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Sonata de un Sueño Blanco por AzuraWhiteAki

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Notas del fanfic:


(Por qué no hay suficiente DemiAinz) 


Notas del capitulo:

"Porque no hay suficiente Demi x Ainz"


Sonata de un Sueño Blanco

Los efectos del destino sin duda eran inciertos, su constancia y perseverancia era lo que lo lo ayudaba a ser eterno, los caminos, al igual que las acciones solo ayudaban a fortalecer lo ya escrito. Y eso es lo que hacía la vida más placentera para el Amo y Señor de la Gran y Gloriosa Tumba Subterránea de Nazarick. El cual, ahora mismo paseaba por sus grandes pasillos y pisos, aventurándose en lo que ya conocía como la palma de su mano. Iniciando desde los primeros tres pisos que pertenecían a Shalltear, hasta la sala del trono, evitando apenas un poco la última área. Su favorita y la más odiada al mismo tiempo.

El fantasma de su pasado aun persiguiéndole. El pecado lo estaba torturando. En resumen. Le daba vergüenza encararse con él, con su creación. Mejor evitarlo hasta que pudiera reconciliarse aún más consigo mismo, ya tendría su charla amena con Pandora's.

Pero por ahora. Disfrutaría de su auto dado día libre. Se lo merecía después de todo, las conquistas iban bien, y los vasallos se estaban adaptando de maravilla a su nueva rutina y leyes. Un cambio histórico si se lo preguntaban. Necesario viéndole desde un punto de vista neutral. Menos muertes, por irónico que sonara viniendo de alguien como él que representaba a la misma muerte. Más probabilidad de una buena vida, salud y educación para todos. Sinceramente para los pobres campesinos y esclavos liberados era como ganarse la lotería. Claro, dejando lo aterrador de su Gobernante. La amabilidad que presentaba como la sabiduría para enfrentarse a los retos venideros, era algo gratificante que observar. Sonrisas fueron las que comenzaron a extenderse.

Lo moderno juntándose con lo viejo, en una extraña fusión que solo este Mundo podía lograr sin resultar en desastres potenciales que pudieron salir mal en su verdadero hogar.

Así que, volviendo a su caminata, y su pasar elegante por los portales de cada piso, suponía que este pequeño y egoísta deseo, podía permitírselo, asegurándose de que todo momento le fuera a ir de maravilla. Un día libre después de todo no mataba a nadie, y si lo hizo, pues no estaba enterado. Y que mejor que pasarla dentro de su verdadero hogar. Recorriendo las mazmorras que en algún momento también conquistó, no solo, obviamente, pero así ahora lo recordaba su mente después de tantos años.

Los pasillos, así como las diversas faunas siguiendo extendiéndose ante él, como sus sonidos. Los sirvientes siendo los que se hacían a un lado y se inclinaban limpiamente en un movimiento, en señal de respeto y lealtad absoluta, haciéndole sentir seguro en más de una forma.

Sin duda estaba satisfecho.

Parecía que él poseía una suerte insuperable, cosa que le hacía ver que todo había sido cuidadosamente planeado incluso antes de siquiera llegar al próximo punto. Sin duda debía agradecer a algún Dios piadoso después, porque era más que obvio que posea la peor suerte del Mundo.

Mira que terminar con una Gran Tumba en un Mundo extraño y nuevo. Eso si no era mala suerte entonces no sabía que era. Y encima de eso, estaba ese tonto plan de conquistar el Mundo.

Malos entendidos sobre malos entendidos.

Sus súbditos volviéndose contra el Mundo solo para obsequiárselo.

Una sonrisa interna le invadió.

Esos pequeños seres que apenas despertaban de su configuración. Dotados de gracia y belleza, la inteligencia siendo el punto fuerte de algunos, y la fuerza en otros. Cada uno de ellos con cualidades únicas, diferentes e irrepetibles. Sus tesoros. Sus únicos compañeros que, pese a que le dolía, jamás lo abandonaron desde su creación a manos de sus antiguos camaradas.

No fue fácil, por supuesto que no lo fue. El adaptarse de ser un don nadie hasta ser el casi Dios para ellos, requirió de tiempo y esfuerzo. Libros y libros que leyó y aprendió había servido para ese propósito, para llegar hasta donde estaba ahora.

Llevándolos a una era de paz que se pasaría a convertir en una Utopía para que sus niños no tuvieran que luchar en un futuro hasta que fuese el momento en el que llegaran más jugadores. Una preocupación de la cual se encargaría en su momento, pues por ahora, apuntaba a lo primero.

Sí, el mismo se encargaría de darles el futuro que se merecían. Dónde la luz brillaría para ellos. Y en donde el pudiese relajarse lo suficiente para pasar en su pasatiempo, tiempo completo, junto a Narberal, el "Rey sabio del bosque" y, su nuevo y amado cómplice.

Ese dulce caso perdido de su amante.

Una sonrisa interna volvió a azotarlo, esta vez con más fuerza. Con más gozo. El brillo de sus cuencas aumentando solo al pensar en él. Su inexistente corazón latiendo para hacerle sentir un regocijo que comenzaba a disfrutar con creces.

Haciéndole pensar que, tal vez. Quizá, no todo era tan malo.

Sus pasos, entonces, lo llevaron inconscientemente hasta el sexto piso. En donde una gran cúpula de estrellas le recibieron, así como un clima fresco y limpio. El Coliseo permaneciendo en un silencio reconfortante, apenas besando su cansada mente, abriéndole sus brazos a un mundo lleno de paz y tranquilidad.

La copa de los distintos árboles siendo la única canción que podía transmitirle una sensación de que todo marchaba bien.

Quizá era afortunado por estar aquí pese a varios obstáculos que, al momento fueron un impedimento. Llevándolo a ser un Gran Rey y Soberano.

Un Ser Supremo. Como lo dictaminaban sus demás hijos.

Quizá... Solo, quizá.

Aspiró con sus inexistentes pulmones, relajando su cuerpo, al mismo tiempo que su mente. Yendo en dirección al balcón del lugar, justo donde un bello asiento mullido con incrustaciones preciosas le esperaba. La tela roja resaltando una vez llegó, invitándolo a hundirse más en el precioso momento. Apenas oponiéndose sin realmente quererlo.

El trono crujiendo casi perceptiblemente mientras la comodidad lo recibía. Provocando que escapara un suspiro largo y sonoro de su boca. Haciéndole casi lamentar el hecho de que no pudiese dormir, de lo contrario, pensaba que ya hubiese caído en sueño desde que arribó al nuevo Mundo.

