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En los Brazos del Diablo

Autor: Kat-tururu

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Notas del capitulo:

Tratar de volver a escribir cuando el trabajo la consume a una, es más díficil de lo que se piensa. Adoro escribir y de verdad haré un esfuerzo por continuar esta historia y no dar de baja las demás. Muchas gracias por leer.

Personajes principales:

Jack Edward Collins (Escritor) 24 años

Thomas William Farrier (Líder de la mafia) 31 años. 

En la película de Dunkirk sólo mencionan los apellidos de los dos pilotos, así que yo me estoy tomando la libertad de inventar los nombres (aunque sus primeros nombres Jack y Thomas son por los actores que los interpretan, Jack Lowden y Tom Hardy)

Espero que disfruten la historia. 

La era de Londres bajo el poder de gánsteres poderosos y alfas se había desvanecido hace mucho tiempo como polvo en el viento, enterrado junto con las ideas de romanticismo, dinero, alcohol y fraude que habían convertido en celebridades a los hombres de traje y persuasión; una sombra mucho más oscura se había apoderado de la ciudad después de esa época, pero careciente de toda la gloria, la fama y el respeto de la sociedad hacia ellos. Todos decían que el tiempo de los gánsteres se había acabado y que en su lugar, habían dejado los estragos de algo incluso más maligno.

La ciudad ya no veía a los mafiosos como hombres a los que se les debía respeto por la protección que brindaban, ya la gente no les protegía ni les vanagloriaba y las cárceles se llenaban de hombres despiadados que cobraban deudas, traficaban droga, mujeres, omegas y dinero. Era la época de un terror que nadie quería reconocer, los periódicos y los noticieros matutinos se llenaban de primeras planas y noticias que se enfocaban en los mafiosos que cercaban al país desde abajo, aprisionándolo en el cuello sin soltarlo, pero la vida seguía y la sociedad parecía no dar demasiado crédito a esas historias. Las disculpas eran dadas, ruedas de prensa abarrotadas de personas que pedían explicaciones y hombres en uniformes y trajes costosos dándolas, asegurando que la seguridad de la ciudad era primordial y prometiendo que la comunidad estaba a salvo del peligro cuando en realidad estaba en las fauces del lobo.

Todo parecía una bella mentira y Jack Collins aprendería eso de una manera abrupta en su vida.

Collins ajustó sus lentes y se apretó en su gabardina negra porque el frío del invierno londinés le llegaba hasta los huesos, había comenzado a nevar un poco y las calles poco a poco se vaciaban, dejando que la intensidad del día de trabajo se fuera sosegando lentamente en el asfalto frío. Era una noche apacible, o eso podría decirse a sí mismo, con la intención de levantarse los ánimos. Las festividades de ese mes lo ponían melancólico aunque trataba de decirse a sí mismo que no había nada por lo cual sentirse así, era la vida que le había tocado vivir después de todo. Trabajando, cuidándose a sí mismo en aquella ciudad tan grande en la que a pesar de haber tanta gente, se sentía tan solo.

Sus sueños y deseos de algo más para su vida habían quedado estancados al llegar a Londres, de repente el sueño se sentía demasiado grande, inalcanzable y se encontró con algo muy cercano al fracaso mientras trabajaba en la editorial de libros que había rechazado publicar su manuscrito. La paga no era tan mala, pero el sabor amargo de tener algo que deseas tan cerca y tan lejos, lo carcomía día y noche y hasta a veces no le permitía dormir, lo cual lo había hecho adicto al café y a los dulces para mantenerse despierto durante los días en los que su insomnio le cobraba factura.

Vivía en una calle en la que se rentaban departamentos en edificios viejos por rentas medianamente buenas, lo único malo era que su trabajo quedaba demasiado lejos de allí y el regreso le tomaba un par de horas, así que regresar a oscuras era cotidiano para Collins, aunque resultara un poco intimidante al no desear toparse con algún aprovechado malviviente que quisiera hacerle pesada la vida. Ya tenía suficientes problemas en su vida como para tener a alguien persiguiéndole para quitarle lo poco que poseía.

