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10 things I hate about you

Autor: Andre_Moukarzel

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Notas del fanfic:

Disclaimer: He de aclarar que los personajes no son de mi propiedad, pertenecen a la franquicia de cómics MARVEL. Así cómo la interpretación de sus personalidades, habilidades, debilidades, virtudes, defectos, historia, entre otra información que se considere verídica en este universo ha sido sacado tanto de los cómics cómo de las películas producidas por la cadena directiva de DISNEY. Aclararé que lo único que me pertenece es la historia que será narrada a continuación, personajes originales cómo pequeños cambios en los protagonistas.

Título: 10 things I hate about you « 10 cosas que odio de ti »

Ranting: K+, apto para todo el público.

Género: Homosexual.

Summary: Anthony Edward Stark ha odiado un montón de cosas a lo largo de su vida, no obstante, nunca pensó que odiaría diez cosas tan insignificantes de él, de Steven Grant Rogers. 

Notas del capitulo:

Disclaimer: He de aclarar que los personajes no son de mi propiedad, pertenecen a la franquicia de cómics MARVEL. Así cómo la interpretación de sus personalidades, habilidades, debilidades, virtudes, defectos, historia, entre otra información que se considere verídica en este universo ha sido sacado tanto de los cómics cómo de las películas producidas por la cadena directiva de DISNEY. Aclararé que lo único que me pertenece es la historia que será narrada a continuación, personajes originales cómo pequeños cambios en los protagonistas.

Título: 10 things I hate about you « 10 cosas que odio de ti »

Pareja principal: Rogers Steven G. and Stark Anthony E.

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—Hablan los personajes.

Pensamiento de los personajes

–intervención para agregar detalles posiblemente relevantes–

Hablan por teléfono, radio u otro medio de comunicación.

Otro idioma (traducción al español)

« Diálogos pasados, recuerdos de algún personaje y/o sueños »

» Mensajes de texto, cartas escritas y/o escritos misteriosos en alguna pared «

Ranting: K+, apto para todo el público.

Género: Homosexual.

Summary: Anthony Edward Stark ha odiado un montón de cosas a lo largo de su vida, no obstante, nunca pensó que odiaría diez cosas tan insignificantes de él, de Steven Grant Rogers.   

Advertencias: Esta pequeña historia está ubicada en algún universo alternativo en que nuestros héroes no son más que estudiantes universitarios; no tiene una secuencia en concreto, únicamente son fragmentos de la vida de nuestros protagonistas.

 

Este conjunto de drabbles está dedicado a VIENTOYHIELO y a MR. ROGERS-STARK.

 

DISFRUTEN DE LA LECTURA

En el caso de no hacerlo,HULK SMASH algunas cabezas.

[UNIVERSO ALTERNATIVO]

— ¿Qué te puedo decir, Barnes?, debiste de haber actuado cómo un grandísimo hijo de puta sí conseguiste que Romanoff se enojase contigo —la voz que se escuchó en la habitación sonó, no cómo un insulto, sino, como burla. Y, es que las constantes discusiones de su amigo con su novia eran el pan de cada día en la fraternidad.

 

— ¿Es que acaso mi sufrimiento te resulta gracioso, Stark? —Anthony no pudo soportarlo, no después de escuchar el tono decepcionado de su amigo, soltó una fuerte carcajada que resonó en toda la habitación en la que se encontraban sentados.

 

— ¡Más que gracioso, esto es oro puro! ¿No lo crees, Steven? —Rogers giró a ver al par de estudiantes que se encontraban tirados en el suelo de su habitación hablando sobre la vida romántica de uno de ellos, no obstante, el ceño que tenía fruncido le hizo entender al castaño de menor tamaño que no parecía nada cómodo—. ¿Qué?

 

—Te podrías haber ahorrado el insulto —le comentó con tranquilidad después de un largo minuto de silencio. La sonrisa burlona había crecido esta vez en el rostro del mejor amigo del rubio—. Y, no, no creo que la discusión que James tuvo con Natasha sea motivo para que te burles de él, en ningún sentido —finalizó.

