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¿Solo amigos? por Verde Lima

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Odio morderme las uñas, soy demasiado vanidoso para caer en esos actos. Pero la uña de mi dedo meñique está sufriendo las consecuencias de mi ansiedad.

 

Carlos se ha ido de casa. Carlos es uno de mis dos mejores amigos. Carlos y yo hemos follado durante horas. Carlos es mi compañero de piso. Carlos está enamorado de mí.

 

Ataco la otra uña, lo siento preciosas vais a caer todas. 

 

¿Por qué tengo que ser tan cretino? A veces me gustaría poder ser menos ácido, menos capullo, pero me sale ya de un modo tan natural que me cuesta luchar contra ello.

 

Miro el móvil, son las 5 de la mañana, estoy cansado pero no tengo sueño. 

 

No me gusta estar dándole vuelta a las cosas de madrugada porque uno se pone muy intenso y se cree que se va a acabar el mundo. Y luego sale el sol y aquí no ha pasado nada. Tiempo perdido, créeme.

 

Pero aquí estoy, comiendo techo.

 

¿Tan difícil es contentarse con ser solo amigos? La amistad es maravillosa, el amor es una patada en los huevos.

 

Pero Carlos se ha ido, y si me dejo llevar por el melodrama, diría que con el corazón roto entre las manos. Con otra  persona me daría igual, siempre dejo claro cristalino que soy un polvo de una noche y que si te enamoras de mí es que estás muy faltito de cariño porque aquí no vas a encontrar nada que rascar.

 

Me gusta ser directo, claro y si hace falta ser un poco capullo para hacer llegar el mensaje, pues lo soy, tengo talento natural.

 

 

Pero ahora me arrepiento de todo lo que le he dicho a Carlos. No era necesario, podría haberme mantenido en un “gracias, pero no”. No es cualquiera, es mi amigo, eso debería hacer una gran diferencia.

 

Pero yo soy un capullo y hago el capullo, como automutilarme los dedos sabiendo que con eso tampoco voy a arreglar nada.

 

 

No me voy a ir de casa, no tengo nada que hacer allí afuera, no sé dónde está Carlos ni tengo derecho a obligarle a que vuelva a mi lado cuando he sido yo el que le ha impulsado a irse.

 

 

¿Sabes? Yo no siempre fui tan capullo, o al menos no de este modo. Yo una vez creí en el amor, en el amor de las películas. Y no solo una vez, sino dos, es que encima fui reincidente. Para lo que me sirvió.

 

Me enamoré por primera vez cuando tenía 16 años, como un loco, hasta las trancas, mucho, mucho, mucho.

 

 

Y me correspondía, era todo lo que siempre había soñado. En serio, una película romántica gay. 

 

Pero no era una comedia romántica, sino un drama. Él murió, y yo me quedé con mi amor, con el corazón destrozado y sin saber ni por donde me venía el aire.

 

Nada va a poder estar a la altura de mi amor por Luis, aunque eso sea injusto, para mí el primero. 

 

Y aunque así lo sentí, que jamás amaría igual, volví enamorarme, no fue del mismo modo. Ni mucho menos, pero le amé. Aquello no fue ni una comedia ni un drama, fue un thriller policiaco. 

 

Sobre todo cuando sacó todo el dinero de la cuenta común, los ahorros para nuestra boda, para nuestra casa y para nuestra vida. El innombrable no solo se llevó mi dinero y me dejó en la calle sino que también se llevó mi credibilidad en el amor.

 

Mira, llámame exagerado, pero la que le sigue es de terror y paso.

 

Pero eso no significa que tenga el corazón de piedra, que yo quiero a mis amigos. Carlos y Tomás para mí lo son todo. ¿Para que necesitaba ese otro tipo de amor, si tenía a mis amigos, y luego tíos a los que follar y olvidar?

