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La esmeralda y la plata (Albus Potter & Scorpius Malfoy)

Autor: ScorpiusMalfoy018

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Aunque en menor medida, el mundo mágico aún estaba muy ocupado con los prejuicios contra los muggles, hijos de muggles y squibs como para tener tiempo para aspectos tan desagradables como el racismo y la homofobia; a pesar de que nunca faltaban discriminadores de esa clase, este tipo de prejuicios habían sido superados a comienzos del pasado siglo. Por esa razón, nadie se tomó la orden que James le dio a su hermano como algo malo, raro o asqueroso: los chicos se rieron, silbaron o aplaudieron su idea, y la mayoría de las chicas expresaron la envidia que sentían por no ser Albus en ese momento. En lo que todos coincidieron fue en mirar a Malfoy, cuya pálida piel se ruborizó milímetro por milímetro. Sin siquiera atreverse a verlo, Albus enfocó la mirada en su hermano, indignado, pero de pronto sonrió y dijo confiado:

 

-No voy a hacer eso. Beberé.

 

-No, hermanito. Si lees el casillero en mi ficha, esta orden en particular, así como algunas otras, no da la opción de negarse a cumplir y beber. Ahora, haz lo que te dije.

 

Sin ver salida alguna, y sabiendo perfectamente que el tablero tenía un poderoso maleficio vinculante cuyo efecto se activaba para quienes abandonaran el juego, Albus se decidió a mirar a Malfoy. Éste veía a James sin parpadear, que le devolvía la mirada, sonriente, como desafiándolo a que le dijera algo. Sin embargo, el rubio no dijo nada y se fijó al fin en Albus.

 

-Ven, Potter. Hagamos esto rápido. -le dijo con educada indiferencia.

 

-¿Rápido? -repitió James, soltando una risita malvada. -Yo decido cuánto dura el castigo.

 

-¿Cuánto tiempo tiene que...? -empezó a preguntar Malfoy, esta vez con impaciencia en su voz altiva.

 

-El castigo te involucra a ti también, Malfoy. -interrumpió James, sin abandonar su socarrona sonrisa. -Ambos tienen que besarse.

 

-¿Por cuánto tiempo? -estalló Albus, harto.

 

-Un minuto completo de besos. No menos. Si quieren seguir por más tiempo, no me atrevería a impedírselo a ninguno de los dos.

 

El inmenso control que James hacía para no reírse era tan evidente en su rostro que Albus sintió deseos de golpearlo hasta el cansancio, actitud muy inusual en él, que era pacífico y sereno por más pasado de copas que estuviese. Pero no lo hizo, por supuesto. Se levantó, rodeó la mesa hasta llegar a Malfoy, y Victoire, que estaba al lado de éste, le dejó su silla. Se sentó en ella. Jamás había estado tan cerca del rubio. Su mirada era diáfana y penetrante, y sus brillantes ojos lo veían con una curiosidad infantil que le resultó adorable.

 

-Quiero besos apasionados, como de película. -indicó James, triunfante. -Tú no debes saber lo que es una película, Malfoy, pero...

 

-Curso Estudios Muggles, Potter, y tengo Extraordinario en esa y en todas las asignaturas desde que puse un pie en Hogwarts, ¿tú has tenido alguna vez un Supera las Expectativas? -le preguntó Malfoy, burlón. -Porque lo único que sé que haces bien es meter la Quaffle en el aro. Sinceramente, dudo que con esa mentalidad tuya puedas meter otra cosa en otro lugar.

 

Todos soltaron risas nerviosas y miraron a James, pero Albus estaba demasiado concentrado en ver a Malfoy hablando. Sus maneras eran altivas y elegantes al mismo tiempo; parecía un miembro de la aristocracia. Los rasgos de su rostro eran delicados, incluso al escupir todo aquello que no alcanzaba a oír. Y los hoyuelos que se le formaban en las mejillas al sonreír... Albus no los había notado antes: eran pequeños pero profundos, y hacían su sonrisa mucho más preciosa. De pronto, despertó de su trance y casi pateó el suelo, enojado consigo mismo, ¡¿qué mierda le estaba pasando?!

 

-No te pases de listo. -le advirtió James, intensamente sonrojado y haciendo el ademán de levantarse de su silla.

 

-James, tú empezaste, así que guarda silencio y quédate sentado. -le ordenó Ted, alerta.

 

-Está bien. -respondió el mayor de los Potter a regañadientes. -Ahora, hagan lo que les dije.

 

Albus carraspeó de forma casi inaudible y, mientras ambos acomodaban sus sillas para estar enfrentados, le dijo a Malfoy con toda la indiferencia que fue capaz de reunir:

 

-Siento todo esto. James puede ser muy idiota a veces.

