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GLORIA por otsfatimad

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Notas del fanfic:

 

¡Hola!

Este fic lo había subido ya hace un tiempo, pero decidí borrarlo por dos razones: 1)Casi nadie lo leía y 2)Había detalles que no cuidé adecuadamente y que eran bastante importantes. 

Decidí reparalo y volverlo a subir cuando sintiera que estaba mejor, porque aunque no haya muchos lectores, me gusta hacer lo mejor posible para quienes lo lean.

En fin, como la historia será larga(?), trataré de subir rápido los capítulos para que no se aburran de ella.

La vez pasada lo dije, pero lo repetiré: me inspiré en la novela de Stephen King llamada "El Resplandor". Si no la han leído, está 100 % recomendable. ♥ En sí, tomé algunos elementos de la historia, pero el fic no tiene nada que ver con ella. Más bien, la forma que he intentado adoptar para el fic está basada en el libro. 

También, la canción "In the land of twilight, Under the moon" de Yuki Kajiura tuvo mucho que ver para esta historia. El link se los dejo porque a veces haré referencia a ella (justo a esta versión con FictionJunction)

Igual haré alusión a la canción "Gloria" de Kalafina.

Por último, "Twilight" es un lugar completamente inventado por mí. Su historia no se basa en la de ningún sitio.

Y eso es todo. Por favor, a leer.

Espero que les guste. <3

 

 

*También publicado en AO3 (link) y Wattpad (here)

 

 

Allá arriba se encuentra alguien que siempre nos está viendo

(vigilando, acosando).

 

El ave invisible

***

 

>>Cerrar los ojos. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. De nuevo. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Poner la mente en blanco. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. De nuevo. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Se escucha que alguien toca la puerta. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Pero no hay ninguna puerta. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Tocan la puerta con mayor fuerza. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Busca la puerta. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Busca la puerta. Busca la puerta. Busca la puerta

(no hay puerta, ¡AUXILIO!)<<

<<Busca la puerta. Inhalar, contar hasta tres, exhalar. Abrir los ojos>>

 

 

I

      El muchacho se levantó de golpe, respirando con dificultad. Tenía los ojos muy abiertos y el corazón acelerado. Su cuerpo entero estaba bañado en sudor. Por un momento sintió leves movimientos debajo de su cama y en automático se acomodó en posición fetal. Abrazó fuertemente sus piernas contra el pecho y empezó a temblar.

      En esa ocasión no habían sido tan bruscos, pero no por ello disminuía el pánico que sentía.

      Pasaron las horas y el joven continuó en la misma posición, sin ser capaz siquiera de parpadear. No se animó a quitar la mirada de la ventana de su diminuta habitación hasta que débiles rayos de luz comenzaron a atravesar el vidrio, iluminando poco a poco la sala.

     Cuidando no hacer ningún ruido, se atrevió a bajar los pies al frío suelo de concreto. Poco a poco se alejó por completo del colchón y empezó a caminar por la habitación, buscando cualquiera indicio, marca, huella, lo que sirviera como prueba de lo que había sucedido en aquel cuarto durante la madrugada. No había nada.

     Caminó hasta el baño contiguo. Se quitó toda la ropa y empezó a inspeccionar meticulosamente cada centímetro de su cuerpo. No había ninguna marca nueva.

     No podía tomar una ducha hasta que alguien más estuviera con él dentro de la habitación, así que se vistió de nuevo y caminó de vuelta su cama. Se recostó sobre ella y cerró con mucha fuerza los ojos. Al cabo de 20 minutos, se hallaba sumergido en un profundo sueño.

 

 

II

     — ¿Estás seguro de que puedes hacer esto? —Preguntó aquel hombre de anchas espaldas, mirada fría y espesa cabellera castaña que caía perfectamente sobre sus hombros—. Si quieres, puedo mandar a alguien más.

     —No hay ningún problema —respondió el  joven alto, delgado y teñido de rubio—. Creo que yo soy el más indicado para hacer esto. —Tomó la bandita blanca que tenía sobre el buró a lado de su cama—. Tengo muchas ganas de verlo, después de todo, somos amigos. —Colocó la cinta alrededor de su rostro, cubriendo perfectamente su nariz. La amarró desde la parte trasera de su cabeza y volteó a mirar al hombre que desde hacía un tiempo estaba recargado en el marco de la puerta de su habitación—. Sé que él estará feliz de verme.