 

Pero tampoco soy un hipócrita, que yo sabía que Carlos estaba colgado por mí desde hace años. A ver, que yo el loco me lo hago divinamente, pero él nunca dijo nada y creía que estábamos bien así. Todo rollo platónico.

 

 

 

Pero es que he empezado por el final y he acabado por el principio, me he saltado lo del medio.

 

La primera vez que Carlos y yo nos acostamos, él tenía pelo y yo le daba al speed. 

 

Yo estaba pelado de pasta porque el innombrable me acababa de desplumar. Así que estaba compartiendo un piso de mala muerte con otro chico. No me acuerdo ni de como se llamaba, pero era guapete y follábamos de vez en cuando. La cuestión es que se volvió a su pueblo y se quedaba la habitación libre. Ahí es donde entra Carlos. Que ya tenía pinta de oficinista y yo mucha necesidad de cubrir gastos. La verdad es que me vino bien, y aunque al principio me pareció que con un tío tan serio no iba a cuadrar, la realidad fue que lo hicimos muy bien.

 

También ocurría que yo estaba acostumbrado a tirarme a cualquiera, compañeros de piso incluidos, y ahí fue donde la cagué por primera vez.

 

 

Más que nada porque estuvimos cuatro días follando como monos, y yo no repito tanto ni de camisa. Así que de tíos imagínate. La cosa es que el oficinista folla como los ángeles, quién lo iba a imaginar, ¿verdad?

 

Lo malo fue cuando le vi los ojillos, porque esos ojillos los tenía yo con Luis, y en esos pocos meses yo ya le tenía cariño a Carlos. Conmigo no iba a poder tener eso ni en pintura.

 

Salimos del paso porque creo que aún nada era demasiado fuerte; y porque yo al día me llevé a otro, teniendo una temporadita más promiscua de lo normal. Soy de la teoría de que las palabras hay que apoyarlas con hechos, y yo llevé muchos hechos a casa.

 

No pasó nada, fue mi compañero de piso, mi amigo, me aguantó todos los mocos, vomitonas y alguna que otra depre. Nos vimos “Lost” juntos, y nunca nos engañamos viéndolos a solas si el otro no podía. Una relación  fuerte y comprometida.

 

Pero de vez en cuando le veía esos ojillos y aunque yo había perdido el corazón dicen que cuando te quedas sin un miembro todavía puedes sentirlo. Confesaré que a veces lo sentía, pero todo lo de capullo que tengo también lo tengo de fuerza de voluntad.

 

A ver si te crees que este culo se mantiene comiendo Oreos. Pues ni como Oreos ni me como a Carlos.

 

Hasta hoy claro, hoy me lo he comido tres veces y he repetido. 

 

Igual que me pareció hace siete años, me pareció hace unas horas. No sé de donde saca esa doble personalidad, pero si no fuera porque estoy preocupado, estaría pajeándome recordando los polvazos que nos hemos pegado.

 

Pero claro no puedo, porque Carlos se ha ido con el corazón roto y una cara muy triste y eso se la baja a cualquiera. También es que le quiero, le quiero mucho, pero no de ese modo. No como el quiere.

 

 

¿Y ahora qué voy a hacer?

 

 

 

o0o

 

Con lo cobarde que soy ¿para que me vengo arriba?

 

Yo sé que Hugo no me corresponde, si es que lo sé desde que nos conocimos.

 

Lo malo también es que yo estoy loco por él desde entonces. Y estar enamorado de tu mejor amigo es una putada muy gorda.

 

¿Qué carajos hago en la calle a las 5 de la mañana? Me hubiera metido en mi habitación y no estaría en este bar que da grima.

 

Aquí la gente tiene más mala cara que yo, que tengo que tener una pinta horrible.

 

Pido otro café, ya llevo dos y el tic del ojo me la está sudando, como si que me vibre el ojo me importara un carajo.

 

 

No soy de beber, qué quieres que le haga.

