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Universal Love por VBokthersa

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Notas del fanfic:

Sinopsis de los cuentos.

01- Problemas de autoridad: 

¿Qué sucede cuando tienes 17 y siente atacado tu derecho al amor?, no sé que harás tú, pero Cristian es un chico que no se dejará intimidar por la autoridad.

02- Fiestas de Fin de Año: 

La adolescencia es una etapa de descubrimientos. Se dan los primeros besos y los primeros amores. También, muchas veces, se dan los primeros descubrimientos respecto a la sexualidad. ¿Qué es lo que comenzará a descubrir Fabián a los 14?

 03- Como si fuera la primera vez:

Una tarde fría. Una película. Dos almas muy diferentes, entrelazadas y tratando de comprenderse. 

04- Su deseo más oculto

Hay ciertas cosas que el subconsciente desea y que uno no logra expresar con palabras, pero que salen a relucir en los sueños. ¡Descubre cuál es el mayor deseo de Fabián! ¡Y también su temor más grande!

05-Un café diferente

Valeria, la madre de Cristian, pasa la tarde con su amiga Gertrudis. Entre sorbos de café, narra la historia de su hijo. Sin embargo, no todas las personas están preparadas para disfrutar de un café diferente.

06-Rutina

Entre salir del baño y llegar al trabajo hay una rutina diaria llena de pensamientos y recuerdos. 
A veces, el peor enemigo de Fabián es él mismo. 

 

07-Maratón

Cristian es muy competitivo y le encanta estar en muchas actividades a la vez. Fabián no lo es tanto, pero de todas formas lo apoya, siguiéndolo a su ritmo. Después de todo, el maratón no se trata de velocidad, sino de perseverancia, ¿no?

 

08-Día de mierda

Fabián odia vivir en este país lleno de gente doble moral, falsa, en el cual la sexualidad en general es aún un tema tabú. Un país lleno de gente como él, porque a fin de cuentas, él es producto de la sociedad en la que vive.

Problemas de autoridad

By V.Bokthersa

 

El parque era como cualquier otro parque. Tenía bancas, áreas verdes, veredas de cemento y algunos cariñosos amantes adolescentes. En especial había dos parejas, muy distintas la una de la otra. En una de las áreas verdes, un chico tumbado sobre la grama, con su novia besándole hasta el alma sobre él. Todo muy romántico, incluso sexual. Lo normal a principios de la joven adultez. Seguramente tendrían entre dieciocho y veinte años. Ahhh... el amor. ¡El amor juvenil y apasionado!, eso era lo que pensaban varios adultos que pasaban por el lugar, incluso sonriendo al recordar sus aventuras románticas de juventud.

 

En el otro extremo del área verde, se encontraba otra pareja. Un chico musculoso, muy atlético, alto y masculino, leía alguna de sus fotocopias para el examen del día siguiente. Tenía su cabeza apoyada sobre su bolsón, tirado al pie de un árbol. A su lado, recostado en el tronco, estaba otro chico. Él era más bien delgado, bajito, con el cabello largo y apariencia ligeramente afeminada; traía una camiseta negra de alguna banda de metal polaca. Ese chico no leía, simplemente observaba. Observaba fijamente a la otra pareja y deseaba hacer lo que ellos hacían. Suspiró e inconscientemente comenzó a acariciar el cabello de su novio, quien concentrado en su lectura, apenas lo había notado.

 

Un policía entró al área verde. Sonrió de medio lado al ver cómo la chica seguía haciéndole una exploración completa a la boca de su novio. ¡Qué buena vida se dan estos cipotes!, pensó, recordando sus propias peripecias en un parque muy similar a ese, antes de que su novia fuera su esposa y se acabara la diversión. Siguió su recorrido, hasta que reparó en la otra pareja. Esos dos hombres estaban más cerca de lo heterosexualmente permitido.

 

Cristian, el metalero, se le quedó viendo fijamente a su novio, Fabián. Él estaba tratando de concentrarse en comprender las leyes de Newton, pero no pudo ignorar esa insistente mirada. Apartó sus fotocopias y se le quedó viendo a su todo. Fabián se concentró en la ley de la gravedad, por eso de la atracción tan grande que sentía hacia su Cristian. Fue un momento mágico, de esos de película. No pudo resistirse al beso que se depositó en sus labios. Un contacto modesto, cargado de ternura y cariño, como a él le gustaba. La mano de Cristian en su pecho, cerquita de su corazón acelerado. La propia, sobre la de su novio, acariciando en dirección ascendente, hasta cerca de su codo y de regreso. Incluso cerró los ojos, hasta que su cabeza hizo clic y recordó que estaban en el parque. Se levantó de inmediato; su piel morena completamente sonrosada por el bochorno. Cristian, sonriendo triunfal.

 

—¡Cristian, nos van a ver! —dijo Fabián, bastante preocupado.

 

—¿Y qué?, sólo fue un besito.

 

El policía arrugó su frente y su nariz al ver semejante espectáculo. ¡Esos hombres se estaban besando en pleno parque! ¿Alguien quería pensar en los niños? Como oficial de policía, su deber era mantener el orden en el parque y aquello era un atentado a la moral y las buenas costumbres, ¿cómo se atrevían? ¡Era inadmisible para él! Se les acercó, con una mueca entre el enojo y el asco, completamente indignado. Cristian seguía festejando internamente su pequeña victoria, ya podría tachar de su lista de cosas por hacer la de besar a Fabián en un lugar público. Sin embargo, cuando notó cómo el oficial se acercaba molesto, tomó una actitud defensiva. Fabián estaba aún sonrojado y riñéndole por lo bajo.

