Amor Yaoi
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Caer

Autor: Xora

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Notas del fanfic:

Un gran número de remix, canciones referentes (como los soundtrack's "Danse bizarre 4" o "Get low") y Danzas del Vientre ayudaron a forjar esta historia. Por Allah, ¡Amo el folclor de Arabia!

También inspirada en la canción "Seduce and Destroy" de Otep.

Notas del capitulo:

Estoy a punto de terminar el manga así que no me resistí en derramar mi emoción sobre Amor Yaoi.

Debo admitir que me gusta la nueva apariencia de Aladdin pero soy débil, me gusta más chiquito con esa carita inocente (aúnque no lo sea) y esos ojos grandes esperanzadores porque es más adorable que sea pequeño cuando es destrozado (?) 

No me presten atención, por favor.

Respiraba con dificultad, el oxigeno lentamente se consumía y su corazón palpitaba con tal fuerza que sentía a su cuerpo vibrar, victima de sensaciones mórfiteras arraigadas al dolor. Su alma entera ardía junto a aquellos brazos que lo sostenían con depravada firmeza cuya lujuria se proyectaba a tráves de los pecaminosos irises escarlata que le miraban altivos, orgullosos, burlones. Ambas pieles se friccionaban entre si enviando desconocidos escalofríos por toda su espina dorsal, atravezando su carne como un puñal, llamandose con vehemente locura e insanidad. Judal lo apresaba con su cuerpo contra la cama, impidiendole cualquier movimiento innecesario que le brindase una nimia esperanza hacia su ansiada libertad. Y se estremeció, asustado con la visión de aquella sonrisa malévola y el tacto húmedo de aquella sangre tibia que manchaba sus muñecas atrapadas en una sola palma de quien nunca esperó semejante atrosidad, tan horrido acto y pecado que nunca imaginó ser efectuado por aquel que ahora parecía una persona distinta a la que conoció alguna vez. En esos momentos, Aladdin no podía percibir más que lo que yacía frente a él porque estaba capturado e indefenso cual presa herida ante su depredador natural, verdugo de sus más entrañables pesadillas; entonces Judal era todo a lo que más le temía.
 
—Detente— imploró sin percatarse de las lagrimas que comenzaban a derramarse sin algún pudor sobre sus mejillas, suplicando compasión. —Por favor, detente, hermano Judal...
 
—¿Qué pasa, Aladdin? Tienes una increíble expresión en el rostro— dijo en acento aterciopelado, deslizando su mano libre sobre el estomago desnudo del pequeño principe, dibujando una linea viscosa sobre la inmaculada piel en el trayecto, alabando con gula retenida su fragilidad. —Esa mirada tuya me enciende— ronroneó inclinandose con claras intenciones de alcanzar ese dulce cuerpo con sus labios y besar cada tramo libre de vestiduras sin importarle que su aliento generase calor contra su rostro, Aladdin se removió incomodo con la escasa distancia existente. —Adoro tu aroma.
 
—¡Para! ¿Por qué estás haciendo esto?
 
—¿"Por qué"?— repitió Judal ascendiendo a la altura inicial, mostrandose confundido con aquella interrogante. —Eso es obvio— agregó reemplazando su expresión por una dura y despiadada. —Todo este tiempo he querido follarte. Siempre, desde que tengo uso de razón, he querido ponerte las manos encima. Si tan sólo hubieses nacido como mujer yo pude haberte poseído en el momento que cumpliste los tres años de edad. No... aunque tu sexo fuera distinto no habría podido tomarte. Las leyes de Alma Toran son muy injustas, ¿no crees? En otros paises no es delito que dos hombres se comprometan pero, al tratarse de un adulto y un mocoso, el asunto es distinto. En ningún momento, ni por un instante, te he visto como mi hermano. Siempre quise estar contigo así...
 
—Judal...
 