 

No soy de salir, ni de tener pareja, ni de muchas cosas, la verdad. Pero si soy de Hugo, de él soy muchísimo. Y aquí estoy con otro puto café amargado por el rechazo.

 

Si es que ya sé cómo se pone cuando le hablan de amor, y peor si es amor hacia él.

 

No es que esté mucho más guapo callado, estoy igual de feo. Pero al menos le sigo teniendo aunque sea de amigo.

 

¿Ahora con qué cara vuelvo yo a casa?

 

 

Que yo sé que le pone hacerlo conmigo, seré un pringado en otras cosas, pero el sexo se me da bien. Follar y quejarme lo hago genial. Confesarme a mi amigo, como el culo.

 

Pero también le pone medio Chueca y no por eso se hace novio de todos. Si es que le conozco. La culpa ha sido mía por no callarme la boca. 

 

Pero es que estaba tumbado en mi cama, tan guapo, tan sonriente, tan a gusto. Yo todavía le estaba besando por todos lados.

 

Y zasca, lo dije.

 

—Te quiero. 

 

Su cara de espanto sería graciosa sino fuera porque me la estaba poniendo a mí por lo que acababa de decir.

 

 

Y de ahí ya todo en bucle, que si para que le digo nada. Que si no sé que él no cree en el amor romántico. Que si con la de tíos que hay en Madrid tengo que seguir pillado por él.

 

Hugo es un capullo, lo sé, pero es mi capullo. Y la culpa es mía.

 

Le echo de menos hasta ahora que me ha mandado a cagar. Metafóricamente.

 

Que la puerta la he cogido yo porque me ha dado la gana, eso y que no sabía como lidiar con la situación. Sabía que estaba a punto de llorar, y creo que podemos ahorrarnos la escena.

 

Hugo es bueno para muchas cosas, es de los que se mete en las llamas para sacarte las llaves, la vida y lo que te haga falta, pero no le hables de amor que tiene un trauma con ello.

 

Me ha consolado varias veces cuando me han dejado colgado, lo que no le contaba es que solo podía pensar en él, y los otros se daban cuenta y me dejaban.

 

—Supera a tu ex, y deja de vivir con él.—Me dijo un novio bastante apañado que me eché. 

 

La pena es que no es ni mi ex, así de triste soy.

 

Podría cebarme en que no me quiere por ser yo, pero no me quiere porque se niega a querer a nadie. Eso me consuela en parte pero me hace sufrir por él. Si es que soy gilipollas, ya me lo decía mi padre. “Carlos, eres gilipollas” Así, tal cual, no te vayas a creer que se buscaba metáforas. 

 

Se acaba mi café, estoy por pedirme otro, pero no quiero acabar en urgencias.

 

—Doctor, se me ha roto el corazón y lo he regado con café, ¿sobreviviré?

 

Seguro que me dice “Sí, gilipollas” y me doy el viaje para nada.

 

Miro la hora, no son horas para andar de dramático. Siempre me lo decía Hugo, por las noches o se duerme o se folla, pero nunca se piensa.

 

Me levanto, está amaneciendo y me duele el culo de estar sentado. 

 

La Gran Vía está desierta, es domingo y la gente está durmiendo, o follando, como debe de ser.

 

Pero la verdad es que se está tranquilo, algunas furgonetas descargan cosas, no sé que cosas. Pero da gusto mirarlos trabajar.

 

¿Les habrán roto el corazón esta noche a alguno de ellos? 

 

Una parte de mí quiere volver a casa, nuestra casa, y decirle—Está bien, no pasa nada, solo somos amigos.

 

Pero otra se rebela, y yo soy poco de rebelarme. Pero no puedo hacer como si no hubiera dicho nada, como si no sintiera lo que siento por él.

 

Y quizás lo mejor sea buscarme otro piso, en realidad tengo dinero para irme de donde vivimos. Pero era nuestro hogar, o al menos hasta hoy lo era.

