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Marioneta De Cristal por Satan666

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Notas del capitulo:

Espero que les agrade esta historia, es completamente original. Fue editada, por lo que si la seguías hace unos años, te recomiendo que las vuelvas a leer.    Si me quieren apoyar en wattpad también subo mis historias en la plataforma.    https://www.wattpad.com/user/karenvruz   También hice un trailer para esta historia en la plataforma de tiktok, espero les guste.    https://vm.tiktok.com/ZMeykhEHp/   Mis otras historias están en proceso de edición. 

Capítulo II. (La Cueva)
POV Adrián

— ¿Ya estás listo? — Preguntó.

— Espera un momento. — Le dije.

— Recuerda ponerte algo cómodo, no queremos que llames la atención.

— No sé qué es exactamente para ti algo cómodo, pero llevo ropa casual.

— Perfecto. — Suspire.

Salí aun inseguro de cumplir con mi palabra y sus expectativas; pero, admito que una parte de mí se siente ansiosa de saber cómo es ese lugar, del que solo los he escuchado hablar durante tantos años. También soy un hombre de palabra, una vez que digo las cosas, no puedo retractarme de nada; aunque, para ser justos, mi respuesta afirmativa fue forzada y mis ánimos no me ayudan a sentirme mejor con la situación. Tal vez porque me quiero convencer que lo de James no me importa, pero en el fondo si lo hace.

Se que las excusas no servirán de mucho en esta circunstancia, si yo soy una persona obstinada, entonces George lo es mucho más, y un completo dolor de cabeza. Sin poder retrasar más lo inevitable, tome mi chaqueta y lo enfrente.

— Ya estoy listo.

Se levanto de mi cama, había permanecido recostado, bastante cómodo. Me miro de pies a cabeza, haciéndome sentir incómodo, como si algo en mí estuviera funcionando mal.

— ¿Estás seguro de que es ropa casual? Esto es un problema.

— Es ropa que uso para estar aquí ¿Por qué? — Mire mi ropa otra vez, solo llevo pantalones negros, una camisa blanca y converse bastante viejos.

— No importa lo que te pongas, es imposible que pases desapercibido. — Lo dijo como si realmente fuera algo malo.

— Yo no tengo la culpa de... — Me queje.

— Admito que no llamas tanto la atención, al menos no como siempre, y eso es suficiente.

— No estoy seguro de si me estás halagando o me estás insultando, George.

— Un poco de ambas. — Sonrió.

— ¿Ya nos vamos? Todavía puedo arrepentirme.

— Sí, tengo la moto abajo. — Me señalo la ventana.

— ¿Moto? — Trague saliva y negué.

— Sé que te asusta, pero te prometo que no esta muy lejos, y nunca tuve un accidente, ni siquiera borracho.

— ¿Se supone que eso me haga sentir mejor? Creo que mejor me quedo....

— Ni se te ocurra, no lo voy a permitir.

— George, quiero que algo quede bastante claro, confió en ti, pero me aterra el hecho de subirme a esa moto.

— No va a pasar nada malo Adrián, es bastante rápido.

— Todavía no me siento seguro. — Las manos comenzaron a sudarme.

— Hablamos de esto muchas veces, si no te atreves a avanzar, todo siempre va a seguir igual, si quieres que tu vida sea mucho más que ahora, busca la manera de moverla de sitio. — Se que tiene razón.

— Lo sé. — Suspire.

— De verdad quiero que olvides todo por esta noche, tu posición aquí, tu relación de mierda que nunca valió la pena, todo.

— De acuerdo, le daré una oportunidad a esto. — Le dije, con un poco más de confianza.

— También quiero que tengas presente que no hay absolutamente nada malo contigo, eres perfecto y el problema son ellos. — Sonreí levemente.

— Gracias por el cumplido, pero debes ser el único que piensa eso.

No es que me falte confianza en mi mismo, simplemente nunca me pensé que mi apariencia fuera algo de lo que pudiera presumir, aunque lo que me está diciendo George, lo vengo escuchando desde que soy pequeño. Sé que tengo una apariencia bastante agraciada. Mi piel es blanca y clara; mis ojos son verdes, tienden a tener varias tonalidades dependiendo del dónde me encuentre; mi cabello es bastante espeso, rubio ceniza y no es del todo liso, esta justo a la altura de mis hombros; mi altura no es nada impresionante, mido un metro con setenta y dos; también suelen decirme que tengo una bonita sonrisa, aunque uso brackets desde hace años. Y no tengo ningún tatuaje o perforación.