     —Eso espero, Akira. —Caminó desde su lugar hasta donde se hallaba el rubio y lo tomó por los hombros—. Te estoy dejando a cargo de la cosa más importante que tengo en este mundo.

     El muchacho cerró los ojos al tenerlo cerca. El mínimo contacto con ese hombre le causaba escalofríos. No podía negar que aún con tantos años a su lado, continuaba temiéndole como la primera vez que lo vio.

     —Señor Ryuichi,  cuente conmigo. Le aseguro que no le fallaré.

 

 

III

     — ¿Takashima Kouyou?

     —Sí, adelante, por favor.

     La doctora Kaori y una enfermera aparecieron en la puerta de la habitación. La enfermera ingresó y de inmediato se dirigió a la maleta de viaje que el castaño se había encargado de organizar y acomodar perfectamente. La abrió y empezó a inspeccionarla. El muchacho estaba sentado sobre su cama, muy atento a la revisión que hacía de su ropa y demás artículos personales.

     >> Ahí no encontrarás nada <<

     Finalmente, la mujer de blanco cerró el equipaje, le hizo una señal de asentimiento a la doctora y salió de la habitación. Kaori se volvió a Kouyou.

     — ¿Estás listo?

     —Sí, creo —contestó él, sin muchos ánimos.

     —Vamos —la doctora se acercó al castaño y le tocó el hombro muy suavemente—, estás por entrar a una etapa del tratamiento que es muy difícil, pero estoy segura de que lo harás bien. No tengas miedo.

     —No me pida no tener miedo—respondió—. Esto solo puede significar un gran avance o un gran retroceso.

     —Piensa en que todo será mejor desde ahora. —La mujer sonrió al chico para darle ánimos, aunque por dentro se sintió un poco mal por él. Le estaba dando apoyo porque como su doctora es lo que debía hacer, pero en lo personal, pensaba que el joven sería torturado nuevamente por aquellos fantasmas que lo perseguían antes.

     >> ¿Acaso ella lo puede notar? <<

     << No, por supuesto que no >>

     >> Pero ella siente lástima <<

     << Todos sienten lástima >>

     >> Cállate <<

 

     —Bueno, prepárate. En unos minutos vendrán a recogerte. —La mujer se dirigió a la puerta. Antes de salir, le dio una última mirada al muchacho, quien tenía los ojos clavados en el piso con la misma expresión de fastidio de antes. Ella dejó escapar un suspiro y se retiró de la habitación.

     Kouyou escuchó el sonido de la puerta azotándose y dio un leve salto sobre la cama. Levantó la vista y se quedó observando fijamente la blanca pared frente a él.

     No podía creer que ya habían pasado casi cinco años desde la primera vez que puso un pie ahí, todo gracias a aquel incidente.

     De un salto, abandonó el colchón. Levantó la vista hacia aquel blanco reloj que colgaba arriba de la puerta. Eran las 13:57hrs, todavía tenía tiempo de dar una de sus tan acostumbradas vueltas por el hospital.

 

 

IV

     Vio la camioneta negra salir de la cochera y andar directamente por un camino lleno de grava hasta la gran puerta metálica, la cual se abrió justo al momento en el que el vehículo se acercó.

     Cerró los ojos y dio un gran suspiro.

    “Así que ya viene”, pensó.

     Tomó entre sus manos a su bebé. Lo llevaba colgando en su cuello desde hacía un par de horas, esperando pacientemente a que su amo se decidiera a usarlo. Era un excelente momento para una fotografía.

     Fijó la lente sobre el camino de grava que conducía hasta la puerta de entrada. Su bebé hizo un “clic”y la fotografía estaba hecha.

     Acercó la pantalla hacia sus ojos para observar lo que tenía. Y ahí estaba de nuevo, esa cosa. Una especie de sombra que parecía perseguir todas sus fotografías. Había limpiado y limpiado la lente de su bebé, pero se había dado cuenta que el problema no estaba en ella, el problema estaba fuera.