Ventajas y Desventajas de su cuerpo suponía. Sin embargo, tal vez no todo era malo.

Era raro. Eso sí. No había duda al ver su complexión esquelética.

Habiendo nacido y vivido como un humano, y después despertar en un "avatar" de un videojuego era lo que apañaba su mente. Por supuesto que para él era raro el cómo, es que se comportaba su nuevo cuerpo. Después de todo, era un jodido esqueleto. Diferente a su manera, pero seguía siendo uno, a fin de cuentas. Aunque con una característica bastante... Peculiar, por no decir, extraña.

El Ítem que se supone le protegía de Objetos e Ítems Mundiales o Magia Salvaje, ahora, gracias a mucha experimentación junto a su nuevo amante, este jugaba un papel... Muy distinto al original.

Y ciertamente debía ser sincero. Le avergonzaba aquello, mucho, más que nada. Tanto que, si se viese obligado a decir cómo es que funcionaba ahora ese Ítem en su cuerpo, el preferiría mil veces antes decirles a sus niños y NPC que era un tonto y que el plan de Conquista Mundial era solo un mal y terrible mal entendido. Incluso se arrodillaría para pedir perdón por sus errores. Sí. Era mucho mejor esa opción que, simplemente decirles a todos como es que ese Ítem de su cuerpo, en tiempos... "Amorosos", cumplía un papel, más que nada... Femenino.

¡Era un hombre! ¡Por supuesto que sí! ¡En toda regla lo era! ¡Su voz era una primera prueba de ello! Pero...

Aquél Ítem. Aquel artefacto poderoso, solo cumplía ese nuevo papel en cuanto a su nuevo cuerpo. (Que en realidad ya venía ocupando sus buenos años). Y no le quedaba más remedio que aceptarlo a regañadientes, (¡El inhibidor ni si quiera funcionaba en esos momentos!) pues, aunque sea tan vergonzoso como para morir o suicidarse si alguien ajeno a él o a su pareja lo supiera, debía reconocer que aquel objeto le dio un nuevo giro a su relación amorosa. Uno, realmente...

Placentero.

Cosa que muy, muy, muy dentro de él lo agradecía, pues a pesar de no tener piel o labios que su pareja pudiera besar. Aun podía hacerlo sentir especial, amado. Vivo...

Y se avergonzaba aún más por ello, aún si Demiurge le insistía en decir que era lo más hermoso y bello que le haya pasado en su vida.

Un regalo divino que solo podía tener el ser más perfecto en el Mundo. En donde los ríos, los mares, los animales y los seres inferiores solo aspirarían a anhelar. Aquel bello obsequió solo podía ser eso, algo realmente bello e irremediablemente exquisito, siendo a su manera única y particular. Permitiéndole unirse con él hasta un punto que solo había imaginado y soñado. Abriendo puertas que antes estaban cerradas y que jamás pensaron encontrar. Un milagro que solo era capaz de lograr un Ser Supremo. Uno que gobernaba sobre la vida y la muerte. Uno que, siempre pensaba en los demás... Las palabras aun así no le hacían verdadera justicia, pues el sentimiento que evocaba era sin duda lo mejor que a Demiurge le había pasado. Sus miles de poemas probaban solo cierta parte que le profesaba.

Y Satoru no sabía que decir al respecto.

Seguía siendo jodidamente extraño... Aún si ya era parte de él.

Mejor solo lo ignoraba. A menos que estuviese de humor para algo más. En ese caso se convertiría en un hipócrita, e iría corriendo a los cálidos brazos de su amado.

Hm...

Debía de estar muy enamorado como para descubrir y hacer esas actividades.

Aunque siendo sinceros.

No se arrepentía de nada. Se sentía... Bien, a fin de cuentas. Aun con tantas confusiones en su mente.

Negó con su cabeza, apartando aquellos pensamientos que le causaban un cosquilleo imaginario en lo que podía ser su abdomen y pecho, mientras un calor se extendía por su cuerpo. El amor envolviéndolo como siempre. Dejando salir una pequeña carcajada, la cual paso desapercibida por su inhibidor. Un punto más a su favor para el momento.

Sus miradas entonces, dirigiéndose al centro del Coliseo. Analizando superficialmente el suelo de la arena. Trasladando su mentir hacia atrás, junto a sus pasadas épocas en las que jugadores intentaban conquistar la Gran Tumba Subterránea de Nazarick. Sonriendo para sus adentros al seguir saboreando sus innumerables victorias.

Había sido una buena época. Una que, ahora mismo ya podía recordarla sin sentir la melancolía de antaño. Apenas sintiendo el paso de los años en su ahora nueva vida. Que de "Nueva" no tenía ya absolutamente nada, pues, desde que llego ya habían pasado sus buenos quince años. Doce sí contaba desde su fallida confesión y por consiguiente su gran Amor.

Tantas cosas ya habían sucedido desde entonces, y aun así aún había algo más que hacer.

Sin ninguna duda podía quedarse así para siempre. Rodeado de sus niños y pareja.

Ellos lo valían.

Demiurge lo valía.

Un atisbo de felicidad volvía a sus ojos. Encendiendo sus ojos flameantes apenas sutilmente como para ser notado. Dándole una apariencia imponente y retadora.

Un Dios en toda regla.

Y dejándose envolver en el ambiente, cerro sus ojos, adentrándose en la atmósfera. Descansando después de un arduo día de trabajo.

Él lo valía después de todo.

***

Mientras tanto, lejos de la Gran Tumba Subterránea de Nazarick, Demiurge terminaba de alimentar a sus queridas y mimadas "Ovejas", sonriendo sádicamente cuando algunos de ellos osaban mirarle directamente, divirtiéndose a su propia manera. Saboreando el líquido sabor metálico que alcanzo sus labios después del último experimento, el cual, le emocionaba terminar.

Iba a ser un gran avance para el nuevo dote de pergaminos. Estos siendo más resistentes hablando de su composición, como de su tolerancia a la magia de más alto nivel, pasando a romper su propio límite.

Sí, sin ninguna duda iban a ser una buena solución para reducir gastos y materiales, y por supuesto, lo que quedara iba a ser reutilizado en otras partes para un avance más en Nazarick. Una nueva área quizá lo necesitaba más, quizá Albedo podría darle un buen uso en la administración, o Pandora's, combinándolo con algunos Ítem infinitos.

Quien sabe, las posibilidades eran realmente infinitas. Hasta un tonto podría verlo.

El orgullo sin ninguna duda le llenaba de satisfacción.