Soy la clase de persona que piensa en la belleza como algo subjetivo, así que no me preocupo por esos detalles. Si me preguntaran si considero ser un hombre apuesto, no sabría que responder, supongo que por mi posición social debo decir que si y por mi falta de cero pretensión que no.

— Es hora de irnos. — Camino hacía la ventana.

— Espera un momento, no estarás pretendiendo que baje por la ventana ¿Cierto? Estoy seguro de que no viviré para contar mi historia mañana.

— ¿Por dónde más vamos a salir? Estoy seguro de que no quieres avisarle a tu niñero a dónde vamos a ir.

— No es una opción, pero matarme tampoco lo es.

— No es tan difícil, te voy a enseñar.

— Admiro toda la confianza que tienes George, deberías compartirla con el mundo.

— Esta bien, entonces bajo primero y te ayudo. — Apoyó la mano en el árbol que se encuentra frente a mi ventana y sin esfuerzo se sostuvo de la rama más grande con mucha facilidad, después se dejo caer al suelo, y fue un aterrizaje perfecto. No pude evitar envidiar su habilidad para verse tan bien haciendo algo como eso.

— Buen trabajo. — Le dije.

— Llevo años subiendo y bajando, no es difícil.

— Claro que para ti no es difícil. — Dije entre dientes.

— ¿Qué dijiste?

— Nada, dime que tengo que hacer.

— Deja de quejarte tanto, pareces un bebé, solo salta.

— ¿Te volviste loco?

— Salta, yo te atrapare.

— Diablos, peso bastante George.

— No seas ridículo, vente de una vez.

— De acuerdo. — Me seque las manos con el pantalón.

— No pienses demasiado o será mucho más difícil.

— De acuerdo, no debo pensarlo mucho...

Se que me falta esa valentía, o tal vez sea imprudencia; aunque no tengo nada que envidiarle en cuanto a fuerza física, porque toda la vida me han obligado a mantenerme en forma, admito que necesito determinación y justo como dice, no pensar tanto en las consecuencias de las acciones. Me sostuve del árbol como lo hizo él y me aferre a la rama con tanta fuerza que los dedos se me tensaron antes de dejarme caer. Justo antes de tocar el piso, pude sentir que atrapo mi cuerpo en el aire.

— Viste, realmente no era gran cosa.

— Pensé que terminaría partiendo el cuello.

— Gracias por la confianza. — Me dijo molesto.

— ¿Dónde esta tu maquina del infierno?

— ¿La moto? La estacione por allá. — Me señalo la otra calle.

— Me siento nervioso. — Susurré.

— Todo estará bien, no seas un bebé.

— Yo no soy bebé, es que ustedes no le tienen miedo a nada.

— Si tenemos miedo, pero mucho menos que el ser humano común. — Me miro.

— Prefiero seguir siendo común.

— Eso es aburrido, como te dije nunca tuve un accidente, pero ya que estás un poco nervioso, mejor ponte el casco. — Me lo entregó.

— No sé cómo ponerme esto.

— Dios. — Me ayudo a ponérmelo.

— Gracias.

— Estamos listos.

Se subió en la moto y me hizo señas para que imitara su acción, así que lo hice y me sujete de su cuerpo con fuerza; aunque ahora estoy temblando por los nervios del momento, no es la primera vez que me subo con ellos a una moto. La diferencia entre aquellos momentos y este es que solo me dieron vueltas por la zona o espacios pequeños. Es la primera vez que voy a salir de la zona azul de esta forma y tengo nauseas.

— ¿Listo? Nos vamos ya.

— Supongo que sí. — Le dije enterrando los dedos a los lados de la maquina.

— Todo estará bien, sujétate y relájate.

— Es más fácil decirlo que hacerlo, pero lo intentaré. — Quise relajarme, pero tan pronto encendió la moto mi cuerpo tembló de pies a cabeza.

— ¿Todo en orden?

— Avísame cuando termine la tortura.

— Si mantienes la cabeza abajo es un desperdicio, disfruta del recorrido, esta es la mejor sensación del mundo. — Realmente no puedo sentirlo.

— Yo voy a estar bien.

— Voy a ir lo más lento posible solo por ti, como un anciano.

