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DESCUBRIENDO A MI EGOÍSTA CORAZÓN

Autor: Yuukimura

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Notas del capitulo:

Como creo no tener tiempo prudente el día de mañana, dejo esto por aquí.


Un regalo en tres partes (por lo mínimo eso me ha dicho mi cerebro), para mi querida  -Kai-chan-. Espero que sea de su agrado y del mismo modo para todos y todas que lo lean.

Al cruzar la puerta y entrar a la habitación, esta estaba inundada de susurros de la mayoría de los invitados; algunas risillas que eran ocultadas con el abanico de algunas jóvenes que escondían la indiscreción de sus palabras, y por otra parte, algunos hombres jóvenes intentado el poder entrar en la conversación de algunos círculos de los mayores.


La música se encontraba hasta en el fondo de la sala; las cuerdas eran domadas con sutileza por los dedos habilidosos de los músicos, mientras algunos sordos simplemente se concentraban en ponerse a corriente con sus historias de sus cazas de temporada o solo al corriente con algunos chismes calurosos de algunos invitados particulares de la corte.


Era una típica fiesta organizada por su majestad, quien gustaba de las visitas todo el año, aunque el fin principal era el simple disfrute y, donde algunos casados buscaban ponzoñosamente la infidelidad debajo de las sábanas de camas ajenas.


En el centro del salón se iban juntando algunos jóvenes rostros, dos filas de forma paralela; las mejillas de las mujeres jóvenes eran de un inocente carmín, oculto en el velo de las llamas parpadeantes de las velas que iluminaba la sala. Los hombres con su porte, el orgullo de su sangre, familia y posición. Pero todos ellos compartían algo en particular, los nervios del primer baile en sociedad.


En medio de ese mar de sujetos, mis labios  se movían animosos por las conversaciones sostenidas, y cuando callé para contemplar la pieza que tocarían, mis ojos tomaron la decisión de observar la atmósfera  con cuidado, no buscaba algo en particular, no buscaba nada en realidad. Solo observaban.


Y sin esperanzas de que aquella velada elevase mi interés, un segundo, en un solo segundo,  mis ojos  le bastaron el verte una vez para cambiar aquella aburrida habitación, mientras mostrabas una sonrisa amigable para tu compañera de baile.


La pieza de la orquesta empezó a tocar; la conversación que entablaba con un viejo conocido empezó a perder importancia. Mis pasos eran ignorantes de mi necesidad de ir a tu lado, presentarme y como respuesta, saber tu nombre.


Las damas de mi alrededor sonreían, pero esas no eran las sonrisas que buscaba para tranquilizar lo que nunca había experimentado antes ¿A caso el ambiente me había enfermado? ¿A simplemente era el vino que me había caído tan mal en esta ocasión?


Los instrumentos tomaron un vuelo de silencio, aprovechando la oportunidad que me daban, detuve la conversación que desde un rato ya carecía de mi completa atención. Guiando mis pasos para provocar nuestro encuentro, tomaste camino hacia mí, y como sí ya me conocieses, tus labios pronunciaron mi nombre al estar en frente de mi persona. Mi plan estaba desecho, plan que apenas tenía un paso bien construido, y a partir de ahora solo podría responder con una pregunta, pero tus labios se anticiparon a mis palabras imaginarias.


—Yutaka Tanabe, segundo hijo del Lord Tanabe. —


Al escuchar tu nombre, descubrí tu procedencia, me alegró saberlo, pero al mismo tiempo, algo en mí, en una parte que no sabía que podía llegar a ser frágil, se rompió. Con tristeza en mi mirada tuve que fingir que estaba bien.


Y sin darme oportunidad de emitir alguna palabra de intercambio, disté una reverencia de despedida; así como llegaste, te vi avanzar en medio de aquella multitud, hasta tu encuentro con tu hermana. Mi prometida.


*


Desde ese día, cada vez que había un evento social o simplemente visitaba a tu hermana, algo en mi tenía la esperanza de poder verte, y de esa manera desmentirme, saber que solo fue el efecto del vino en exceso de aquella noche, pero en todos esos lugares, ni una sola vez en aquellos dos meses, pude el volver estar en el mismo salón contigo.


Eso me alivió momentáneamente, obligué a mi cerebro a olvidar aquel breve encuentro y mi malestar. Pero desgracia, aquella tarde, cuando estaba ya resignado a no volver a verte y mi único propósito era el visitar a tu hermana, tú estabas parado en frente de la chimenea, contemplando las cálidas llamas, mientras la leña crujía con gracia.


Giraste sobre tus talones cuando fui anunciado, al entrar en aquel salón me viste, analizando mi porte, mis modales, hasta mis gestos escasos; al parecer querías comprobar una vez más si era un buen candidato para entregar la mano de tu hermana. Pero lo único que pude sentir, fue una ola de alegría fluyendo sin explicación.


Lo comprendí, había tropezado con algo que estaba muy lejos de mi comprensión racional.