Después de todo, adoraba ser útil. Sobre todo, amaba ser el ser que más le servía a su querido y amado Amo. Tenía la seguridad incluso que Albedo ni siquiera podía llegar a ese nivel ahora, estaba convencido de ello. Pues a quién Momonga miraba era a él y nada más que a él.

Y eso le hacía feliz en muchas maneras, ya que, a pesar de ser indigno por ser una raza inferior a su amado, aun así, le elegía una y otra vez, mientras sus hermosos ojos rubí le miraban como solo Momonga podía hacerlo. Transmitiéndole tanta paz y amor que le hacían sonreír incluso ahora.

Justo cuando quito el último hueso de su más vieja oveja, extrayéndolo de manera pulcra y cuidadosa, dejando atrás el cartílago y la piel colgante que se utilizaría para más pergaminos. Bañándose en sangre a propósito para transmitir más miedo a sus nuevas adquisiciones. Satisfaciéndole sus reacciones. Observándoles desde la parte más alta de su "pequeña" granja.

Justo como debía ser.

Una sonrisa burlona asomándose en la comisura de sus labios.

De verdad que amaba su trabajo.

La tortura a los demás siguió, mientras él solo se ocupaba de tallar algo en los huesos obtenidos, el blanco saliendo a relucir después de dedicación y esmero. Apenas apreciándole por lo que percibía, recordando entonces el firme pero hermoso cuerpo de su amante, el hueso de aquella oveja no se comparaba siquiera con el de su Momonga.

El blanco tan puro como la más bella perla, siendo acariciado solo por sus manos y cuerpo. Sintiendo cada parte como única y hermosa. Como una obra de arte que muchos anhelaban tocar, pero que solo podías observar desde un escaparate firmemente custodiado, posándose en el más alto altar que un ser inferior podía hacer para ese propósito, mientras una fragancia de pulcritud y riqueza asaltaba tus fosas nasales, haciéndote sentir indigno de solo verle.

Un suspiró escapando de sus labios, haciéndole negar sutilmente de una manera elegante, debía concentrarse en lo que hacía, o de lo contrario, cabría la posibilidad de ir y secuestrar a su amado para demostrarle cuanto le amaba. Importándole poco si algún sirviente los viera, después de todo, su Amor no quedo en las sombras más que por un par de días.

Ellos habían sido y seguían siendo la comidilla de los habitantes de Nazarick. Los cuales esperaban ansiosamente la fecha que antes se había fijado específicamente en el calendario, un gran círculo rojo señalaba el veinte del mes del próximo año.

Las palabras "Boda y Banquete" fueron remarcadas por nadie más que Albedo misma. La cual recuerda lloró de manera amarga junto a Shalltear. Las cuales murmuraron algo sobre alguna interrupción y secuestro.

Aún a la fecha no estaba seguro si debía hacer algo al respecto, suponía en el momento que sucediera algo alusivo a ello, Momonga se encargaría de eso.

Pero por ahora, dejando sus experimentos de lado, solo le quedaba menos de un par de horas para concluir lo que había estado haciendo desde hace más de seis meses.

Un par de anillos bañados en el más puro oro negro, junto al más exquisito diseño, adornados con las joyas más difíciles de conseguir. Ya que por supuesto, no dejaría esa tarea a alguien más, ni siquiera al herrero oficial de Nazarick. Pues, esa era la prueba misma que señalaba los sentimientos que mantenía en su corazón por su amado, y nadie tenía derecho a tocar esos anillos más que su Amo y él. Así debía ser, así debía concluir, ayudándose apenas de las herramientas obtenidas de sus ovejas (Recordaría su numeración en el futuro. Era lo máximo que podía hacer al respecto). La última asegurándose de hacerla bien tallando en el hueso lo que necesitaba, pues ahora solo faltaba el grabado.

Quizá en la punta debería ponerle diamante. El diamante se prestaría para lo que faltaba.

Asintió una vez que la herramienta deseada quedo en sus manos, y dejando por un momento aquella sala solitaria, fue a cambiar sus guantes y ropa.

Debía estar limpió para terminar un largo proceso, la sangre indigna no debía tocar aquel presente.

Y sonriendo de manera antinatural para él, expreso su cariño una vez regreso a concluir su trabajo, sin duda ya tenía muchos planes en mente.

Justo como debía ser. Justo como lo demandaba su corazón. No había más dicha más grande que ello.

***

Momonga sintiendo metafóricamente la brisa del lugar acariciar sus huesos, fue entonces que sus ojos volvieron a abrirse, brillando tenuemente en un leve parpadeo antes de enfocar su vista una vez más al coliseo. El cual mostraba como es que apenas entraban algunas de sus creaciones junto a aquella mascota que tanto le encantaba. Su pelaje como armadura atrayéndole lo suficiente al menos hasta que pudieron colocarse en el centro de la arena. Un entrenamiento especial iniciando con el fin de seguir subiendo los niveles iniciales alcanzados por Hamsuke. Reverenciándole en silencio ante su propia postura. Una de sus manos alzándose en reconocimiento para que aquello iniciara. Brindando apenas algo de entusiasmo a lo que Hamsuke y sus creaciones percibieron como una bendición o una plegaria. Llevándolos a querer esforzarse al máximo mientras su señor veía atento.

Satoru apenas percibiéndolo. Levantando sus hombros antes de que un par de pasos sonaran justamente detrás de él. Su aura como presencia extendiéndose antes de que un lindo elfo se asomara tímidamente a uno de sus costados. La sonrisa como apenas un aire juvenil atendiendo su rostro. Las ropas siendo las mismas desde que Satoru recuerda haber arribado al Nuevo Mundo. La presencia familiar ayudando a que su cabeza se recargara en aquel trono que aún le abrazaba, reconfortante. La voz infantil resonando casi en seguida.

—¡A-Ainz-sama! ¡Lo s—siento! ¡No había notado que estaba aquí! Este se disculpa por su descuido... —Menciono claramente nervioso aquel elfo. A lo que Momonga solo negó divertido. Colocando suavemente una de sus manos en la cabeza contraria. Acariciando poco después. Una sonrisa pareciendo notarse en su mirada.

—No tienes que preocuparte. ¿Es tu día libre no?

—¡Sí! ¡P-Pero...! —Quiso replicar aquel NPC, más Momonga apenas lo permitió. Negando elegantemente.

—No, no tienes porqué angustiarte. Este día está bien si solo pones atención a ti mismo. Es saludable... —Aludió a lo leído anteriormente. Alarmando levemente a su Guardian.

