Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Elibelly por Merrilin Rosevo

[Reviews - 0]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Elibelly era una bella hada de cabellos tan rojos como los pétalos de las rosas, alas suaves y delicadas como la seda, ojos verdes al igual que las hojas de primavera y labios que siempre mostraban una agradable sonrisa.

 

Elibelly vivía en el reino de las hadas; un lugar maravilloso, repleto de árboles frutales y flores hermosas que cubrían cada parte de aquella mágica tierra.

 

El reino de las hadas era gobernado por la reina Alía y el rey César, quienes cada año organizaban un baile. Una gran fiesta que duraba desde el alba hasta el anochecer. Y en esta ocasión, no solo celebrarían la llegada de la primavera, sino también, el cumpleaños número doce de la linda princesa Margarita. 

 

Elibelly asistiría al baile por primera vez y estaba muy emocionada, ya que, el baile era una oportunidad perfecta para conocer a su hada especial. Sus padres se habían conocido ahí, y aquella romántica historia le gustó tanto, que la pequeña hada deseaba que sucediese lo mismo con ella. Elibelly era una niña aún, pero su corazón anhelaba conocer aquella felicidad que la compañía de su hada especial podría darle. Imaginaba recorrer muchos lugares juntos, pasear entre los prados llenos de flores, compartir experiencias y en el futuro, formar algo tan hermoso como la historia de sus padres.

 

Faltaban dos días para que se realizara la gran fiesta y todas las hadas estaban muy atareadas. Unas colocaban coloridos adornos, otras preparaban dulces y pasteles, haciendo que el aroma a vainilla y crema de leche se esparciera por todo el reino. ¡Olía realmente delicioso! Y, como todas las hadas colaboraban para la fiesta, los padres de Elibelly no fueron la excepción. Ellos fueron a llevar flores al castillo, el lugar más maravilloso del reino según Elibelly. El castillo deslumbraba como un diamante y cuando el sol se ponía, parecía como si       sus paredes hubiesen absorbido la luz solar. Porque, a pesar       de la oscuridad de la noche, el castillo seguía brillando con un fulgor que parecía jamás apagarse. Los padres de la pequeña la llevaron con ellos al palacio. Elibelly estaba muy feliz y después de ayudarlos a colocar aquellas hermosas y grandes flores, tuvo permiso para salir a jugar por los alrededores. La pequeña se entretuvo con unas mariposas de colores y luego se encontró con sus amigas, cuyos padres también estaban trabajando en el castillo. Las niñas se reunieron en el jardín y empezaron a hablar del baile. Todas estaban muy emocionadas por asistir aquella noche y comentaban acerca de los bonitos vestidos que sus madres  les habían confeccionado para la ocasión. Elibelly ya podía verse a sí misma con aquel vestido hecho de pétalos de rosa y con sus zapatitos del mismo material.

 

Llevaría el cabello suelto y una pequeña tiara de flores muy pequeñitas. Su madre era muy buena costurera y no solo estaba haciendo su traje, sino también, el de algunas hadas que vivían cerca de su casa y habían ido a buscarla para contratar sus servicios. La pequeña hada estaba soñando despierta cuando en eso, un comentario la hizo reaccionar y regresar a la realidad. Elibelly se sorprendió mucho cuando sus amigas le dijeron que todas las hadas tenían que llevar un acompañante. El primer baile era muy especial e importante, y no podían asistir solas la primera vez. Alguien debía escoltarlas hasta la fiesta.

 

-   ¡Yo iré con Juan! – dijo una de sus amigas.

 

-   Pienso decírselo a Carlos – murmuró otra niña.

 

-  Quizás podría ir con un amigo de la escuela - empezó a decir una niña de cabellos rubios, pero fue interrumpida por una linda jovencita de ojos pardos. - ¿Con quién vas a ir Elibelly? ¡Todas nos morimos de la curiosidad! ¡Eres la única que no ha dicho nada! ¿Acaso no te emociona el baile?

 

Elibelly no pudo responder. La pregunta la había tomado por sorpresa. La jovencita permaneció en silencio, pensativa, mientras sus amigas volvían a comentar acerca de la fiesta al no obtener respuesta alguna.

 

Cuando regresó a casa, Elibelly habló con sus padres acerca del baile, ellos le dijeron que no debía preocuparse tanto por eso. Aún era muy joven y de seguro el próximo año o el siguiente encontraría a alguien que la acompañase, o si deseaba, su padre podría escoltarla. Sin embargo, la niña se quedó pensativa, era la primera vez que asistiría a la fiesta de la primavera en el castillo y quería tener un bonito recuerdo, quizás no encontraría a su hada especial pero, podría bailar con alguien que le agradase. Ella se puso a pensar y pensar, pero, no había nadie con quien deseara ir a este magnífico evento. Esto hizo que se sintiera un poco triste y más al recordar que todas sus amigas ya habían decidido a quien invitarían.