*


La mañana era perfecta para una actividad de caza, el cielo estaba despejado de nubes indeseadas, el humor de los invitados era motivador para reunir amistades, aunque mi fe era que aceptases mi invitación y estuvieses viajando con tu hermana, y como sí hubiese sido llamado con mis pensamientos, a lo lejos se escuchaban las ruedas del carruaje asomándose, aunque estoy seguro de que solo era mi imaginación mezclada con los nervios que creyeron escuchar tu llegada. Ignoré a casi todo el mundo, hasta aquellos que estaban disfrutando gustosamente la preparación de sus ballestas de caza.


Cualquiera pensaría de que estaba ansioso de ver a mi prometida, y si que lo estaba, pero no por la razón que ellos suponían. Solo tenía la intención de hacer que nuestra cercanía fuera menos, el descubrir porque yo reaccionaba de esta forma; un corazón que caminaba con paso apresurado, ansioso por un nuevo encuentro con tus ojos.


Contemplaba las escaleras que daban hacia mi ubicación, hasta que tu hermana y tú se asomaron a mi vista.


Al saludarlos afectuosamente, tus actos se volvieron cortantes, quizás sólo era mi imaginación o algo que deseaba con esperanza que hicieses. Era prudente que uno de los dos escapara, pero era una lástima que de los dos, yo era el único que sabía que mi cercanía era para descubrir quién eras, lo que significabas.


Dejando a un lado los saludos formales y la conversación introductoria, me separé de ustedes. Caminé hasta donde estaba uno de los mozos, tomé la correa de mi caballo, antes de montar, los busqué con la vista, tu semblante era de molestia, la de tu hermana conservaba la serenidad, no sé de qué hablaban, pero estaba claro que no era una conversación en que me hubiese gustado estar.


Después de dar tus últimas palabras, caminaste a donde estaban los demás hombres, tomaste la correa de tu caballo y con mucha práctica te subiste en el lomo del cabello, uno de los mozos, te había dado la ballesta que tu propia hermana había arreglado y dado con sólo con una flecha, provocando sorpresa en la mayoría de los invitados.


Mi caballo se acercó a tu corcel y tú, pero solo ignoraste mi presencia, dedicándote a acariciar el cuello superior del animal, tratando de tranquilizarlo, de transmitirle algo que yo nunca había visto antes o entendía.


Tenía la intención de hacer una conversación larga, pero de mis labios sólo salió cortantemente:


—Buena suerte, joven Tanabe. —


Era ridículo mi actuar, me avergoncé por ello y antes de recibir alguna respuesta de tu parte, di rápidamente una leve patada al costado del animal. El cual me llevó hasta el frente, al estar allí, di la señal de que dejarán en libertad a los caninos, para después salir detrás de ellos con los caballos.


La caza fue asombrosa y eso fue principalmente por ti. Aquel único tiro salió limpiamente de tu ballesta, dando certeramente en la parte trasera del cráneo, matando al instante al jabalí. Los demás hombres reconocieron tu destreza, convirtiéndote en el tema principal de conversación de casi toda la tarde y gran parte de la noche.


Todos en casa, al llegar el clímax de la velada, tu presencia como la de tu hermana, tuvieron que dejar mi hogar. Tu ausencia me provocaba un vacío evidente, haciendo que la fiesta perdiera todo sentido para mí.


Sin más que hacer en la fiesta, dejé los invitados que disfrutasen de la velada. Mientras subía la escalera con pesadez, hasta llegar a mi alcoba, solo podía agradecer con una sonrisa para mí mismo, tu presencia, la dicha de verte más tiempo de lo que tenía pensando.


*


En los siguientes días limité nuestros encuentros, pero eso no podía ser para siempre, así que la para la siguiente fiesta nos reunió una vez más. La mayoría de los invitados eran mujeres, entre ellas, tu hermana, al verla, no tarde mucho en buscarte y encontrarte. Estabas en una conversación muy amigable con una mujer, quizás unos dos años menor que tú, pero no era conocida para mí.


Caminé hasta donde estaba  tu hermana, la saludé   como  se ha de saludar una prometida, pero mis palabras  no tardaron en preguntar  que quien era la mujer con quien conversabas  y cuando escuché que solo era  una amiga de infancia , algo en mi se calmó,  aunque otra parte  entró en dudas,  con temor de un sentimiento mutuo entre ustedes dos.


Sacudí las ideas que rondaban en mi cabeza; al parecer tu hermana se dio cuenta de mi actuar, en su rostro se notó de qué quería preguntar por mi indagatoria, pero he de reconocer que tu hermana peca de sabia y en vez de ello, simplemente habló de ti y de ella, de su niñez. En medio de aquellas anécdotas fue inevitable el imaginarme un tú pequeño, y reírme de tu inocencia infantil.


*


Intenté estar todo el tiempo posible a lado de tu hermana, con la esperanza de que te acercaras y te unieras a tus recuerdos, pero en vez de aquello, simplemente ofreciste tu brazo a aquella mujer, invitándola a salir de aquel salón. Al saber a dónde ibas, me sentí aliviado, era el camino hacia los jardines, en estas fechas las rosas estaban dando sus últimos brotes hermosos, una buena vista para recordarlas el resto del año.


