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la noche del cazador

Autor: el codigo yaoi

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Notas del fanfic:

hola como estan. Espeto que disfrutando el nuevo año( por cierto felizz añooo nuevo!!). Iba a subir el fic ayer pero no pude( toque de queda de celulares en mi casa jajjaajja- no fue gracioso ayer) . Pero bueno se los traigo haoy espero les guste y no sean duros conmigo es mi primer fic. Sus mensajes seran bien recibidos tanto si les gusta como sino, tambien acepto concejos y criticas.

Notas del capitulo:

a por cierto no debocasi lo olvido naruto, harry potter y kuroko no basket les pertenecen a sus respectivos autores yo solo utilizo sus personajes para entretenimiento personal y de los que me leen. Yyyyy una persona me pregunto que era un Psy pues en el fiic se lo explica mejor y en el resumen. Perdon por no contestarte solo entro solo a mi cuenta para publicarlos asi que lo vi recien hoy. Bueno ahora si los dejo leer tranquilos espero les guste y espero sus mensajes( no recuerdo como se llamaban en la pagina). Por suerte alguien me hizo recordar que debia poner que es una adaptacion asi que ya lo saben es una adaptacion de los libros de la autora Nalini Singh. Modifico ciertas cosas que no los hacen fiel a la historia ( no mucho) peto lo suficiente para no ser una copia. Ademas de ir cambiando cosas sobre la marcha de los cap a partir de recomendaciones, criticas y inpiracion asi que, que lo disfruten.