— Muy divertido.

— Vamos, esto es lo mejor del mundo.

— Es peligroso.

— Soy bueno en esto, así que no te preocupes tanto.

— No me pidas algo así. — Siempre temo por ellos y su seguridad.

— No pasará nada malo.

— ¿Por qué les gusta tanto hacer cosas peligrosas?

— No es que nos guste, solo sabemos vivir de esta forma, pero de todos modos, poner la vida al limite te hace apreciar todo mucho mejor, lo digo por las personas como nosotros, nuestro estilo de vida es especial.

— Su mundo es peligroso. — Susurré.

— Antes participábamos en competencias y carreras por dinero.

— ¿Qué? — Eso no lo sabía.

— Era muy buen dinero, pero dejamos eso esas carreras hace años, ninguno quiso perder la vida de forma tan absurda.

— Ustedes están dementes.

— Hay que estar demente para poder sobrevivir en la calle. — Admitió.

— Me gustaría que se tranquilizaran un poco.

— No puedo evitar hacerlo, mi instinto grita muy fuerte.

— Entonces dile que por favor se calle un rato.

Sé que mis preocupaciones son innecesarias, porque ellos siempre están perfectamente bien, pero es inevitable, su mundo es algo que no entiendo, es ajeno a mi vida y sé que nunca terminaré de entenderlo. Solo eres capaz de darle ese tipo de confianza a lo que forma parte de tu carne. Sé que ellos tampoco entienden mi vida, o porque hago todo lo que me dicen. Lo importante es que a pesar de tantas diferencias, son las personas que tienen mayor influencia en mi vida, solo que de una forma distinta a lo que se supone todos creerían.

No me lo dicen, pero se que les gustaría pasar más tiempo conmigo, y de eso nace la insistencia de llevarme a la zona roja, quieren que sea capaz de entender mejor su mundo y sus calles; aunque sinceramente me puedo hacer perfectamente la idea de lo que es todo eso, llevo escuchando sobre ese lugar desde hace años.

Me di cuenta de que George estaba hablando conmigo para distraerme del drama de la moto, y funciono, porque fue después de un rato que sentí el movimiento del aparato infernal, los cauchos quemando el piso, el humo y la brisa, que era lo único agradable. A pesar de seguir odiando las motos con todas mis fuerzas, le encontré ventajas observando el movimiento que hacíamos, comparado con el de los demás; es decir, en una moto pasas entre los carros de forma veloz y precisa, también es más fácil pasarse por alto los semáforos (cosa con la que no estoy de acuerdo) la velocidad es una gran ventaja en una ciudad llena de personas estresadas y sin nada de paciencia.

Llegamos en unos minutos a la entrada de la zona roja, la había visto en otras ocasiones, cuando pasaba cerca del lugar, pero de lejos. Pase saliva nervioso, por alguna razón mi corazón comenzó a latir más rápido, puse la mano sobre mi pecho en un inútil intento de tranquilizarlo. No me pasó por alto el hecho de que el ambiente cambio de inmediato, fue como si estuviéramos entrando en otra dimensión, aunque suene absurdo. No pude evitar aferrarme a George con mucha más fuerza que antes.

La dichosa zona roja de la que tanto había escuchado estaba frente a mis ojos, tan pronto pasamos la entrada principal se mostraron paredes de todo tipo de colores, con dibujos y sin ellos, las calles se redujeron y George se movió entre ellas tan rápido que comencé a marearme. Impresionado sería poco para explicar todo lo que estaba sucediendo conmigo mientras observaba ese lugar, ni yo mismo pude entender el tornado interno que se apodero de mí en ese instante.

No pasó mucho tiempo cuando comenzó a llegar un olor desagradable, pude sentir que era algo parecido a un baño viejo, cerveza podrida, y tal vez, algo muerto. Mientras más calles pasábamos, más altas se hacían y con el pasar de los minutos aparecieron personas. El aspecto que tenían y su energía eran todo lo contrario a lo que estaba acostumbrado a ver; es decir, el ambiente del lugar y entre ellos se sentía pesado. Entramos a una calle que estaba llena de casas en pésimas condiciones, luego otras mucho mejores.

