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El sexto camino por yue-sama

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Notas del capitulo:

muchas gracias por todo el apoyo que e recibido, este cap es el mas largo que he hecho hasta ahorita en la historia.

tambien ya conteste sus rw y de verdad muchas gracias!!

aqui un nuevo cap.

 

Cuando decidí irme sabía que estaba dejando algo muy valioso atrás, alguien que pude haber conocido y amado mucho, pero no sabía si eso sería lo mejor para Sorato, no quería decepcionarlo con mi horrible pasado y ver la tristeza, enojo e incredulidad en sus bellos ojos.

 

 

Cuando lo vi por última vez, se me fue el aliento y deseé con toda mi alma que tuviera alguien que de verdad lo amara y respetara, hasta podría ser Kai.

 

 

Kai… estaba muy dudoso en dejarlo, pero había mejorado un poco.

 

 

Ya había abierto los ojos y había tratado de tomar con humor lo de su mano —aunque estuviera en esa situación—. Aun estando débil, había mantenido una sonrisa y una mirada de ojos valientes.

 

 

El camino hacia la capital no había sido tan largo como había imaginado y cuando lo reconocí, dudé por un instante en irme de ahí, pero al ver a Yamamoto tan serio y absorto en sus pensamientos decidí quedarme callado y seguir con lo que se había planeado.

 

 

Cuando llegamos al centro Yamamoto paró su caminar y esa fue la señal para bajar de los caballos. Varios aldeanos habían salido corriendo al vernos, teniendo un profundo miedo por nosotros, por los samuráis, otros habían mascullado enojados por nuestra presencia, pero a pesar de eso, ni Yamamoto ni sus hombres habían bajado la cabeza avergonzados, ellos portaban un orgullo impecable y sonrisas afables en sus rostros, como si fueran dueños de la tierra que pisaban.

 

 

Su seguridad era increíble y no se avergonzaban de ser tachados como criminales o rebeldes del país.

 

 

Sonreí abiertamente al sentirme parte de algo tan grande.

 

 

—Hasta aquí llegó nuestro viaje juntos, señor Albert y de verdad fue un placer conocerlo.

 

 

—Extrañaré nuestras charlas sabias —sonreí—, y sus duros consejos.

 

 

Yamamoto me vio y vi en su mirada la aprobación, posó su mano fuertemente en mi hombro dándome un apretón mientras sonreía, traté de contenerme, pero fue inevitable devolverle el apretón en su hombro.

 

 

—Que el camino te depare buenos fortunios Albert.

 

 

—Muchas gracias. Espero algún día volver a verlo.

 

 

Yamamoto hizo una reverencia y se comenzó a alejar caminando lentamente, Kotaro se acercó a mí y apretó mi brazo haciendo una reverencia, para que después la mayoría se despidiera de mí de la misma manera, y tengo que reconocer que ver al viejo Sakuraba hacer una reverencia hizo que se apretara mi corazón. Iba a extrañar que ese señor estuviera tras de mí cada día, ahí en la villa.

 

 

Cuando me vi completamente solo, viendo como ellos se perdían entre la multitud decidí irme por mi cuenta.

 

 

Caminé hacia la casa donde habíamos estado entrenando a los japoneses cuando vine a este país. Recordé muy poco, pero logré llegar, siendo recibido por las caseras y sus hijos Omegas. Me dirigí directamente al cuarto que había sido mío, hallando mis cosas. Si bien, había decidido regresar, no había regresado para quedarme ahí, no iba a ser partícipe de nada más.

 

 

Escuché los gritos de entrenamiento y rodé los ojos, de pronto la puerta fue abierta bruscamente y olí el rancio olor de William, contuve un gran insulto en mi garganta y seguí haciendo lo mío. Solo quería largarme de vuelta a Estados Unidos y no volver a saber nada de guerras.

 

 

—Veo que sobreviviste con esos salvajes. Ya te hacía muerto —confesó.

 

 

Le gruñí abiertamente viéndolo a los ojos, me acerqué a la pequeña mesa de donde agarré un vaso de vodka tragándomelo rápidamente, volviendo a mis viejos hábitos.