sasuke uchiha no era capaz de leer ni una sola palabra del informe que parpadeaba en la pantalla de su agenda electrónica. El temor empañaba su visión aislándolo de la fría eficiencia del despacho de su madre. Ni siquiera el sonido de la voz de mikoto terminando de atender una llamada conseguía penetrar en su mente paralizada por el miedo. Estaba aterrorizado.
Esa mañana se había sorprendido al despertar hecho un ovillo en la cama, gimoteando. Un psy normal no gimoteaba, no mostraba emoción alguna, no sentía nada. Sin embargo, Sasuke sabía desde niño que el no era normal. Había logrado ocultar su defecto de forma satisfactoria durante veinte años, pero las cosas comenzaban a ir mal. Muy, muy mal.
Su mente se estaba deteriorando a un ritmo tan alarmante que había comenzado a experimentar efectos secundarios físicos: espasmos musculares, temblores, ritmo cardíaco anormal y ataques de llanto después de unos sueños que nunca recordaba. Pronto le sería imposible ocultar su psique fragmentada. Ser descubierto supondría la reclusión en el Centro. Naturalmente, nadie lo llamaba prisión. Calificado como «centro de rehabilitación», proporcionaba un método extremadamente efectivo a los psy para apartar a los débiles del rebaño.
Si tenía suerte una vez hubieran concluido con el, sería un cuerpo babeante sin conciencia. Si no era tan afortunado, conservaría la suficiente capacidad de raciocinio como para convertirse en un zángano más en la vasta red empresarial de los psy, un robot con solo las suficientes neuronas operativas para clasificar el correo o barrer los suelos.
Sentir que su mano aferraba con fuerza la agenda lo devolvió de golpe a la realidad. Allí, sentado frente a su madre, era el lugar menos indicado para  derrumbarse. Quizá mikoto uchiha fuera sangre de su sangre, pero también era un miembro del ministerio psy. Sasuke no estaba seguro de si, llegado el caso, mikoto dudaría en sacrificar a su hijo con tal de conservar su puesto en el organismo más poderoso del mundo.
Con férrea determinación, comenzó a reforzar los escudos psíquicos que protegían los corredores secretos de su mente. Era lo único en lo que destacaba y, para cuando su madre finalizó la llamada, Sasuke mostraba la misma emoción que una escultura tallada en hielo ártico.
—Tenemos una reunión con naruto uzumaki dentro de diez minutos. ¿Estás listo?—Los ojos almendrados de mikoto no denotaban otra cosa que no fuera un sereno interés.
—Por supuesto, madre.
Sasuke se obligó a enfrentarse a la mirada impávida de mikoto sin pestañear, procurando no pensar en si la suya lo estaría delatando. Ayudaba el hecho de que, a diferencia de su madre, el tenía los ojos negros de un psi cardinal: un infinito campo negro salpicado de motas de un gélido fuego blanco.
—uzumaki es un cambiante alfa, así que no lo subestimes. Ese hombre piensa como un psy.
mikoto se volvió para sacar la pantalla de su ordenador, un panel plano que se deslizaba de la superficie de su mesa. sasuke accedió a la información pertinente en su agenda. El ordenador en miniatura contenía todas las notas que pudiera necesitar para la reunión y era lo bastante compacto como para llevarlo en el bolsillo. Si naruto uzumaki se ceñía al perfil, aparecería con copias de todo en papel.
De acuerdo con la información de que disponía, uzumaki se había convertido en el alfa del clan de felinos konoha a los dieciocho años. Durante los 5 años siguientes, los konoha habían consolidado su control sobre San Francisco y las regiones limítrofes hasta el punto de que, en la actualidad, eran los depredadores dominantes en aquella zona. Los cambiantes foráneos que deseaban trabajar, vivir o jugar en territorio konoha tenían que recibir su autorización. De lo contrario, las leyes territoriales de los cambiantes se imponían por la fuerza y el resultado era brutal.
Lo que había sorprendido a Sasuke en la primera lectura del material era que los konoha habían negociado un pacto de no agresión con los akatsuki, el clan de lobos que controlaba el resto de California. Dado que los akatsuki eran conocidos por su ferocidad y por mostrarse implacables con cualquiera que se atreviese a imponerse por la fuerza en su territorio, aquello hacía que se cuestionara la imagen civilizada de los konoha. Nadie sobrevivía a los lobos apelando a la amabilidad.
Se escuchó el sonido de una campanilla.
—¿Nos vamos, madre?
La relación de mokoto con sasuke no era, ni había sido nunca, maternal en ningún aspecto, pero el protocolo dictaminaba que debía recibir el tratamiento familiar.
Nikita asintió y se puso en pie irguiéndose con elegancia en toda su estatura de un metro y setenta y seis centímetros. Vestida con un traje de pantalón negro y camisa blanca, con el cabello justo por debajo de las orejas en un corte desfilado que le sentaba bien, presentaba la imagen de la mujer de éxito que era. Una mujer bella y, además, letal.
sasuke sabía que cuando caminaban juntos, como en esos momentos, nadie los tomaba por madre e hijo sino hermanos. no tenían la misma estatura, pero ahí terminaban las diferencias. sasuke había heredado los ojos asiáticos, el cabello lacio y la piel de porcelana de su madre, que era mitad japonesa. en cuanto a los genes del padre desconocido que  pasaron a sasuke, lo único que sobrevivió fue la melena lisa y negro azulada ademas de indomable que se veia obligado a recogerlo en un rodete, mikoto en cambio tenía el cabello de un intenso color ébano que absorbía la luz como si fuera tinta. En la partida de nacimiento de Sasuke figuraba que su padre era de ascendencia japonesa.