Dobló en la esquina de la calle y apretó el paso, guardando sus manos en los bolsos de su gabardina y encogiéndose en esta para no darse a notar y para guardar calor. Sin embargo, antes de llegar a su edificio, bajo la luz de las farolas amarillentas de la calle, pudo divisar una figura que se movía en las sombras. Quiso detenerse y rodear la calle, pero sus pasos ya lo habrían quizá dado a conocer, así que siguió acercándose, asegurándose a sí mismo que si alguien le iba a saltar encima en cualquier momento, él estaría preparado para salir corriendo. El pulso se le aceleró y casi sintió que el corazón se le iba a desbocar de tan rápido que golpeaba su pecho y saltó hacia atrás cuando escuchó un gruñido provenir de detrás del contenedor de basura.

-Maldición…

Una voz semi estrangulada y profunda fue lo que Collins escuchó antes de que el olor a alfa y a sangre le llegara a la nariz. Esperó unos segundos, casi petrificado en su lugar, cuando volvió a escuchar una leve maldición seguida de un siseo.

-¿Hola? – Habló titubeante, esperando que cualquiera que se estuviera escondiendo le respondiera. -¿Se… se encuentra bien? – Collins se acercó, con pasos lentos y cuidadosos, hasta que pudo divisar la silueta del hombre que se escondía tras el contenedor. Apenas podía verlo dado que estaba sumido en la oscuridad.

-¿Puedo ayudarlo? ¿Ne-necesita ayuda? – Volvió a hablar, pero estuvo a punto de pensar que lo que estaba viendo era una alucinación porque el hombre no respondía, sólo que unos segundos después, el hombre habló.

-¿Quién eres tú? –Preguntó el hombre con rudeza, Collins no se esperaba amabilidad de inmediato, pero tampoco una pregunta de ese tipo, que por cierto se vio respondiendo pronto.

-Jack… soy Jack, vivo aquí. – Collins señaló el edificio a junto y se acercó unos pasos más al extraño hasta que por fin pudo divisarle el rostro parcialmente gracias a la luz de la farola cercana.

-¿Jack eh? ¿Tienes un teléfono, Jack? Necesito hacer una llamada. – La voz del hombre parecía agitada, sonaba como si tuviera dificultades para poder respirar o como si hubiera corrido bastante y estuviera muy cansado.

-Claro, ¿necesita que llame a alguien por usted?

-No, no… Está bien, Jack. Sólo necesito hablar con alguien. –El hombre se levantó, casi gruñendo, como si estuviera en mucho dolor y una vez que salió a la luz, Collins contuvo un respiro en el pecho. El hombre se sostenía del contenedor de basura, caminaba a pasos torpes, le sangraba una herida en la cabeza y tenía el labio hinchado y con sangre, sin contar las manchas de sangre de su camisa blanca y los nudillos de sus manos que estaban rojos y destrozados.

-Oh por Dios… Llamaré a una ambulancia. – Collins sacó su teléfono de su bolsillo y estuvo a punto de marcar a emergencias cuando el hombre le tomó de la mano y le quitó el aparato.

-No, no. Nada de ambulancias. – Gruñó el alfa. La acción hizo retroceder a Collins asustado y el hombre pareció notarlo porque gruñó de nuevo y se disculpó. –Lo siento. No quería asustarte, sólo… nada de ambulancias, estoy bien.

A Collins le tomó algunos segundos recuperarse, pero no volvió a hablar, sólo siguió los movimientos del hombre de manera cuidadosa. El estado en el que se encontraba aquel hombre lo alarmaba, parecía que estuviera a punto de desmayarse y estaba tan desabrigado en una noche invernal tan gélida y con la camisa llena de sangre, eso podría alarmar a cualquiera.

El alfa caminó hasta unos escalones de la entrada del edificio cercano a ellos y se sentó allí, gruñendo y sosteniendo su abdomen con dolor.