 

Anthony frunció también el entrecejo—. ¿Por qué demonios eres tan aburrido?

 

Llegó rápidamente a la conclusión que no tenía sentido que él hiciese una pregunta tan absurda, a sabiendas, que esta no le daría la respuesta que él estaba buscando, después de todo, su compañero de fraternidad había resultado ser un extraño espécimen que parecía vivir todavía aferrado a un nubloso pasado, por allá por la Segunda Guerra Mundial, tal vez, muchísimo más atrás.

 

Era cómo un abuelo en el cuerpo de un adolescente universitario.

 

—Olvídalo —gruñó.

 

Decidió desviar finalmente su mirada que estaba puesta en la atlética espalda del « anciano », concentrándose en su castaño amigo, aquel que denominó cómo su pequeño juguete, quien le llenaba de vez en cuando de una egoísta diversión, inverosímil, cómo le llamó alguna vez su rubio amigo. James siguió contándole a pie de letra la discusión que había tenido con su novia. Y, nuevamente, llegó a la conclusión que parecía otra pelea más llena de motivos sin sentido, uno tras otro, cómo una lista concluida que se llenaba mecánicamente con lo mismo, día tras día.

 

— ¿Qué crees tú qué debería hacer?

 

—Dejarla —ni siquiera titubeó—, es una bruja.

 

— ¿Por qué eres tan hijo de puta, Stark? —Rogers carraspeó—. ¿Quieres tomarte esta conversación con seriedad?, por favor.

 

— ¿Por qué estás saliendo con ella en primer lugar? —James abrió la boca para contestar, no obstante, no encontró un motivo en concreto, al menos, no de inmediato. Había dejado de preguntarse eso hacía varios años atrás.

 

—Creo que no debería existir un motivo en especial, ¿o sí? —La voz del rubio se escuchó en la habitación—; basta únicamente con que ambos estén enamorados el uno del otro. Al principio de la relación podrían existir mil y un motivo por el cual él desease salir con ella, ¿no es cierto? No obstante, ellos llevan más de seis años juntos, ¿todavía debe de existir un motivo por el cual todavía sigan saliendo?

 

—Debe de existir —insistió el castaño—. Natasha Romanoff está buenísima, sin ofender, amigo, pero tiene un temperamento de mierda. Es cómo mezclar a un montón de artistas plásticas llenas de hormonas estúpidas en la cabeza, después de haberlas escupido u ordenarles que le pidieran a un imbécil que hicieran todo lo que ellas deseasen.

 

—Has exagerado —puntualizó el deportista.

 

—He hecho un perfecto resumen de la mierda de personalidad que tiene Romanoff —presumió—. Por esa misma razón me he estado preguntando, ¿qué demonios le viste a parte de ese cuerpazo que se manda?

 

Anthony observó atentamente el semblante de su compañero de fraternidad, no estaba lleno de la desesperación que él pensó que tendría, era cómo sí estuviera rememorando cada « hermoso » momento que hubiese tenido con ella en la relación, aquello que le había enamorado a « él », diciéndose las más de mil razones, cómo había dicho su deportista amigo, por las cuales todavía estaban « juntos »

 

Juró que su estómago se revolvió del asco.

 

» Olvídalo —se apresuró a decir—. Tú retorcido amor tiene un límite para mí.

 

Giró a ver a su deportista amigo, quién estaba mucho más concentrado en un libro de arte renacentista que en las emociones que estaba mostrando el castaño en el rostro. Hurgó en el bolsillo de su pantalón, sacando un panfleto arrugado que le habían entregado en la universidad hacía un par de horas atrás, lo convirtió en una bola de papel lanzándola directamente al rostro del rubio, sonrió después de haberlo golpeado, después de todo, logró lo que quería, llamar su atención.

 

—A ver, ¿qué crees tú que debe de hacer, Príncipe? —Steven curvó sus labios en una expresión de molestia al escuchar aquel apodo en los labios de su amigo—. Estoy bastante seguro que no vas a decir que termine con ella, es tú mejor amiga después de todo.