Aminoró ligeramente el paso a medida que se aproximaban a la puerta de la sala de juntas. Detestaba las reuniones con los cambiantes, y no debido a la repulsa general de los psy ante su manifiesta naturaleza emocional, sino porque le parecía que ellos lo sabían. Que, de algún modo, podían sentir que no era como los demás, que era imperfecto.
—Señor uzumaki.
Sasuke alzó la mirada al escuchar la voz de su madre y se encontró a escasa distancia del varón más peligroso que jamás había visto. No existía otra palabra para describirlo. Con una estatura muy superior al metro ochenta, tenía la constitución de la máquina de combate que era en su hábitat natural; puro músculo, fuerza y vigor.
El cabello dorado lo tenia alborotado como si recientemente se levantara, pero no había nada suave en él. En cambio, dejaba entrever la pasión incontrolada y el hambre oscura del leopardo que moraba bajo su piel. No tenía la menor duda de que se encontraba en presencia de un depredador.
Entonces él volvió la cabeza y Sasuke vio ambos lados de su rostro. tres líneas irregulares, semejantes a las cicatrices de la garra de alguna gran bestia,marcaban su suave piel dorada. Sus ojos eran de un hipnótico color azul, pero fueron aquellos zarpazos lo que le llamó la atención. Nunca antes había tenido tan cerca a uno de los cazadores cambiantes.
—Señora uchiha. —Su voz era grave y un tanto ronca, como si estuviera a punto de gruñir.
—Este es mi hijo, Sasuke. El será el enlace para este proyecto.
—Encantado, Sasuke. —Inclinó la cabeza, aunque su mirada se demoró un segundo más de lo necesario.
—Igualmente.
¿Podría él escuchar el errático latido de su corazón? ¿Sería cierto que los sentidos de los cambiantes eran muy superiores a los de cualquier otra raza?
—Por favor.
Con un gesto les indicó que tomaran asiento junto a la mesa de cristal y permaneció en pie hasta que ellos se sentaron. A continuación eligió la silla que quedaba enfrente de Sasuke. Se obligó a sostenerle la mirada, sin dejar que su caballerosidad la engañase y le hiciera bajar la guardia. Los cazadores estaban adiestrados para olfatear cualquier punto débil en su presa.
—Hemos estudiado su oferta —comenzó Sasuke.
—¿Qué les parece?
Aquel hombre tenía unos ojos extraordinariamente claros, tan serenos como el océano más profundo. No había nada en él que fuera frío o práctico, nada que contradijera la primera impresión que se había formado: que era una criatura salvaje, que se contenía a duras penas.
—Debe saber que las alianzas comerciales entre psy y cambiantes raras veces funcionan. Conflicto de intereses. —La voz de mikoto carecía completamente de matices comparada con la de naruto.
La sonrisa que este esbozó en respuesta era tan pícara que a Sasuke le fue imposible apartar la mirada.
—En este caso, creo que tenemos los mismos. Usted necesita ayuda para diseñar y construir viviendas que atraigan a los cambiantes. Yo quiero acceso directo a nuevos proyectos psy.
Sasuke sabía que ese no podía ser el único motivo. Lo necesitaban, pero él no los necesitaba a ellos, no cuando los negocios de los konoha eran lo bastante extensos como para rivalizar con los suyos. El mundo estaba cambiando ante los mismísimos ojos de los psy; humanos y cambiantes ya no se conformaban con ser segundones. Era un claro indicio de arrogancia que la mayor parte de su gente continuara ignorando el progresivo cambio en la balanza del poder.
Estar tan cerca de naruto uzumaki, de aquel hombre que era pura furia contenida, hizo que se sorprendiera de la incapacidad de su raza para ver aquello.
—Si hacemos tratos con usted, esperaremos el mismo nivel de fiabilidad que obtendríamos si los hiciéramos con una constructora y un estudio de arquitectura psy.
naruto miró a Sasuke uchiha, tan gélido y perfecto, y deseó saber qué era lo que tanto le perturbaba de el. Su bestia interior gruñía y se paseaba inquieta en la jaula de su mente, lista para abalanzarse sobre el psy y olfatear su sobrio traje sastre negro oscuro.