 

 

—Vete.

 

 

—Pero ahora veo que solo se te pegó lo salvaje.

 

 

—¡No colmes mi maldita paciencia! —dije alterado, metiendo rápidamente mi ropa en las valijas. Había traído muchos recuerdos de Akinoyo y traté de guardarlos con cuidado para no arruinarlos.

 

 

—Te largas, ¿así como si nada?

 

 

—Ya hice mi parte.

 

 

—Y se te pagará como se acordó —dijo William tirándome un sobre muy abultado, supe de inmediato que era el dinero.

 

 

Sentí mi estómago revolverse un poco, ese era dinero por la gente muerta, dinero empapado de la sangre de inocentes, dinero a base de la muerte del padre de mi Omega.

 

 

No sabía si estaba bien agarrarlo, aunque fuera contra mi moral, pero si de verdad pensaba volver necesitaba ese dinero.

 

 

Lo agarré de mala gana y lo lancé a mis maletas.

 

 

—¿No lo veras?

 

 

—No me importa —dije cortante.

 

 

Traté de salir de ahí, pero William no se movió de la puerta, matándome con la mirada.

 

 

—A mi pesar —comenzó con fastidio—, Okomura sigue queriéndote en sus filas, así que ofreció mucho más dinero del que te di para que te quedes y sigas entrenando a sus hombres —lo miré mal, ¿cómo se atrevía?—. Te dará el puesto que me corresponde.

 

 

—Coronel —dije pensándolo—, un título que no quiero.

 

 

Lo empujé fuertemente sacándolo de mi cuarto, viéndolo ahí, con la cara descompuesta y casi gruñéndome.

 

 

Maldito animal.

 

 

Cerré la puerta fuertemente mientras volvía a tomar más vodka, cuando menos lo sentí, entre tantas copas, la somnolencia me atacó y caí rendido en la cama, no tenía nada que hacer así que solamente dormí.

 

 

Cuando abrí mis ojos, traté de recordar qué había pasado, y poco después unos suaves golpes en la puerta me distrajeron, me levanté y abrí la puerta viendo a un lindo Omega que al verme se sonrojo y rehuyó mi mirada, yo simplemente sonreí de lado, bien hubiera podido empotrarlo contra la pared y aprovecharme de su fragilidad, pero no…

 

 

Sentía en mi pecho que esa era la máxima traición que podría hacerle a Sorato. Mi lindo Sorato. ¿Qué demonios estarás pensando de mí? ¿Qué harás ahora?

 

 

Arubeto-san —escuchar mi nombre de esa manera pudo parecerme gracioso antes, pero ahora sentía respeto por ello—, tegami ha okurimashita (Carta fue enviada).

 

 

Extendió sus pequeñas manos, de las que sobresalía una carta y entendí, así que hice una reverencia y agarré la carta, el Omega me vio antes de sonreír e irse.

 

Cerré mi puerta de nuevo y abrí la carta que no tenía nombre, vi en ella una desprolija caligrafía.

 

 

Y las últimas palabras me dejaron sin habla.

 

 

“Yamamoto-sama ha decidido morir, ayúdame por favor

Kotaro’’

 

 

*

*

*

El día había sido un poco corto, después de sentirse abandonado por su Alfa, algo en él se había quebrado y tenía que mantenerse en pie como fuera, tenía demasiado orgullo como para dejarse morir en la cama, contando además con que Kaoru dependía mucho de él, así que después de todo tenía que estar bien.

 

 

Esas cosas eran las que lo hacían más fuerte, no solo físicamente sino también emocional, y si el destino y las deidades querían eso para él, estaba bien, lo recibiría.

 

 

Miró largo tiempo el cielo recordando el día que volvió a su villa, tenía la misma cantidad de neblina, y aunque la noche ya estaba cayendo sobre ellos, aun le quedaba tiempo para poder ir a traer unas setas al bosque para la comida, así que agarró una pequeña canasta y dejó a Kaoru con Ai y Nozomi.

 

 

Agarró un tantō y lo guardó entre sus ropas, no es que fuera peligroso el bosque, pero era mejor prevenir y no lamentar después.