     Una corriente de aire muy fuerte azotó contra él, desacomodándole el cabello con rudeza, elevando muy fuertemente la chaqueta que llevaba abierta y logrando que el cordón que lo unía con su bebé se desgastara un poco.

     Escuchó un susurro. “Ten cuidado”, le decía.

     Volteó a todos lados y de nuevo no vio nada. Eso era algo a lo que se había acostumbrado desde que había llegado a ese lugar. Algo lo estaba viendo

     (vigilando, acosando)

     todo el tiempo.

     Miró hacia arriba. El cielo nuevamente estaba nublado. Observó a un cuervo volando rápidamente hasta su hogar.

     —De nuevo eres tú. —Levantó a su bebé y alcanzó a capturar aquella ave en movimiento. La foto no estaba muy clara, pero pudo ver algo peculiar en ella. Esa cosa parecía estar más oscura.

 

 

V

      Yo-ka, sentado frente a la ventana de su habitación, estaba tan concentrado viendo algo fuera y hablando con alguien sobre ello, que no se dio cuenta cuando Kouyou estuvo junto a él.

      —Hola —saludó el castaño al tiempo que se dejaba caer en el frío suelo al lado del otro joven.

      —No, no tienen idea, pronto será, pronto, muy pronto —susurró Yo-ka, todavía con la mirada clavada en el vidrio.

      — ¿Cómo estás?

      —Es que nunca me quieren escuchar, nunca, ¿por qué no quieren escuchar? No se dan cuenta. Pronto llegará y todos morirán, pero yo les advertí, pero no hacen caso. No quieren escuchar, nunca, nunca. —Empezó a menear la cabeza de una forma extraña—. Creo que necesito a la mujer de bata blanca.

     — ¿Quieres que llame a la doctora Kaori? —Kouyou hizo un intento de levantarse, pero la fría mano de Yo-ka lo detuvo en su avance.

     —Es peligroso que te vayas, allá afuera están los fantasmas malos. A ellos no los puedes controlar. A los de aquí sí, porque ya los conoces, pero allá afuera no. Allá afuera no hay nadie que te proteja de ellos. Debes quedarte aquí. —Yo-ka se levantó del piso y se dejó caer sobre el castaño. Enredó sus brazos en el cuello del otro y empezó a arrullarse a sí mismo.

     —Yo-ka, yo también te voy a extrañar —susurró al oído de su amigo y se aferró con fuerza a él.

      Por supuesto que lo iba a extrañar. Aunque no llevaba tiempo de que aquel muchacho pelinegro hubiera llegado al sanatorio, se había encariñado con él. Parecía que nadie más que él comprendía las cosas que veía  Kouyou. Yo-ka también las percibía, pero nadie le iba a creer a un par de chicos con indicios de esquizofrenia. El hospital era muy peligroso, y como ellos lo sabían, siempre estaba eso que los atacaba.

     Tenía miedo de dejar a Yo-ka solo. Es decir, aquel muchacho no tenía ni 18 años. Estar solo ahí sería malo para él, porque eso se encargaría de hacerlo sufrir todo el tiempo, y estaría muy enojado porque Kouyou se había ido.

     —Takashima —En la habitación irrumpió una de esas mujeres con trajes blancos.

     Yo-ka de inmediato se alejó de Kouyou, y a gatas, avanzó hasta su blanca cama. Se puso de pie sobre ella y comenzó a saltar.

     —Oye, baja de ahí —ordenó la enfermera, pero Yo-ka solo saltó más y más. —Dios santo. —La enfermera se rindió con el joven pelinegro y volteó hacia Kouyou —. Tú, vete a tu habitación, llegaron por ti.

     Un frío se posó sobre los hombros y el pecho del castaño.

 

     << Genial, ya nos podemos ir >>

     >> Pero yo no quiero irme todavía <<

 

      —Está bien. —El muchacho salió de la habitación y corrió hacia la suya. Terminó de organizar sus cosas y se puso el par de zapatos negros que había reservado exclusivamente para su día de salida.