 

Joder, que me voy a poner a llorar otra vez.

 

 

 

o0o

 

 

Me he quedado dormido en el sofá, y no es que sea el más cómodo del mundo. Carlos no ha vuelto y la verdad es que he sucumbido y le he llamado mil veces.

 

No me contesta, y he pasado del enfado a la preocupación. He tenido unos sueños horribles, de verdad horribles. 

 

Y cuando despierto ni está en casa ni me ha devuelto las llamadas. Pero el muy cabrón sí ha visto los Whatsapps. 

 

¿No dice que tanto me quiere? ¿Por qué me hace sufrir de este modo? 

 

Yo le he llamado para pedirle que vuelva a casa, que hablemos. Que no se vaya a ir o le perseguiré. Que me prometió ser mi amigo para siempre. Y disculpa, estás siendo un amigo pésimo.

 

Escribo en el grupo que tenemos los tres, habíamos quedado para el brunch. Y yo necesito hablar con Tomás. Él sabe que yo nunca escribo, ¿para qué si Carlos lo hace en el nombre de los dos?

 

Pero Carlos no está, es peor que la puñetera Laura de la canción. 

 

Lo siento por Tomás, porque tal y como le miraba el maromazo  de ayer le iba a tener todavía clavado como una chincheta a la cama.

 

Pero los amigos están antes que los ligues. Algo que a Carlos se le estaba olvidando, por cierto.

 

 

Me parece que se está pasando de dramático, vale que le dijera todos los motivos para no creer en el amor y el porqué te jode la vida. Pero no es como si fuera un discurso nuevo y si se va como voy a poder hablar con él.

 

 

En realidad no sé que decirle, si ahora mismo apareciera por la puerta no sé que le diría.

 

—Me has hecho sufrir.—Esa sería una buena frase. Quizás con un bastardo detrás quedaría mejor.

 

No tengo paciencia para seguir en casa, no parece que quiera volver y yo ya me estoy agobiando de esperar ¿y si no vuelve? ¿Y si se ha ido para siempre?

 

Agarro las llaves porque me están entrando ganas de llorar, ¿qué hago yo sin él? Es que no me lo había planteado nunca. Lleva en mi vida tanto tiempo, aunque en realidad no es tanto. ¿Qué son 7 años? Y aún así noto que me está arrancando el corazón, ¿no se suponía que era yo el rey de hielo?

 

Pues va a ser que no, pero es que perder a un amigo, a Carlos, vamos a ir hablando con propiedad, duele.

 

La mañana es estupenda, soleada, todo el mundo parece jodidamente feliz. Que asco me están dando, al menos podría llover. Es lo que pide la situación, pero nada, el tiempo no acompaña.

 

Cojo sitio en la terraza, porque llego como media hora antes. Ni yo me lo creo, el que siempre tiene que tirar de mí es Carlos. ¿Tiene que estar tan presente en todo en mi vida?

 

Así como no me va a doler cuando se vaya, empiezo a asustarme de verdad porque creía que con la amistad no correría el mismo peligro y empiezo a ver que me he equivocado totalmente.

 

Me miro las manos, están destrozadas, y eso no hay por donde salvarlo ya, así que de perdidos al río y muerdo un padrastro que me mira con ojitos.

 

Tomás llega con la cara reluciente, este ha follado bien follado. Me alegro por él de verdad. Para mí es casi como un hermano pequeño. Con esa cara de ratoncillo desvalido, me alegro que le fuera bien con el Mister Maravilla. Pero sintiéndolo mucho, no estoy para romances ajenos, estoy para dramas propios.

 

—Soy Gilipollas.—Hacía muchísimo tiempo que no me decía eso a mí mismo, soy más de perdonármelo todo, pero era la pura verdad.

 

 

o0o

 

Me he quedado dormido en un parque, el colmo de la tristeza. 

 

Me duele todo y encima me han despertado de un balonazo, puto niño. 