Al sentir que me quedaba atrás, extendí la mano para invitar en silencio a un paseo más allá de estás cuatros paredes, a tu hermana, quien aceptó con el mismo silencio. Dejamos atrás de nosotros la música y las conversaciones que me conocía casi de memoria. Al salir, el clima del exterior era el anuncio de que el otoño estaba a unos cuantos días de distancia; siendo las hojas de algunos árboles confirmaban mi conjetura.


En nuestro amigable paseo, tu hermana me comentaba tus aventuras, tu pasión por el teatro y por el estudio del alma. Al escuchar aquello de ella, cada vez te volvías un enigma en frente de mis ojos. Iba a preguntar más de ti, pero fui interrumpido por nuestro encuentro, estabas a la orillas del lago, dando de comer algunos gansos que nadaban allí. Con tu hermana compartían varias facciones, pero no era tu físico lo que me atraía, y mucho menos tu persona, ya que no sabía nada realmente de ti, más que cuentos que acaba de escuchar.


Nos acercamos, y al percataste de nuestra presencia, haciendo de que salieses de la formalidad, saludaste casualmente:


—Hermana, Lord Shiroyama, me alegra verlos tan amorosos. —


—Hermano, creo que te falta algo de educación, no has presentado a la señorita como es debido. —


—¡Oh! Disculpa mi falta, mi querida Chizuru. Mi estimado Lord, le presento a la señorita Chizuru. Mi estimada señorita, le presento al Lord Shiroyama, prometido de mi hermana, pero creo que ese detalle ya era de su conocimiento. —


Una pequeña reverencia por parte de aquella joven, sus mejillas algo avergonzadas por la tardanza de la presentación. Quizás ella pensó que eras un mal amigo quien tenía a lado.


—Encantada de conocerlo, señor. —


Con la misma educación mostrada, una ligera inclinación de mi parte como saludo —Encantado, señorita Chizuru. —


Después de aquella breve presentación, parecía que habíamos acabado con toda la comunicación y con todas las palabras permitidas en nuestra vida. Con una ligera sonrisa de nerviosismos de tu hermana, rompí el incómodo momento, y de todas las cosas que podría decir con ingenió, tuve que preguntar tu interés en la vida.


—Mi señor, creo que es un tema muy íntimo y profundo para una tarde donde mi único propósito es el disfrutar de una vista bella, —extendiendo el brazo a dirección del estanque. — como la que tengo en estos momentos. —


—Hermano, no te contengas, sé bien que te gusta entablar conversación de esta naturaleza. —


—¿Así que has sigo tú quien ha plantado la duda de mi persona en mi querido cuñado? —


—¿A caso me acusas de presumir de un hermano como tú? —


Ambas mujeres rieron a la vez, mientras de mi parte, simplemente gesticulé una sutil sonrisa de incomodidad. A comparación de los pasados encuentros, ahora tenías una ligera aura arisca.


—No te acuso de nada, hermana, simplemente de que no me esperaba ser de interés para alguien como usted, Lord Shiroyama.— Desviaste la mirada de tu hermana para entablar un contacto visual conmigo. Sentí de qué modo caía en el abismo de lo desconocido. Y más que pensaba de qué acortaba la distancia, solo descubría que la extensión del enigma de tu persona era más de lo que pude calcular en mi imaginación.


—Quien tenga más que anécdotas de caza en su repertorio de conversación, es de mi sumo interés. —


Al parecer mis palabras habían sido de incomodidad, aun con una sonrisa cortes en tus labios, se notaba claramente tu disguste de mi selección de palabras.


—Hermana, Lord, me han de disculpar, pero eso será en otra casación, no tarda en caer la noche y la última función de la representación de “Romeo y Julieta” de la temporada de verano va a empezar. —volviendo la vista a tu invitada. —Mi señorita, la escoltaré hasta el salón, espero que no le importe. —


Ella simplemente asintió.


Después de una reverencia de despedida, te marchabas junto con aquella mujer. Puede comprobar con aquella mínima distancia, que solo compartía hacia ti, un cariño de amigos.


~


—Déjalo, quizás tenga una cita por allí. —Finalizando con una risilla juguetona, tu hermana intentó calmar mi desconcierto a lo que acaba de pasar, pero solo hizo que mi incomodidad aumentara.


Sin decir algo referente, sonreí gentilmente, dando un paso para continuar con el paseo en aquel jardín, acompañado por tu querida hermana.


*


Aquella tarde, después de recibir la información que había mandado a investigar en la mañana, me aliste con ropa adecuada para una noche en el teatro; con un sombrero y bastón a juego.


Al salir de la casa de la ciudad, tomé el carruaje y a solas con la complicidad de la llegada de la noche, esperaba que llegáramos a mi destino, sin tener infortunios en el camino. Al llegar, le pido al cochero que regresara a casa, sin orden de regresar por mí más tarde, yo ya me encargaría de tomar un carruaje en la cuidad para regresar a casa.