—¡¿C-Cómo podría?! ¡Ainz-sama ha venido personalmente aquí! Lo mínimo que puedo hacer es servirle con todo mi esfuerzo y atención... —

Y ahí estaba con lo que Momonga seguía luchando. La obsesión de trabajo de sus Guardianes. Sus ojos parecieron apagarse sutilmente antes de que sus hombros bajaran levemente. Una mueca imaginaria reflejándose en su rostro. Aquello simplemente estaba costando más que de costumbre.

Aunque ahora los comprendía un poco más. Tal vez si él tuviese a un Dios andando por ahí, también procuraría servirle siempre. Aunque, él no era un Dios. Mucho menos un ser omnipotente. Por más que Demiurge se lo dijera. Así que, negando levemente ante sus propios pensamientos, fue que dejo aquel asunto por la paz. Regresando a su postura original. Su voz resonando con parsimonia después.

—Gracias Mare... Mejor cuéntame, ¿Que has hecho de tu día? ¿Has descansado bien?

—¡Sí! Justo como Ainz-sama lo mando. He dormido por ocho horas y he leído como me gusta hacer... Mañana debo estar preparado para seguir con mi trabajo. —Respondió Mare, como quien espera un elogió. Momonga asintió, regresando una nueva caricia a cambio. Encantando al elfo oscuro que le observo conmovido. Su lealtad aumentando cada día más.

—Me alegro... Dime, ¿Aún hay algo más que desees hacer por lo que resta de tu día libre?

—¡Servirle Ainz-sama! —Momonga suspiró. Suponía así eran sus NPC. Sus Guardianes.

—Mn. Ya veo... Entiendo. Entonces sírveme con diligencia y atención...

—¡Sí! ¡Ainz-sama!... —Y al parecer la charla hubiese acabado ahí al menos hasta que después de que Momonga regresara su vista al entrenamiento de Hamsuke. Mare le mirara un poco más tímido de lo normal. Su rostro dejando ver un sutil sonrojo antes de que sus labios se abrieran y cerraran por intervalos de tiempo. Sus manos dejando ver su nerviosismo ante el agarre a su báculo. Atrayendo de regreso la atención de Ainz. El cual le miro detenidamente antes de volver a hablar suavemente, tratando de no influir más en su estado. Provocando un ligero salto en el elfo oscuro.

—¿Mare? ¿Ocurre algo?

—N-No Ainz-sama... Solo...

—¿Solo? —Insistió con más suavidad que antes. Otorgando la confianza que Mare necesito para hablar. Calmándolo para luego hacerlo soltar un largo suspiro. Su mirada dirigiéndose a él casi tan determinado que le hizo dudar si es que había sido buena idea dejarlo hablar en primer lugar.

—Yo... Me gustaría saber si... ¿C-Cómo es que va su relación con Demiurge?

—¿Eh?

—Es que, su unión con él será el próximo año. Y me gustaría escucharlos hablar sobre eso... Es todo. —

Satoru se quedó por un momento en blanco ante lo cuestionado poco después para escuchar cómo es que un par de alas se movían a la distancia. Queriendo ser tan discretas como algunas uñas encajándose en la pared. El rasgueó al concreto resultando ser bastante obvio para Momonga, quien luego de observar su panorama, fue que rio divertido. Fingiendo que las voces de su Guardiana y su Supervisora no se escuchaban alteradas. Mare siendo quién aguantaba su juego.

—Debo admitir que me va sumamente bien. Me hace sentir feliz el hecho de que te interese un poco mi vida amorosa... ¿Has encontrado a alguien en nuestro Reino Élfico Mare?

—¿Eh? ¡N-No! Solo preguntaba por curiosidad... —Las curiosidades chocando ante el suelo a sus palabras. Pesando más que nada las de Momonga en ellas.

—Entiendo. En cualquier caso, en algún momento que necesites puedes venir a mí por un consejo... —Comento Ainz. Su voz tornándose paternal mientras daba un asentimiento a Mare. El cual le observo maravillado. Su cabeza moviéndose de arriba abajo con vehemencia.

—¡Sí! ¡Gracias Ainz-sama!

—Ustedes dos...—Llamo a las dos intrusas detrás de bambalinas. Sus movimientos deteniéndose ante su voz. —Mas vale no hagan un movimiento impulsivo ante ello, o tendrán severas consecuencias. ¿He quedado claro?

—¡Lo sentimos mucho Ainz-sama! ¡Agradecemos su piedad y amabilidad! —Exclamaron las dos intrusas antes de desaparecer. Dejando tranquilos a ambos hombres que suspiraron al mismo tiempo antes de mirarse entre sí. Sonriendo levemente.

—¿Te sobornaron?

—Me dijeron que me darían lo que quería si lo preguntaba Ainz-sama...

—¿Entonces no lo querías saber?

—Bueno... —Momonga volvió a reír. Contento antes de que su inhibidor atacara. Dejándolo sin sentir hasta que sus sentimientos volvían a flote en menos de un segundo. Provocando un suspiro. Una suave mirada posándose en él para luego observar a Mare.

—No te preocupes. Demiurge es la persona perfecta para acompañarme el resto de mis días. Así lo he elegido... Además... Aún falta darles una sorpresa pronto, así que estará bien por ahora...

—¿Sorpresa? —Momonga coloco uno de sus dedos suavemente cerca de sus dientes. Haciendo con aquello un gesto que provoco en Mare una mirada esperanzada. —¡Entiendo Ainz-sama! Guardare bien el secreto... —Prometió el elfo oscuro antes de asentir. Emocionado.

Ainz supo que podía confiar en él ciegamente. Especialmente ante los pasos venideros, Aura siendo la que se asomaría al otro lado de sus costados. Su sonrisa levemente traviesa asomándose en la comisura de sus labios. Apostaba a que era otra de los caídos ante el soborno de Albedo y Shalltear. Las preguntas que siguieron lo confirmaron.

A veces si que era toda una proeza mantener su vida amorosa en privado. O al menos la mayor parte. Mare y Aura aun eran pequeños para saber de la otra parte. Su tarde pasándola cerca de aquellos bellos niños, antes de que se le unieran Albedo, Shalltear y Cocytus. Cada uno otorgando una buena conversación al menos hasta que el sol salió en aquel piso. Anunciando un nuevo día de trabajo para todos. Cada uno desapareciendo después de que él lo hiciera. Sus sonrisas siendo borradas al menos hasta que Albedo y Shalltear se abalanzaran hasta los gemelos. Cocytus solo suspiro. Aquello ya era el pan de cada día.

Era bueno que su Señor Ainz tolerara todo ello. Admirable de su parte a palabras de Cocytus.