 

 

Con pequeños pasos se adentró al espeso bosque donde sabía que encontraría las setas, y cuando llegó sonrió, ahí estaban, tan deliciosas y bonitas. Comenzó a cortarlas para recogerlas y cuando decidió que ya tenía suficiente, se levantó del suelo y miró a su alrededor, notando un arbusto de moras, se le hizo agua la boca.

 

 

Se acercó y con cuidado de no herirse —ya que el arbusto tenía espinas—, agarró las moras, poniéndolas también en la canasta y tomó lo suficiente para llevarle a los chicos.

 

 

Después de todo no había salido en vano de la casa, un poco más alejado vio unas hermosas flores, no pudo evitar pensar en su madre y que esas flores le gustaban mucho, sería una bonita ofrenda, así que se acercó y se agachó en el suelo cortándolas.

 

 

Estaba tan entretenido que no se dio cuenta de que había alguien viéndolo.

 

 

—Vaya, vaya, tenemos a un lindo Omega en el bosque.

 

 

Sorato escuchó la voz amortiguada por una máscara y se levantó de inmediato, viendo hacia el hombre que había dicho eso, encontrando una horrible máscara de oni con los ojos brillando en azul y se asustó ¿Quién demonios era ese? Tenía casi todo el cuerpo vendado y su cabello completamente negro estaba largo y desaliñado, además llevaba dos espadas grandes en sus manos.

 

 

—¿Quién eres tú? —frunció el ceño y el hombre pareció reírse de él—. ¿Qué haces cerca de nuestros límites?

 

 

—Oh, la cosita es de la villa a la cual nos enviaron —dijo con mofa—. Venimos a hacer trabajo, Omega.

 

 

Sorato contuvo un gritillo de sorpresa, ¿acaso iban a atacar a Akinoyo de nuevo ahora que no tenían a nadie que los defendiera? ¡Iban a arrasar con toda la villa!

 

 

—¡Váyanse de aquí, no son bienvenidos!

 

 

—¿Y perder nuestra oportunidad? Claro que no…

 

 

El hombre comenzó a acercarse y Sorato botó la canasta, agarrando disimuladamente el Tantō, si ese hombre quería matarlo no se lo iba a dejar fácil.

 

 

—Vete de aquí —dijo Sorato con un suave gruñido.

 

 

—Pero qué bien hueles Omega —lo felicito y fue ahí que Sorato cayó en la cuenta de algo.

 

 

Su aroma era más fuerte y, no…

 

 

Comenzó a sentir un dolor en su vientre y quiso llorar, no podía pasarle eso a él, no en ese estado. El Alfa se abalanzó contra él reteniéndolo en un árbol y Sorato sollozó, ¡era tan humillante!

 

 

El aroma fuerte del Alfa lo dejó atontado y sin fuerzas.

 

 

Comenzó a respirar con dificultad y sintió sus piernas ponerse flojas, el Alfa acercó un poco su cara y levantó la máscara, dejando ver un hermoso rostro con una cicatriz cruzando su ojo. Sorato contuvo el aliento al sentir como el Alfa se acercaba a su cuello para olerlo.

 

 

—Basta. ¡Déjame!

 

 

—¿Pero qué dices? ¡Necesitas un macho que te alivie!

 

 

Sorato sintió su estómago revolverse, ese no era su Alfa, ese no era su aroma. Él quería a Albert, a nadie más que él.

 

 

Las manos fuertes del Alfa se metieron directo por su kimono, tocando sus muslos y él sintió un escalofrío ir por todo su cuerpo. Cuando él le soltó una mano para agarrar su cadera, Sorato con las pocas fuerzas que le quedaban, tomó el Tantō para clavárselo en el pecho, haciendo que el Alfa gruñera mientras retrocedía.

 

 

Sorato cayó al suelo respirando rápidamente, comenzó a sentir como se humedecía y comenzaba a perder la cordura.

 

 

—Pequeña puta, ya verás lo que es bueno.