Compré una entrada cerca del escenario, y por una moneda más, pedí información por una persona en particular. No comprendía el actuar de mis acciones, simplemente nacían sin previo análisis de lo que buscaba con ello.


Al entrar, con pasos tranquilos caminé a la primera fila y tomé mi asiento, y como esperaba, tú estabas a lado de mi lugar; fingí sorpresa.


—Es una grata sorpresa el ver una cara familiar en el teatro esta noche. Joven Yutaka. —


Imitaste mi reacción, pero a comparación de la mía, la tuya era genuina.  La sorpresa en todo tu rostro, el cual volviste a la normalidad sin tardar, y respondiendo de la forma más cortes a lo que pudiste permitirte.


—Comparto el sentimiento de que este encuentro es una grata sorpresa. No sabía que gustaba del teatro, mi señor. Mi hermana hubiese estada encantada de acompañarlo.—


—El teatro es uno de mis pasatiempos que disfruto a solas y con un público desconocido. — Estaba claro que este encuentro había sido planeado con unos detalles que no había tomado en cuenta, pero tampoco es mentira de que gustaba del teatro de la forma en la que lo había señalado.


—Comprendo su sentir. —con aquello pronunciado sentí alivio en mi alma. —Aunque en los teatros de Londres, el estar en un público desconocido es algo poco imposible, más que sea visitante de los teatros abiertos al público en general. —Y así como había sentido que la coherencia de mis palabras había funcionado, ahora tus palabras destilaban razón.


—Aunque en un público conocido, intento que todo mí alrededor sea desconocido. Solo disfrutar de la obra, de las palabras. Además,  al saber que la obra  sería presentada un día más, no dudé en verla una vez más. —


Desviaste la mirada de mí, contemplando el telón en frente de nosotros. Guardaste silencio. En cada momento en que intentaba responder la incógnita de ti y el motivo de mis actuares, te alejabas sutilmente de mi agarre, sin darme la oportunidad de remediar mis erróneas palabras.


En espera de que empezaras la conversación, simplemente me cernía de nervios internos. Algunas luces se apagaron, y se levantado en telón, mientras mi mente repasaba mi conversación, y sin duda que encontraba mi mentira piadosa como mi falla principal, volví mi rostro para ver tu perfil, momento que tus labios se separaron y con voz sin emoción, gesticularon en un susurro:


—¿Mi señor, me gustaría saber algo después de la obra, sería tan amable de permitirme un momento con usted? —


Analicé tu rostro de reojo, y sin demorar en mi respuesta, acepté gustoso, quizás más animado de lo que quería expresar con palabras.


~


Al terminar la obra, el telón se cerró, después de unos minutos se volvió a levantar, en esta ocasión con todos los actores en el escenario. Una ola de aplausos se escuchó detrás de mí, y sin poder reprimirme, giré levemente el rostro a tu dirección; tus ojos estaba hipnotizados por la puesta en escena terminada, y tus labios se curveaban con satisfacción por lo recién visto.


Eras un ser frágil de alma, alguien que comprendía bien lo que quiere dar a entender el artista y eso me lo confirmaste en ese momento, y después.


Siendo casi los últimos en permanecer en la sala, solo esperaba que te levantaras para seguir tu camino, pero nada, simplemente estabas contemplando el telón cerrado, como si pensaras en lo visto. Cuando me resigné ya motivado para empezar la conversación, tus labios se separaron, dejando salir aquella poética afirmación:


—Es una dolorosa tragedia. —


Y sin poder detener mis ideas  en mi mente, conteste. —Considero que toda muerte es trágica y dolorosa, tanto para el que fallece y los más cercanos a él.—


Sin demorar en tus palabras, con desilusión a mis palabras, hablaste con firmeza —A eso no me refiero, mi señor. —


—¿No? — Tuve que ser sincero con mi reacción en mi rostro, porque era de esa forma, no sabía a donde querías guiar el tema.


—No, el morir es algo menos que trágico, es algo natural, un proceso que todo ser vivo tendrá que pasar. — Giraste el rostro hacia mí, tu mirar era melancolía en vida. Me sentía avergonzado ante lo que tú señalabas con pura verdad, una que tratamos todos de ignorar. —Lo romántico y triste de la tragedia de Romeo y Julieta, es morir solo cerca del cuerpo de su amada, y el despertar ella, el descubrir el cuerpo de su amado sin vida. Estando tan cerca, sin oportunidad de morir con la compañía del contrario y despedirse con un beso cálido. Oh! Mi señor, es una muerte solitaria, y eso que me estoy horrando el señalar los cuerpos sin vida de familiares y amigos. —


Y como alguien que no comprende la racionalidad del arte, señalé el poco tiempo y la juventud de los protagonistas.