 

—¿Algún problema, oficial? —preguntó Cristian al tener al policía completamente frente a él.

 

—Sí, el parque no es lugar para hacer sus cochinadas. Hay niños jugando cerca que los pueden ver.

 

Fabián sabía que el policía estaba en lo correcto. Miró a su novio con cara de te lo dije. Cristian sabía perfectamente que besar a su pareja, de esa forma tan tierna, no era ninguna cochinada. El amor era universal y les llegaba a todos por igual. ¡Ni siquiera había sido un contacto intrusivo o sexual!, había sido un simple beso, corto, sin lengua, sólo con mucho amor. Miró al policía con el ceño fruncido y los ojos llenos de determinación.

 

—¿Y qué?, cosas peores están haciendo esos bichos de allá y no les dice nada.

 

—Pero ellos son normales y están haciendo algo normal —defendió a la otra pareja.

 

Esas palabras hicieron hervir la sangre de Cristian. Se levantó de golpe, sin siquiera notar las reacciones de su cuerpo. Su cabeza se sentía caliente y la ira dominaba por completo sus movimientos.

 

—¡Aquí el único anormal es usted, viejo pendejo! —dijo a gritos.

 

—¿Qué dijiste, culero? —preguntó en tono retador, autoritario.

 

—¡Lo que escuchó! —vociferó nuevamente.

 

Fabián también estaba enojado, pero sabía que esa actitud les traería muchísimos problemas y él tenía un espíritu pacifista. Se levantó inmediatamente y tomó a Cristian del brazo, antes de susurrar a su oído.

 

—Cristian, calmate, nos vas a meter en problemas.

 

El policía se cruzó de brazos; miró a Cristian desde arriba, con toda la prepotencia que le otorgaba la autoridad de su uniforme azul negro.

 

—Vos no podés hablarme así, pedazo de cerote, eso es irrespeto a la autoridad.

 

—¡Sí puedo y también puedo hacer esto!

 

Con la inmensa rebeldía de sus diecisiete años, Cristian abrazó por la cintura a su enorme novio y se paró de puntitas para clavarle en los labios un beso apasionado. Fabián apenas pudo reaccionar. Trató de alejarlo un poco, pero Cristian no lo dejó. Para rematar, incluso le sacó el dedo medio de su mano derecha al oficial, en un gesto obsceno. La furia inundó el cuerpo del policía, quien sacó la macana de su cintura y amenazó a los chicos, tomó a Cristian por el brazo y tiró de él con tanta fuerza como para lastimarlo. Cristian se revolvió tratando de soltarse, pero la garra policiaca no se lo permitió.

 

—¡Apártense ya, par de culeros de mierda!

 

— Suelte a Cristian, o se va a arrepentir —advirtió Fabián.

 

—¿En serio vos me estás amenazando a mí?, no te creás que por tener ese cuerpote te voy a tener miedo. Un culero es un culero y fácil puedo dominarte.

 

Cristian dejó de intentar zafarse. Suspiró, cerró los ojos y se relajó un poco, todo en un unos segundos, mientras el oficial de policía hablaba con su novio. Analizó el espacio. Pisó el pie del oficial y luego se dio la vuelta, utilizando su peso para hacerlo caer al suelo, mientras le barría los pies. No era cinta negra en taekwondo por nada. Fabián se rio al ver al oficial en el suelo, confundido ante la demostración gratuita de artes marciales.

 

—Le dije que lo soltara o se iba a arrepentir.

 

El uniformado se incorporó inmediatamente y pidió refuerzos. Llegaron otros dos policías que estaban en el parque y lo primero que hicieron fue someter a Fabián, que por ser más robusto, creyeron que era el atacante. Fabián forcejeó un poco, se revolvió, pero pese a su fuerza, no era bueno peleando y terminó esposado contra la grama fácilmente. Ese ataque sorpresa distrajo a Cristian y el primer policía aprovechó para hacerle una llave y tratar de someterlo. No pudo con ello, por supuesto. Otro de los policías fue directo a golpearlo con su macana. La pelea se volvió completamente desigual y luego de un rato, pasó a ser una golpiza hacia ambos chicos, hasta que eventualmente terminaron dentro de una patrulla.

 

 

 

Sus cuerpos estaban llenos de moretones, rasguños y tierra. Ellos, sentados contra una pared apestosa y sobre un piso no menos hediondo y sucio. El calor era insoportable y el hacinamiento, ni se diga. Pero Cristian sonreía, mientras Fabián trataba de hacer algo con su camiseta de botones, que había perdido la mayoría. Por suerte nunca salía sin centro. A Cristian no le importaba estar sin camisa en un lugar como ese.

 

—¿Sabés qué, Fab?

 

—¿Qué?

 

—Valió la pena pegarle al viejo de mierda ese, aunque termináramos aquí.

 

—Pendejo.

 

La puerta de la celda se abrió y se cerró en un par de segundos. Por la misma entró un joven completamente tatuado, que reconoció en el interior a algunos de sus compañeros de clica. La bartolina ya no daba abasto y con los saludos del reencuentro, alguien se paró en el pie de Cristian, quien simplemente se encogió un poco. Sabía que pasarían allí al menos toda la noche y pese a eso y a estar rodeados de delincuentes, él seguía sintiéndose satisfecho. Quizá no había sido la vía más acertada, pero nadie le quitaba de la cabeza que a veces, defender el derecho al amor necesita un poco de violencia. Fabián no estaba de acuerdo con esa idea, pero ese... ese ya era otro cuento.

 

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¿Y bien? ¿Qué te pareció?, espero tus comentarios ^^

 

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