-Sólo… me tomará un momento. –Le dijo, señalando el teléfono y comenzó a marcar un número de inmediato y no más de dos pitidos después, alguien respondió, pero Collins no fue capaz de escuchar a la persona en la línea y el alfa contestó en monosílabos que no le dejó figurarse nada acerca de la conversación. El hombre tiritaba, así que Collins se desabotonó su abrigo y se quitó la mochila que llevaba cruzada. El aire frío lo golpeó de inmediato, así que estaba consciente de que el hombre probablemente se estaba entumiendo del frío y con las heridas que tenía, era seguro que la estaba pasando peor.

El alfa colgó y observó a Collins quien se había acercado y le extendía el abrigo.

-¿Por qué me das tu abrigo? –Le preguntó y Collins quiso retroceder, pero en lugar de eso se acercó más y le puso el abrigo en los hombros al extraño alfa que aún a pesar de estar recibiendo ayuda se veía receloso.

-Te estás muriendo de frío. –Respondió el rubio una vez que dio un paso hacia atrás lejos del alfa que emanaba un aroma fuerte quizá por haber estado en una situación peligrosa en la que liberó adrenalina, este le observaba detenidamente y pareció ligeramente aliviado de la calidez del abrigo.

-El frío es el menor de mis problemas… -Murmuró, pero algo de la rudeza de sus comentarios se había ablandado. Collins apretó los labios nerviosamente y se relamió estos mismos mientras el silencio los increpaba.

-¿Alguien vendrá por ti? –Preguntó, para saber si era seguro quedarse con él. No deseaba dejarlo solo aunque estuviera ligeramente asustado.

-Sí, tardarán un poco. –Respondió el hombre con serenidad, como si sus heridas no fuesen escandalosas.

-Necesitas parar ese sangrando. –Collins se acercó nuevamente a él y el alfa se mostró precavido antes sus movimientos mientras este buscaba un pañuelo limpio que llevaba en la maleta; al sacarlo titubeó. -¿Me… me permites?

El alfa asintió y le permitió acercarse más, de modo que Collins fue capaz de poner el pañuelo sobre la herida que tenía en la cabeza, de inmediato siseó y el rubio retrocedió un poco.

-Lo siento. –Murmuró y volvió a acercar el pañuelo, esta vez fue mucho más gentil y comenzó a limpiar la sangre que pudo limpiar, muy lentamente. El alfa pareció volverse dócil bajo el cuidado de Collins y cuando este hubo limpiado la herida lo mejor que pudo, se retiró apenas un poco.

Farrier había tenido noches mucho mejores que esa, rodeado de cosas buenas, bonitas omegas y personas que le respetaban, pero esta vez, sentado en las escaleras de un edificio viejo, cubierto por el abrigo de un extraño que le limpiaba la herida de su frente, hecho un desastre y adolorido hasta los pulmones, pensó que después de todo, la calidez de ese abrigo y el aroma a canela de aquel omega, le había hecho más grata la noche.

-No es bueno que estés aquí en el frío. Si quieres puedes esperar en mi apartamento hasta que vengan por ti, puedo ayudar a curarte las heridas, estás bastante lastimado. –La voz de Collins se había convertido en un suave arrullo y Farrier de alguna manera se vio asintiendo ante su sugerencia.

-Bien… Te… te ayudo a levantarte. –Indicó Collins y aunque Farrier había hecho amago de ignorar su ayuda, tuvo que aceptarla, pues al levantarse se encontró incapaz de mantenerse de pie del todo, dado que estaba realmente golpeado y herido.

-Demonios… -Maldijo por lo bajo, se sostenía de Collins con un poco de dificultad y el rubio tuvo que hacer un esfuerzo grande, el hombre era corpulento, poco más alto que él, pero de bastante musculatura, sin contar que era probable que estuviera lastimado de más partes del cuerpo.

Les tomó unos minutos llegar hasta el apartamento de Collins, afortunadamente ese día el elevador del edificio estaba funcionando, así que llegaron al cuarto piso luego de algunos pasos dificultosos.