 

-¿Para qué lo sientes? -fue la fría respuesta del rubio. -La estupidez de tu hermano va más allá de nosotros.

 

-¿A él no le dices nada? -le reprochó James a Ted, indignado.

 

Malfoy sonrió de nuevo, divertido. Entonces, Albus sintió un fuerte impulso y ladeó la cabeza, pero antes de cerrar los ojos, pudo ver que Malfoy inclinaba su cabeza hacia el lado opuesto al que lo había hecho él y cerraba sus ojos, sin abandonar aún su sonrisa producto del berrinche de James. Entonces, lo besó.

Una poderosa descarga eléctrica invadió su cuerpo, como nunca jamás le ocurrió con ninguna chica. Los labios de Malfoy eran agradablemente suaves, como de chicle. Al encerrar su labio inferior, succionó, y sintió el sabor del hidromiel, y un profundo suspiro le llegó a la boca. La sangre se le agolpaba rápidamente en la parte baja de su cuerpo, y no había nada que él pudiera hacer para impedirlo; al menos, no en los siguientes cincuenta y cinco segundos. Aquel beso recién empezaba y ya se sentía delicioso, ¿cómo disimularlo?

 

-No te detengas, Albus. -le ordenó James, con la voz temblorosa, en su esfuerzo por contener la risa.

 

Obedeció. Ni bien despegaba los labios de los de Malfoy, volvía a unirlos. En cada uno de esos brevísimos instantes, oía los suspiritos del rubio. Se sentía a punto de enloquecer, pero supo que aquello no era nada cuando, mientras contaba los segundos transcurridos, le pareció notar una delgada lengua lamiendo con suavidad su labio inferior. Como si le pidiera permiso para ingresar a su boca. Para ese entonces, su miembro viril estaba en su máximo tamaño y duro como una roca. Antes de poder comprobar si estaba en lo cierto o solo se lo estaba imaginando, James dijo a mitad de una carcajada:

 

-Muy bien, Albus, Malfoy. Pueden separarse.

 

Al instante, el rubio se alejó de Albus. Ya no sonreía, y su rostro, sin ninguna expresión, reflejaba su indiferencia por lo que acababa de vivir. El menor de los varones Potter trató de mostrarse de la misma manera, aunque no sabía a dónde mirar. Se decidió por fijar su mirada más fulminante en James, que le dio palmaditas a la silla a su derecha, invitándolo a que regresara a su lugar.

 

-¿Por qué no te metes esa mano en el centro del...?

 

-¡Eh! -lo interrumpió James, riendo. -¿Por qué tan enojado, hermanito? Nadie les dijo que se besen en la boca.

 

Un enorme silencio se produjo en la sala. Albus balbuceó varios segundos, hasta que finalmente gritó con voz ahogada:

 

-¡Hablaste de besos apasionados, de película! ¿Dónde se supone que se los iba a dar?

 

-Podías haberle dado efusivos besos en las mejillas, tal vez en el cuello... -James no pudo continuar, pues le entró un ataque de risa.

 

-¡Date por muerto! -le advirtió Albus, rojo como un tomate.

 

Con excepción de Malfoy, los demás invitados se reían también, pero no con maldad; solo estaban divertidos y pronto se olvidaron del asunto. Continuaron con el juego hasta que una de las amigas de Victoire lo concluyó al llegar al casillero final, y se dieron un descanso, pues varios estaban muy ebrios. Ted sugirió salir al jardín a tomar aire fresco, y los que aún podían mantenerse en pie sin ayuda lo siguieron. Malfoy había bebido mucho hidromiel, pero no se veía afectado por la bebida. No obstante, no se movió de su lugar, y Albus -que se había pasado con el whisky de fuego- tampoco lo hizo. Ambos observaban, en silencio, a los que se habían quedado en la mesa o en los sofás, medio dormidos.

 

-Debes estar pensando en todo lo que le harás a James cuando regresemos a Hogwarts. -le dijo Potter como para romper el hielo.

 

-No. -canturreó Malfoy, mirándolo.

 

Albus le devolvió la mirada. El rubio sonrió, divertido, y llenándole el estómago de cosquillas al pelinegro.

 

-Sé que tengo cara de bebito, pero ya no tengo tres años, ¿sabes?

 

Albus se rió, y Malfoy solo acentuó su sonrisa. Los hoyuelos se marcaban en sus pálidas mejillas, haciéndola más infantil, más hermosa.

 

-¿Peleas mucho con él?

 

-Casi nunca.

 

-¿Y qué pasó esta noche?

 

-¿Recuerdas cuando llegamos? Te vimos con las amigas de mi prima Victoire.