***

Y tal y como habían acordado. Ainz se dirigió hasta su propia habitación sino antes de despachar a los asesinos de ocho filos y a la sirvienta en turno. Alegando que esperaba a Demiurge, por lo tanto, estaría perfectamente bien. Sus sirvientes mirándose entre sí, antes de que un sonrojo apareciera en el bello rostro de la Dama. Sus pensamientos girando por un rumbo equivocado antes de que ella misma asintiera y los asesinos de ocho filos accedieran a montar guardia para que su Señor y su amado no fuesen interrumpidos. Momonga apenas notando el detalle antes de que subiera los hombros con ligera confusión. Ajeno a lo que pasaba. Negando antes de cambiar sus ropas a unas más cómodas, una bella túnica cubriéndole mientras esperaba paciente en su escritorio. Adelantando trabajo en lo que Demiurge llegaba.

La belleza y la gracia cubriéndole aun si no se percataba. Las tímidas joyas que aun afirmaban su túnica, brillando ante cada movimiento dado. Mientras sus mangas eran largas y suaves, los bordes dejando ver hilo de plata y oro. Un cinturón sujetando su inexistente cintura a la vez que un par de zapatos cómodos cubrían sus pies. Dándole una apariencia relajada antes de que la puerta se abriera después de un par de golpes. No necesitando anuncio ante el hombre que entró.

Los pasos seguros como el porte elegante hablando por Demiurge para luego recibir la mirada de Momonga. El cual se relajó visiblemente ante él. Un saludo inmediato naciendo de ello.

—Has llegado... —Menciono más como una afirmación que un saludo. Como quien espera una eternidad por el arribo de aquella persona especial. Ganándose inmediatamente el par de ojos brillantes de Demiurge. El cual sonrió tiernamente. Despojándose de toda malicia en menos de un segundo ante su Amado y su Señor. Su cola metálica moviéndose de un lado a otro ante la felicidad que le era imposible ocultar.

—Momonga-sama...

—No tienes que guardar las apariencias. Solo estamos tú y yo... —Demiurge sonrió un poco más ladino ante el hecho escuchado.

—Comprendo, Momonga...

—Eso está mejor... ¿Cómo te fue? —

Cuestiono Ainz. Levantándose lentamente de su silla para inmediatamente ser alcanzado por su Guardian. Quien sintió el calor del hogar llegar a él ante la confianza de su amado. Tomando su mano suavemente para ayudarle a levantarse. Un par de pasos siendo necesarios para que pudieran quedar de frente. Ambas miradas conectándose como consecuencia. El rojo brillante cual fuego en su punto máximo, como el frio del diamante que reflejaba la felicidad que traía aquel encuentro.

—Sin duda fue fructífero... Varios avances se han hecho y se pretende obtener pronto nuevas adquisiciones para nuestra reserva... —

Informo suavemente el Guardian. Ganándose la atención como una leve inclinación de la cabeza de Momonga. El cual solo asintió medianamente. Suspirando bajamente mientras comprendía que aquello de ser el primero en saber todo lo que hacía su pareja era primordial para él. Sonriendo apenas a través de su sonrisa. Calmado y relajándose ante la familiaridad de la rutina.

—Me alegro mucho. Sin duda sé que tus avances serán beneficiosos para Nazarick. Pero, me gustaría saber cómo es que fue tu día. ¿Puedo saber? —

Y entonces Demiurge se sintió en casa.

—Me fue excelente. Recuerdo haber llegado temprano en la mañana y haber comenzado mis quehaceres. Alerté varios planes y de ahí me puse a trabajar como de costumbre...

—¿No te sentías cansado?

—Al contrario... Me sentí emocionado. Solo el pensar en lo que está por suceder me hace sentir el Guardian más afortunado de todos, uno de mis sueños se cumple... Momonga. —Llamo, sin razón. Sin esperar nada a cambio. Solo, satisfecho de obtener lo que deseaba con libertad.

—¿Es eso así? Jajaja veo que entonces estamos en igualdad de condiciones. ¿Vamos? —Preguntó Momonga. Recibiendo inmediatamente uno de los brazos de Demiurge a cambio. La etiqueta pareciendo haber nacido en todo momento con él, provocando que solo suspirara una vez más. Esta vez encantado ante el gesto. Tomando de inmediato la invitación mientras ambos se abrían paso por aquella habitación hasta llegar a una esquina bien escondida. Un florero empotrado en la pared siendo el camuflaje necesario para hacer lo que ellos deseaban, sin tener que esperar que un séquito los siguiese.

Rápidamente un pasadizo abriéndose para ellos en la forma de un portal con escaleras de cristal que les guiaban a lo que parecía ser desconocido, el silencio jugando a favor mientras se miraron momentáneamente. Besándose suavemente antes de dar los primeros pasos dentro del mismo. La amena conversación volviendo a surgir ante la espera.

—Debo admitir que me siento un poco nervioso... —Dio a conocer de pronto Momonga, llamando a Demiurge, el cual le observo detenidamente antes de sonreír complacido. Agradecido ante la confianza que tenía de su amado. Sintiéndose único para observar el lado más débil de su Señor. Su amor y lealtad incrementando hasta puntos inimaginables aun día a día. Su amor superándolos de a poco.

—Yo también... —Quiso animar Demiurge a Ainz. Su tono volviéndose suave y juguetón. —Pero me siento satisfecho ante lo que sucede, lo que vivimos, lo que hacemos... Pienso que todo se ha acumulado solo para llegar a este momento. En el cual, me honra estar a tu lado. Sin miramientos y sin obstáculos... Te amo. Y esa seguridad es la que me hace sentir seguro. Aunque nervioso en el término de, ¿Seré acaso un buen esposo? ¿Un comandante? ¿Un...? —

—Lo serás... —

Afirmo Momonga, interrumpiendo las palabras de su amado. El cual le miro detenidamente ante la decisión y la fuerza de las mismas. Una vorágine de sentimientos siendo llamada a su estómago mientras la visión delante de ellos cambiaba poco a poco. Llegando de imprevisto a lo que parecía ser un largo pasillo negro y blanco. El suelo reflejando el mosaico oscuro que lo cubría mientras el mármol pulcro les rodeaba y les dirigiría hasta un punto que parecía lejano. Un arco mostrándose en un bello diseño. El símbolo de Momonga permaneciendo en la punta del mismo. Mientras una luz iluminaba el lugar, viniendo en casi todas direcciones, pero sin lastimar la vista de los visitantes. Los cuales comenzaron su caminata lenta y amena.