—Solo eran niños y solo todo sucedió en unos cuantos días. —


—Me gustaría ver así la obra, así me evitaría el dolor que me ha dejado; pero usted ha de saber que es una obra que se ha escrito unos trecientos años atrás, y las mujeres eran casadas en edades muy tempranas, no es de sorprender que Julieta fuera tan joven, que fuera un amor tan joven el de aquellos dos seres que apenas conocían lo que era vivir.—


Me sentí regañado, me sentí vacío de palabras. Si lo pensaba desde ese punto, no había dialogo que contradijera tu punto, y mucho menos alguien que tenía muy escasos conocimientos en el teatro y la literatura. Mi vida venía girando en números y otras lecturas no románticas.


—¿Mi señor, usted cree que es posible amar sin planes? —


Pensando y analizando lo que había dicho del contexto de la obra, fui brutalmente sorprendido por aquella pregunta ¿Amar? Realmente nunca me había planteado aquella pregunta, desconocía completamente emocionalmente el significado de aquella palabra, desde muy pequeño, mis padres me educaron para el casarme, tener la cabeza fría y servir a la corona, pero hasta ese entonces nunca había pensado en aquella palabra que era casi nueva en mi vocabulario.


Ahora, aquí, sentado a tu lado, me daba cuenta que nadie, excepto tú, me había preguntado algo que consideraba trivial.


Pero lo que pensé después fue “nadie antes había llamado mi atención de una forma poco razonable, como tú lo hacías en cada segundo  que te conocía más.


—Yo…— No había nada más que yo en mi oración.


—Mi señor, con toda honestidad ¿Cuál es su intención al encontrarse conmigo aquí, en el teatro? ¿A caso tiene algo que tratar conmigo? —


No sé como llegamos de la tragedia de Romeo y Julieta a la ola de cuestionantes  de ahora. Y como buen sabio, guardé silencio, pensando en decirte la verdad o simplemente fingir ignorancia ante tu pregunta, cual fuese mi respuesta, al parecer ya sabías que no tenía conocimiento de mis motivos primarios, pero desconocías completamente que tenía motivos secundarios, los cuales eran el descubrir porque resultabas tan atrayente, aun sabiendo que pecada en todos los sentidos, hasta contra Dios, en quien no creía, y en mi moralidad que me orgullecía.


—¿Mi señor? —


—Disculpa, pero ignoro muchas cosas, pero tú y mi sentir, son dos cosas que ignoro por completo. —


—¿A caso me odia? —


—No, imposible, no me has dado razón para hacerlo, situación contraria a mí, y si te he ofendido, me disculpo por cualquier falta cometida. —


—¿A caso le soy indiferente? —


—No, muy lejos de la indiferencia se encuentra usted. Quiero decir, quiero saber más de usted. —


—¿Está  consciente de que desposara  a mi hermana y que eso me duele? —


Aquellas palabras las hubiese tomado de todas las formas egoístas, pero como un cobarde, esperé que tú lo dijeses lo que mis labios no se permitían decir.


—¿No soy un buen  hombre para ella? —


—¿La ama? —


Era una pregunta que fue la sorpresa principal de aquella noche. Pero no pude el evitar el responder con una pregunta evidente a la realidad.


—¿En un matrimonio arreglado puede haber amor? —


—Así que no la ama, eso me alegra, pero pobre de ella, cuando ella comparte y siente lo mismo por usted. Es tan cruel la sociedad, tan cruel que nuestras familias hayan tomado decisiones antes de nuestros nacimientos. Que cruel vida nos ha tocado. — Las últimas palabras que dabas eran con drama absoluto, algo que me hizo erizar la piel.


 


—Mi señor, cuide de mi hermana. Y le suplico, no me vea nunca más, y si lo hace, evite ser tan eviten ante los ojos de los demás; su posición puede estar en peligro, así como mi corazón. —


—Pero no me has dado la oportunidad de saber. —


—¿Qué quiere saber? ¿Tan ciego es usted que no se da cuenta de sus propios sentimientos? —


—Quiero descubrir por mí mismo el quien eres, porque me siento enfermo y ansioso cuando se trata de ti. —


—Mi señor Shiroyama, su inocencia es un encanto, que temo que descubra que no tengo nada puro que ofrecerle. Por eso mismo, le suplico, tome distancia, si no lo quiere hacer por mí, hágalo por mi querida hermana. —


—¿Qué de malo tiene que quiera ver a mi futuro cuñado? —


—No hay problema alguno en ello,  si eso fuera el caso. —


—Tú lo has dicho ¿Así que por qué no puedo acercarme a ti? —


—Todo, todo tiene de malo si es que siente aquello que creo que siente y me alegro infinitamente que sienta por mí, pero…—


—¿Curiosidad? —


Elevaste una leve sonrisa, era como si mi conversación dañará y te frustraras con las palabras.


—Mi señor, sea feliz. —


Te levantaste de tu asiento, y sin darme tiempo de reprochar, escapaste de mí.


*


Los meses pasaron, lo último que supe de ti fue que te habías ido del país, pero más que quería meterte en colación en la conversación que solía tener con tu hermana a la hora del té, ella simplemente decía que no sabía, dejando claro que mi vista una tristeza en su rosto; Después del tercer intento, dejé  de preguntar.