—Naturalmente —dijo fascinado por las diminutas chispas de luz blanca que centelleaban en la oscuridad de sus ojos. Pocas veces había estado cerca de un psy cardinal. Eran tan raros que no se mezclaban con las masas, pues ocupaban altos cargos en el ministerio psy en cuanto alcanzaban la madurez necesaria. Sasuke era joven, pero nada en el indicaba inexperiencia. Parecía igual de despiadado que el resto de su raza, igual de insensible y frío. Podría esconder a un asesino.
Cualquiera de ellos podría. Por ese motivo los konoha habían estado siguiendo a algunos psy de alto rango durante meses, buscando el modo de penetrar en sus defensas. El proyecto uchiha era una oportunidad inestimable. mikoto, además de ser poderosa por sí sola, era miembro del círculo más secreto: el ministerio Psy.
Una vez que naruto estuviera dentro, debía descubrir la identidad del sádico psy que había quitado la vida a un doncel y una mujer de konoha... y ejecutarlo. Sin piedad, sin clemencia.
Delante de él, Sasuke echó un vistazo a la delgada agenda electrónica que llevaba.
—Estamos dispuestos a ofrecer siete millones.
Él aceptaría un centavo si con ello conseguía acceder a los secretos corredores del mundo de los psy, pero no podía permitirse que sospecharan.
—Señores... —Imprimió en aquella única palabra toda la sensualidad que formaba parte tanto de él como de su bestia. La mayoría de los cambiantes y de los humanos habrían reaccionado a la promesa de placer implícita en su tono de voz, pero las personas que tenía delante permanecieron impertérritas—. Todos sabemos que la operación no vale menos de diez millones. No malgastemos el tiempo.
naruto podría haber jurado que una chispa centelleó en los ojos negros de Sasuke, una chispa que hablaba de un desafío aceptado. el leopardo que moraba en él gruñó suavemente en respuesta.
—Ocho. Y queremos tener derecho a autorizar cada fase del proyecto, de principio a fin.
—Diez. —Mantuvo un tono de voz sedoso y suave—. Su solicitud provocará una considerable demora. No puedo trabajar con eficacia si tengo que acercarme hasta aquí cada vez que quiera realizar un cambio insignificante.
Tal vez las visitas frecuentes pudieran permitirle recabar algo de información sobre el rastro frío del asesino, pero lo dudaba. Era poco probable que mikoto fuera dejando documentos importantes del Consejo por ahí tirados.
—Concédanos un momento. —La mujer de más edad miró fijamente al doncel.
A naruto se le erizó el vello de la nuca, algo que siempre le sucedía cuando estaba en presencia de un psy que utilizaba activamente sus poderes. La telepatía no era más que una de las muchas habilidades de esa raza, pero reconocía que dicho don resultaba sumamente útil durante las negociaciones comerciales. Pero sus habilidades también les impedían ver todo lo demás. Hacía mucho tiempo que los cambiantes habían aprendido a aprovecharse del complejo de superioridad de los psy.
Pasó casi un minuto hasta que Sasuke se dirigió de nuevo a él:
—Es importante para nosotros controlar cada fase.
—Su dinero, su tiempo. —Colocó las manos sobre la mesa y unió las yemas de los dedos, reparando en que los ojos del joven se fijaban en ellos. Qué interesante. Según su experiencia, los psy nunca mostraban señal alguna de ser conscientes del lenguaje corporal. Parecían seres completamente intelectuales, encerrados en sus mentes—. Pero si insisten en implicarse tanto, no puedo prometerles que cumplamos con el plazo previsto. De hecho, les garantizo que no lo haremos.
—Tenemos una contraoferta.
Aquellos ojos negros se enfrentaron a los suyos y naruto enarcó una ceja.
—Lo escucho.
Y también el leopardo de su interior. Tanto hombre como bestia encontraban a Sasuke cautivador de un modo que ninguno de los dos seres acertaba a comprender. Una parte de él deseaba acariciarlo... y la otra, morderlo.
—Nos gustaría trabajar codo con codo con los konoha. Para facilitar las cosas, solicito que me proporcione un despacho en su edificio.
naruto se puso en tensión al instante. Acababan de concederle acceso casi total a un psy cardinal.
—¿Quiere pegarse a mí como una lapa, encanto? Me parece bien. —Sus sentidos captaron un cambio en el ambiente, aunque fue tan sutil que desapareció antes de que pudiera identificarlo—. ¿Tiene poder para autorizar los cambios?
—Sí. Incluso si tuviera que consultar con mi madre, no tendría que abandonar el lugar.