La gabardina roja de Demiurge siendo la que se movía ligeramente con elegancia, así como la túnica de Momonga. El cual parecía todo un Dios de la muerte dirigiéndose a un destino incierto. La nobleza de sus movimientos siendo reflejados por el suelo. El cual parecía brillar a cada paso que daba, como si aquel pasillo solo hubiese sido hecho para él y nada más que para él. Su pareja pasando a tomar aquello con buenos ojos. Satisfecho de ver cómo es que su magia respondía a sus sentimientos. El universo de bolsillo resultando ser un artefacto maravilloso mientras hacían lo que querían.

Dejándoles un tiempo para ambos. Sin miradas de más. Una tranquilidad de pronto azotando sus cuerpos antes de que se dieran cuenta cuanto es que habían avanzado. Las palabras volviendo a fluir, más íntimas. Más liberadas...

—Me alegro de solo escucharte decir eso... Puede que muchas cosas cambien de aquí en adelante, pero me alegro que estés conmigo para dar este paso tan importante... —

—Puedo replicar tus palabras y aun así no terminaría de agradecerte... —Dijo Demiurge. Sonriendo suavemente. Su rostro llenándose de confianza. Mientras parecían que sus rasgos se afilaban un poco más. La madurez llegando de pronto, maravillando a Momonga. El cual asintió, complacido y satisfecho.

Kufufu~ Eres demasiado adulador...

—No, no creo que pueda serlo. Ni siquiera lo suficiente para dejarte anonado...

Oh~ ¿Es eso así? Yo no creo que sea bueno con mis palabras. La mayoría de mis planes son deducidos por ti fácilmente... Eres quien mejor los expone...

—¿De verdad? Yo creo que eres magnífico para hacerlo por ti mismo. Aún tengo que aprender más a comparación contigo... —Menciono Demiurge, modesto. Un sutil sonrojo posándose en sus mejillas antes de que Momonga le viera con detenimiento. Un suspiro sonando de pronto.

—No. Insisto... —Tal vez habría cosas que jamás cambiarían. Fue el pensamiento de Ainz antes de seguir adelante. Escuchando lo que Demiurge tenía que decirle, más y más elogios a su persona reluciendo solo para ser silenciados en un beso. Cosa que Momonga uso para ello, sin percatarse del plan inicial de su acompañante. Quien a pesar de saber que su amado no le negaría nada, aun así, amaba usar esos planes que eran fácilmente leídos por el otro. Alegrándole aún más hasta que llego el momento en el cual ambos habían acordado.

El arco siendo lo siguiente que percibieron antes de que una luz distinta iluminara el sitio. Cristales de muchos colores brillando ante la oscuridad que los rodeaba, dando un hermoso espectáculo a quién los viese. La magia pareciendo inundar el lugar que parecía extenderse infinitamente. No habiendo un inicio específico o un final. Llevando a Demiurge y Momonga a moverse a través de ellos, rodeándoles para poder pasar, encaminándose hasta el lugar esperado. Trayendo una nueva conversación al momento. Recordando cada uno de sus logros después.

El tema de la Teocracia Slane después. En ello tardándose algunos buenos montos mientras ambos rememoraban con sonrisas orgullosas como es que aquello que los que habían alabado en un principio tanto a los humanos. Hubiesen caído en la misma desgracia después de enfrentarlos y ofenderlos. La táctica usada esta vez siendo una Guerra comercial y económica que no dejo siquiera presupuesto para los cardenales que tanto afirmaban defender el legado de los "Seis Héroes" convirtiéndose en una burla para la que Demiurge disfruto una vez dio a conocer la situación. Adquiriendo de paso un nuevo juguete con el cual experimentar después. La chica medio elfa siendo la que sonrió una vez sus ataduras se fueron junto a los locos de la Teocracia. Su locura pareciendo ser amortiguada con el asesinato de su progenitor como el conocer al que sería su prometido en muchísimos años más. Mare apenas salvándose cuando un elfo pequeño fue escogido a cambio. Una leal súbdita siendo adherida a Nazarick en consecuencia. Su nivel ochenta manteniéndose así a propósito. Comentando su fuerza hasta que Momonga dio los últimos pasos para llegar hasta el centro del sitio.

Un gran cristal presentándose ante él, mientras Demiurge sonreía un poco muy feliz. Su mirada apenas siendo ocultada por el par de gafas que portaba. Su voz exclamativa resonando ante lo que veía.

—¡Todo ha marchado a la perfección! ¡No, incluso esa palabra no es digna para describir este proceso! Su presencia magnánima y etérea merecen más... ¿No lo crees Momonga?

—Sí... Debo admitir que esta vez tus labios están llenos de razón. No puedo refutar aquello... —Admitió Momonga. Sus pasos resonando antes de que una de sus manos tocara aquel cristal que contenía a un ser que se envolvía a sí mismo. Su pequeña complexión dando a entender mucho más de lo que podrían imaginarse. Sus cuencas brillando como si el sol ardiera en ellas. La felicidad pareciendo salir de sus huesos ante lo que observaba.

—Entonces... ¿Crees que es tiempo de proceder? —Cuestiono Demiurge. Imitando a su amado, mientras sus ojos se desviaban a él. Rápidamente recibiendo un asentimiento a cambio.

—Sí... Por favor. Ya se han marcado los meses suficientes. Creo que es hora de liberarla...

—En ese caso... Permíteme— Pidió Demiurge. Retirando suavemente la mano de su amado para proceder a lo que quería hacer. Sus manos encontrándose con el cristal para comenzar a derretirlo. De a poco y constantemente, dejando que varios sellos debajo del mismo brillaran en respuesta, magia comenzando a revolotear mientras Momonga veía y supervisaba atento. Listo por si en un momento aquella maniobra se complicaba o se notara afectada. Un aire imaginario manteniéndose en sus pulmones mientras una luz roja comenzaba a hacerse notar. Los hechizos antes llamados comenzando a desaparecer lentamente antes de que pudieran apreciar cómo es que una dulce criatura se asomaba del cristal.

Una piel pálida exponiéndose sin más. Sus brazos pequeños, como sus piernas sirviendo para cubrirse ante el frío que de pronto le invadió. Sus ojos abriéndose solo para revelar un par de diamantes rojos que rivalizaban en belleza con los de Demiurge. Sus pequeñas manos moviéndose mientras una tímida cola salía detrás de su espalda. Saliendo de su coxis. El hueso blanco brillando antes de que un ligero estornudo la atacara de repente. Convirtiéndole en un lindo esqueleto pequeño, el cual ahora dejaba ver cómo es que sus ojos de diamante eran reemplazados por un par de puntos brillantes que rivalizaron con la intensidad con la que Momonga le veía. El cual extendió sus brazos a tiempo para atraparla, un llanto viniendo inevitablemente, sus lágrimas siendo carmesí, mientras Momonga la arropaba con suavidad. Susurrando casi inmediatamente una vez un cálido fuego le cubrió, el hechizo dándose por concluido.