 

— ¿Quieres por favor omitir ese ridículo apodo, Tony? —Le pidió en un suspiro, escuchó después de un minuto de silencio la carcajada del universitario, sacudió su rostro de un lado a otro negándose a contagiarse, no obstante, simplemente no pudo hacerlo, le sonrió—. En efecto, no le diré que termine con ella.

 

—Ya lo sabíamos.

 

—Más sin embargo —prosiguió—, tampoco podemos decir abiertamente que Natasha sea una simple adolescente universitaria hormonal que fue escupida por algún imbécil para que le fuese a llorar todo lo que deseara a los pies de James.

 

—En conclusión, genio.

 

—Debió de ocurrir algo más —se explicó—. Creo que tienes razón al decir que James debió de haber actuado como un grandísimo presuntuoso para haber hecho explotar a Natasha hasta el punto de enojarse con él.

 

—No utilicé la palabra presuntuoso en mi conversación, Rogers —se burló el castaño, el deportista simplemente lo dejó pasar.

 

—Tienes que hablar con ella —concluyó.

 

—Y eso es lo que no debes de hacer —rebatió de inmediato—, lo único que ella quiere es llamar tú atención; siempre es la misma discusión por cada cosa estúpida que pasa, es obvio que quiere es que seas tú quién esté detrás de ti siempre.

 

Steven dejó que un suspiro se escapase de sus labios—. Tony.

 

—Espérate —levantó su mano silenciándole—, esto es únicamente un juego mental. Las mujeres pueden llegar a ser así de terroríficas. Y, te hablé de la personalidad de mierda que tiene tú novia en especial, ¿verdad?

 

—En conclusión —el rubio repitió las mismas palabras del castaño.

 

—Deberías simplemente ignorarla.

 

—Lo cual no sería una brillante idea —rebatió de inmediato el rubio—. Ignorar el problema no ayudará en lo absoluto a solucionarlo.

 

—E ir a llorarle a los pies lo hará, ¿no es verdad? —Le contestó con sarcasmo.

 

—La verdad es que no arreglará el problema de inmediato, no obstante, será un paso para poder hacerlo —le comentó con honestidad.

 

Anthony decidió levantarse del suelo con brusquedad, observando cómo la mirada sincera de aquel hombre estaba taladrando hasta lo más profundo de su turbulento corazón. Chasqueó la lengua al darse cuenta que su compañero de fraternidad tenía mucha más razón que él. Y, eso, en cierta forma, le molestaba.

 

—De nuevo lo estás haciendo —curvó sus labios—. Le haces honor a tú apodo, Príncipe.

 

Grant deseó reclamarle nuevamente por volver a escuchar cómo pronunciaba con asco aquel apodo que le habían puesto los demás, no obstante, únicamente se dedicó a observar la espalda del castaño que se dirigía hacia la puerta de entrada de su habitación.

 

—Buenas noches, Tony.

 

—Cae de una vez por todas al infierno, Steve.

 

Anthony observó que James le había dedicado una sonrisita de burla. Y, al igual que hubiese deseado hacer con el rubio, le levantó el dedo del medio en un gesto obsceno.

 

—También te quiero, Stark.

 

Tiró la puerta de la habitación.

 

.

 

.

 

Llevaba refunfuñando desde la mañana, la noche anterior, así como de maravilla había empezado, se había ido a la mierda en cuestión de minutos. Y, al igual que un niño pequeño que le arrebataban su juguete preferido por haberse portado mal, él se había enojado con sus compañeros a pesar de que tenían la razón. A decir verdad, uno de ellos la tenía, a medias.

 

Volvió a enojarse, más con él que con ellos dos.