George estaciono la moto lejos de la entrada principal de La Cueva y me explico que era porque no había espacio, el lugar siempre estaba repleto de motos y difícilmente se podía pasar de forma más accesible. También dijo que era mucho más seguro dejar escondida la moto, pero no le hice muchas preguntas al respecto, solo lo seguí de cerca, para no mirar a nadie especifico o que mis torpes acciones fueran mal interpretadas. Hice todo lo posible por no ponerle atención a nadie, pero cerca de la entrada estaban muchos grupos de personas borrachas de jóvenes y viejos, intimidantes y de semblante fuerte.

Las mujeres no eran muy distintas, salvo que parecía que solo estaban en ese lugar acompañando a los hombres, sonriendo y vistiendo ropa bastante extravagante o sin nada. En otras palabras, solo eran acompañantes. Y no es que eso tenga algo de malo, es algo completamente nuevo para mí, y de alguna forma me siguió pareciendo fascinante. Incluso me fije en los detalles inútiles, cuando les pasamos por al lado, note que muchos de esos hombres tenían grandes cicatrices en la cara y los brazos, al menos cada nueve de diez personas tenían una cantidad abundante de tatuajes, y el color predominante en toda la ropa, era por supuesto el negro.

Pase como una piedra junto a ellos, porque no quería que nadie notara mis nervios o el hecho de que los estaba mirando de forma insistente, con una evidente nota de curiosidad. Contrario a lo que yo pensé, nadie me miro de mala forma o como si quisieran asesinarme. Por otro lado, George paso como si nada y fue saludando a algunas personas en el camino. No me aparte de su lado en ningún momento, hasta que pasamos la puerta principal para dar con un pasillo iluminado con luces fluorescentes, de todos los colores, azul, verde, rosado y amarillo. El pasillo era una línea recta que se supone conecta con lo que es La Cueva (Un local famoso de la zona roja) o eso fue lo que me explico George en otro momento.

No paso mucho tiempo cuando llego a mis oídos el sonido de la música y el piso estaba temblando, no pude evitar sentirme ansioso hasta que pude ver las maquinas de humo, el bar, las enormes cornetas y de inmediato me llego el olor a humo de cigarro y otras sustancias que no quise saber su procedencia. El lugar estaba a reventar, las personas sumidas bailaban en cualquier lado, sin importarles chocarse unas con otras. Me di cuenta de la existencia de un segundo piso cuando George me lo señalo y me indico que subiéramos. También estaba lleno de personas bailando, pero habían unas enormes mesas que parecían bastante cómodas. Nosotros pasamos y nos acercamos a una de esas mesas.

— Mira quién no está esperando. — Me dijo y me asome para poder ver, ya que seguía escondido detrás de él.

— ¡Jacobo! — Exclame después de ver el rostro de mi amigo.

— Vamos, te presentare a los demás.

Caminamos hasta que llegamos a una de las enormes mesas al final del segundo piso del lugar. Jacobo se encontraba sentado entre un grupo de hombres jóvenes que hablaban entretenidamente. Tan pronto su mirada se encontró con la mía, sonrió complacido de verme y se levanto para recibirnos.

— Se tardaron tanto que pensé se quedarían en la zona azul.

— Como puedes ver no llegue solo y eso me dio trabajo.

— No puedo creer que vinieras Adrián. — Me abrazo.

— Él me obligo. — Le correspondí antes de señalar a George.

— Tengo mis trucos, rubio. — Dijo George aun orgulloso por haberme convencido, tiene distintos apodos para Jacobo, pero rubio es el que más le hace justicia, porque es literalmente un chico de ojos azules y cabello rubio muy espeso.

— Me imagino que te refieres a que tienes una enorme boca. — Bromeo Jacobo y George lo miro mal, este por el contrario tiene ojos marrones y el cabello castaño, ambos tienen distintos tatuajes en los brazos.

— Puedes decir lo que quieras, pero nunca lo habías podido traer.

— Eso es verdad, tenías que ceder ante mí, no con él Adrián.

— Lo lamento, pero fue tan insistente. — Suspire.

— Hoy estaba un poco más dispuesto a salir para despejar la mente, eso fue todo. — Dijo George.

— ¿Paso algo? — Preguntó Jacobo, mirándome preocupado.

— James y yo terminamos.

— Hay que matarlo.

— ¡Eso dije yo!

— Basta los dos, ninguna va a matarlo, eso no solucionara nada.

— Pero se lo advertimos, que si te hacía daño le cortaríamos la lengua.

