de la mudanza, dándoles indicaciones de dónde debían dejar las cosas específicamente.

 

A eso de las dos de la tarde la familia se encontraba arreglando toda la casa y colocando las cosas en su respectivo lugar. Mikoto y Fugaku arreglaban lo que era su habitación al igual que sus hijos. Un timbrazo hizo que todos se detuvieran de lo que estuvieran haciendo.

 

— Yo voy cariño, tú continúa con la habitación —pidió amablemente Mikoto quien salió de su habitación y fue directamente a la puerta. Cuando abrió se encontró con una mujer rubia y una chica adolescente de extraña cabellera rosa —. Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarles?

 

— Buenas tardes —habló la rubia —. Mi nombre es Mebuki Haruno y ella es mi hija, Sakura.

 

— Buenas tardes —saludó la pelirosa.

 

— Queríamos darle la bienvenida al vecindario, esperamos que el lugar sea de su agrado señora... eh...

 

— Mikoto, Uchiha Mikoto —sonrió —. Y le agradezco mucho su hospitalidad —hizo una reverencia en agradecimiento.

 

— No es para tanto —se avergonzó Mebuki.

 

— Aquí tiene señora Uchiha —le extendió un ramo de flores Sakura —. Espero que sea de su agrado.

 

— Oh, gracias jovencita, un hermoso detalle de tu parte — sonrió complacida Mikoto.

 

Sakura y Mebuki sonrieron a la mujer de cabellera azabache, conversaron durante un rato y Mikoto pudo descubrir que la familia de la casa colorida de al lado se apellidaba Namikaze; sino mal recordaba ése era el apellido de uno de los hombres más prestigiosos de Japón, quien era presidente de una empresa de electrónicos muy avanzados llamada Rasengan Corp., la cual sabía perfectamente era la empresa rival de su esposo. De todas maneras no estaba segura, podrían haber muchas familias apellidadas de la misma manera ¿no?

 

Mikoto cerró la puerta en cuanto ambas mujeres se despidieron y cuando se dio media vuelta pudo observar a sus tres hijos asomados en la escalera.

 

— ¿Saben que es de mala educación escuchar a escondidas, no?

 

— Yo fui arrastrado a esto —se libró Sasuke apuntando a Itachi —. Ni siquiera me interesaba.

 

— Yo sólo tenía curiosidad —se excusó Itachi y Sarada detrás de ellos suspiró.

 

— Bueno, da igual, ¿qué les parecieron sus nuevas vecinas las Haruno?

 

— Dudo mucho que me vaya a llevar bien con esa chica de pelo rosa, tiene pinta de ser muy chillona.

 

— No digas eso Sasuke, fue muy amable, mira, hasta nos trajo flores.

 

— Eso no quiere decir que no sea posiblemente una chillona — ignoró las flores y fue a la cocina por un vaso con agua, Mikoto hizo un puchero, a veces esa fría personalidad de su hijo la alteraba.

 

— Me parecen buenas personas —comentó Itachi y Sarada detrás de él se encogió de hombros sin opinar.

 

— Bueno, iré a poner estas hermosas flores en agua fresca.

 

Y la mujer se marchó a la cocina, Sarada e Itachi subieron a seguir con lo suyo y poco después Sasuke también subió. Ya eran las cinco de la tarde, habían terminado de arreglar casi todo en la casa y sólo quedaban unas pocas cosas sin mucha importancia; cada quien se encontraba se su respectiva habitación, descansando.

 

Sasuke estaba sentado en su escritorio, leyendo en total tranquilidad; en un momento pudo notar que la luz de la habitación del vecino se había encendido -y cómo no notarlo si había puesto su escritorio frente a la ventana-, aquello quería decir que la familia sí había salido como él supuso. Por la silueta proyectada en las cortinas anaranjadas Sasuke pudo notar que la persona en la habitación era un hombre; bufó y volvió su vista a el libro en sus manos.