 

 

Cuando lo vio venir de nuevo hacia él, agarró una de sus katanas e hizo un movimiento rápido, clavándosela directo en el pecho. El Alfa lo miró con ojos sorprendidos mientras Sorato presionaba más la espada y la sangre salpicaba de lleno en su cara.

 

 

*

*

*

Era de noche cuando tuve que salir rápidamente del cuarto para reunirme con Kotaro y rescatar a Yamamoto, o por lo menos hacerlo entrar en razón.

 

 

Cuando iba en camino hacia donde estaba Kotaro pude ver como tres hombres me seguían, de inmediato rugí, venían por mí, querían matarme. Menuda mierda. Paré en un lugar desolado y ellos se dejaron ver en todo su esplendor, entre ellos noté a Tanaka… Maldito hijo de puta.

 

 

—¿Crees que un simple Beta como tu podrá matarme? —me burlé y Tanaka frunció el ceño.

 

 

¡Korose! (Matarlo) —ordenó y yo me quedé a la expectativa.

 

 

Eran fuertes, pero no más que yo, ocupé todo el entrenamiento que tuve y pude deshacerme de ellos, cortando sus carnes con una de las espadas que había robado. Tanaka me miró con ojos sorprendidos cuando los dos cuerpos cayeron al suelo desangrándose, luego empuñó la espada y vino por mí, yo me defendí y entendí el poder de la espada, nunca antes había cortado carne de esta manera, y me sentí uno de ellos. Corté el pecho de Tanaka haciendo que cayeran arrodillado en el suelo cubriendo su herida, me miró a la cara y no hubo arrepentimiento.

 

 

Escupió en el suelo delante de mí y supe que tenía que hacer, alcé la espada y le di directo a su garganta. Me apresuré a irme de ahí, llegado donde Kotaro con la respiración acelerada y este al verme se sorprendió.

 

 

—Hombres de Okomura quisieron matarme —afirmé, y Kotaro asintió.

 

 

—Tenemos que entrar a la casa imperial, ahí es donde está el.

 

 

—Podemos hacerlo.

 

 

Por supuesto que entrar a esa casa imperial no había sido fácil, tuvimos que burlar muchos guardias o matarlos sigilosamente, solo íbamos un pequeño grupo conformado por Genpachi, Kotaro, Sakuraba y yo, pero éramos los suficientes para hacer el trabajo rápido.

 

 

Cuando pude entrar al cuarto donde estaba Yamamoto, lo vi hincado mirando una pequeña daga y supe que había llegado a tiempo.

 

 

—¡Yamamoto!

 

 

El me miró y sus ojos demostraron sorpresa. Me acerque rápido a él.

 

 

—¿Albert? ¿Qué estás haciendo aquí?

 

 

—Evitando que usted muera…

 

 

—Ya no tengo propósito —dijo suave—. El emperador me quiere muerto.

 

 

—¿Es lo que le dijo?

 

 

—Cuando le pregunté si quería mi vida él no me respondió, es un deshonor, señor Albert.

 

 

—¡Entonces no muera así! —dije desesperado, ya que no teníamos tiempo—. ¡Tiene que luchar por el honor!

 

 

Vi el fuego en los ojos de Yamamoto y supe que iba a estar bien.

 

 

—Pero no podemos salir de aquí…

 

 

Kotaro entró por la puerta y Yamamoto sonrió.

 

 

—Vámonos —dije.

 

 

—Señor Albert —me detuvo—. ¿Estará a mi lado en la batalla?

 

 

Y tuve que pensarlo un poco para finalmente dar un firme asentimiento, y eso fue lo único necesario para que todos ahí me vieran con admiración.

 

 

*

*

*

 

 

Sorato trató de limpiar la sangre de su cara, pero solo la embarró más, escuchó los fuertes gritos de terror en su villa y él se congeló, no podía, sus piernas temblaban y se sentía fatal. Agarró la katana firmemente en sus manos y avanzó corriendo como podía, cuando llegó todo era un desorden, su villa estaba prendida en llamas y todos corrían. Un tipo armado, al notarlo lleno de sangre corrió hacia él y Sorato con la poca paciencia que tenía lo atravesó con la espada, matándolo.