El apartamento de Collins era cálido y acogedor, no estaba lleno de lujos y contaba con lo esencial, la cocineta y el espacio del comedor que hacía de escritorio y la sala, estaban juntos en lo que parecía más bien un salón de proporciones extrañas. Había unos sofás de distintas colecciones que había conseguido hace tiempo en una barata de una tienda de muebles que se deshacía de sus saldos.

Llevó al hombre hasta allí y una vez que Farrier se dejó caer en el sofá, suspiró con alivio, pero también siseó con dolor.

-Iré por gazas y alcohol. –Le informó y desapareció hacia la habitación de aquel extraño departamento. Farrier apenas se fijó en los detalles. Demasiado concentrado en su dolor y el aroma dulce que despedía el abrigo con el que estaba envuelto.

Unos minutos más tarde, Collins volvió con una pequeña caja abierta que contenía diversos objetos de curación, se le miraba nervioso, quizá hasta precavido.

-¿Por qué me estás ayudando? –Le preguntó Farrier al omega que se había sentado en la mesa de café de madera, frente suyo, abriendo un paquete de gazas limpias.

-Huh… -Levantó la mirada hacia el alfa y empujó sus lentes con sus nudillos ya que habían resbalado hasta el puente de su nariz. –No… no lo sé… -Se encogió de hombros. –Supongo que si yo fuera un extraño que sangra en medio de una noche así de fría, me gustaría que alguien me ayudase también… -Respondió, no seguro de su propia respuesta. Farrier sonrió tras escucharlo y Collins le devolvió la sonrisa.

-Interesante… -Dijo y Collins acercó la gaza con alcohol hacia él.

-Esto va a arder un poco.

-Está bien, puedo soportarlo. –Aseguró, aunque terminó soltando una maldición tras que Collins comenzará a limpiar su herida.

Algunos minutos después, varias maldiciones y varias gazas llenas de sangre más tarde, Collins dejó que el hombre descansara en su sofá y fue directamente a hacerle un té para que entrara en calor. Ni siquiera sabía por qué había ayudado a ese extraño del cual ni siquiera conocía su nombre, simplemente lo hizo porque estaba ligeramente intrigado por él, y cualquier otra razón tal vez se debía a que no estaba en su moral dejar a un hombre que parecía haber sido golpeado en un callejón oscuro mientras sangraba.

En cuanto estuvo preparado el té, se acercó hasta él. El olor a vainilla era casi calmante, lo dejó en la mesa frente al sofá, el hombre estaba recostado sobre su hombro en el sofá y parecía descansar. Con la sangre fuera de su rostro, sus facciones eran más visibles, era bastante apuesto y aunque sus rasgos eran duros, mantenía una serenidad al estar así, que inquieto algo dentro del pecho de Collins de inmediato, sentimiento que pronto trató de olvidar y le movió un poco, tocándolo del hombro, aquel sutil movimiento despertó al hombre.

-Te he hecho un té… podrías resfriar así que te caerá bien algo caliente.

Collins ayudó nuevamente a Farrier a incorporarse, aún si el hombre insistía en que no necesitaba ayuda, pero al final terminó apoyándose en él para sentarse sin poner mucha presión en sus malogradas costillas.

-De alguna manera voy a tener que pagarte todo esto, tu ayuda y tu amabilidad. –Farrier tomó la taza que Collins le ofrecía y le dio un sorbo que pareció revitalizarlo por la manera en la que relajó los hombros al sentir la calidez de la infusión de aroma suave.

-Está bien, no tienes que pagarme nada. –Aseguró el rubio.

-Mi nombre es Farrier, Thomas Farrier, por cierto. –Sorbió nuevamente su té con tranquilidad y siguió el movimiento de Collins al quitarse los lentes. Hasta ese momento no se había percatado de los ojos tan azules que el hombre tenía y los admiró por unos segundos para no parecer maleducado.

-Es un gusto, Thomas. Soy Jack Collins, aunque… en realidad ya sabías mi nombre.

-Sí, cierto. ¿Collins eh? ¿Acaso eres escocés? –

-De hecho… -Asintió, una sonrisilla se ocultaba en sus facciones bonitas.