 

Habrían pasado unos treinta minutos cuando se escuchó resonar el timbre en toda la casa. Cuando Sasuke abrió la puerta y salió al pasillo pudo observar a Itachi junto a Sarada espiando desde las escaleras, bufó por lo ridículos que se podían poner ambos a veces; pero siendo sincero consigo mismo... él también sentía curiosidad. Se colocó detrás de Itachi y observó a su madre abrir la puerta, dando vista a una mujer de larga y sorprendente cabellera rojiza que llevaba plasmada una gran sonrisa en su rostro.

 

 

— ¡Buenas tardes! —exclamó la pelirroja eufórica — Mi nombre es Kushina, Namikaze Kushina, es un enorme placer conocerla. Usted debe ser Mikoto si no me equivoco, Mebuki me avisó sobre su llegada pero como estaba fuera de casa con la familia no pude pasar antes a saludar 'ttebane —explicó.

 

«¿'ttebane? ¿Una muletilla quizá?»

 

— Oh, bueno, no te preocupes por eso y es un placer conocerla —sonrió Mikoto, quien se encontraba algo descolocada por la euforia de la mujer.

 

— Bueno, de parte de la gran familia Namikaze, le damos la bienvenida a este pacífico y armonioso vecindario, les aseguro que no querrán irse de aquí 'ttebane. Todos los vecinos nos ayudamos entre todos y nos llevamos muy bien, si necesitan algún tipo de ayuda o algo sólo llámenos ¿bien? Y éste es un presente de los Namikaze, por favor, aceptelo —tendió un hermoso arreglo frutal a la azabache.

 

— Oh, vaya, gracias, que gesto tan amable de su parte, lo aceptaré gustosa.

 

— Bien, bien —sonrió Kushina mostrando su perfecta dentadura — ¿Tiene hijos?

 

— Oh, si, tengo tres, dos chicos y una princesa; Itachi es el mayor, tiene veinte; le sigue Sasuke de dieciséis y por última Sarada de doce. Son un amor —sonrió Mikoto encantada.

 

— Oh, cinco de mis hijos son contemporáneos con los tuyos 'ttebane.

 

— ¿C-cinco?

 

— Oh, si. Tengo seis hijos.

 

Mikoto se sorprendió.

 

— Se ve que trabajaste bastante.

 

— Bueno, podría decirse que si —se avergonzó la pelirroja y en seguida se recompuso al observar la hora en el reloj detrás de Mikoto —. Por Dios, debo irme, ya es la hora de la cena y no tengo idea de que cocinar.

 

— Comprendo, y una vez más, gracias por este hermoso arreglo Kushina.

 

— Oh vamos, eso no es nada, espero que estén a gusto aquí, nos vemos.

 

Y cuando la pelirroja apenas había dado cinco pasos, se regresó, asustando a Mikoto.

 

— Se me olvidaba, espero que me disculpen el escándalo que posiblemente escuchen en mi casa. Ahora sí, buenas noches Miko-chan —se despidió y se dio media vuelta sin dejar que la azabache dijera palabra.

 

— Eh, bien.

 

La mujer Uchiha cerró la puerta y observó a sus tres tesoros bajar las escaleras.

 

— Que mujer tan parlanchina — comentó Itachi.

 

— Pareciera tener energía infinita —habló Sarada.

 

— Pero es muy amable, nos trajo este hermoso arreglo frutal — señaló Mikoto sonriente —. Además, como seguramente escucharon, tiene hijos de sus edades ¿no les parece genial?

 

— No me interesa.

 

— Sasuke, no seas tan indiferente.

 

— Déjalo, no tiene caso tratar con un amargado como él mamá.

 

— ¿Ves? Sé un poco más como Sarada, a ella le cayó bien la noticia.

 

— En realidad... no.

 

Mikoto bufó y fue a la cocina a dejar el arreglo.

 

— Pero me intriga, ¿a qué se referiría Kushina-san con lo de "escándalo"? —se preguntó Itachi.

 

— No lo sé pero me intriga de igual manera —observó Sarada.