 

Elibelly no pudo dormir bien en su cama de pétalos de flores, y a la mañana siguiente, pidió permiso a sus padres para salir a pasear por los alrededores. Las hadas solo hablaban del baile y esto hacía que la tristeza aumentase por momentos. El hada de cabellos rojos se sentó sobre un gran hongo para descansar un rato, sabía que sus padres tenían razón, pero el primer baile era tan importante para ella que no podía pensar en otra cosa.

 

De repente, escuchó un suave gemido y sollozos no muy lejos de donde estaba. Elibelly pensó que era el viento, pero, pronto lo escuchó de nuevo y poniéndose de pie, voló entre las plantas para buscar al dueño de aquellos lamentos. Al principio no pudo divisar nada, tuvo que elevarse más para ver entre el césped y las flores. Estuvo buscando por algunos minutos, pero, al no ver a nadie se dispuso a regresar a casa. No obstante, en esos momentos, pudo ver una cabecita rubia que se movía lentamente entre el césped, como si fuese una pequeña flor siendo sometida por el viento. Elibelly bajó en silencio para no asustarla y espió detrás de unas setas. Lo que vio la dejó sorprendida. Se trataba de una chiquilla de cabellos rubios y ojos dorados, llevaba un vestido hecho de pétalos de rosa color blanco y estaba descalza. La niña lloraba por la pérdida de uno de sus zapatitos y con una mano se sobaba los ojos para limpiarse  las lágrimas.

 

Elibelly jamás la había visto y quedó deslumbrada por su hermosa imagen, quizás se trataba de una de las hadas del pueblo vecino, que había venido por el baile. No lo sabía, pero, paso a paso fue acercándose a ella, hasta que el hada de ojos color miel se dio cuenta de su presencia.

 

- Hola, ¿qué te sucede? ¿Por qué lloras? – preguntó Elibelly con una sonrisa amable.

 

- Salí a jugar y mientras volaba se me cayó un zapato, mi mamá se va a molestar mucho conmigo.

 

- Puedo ayudarte a buscarlo.

 

- ¿En verdad?

 

-   Claro que sí.

 

- ¡Muchas gracias! – respondió más calmada y animada la niña. Ambas hadas se pusieron a buscar el zapatito entre la maleza, hallándolo mucho rato después. La niña se puso muy feliz y por primera vez desde que la encontró, le sonrió alegremente. Ahora, con ambos zapatitos en sus pies, pudo ir a jugar con Elibelly, y las niñas disfrutaron de una tarde maravillosa junto al lago.

 

Las hadas se divirtieron mucho, pero, al ocultarse el sol, la niña le dijo que tenía que regresar a casa. Elibelly no deseaba que se marchase aun, rápidamente tomó su mano antes que pudiera elevarse al cielo.

 

-   ¿Irás al baile en el castillo?

 

-   Claro que sí.

 

-    Espero encontrarte de nuevo, y ahora regresa con cuidado a tu casa.

 

- ¡Me gustó mucho conocerte! ¡Espero volver a jugar contigo! – dijo la niña con una sonrisa de felicidad. Aunque, por dentro, también quería permanecer más tiempo con su nueva amiga, pero debía regresar a casa o sus padres se preocuparían mucho.

 

Y cuando la chica se fue, Elibelly se dio cuenta que no le había preguntado su nombre. Pero, a pesar de ello, el hada de ojos verdes se sintió muy animada aquella tarde. Regresó a casa, ayudó a su mamá con los quehaceres y luego a la hora de la cena estaba con una sonrisa de oreja a oreja. Sus padres sabían que algo muy bueno le había sucedido, pero no le preguntaron nada por temor a interrumpir sus pensamientos  felices.

 

Aquella noche Elibelly soñó con aquella linda chica, ambas se encontraban en el baile y al momento de elegir parejas, ella se acercaba hasta la jovencita de cabellos rubios y la invitaba a bailar. Podía escuchar su hermosa voz y su risa cuando iban de un lado al otro del salón. Elibelly disfrutó tanto aquello, que, al despertar, se sintió triste al darse cuenta que solo había sido un sueño. Todo aquel día estuvo muy callada y no quiso salir a jugar con sus amigas. El hada de ojos como el sol, había hecho que algo sucediese dentro de ella, en su corazón exactamente, podía sentir como se aceleraba cuando pensaba en ella y más cuando recordaba aquel hermoso sueño. Elibelly estaba tan distraída, que non escuchó en dos ocasiones los llamados de su madre para bajar a almorzar.

