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Aquellos puntos multicolores por Merrilin Rosevo

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Me encuentro aquí, en este preciso momento. Todos me miran, pero, pronto desvían sus ojos de mí y continúan su camino. Solo son curiosos y más curiosos, que voltean al contemplar mi “extraño”, lo digo entre comillas porque para mí es solo un color, “extraño” tono violeta en mi cuerpo. Sin embargo, sigo siendo igual a los demás, a aquellos puntos negros que tanto se enorgullecen de ser como son.

 

Sigo aquí, día tras día, siendo casi asfixiada por esos puntos negros que me desprecian con la mirada, con sus gestos y susurros que puedo escuchar claramente. Soltando groserías, por tener pensamientos diversos y ser diferente a ellos.

 

¿Diferente?, no logro comprenderlo, ¿por qué dicen que soy extraña o diferente?

 

Imagino que la causa de todo ello son los deseos que tengo por compartir mi vida con otro punto cuyo color no sea el negro. O, por el solo hecho de hablar de mi amor y preferencia, hacia aquellos puntos multicolores.

 

No le veo nada de malo a esos sueños, absolutamente nada de malo, y sé que no estoy haciendo algo incorrecto. Pero, después de que escuchasen mis palabras honestas y verdaderas, me vi señalada en esta masa negra, atrapada y rodeada por ellas, sintiéndome totalmente sola.

 

Nada      de   lo   que  dijesen,  nada  de   lo  hicieran,  lograba llenar este espantoso vacío que tenía en el corazón…

 

Jamás me había sentido tan sola, como en estos momentos…

 

Mis amigos, mi familia, mi vida...  todo parecía desaparecer lentamente, como si jamás hubiesen existido, como si todo fuese un espejismo y el desierto se hubiera apoderado de mi alma. Nadie me apoyaba y se empeñaban en cambiar mis pensamientos de una manera brusca y dolorosa. Ellos querían arrancar algo que era y siempre será parte de mí, exterminarla como si fuese una enfermedad o algo mucho peor.

 

A estas alturas me pregunto, ¿ser un punto violeta en medio

 

de tantos puntos negros, en un grave pecado?

 

¿Por qué podría considerarse un pecado si estamos hablando de amor?

 

Amor… ¡juro que mis sentimientos son sinceros!

 

¡Dejen de decir que estoy confundida, por Dios!

 

¡Ya no deseo ver a más psicólogos homofóbicos, ni asistir a grupos de autoayuda! ¡No estoy loca!, ¡déjenme tranquila!

 

Por favor, estoy cansada, asustada por sentirme cada vez más sola y alejada de todos ¿por qué a nadie le interesa eso? Los puntos negros solo siguen hablando y diciendo cosas que lastiman totalmente mi ser.

 

En un intento desesperado por tener amistades y compartir mi vida con ellas, pinté mi cuerpo, escondí aquel hermoso color violeta. Ignoré los gritos de tristeza de mi corazón por cometer aquel acto tan cruel, y fingí ser un punto negro como todos los demás. Parecía una salida muy fácil y logré que me aceptaran momentáneamente en su “mundo perfecto”.

 

Pero, aquel no era mi lugar, esas palabras no eran mías y mucho menos, el reflejo que veía en el espejo. Mi verdadero “yo” estaba siendo devorado por todo eso, y esto solo hizo que me lastimara a mí misma. Después, de pasar por esta triste experiencia, comprendí por fin, que mi corazón siempre sería violeta. Nada ni nadie, podría cambiar mi naturaleza. Ésta soy yo, ni más ni menos. Y, si no me quieren así, lástima por ellos, pero, nunca volveré a esconderme ni aparentar ser alguien que no soy.

 

Yo, un pequeño punto violeta en aquella multitud de puntos negros, empecé a desear con todo mi corazón encontrar a mi alma gemela, conocer otros puntos de diferentes colores y características, así que, me despojé de mis disfraces y regresé a mi color natural. Si bien, las críticas continuaron decidí ser fuerte e ignorarlas por completo, después de todo, si no soy fuerte, si no me acepto como soy, nadie jamás lo hará.

 

Empecé a buscar otros puntos cuyos colores se distinguieran de los demás; en las calles, bibliotecas, supermercados, restaurantes y hasta en algunas reuniones, en donde trataba de pasar desapercibida. Recorriendo largos caminos, llegando hasta otras ciudades llenas de más puntos negros. Parecía, como si fuese la única de otro color en el mundo, pero, pronto me di cuenta que no era así.

 

Un día recorriendo esos caminos desconocidos, me di cuenta que un punto negro me empezó a seguir, uno solo, que salió de entre la multitud y se acercó directamente hacia mí. Estaba

 

sorprendida, confundida por su aspecto, parecía ser otro punto negro que venía a burlarse de mí, pero no, inmediatamente vi que su mirada era diferente, su voz tranquila y suave, pronto se quitó la capa que cubría su cuerpo y… ¡encontré a un punto de un bello color rosa!

 

La felicidad invadió mi ser por completo, ambas nos miramos sonriendo. Así que, después de muchas charlas, paseos, citas y demás, sucedió lo que había esperado hace tiempo, terminamos enamorándonos y nos convertimos en una linda pareja.

 

Solo éramos nosotras en aquel mundo negro, y cuando caminábamos de la mano todos nos quedaban viendo, llamábamos mucho la atención, pero, eso no nos importaba. Podríamos ser los únicos puntitos de diferente color

 

en todo el mundo, pero, estábamos juntas, felices y los insultos eran más fáciles de soportar entre dos.

 

Cuando pasó el tiempo, algunos puntos negros se dieron cuenta, que el amor no tiene sexo ni mucho menos color.

 

El amor existe y es algo mágico, inexplicable, imposible de describir. No se debe buscar explicaciones de su origen y menos discriminar a otros por la orientación que tengan. Éramos solo nosotras, pero, descubrimos más y más puntos multicolores en el camino; unas verdes escondidas, otras amarillas temerosas, algunas rojas y naranjas que gritaban su amor a los cuatro vientos y claro, parejas que, como nosotras, buscaban amistades para formar un nuevo grupo de puntos multicolores.

 

Al final, los puntos de colores que encontramos fueron tantos que, al mezclarse con los puntos negros, convirtieron aquel mundo triste, en un lugar más cálido y colorido para vivir.

 

Claramente podía distinguirse entre ellos nuestros colores formando un hermoso y enorme arcoíris.

 

Algunos de los puntos negros empezaron a apoyarnos, haciendo campañas para evitar la discriminación, pero, también quedaron varios que siguieron condenando a los puntos multicolores por ser “diferentes”, atacándonos cuando podían o insultándonos en la calle. Sin embargo, las cosas cambiarían con el paso del tiempo, solo bastaba perseverancia y paciencia.

 

Mientras tanto, nosotras somos los puntos multicolores, debemos permanecer unidas, nuestras voces nadie las

 

podrá ahogar y mucho menos, esos puntos negros que piensan que nuestro amor es una enfermedad o amenaza para su “mundo perfecto”.

 

No es el fin, sino… el comienzo de todo…


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