 

Sasuke había desaparecido desde hacía un buen rato, se encontraba nuevamente en la comodidad de su habitación continuando su lectura; desde que subió, el movimiento en el cuarto del frente había disminuido. Ahora recordaba que la mujer pelirroja había dicho que era la hora de la cena, eso lo explicaba todo. En ocasiones el viento mecía con suavidad las cortinas anaranjadas de la habitación del frente, dejando ver cómo era y Sasuke en más de una ocasión detuvo su lectura para poder observar dentro; las paredes eran de un color negro y la mayoría de los muebles oscilaba entre el naranja, el rojo y el azul, pudo observar en un pequeño momento lo que parecía ser una parte de una guitarra y una cama para, posiblemente, un perro.

 

Habrían pasado unos treinta minutos desde el último vistazo de Sasuke cuando escuchó la puerta de la habitación ajena abrirse de un fuerte portazo y cerrarse de la misma manera, levantó su oscura vista del libro y la dirigió a la vivienda del frente; ocultándose con las cortinas se hallaba un niño de la misma edad de Sarada aproximadamente, rubio y con unas extrañas marcas en sus mejillas simulando ser dos pares de bigotes, seguidamente se escuchó un grito furioso.

 

— ¡BORUTO! —exclamó con un claro tinte de ira aquella voz masculina. La puerta de la habitación volvió a abrirse de la misma manera de hacía unos minutos.

 

El niño de nombre Boruto cubrió su boca intentando no dejar escapar una carcajada, Sasuke arqueó una ceja desconcertado. Las cortinas se corrieron de un tirón y el pequeño rubio se asustó por lo repentino, fue tomado del cuello de su camiseta por una figura más alta que lo lanzó lejos de la ventana; se trataba de otro rubio muy similar al más pequeño, incluso llevaba esos raros bigotes pero en vez de ser dos eran tres pares, aparentaba tener la misma edad del azabache espectador. El más grande tomó al niño que yacía en el suelo y lo levantó tomándolo del cuello de su camisa.

 

— ¡Bastardo! ¡No soy un idiota, sé que tú le pusiste la salsa extra picante a mi curry! ¡Por tu culpa mi boca es el mismísimo infierno ahora 'ttebayo, tú, estúpido adoptado! —reclamaba el más grande.

 

«¿'ttebayo?»

 

— ¡No soy ningún adoptado! ¡Y te lo tienes bien merecido, es mi venganza por echarle sal a mi cereal 'ttebasa!

 

«¿'ttebasa?»

 

— ¡No me jodas, eso fue hace ya un mes! ¡Esta vez de verdad te mato!

 

— ¡Inténtalo rubio de pacotilla!

 

— ¡Tú también eres rubio, cabeza hueca!

 

Sasuke observaba estático la escena frente a él, ¿a eso se refería a Kushina con lo de "escándalo"? Pronto salió de sus pensamientos cuando escuchó otro grito más proveniente fuera del cuarto.

 

— ¡Dejen de pelear, por el amor de Dios! ¡¿No podemos tener una cena en paz 'ttebane?!

 

Aquella voz el Uchiha la reconoció, era la de Kushina y ahora otra voz más se hacía presente, ésta era masculina.

 

— Kushina, cariño, no grites.

 

«¿Cariño? Ah, debe ser su esposo. Pobre.»

 

Y entonces, aquella cabellera del color de la sangre se hizo presente en la habitación siendo seguida por una cabellera rubia, el semblante de Kushina en ese momento hizo que un escalofrio recorrerá la columna del Uchiha.

 

— Naruto, Boruto, dejen de pelear, no hagan que su madre se ponga de mal humor, ¿si? — habló el rubio.

 

— ¡Dile a éste renacuajo que deje de joder mi comida 'ttebayo!

 

— ¡Mira quien habla! ¡Fuiste tú quien empezó con todo esto, yo sólo me vengué' ttebasa!

 

— ¡Naruto, controla ese vocabulario 'ttebane!

 

— Por favor, ya basta ¿si?

 

Pero el par de hermanos hizo caso omiso y continuaron los gritos.

 

«Familia tenían que ser...»

 

Fue entonces cuando Sasuke se dio cuenta del cucharón que la pelirroja llevaba en la mano, lo siguiente que se escuchó fueron tres golpes sordos y quejidos lastimeros.

 

— ¡Eso duele!

 

— ¡Si fue Boruto quien empezó!