— No me hizo daño, estoy bien.

— No mientes bien.

— Oh, Dios. — Exclamé.

— Bueno no haremos nada, pero si te busca o algo nos avisas.

— De acuerdo.

— Es un imbécil. — Dijo George.

— Sí, pero no importa ahora, haremos que Adrián se sienta mucho mejor. — Jacobo tomo mi mano y nos acercamos a la mesa dónde estaba sentado.

— ¿No van a molestarse? — Susurré.

— Son nuestra familia, te van a agradar. — Me dijo George, intenté sonreír.

— De acuerdo, voy a intentar ser amable. — Puedo ser muy odioso con los extraños y es algo en lo que estoy trabajando para mejorar.

Tan pronto no acercamos ellos guardaron silencio y me puse nervioso, no es que espere agradarles; pero tampoco quiero que me odien, porque los chicos dijeron que son como su familia. Me di cuenta de que habían estado obviamente concentrados en nosotros cuando hablábamos y me pregunte si me veían como un intruso, porque lo era. Estaban jugando a las cartas, pude ver algunas sobre la mesa, junto a varios ceniceros hasta el tope, tragos casi vacíos y celulares. Me dio curiosidad saber qué tipo de personas eran, porque era la primera vez que conocería gente de la zona roja.

— Chicos este es nuestro mejor amigo, se llama Adrián, no es de por aquí, así que no lo vayan a poner nervioso. — Les dijo Jacobo.

— Es un gusto, me llamo Bruno. — Me tendió la mano el chico más grande, la tome para apretarla y pude sentir su fuerza descomunal, y aunque eso me tomo con la guardia baja, intente sonreír ante su saludo.

Bruno es intimidante a simple vista, tiene un cuerpo enorme y bastante bien ejercitado, se nota que es algo soberbio y de personalidad fuerte. Lo vi sentado, pero jure que pasaba al menos el metro ochenta; tiene los ojos oscuros, marrones y firmes; su cabello es negro y sus cejas gruesas pero no muy grandes. A pesar de su gesto brusco, parecía intentar ser lo más cordial posible.

— Hola, soy Benjamín. — Me saludo otro, con la sonrisa mucho más cálida que la de Bruno.

Este a pesar de ser varonil, tiene una apariencia menos amenazante, su cabello es negro y su peinado es peculiar, con las puntas hacía arriba y de color rojo, me pareció interesante a simple vista; tiene ojos verdes y un par de hoyuelos graciosos a cada lado de su boca que supongo solo se ven cuando sonríe. También note que era el único con la piel ligeramente oscura de los que estaban sentados en la mesa.

— Mi nombre es Camilo, es un gusto. — Pude identificar un acento extraño de él, pero no supe identificar de dónde, ya que estaba de pie me dio una palmada en el hombro en forma de saludo.

Camilo tiene el cabello por los hombros y lo tiene atado con una liga, es marrón; y sus ojos son claros, color miel. Es el único que se ve un poco mayor entre los presentes, pero no demasiado.

— Hola cariño, soy Darío. — Él solo se limito a saludarme con la mano a la distancia, por lo que hice lo mismo.

Si me preguntan sobre las impresiones de cada uno, diría que Darío es el menos amenazante entre todos, a simple vista, pero algo me dijo que el hecho de subestimarlo por su apariencia es estúpido. Si pudiera usar una palabra para describirlo sería, delicado, porque todo lo que lleva puesto es perfecto, tanto su ropa como su cabello, Su voz es ligeramente aguda por lo que imagine que escucharla todo el día podría llegar a ser un poco irritante. Su cabello es rubio ceniza y esta petrificado; tiene ojos azules, más oscuros que los de Jacobo, pero llaman mucho la atención.

— Bueno si ya todos se presentaron no se queden de pie, siéntense y tomen algo, los veo demasiado sobrios. — Dijo Camilo.

Me senté junto a mis amigos, un poco más tranquilo, ya que nadie me miro de forma despectiva y lo peor había pasado, intente relajarme para pasar un buen rato, que era la intención al traerme aquí. Los temas de conversación que tenían eran mucho más comunes de lo que esperaba, como deportes o política, trate de prestarles atención, pero mi mente se quedaba divagando porque no estoy acostumbrado a socializar con otras personas que no sean George y Jacobo. Así que mi atención más bien estaba en el local y las personas que no dejaban de verse interesantes.