 

Lo que más le enojaba de él era, probablemente, aquella envidia que sentía por la amistad que ese trío tenía. Y, sí, incluso inmiscuía a la mujer de cabellos rojos porque era la mejor amiga de su rubio compañero, para desgracia de él, era cómo una hermana. Estaba completamente seguro que esa era la razón principal por la cual la defendía en todo, al principio pensó estúpidamente que estaba enamorado de ella, no obstante, después de descubrir quién realmente estaba saliendo con ella, comenzó a comprender que debían de tener un profundo lazo que les permitía actuar cómo sí fuesen la pareja del año.

 

Un lazo que le permitía a ella actuar cómo una zorra a su alrededor.

 

Gruñó con molestia, nuevamente se enojó con él, no podía entender cómo era capaz de moldear su humor en cuestión de minutos.

 

—Ten.

 

Finalmente levantó la mirada, observando cómo el culpable de sus alborotados pensamientos se encontraba frente a él con una sonrisa resplandeciente a las ocho menos cuarto de la mañana. ¿Es que acaso deseaba matarlo de un paro cardiaco? Gruñó, nuevamente, bajando la mirada en dirección al vaso que el rubio estaba tendiéndole.

 

—Es un espresso doble, lo pedí bastante cargado.

 

—Gracias —lo tomó, dispuesto a darle un trago largo, no obstante, recordó que debía de estar caliente, o más bien, su compañero se lo recordó soplando sobre aquel vaso que él estaba sosteniendo.

 

—Ya arreglaron las cosas —Anthony lanzó un bufido, dándole a entender que no le importaba en lo más mínimo—. Lo ha hecho esta mañana, tomó tú consejo, llegó a la conclusión que de hacerlo la noche anterior hubiese podido hacerla explotar más, porque estaba hecha una furia.

 

Bebió de su café, en silencio.

 

—James dice que te lo quiere agradecer —prosiguió—; siempre lo estás escuchando, a pesar de que te burlas de él, dice que sí sigue tus consejos le va muchísimo mejor que escuchándome únicamente a mí… ¿me estás prestando atención?

 

—Lo hago.

 

—Así que le dije que te podía regalar un par de entradas al concierto este que deseabas ir la otra vez, ¿cómo era que se llamaba la banda?

 

—The Hulkbusters, no obstante, es imposible conseguir boletas a estas alturas, ¡su venta siempre está limitada! ¡Es una banda Indie! —La sonrisa del rubio se mostró nuevamente en su rostro—. ¿Qué?

 

—Natasha conoce al guitarrista.

 

— ¡Eso es imposible!

 

Cómo deseó que ese embobamiento repentino estuviese arraigado con el hecho de que una conocida cercana conocía al guitarrista de su banda indie preferida, no obstante, él estaba bastante seguro que ese silencio que presentó su cerebro se debía a la melodiosa carcajada del rubio que estaba disminuyendo al pasar los segundos.

 

Él amaba esa carcajada.

 

— ¿Y? ¿Le digo a James que consiga las boletas?

 

— ¡Hazlo! —Edward estaba indudablemente emocionado con la idea—, no obstante, cómo me emociones para no cumplir… ¡te juro que lo vas a pagar realmente caro, Rogers!

 

— ¿Cuándo te he mentido?

 

Nunca —pensó.

 

Jamás había escuchado alguna mentira saliendo de la boca del rubio, la honestidad con la que ese chico estaba construido era inquebrantable, no obstante, debía de contar las veces en las que él le había « contradicho », aquellas veces en las que se enfadaba sin motivo alguno porque su compañero de fraternidad siempre tenía que decir algo en su contra.

 

Lo que más odiaba era el hecho de que le diera la razón a medio mundo, estaba exagerando, lo sabía, pero no tenía más opción; debía de complacer a su cerebro con algo, calmar a su corazón con otra cosa. Y, lo único que le mantenía en ese mundo era el hecho de que su compañero tenía alguna razón oculta para llevarle la contraria.

 

Tal vez eso era lo que su corazón más deseaba, más sin embargo, lo que más odiaba de él era aquella calma después de la tormenta, la forma en la que le hacía olvidar tan fácilmente porque había estado enfurruñado con anterioridad: lo odiaba

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