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Fuego Redentor por Soy-fan-yaoi 2

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Notas del fanfic:

Les juro que me volvi fan de Andrew Grey, despues de leer su novela

Notas del capitulo:

Esto es Superbat (aunque no en el sentido de los heroes, sino mas bien Clark x Bruce).

podra un acidente casi mortal, cambiar la forma de ser de una persona.

los miedos pueden ser superados si es por amor.

se acordaran los que han leido mis fic que no soy muy buena dando explicaciones o comentarios.

pasen y descubranlo

Bruce se acercó a la habitación en la cual un bebé lloraba tan fuerte que podía oírlo desde el otro lado de la puerta, incluso más allá del rugir del fuego. Se precipitó al interior, cerrando la abertura a sus espaldas y pasando por alto los gritos. Envolviendo al bebé en una manta ignífuga, lo tomó en sus brazos preparándose para enfrentar el fuego que estaba devorando aquella casa adosada de la ciudad de Carlisle, Pennsylvania.

Hubiera preferido ciertamente, escapar por la ventana de la habitación, pero esta se hallaba en el segundo piso y esa parte de la casa no era accesible desde el exterior ya que los edificios estaban demasiado juntos. Se preguntó por qué habrían elegido como dormitorio infantil, una habitación cuya única ventana daba a una pared de ladrillos, pero no tenía tiempo para detenerse en esa reflexión. De un empujón, abrió la puerta. Las llamas que a su llegada lamían el pasillo, ahora ya casi habían alcanzado la puerta de la habitación y el calor era insoportable a pesar de la protección del uniforme contra incendios. Tenía que descender a la planta inferior y alcanzar la puerta principal, era su única oportunidad.

A juzgar por el bramar del incendio, Bruce comprendió que solo a duras penas lograría salir del edificio y no perdió más tiempo; percibía el eco de su respiración retumbándole en la cabeza. El bebé había dejado de llorar y Bruce esperaba que solo fuese porque estaba exhausto por el ajetreo, ya que no tenía tiempo de verificarlo. Cada neurona en su cabeza le gritaba que se diera prisa y saliera de esa trampa mortal, y lo hiciera lo antes posible; el sudor le resbalaba por la cara y empapaba su ropa. Finalmente, alcanzó el rellano, las paredes se quemaban hasta el pie de las escaleras y el bramido del fuego se estaba haciendo cada vez más intenso. Apenas podía oír sus pensamientos mientras bajaba, aun así intentó preparase mentalmente para saber qué hacer una vez que llegara al final.

Bajo sus pies, un escalón cedió pero Bruce fue capaz de evitar la caída y llegó a la planta baja. Movió un pie y desde algún lugar de la casa le llegó el estrépito de un derrumbe mientras el fuego continuaba aumentando en intensidad, rugiendo como el motor de un avión supersónico. 

A su alrededor no veía otra las cosa más que llamas y negro humo.

Sabía que tenía una sola oportunidad. Recordó haber visto el salón comedor al entrar y se dirigió a la carrera en esa dirección esquivando los muebles incinerados. Lo habría casi logrado si parte del suelo no hubiera cedido bajo sus pies. Alcanzó a ver el chorro del hidrante que entraba en la casa a través de la puerta principal, y pudo escuchar el silbido del agua que goteaba desde el techo, pero el fuego era demasiado intenso por lo que, en los segundos inmediatamente sucesivos, ya no serviría para nada. A sus espaldas continuaban los derrumbes, el mobiliario se quebrantaba y las vigas comenzaron a ceder; la casa entera se estremecía emitiendo un profundo gemido y el fuego había convertido todo en un horno abrasador. El edificio se caía, pedazo por pedazo, a su alrededor; Bruce sabía esto y sabía que no le quedaban más que unos pocos segundos. Dio otro paso y cuando había casi alcanzado la puerta, el suelo se hundió bajo sus pies. Dio un salto hacia el frente. Casi lo logra, pero se dio cuenta de que se resbalaba hacia adelante. Se giró de espaldas para no aplastar al niño debajo de sí y no tener que lanzarlo a través de la puerta de ingreso abierta. Pero desapareció de sus brazos y la última cosa de la que fue consciente era que estaba cayendo en un abismo de fuego.