—Es extraño. Aunque he tenido la fortuna de probar toda clase de aberraciones, el único que ha permanecido en mi mente haz sido tú. Ni siquiera Hakuryuu, el hijo de esa mujer, ha contaminado mi cabeza de la misma manera y se supone que somos el uno para el otro.
 
Con furia pura lastimó el estomago del pequeño, rasguñando en un arrebato inconsciente que se deslizó a un nivel más bajo sin existir reducción en su fuerza. Las delgadas uñas clavadas dibujaron lineas calientes que no tardaron en aquejar al menor, su cuerpo reaccionando a los naturales mecanismos que advertían peligro con ayuda del dolor y se removió tras liberar un agudo gemido, delator de su sufrimiento.
 
—¡No! ¡Ya basta, Judal!
 
—Aladdin, mírame— demandó fingiendo cordialidad y ternura, el cual contrastó enseguida con la violencia con la cual tomó al niño del mentón, obligandole enfocar la vista en su dirección. —Quiero guardar para la eternidad la imagen de tus lagrimas en mi memoria, si no he de tenerte, quiero presenciar cada gota que ha sido derramada por mi. Puedes hacer algo como eso al menos, ¿no es así?
 
Aladdin sollozó con angustia mientras presenciaba la manera en que el joven sobre él se agachaba de vuelta a las marcas rojas que había dejado, depositando humedos besos que cumplieron su objetivo de disminuír el ardor que emanaba de ellas, Judal se encargó de limpiar los rastros de sangre ensuciando las diferentes zonas con su lengua y Aladdin jadeó aún con el llanto apresado dentro de su garganta, complicando la entrada del oxigeno circulando hacia sus pulmones. El pequeño principe no recordaba haber sentido ese insoportable malestar cerniendose a sus sentidos con anterioridad, esa incontrolable tristeza que le hacía desear que aquello nunca hubiese ocurrido; si tan sólo no hubiera luchado por este deseo egoista nada de aquello habría sucedido, la anormalidad de su reino -el desacuerdo social, la guerra y la muerte- jamas hubiese tomado lugar en el hogar de sus padres. ¿Por qué todo esto debió tener este final? Aladdin no lo entendía e intentaba comprender lo que los llevó a la destrucción total, su familia estaba rota por culpa de aquella secta, Al-Thamen* era la causante principal de su propia tragedia, mas no podía culpar a su hermano por elegir este espinado sendero que correspondía a la falacia del caos; no podía odiarlo. Había escuchado a las susurrantes lenguas del reino llamarle Degenerado* pero creyó que este término sólo era utilizado con aquellos criminales que se encargaban del orden establecido por el bajo mundo del país. Sin embargo, se había equivocado de nuevo. Un Degenerado no se puede controlar, no existen cadenas que lo limiten ni apetitos que los condenen a seguir un mismo patrón de conducta. El comportamiento de un Degenerado puede alterarse y evolucionar, avanzar en una dirección conveniente de acuerdo a sus cambiantes intereses. Judal era un Degenerado, él había nacido siendo un alma oscura amada por el Ruhk negro de Ill Illah, el Dios de Al-Thamen. Judal, como muchos otros elegidos, no podía escapar de su naturaleza. Ellos no necesitaban caer en la depravación, ellos estaban dentro de la depravación pero los Caidos eran distintos. Ojala Aladdin hubiera podido diferenciarlos antes de que toda esa sangre inocente fuese arrancada de sus venas.
Notas finales:

*"Degenerado" es la expresión que usaré para clasificar a los psicópatas. Los "caídos" serían los sociopatas, más tarde entraremos en debate.

*Al-Thamen es mi secta (?) Lo que quiero decir respecto a esto es que Al-Thamen actuará como una potencia espiritual justo como en el anime/manga pero el asunto de los Magi y la magia en general serán representaciones, simbología propia de una Religión tanto como la contraparte (ya saben; cristianismo/satanismo respectivamente), pues aquí manejaré los estándares de una vida medio-moderna en un reino arábigo y el uso de armas de fuego serán constantes.

Gracias por leer.

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