Aquello era un recordatorio de que era un psy, un miembro de una raza que había sacrificado su humanidad mucho tiempo atrás.
—¿A qué distancia puede comunicarse un cardinal?
—La suficiente. —Presionó en su diminuta pantalla—. ¿Quedamos en ocho?
naruto esbozó una amplia sonrisa ante el intento de Sasuke de pillarle desprevenido, divertido con aquella astucia casi felina.
—Diez, o me marcho y se busca algo de calidad inferior.
—No es usted el único experto que hay en lo que a los gustos y las manías de los cambiantes se refiere. —Se inclinó ligeramente hacia delante.
—No. —Intrigado por aquel psy que parecía utilizar su cuerpo tanto como su mente, imitó deliberadamente aquel movimiento—. Pero yo soy el mejor.
—Nueve.
No podía permitirse dejar que los psy le creyeran débil; ellos solo respetaban la fortaleza más fría, la más cruel.
—Nueve y la promesa de otro millón si las viviendas se han vendido antes de la inauguración. El vello de la nuca volvió a erizársele cuando se hizo de nuevo el silencio. Dentro de su mente la bestia rasgaba el aire con sus garras como si tratara de atrapar las chispas de energía. La mayoría de los cambiantes no podían sentir las tormentas eléctricas generadas por los psy, pero era un don que tenía su utilidad.
—De acuerdo —declaró Sasuke—. Asumo que dispone de contratos en papel.
—Por supuesto. —Abrió una carpeta y sacó varias copias del mismo documento que, sin duda, ellos tenían en la pantalla de sus agendas electrónicas. Sasuke las tomó y le pasó una a su madre.
—Un contrato electrónico sería mucho más práctico.
Había escuchado aquello cientos de veces de boca de distintos psy. Una de las razones por las que los cambiantes no se habían dejado llevar del todo por la era tecnológica era mera tozudez; la otra era la seguridad: su raza llevaba décadas entrando de forma clandestina en las bases de datos de los psy.
—Prefiero algo que pueda palpar, tocar y oler; algo que agrade a mis sentidos.
Aquella era una insinuación que sin duda el había entendido, pero lo que naruto buscaba era su reacción. Nada. Sasuke uchiha era un psy igual de frío que todos los que había conocido; tendría que descongelarlo lo suficiente para obtener información acerca de si los psy estaban escondiendo a un asesino en serie.
Se sentía extrañamente atraído por la idea de relacionarse con aquel psy en particular aunque, hasta el momento, los había considerado máquinas sin sentimientos. Entonces el alzó la vista para enfrentarse a su mirada y la bestia que habitaba en su interior abrió las fauces en un rugido mudo. La cacería había comenzado y sasuke uchiha era la presa.
Dos horas más tarde, Sasuke cerró la puerta de su apartamento y realizó un registro del lugar. Nada. Ubicado en el mismo edificio que su despacho, el apartamento contaba con una seguridad excelente, pero el había utilizado sus dotes para blindar las habitaciones con un nivel de protección mayor. Precisó de una ingente cantidad de su escasa fuerza psíquica, pero necesitaba sentirse seguro en alguna parte.