      Escuchó que alguien tocó a la puerta y posó la mirada en ésta. Lentamente se fue abriendo y dejó pasar a una figura que había recordado vagamente y que nunca imaginó volvería a ver.

     —Hola —dijo aquel hombre tímidamente—. ¿Cómo has estado, Shima?

     >> Hace cuánto no nos decían así <<

     —Hola —el muchacho se aclaró la garganta—, estoy bien, ¿y tú, Akira?

    << Hace cuánto no pronunciábamos ese nombre >>

     —Igual, estoy bien.

     Kouyou se levantó de su cama y caminó hasta su amigo. Extendió una de sus manos y tocó uno de sus hombros. Le recorrió con la mirada el rostro y se fijó específicamente en la bandita sobre su nariz.

    —Te extrañé mucho —susurró el rubio.

     Kouyou finalizó observando directamente los ojos ajenos y reconoció ese brillo tan hermoso que poseían. Fue cálido, después de todo, se sentía bien verle de nuevo.

     Akira extendió los brazos a Kouyou. Se acercaron un poco más y compartieron un abrazo.

     Ese era el retorno a su vida lejos del hospital, sería mejor empezarlo todo bien. Tratar de recuperar sus viejas memorias y que así las cosas fueran como en los viejos tiempos. Sí, como en los viejos tiempos.

 

 

VI

     Bajó de la vieja pick up oxidada en la que había estado viajando y miró en derredor. Realmente el pueblo no había cambiado nada.

     Se dirigió hasta la ferretería de su viejo amigo Sugizo, pensó que él continuaría a cargo de ella, sería fácil conseguir trabajo si era así. Entró a aquel local y vio muchas caras nuevas. Buscó y buscó con la mirada hasta que lo vio, lejos de la molesta clientela. Sugizo estaba cómodamente sentado leyendo un viejo libro y con una lata de cerveza a su lado.

     — ¡Hey! —Exclamó el moreno.

     El hombre que estaba leyendo levantó la vista hacia el que acaba de hacer tal ruido y de inmediato dibujó una sonrisa sobre su rostro.

     — ¿Yuu? —Dejó su libro de lado y se levantó de su asiento—. ¡Cuánto tiempo!

     —Lo sé, lo sé —Se acercó más a su viejo amigo—. ¿Cómo ha estado todo por aquí?

     —Todo muy bien, en el pueblo hay algunas caras nuevas, pero ninguna tan importante. Pero, ¡Venga! Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? Pensé que nunca volverías.

     —Pues ya ves —alzó los hombros—. Tengo muchas cosas que hacer.

     — ¿Muchas cosas? ¿Cómo qué?

     —En primer lugar, necesito dinero, es decir, trabajo. Así que cuento contigo.

     —Por supuesto, hermano. Cuenta conmigo.

     —Y también vine a… —Escuchó el sonido de un par de tacones acercándose.

     Sugizo dejó de prestar atención al pelinegro y volteó a mirar a una bella mujer que lentamente se acercaba a ellos. Parecía ser una extranjera, pero tenía rasgos asiáticos.

     —Buenos días —saludó—. Estoy buscando al señor Sugizo, me dijeron que aquí lo encontraría.

     —Ese soy yo —se presentó el hombre.

     —Bueno, se trata de una invitación que le quiere hacer el señor Takashima.

     La mujer captó toda la atención del moreno, quien sintió en la espalda un escalofrío y miedo al darse cuenta de que él estaba comenzando a despertar solo con la leve mención de aquel apellido. Como imaginó, los Takashima seguían viviendo ahí. Ellos no eran la clase de personas que simplemente deciden dejar su casa por un incidente sin mucha importancia.

     Por precaución, Yuu se alejó de su amigo y la mujer dándoles la espalda. Sin embargo, eso no evitó que él llegara.

     “Así que sigues aquí, Uruha —susurró para sí. Dibujó una sonrisa un poco torcida—. Sigues aquí, y te encontraré de nuevo, cariño”.

 

 

Notas finales:

Bueno, espero que les haya gustado. 

Trataré de subir el próximo capítulo más tardar la próxima semana. :3

Hasta la próxima. n_n /

 

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