 

Elibelly buscó a la niña dorada en varias ocasiones durante los días que restaban para la fiesta. Pero, no la encontró por ningún lado. Preguntó a sus amigas y vecinos si habían visto a una chica con sus características, pero, las respuestas eran siempre negativas. Por eso, se resignó en su búsqueda y se aferró a su última esperanza, verla en el baile del castillo.

 

El día de la gran fiesta llegó. Las puertas del castillo estaban abiertas de par en par, recibiendo a todas las hadas que lucían muy elegantes para la ocasión. Elibelly, ataviada con el bello vestido que combinaba con su cabello, estaba nerviosa cuando llegó junto a sus padres. Pero, la ansiedad desapareció cuando se encontró con sus amigas y ellas le hicieron señas para que entraran todas juntas. Si bien se sentía un poco desanimada al ver a las parejas de las chicas, respiró profundamente y se prometió a sí misma que aquella noche sería muy especial.

 

Todo estaba realmente hermoso y no estaba bien sentirse triste. La ceremonia empezó con la aparición de la familia real. La reina Alía y el rey César, quienes anunciaron que su pequeña hija sería presentada antes del primer baile de la noche. Mientras tanto, las hadas disfrutaron de la música y de la comida que estaba servida sobre una larga mesa.

 

Elibelly permaneció con sus amigas charlando y riendo. Hasta el momento todo estaba saliendo muy bien. Pero, tiempo después, se anunció que el primer baile daría comienzo en menos de diez minutos. Elibelly se alejó del grupo sin decir nada y se apoyó contra uno de los pilares que estaban en la entrada del castillo. Toda su alegría se había esfumado por completo, y por más que intentó pensar en otra cosa, no pudo evitar que unas lágrimas cayesen por sus  mejillas al sentirse sola.

 

Estaba contemplando las estrellas y esperando el momento en que el primer baile terminase, cuando en eso, vio a alguien acercarse hasta ella. Elibelly pensó que se trataba de alguna de sus amigas que había ido a buscarla, pero ¡oh sorpresa! era la niña de cabellos y ojos dorados como el sol. No supo que decir, su corazón empezó a latir tan rápido que sus palabras se enredaron y al final se quedó en silencio. La niña llevaba un vestido de seda color rosa y una pequeña corona brillante en su cabeza.

 

- ¡Eres la princesa Margarita! – dijo sorprendida Elibelly, sintiéndose más nerviosa que antes.

 

- Perdona si no te dije quién era. Pero me sentí tan feliz contigo que no quise malograr el momento. Después de ese día he pensado mucho en ti y solo quería volver a verte – dijo tímidamente la princesa.

 

- También me pasó lo mismo, nunca me había sentido así – respondió Elibelly dándose cuenta que la niña sentía lo mismo que ella. – Ya es la hora del primer baile, tus padres deben estar buscándote – terminó por decir, recordando que la fiesta era en honor de la princesa y de seguro muchos desearían bailar con ella.

 

- Lo sé, pero, antes vine a buscar a mi pareja. ¿Quisieras acompañarme? – preguntó la pequeña hada son una sonrisa

 

- ¿Yo? – dijo Elibelly totalmente sorprendida y muy nerviosa. Las palabras salían con esfuerzo de sus labios.

 

- Quiero que Elibelly sea mi hada especial y mi pareja de esta noche. ¿Lo serás?, ¿bailarás conmigo?

 

- ¡Claro que sí! ¡Será todo un honor! – respondió Elibelly alegremente. No podía creerlo, ¿acaso estaba soñando de nuevo? No, ¡esto era real!

 

Ambas entraron al castillo. Las dos se divirtieron mucho después de la presentación de la princesa, y bailaron hasta el cansancio.

 

Lo que comenzó con una amistad se volvió en algo más fuerte conforme pasó el tiempo. Y años después, Elibelly recordaba aquella fiesta con alegría al igual que sus padres. Su sueño se había hecho realidad, no solo tuvo una hermosa pareja de baile, también encontró sin querer a su hada especial. Un hada que la amaba con todo su corazón, al igual que ella.

 

Las chicas compartían aquel bello sentimiento llamado “amor”.

 

La princesa Margarita y Elibelly ahora vivían juntas en el palacio, unidas por aquel amor inocente que nació una tarde, cuando se encontraron por primera vez.

 

- FIN -  


Si quieres dejar un comentario al autor debes login (registrase).