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El romance negro. por Yoru13

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Notas del capitulo:

Los personajes no me pertenecen.

Un cuarto destruyéndose en toda podredumbre visible de aquella fría y triste noche.

 

 

Eran recuerdos, tantos y tan bellos, todos creados por esa persona especial, y no, no es esa clase de sentimiento.

 

 

Ellos son o más bien, 'eran' protagonistas de algo aún más prohibido que el simple amor puro y el deseo carnal.

 

 

"El romance negro."

 

 

Aspiró de nuevo ese aroma tan horrendo y sonrió, recordaba esas innumerables veces en que uno se entregaba al otro por la fuerza aún más imponente que el amor.

 

 

"El odio."

 

 

Esos gritos que tan placenteramente volvían a su mente, no eran gemidos, eran más bien de dolor, aquellos de los que era el culpable.

 

 

No era una víctima, era más bien el autor del crimen.

 

 

Hermosos ojos llorosos y suplicantes de clemencia, más sin embargo, al comienzo de la relación ambos estuvieron de acuerdo en ello.

 

 

"Yo te odio y tú me odias, pero necesito de tu cuerpo."

 

 

Rodeó la cama que tantas veces habían compartido, rememorando las veces en que uno hería al otro para complacerse a si mismos.

 

 

Esas intensas peleas donde el perdedor siempre resultaba ser dominado.

 

 

La sensualidad de la sangre desbordante de sus labios, del incesante baile de la carne y entrañas que armónicamente lograban salir al exterior mediante supurantes y malolientes heridas, donde huesos y dientes crujen impacientes por ser liberados de su prisión, de servir a ese engendro.

 

 

Se asoma su cráneo y pasea sus orbes a los alrededores, la sangre que alguna vez usó como tinta ahora yace desperdigada por el suelo, seca y podrida.

 

 

Siempre lo supieron, al comprometerse a algo tan placentero, ofrecían a cambio sus vidas, y en esa pelea no fue la excepción solo que, aquél enfrentamiento fue quizás un poco más lejos que los anteriores y todo por una simple razón.

 

 

Takashima estaba muerto.

 

 

Y no le dolía ni le importaba, al contrario, ensanchaba su sonrisa a cada momento en que lo veía y entonces volvía a recordar.

 

 

Intentó hacerle frente y perdió, pues ese castaño tenía el cuchillo entre manos, pero ¿Quién pensaría que tu misma arma te puede herir?

 

 

Con su pie movió el cadáver para ver más de ser posible.

 

 

La piel pálida y rojiza casi negruzca por la sangre, uno de los ojos colgando suavemente de su asqueroso rostro, esa mueca de desprecio que quedó grabada en sus labios.

 

 

Las costillas tan expuestas que mostraban incluso el allanamiento por parte de las larvas de moscas pululantes en lo que quedaba de sus entrañas.

 

 

Una que otra cucaracha paseando por debajo de esa alguna vez suave cabellera.

 

 

Con su mano la quitó y observó detenidamente la carcomida carne y los cartílagos desechos por sus propias manos.

 

 

"El romance negro no es un juego."

 

 

Ambos se odiaban con cada célula de su ser, por ello estaban juntos, no podían vivir sin odiarse.

 

 

Sus conocidos jamás lo supieron, y aunque así fuera ya era tarde, todo estaba hecho.

 

 

El perdedor del juego yacía muerto en el suelo, siendo devorado sin demoras por insectos, entonces un chillido lo hizo voltear.

 

 

Una rata grande se acercaba a pasos veloces a roer parte de ese cuerpo, se le veía bastante necesitada de alimento, además, no había nada que él pudiese entregarle.

 

—¿Ves? Tu estúpido cuerpo los alimenta.— Rió mientras el roedor huía con un trozo de la pierna del castaño.

 

 

Sin repulsión ni ápice de culpa alguno, levantó el cuerpo a la vez que éste desprendía olores e insectos cada vez más intensos y desagradables.

 

 

Para otros, pero nunca para él.

 

 

-Te odio tanto...- Suspiró al terminar de recostarlo en la cama una vez más. -Pero tu cuerpo sigue siendo apetecible.- Desabotonó su camisa, tenía rasguños y heridas que parecían derramar algo de pus.

