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Los sueños de papel azul por MarthO

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Notas del fanfic:

* Es una historia de seres sobrenaturales.
* La historia también se encuentra en la plataforma Wattpad para los que gustan de leerahí

Notas del capitulo: Nota: Los sueños de papel azul contiene material sonoro en cada capítulo. Las canciones las puedes escuchar en su lista oficial en Spotify dando clickaquí
Prefacio






Este pueblo no tiene nombre, no se rige por la gravedad. Todo deja de afectarle; la luz, el calor, la mismísima incertidumbre. Sin embargo, es implacable y violento, tan mezquino e insolente como un machucón en el dedo chiquito del pie. Por eso mis mañanas no son sencillas y la única cura para eso es fumar aunque me prometí que no volvería a hacerlo. El cigarrillo no es un amigo muy agradable a decir verdad, siempre te deja solo, te ahueca la garganta y se aposenta ahí por varias horas. Y no pasa nada, ese es el problema. Nunca pasa nada. La vida no se va, los sueños tampoco, el dolor menos. Lo único que puede quitarme las telarañas que crecen encima de mí durante las horas que me digno a dormir es Brenda Lee, esa canción llamada I'm Sorry, con la que sin saber cómo me perdono a mí mismo las cosas que hago sin tener ni puta idea. Porque lo único cierto es que cuando despierto lo olvido todo, lo que soñé, lo que sentí.

Las guerras que lidero siguen tras de mí, impertinentes y sabiondas, creyendo que a mí me importa en lo más mínimo aprender a vivir, a querer moverme en este pueblucho que se derrumba. Hace meses creí que la vida me iba a dejar en paz, que iba a dejar de presionarme con la mano invisible con la que me clava al suelo pero no, ella sigue allí, haciéndome sentir como un martini olvidado en alguna barra. Así de feo me patea el culo.

Ni hablar del instituto al que por obligación tengo que ir para aprender un montón de sucesos pasados que no tengo idea de por qué no los hemos superado aún. A nadie le importa el pasado ni el dolor que nos grabó en la piel, porque somos jóvenes y lo único que importa es aumentar la miopía y la ansiedad, embriagarnos a causa de los trabajos de mierda que tenemos y seguir sin tener esperanza alguna en medio de todo este estercolero.

Sé que me reiré cuando vea las fotografías de todos mis compañeros de salón en el anuario. Vaya fracasados. Seguro serán esos típicos retratos en blanco y negro en donde todos portan ropa decente y la luz les da en la cara como si fueran ángeles, y ahí estará el fotógrafo, obligándonos a ladear ligeramente la cabeza hacia un lado para lucir más inocentes, más huecos e imbéciles. Aceptémoslo, todo fracaso empieza cuando la única idea que se tiene es hacer lucir a la gente pura y moralmente correcta.

Por eso me retuerzo de dolor cuando sé que muchos de ellos, aquellos con esas ideas absurdas de llenar el mundo de mojigatería y recato, triunfan y tienen opinión pública válida. Deberían censurarlos con ardor, con sumo frenesí. La guerra radica allí, por eso es imposible soportar la angustia y dejar de beber. Todos ellos con sus cuerpos perfectos y sus rostros impolutos, opinando sin tener minima idea de nada pero tan seguros, al punto de que podrían arrancarse el brazo derecho. Ya quisiera yo arrancarles la boca o aventarles algún botellón vacío.

Me pregunto qué clase de humano podría soportar el vivir en un mundo como este. Y es por eso que concluyo que todos estamos muertos, viviendo como entes sin vida bajo el sol, viendo las horas pasar y simulando tener una razón para vivir. Pero la verdad es que ya no hay magia ni fuerza que nos acompañe; quizá la muerte y la indiferencia.

Mi vecino, un inmigrante chino, sabe de lo que hablo. Lo he visto en el balcón acercando un durazno a su oreja, pretendiendo oír el sonido del mar aunque él me asegura que lo que oye es real. Desgrana la fruta y con señas me cuenta qué tan profundo es día a día. Dios, ¿quién rayos puede vivir así? Otras veces se asoma al balcón y pone en el suelo, cerca al mío, un pequeño cuenco lleno de semillas de uva. Fisher, mi perro, se las come y así va mi vida. Yo fumo mientras coso marcos nuevos para mis pinturas y sueño, como todas las noches, cosas que no puedo recordar.