 

 

Vio a Hayate y su hijo luchando con otros mientras que los pocos hombres que quedaban en la villa, hacían lo mismo. Sin embargo, tuvo un mal presentimiento al ver la casa donde se encontraba Kai, intacta por el fuego. Se le hizo un nudo en la garganta.

 

………………..

 

 

—¿¡Qué esperas cabrón!? —gruño Kai—. Si piensas que porque me quedé manco no puedo pelear estás equivocado.

 

 

Kai respiraba rápido, su palidez era muy evidente y todo le daba vueltas. Gruñó con frustración al no poder agarrar bien la katana, la mano que había sido cortada era su mano diestra.

 

 

Odiaba estar débil y al borde de la muerte, pero si iba a morir lo haría con el orgullo y honor intactos.

 

 

Se movió apenas contra el hombre que había entrado a su cuarto con toda la intención de matarlo mientras él estaba dormido, este lo atacó y Kai apenas pudo defenderse.

 

 

Ambos se infligieron un dolor intenso con cortadas profundas en sus pieles, pero cuando Kai ya no pudo más, el hombre aprovechó, atravesándolo en su estómago, de inmediato Kai escupió sangre.

 

 

—Maldición… —dijo Kai mientras el hombre sonreía, como si hubiera hecho lo mejor del mundo—, pero tú, vienes conmigo.

 

 

Kai levantó la espada y la clavó directo en la yugular del hombre, haciendo que cayera, segundos después él también cayó al suelo sosteniendo la espada que lo atravesaba. Comenzaba a sentir mucho frío.

 

 

………………..

 

 

Sorato corrió con la poca fuerza que le quedaba hacia la casa y entró buscando a Kai, encontrándolo en el suelo con un charco de sangre bajo suyo y una espada atravesando su cuerpo. Se tiró de rodillas junto a él y lo sostuvo, Kai aún vivía y al ver a Sorato sonrió un poco.

 

 

—Kai, por Dios, ¡resiste!! Llamaré al doctor.

 

 

Sorato estuvo a punto de levantarse, pero Kai agarró su mano reteniéndolo.

 

 

—E-espera…

 

 

—¡Pero Kai!

 

 

—E-escucha, p-por favor… —Sorato asintió—. ¿Quién diría que iba a morir en los brazos de un b-bello Omega? —escupió más sangre llenando a Sorato.

 

 

—No digas eso Kai, por favor déjame ayudarte.

 

 

Su cuerpo ardía y sus necesidades bajas cada vez eran más fuertes, pero su corazón dolía, dolía al ver como Kai moría en sus brazos.

 

 

Kai llevó su mano ensangrentada hacia la cara de Sorato, cubriendo con más sangre aún esa piel tan nívea y admirando sus ojos cafés claros llorosos. Volvió a sonreír suavemente.

 

 

—M-moriré tranquilo…

 

 

—Pero…

 

 

—G-gracias por t-todo S-Sorato —y no pudo evitar comenzar a llorar—. E-eres la persona que amé y a-amaré siempre.

 

 

Sorato lo miró asombrado.

 

 

—N-no me hagas esto —sollozó fuerte.

 

 

—N-no eras para mí, pero aun así… no lo pude evitar. L-lo siento.

 

 

—¡No! —gritó—. ¡No te disculpes!

 

 

El Alfa lo jaló un poco, rozando suavemente los labios contrarios, y cuando se separó Kai dejó caer su mano, sintiendo las dulces lágrimas de Sorato mojar su cara. Suspiró, no era tan malo morir viendo la cara del ser que había amado, lo único malo era verlo llorando y sufriendo.

 

 

Cuando Kai no se movió más Sorato lo apretó contra su cuerpo y lloró fuertemente, ¿por qué estaba pasando eso?

 

 

—Lo siento Kai… Lo siento mucho.

Notas finales:

imagen

y si... por mucho primera vez en mucho tiempo llore escribiendo esto... creo que me encariñe mucho con Kai y me dolio.

espero que les gustara y si tienen dudas por favor preguntarme.

nos vemos pronto.

hacer clik para ver.

Tantō

sujeto malo

mascara

 


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