Me pareció ver a una mujer desnuda bailando sin ningún problema; y a un hombre con una barba increíblemente larga. Evite mirar a todos los que tuvieran apariencia de mafiosos, que en su mayor parte estaban en grupos y no se separaban de los mismos en ningún momento. Estaba a punto de concentrarme en algo más cuando la conversación de los chicos me llamo la atención.

— ¿De verdad está muerto? — Pregunto George, lo mire con atención.

— Si, esta mañana lo encontraron y se veía muy mal, no lo reconocerías en lo absoluto, le quemaron la cara y le cortaron algunos dedos, incluso escuche que le cortaron la lengua, una carnicería. — Dijo Bruno, yo me estremecí.

— No entiendo como paso esto, hace unos días nos dijo que tenía todo bajo control. — Dijo Jacobo, poniendo un cigarro en sus labios, se que solo fuma cuando está nervioso.

— Cariño, todos decían que estaba metido en tanta mierda, que siendo lo más realista posible, no podía salir bien de todo eso, puede que se haya confiado demasiado. — Le dijo Darío.

— ¿Se supone que estaba trabajando con ellos, no? — Preguntó George y se puso tenso.

— Precisamente, no estoy seguro de si tenía una deuda con ellos o algo más grande, pero la realidad es que no puedes pretender meterte en ese tipo de terreno y pensar en salir sin consecuencias. — Dijo Bruno.

— Bueno, que descanse en paz. — Susurró Jacobo.

— Salud por eso. — Dijo Benjamín y todos tomaron sus tragos para brindar.

— ¿Era amigo tuyo, no? — Le preguntó Camilo a Bruno, este solo asintió.

— Si, desde hace algunos años.

— Lo lamento.

— Está bien, estamos acostumbrados a esto. — Susurró Bruno.

— La muerte nos persigue. — Dijo Darío, arrugando la frente después de terminarse su trago.

— Me pregunto qué diablos les hizo para que lo dejaran así, todo lo que le hicieron es inhumano. — Dijo Benjamín.

— Ellos son demonios, y fue imprudente de su parte meterse en sus negocios.

— Le ofrecimos ser parte de nosotros y no quiso. — Dijo Camilo.

— Adrián ¿No tomas algo, cariño? Sentimos el tema tan tétrico, debes estar incómodo. — Me dijo Darío.

— No importa, estoy bien y no bebo. — Intente sonreír.

— No te esfuerces, intentamos que beba al menos una cerveza muchas veces y parece que le habláramos de meterse polvo. — Dijo George, lo mire mal.

— ¿Tampoco fumas? — Me pregunto Benjamín, negué.

— Adrián no está acostumbrado a nada de esto. — Dijo Jacobo.

Por suerte el tema se desvió pronto de mí y todos volvieron a lo suyo, lo que me hizo sentir cómodo de nuevo, ellos deben pensar que soy alguna clase de bicho raro fuera de lugar. Desvié la mirada de nuevo al local y encontré un grupo de chicos con colores de cabello particulares y muy extravagantes. El ambiente en si era como el de cualquier fiesta y si me gustaba la música, pero definitivamente lo más entretenido era ver a esas personas, de un mundo completamente distinto al mío. Pude ver como un hombre intentaba meter la mano bajo el vestido de una mujer, tan borracha que apenas podía mantenerse de pie, quite la mirada de ellos y la regrese a la mesa.

— Voy al baño. — Dijo Darío y se puso de pie para irse por un pasillo cerca de las escaleras por las que subimos.

— No te pierdas mucho tiempo. — Le dijo Camilo.

— Puedo cuidarme solo, metense en sus asuntos. — Dijo Darío sin darle gran importancia a sus palabras.

— Siempre tan cariñoso. — Gruño Bruno.

— ¿Cómo te sientes? — Me preguntó George.

— Bien, mucho mejor de lo que pensaba. — Le dije.

— Gracias por venir con nosotros, sé que no es tu ambiente, pero...

— Estoy bien George, además ustedes siempre hacen lo que yo quiero, así que me disculpo por estar ausente y haré un esfuerzo por estar también con ustedes. — Me sonrió.

— Nuestros mundos no son tan distintos, Adrián.

— No creo que eso sea cierto, la verdad es que todo en general es muy distinto y nuevo para mí.

— ¿Y qué te parecen los chicos?