Yo no tenía problema alguno con alguien, vivía mi vida con la loca idea de que moriría en México y que antes conocería París. ¿Cómo fue que llegué a tenerlo? Ni idea. Otro de esos vacíos de la gravedad. Creo que cuando la gente se refiere a que la capa de ozono se muere poco a poco, en realidad quieren hallar una explicación al cambio en la gravedad, eso que nos lleva a que existan más vacíos espacio-temporales entre la galaxia y la Tierra. Y si aplico esa teoría personal a mi vecino, tendría que aceptar que hay una probabilidad muy alta de que sí oiga el sonido del mar a través de un mísero durazno.

Deseaba morir comiendo tacos y enchiladas y disfrutar de comprar cosas en rebaja por la televisión, esos productos que te ayudan a bajar de peso o aquellos detergentes que limpian de forma milagrosa los pisos. Pasar horas y horas viendo propagandas de objetos milagrosos de consumo masivo que dan después de las seis de la mañana antes del capítulo de esa novela vieja que no dejan de transmitir.

Pero ahora es imposible que pueda peinarme el pelo por las mañanas mientras veo la televisión y repito lo que dicen con voz de pésimo doblaje. Lo positivo es que Fisher no tendrá que soportarme por más tiempo. Después de lo que he soñado sé con certeza que no puedo escapar, que no existe forma de que evada lo inevitable.

Lo he visto de nuevo, en mis sueños, a ese niño pálido que me mira desde la distancia mientras yo, temoroso y encerrado en una casucha en medio del bosque, le miro sin poder quitarle los ojos de encima. Se siente familiar su presencia, y su ausencia es más dolorosa que cualquier otra cosa.

Él me observa, a mí, a una parte en lo profundo de mi cuerpo, quizá entre mi corazón y mis pulmones, algo etéreo que sin saber cómo, está ahí. Y sé, por más loco que suene, que me conoce de pies a cabeza y que podría deletrear mi nombre completo si se lo pidiese. Pero yo nunca pido nada en mis sueños. Ni siquiera imagino el momento en que decida acercarse a mí. En cada sueño al parecer, está más cerca y más cerca, y su presencia se magnifica, se hace más sólida. ¿Será que me he vuelto loco? ¿Cómo mi vecino? ¿Estoy dándole vueltas a un mísero durazno pensando que quizá la respuesta de mi existencia habita allí? No lo sé. Pero ese es mi problema, que anhelo conocerlo. Al despertar no recuerdo nada más que su rostro y durante todo el día en lo único que puedo pensar es en que desearía que estuviese a mi lado, escuchando Dean Martin o mirándome como lo hace.

Sé que estará siempre ahí sin importar cómo, y aunque este sentimiento que me carcome es egoísta y tóxico, no puedo arrancármelo del pecho. Mientras la vida pasa y tengo que soportar mi instituto día tras día, mi corazón y mi mente están lejos. Mi madre, por ejemplo, en medio de la noche y jurando que yo no la oía, lloraba viéndome dormir. Desde pequeño, me enseñó una oración y me la hacía repetir una y otra vez antes de irme a la cama porque según ella yo no podía apartarme de los sueños, no podía dejarlos ir. Ese es mi problema, que soy un soñador diurno. No le he dicho a nadie esto pero creo que estoy loco.

Veo cosas que no están ahí en realidad, y siento, todo el tiempo, que algo se avecina a mí, algo silencioso y cruel. Y aunque me río estando con mi mejor amigo y hay veces que olvido lo nefasta que es la vida, ese iceberg me mira desde la distancia, aguardando el inminente momento en que chocaré con él y no habrá marcha atrás. Creo que solo Nietzsche podría entenderlo. Ese abismo, que nace y se fortalece de la nada, está entre mi corazón y mis pulmones, me observa y sin saber cómo, el abismo ha empezado atravesarme, a perturbarme a plena luz del día. Ese abismo posee una piel y unos ojos, es pálido y silencioso... Mirándome y mirándome.

Y cuando llegue a él, va a destruirme. Hoy, esta noche y todas las demás. Va a destruirme.
Notas finales: Para estar enterado(a) de cualquier novedad, fechas de los próximos capítulos y actividades extras, envía una solicitud algrupo oficial de lectores

¡Hasta el próximo capítulo! Déjenme en comentarios qué tal les pareció. Los quiero.
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