Una vez comprobó de forma satisfactoria que nadie había entrado en su apartamento, revisó sistemáticamente cada uno de sus escudos internos contra la redpsy. Todos funcionaban. Nadie podía penetrar en su mente sin que el lo supiera. Solo entonces se permitió el lujo de derrumbarse y hacerse un ovillo sobre la alfombra azul ártico, un color frío que le hizo temblar.
—Ordenador, eleva la temperatura cinco grados.
«Ejecutando orden.»
La voz carecía de inflexión, pero era algo esperado, ya que se trataba de una respuesta mecánica del potente ordenador que gobernaba el edificio. Las casas que iba a construir con naruto uzumaki no dispondrían de tal sistema computerizado.
«naruto...»
El aliento surgió entrecortado cuando dejó que su mente se inundara de todas las emociones que había tenido que sepultar durante la reunión.
Miedo.
Diversión.
Hambre.
Lujuria.
Deseo.
«Necesidad.»
Tras abrir el pasador que sujetaba el extremo de rodete, se ahuecó el cabello con los dedos antes de despojarse de la chaqueta y arrojarla a un lado. Sentía doloridos los pesones, apretados contra la camisa azul. No había nada que deseara más que desnudarse y frotarse contra algo caliente, duro y masculino. De su garganta escapó un gemido mientras cerraba los ojos y se mecía tratando de controlar las imágenes que bombardeaban su cabeza. Aquello no debería estar sucediendo. Por graves que hubieran sido los episodios de falta de control que había sufrido con anterioridad, jamás habían sido así de críticos, así de sexuales. En cuanto admitió aquello, la avalancha pareció disminuir y logró reunir las fuerzas necesarias para escapar de aquella poderosa ansia.
A continuación, se levantó del suelo, se encaminó a la cocina americana y se sirvió un vaso de agua. Mientras bebía vio su reflejo en el espejo ornamental que colgaba junto a la nevera empotrada. Había sido un regalo de un asesor de raza cambiante en otro proyecto y lo conservaba a pesar de la mirada inquisitiva que le había dirigido su madre. Había puesto como excusa que intentaba comprender a esa otra raza. En realidad, simplemente le gustaba el vistoso colorido del marco.
No obstante, en ese preciso momento, deseaba no haberse aferrado al espejo, pues reflejaba con demasiada nitidez aquello que no deseaba ver. Su rebelde melena oscura hablaba de pasión y deseo animal, cosas que ningún psy debería conocer. Tenía el rostro enrojecido como si tuviera fiebre, las mejillas encendidas y los ojos... Que Dios se apiadase de el, sus ojos eran negros como la noche.
Dejó el vaso y se retiró el cabello para examinarse mejor. No, no se había equivocado. No había luz en la oscuridad de sus pupilas. Supuestamente aquello solo sucedía cuando un psy estaba utilizando una gran cantidad de poder psíquico.
A ella no le había ocurrido jamás.
Tal vez sus ojos lo marcasen como cardinal, pero los poderes de los que disponía eran humillantemente débiles. Tanto que aún no lo habían invitado a formar parte de las filas de aquellos que trabajaban directamente para el ministerio.
Su carencia de poder psíquico real había desconcertado a los instructores que lo habían adiestrado. Todos le decían siempre que dentro de su mente había un gran potencial en estado puro, más que suficiente para un cardinal, pero nunca se había manifestado.
Hasta ese momento.
Sacudió la cabeza. No, no había gastado energías psíquicas, de modo que la causa de aquella oscuridad tenía que ser otra, algo que los demás psy desconocían porque ellos no sentían. Su mirada se desvió hacia el panel de comunicación instalado en la pared junto a la cocina. Una cosa estaba clara, no podía ir a ningún lado en esas condiciones. Cualquiera que la viera l  enviaría a rehabilitación sin pestañear.