—Bienvenida al Mundo mi niña... Dile hola a tu papá... Padre esta por presentarse... —Anuncio, ganándose la mirada de aquella infante que calmo su llanto solo para observar cómo es que un hombre le observo a la lejanía, acercándose rápidamente para apreciarla. Una cola de metal de pronto uniéndose a la pequeña en un gesto paterno.

—Hola Abel... Un gusto por fin conocerte. Momonga y yo hemos esperado por mucho para tu llegada... —La pequeña infante observo a ambos hombres solo para volver a soltar en llanto. Pareciendo casi molesta de haber sido sacada de su protección. Una cuna para ella.

—Vamos... Vamos... —Llamo Momonga. Meciendo a la pequeña para reconfortarla. Consiguiéndolo a los pocos minutos. —Eso es... Bienvenida de nuevo mi pequeña Abel... La heredera de Nazarick ha nacido.... —Anuncio. Llenando de orgullo al Guardian. El cual asintió contento, aliviado de que su experimento hubiese valido completamente la pena. Costando años de esfuerzo y un precio a pagar.

Su sangre por parte de él. Una costilla por parte de su amado Momonga. Solo para conseguir este resultado. El cual, con años de anticipación por fin recibían contentos. Alegres. Y un poco ansiosos por darlo a conocer. Su alegría multiplicándose una vez los cristales por los que estaban rodeados fueron reduciendo su tamaño. Su propósito habiendo sido cumplido con gran éxito.

Marcando un camino que la pareja decidió Seguir después de un bello momento. La niña pequeña quedando en brazos de Momonga, el cual mantenía mucho cuidado para llevarla de un lado a otro. Su túnica sirviendo como sus mangas para cubrir la desnudez del pequeño ser. Tapándola de miradas curiosas una vez llegaron de regreso a la habitación. El silencio apenas siendo roto por el estornudo de la más pequeña. La palidez de una piel volviendo a exhibirse sin más. Ganándose una risa suave por parte de ambos hombres. Quienes ahora podían percibirse como los padres de aquella pequeña. Sus mejores cualidades uniéndose en un lindo ser que ahora dormitaba tranquila. Siendo tomada esta vez por Demiurge, quien se dirigió hasta la habitación principal para bañarla y cambiarla. Siendo seguido de cerca por Momonga. Sus pasos silenciosos distando ante como es que se movía, su adaptación siempre adecuándose al momento. Haciendo maravillar al Guardian.

Su señor siempre estando un paso adelante en todo. Era todo un honor habiendo sido escogido por él. De eso, no había duda. Su amor creciendo cada vez más...

Aquella era una buena vida soñada.

***

Y entonces. El día siguiente llego. Había bastante cuchicheo de aquí allá. Las sirvientas que realizaban diligentemente sus labores eran las que más cotilleaban mientras observaban a cada Guardián pasar. Deteniendo su vista discreta en el predilecto por selección. El demonio viéndose mucho más elegante que de costumbre, su gabardina pasando a ser oscura, sus colores rojos como sus líneas blancas en su traje, sustituyendo por el puro y pulcro negro. Los detalles de su camisa apenas resaltando donde es que comenzaba y terminaba. Sus zapatos siendo los mejores para acompañar lo que parecía ser un anillo en su mano izquierda. El bello diamante rojo como el fuego mismo resaltando ante sus movimientos coordinados y elegantes. Su cabello habiendo sido peinado un poco hacia atrás para dar una nueva apariencia. Como si con ello dijera a todo el Mundo lo que pasaba.

Su cambio de Amo notándose a kilómetros. El respeto a su creador quedando en un ligero detalle en una de sus solapas. Mientras que en su corbata visiblemente se distinguía la insignia de Momonga-sama. No de Ainz Ooal Gown. Como se acostumbraba, esto siendo suficiente para mostrar la ligera posesión que mantenía su Señor conforme a su amado. Pero, sobre todo. El poder que después se le sería entregado. Manteniéndolo casi como un igual. La cola metálica moviéndose bajamente y elegante mientras su postura cambiaba a una ligeramente arrogante y orgullosa. Su pecho inflándose como si hubiese descubierto un gran tesoro o hubiese hecho un gran experimento. Su éxito notándose en su ser.

Sus pasos seguros llevándolo hasta la sala del trono. En donde Pestonia mantenía a un ser en brazos. Uno que arrullaba con amor y cariño. La carga siendo entregado al Guardian una vez hubo llegado a la puerta de la sala en espera del llamado antes acordado. La voz de su Señor escuchándose clara y fuerte como si estuviese a su lado.

Las joyas como los hechizos en la pequeña niña reluciendo con brillantes y gracia mientras esperaba. Los nervios colándose por sus manos hasta llegar a su cuerpo. Un suspiro siendo necesario cuando pudo escuchar cómo es que se acercaba el momento de entrar.

—... Mis queridos seres queridos. Hemos recorrido un gran camino para lograr lo que en un principio de pretendió. Los planes han sido los correctos y su actuar sin duda influyo para que pudiera suceder. Les agradezco mucho su trabajo arduo y su atención...

—¡Ainz-sama! No tiene por qué decirlo. Nosotros agradecemos que este con nosotros. Aun a pesar de todo lo que paso con los demás Seres Supremos. ¡Es todo un honor mantenernos a su lado fieles a seguirle! —Exclamo de pronto Aura. Su tono jovial siendo alabado por los presentes, quienes asintieron. Albedo pasando a ser la siguiente.

—Ainz-sama. Su sabiduría no puede compararse ahora con su máxima gloria y esplendor. Su camino fue labrado por usted mismo, y seguirlo solo nos hace sentir los más afortunados seres que haya en este Mundo. ¡Admiramos su valor y su mando! Así que no tiene que preocuparse por detalles tan pequeños. Estamos conscientes de su cuidado y cariño. Y como sus súbditos, y Guardines nos sentimos agradecidos con usted...

—Albedo... Aura... —Susurro Ainz. Su tono pareciendo conmovido aun con su aura levemente rodeándole. Una sonrisa visualizándose en sus ojos. El destello de los mismos siendo maravillosos antes de que aclarara su garganta. Preparándose para lo que vendría. —Admiro sus palabras. Como gobernante me hace sentir que Nazarick va por el camino correcto... Pero, aun con todo ello. En un futuro, si es que llegase a sucederme algo y no pudiera volver como mis Camaradas, me inquieta lo que pudiera suceder...