-¿Y… que trajo a un omega tan amable como tú a Londres? –La pregunta de Farrier sobresaltó a Jack, quien hasta el momento había pensado que el hombre no se había dado cuenta de su estatus todavía. Pensaba que los supresores que tomaba escondían bien su condición, al parecer su aroma era capaz de ser percibido aún. –Lo siento, fui un maleducado por preguntar eso. –Se disculpó de inmediato Farrier.

-Descuida, es que… pensé… olvídalo. –Negó con la cabeza y pareció volver a su estado tranquilo. –Estoy aquí por trabajo. Escribo… me gustaría una oportunidad para publicar mi manuscrito. –Confesó, ya que no pensaba que su trabajo o su sueño fuesen algo magnífico como para ocultar del mundo y Farrier le inspiraba confianza al parecer tan educado y agradecido con él.

-Ya veo, algún día me gustaría leer algo tuyo.

-Quizá, algún día.

Collins presionó los labios hacia adentro, escondiendo una sonrisa complacida. Sólo que unos segundos después se escuchó un claxon de automóvil, y por la reacción de Farrier, era seguro que ese fuese su transporte. El menor se asomó por una de las ventanas de su apartamento y vio un carro aparcado frente al edificio, negro y lujoso con las luces encendidas, para cuando volteó hacia Farrier, este ya estaba de pie, sacándose el abrigo que Jack le había prestado.

-¿Vienen por ti?

-Sí, debe ser Carter, un amigo. –Farrier dejó el abrigo sobre el sofá y miró a Collins con una sonrisa cansada. –Lamento todas las molestias, has sido muy amable en ayudarme pese a ser un completo extraño.

-Descuida, no podía dejarte allí con lo malherido que estás, ¿cierto? –Se encogió suavemente de hombros.

-No cualquiera lo haría.

Collins le ayudó a bajar por el elevador y en el recibidor encontraron a dos hombres de traje negro que tenían cara de pocos amigos y uno de ellos se acercó de inmediato a Farrier para ayudarle a caminar.

-Maldición, mira lo que esos bastardos hicieron. –Gruñó el hombre, tenía un ligero acento extranjero y una complexión bastante moldeada aunque era más bien delgado, un tanto bronceado y una pulcra apariencia con su cabello engominado y peinado hacia atrás, en las manos llevaba un par de anillos gruesos color plata y lo miró con desdén. -¿Tú quién demonios eres? –Le preguntó de forma brusca y Collins se quedó un paso atrás de ellos.

-Hey, no le digas nada. Él me ayudó, le debo un favor ahora. –Farrier respondió molesto y el hombre que lo ayudaba a caminar dejó de fruncir el ceño, parecía que entendía la situación.

-Oh, hombre. Ya veo. Entonces gracias, omega. –El apelativo hizo que Collins se sintiera ligeramente incómodo y Farrier pareció notarlo porque le dio un golpe en la nuca al hombre.

-Carter, por favor, ten respeto.

-Bien, bien… -Contestó ligeramente irritado. –Hombre, gracias por la ayuda a nuestro jefe.

-Uh… Está bien, no fue nada. –Manejó responder el rubio, todavía extrañado por la situación.

-Adiós, Jack. Ha sido un placer. –Antes de cruzar la puerta, Farrier se despidió de él con amabilidad y algo más que deslizó en su voz y que hizo a Collins temblar un poco.

-Cuídate, espero que te repongas pronto. –Se despidió él y levantó su mano sacudiéndola hasta que la puerta se cerró y poco después el auto que estaba aparcado había arrancado y desaparecido.

Esa noche Collins volvió a su apartamento y por la madrugada tuvo el peor celo que no había tenido en meses y estaba seguro que había sido por la voz de alfa que Farrier había usado al despedirse de él.

 

Notas finales:

Portada de la historia ---> https://www.facebook.com/KatTururu/photos/a.320208001707767.1073741828.320134351715132/435897013472198/?type=3&theater

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