El miedo se apoderó de el.
Siempre y cuando estuviera libre, podría descubrir un día un modo de escapar, un modo de cortar su vínculo con la redpsy sin que su cuerpo quedara paralizado y pereciera. O incluso podría descubrir un modo de arreglar el defecto que lo marcaba. Pero en cuanto lo ingresaran en el Centro, su mundo se convertiría en una oscuridad infinita y silenciosa.
Con sumo cuidado, retiró la tapa del panel de comunicación y toqueteó los circuitos. Solo después de haber colocado la pieza nuevamente en su lugar introdujo el código de mikoto. Su madre vivía en el ático, varios pisos más arriba. La respuesta llegó al cabo de unos segundos.
—Sasuke, tu pantalla está desconectada.
—No me había dado cuenta —mintió—. Espera... Hizo una pausa para darle mayor efecto e inspiró pausadamente- . Creo que es un fallo de funcionamiento. Me ocuparé de que lo examine un técnico.
—¿Por qué has llamado?
—Me temo que tengo que cancelar nuestra cena. naruto uzumaki me ha enviado algunos documentos que me gustaría empezar a revisar antes de la reunión con él mañana.
—Muy rápido para tratarse de un cambiante. Te veré mañana por la tarde para una reunión informativa. Buenas noches.
—Buenas noches, madre. —Pero su madre ya había colgado.
Aquello dolía, a pesar de que mikoto no hubiera sido más madre para el que la computadora que controlaba su apartamento. Pero esa noche aquel pesar estaba enterrado bajo emociones mucho más peligrosas. Apenas había comenzado a relajarse cuando el panel avisó de que tenía una llamada entrante. Dado que el identificador había quedado deshabilitado junto con la pantalla, no tenía forma de saber quién era.
—Sasuke uchiha al habla —dijo tratando de no dejarse llevar por el pánico en caso de que mikoto hubiera cambiado de parecer.
—Hola, Sasuke.
Las rodillas estuvieron a punto de ceder al escuchar aquella voz suave como la miel, más parecida a un ronroneo que a un gruñido.
—Señor uzumaki.
—naruto. Al fin y al cabo, somos colegas.
—¿A qué debo tu llamada? —El frío pragmatismo era el único modo que tenía de bregar con el tumulto de emociones que lo embargaban.
—No puedo verte, Sasuke.
—Es un fallo de la pantalla.
—No es muy eficiente.
¿Era un deje de humor lo que percibía en la voz de aquel hombre?
—Imagino que no has llamado para charlar.
—Quería invitarte a un desayuno de negocios mañana con el equipo del
proyecto. —El tono empleado por naruto era pura seda.
Sasuke desconocía si la voz del cambiante siempre transmitía la sensación de que estaba invitando a pecar o si lo estaba haciendo adrede para ponerlo nervioso. Y esa idea sí que lo inquietaba. Si él llegaba a sospechar siquiera que había algo raro en el,bien podría firmar su sentencia de muerte. Ser internado en el Centro era, ni más ni menos, la muerte en vida.
—¿A qué hora?
Se rodeó el abdomen fuertemente con los brazos y se esforzó para que su voz sonara firme. Los psy se cuidaban mucho de no mostrar al mundo sus errores, ni a sus miembros imperfectos. Nunca nadie había logrado hacer cambiar de idea al Consejo después de haber sido incluido en la lista para rehabilitación.
—A las siete y media. ¿Te parece bien?
¿Cómo podía hacer que la invitación más formal pareciera toda una tentación?
—¿Lugar?
—En mi despacho. ¿Sabes dónde está?
—Por supuesto. —Los konoha habían establecido su sede central cerca del caótico ajetreo de Chinatown, ocupando un edificio de oficinas de tamaño medio—. Allí estaré.
—Y yo estaré esperando.
A sus agudizados sentidos aquello les pareció más una amenaza que una promesa.

Notas finales:

jujujju que pasara en esa reunion jajjaja. Por suerte tengo creados ya 4 capis inclutendo este pero es por seguridad por si en algun momento no puedo escribirlos. Igual habiso que mi intencion es publicar aunquesea una vez por semana si puedo mas lo hare pero por ahora me tomo mi tiempo ya seguir adelantando caps. Espero les gustara y porfis dejen comentarios prometo conectarme mas seguido para leerlos. Besos que tengan un buen diaaaa!!!

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