— Agradables, no son lo que esperaba.

— Sabía que te agradarían, son los mejores. — Le dio un sorbo a su trago.

— Parecen buenas personas.

— Las apariencias son superficiales, las personas pueden parecer amables y ser todo lo contrario, nunca debes dejar de tenerlo presente y menos en la zona roja.

— Lo sé, te prometo que intentare tenerlo presente, pero no creo que este se vuelva un sitio frecuente para mí. — Dije seguro.

— Uno se adapta al ambiente, nos conoces y no somos unos dementes, pero hay que sobrevivir. — Susurró.

— Espero no tener que verlos de otra forma. — Le dije.

— Todos los seres humanos estamos llenos de sorpresas, incluso tú.

— No creo tener nada especial.

— Dices eso porque no puedes verte como yo te veo.

Confió en George y Jacobo, pero siendo realistas, las probabilidades de que haga todo lo que ellos hacen son inexistentes. El hecho de tener que matar para sobrevivir y correr riesgos, tener cuidado de las personas con las que metes, es demasiado para mí. La supervivencia es agotadora, ya de por si el hecho de solo vivir lo es, no imagino a una persona como yo haciendo todo lo que ellos hacen.

— Chicos, parece que hay problemas. — Dijo Darío, regresando a toda prisa a su asiento.

— ¿Qué pasa? — Preguntó Camilo.

— Ellos están aquí.

— ¿Hoy? Nunca se aparecen por aquí los viernes, a menos de que...

— Si, seguro vienen por alguien, ese es el problema.

— Esto no se ve bien. — Dijo Bruno.

— Lo mejor es que nos cuidemos las espaldas. — Dijo George.

— George ¿Cuándo dicen ellos a quienes se refieren exactamente? — Le pregunté en un susurro.

— ¿Recuerdas que una vez te hablamos de las familias, los grupos y bandas de la zona roja? Ellos son unos de los más grandes.

— ¿Son peligrosos?

— Son los que le hicieron todo lo que hablamos al amigo de Bruno. — Pase saliva.

— Son peligrosos. — Confirme.

— Tienen casi todo el control en la zona roja, y acaban con todo lo que se cruce en su camino, lo que ellos consideren una amenaza. Puedes hablar con algunos y van a ser cordiales, pero otros no lo son, así que todos les tienen mucho cuidado.

— ¿Son un grupo parecido al de ustedes? — Pregunté mirando a los demás en la mesa.

— Es bastante similar, pero nos consideramos más bien una familia y nos gusta llevar las cosas con un poco más de calma, tenemos mucha menos influencia así que nos cuidamos las espaldas. Nuestro líder es el Halcón, así que con el tiempo nos llamamos los Halcones y ellos son los Red K.

— ¿Por qué los llaman así? — Pregunté, la curiosidad fue aumentando con cada nueva explicación y palabra.

— Porque estamos en la zona roja y ellos se consideran los reyes de aquí.

— ¿También tiene un líder?

— No estoy seguro, nadie lo conoce.

— Parece una película. — Susurré.

— Adrián, pronto podrás darte cuenta de que la realidad es mucho más increíble que las películas.

Todo lo que dijo George no dejo de darme vueltas en la cabeza y es que le estaba buscando sentido a todos los nombres, personas y distintos hechos que me dijo. No paso mucho tiempo cuando Bruno dijo que lo mejor era irnos, así que nos levantamos de la mesa y bajamos al primer piso, me quede cerca de mis amigos, a pesar de que nadie parecía alterado, yo me sentia nervioso después de toda la información nueva que estaba procesando. Todos los chicos estaban tranquilos, como si estuvieran más que listos para que lo pasara. Antes de salir quisieron pasar por el bar para tomarse un último trago, así que me quede tranquilo, esperando que terminaran.

De un segundo al otro todos se volvieron completamente locos, no pude entender que estaba pasando pero el local estaba lleno de gritos, humo y personas corriendo por todos lados. Busque a los chicos con mirada pero no los pude encontrar, fue entonces que la ansiedad comenzó a hacerse presente. Entre la música, el sudor, todos los gritos y humo misterioso sin procedencia específica, la cabeza me estaba dando vueltas. No me podía mover porque las personas no me dejaban hacerlo; pero hice lo posible y comencé a abrirme paso, sin dejar de mirar hacia los lados, buscando a los chicos.