 

-Ah, sí.

 

-Tienen embobado a James desde los ocho años, pero nos ven como niños; nos conocen hace una década. Siempre seremos "los primitos de Vic" para ellas.

 

-¿Y le dio celos? Ya sabes... Por verlas hablándome y eso.

 

-Supongo. Planeaba provocarte, y como le advertí que no lo permitiría, me dijo que me arrepentiría.

 

Malfoy se rió, y Albus se quedó mirándolo, fascinado. Sus dientes eran blancos y regulares. Sin dudas, era la sonrisa más perfecta que había visto en toda su vida. Merlín, sí que había bebido. El alcohol le estaba haciendo más efecto del que esperaba.

 

-Tengo que preguntártelo... -Malfoy dejó de reírse, pero no de sonreír. -¿Te arrepientes, Potter?

 

-¿En serio vas a continuar llamándome por mi apellido? -retrucó Albus, sonriendo también.

 

-Los besos no me parecieron gran cosa para que ahora deba llamarte por tu nombre.

 

-Para mí sí fueron gran cosa. Jamás había besado a un chico.

 

-Yo jamás había besado a nadie, pero sigue sin ser la gran cosa.

 

Albus dejó de sonreír abruptamente, y el corazón se le aceleró. Una mezcla de ternura y pavor se apoderó de él.

 

-¿Nunca habías besado a alguien?

 

-Nunca.

 

-¿O sea que yo te di tu primer beso?

 

-Sí, Potter, ¡qué lento eres!

 

Malfoy se rió de nuevo ante la cara de estupor de Albus, quien no imaginaba al rubio tan risueño, pero mucho menos que jamás hubiera besado a nadie con lo apuesto que era.

 

-No parecía que fuera la primera vez que besabas a alguien. -opinó Albus, acalorado.

 

-Solo hacía lo que hacías tú. -le respondió Malfoy, sin dejar de mirarlo.

 

-No debiste aceptar. Debiste decirle a Teddy que...

 

-Te dije que no fue la gran cosa. La verdad es que no estaba en mis planes besar a nadie -esta noche, al menos-, pero no me arrepiento.

 

Sonrojado, Albus recordó la pregunta que Malfoy le había hecho y que aún estaba evitando responder, y decidió que ya era tiempo de hacerlo.

 

-Yo tampoco me arrepiento de lo que pasó.

 

-Eso es. -respondió Malfoy, sonriendo de nuevo. -No sirven los arrepentimientos, no existen.

 

-¿No hubieses preferido que tu primer beso fuera con una chica?

 

-No lo sé, Potter. -y, dicho esto, se puso de pie. -No sé si me gustará besar chicas porque aún no besé a ninguna... Pero ya sé que me gusta besar chicos.

 

Y después de esas palabras, salió al jardín. Albus tardó varios segundos en reaccionar, y cuando lo hizo, lo siguió. Disimuladamente, miró a su alrededor, pero no vio a Malfoy por ningún lado.

 

-Se fue. -le dijo una voz al oído.

 

Sobresaltado, Albus volteó, encontrándose con Ted, que le sonreía.

 

-¿Quién? -preguntó Potter, haciéndose el desentendido.

 

-Scorpius. -respondió, y su traviesa sonrisa se acentuó. -Dijo que el alcohol comenzaba a hacerle efecto y que eso no era digno de él.

 

-¿Y cómo...?

 

-Aparición. Oí a James advertir que se lo dirá a tu padre.

 

-Si estuviera tan borracho, tendría que haberse escindido.

 

-Claro que mintió, Al. Quería irse. ¿Sabes por qué?

 

-¿Cómo podría saberlo?

 

-Los vi hablando. Tal vez James no debería haber hecho lo que hizo... Pero no parece que te haya molestado.

 

Albus se sonrojó ligeramente, y Ted se echó a reír, divertido, y le despeinó el ya despeinado cabello.

 

-No te avergüences ni sientas culpable, porque no tiene nada de malo, lo sabes. -le recomendó Lupin, extrañamente feliz. -Quizás mi pequeño primito es todo lo que necesitas.

 

-No lo sé. -murmuró Albus, divertido por cómo se refirió Ted a su candente primo. -Nunca se me hubiera ocurrido... La posibilidad de la bisexualidad.

 

-Nunca digas nunca.

 

 

Y después de guiñarle un ojo, Ted regresó al interior de la casa, seguido por el resto de los invitados. James le sonrió con maldad cuando pasó a su lado y, haciendo caso omiso de él, Albus lo siguió, con la cabeza en una nube y rogando en secreto que los seis días que faltaban para regresar a Hogwarts transcurrieran con la misma velocidad con la que Scorpius Malfoy se había ido.

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