También probé suerte con algunos de mis conocidos, pero para mi mala fortuna, eras un ser tan raro para los odios de los demás, que simplemente te desconocían o decía “Quizás su padre lo sepa”. Pero aquello sería lo último que haría, por lo mínimo, no podía llegar a la casa de mi futuro suegro y preguntar delibera mente por tu paradero, al fin de cuentas solo nos habíamos encontrado las veces necesarias para ser considerados conocidos cercanos, omitiendo la familiaridad que nos uniría. 


Tenía que pensar en algo, a lo cual no tuve que esforzarme tanto para ello, tu hermana hizo los honores, a veces temía que tu hermana leyera el futuro o mi mente, ya que en esta ocasión me comentó de forma informal que tu padre planeaba una cena para tratar unos asuntos. A los pocos días llegó a mí una carta donde me invitaba formalmente para aquella reunión dentro de dos días.


En mi despacho, solo los sirvientes que entraban a dejar una que otra cosa eran testigos de mi agonía, caminaba extremo a extremo, ensayando mentalmente el cómo iniciaría mi introducción para saber de tu paradero, pero cada vez que tenía una línea en mi lengua, nuestra última conversación se venía a mi mente, haciendo que detuviese todo mi plan que estaba formando.


Estaba entre dos ideas, el mantener mi palabra o mi deseo egoísta de encontrarte otra vez, me estaba volviendo loco, y lo sabía, lo que estaba haciendo estaba complemente en contra de tus deseos, como muchas cosas que podría  anotar en forma de lista y llenar un libro con ello.


~


Al llegar el día en que cenaría en la casa de tu padre, llegué cinco minutos de lo citado. Fui recibido en la entrada por el ama de llaves, que al parecer estaba esperando mi llegada. Al entregar mi abrigo, bastón y sombrero, ella se limitó en palabras a indicarme de que tu padre requería de mi presencia en el momento que yo cruzase esa puerta. Caminando a su despacho, ella tocó dos veces la puerta, se escuchó del otro lado de ésta una grave voz que indicaba de que pasara. Dándome la señal de que por mí mismo abriese la puerta, ella se retiró, tuve que intuir que iría a traer la bandeja de té, aunque para ese momento no tenía apetito para alguna taza cálida de cualquier líquido. Ignorando mis pensamientos banales, tome el picaporte y lo giré, dando a notar mi presencia, dije: “Disculpo mi intromisión”.


Al entrar, cerré la puerta detrás de mí, con un ademan de cortesía, tu padre señaló que tomara asiento, a lo cual acepté la invitación. No sé porque, pero a diferencia de las más mil veces que he estado en frente de personas con poder o edades mayores, nunca había sentido la cobardía y el nerviosismo que hoy se hacían presentes. Así que antes de cometer un error con mi conjugación y adecuadas palabras, simplemente observé el ambiente, pero era lo mismo  que la última vez. No tardó mucho en hablar primero, su voz era algo gastada por su mal hábito de fumar.


—Espero que el camino hacia acá haya sido de su agrado. —


—Si el ser tranquilo y fuera de ladrones es agradable, no dude de ello. —


Dejó salir una risa rechoncha, la cual fue opacada por una ligera tos. Ya algo más tranquilo, volvió a hablar.


—Tienes el mismo humor que el de tu padre —Volteó a verme, pero aunque su vista se plantaba en mí, estoy seguro de que viajó a un recuerdo de añoranza con su viejo amigo. Como sí se hubiese dado cuenta de su falta de atención, parpadeó un par de veces, para acomodarse bien en la silla en el que estaba sentado, colocando ambos codos en la superficie de la mesa, para unir ambas manos, entrelazando los dedos y posar su rechoncha papada sobre ellas. —Disculpe, he recordado un buen amigo. Aunque no le he hecho venir hasta aquí el solo recordar a un buen amigo, — tosió un poco, haciéndome suponer que las palabras que quería decir eran algo complicadas de expresar. —Agradezco de que ahora no esté vivo, no sabría dónde poner la cara ante el capricho de mi hija. Mi señor, usted sabe que mi hija tiene sus arrebatos de rebeldía, pero nunca ha sido tan grande como para suspender la boda después de invierno y después de todas las estaciones seguidas. —


No pude evitar el llevar la sorpresa en todos mis músculos faciales; quizás ella había descubierto aquello que yo buscaba en aquellos encuentros planeados torpemente con su hermano, contigo, pero eso no podía ser. Pensé después.  


Sin poder gesticular una sola palabra, tu padre prosiguió con su explicación:


—Lo lamento mucho, pero sabe que soy un padre muy cariñoso como para obligar a mi querida hija al ir al altar…—


Pero antes de que continuara, sospeché que había algo que se estaba saltando al momento de hablar, así que me armé de valor para preguntar como si fuera el tema más banal posible.


—Comprendo que ella no quiera casarse y que usted no quiera obligarla, pero he de ser sincero al no comprender el motivo por el cual ella ha decidido el suspender la boda ¿He hecho algo que la haya incomodado en alma o persona? — Quizás el preguntar de forma banal no era la mejor de las maneras, pero era mejor así,  en vez que se notase mi alivió al saber de ello.