—No diga eso, Ainz-sama. ¡Nosotros lo protegeremos con nuestras vidas y voluntades! —Menciono de pronto Sebas. Alzando ligeramente su cabeza para que los demás asintieran de manera determinada. Provocando una leve tos falsa en Ainz. Quien supo que debía aclarar lo dicho

—Y no dudo de eso... Pero me temo que en este Mundo puede haber algo así. O puede que suceda algo parecido... Pensar en que somos los más fuertes solo nos llevara a la perdición misma. Deben abrir sus horizontes y razonar en todos los posibles escenarios lo que podría ocurrir... —

Los Guardianes presentes como sus subordinados bajaron la cabeza en señal de respeto ante la sabiduría tan grande de su Señor. Consientes y temerosos de que podría pasar. Y habiendo al menos pasado un par de minutos más, fue que Momonga supo que era hora de continuar. Escuchando un leve balbuceo a lo lejos después.

—Por ello, es que me gustaría anunciar que, lo imposible ha sido alcanzado. El milagro fue mandado y la vida por fin nos sonríe... Quiero hacerles de su saber que se ha podido concebir a un heredero al cual puedan seguir y proteger en su debido momento... ¡Demiurge!

Las puertas entonces fueron abiertas. Y con ello el Demonio entró orgulloso con la bebé en brazos. Las miradas posándose en él para luego hacer que jadeos asombrados comenzaran a escucharse. Shalltear y Albedo siendo las primeras. Cada una sintiendo que el puesto de segundas esposas se degradaba a concubinas. Lágrimas asomándose en sus ojos antes de que sonrisas resignadas y orgullosas aparecieran suaves en sus labios. Sintiéndose felices de que su amado hubiese podido cumplir como siempre el papel de debía ocupar. El de padre resonando en sus mentes antes de que Cocytus se alegrara. Sus mandíbulas moviéndose sinceramente poco después para que los presentes estallaran en júbilo. Arrodillándose inmediatamente ante el paso de su futura gobernante. Susurros bien intencionados resonando por la habitación como ligeras risas alegres.

Demiurge una vez llego hasta estar cerca de su amado, fue que se inclinó ligeramente en respeto antes de subir las escaleras que llevaban al trono de su Señor. El cual, rápidamente extendió sus brazos para recibir a la más pequeña, acunándola inmediatamente. Mientras Demiurge se colocaba al otro lado de su amado. Viéndose ahora en igualdad de poder y belleza que Albedo. Quien le observo recelosa. Una ligera mueca viéndose en su hermoso rostro antes de dar una sonrisa sincera. Pues, sabía que ahora bien podía confiar la felicidad total de su amado en manos de él. Imaginando sus futuros planes como concubina para más tarde.

Las felicitaciones y las alegrías llegando casi de inmediato. La alabanza siendo lo que inmortalizó aquel momento tan precioso para la pareja predilecta. Sus orgullos siendo elevados mientras escuchaban atentos.

—¡Alaben a nuestro futura Ser Supremo! ¡Abel-sama! ¡Que viva nuestro futuro! ¡Y que viva nuestro Señor Ainz!

—¡Viva!

Demiurge no podía estar más orgulloso que esto. De eso no habría duda. Era como estar en una sonata dulce y melodiosa. Brillante para quien pudiera escucharla.

Y desde entones, nadie hubiera imaginado que pasarían al menos doscientos años más para que algún Ser supremo pudiera volver a sentirse cerca. O un jugador.

En aquella Utopía.

Un ser con rasgos finos y ligeramente cadavéricos era acompañado por otro de rasgos puntiagudas y uñas negras. Sus trajes de aventureros Adamantita siendo de respeto y alabanza mientras que un ser de armadura blanca se presentará cerca de ellos. Un ser mitad cabra y un ser mitad ave siendo quienes le acompañaban. Ignorantes de los dos personajes cerca. Sus formas humanas haciéndolos pasar desapercibidos mientras escuchaban atentos a los recién llegados.

—¿Acaso sabe quién es el gobernante del Imperio? —Cuestiono el ser de armadura blanca. Recibiendo la respuesta de la señorita encargada. Quien le miro antes de sonreír.

—¿Son viajeros? El nombre de nuestra Majestad es bien conocido. Manténganlo en cuenta en su estadía por la ciudad. Su nombre es Ainz Ooal Gown-sama... Es una bella Dama que aún continúa con el legado de su padre... El anterior señor Ainz Ooal Gown...

—¿A-Anterior? ¿Sabe dónde es que podemos ir a conocerla? —Preguntó esta vez aquel ser cabra que trataba de calmar sus nervios en vano. Apenas recibiendo las palabras de manera abrupta.

—Esta en el Palacio de la Antigua Re-Estize, pueden ir y pedir una audiencia. Su excelencia es amable y atenta. Apuesto a que podrán verla si es que le buscan para algo urgente...

—Sí... ¡Lo agradecemos mucho! ¡Vamos! —Llamo aquel ser mitad ave mientras jalaba a sus compañeros. Ignorante de cómo es que el par de aventureros le miraban de manera exhaustiva.

—¿Debemos hacer algo al respecto? —Cuestiono el ser que paso a ocultar su mirada de diamante entre sus lentes. Ese rasgo no desapareciendo aun con el cambio a voluntad de raza. Su esposo, siendo el que negó mientras apuraba una taza de té a sus labios. Sonriente y nostálgico.

—No. Veamos lo que sucede... Nuestra hija es capaz de arreglar esto... Intervendremos si pasa algo más...

—¿Albedo...? —Susurro el mayor antes de que Momonga negara de nuevo.

—Su odio bajo. Pero, sería interesante ver que es lo que sucede...

Kufufu~ ¿No eso es un poco sádico de tu parte querido?

—Umu. Tal vez... Pero, ¿No quieres ver cómo es que se desarrollaran los sucesos? Ya hemos vivido por poco más de doscientos años. ¿Crees que me preocupa ahora?

—Supongo tienes razón. Siempre la tienes... —Admitió Demiurge. Su sonrisa ensanchándose antes de beber su propia bebida. —Feliz aniversario Ainz-sama... —Bromeo. Logrando sacar una bella sonrisa de su acompañante. El cual asintió. Bebiendo de su té.

—Feliz aniversario cariño...

Suponía. Que quizá las cosas iban a ponerse un poco más interesantes de ahora en adelante. Quien sabe que sucedería después. El mismo tiempo lo iría mostrando. Pero ahora, ahora estaba bien.

Fluyendo como una melodía.


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