 

 

La convivencia llegaba a su fin.

 

 

-¿Por qué?- Se sentó a un lado de Uruha. —¿Por qué ya no me llamas?— Se le quedó viendo un tiempo. —Ya sabes, siempre con tu "Kai, eres un imbécil que..."— Guardó silencio. —Y aún así me tomas el pelo.— Sonrió de nuevo. —¿De qué te ríes?— Se acercó más todavía. —¿De qué demonios te ríes Kouyou?—

 

 

Los labios del castaño se curvaban lentamente o eso quería creer.

 

 

Kai lo miraba atónito, y sin más que hacer, sonrió de igual modo para volver a preguntar. —Uruha, ¿Qué es tan gracioso?—

 

 

Hubo demasiado silencio mientras esperaba inconforme. —¿Y bien? ¿De qué mierda te ríes?— Sus ojos mostraban una ira imprescindible.

 

 

—De ti.— Respondió el castaño. —De tu cara.— Volteó a verlo. —De todo.—

 

 

—¿te esperabas esto?— Dejó caer el cuerpo otra vez.

 

 

-No tanto como tu.- Respondió el cadáver.

 

 

-Ya...- El sonido del timbre lo interrumpió. -¿sabes? Siempre supe, que podrías ganarme, pero tuve suerte...- Sonrió de nuevo. -Suerte de cayeras en tu propia trampa, y suerte de ser superior a ti.-

 

 

El timbre sonó nuevamente.

 

 

-¿No piensas atender?- El castaño soltó.

 

 

-¿Para qué? No tienes idea ¿o si?- Su asesino sacaba algo de su bolsillo, era el celular de Uruha.

 

 

—Claro que la tengo, el problema es, ¿siquiera piensas en cómo terminará esto alguna vez?— El castaño sonreía por sus palabras.

 

 

—Supongo que terminaré muerto igual que tu, pero quiero ver qué tan lejos puedo llegar así que, mejor guarda silencio, eso es mejor a escuchar tu maldita voz, me das asco.— Hizo una mueca de desagrado.

 

 

—¿Cómo es posible? ¡Estoy muerto!— Recriminó el cuerpo. —¿Qué quieres que haga si no puedo hacer nada?—

 

 

—Que te calles, eso si sería productivo, mejor vete y regresa cuando todo haya acabado porque no creo que nos dure más de una hora.—

 

 

Del cadáver salió el castaño otra vez, ahora era un alma o eso creía ver el mayor. -Bien, pero no digas que no te lo advertí.— Dio media vuelta y se fue.

 

 

—Con que...— Susurró antes de ir a recibir a la persona. —Ruki, ¿cierto?—

 

 

—Disculpe...— El mayor escuchaba atento las palabras del invitado, mas sin embargo no lo dejó pasar. —¿No lo ha visto?—

 

 

Kai pensó por un tiempo. —Sí, ahora que lo piensas sí lo he visto, está dentro del departamento, ¿quieres entrar?—

 

 

Al otro chico le brillaron los ojos. —¡Si! Debo verlo.— Sus orbes vidriosos lo delataban.

 

 

—Perfecto, entonces no te haré esperar más.— Abrió la puerta y se hizo a un lado dejando así, al menor entrar.

 

 

—¿Por qué huele así?— Se quejó una vez dentro.

 

 

—Ya lo sabrás.— Al entrar ambos cerró la puerta con llave.

 

 

Ruki estaba confiando en las palabras del moreno.

 

 

Un golpe sonó dentro de la habitación, luego fueron dos, y así hasta que en poco tiempo, todo ruido cesó.

 

 

Su cráneo se había abierto mientras la sangre fluía por montones, miró ambos cadáveres dignos de retratarse, tomó una silla y los observó detenidamente. -Parece que...- Extrajo un cigarrillo de sus bolsillos, lo encendió, e inhaló de este.

 

 

—Volví a ganar.— Su celular sonó. —¿Diga? Sí, ven, tengo algo que mostrarte, no Aoi, es una sorpresa, claro, departamento 6, te veré pronto.— Cortó la llamada, y aún con el cigarro entre sus labios, habló. —Sigues tú.—

 

 

Y finalmente, Kai volvió a sonreír. 

 

 

Notas finales:

 


 


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