 

— ¿Por qué yo también? —se quejó el rubio mayor.

 

— ¡Cállense! —rugió la mujer señalándolos con el cucharón — ¡Boruto, no vuelvas a hacer semejante estupidez dañando mi comida y haciendo que tu hermano casi pierda el gusto! ¡Naruto, eres el mayor por el amor de Dios, da el ejemplo a Boruto y tampoco hagas estupideces! ¡Ahora vamos a bajar y a comer en paz como la familia amorosa y unida que somos 'ttebane!

 

— ¿Sabes que no cambiarán aunque les digas eso, no?

 

— Silencio Minato.

 

Y los tres se llevaron otro golpe por parte de la pelirroja.

 

— ¡Que duele ' ttebayo!

 

— Ya entendí 'ttebasa.

 

— Repito, ¿por qué yo también? —se quejó el que llevaba por nombre Minato.

 

Y así el cuarteto salió de la habitación con un sonoro portazo por parte de la pelirroja.

 

— Menudo espectáculo me he calado —suspiró el azabache Uchiha.

 

— ¡Itachi, Sarada, Sasuke, la cena está lista! —se escuchó a Mikoto desde la planta baja.

 

Sasuke cerró su libro y salió de su habitación topándose con Sarada.

 

— ¿Qué demonios fueron esos gritos?

 

— ¿Los escuchaste?

 

— Si, no muy claro pero sé que eran gritos.

 

— Era el "escándalo" del que hablaba Kushina.

 

— ¿Ah?

 

— Tan sólo hubieras observado el espectáculo que se han montado en la habitación frente a la mía.

 

Cuando llegaron a la cocina pudieron observar a Fugaku e Itachi ya sentados mientras Mikoto terminaba de poner los utensilios. En la mesa se podían observar diversos platos con comidas diferentes y el aroma que desprendían sin duda te harían babear.

 

— ¿Escucharon esos ruidos? —habló Mikoto.

 

— ¿También los escuchaste mamá? —se sorprendió Sarada.

 

— Muy bajito en realidad, no alcanzaba a distinguir casi nada...

 

— Eran los Namikaze.

 

— ¿Los Namikaze dices? —preguntó Itachi.

 

— Sí, ése era el "escándalo" al que se refería Kushina-san.

 

— Bueno, por suerte no es que se escuche tan fuerte. Además, tal vez sólo sea algo de una vez al mes, no hay que preocuparse por ello —suspiró Fugaku.

 

— Si, claro, no se escucha tan fuerte. Si tan sólo hubieras estado en mi habitación... —era lo que Sasuke quería reclamar pero se calló.

 

— ¿Cómo sabes que eran ellos, querido hermano pequeño?

 

— No me digas así, es asqueroso. Y ya deberías saberlo, mi habitación queda frente a la casa de los Namikaze.

 

— Oh, touché.

 

— Bueno, venga, todos a comer. Su padre puede que tenga razón y todo sea una vez a la cuaresma.

 

«Por la pinta, siento que en vez de ser una vez a la cuaresma será una vez cada cinco minutos...» pensaba Sasuke con hastío.

 

El resto que se hallaba de pie tomó asiento y comenzaron a degustar los exóticos platillos que había preparado Mikoto con la excusa de "celebrar" su nuevo hogar. Esa noche Itachi fue el encargado de lavar todo lo utilizado y Sarada le echó una mano acomodando todo; Sasuke se había regresado a su alcoba, por alguna razón después de comer le entró un cansancio que no se le quitaba ni por haberse dado una ducha bien fría. Se echó a la cama después de haber apagado la luz, ni siquiera se movió para arropa se sólo se echó sin más y cerró sus ojos. De seguro su cansancio se debía a todo el lío de la mudanza.

 

.

 

Según su cabeza no habrían pasado ni diez minutos desde que cerró los ojos y ya se despertaba exaltado por un portazo de la habitación de la casa de al lado. Se quedó en silencio por unos momentos, escuchando a ver si alguien más en la casa se había despertado por tal estruendo, cosa que no sucedió; eso era lo malo de tener el sueño tan ligero. Observó el reloj en la mesa que tenía al lado y pudo ver que eran las doce de la madrugada, se pasó la mano por sus azabaches cabellos acompañado de un gran bostezo, ¿qué estaría pasando ahora donde los Namikaze?