Bruce creyó estar muerto. Había pasado días y días deambulando entre niebla y humo en busca de Dios pero solo había encontrado más de esas espirales grises y negras. Tal vez era el infierno. No era una gran sorpresa para él: se figuró que era lo que se merecía, siempre y cuando su padre tuviera la razón. Por fin, todo quedó a oscuras y Bruce comprendió que era el final. Abrió los ojos con la sensación de tener guijarros debajo de los párpados y vio un techo de azulejos. Le tomó algunos segundos darse cuenta de que estaba en una cama. Entonces el dolor lo golpeó. Sentía quemarse los pulmones en el pecho como si el fuego siguiera vivo dentro de él, le dolía el brazo y las piernas le palpitaban. Trató de mover un pie y a pesar del dolor se dio cuenta de que, afortunadamente, al menos podía hacerlo, así que trató con el otro. Hizo lo mismo con un dedo de la mano y dejó escapar un suspiro de alivio ante la noción de estar todavía en una pieza.

Pero recién cuando intentó respirar profundamente fue que el verdadero dolor lo golpeó; Bruce cerró los ojos, tratando de no llorar mientras sus pulmones protestaban.

―Se despertó ―dijo una voz alegre.

BruceJoder... sí... agua. ―Necesitaba algo que extinguiese el fuego que tenía en su pecho, cada vez que respiraba era como morir. Sintió que la enfermera se movía por la habitación pero cuando algo frío le rozó los labios, la sorpresa lo sobresaltó y el aire que entró en sus pulmones súbitamente lo golpeó como un rayo. Casi muerde a la enfermera; la mujer escapó corriendo de la habitación, gritando. El hielo se soltó y percibir el frío en la boca y la garganta fue una bella sensación. Bruce se relajó y cerró los ojos nuevamente.

Debió de haberse dormido, o al menos eso creyó, era difícil de decir porque cuando reabrió los ojos aún estaba solo en la habitación y no parecía que nada hubiese cambiado, a excepción de un nuevo recipiente con hielo junto a su cama. Moverse aún le causaba dolor, pero junto a su mano encontró el botón de llamadas y lo oprimió. Apareció la misma enfermera de antes quien lo fulminó con la mirada.

BruceAgua ―dijo sin aliento.

EnfermeraSolo no me muerda otra vez ―respondió la mujer y le metió en la boca las virutas de hielo. Bruce se sintió un poco mejor, pero su brazo y sus pulmones todavía lo estaban matando de dolor.

Enfermera: El médico debería estar aquí dentro de un momento ―dijo mientras le tomaba la temperatura y la presión para luego ingresar los datos en una computadora.

BruceMe duele el pecho ―dijo lentamente.

Enfermera: Se ha quemado una parte de los pulmones ―explicó la mujer mientras daba golpecitos al teclado. Bruce ya había descubierto eso por sí mismo. La enfermera continuaba hablando mientras trabajaba en la computadora y Bruce trató de ignorarla, el dolor era todo lo que podía escuchar. Cuando la mujer se fue de allí, él cerró los ojos.

Después de un día, Bruce comenzó a sentirse mejor. A pesar de que siguieron suministrándole oxígeno, respiraba con más facilidad. Cuando se despertó, se encontró con una nota de Lucius Fox - su padre sustituto - (después de que sus verdaderos padres murieran en un incendio) y otra del capitán de la estación pero, aparte de eso, no había más señales de que hubiera recibido más visitas. Pensó que todos estarían esperando a que su situación fuese menos crítica.

Estaba equivocado. La única persona que vio, además de los médicos y las enfermeras, era de Lucius y sus visitas nunca eran placenteras.

LuciusPor lo tanto, ¿te decidiste a dejar este trabajo y encontrarte uno de verdad? Tienes un título, puedo conseguir que entres en mi equipo de intermediarios―dijo con su típico tono de "yo sé lo que es mejor para ti"―. Puedo hacer que tengas las prácticas listas para cuando salgas de aquí.

BruceNo... ―comenzó, pero empezó a toser más y más fuerte, hasta que una enfermera le dio algo para calmar los espasmos y pudo relajarse de nuevo. El brazo herido le punzaba y el dolor en el pecho era insoportable. ― ¿Podemos hablar con calma? ―preguntó y Lucius lo miró como si le hubiera pedido la luna.

LuciusTengo que estar en la oficina en una media hora ―respondió el hombre y Bruce asintió.