 

Hugo me ha llamado muchas veces, pero no se lo he cogido. No puedo, de verdad que no puedo.

 

Sus whatsapps cada vez sonaban más enojados, pero el último es el que me ha matado.

 

El último me decía que por favor diera señales de vida que estaba muy preocupado, que ante todo éramos amigos, y no nos merecíamos estar así.

 

Lo sé y odio hacerle sufrir. 

 

Sé donde están, miro la hora. Quizás no es buena idea, pero he dormido en un puto banco y no rijo bien.

 

Me lleva un rato llegar, hoy el metro tarda y en realidad podría ir andado pero quizás pierda la determinación.

 

No quiero perderle, es lo único que sé. Seré su amigo, solamente su amigo. 

 

Mierda, ¡cómo duele! Pero prefiero eso a nada. No sé imaginarme nada. 

 

Salgo por la boca de metro más cercana, no está lejos y les veo.

 

Le veo, ¿cómo voy a ser solo su amigo? ¿Es que estoy gilipollas?

 

Estoy por irme ha sido una malísima idea. Pero levanta la mirada y me ve. No tiene buena cara, ya no puedo irme. Así que avanzo hasta ellos.

 

 

—Carlos...— Y su voz me duele, ¿cómo voy a ser tu amigo si te quiero con toda el alma?

 

No sé que ha pasado pero Tomás se ha ido y yo me he sentado.

 

Quiero hablar, quiero decirle que lo siento. Que seré solo su amigo, como siempre, pero mi boca es una traicionera.

 

—Te quiero—¿Otra vez? ¿Pero qué mierda hago?

 

 

Le miro como queriendo recordar lo que voy a perder por eso no me lo espero cuando Hugo me besa.

 

¿Sigo dormido en el banco del parque? ¿Me he quedado tonto del pelotazo? ¿O es que ya tuve una sobredosis de café?

 

Me da igual, no lo voy a desaprovechar. Me encantan sus besos, me encanta su olor, me encanta Hugo.

 

o0o

 

 

¿Te acuerdas que te dije que no creía en el amor? Bueno, soy muy cabezón y seguiré diciéndolo si alguien me pregunta.

 

Así que ten un poco de respeto y no me preguntes o tendré que mentirte.

 

 

Le he besado, me dice que me quiere y yo le beso. Como una cabra. Pero es que me he visto sin él y mira, no. Por ahí no paso.

 

Me da igual, el nombre es lo de menos ¿no? A él le vale, a mí me vale. Y a ti tendría que no importarte.

 

 

 

Desde entonces estamos un poco pegados el uno al otro, bueno en realidad encima, y debajo, y en la mesa de la cocina. No hemos parado y para mí está bien.

 

Le veo venir con la cena, hoy toca sushi y serie.

 

—¿Vemos el último capítulo de Walking Dead?—me pregunta. 

 

No me jodas, ¿zombies? ¿Es esto una señal?

 

 

No, no, no. No voy a sucumbir al miedo, esto no es una relación amorosa al uso, no tiene nombre y no va a pasar nada malo.

 

—¿Qué pasa?—me pregunta Carlos. Menudo cuadro de cara debo de tener.

 

—No te conviertas en zombie, ¿te enteras?

 

Carlos me mira fijo, no sé si sabe lo que pienso porque a veces me asusta de lo en sincronía que podemos estar.

 

—Si me convierto en zombie pienso morderte, no voy alejarme de ti ni muerto.

 

Vale, he caído. Completamente. Y los mordisquitos que me hacen reír como un tonto solo lo corroboran.

 

 

Me acurruco contra él y cenamos como siempre pero del mismo modo todo es diferente.

 

 

 

Carlos sigue siendo uno de mis mejores amigos, sigue siendo mi compañero de piso, pero además ha hecho que me despierte y vea que es mucho más. 

 

Da miedo, pero se siente bien, demasiado bien.

 

 

FIN


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