—Ella no se casará si su hermano no está en la ceremonia, pero yo no permito de que ese hombre, que solo Dios sabe dónde está ahora, ponga un pie en mi presencia. Mi único hijo y decide ser un poeta, probando fortuna en Francia, ¿no puede ser simplemente un hombre de negocio como su padre? — El dolor se marcó en cada palabra dicha.


—Mi señor, creo que algo aquí está algo confuso para mi comprensión. Según hasta donde tenía conocimiento, usted y su hijo tenían buena relación, tanta es la prueba, que meses atrás lo encontré en el salón donde suelo ver a su hija…—


Sin poder decir una palabra más, el rostro de tu padre se elevó a un color carmín,  cercano  la ira y vergüenza. Me levanté bruscamente al ver que su color se volvía algo más enfermó, serví un vaso de agua, le di entre las manos para que se lo tomase y se tranquilizara, cosa que hizo, pero aun así no bajó el color de su sentir.


—¿Cómo se atreven esos dos en hacer semejante encuentro a mis espaldas? Ahora comprendo, ese joven, que por desgracia es mi hijo, le ha mal aconsejado a mi inocente hija. Oh! Mis infinitas disculpas no bastarán para arreglar la deshonra a su honor. —


  —Antes de tomar la cancelación de la boda como una deshonra de mi honor ¿Podría permitirme un momento con su hija para saber de sus propios labios que nuestra unión será disuelta? —


—Favor me haría si la logra de convencer, se lo agradecería eternamente. Ya no estoy en edad para hablar con paciencia con una mujer, mucho menos cuando se trata de mi hija. — Gesticuló una sonrisa amarga. Para después tomar algo de aire y volver a hablar. — ¿Le parecería perfecto después de la cena el hablar con ella? Aunque me gustase que fuese antes, pero quiero evitar cualquier desagrado antes de probar bocado. —


—Si usted lo considera prudente, después de la cena daré un paseo en el jardín con ella. —


Dejando ese asunto a lado, dejamos en su escritorio nuestros negocios de familia, todo iba bien; las tierras estaban en buen estado, así las finanzas de la última lectura de bolsa.


Quizás pasó una hora, cuando alguien tocó la puerta, tu padre indicó que pasara, era el ama de llaves, quien preguntaba si la hora de cena sería la de siempre, tu padre me vio, a lo cual indiqué con una mirada de que a mi parecía lo más prudente, a lo cual él contesto de que sí, el ama de llaves salió del despacho, cerrado la puerta con sumo cuidado.


Después de aguardar los documentos revisados, nos levantamos de nuestros asientos. A cabo de un rato estábamos en el comedor, donde su extensión era avergonzada por solo aquellos tres asientos que ocuparíamos. Tu hermana fue la última en llegar, algo agitada para mi vista, pero al parecer tu padre no comprendió su inquietud. Y el preguntar era imprudente en ese momento, así que tomamos la cena en silencio, aunque como es de esperar, el silencio perduró poco, ya que la cena se mezcló con algunos comentarios de lo cotidiano.  


Al cabo de unas cuantas copas de vino, lo cual he de señalar que solo fueron dos de mi parte, tu padre tuvo que dejarnos solos, mientras tu hermana solo guardaba silencio tras de una sonrisa fingida.


Sin dar tanta prorroga a mi conversación prometida, hablé:


—Mi querida dama, le gustaría dar un paseo por el jardín. — Los ojos de tu hermana se llenaron de lágrimas, y aunque desconocía la causa de aquella escena, sabía bien de que no era lágrimas de felicidad.


Sabiendo que era mejor salir de la vista de todos de aquella casa, me levanté, caminé hasta su lugar y como costumbre, le ofrecí la mano, en muestra de que era mejor ir a otro lado. Aceptó la invitación, después de unos minutos ya nos encontrábamos bajando los escalones para el jardín, no habían rosas, era una gran pena para mi corazón.


En nuestros pasos solo guardamos silencio, dejando que el viento murmurara a nuestro alrededor y las hojas de los árboles nos contase alguna que otra gracia del día, pero nada de eso nos animaba a hablar primero. Realmente no sabía como iniciar; sabía que quería decir, o eso tenía entendido en mí, pero realmente una cosa muy diferente es saber que decir y otra el como decirlo.


Mientras me encontraba en mi debate interno, tu hermana mi guío hasta el llegar a unas bancas cercanas a la entrada del laberinto de arbustos. Acepté la invitación de sentarnos, y cuando al fin tenía algo en mente para empezar mi conversación, los labios de tu hermana se abrieron temerosos, pero aun con temor hablaron sin vacilación.


—He de suponer que mi padre ya hablado con usted con respecto a la boda que he decidido cancelar.—


Guíe mi vista a sus ojos negros; he de confesar que mis dotes para leer algunas emociones son escasos, así que al ver la oscuridad de aquellos ojos no sabía con qué sentimiento tomar aquellas palabras.