 

Se levantó y se acercó a la ventana, seguramente con la oscuridad que había no se percatarían de que él estaba allí, espiándolos. Esta vez tenía toda la libertad de ver lo que ocurría dentro sin problemas, las cortinas estaban corridas. Dentro se hallaba el mismo rubio con los tres pares de bigotes y una pelirroja con lentes se encontraba sobre él zarandeandolo de manera frenética, la expresión de la chica en ese momento se parecía mucho a la de Kushina hacía unas horas.

 

— ¡Bastardo! ¡¿Qué demonios le dijiste a Suigetsu para que crea que estoy enamorada de él?! —exclamaba la chica.

 

— ¿Yo? ¡No le he dicho nada, Karin! Además, ¿acaso no estás de verdad enamorada de él?

 

— ¡Cállate, ese no es el punto! ¡Me ha dicho que mi rubio hermano le había comentado algunas cosillas sobre mis sentimientos acerca de él!

 

— ¡¿Y crees que fui yo?! ¡Te recuerdo que tienes más hermanos rubios aparte de mí 'ttebayo!

 

— ¡Si, pero ninguno es tan idiota y boca suelta como tú!

 

— ¡¿Ah si?! ¡¿Qué me dices de Deidara?!

 

— ¡Naruto, cierra el pico o te exploto 'hm! —exclamó una voz masculina, posiblemente de Deidara.

 

«Ahí va otro con muletilla...»

 

— Ahora se cree Osama Bin Laden, que raro... —bufó Naruto sarcástico y Karin reprimió una risita.

 

Sasuke no pudo evitar soltar un bufido que parecía ser mas bien una risita disimulada.

 

«Que idiota...»

 

— Déjate de estupideces Naruto.

 

— Admite que te dio risa.

 

— Sí, pero eso no va a cambiar el hecho de que te quiero matar por revelarle eso a Suigetsu.

 

— ¡Que no he sido yo! A ver, sabes muy bien que Ino es mucho más boca suelta que yo 'ttebayo.

 

— Y es que he sido yo, quería darle un empujoncito a mi queridísima hermana... —habló otra voz femenina que le pertenecía a una rubia que estaba recostada del marco de la puerta.

 

— Ino —murmuró la pelirroja que pronto cambió su semblante — ¡Te juro que te mato! —rugió y salió tras la rubia que había huido por su vida.

 

Naruto se levantó del suelo y cerró de un portazo, tan sólo unos minutos y esas dos lograron dejarle un dolor de cabeza; suspiró de forma aparatosa y se quedó estático al sentir una mirada sobre él. Se dio media vuelta, observando por la ventana y deteniendo su vista en la ventana del vecino, se quedó un momento observando con atención y al no sentir nada más se encogió de hombros y apagó la luz de su cuarto lanzándose a la cama donde lo esperaba su zorro, Kurama.

 

Sasuke por su parte no había tenido la oportunidad de ver detenidamente el rostro de el tal Naruto pero esa vez lo logró y se sorprendió de sobremanera al ver aquellos ojos de un azul tan claro como el cielo pero tan profundos como el océano, nunca en su vida había visto unos orbes tan hermosos como aquellos y siendo sinceros lo habían descolocado al momento; también se sobresaltó en el instante en que el rubio se quedó mirando hacia su dirección, pensó que lo había descubierto pero pronto se relajó al ver que se encogía de hombros y salía de su campo de visión. Sasuke suspiró y se lanzó de nuevo a su cama, intentando conciliar el sueño.

 

«Como pensé, un espectáculo cada cinco minutos...»

 

Y sin darse cuenta calló en los brazos de Morfeo, rogando a todos los Dioses que existían que esas escenas de la familia Namikaze no se repitieran por lo menos en la mañana; fue ahí cuando se sintió traicionado por todos esos Dioses.

 

— ¡NARUTO!

 

— ¿Por qué? —se lamentaba Sasuke.

 

«Y de nuevo... tenía que ser él...»

 

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