Terminé en una esquina del local por los empujones y puse una mano sobre la pared para aferrarme a algo, después de un momento recosté la espalda para tomar un poco de aire y recuperarme. A pesar de que las piernas no dejaban de temblarme intenté mantener despejada mi mente, porque enloquecer no serviría de nada o me quería convencer de ello. No deje de buscar a los chicos, a pesar de la oscuridad, no pude distinguir a nadie, solo siluetas moviéndose de un lado al otro.

Lleve la mirada hasta la puerta por la que habíamos entrado y entonces me percate de un grupo de chicos que desprendían un aura diferente al de todas las personas que había visto antes en ese lugar. De inmediato lo supe, que ellos eran las personas de las que George me había hablado un poco antes, los Red K. Todos lucían bastante jóvenes y tenían buena apariencia, su ropa no parecía descuidada como la de los otros y todos tenían buen físico y buena imagen. Siendo completamente sincero, me resultaron intimidantes, porque su mirada y su presencia eran demasiado fuertes. Pensé que lo más prudente sería apartar la vista de ellos, pero no pude hacerlo.

Mis ojos se quedaron atrapados en los de uno de ellos, su mirada era tan penetrante que mi cuerpo sintió una fuerte sacuda, hasta los huesos se me helaron en el instante que su mirada y la mía conectaron durante un instante, probablemente solo un segundo, pero todo perdió el sentido. No volví a la realidad hasta que todo el momento fue interrumpido por la voz de alguien y la realidad se hizo presente de nuevo, con todo el drama de La Cueva.

— Adrián estaba tan preocupado, no entiendo cómo fue que te perdimos de vista, estaba a punto de matar a George cuando me dijo que no sabía dónde estabas. — Dijo Jacobo, atropellando algunas palabras.

— ¿Qué? — Susurré, completamente ausente.

— ¿Te sientes bien? ¿Te hicieron algo?

— Estoy bien, lo lamento... — Al escuchar su preocupación reaccione y la cordura apareció, por lo que intente sonreírle.

— ¿Seguro?

— Completamente y creo que me arrastraron cuando comenzaron a correr, no es culpa de George.

— De todos modos, pienso matarlo cuando salgamos de aquí, vamos.

— Jacobo ¿Esos chicos son los Red K? — Señale con la cabeza la dirección en la que estaban.

— Si, esos son los Red K.

— Parece un poco intimidantes ¿Conoces sus nombres? — Intenté parecer lo más desinteresado que pude. Aunque estaba temblando emocionado.

— No todos usan sus nombres reales y no los conozco a todos, pero creo que esos son Ronald, S y Rafael. — Me los fue señalando.

— Ya veo.

— ¿Por qué preguntas? — Me miro.

— Curiosidad, tal vez haga una película con todo lo he visto aquí. — Se rio.

— Vamos, los demás no están esperando.

Mi cuerpo seguía un poco ausente, pero me obedeció cuando le insistí en moverlo para que le siguiera el paso a Jacobo, mientras llegábamos hasta los chicos. Lleve la mirada una vez más hasta los Red K para poder verlo de nuevo, pero ya no estaba. Suspire y sentí una fuerte corriente tan pronto baje la cabeza, levante la mirada y me percate de que me estaba mirando, pero desde otro lado del local. Su mirada era atrayente como si quisiera obligarme a ir con él. Imagine que solo era producto de mi imaginación, pero curvo los labios en una sonrisa, no supe interpretar ese gesto, pero mi cuerpo sintió otra sacudida que no tuvo tiempo de llevarme a un nuevo mundo de fantasías, porque la voz de Jacobo se hizo presente de nuevo.

Me obligue a seguirlo, porque no quería perderme de nuevo, pero me vi forzado a detenerme cuando alguien puso su mano sobre mi espalda, mi cuerpo se tenso y me gire para encontrarme con esos ojos que estaban consumiendo toda mi racionalidad y buen juicio. Eran los ojos grises de un demonio, lo supe de inmediato, que se convertirían en mi perdición. El dueño de mi vida, mis sueños y pesadillas, a partir de ese momento, por el resto de mi vida.

— ¿Cómo llegaste aquí tan rápido? — Fue todo lo que pude decir.

Notas finales:

Les agradezco por leer, espero que disfruten esta historia. Preguntas, dudas y sugerencias en los comentarios.


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