—Supone bien. — Y antes de poner continuar, fue cortada mi inspiración una vez más por sus palabras.


—¿Le ha dicho el motivo? —


—Al parecer su hermano tiene algo que ver. —


—Tiene más que ver de lo que mis palabras podrían expresar. — Desvió la mirada hacia abajo, como si la tristeza le atravesara el corazón, pero aun así continuó. — Estimo demasiado a mi hermano, pero mi padre le tiene resentimiento al escoger el estilo de vida que lleva ahora. Siendo el primer hijo y varón, tiene el derecho de heredar toda posesión de mi padre al fallecer, pero mi hermano no gusta de esa idea y mi padre le duele aquella decisión egoísta, pero usted puede decirme quien es más egoísta, porque yo los veo tan iguales que dudo en nombrar a solo uno. —Volvió la vista a la mía, era cálida esta vez; un cariño cálido era su expresión. — Pero personalmente, no me gusta ese estilo de vida para él; solo lo soporto por la sonrisa que se ilumina en el rostro de mi querido hermano, pero solo por eso, se lo juro mi señor… —


Las últimas palabras expresaban el dolor y su angustia; pero para alguien que le tienen que explicar las cosas de forma sin tanto rodeo, tanto tu padre como tu hermana, estaban solo diciéndome cosas a medias y esos me estaba volviendo algo desesperante.


—Creo comprender. La única solución es que su hermano se presente, pero por lo escuchado por parte de tu padre, su presencia no será agraciada para sus ojos. —


Sus ojos empezaron una vez más inundarse de lágrimas, y con mi torpe personalidad, simplemente le ofrecí el pañuelo que llevaba.


—Oh! Mi señor, si el asunto fuera tan fácil no estaría con el corazón al borde de la agonía. —Alzó la mano, ocultando algún suspiro que ayudaba a reprimir las lágrimas que insistían en no detener el dolor que provocaba lo que iba a decir. — Mi querido y torpe hermano se ha medio en problemas de dinero, su amigo francés me ha mandado una carta diciendo de que han amenazado en contra de su vida. Y si es sabido esto por mi padre, le dolerá el alma, aunque su orgullo le ganará y solo rezará para mi desaventurado hermano aprenda de esta lección. —


Al escuchar en lo que te habías metido, mi corazón tomó un revuelo, la preocupación se agitó en mi corazón. No podía dejar esto pasar por alto, pero tenía que mantener la calma, tenía que caminar con prudencia, ya que lo que estaba en juego no era solo el honor de tu hermana o mi corazón, estaba tu vida misma.


Con cuidado, hablé.


—Pero esto no es algo que se puede ocultar o pensar que se solucionará con solo rezar. —


—Lo sé mi señor, pero que puedo hacer, aun teniendo el dinero en mis manos ¿qué pretexto le daría a mi padre para visitar un país que solo una vez he pisado? ¿Qué puede hacer una hermana que tiene las manos atadas? — Cerrando los ojos para tomar algo de respiro y alzar los ojos a los míos, habló con voz baja. — ¿Ahora comprende el motivo del porque tengo que cancelar nuestro compromiso, así como lastimar su honor? —


Guardé silenció, solo esperaba que el airé me diese una idea, alguna posibilidad para mantener la esperanza.


Esperando tomé las manos de tu hermana, las cuales estaban frías por la temperatura de la llegada de la noche; con mi preocupación en el alma, dije:


—Deje que la ayude, sé que puedo arreglar todo este asunto. Lo único que pido es que me diga exactamente en que lugar se encuentra y de cuanto es la deuda, y por lo demás, déjelo en mis manos. —


Sus ojos se iluminaron ante lo que acaba de decir, y como si hubiese sido el regalo que esperaba con anhelo, sus manos se liberaron de las mías, para después alzarlas y extenderlas, para abrazarme, jalándome hacia ella.


—Gracias, muchas gracias, mi señor. — ahora sentía que sus ojos liberaba lágrimas con sentimiento contrario a las de antes, aunque no sabía bien como comportarme antes las lágrimas de una mujer, simplemente la dejé ser como ella era.


Ya calmada su alegría externa, fui liberado del abrazo, para después ser capturado por aquellos ojos que eran iguales a los tuyos.


—Mi señor, sé que sonaré egoísta y que he de ser clara con usted, después de que usted regrese con mi hermano me gustaría hablar con los dos, usted comprende que aunque él esté a salvo, aun he tratar el tema de la boda y mi padre. —


Su seriedad reflejaba más edad de la que tenía en realidad. Y sin decir más palabras, asentí. De mi parte ya estaba satisfecho, iría a buscarte, no en las condiciones que me hubiese gustado, pero mientras estuvieses con vida no me importaba esa mínima desventaja que se presentaba en frente de mí.


 

Notas finales:

¿Qué os pareció?


Lo sé, se siente algo flojo, pero justifico eso conque es algo así como una introducción general.


Bien, sin más que decir, me retiro. Os leo hasta la próxima.


ATTE_YU

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