Después de que Lucius se fue, no recibió más visitas. Ya habían pasado tres jornadas desde que se había despertado y casi una semana después del incidente.

A medida que pasaban los días, Bruce se ponía cada vez más irascible con cualquiera que entrase a la habitación. Una vez había escuchado a las enfermeras quejándose de él en el pasillo, pero no le importaba.

Pasó la mayor parte de su tiempo mirando la televisión, ya que no podía salir de la cama excepto para ir al baño, y además, porque sólo el respirar le dolía como el demonio. No la estaba pasando nada bien. Después de mandar al diablo a la enésima enfermera, Bruce se encontró con Amanda Waller, la enfermera sádica infernal, y esto ciertamente no contribuyó a mejorar su humor o a hacer que se sintiese menos miserable. La mujer parecía tener como misión punzarlo con agujas; sus baños de esponja habrían hecho confesara cualquier prisionero en dos minutos. "Debería trabajar para la CIA", le dijo Bruce mientras ella lo desollaba con fuerza, pero la mujer se limitó a gruñir y no le prestó atención.

Cuando ese suplicio terminó, Bruce se tumbó a ver la televisión invadido por la autocompasión. Sus pulmones todavía dolían, pero solo cuando tomaba respiraciones profundas. El médico le había dicho que las esperanzas de una recuperación total eran altas y el dolor era una señal de que los pulmones estaban sanando.

DoctorHay que darles tiempo ―le había dicho antes de dejarlo solo.

Por el rabillo del ojo Bruce notó movimiento fuera de la puerta de la habitación y se preparó mentalmente para otra visita de Amanda Waller. En su lugar, sin embargo, Bruce vio la sombra de algo muy parecido a un muro de ladrillos llevando un casco de bombero de plástico con flores dentro en la mano.

―¿Eres Bruce Wayne? ―preguntó el hombre entrando en la habitación. Se lo veía nervioso mientras apoyaba la maceta sobre una pequeña mesa.

Bruce: Soy yo ―contestó ―. ¿Quién diablos eres tú? ―El chico era enorme, pero tenía cara de niño y parecía muy joven.

―Clark Kent. Soy el novato del tercer turno; los chicos me han pedido que te trajera algunas flores ―explicó el joven con tono cordial mientras cambiaba su peso de un pie al otro pensando en qué más decir―. Los demás estaban muy ocupados.

BruceLo imagino. ― cambio de posición mirando al joven gigante... ―¿O sea que te tocó la pajilla más corta?―Bruce no se dejó conmover ni un poco por una planta en una maceta de dos centavos que sus compañeros, sin duda, habían obligado a que el muchacho comprara, ni de su compasión―. Eres el primero que se deja ver de todo el escuadrón. Ahora que hiciste lo que tenías que hacer, tú también te puedes ir. ―Bruce le dio la espalda y esperó oír al joven saliendo de la habitación.

ClarkDe verdad que eres un gran imbécil. ―La voz del chico se había hecho más profunda y cuando Bruce se volvió a mirar, vio ira en sus ojos ―Cuando me dijeron el tipo de bastardo que eras, yo no les creí, pero diablos que me equivoqué. He estado aquí dos minutos y ya te las arreglaste para quedar como un perfecto hijo de puta. Debes haber batido algún récord. Ahora se explica por qué ninguno de los chicos quería venir aquí. ―Clark se acercó a la cabecera de la cama por lo que Bruce pudo verlo mejor. La camiseta apenas le contenía sus músculos y cuando el chico movía los brazos parecía que se estuviese por romper en cualquier momento.

BruceQue se jodan todos ellos ―dijo. Hubiera querido levantar la voz, pero cuando tomó una respiración profunda, el dolor que le atravesó el pecho le recordó en qué estado estaban sus pulmones. Si esos cabrones no querían verlo, entonces tampoco él quería verlos. El muchacho no dijo nada, se limitó a mirarlo como si fuera una criatura alienígena y cuando su mirada se volvió de pronto más penetrante, Bruce se puso incómodo, y comprobó que estuviese bien cubierto con la sábana.

Bruce: ¿Pero qué te pasa? ¿Eres un maricón o algo así? —El brazo herido le estaba latiendo y los pulmones le dolían por estar hablando, además no estaba de humor para tonterías. Esperaba que el chico asumiese algo parecido a una actitud compasiva, pero no fue así.

Por lo general, después de una pregunta como esa, la gente tiende a retroceder, sin embargo, el muchacho dio un paso adelante hacia la cama con una expresión indescifrable en el rostro.

ClarkAl parecer me has confundido con un felpudo. Vine aquí porque ninguno de los otros tenía intenciones de venir a ver a un perdedor como tú, y así me lo agradeces. ¿Cómo te atreves a insultar a la gente? —dio otro paso hacia adelante sin dejar de mirar fijamente a los ojos de Bruce, poniéndolo sumamente incómodo, especialmente teniendo en cuenta la talla imponente del muchacho. — ¿No conoces el dicho, "no se debe despertar a una fiera que duerme"? —La voz de Clark era muy similar al gruñido de un perro—. Porque lo acabas de hacer. —Clark se acercó tanto a la cama que su figura se cernía amenazante sobre Bruce—. ¿Por qué estás actuando como un cretino? ¿Sabes que creo? —Se inclinó sobre la cama de Bruce, un poco demasiado cerca para su gusto—. Creo que tú eres gay y lo mantienes bien escondido. He conocido a un montón de tipos como tú por ahí. Eres infeliz y la agarras con los demás a tu alrededor. Pero vi cómo me mirabas, como si yo fuera tu cena y estuvieses a punto de devorarme. Y no creas ni siquiera por un momento que eso es posible. Seré de los que reciben por el culo, pero no lo hago con cretinos como tú que no tienen el coraje de aceptar lo que son.

Bruce: Pero qué carajo... —alcanzó a decir mientras trataba de alejar a Clark con su mano buena.

ClarkEres como un libro abierto para mí, es inútil fingir, reconozco a los que son como tú a una distancia de un kilómetro y me di cuenta que eras gay después de dos segundos. He visto cómo se han iluminado tus ojos tan pronto como entré, estabas babeando por la boca. 

Bruce: ¿Estás demasiado seguro de ti mismo, eh? —trató de alejarlo empujándolo, pero se encontró en el camino con una abundancia de músculos pectorales—. Así que, vete a la mierda, tú no sabes un carajo de nada. —Bruce se sentía importunado, pues las palabras de Clark habían dado justo en el blanco.

ClarkCon que no, ¿eh? Solo pensando en mí casi te has puesto duro. Sabes que estás sábanas son realmente tan finas que no logran esconder nada. Así que puedes dejar de decir tonterías y de actuar como un idiota. Ya hice lo que se me pidió, te traje las malditas flores. Tú estarás aquí todavía por un tiempo y cuando salgas, tendrás que permanecer en casa aún un poco más, por lo que te sugiero que hagas un buen uso de todo ese lapso y reflexiones sobre por qué estás aquí tan solo y por qué nadie se ha molestado en venir a verte. — se apartó de la cama y miró hacia la puerta. Cuando se volvió de nuevo hacia él, Bruce notó en la expresión de los ojos del chico algo que no logró descifrar—. Nos vemos, miedoso.

Bruce: ¡No es cierto! —gritó y se lamentó inmediatamente después cuando sus pulmones protestaron enérgicamente.

Clark se volvió hacia él y Bruce pensó que se iría de allí; sin embargo, el joven esperó a que el otro dejara de toser para acercarse nuevamente a la cama. Bruce se preparó para otra prédica pero el chico solo se inclinó sobre él y le dio un beso en los labios. No era delicado como cuando se besa a una mujer: era impetuoso y áspero. Clark tomó posesión de su boca como si se hubieran besado una y mil veces en el pasado. Al diablo los pulmones, el dolor en el brazo y todo lo demás, Bruce se dio cuenta de que se había puesto duro al instante; todo su cuerpo reaccionaba al toque de Clark. El joven movía la lengua contra la suya en una batalla por el dominio que Bruce perdió sin apelación, por lo que Clark pudo tomar todo lo que quiso sin pedirlo. Para Bruce fue una sensación asombrosa, su cuerpo sabía lo que quería por lo que hizo caso omiso de los mensajes que enviaba su cerebro.

De repente y sin previo aviso, Clark se separó de él y se alejó de la cama.

ClarkEmbustero —fue lo que dijo mientras se dirigía hacia la puerta sin mirar atrás. 

Notas finales:

orgullo vs. determinacion round 1.

gana Clark

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